ROEDORES DE FILOSOFÍA

martes, 11 de junio de 2019

LECTOR DE DICCIONARIOS

       

        Las palabras a veces nos provocan extrañeza estética. Estás leyendo y, de repente, tienes que frenar en seco. No es necesario que la palabra sea nueva, rara o culta. Puedes haberla usado todos los días de tu vida, pero ahora te obliga a parar y contemplarla como nunca lo habías hecho, con una mezcla de placer y asombro: se abre un abismo en nuestra mente ante lo sublime del lenguaje.
         Esa experiencia estética no acaba ahí. Acudimos al diccionario para saber más de esa palabra, todo lo que esté a nuestro alcance. Queremos precisar el significado, su uso y su origen. Hemos caído en una enrevesada trampa, porque un término nos lleva a otro en una cadena sin fin.
          Así se convierte uno en lector de diccionarios. Llega un momento en el que no hace falta un cebo. Nos adentramos en el diccionario para ver qué hay en el universo, para explorar una ruta nueva, desde el azar, la curiosidad o como forma de huir del aburrimiento que genera el lenguaje de plástico tan desnutrido que nos invade hoy.
         Los diccionarios nos ayudan a leer, una tarea irrealizable según dice Ortega y Gasset en su comentario al Banquete de Platón. “Leer, leer un libro es, como todas las demás ocupaciones propiamente humanas, una faena utópica.” Porque el proyecto de entender completamente un texto es una labor imposible. Su "Axiomática para una nueva filología” se resume en dos principios: 1º Todo decir es deficiente (dice menos de lo que quiere). 2º Todo decir es exuberante (da a entender más de lo que propone).
         Ya en el siglo XIII a. C. existían listas de palabras ordenadas en acadio para ayudar a los escribas, nos explica Javier López Facal en su libro La presunta autoridad de los diccionarios (Los libros de la Catarata, 2010). En el templo funerario de Ramsés II, también de esa época, se encontró una colección de palabras ordenadas por familias léxicas. En la Grecia arcaica y clásica los glosógrafos, escritores de glosas, realizaban aclaraciones con fines escolares, con sinónimos, para entender la Ilíada y la Odisea. Elaboraban listas de palabras raras, fuera de uso, para que los lectores comprendieran esas grandes obras. Javier López Facal sitúa en Alejandría el nacimiento de la lexicografía griega, en el entorno del Museo y la Biblioteca, sobre el siglo III a. C.  Ahí comienza una historia que llega hasta Wikipedia.
         Elaborar diccionarios es una de las tareas más duras y necesarias.  Tanto en solitario como en grupo, se trata de una labor que puede durar varias décadas, incluso toda una vida. Ahora, con los ordenadores y las bases de datos, nos parece relativamente fácil, pero imagínense a María Moliner rellenando sus fichas en casa… Aunque se utilicen los diccionarios anteriores como base, el lexicógrafo siempre desea ampliar y actualizar la lista de palabras.
         Y es una labor de los humanistas, de los que se dedican a la humanidades, tan inútiles según algunos. Hay que animar a nuestros alumnos a que se dediquen a las ciencias del lenguaje. Así tendrán acceso a uno de los mayores placeres intelectuales y participarán en una de las actividades más útiles para la civilización. En la llamada sociedad del conocimiento necesitamos buenos diccionarios y enciclopedias, en papel y digitales.
         Los diccionarios nos liberan de la ignorancia. Disuelven el aura sagrada de las palabras técnicas y desmitifican el lenguaje culto. La etimología nos asombra a todos los lectores porque nos muestra estratos ocultos de realidad y belleza. El lenguaje es una red de redes, una telaraña de infinitos nodos y niveles que está al alcance de cualquiera. Conocer esas redes léxicas nos facilita el manejo de los vocabularios científicos, ya sea en la biología o en el derecho. Con el lenguaje se configura el mundo. Si las palabras son una caja negra o un ídolo sagrado, alguien las utilizará para tener más poder sobre ti.
https://www.diariodejerez.es/jerez/Lector-diccionarios_0_1362764166.html

martes, 14 de mayo de 2019

ÉTICA Y POLÍTICA: EL BIEN COMÚN

           


