lunes, 31 de agosto de 2009

INTELIGENCIA ARTIFICIAL I

1. Hace unos años, en una República lejana, un científico llamado Monsky se presentó ante el presidente para proponerle un reto. Monsky había construido un robot inteligente, idéntico a un niño de siete años, con sus mismas capacidades lingüísticas y de razonamiento. Además, gracias al uso de materiales sintéticos de última generación, el robot parecía también de carne y hueso. Pues bien, el reto consistía en convocar a los principales investigadores del Estado para que fuesen capaces de distinguir su robot de un niño real. En la memoria artificial del robot estaban todos los campos semánticos necesarios para desenvolverse en la vida cotidiana como un niño. El robot no sabía que era un robot.
Los investigadores podrían hacer las preguntas que quisieran a los dos niños. Les podían plantear problemas de lógica y matemáticas, ejercicios de semántica, juegos de mesa, es decir, cualquier pregunta que pudiera revelar una diferencia entre el humano y la máquina. Esta versión del Test de Turing se completaría con un premio o un castigo para los participantes, así nadie elegiría al azar. El que se equivocase recibiría el peor castigo que puede recibir un científico: la prohibición de publicar en Sideral, la principal revista científica de la República y del mundo. Los que acertasen podrían seguir publicando y aparecerían en un número especial dedicado a la inteligencia humana. El que no tuviese la respuesta segura podía abstenerse. Monsky pronosticaba que nadie se arriesgaría a elegir porque no tendría razones claras para hacerlo.

2. Ross King, investigador de la Universidad de Aberystwyth (Gales, Reino Unido), y su equipo han creado a ADAM, un robot con un avanzado sistema de inteligencia artificial capaz de formular hipótesis y realizar experimentos para comprobarlas, sin intervención humana. ADAM investiga el genoma de la levadura del panadero. Trata de identificar los genes implicados en las enzimas del metabolismo de esa levadura (National GeoGraphic News, Abril 2009). ADAM es el primer robot científico. En la página de este proyecto se puede ver cómo trabaja el robot (http://www.aber.ac.uk/compsci/Research/bio/robotsci/). También encontramos las publicaciones básicas sobre biología computacional.

3. Llegó el día del reto. Allí acudieron todos los expertos. Preguntaron de todo a los niños, desde acertijos hasta canciones populares. Algunos llevaron sofisticadas pruebas lógicas que nadie comprendió. Otros realizaron pruebas de asociación de imágenes o palabras. También se les pidió llevar a cabo tareas manuales. En fin, no había forma de saber quién era el robot. Monsky estaba radiante. Como premio les entregó a los niños una bolsa de patatas a cada uno, patatas que se comieron ambos con la mayor naturalidad. El triunfo de Monsky pasaría a la historia. Había logrado construir inteligencia artificial como la de los seres humanos, idéntica.
Sin embargo, uno de los espectadores, un niño también, dijo en voz alta: “Está claro que es el de la izquierda, el de la camiseta azul. No sé cómo no se ha dado cuenta nadie.” El presidente de la República le preguntó a Monsky si el niño había acertado. No le quedó más remedio que decir que sí, que ése era el robot. Ante el asombro de todos los científicos el niño se explicó: “Muy fácil. Ambos han comido una bolsa de patatas de la marca Saturno. Ningún niño empezaría a comerse las patatas sin buscar antes el cromo que viene en la bolsa. El robot empezó primero a comer las patatas y al fin apareció el cromo”.

4. La existencia del robot científico es un gran avance para la inteligencia artificial. Automatizar parte del conocimiento científico es posible y necesario. Hay muchas áreas de la biología y de la física que trabajan con grandes cantidades de datos. Las computadoras son hoy esenciales para manipularlos. ADAM no sólo calcula, sino que también aplica el método científico, el mayor logro de la razón humana... Su programa lógico le permite ejecutar ciclos (feedback, retroalimentación) de elaboración y comprobación de hipótesis.
La inteligencia artificial confirmaría una tesis fuerte del materialismo: somos sólo sistemas físicos. Si la mente consciente es únicamente un sistema físico, podremos tarde o temprano descubrir su estructura. Una vez conocida, construir otros sistemas físicos inteligentes no tendría misterio. Evidentemente, nuestra inteligencia es muy compleja. Los sistemas expertos, como ADAM, sólo reproducen una capacidad parcial y muy esquematizada. Lo que entendemos por inteligencia humana consciente implica aspectos tan complicados como la motivación o el lenguaje natural.