        Los ciudadanos solemos anteponer los valores éticos a cualquier proyecto económico, social o cultural. Exigimos unos mínimos éticos a nuestros representantes. Sin embargo, esas expectativas no se cumplen. Decepcionados, creemos que los políticos solo desean alcanzar el poder y que harán cualquier cosa para obtenerlo. Predomina la racionalidad estratégica: los votantes somos un mero medio para satisfacer sus deseos. De las otras dimensiones de la racionalidad, como la ética y la comunicativa, ni hablamos. Cuando son mencionadas es para adornar el discurso, nada más. La mayoría de los políticos, quizás todos, están atrapados en las maquinarias de sus partidos. De aquí se derivarían muchos vicios, como el engaño, la codicia, el abuso, la manipulación, la imprudencia, la intolerancia… Obnubilados por las riquezas y el poder, tratan como objetos a los votantes y a los contrincantes.
         Desde los griegos, la política se ha relacionado con el bien común, uno de los conceptos más escurridizos. La mayoría de las definiciones nos dejan insatisfechos: los asuntos públicos, el interés general, la razón de Estado… Definirlo no es el mayor problema. Lo realmente poco probable es que el político actúe pensando únicamente en el bien colectivo. Y es que hay algo que no cuadra. Por un lado, educamos para sobrevivir en una sociedad individualista, donde solo se valora la búsqueda del beneficio privado. Pero, por otro, exigimos que nuestros gobernantes, olvidando ese adiestramiento, hagan lo contrario y solo se fijen en el bien común…
         Sabemos que es muy complicado llegar a un acuerdo sobre qué es el bien común, pero también sabemos que es la idea regulativa que orienta nuestra convivencia. Se trata de un postulado de la racionalidad política. Existen bienes y servicios públicos que hay que gestionar. Vivir en comunidad implica asumir que compartimos espacios y que cooperamos para resolver los asuntos de todos. La pluralidad de intereses confluye en la unidad, en la armonía del todo. El bien común, en singular, hace referencia a un bien que no es la simple suma de los bienes que persiguen los individuos. A lo mejor es el bienestar, la felicidad, donde incluimos la justicia y la libertad… El bien común se transforma con el tiempo. Lo vamos concretando con cada decisión colectiva, con cada deliberación. Cuando en el parlamento aprobamos una ley, decimos que lo hacemos por el bien común, no por intereses particulares. En una sociedad perfecta, el bien común y los bienes individuales no entran en conflicto.
         Quizás sea hora de ampliar los conceptos de ética y política. Además de las virtudes clásicas, necesitamos otras nuevas. El político ha de ser honesto, inteligente, prudente, justo, sincero, valiente… Pero también tiene que ser creativo, porque el bien común se construye, se interpreta, se rediseña y se inventa. Y las virtudes relacionadas con la gestión han de ser superadas por las virtudes de la innovación y el ingenio. Los recursos son limitados, pero nuestra imaginación no. Da la impresión de que nos hemos resignado a realizar políticas de supervivencia, donde el ámbito de los sueños ha desaparecido porque ya solo miramos al suelo. No viene mal recuperar ese horizonte utópico. Imaginar lo que no tiene lugar, lo que aún no existe, es condición necesaria para la política. Si abandonamos la tarea de imaginar el bien común, nos quedamos sólo con la técnica y el aburrimiento.
         Platón decía que había que poner a prueba a los futuros gobernantes para detectar si obraban por el bien del Estado. El que haya sido seducido por los placeres, aterrado por los peligros o cegado por el ansia de riquezas, es decir, el que haya olvidado que siempre es necesario tener como fin el bien común, deberá ser rechazado. Algo parecido habría que hacer con las virtudes relativas a la imaginación. Si observamos que los que aspiran a gobernar la ciudad carecen de creatividad, habrá que descartarlos. En lugar de mítines donde se repiten frases hechas, en lugar de diálogos que son monólogos, deberíamos proponerles un conjunto de retos para que exhiban la capacidad de pensar sobre el poliédrico interés general y la habilidad de hacer mucho con muy poco o casi nada. 

martes, 9 de abril de 2019

MÁQUINAS HABITABLES

           Las vanguardias de principios del siglo XX, cada una a su manera, pretendieron transformar la actividad artística y la realidad social. La herida de la Gran Guerra no solo fue política y económica. La sensación de vacío y deshumanización impregnó las conciencias de los intelectuales. Había que redefinir el papel de las artes en una sociedad industrializada. Para dar a luz un mundo nuevo era necesario superar las viejas distinciones y desarrollar la obra de arte total. Todos los revolucionarios quieren partir de cero, hacer tabla rasa, para generar algo radicalmente nuevo y puro. La metáfora de la construcción suele ser muy útil: derribar el viejo y confuso edificio para levantar otro más sólido y luminoso, desde unos cimientos sanos.
         La Bauhaus ha sido definida como un experimento artístico y pedagógico que se nutrió del espíritu de las vanguardias artísticas y políticas del momento. Walter Gropius se propuso crear una escuela en la que el artesano y el artista volvieran a encontrarse. Los alumnos debían abandonar todos sus prejuicios y ponerse en contacto directo con los materiales. Dominar un oficio es la condición de posibilidad de la creatividad. Y la arquitectura será la disciplina encargada de integrar todas estas artes. El edificio reúne todas las técnicas, desde la distribución del espacio hasta el diseño de los muebles. “Anhelemos, concibamos, creemos conjuntamente la nueva arquitectura del futuro, en la que todo estará en una entidad: arquitectura y escultura y pintura, que millares de manos de artesanos elevarán hacia el cielo como símbolo cristalino de una nueva fe que está surgiendo”, dice Gropius en el manifiesto de 1919.
         Ya Marx había señalado algunas de las contradicciones de la mecanización, la producción en serie y la división del trabajo. Al mismo tiempo que el obrero se alienaba, el artesano, que desde antaño realizaba la obra de principio a fin, estaba en peligro de extinción. Además, el artista parecía haberse alejado del trabajo manual, del oficio. La Bauhaus desea recuperar la vieja idea europea de arte y cultura, pero dentro de la sociedad industrial y de consumo que se avecina. Si quiere resolver estos problemas, su programa ha de ser interdisciplinar. Por lo tanto, en su comunidad ofrece una enseñanza manual e intelectual, incluso un modo de vida.
         Los primeros años de la escuela están marcados por el expresionismo. El contacto con la materia es el camino para que emerja lo que habita en el creador. Johannes Itten, mediante su enfoque ascético y místico, pretende que los alumnos aprendan a expresarse a través de su interacción con la materia. Y los maestros, como Klee y Kandinsky, buscan una teoría de la forma y del color. Se trata de un ejercicio de análisis y síntesis. El artista parte de lo simple: la rueda del color junto con las tres figuras básicas, el triángulo, el cuadrado y el círculo. Quien domine esas nociones podrá llegar a lo complejo, a expresar lo que no se puede ver.
         La fusión de arte, ciencia e industria comienza a concretarse con la llegada de artistas afines al neoplasticismo, constructivismo holandés, y al funcionalismo. Se diseña a través de rectas y planos, y se abandona la ornamentación innecesaria. La tipografía, geometría con colores puros, representa el estilo Bauhaus en la escritura, en los carteles, en la publicidad… Diseñan muebles y casas modelo. El arquitecto ofrece un tratamiento racional del espacio. Pero surge un estilo demasiado frío y deshumanizado, según algunos críticos. La racionalidad técnica y la mecanización de lo orgánico son presentadas como sinónimos de modernidad y progreso.
         La historia de la Bauhaus refleja muy bien dos contradicciones conceptuales de la cultura contemporánea europea. Por un lado, en la escuela tienen que convivir la intuición y la razón. La racionalización puede ayudar a expresar lo más elevado de la condición humana, pero también corre el riesgo de desembocar en deshumanización. Por otro, el artista puede dedicarse a la forma pura, y ser autónomo. Ese ensimismamiento lo aleja de la sociedad, de la vida cotidiana de los ciudadanos y sus problemas reales. Sin embargo, la fusión de arte y vida conducirá a la heteronomía, al arte como siervo de la política o de la industria. El diseño industrial, la arquitectura funcionalista y las técnicas de publicidad muestran a veces lo mejor y a veces lo peor de nuestra forma de vida: libertad expresiva y creatividad frente a servilismo y alienación. Quizás la obra de arte total sea este mismo embrollo, del que por suerte nunca saldremos.

viernes, 8 de marzo de 2019

EXTENSIONES

      Me imagino a mis padres sentados en el horno mientras se miran en silencio. Se recuerdan todo con la mirada. Oscurece en la calle y solo el perro del pastor rompe el silencio. Ya no hay que cocer mañana. No hace falta preparar la leña, ni la harina, ni la levadura. El horno está frío. Los ladrillos húmedos, con el moho del olvido. Todo está hecho ya, la artesa vacía, los tableros sin pan, y el pan sin harina. Ya no hace falta pensar. Nadie quiere el pan. Se miran sentados en el horno, callados. No pueden hablar. La niebla atraviesa el tiempo. Recuerdan el agua del canal, las esclusas y las barcas. Pero les cuesta recordar cómo era el calor del horno, porque ahora solo conocen la helada. El roble y la encina no arderán mañana. Permanece la cernada. Suenan las campanas y hace frío. Recuerdan todas las casas que habitaron. Baja la niebla. Y escribo al anochecer, cuando ya no hay que preparar la harina y la leña para mañana. Estoy fuera, les observo por la ventana. Están quietos y se miran a oscuras. Recuerdan frente a la mesa vacía, donde hacían el pan y los dulces. El perro del pastor ladra. Y yo escribo desde muy lejos, desde el sur.

martes, 12 de febrero de 2019

RETOS PARA LAS CIENCIAS

       El número de Investigación y Ciencia del pasado diciembre dedicaba una sección a realizar una mirada crítica sobre el estado de la ciencia global. Cuando vemos que el presidente del país más poderoso del planeta se niega a admitir las evidencias experimentales, cuando comprobamos cómo prosperan las pseudociencias, el engaño y la superstición, es necesario pararse a pensar para retomar con fuerza el espíritu ilustrado. Esa mirada autocrítica se centra en tres aspectos: la financiación, la reproducción de los experimentos y el trabajo interdisciplinar.
         John P.A. Ioannidis menciona varios problemas referidos a la inversión en ciencia. No gastamos lo suficiente en investigación, y la mayoría del dinero, dice, recae en pocas manos. No se financia a los investigadores jóvenes ni a los proyectos con ideas arriesgadas. No se recompensa a los que comparten técnicas. Hay líneas de investigación que acaparan gran parte de los fondos. Parece que se valora más la capacidad de gestión y atracción de dinero que la calidad del proyecto. Además, utilizar fuentes privadas de financiación con ánimo de lucro genera conflictos de intereses. Según una serie de artículos publicados en 2014 en The Lancet, “el 85 por ciento de la inversión en biomedicina acaba malgastándose”.
         Shannon Palus analiza un problema que afecta a la metodología científica y a la calidad de la investigación: repetir los experimentos que ha realizado otro laboratorio no es tarea fácil, cuando se supone que es uno de los pilares esenciales del buen hacer investigador. El objetivo es publicar resultados en las revistas especializadas para alcanzar prestigio académico y atraer fondos. Sin embargo, muchos de esos estudios (el 90 por ciento en algunos campos como la biomedicina) no pueden ser repetidos en otro laboratorio por otro equipo. En psicología solo el 36 por ciento de los experimentos repetidos han dado resultados similares al trabajo original. Una de las razones de estas dificultades tiene que ver con “la aversión a compartir técnicas por miedo al robo de una primicia”. Se premia la noticia impactante, no el trabajo bien verificado y desarrollado para que pueda ser utilizado por otros científicos. Poder replicar un experimento ajeno implica seguir una línea de investigación y profundizar en ella.
         Graham A. J. Worthy y Cherie, L. Yestrebsky hablan del tercer gran problema: trabajar de forma interdisciplinar. La excesiva compartimentación de la ciencia impide abordar temas de gran complejidad. Los problemas ecológicos, por ejemplo, requieren un trabajo interdisciplinar para abarcar todas las dimensiones: física, química, biológica, social, política… La especialización y la incomunicación entre áreas de trabajo “pueden limitar la creatividad, la flexibilidad y la agilidad”. Los autores comentan que no es nada fácil crear equipos interdisciplinarios porque los científicos creen que pueden perder prestigio académico. En el artículo cuentan su experiencia, bastante positiva, en la formación del Centro Nacional para la Investigación Costera Integrada (UCF Coastal), en Florida.
         Para comprender mejor el problema de la escasa cooperación entre disciplinas, recomiendo el libro “¿El mito de la ciencia interdisciplinar?” del sociólogo de la ciencia Francisco Javier Gómez González, editado por Los libros de la catarata (2016) en colaboración con la Organización de Estados Iberoamericanos. El autor explica el origen del concepto de interdisciplinariedad, los obstáculos que existen para llevarla a cabo y las actuaciones necesarias para salvarlos. Tenemos un sistema de investigación centrado en las disciplinas autónomas, aisladas. Y las barreras institucionales, administrativas y cognitivas siguen siendo muy resistentes. En el texto se expone cómo fomentar una investigación reticular y transdisciplinar, orientada a los problemas. Aporta documentos oficiales sobre el asunto y la bibliografía pertinente para seguir investigando.

domingo, 10 de febrero de 2019

RESCATE CON NOCTURNIDAD

   He rescatado unos libros. Estaban a la intemperie, encima del contenedor de papel reciclado. Alguien los ha dejado encima. Podría haberlos metido dentro directamente, pero no, los ha dejado encima. Los he visto cuando salía de casa, cuando he ido a tirar el papel acumulado. He visto su perfil recortado contra la luz de la farola. Son libros, me he dicho. Al coger uno, me he llevado la sorpresa de que eran todos de la colección Círculo Universidad, ciclo Ciencias Humanas, de Círculo de Lectores. Sin embargo, cuando los he revisado en casa, he visto que uno de ellos era de otra colección, Mundo Verde, un tomo dedicado a las aves rapaces diurnas y nocturnas. Había búhos y lechuzas, símbolos de la sabiduría, o de la nocturnidad. Recoger libros de la basura quizás no sea la tarea más higiénica que uno pueda recomendar. Ya lo sé. Pero si te encuentras con uno de los primeros libros de Filosofía que compraste hace años... Entre los ocho no estaba la Introducción a la lógica y al análisis formal de Manuel Sacristán, pero sí que estaba la Introducción a la Filosofia de Karl Jaspers. Tampoco sé exactamente de qué los he rescatado, quizás de la humedad o de la trituradora de papel. No lo sé, quizás del maldito tiempo, que todo lo arrasa. Esta es una enfermedad como otra cualquiera. Los síntomas son evidentes y el diagnóstico previsible. Dejar un libro abandonado a su suerte no está bien. 

martes, 8 de enero de 2019

DIGITALIZAR LA COMUNIDAD EDUCATIVA


   

    El determinismo tecnológico sostiene que los cambios en los sistemas técnicos implican necesariamente transformaciones en la economía, la política y la cultura. Toda revolución tecnológica ha propiciado una revolución social. Y nadie puede eludir esos procesos. Desde la primera piedra tallada hasta la inteligencia artificial, cada innovación técnica ha generado formas nuevas de organización. Ha habido cambios lentos y rápidos, positivos y negativos, locales y globales… Los optimistas aseguran que el balance es positivo, mientras que los pesimistas identifican tecnología con deshumanización.
       Los ciudadanos somos usuarios, consumidores, votantes, profesionales... Además formamos parte de instituciones y organismos. Somos nodos del tejido social, del sistema tecnológico, y no permanecemos al margen de las innovaciones técnicas. Cuando utilizamos una herramienta o una máquina, seguimos una secuencia de operaciones. La interacción con un dispositivo es una relación corporal: acciones de nuestras manos, pies, ojos, oídos y cerebros. Ponemos en práctica nuestras destrezas cognitivas, motoras y afectivas. Cada programa de operaciones asociado a la máquina nos solicita un cierto despliegue de esas destrezas. Los sistemas educativos pertenecen al sistema tecnocientífico.
        Damos por hecho que los medios que utilizamos en educación son transparentes. Entre alguien que explica y alguien que aprende es posible introducir canales, soportes, aparatos, algoritmos, gráficos, espacios, tiempos, y otras personas. Alguien explica y alguien imita. Alguien explica y alguien reproduce. Esta es la esencia de la educación. Y lo que se enseña puede ser una lista de nombres, una forma de calcular o dibujar, un modo de interpretar, una relación de acontecimientos o teorías… Alguien habla y alguien escucha. Esa estructura esencial, que nació con nuestra dimensión social y lingüística, siempre ha necesitado soportes materiales y procesos formales. Ni los soportes ni los procesos son transparentes, sino translúcidos, como filtros. Tampoco son recipientes vacíos en los que la sustancia transportada entra y sale sin sufrir alteraciones.
        No es lo mismo redactar con máquina de escribir que con un ordenador y un procesador de textos, me dijo en una ocasión un profesor. Con la vieja máquina, si te equivocas o te arrepientes, debes romper la hoja y empezar de nuevo. Esto exige mucha concentración creativa. Sin embargo, con el procesador puedes realizar infinitas correcciones, introducir adjetivos y aclaraciones hasta el infinito… El texto deja de ser una creación discursiva lineal y se convierte en un collage. Hubo una época, cuando aparecieron los primeros ordenadores personales, en la que los escritores sabían, por el estilo, si una obra había sido escrita con las viejas máquinas o con los nuevos aparatos digitales. Decía Vilém Flusser que el fotógrafo creativo debe liberarse del programa que contiene la cámara: mirar por el objetivo pero sin seguir el programa establecido por el aparato, usar la cámara para huir de ella… Las máquinas, ya sea para producir objetos o para observarlos, ejecutan el programa industrial que define qué es una imagen y qué es la realidad.
      La digitalización de los centros de enseñanza tiene como objetivo crear organizaciones educativas digitalmente competentes. Se pretende que toda la comunidad educativa utilice las tecnologías de la información para mejorar la administración del centro, el proceso de enseñanza-aprendizaje y la comunicación con las familias. Hay una fase de diagnóstico para medir nuestra competencia digital y detectar lo que necesitamos perfeccionar. PRODIG es un programa que se inserta en el marco europeo de digitalización de las instituciones.
        Es el momento de pensar qué recursos digitales necesitamos y qué tipo de destrezas cognitivas y sociales van a promover los artefactos. Ya tenemos experiencia con los ordenadores y las pizarras digitales, aunque falten todavía estudios empíricos completos y rigurosos. Ahora convendría analizar cómo ha evolucionado en estos últimos años la capacidad de atención, el uso de la memoria, el tratamiento de textos y de imágenes, el uso de información y actividades en línea, la comunicación a través de correos electrónicos y redes sociales… Deberíamos estudiar el grado de transparencia cognitiva de todas estas herramientas.
     Con prudencia, cálculo racional y sentido común podemos aprovechar de forma crítica las posibilidades tecnológicas que nos ofrece el mercado. Habrá que alejarse del abuso de la imagen, de la atención efímera, de la pasividad, de la falta de creatividad o del infantilismo que genera el excesivo control. La solución no es vivir desconectados. Aunque hay pensadores y creadores que sostienen que es imposible generar algo realmente valioso si seguimos el ritmo de las redes digitales, la mayoría cree que los espacios digitales abren infinitas posibilidades. Pero estas posibilidades solo son ruido si no utilizamos el viejo y ruinoso mecanismo de pensar.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

HAY DÍAS...

C. D. Friedrich
Hay días en los que nos asusta la humanidad. Son los días más terribles. La oscuridad es de hierro y nada bueno esperamos. Nos aterra lo humano que anida entre nuestros pliegues de barro. Son días aciagos, con el aire demasiado espeso. El mal existe y está tan cerca, que te roza la piel. Las conversaciones se tiñen de odio, resignación y tristeza, pero raras veces de esperanza. El lenguaje se endurece y las frases son viejas cadenas oxidadas. Nos sentimos incapaces de generar significados con nuestro discurso. Los diálogos prefabricados sustituyen al ruinoso mecanismo de pensar. Hay días en los que nos asusta la humanidad. Ese orden del universo, esa razón que todo lo gobierna, esa confianza en el homo sapiens… Nada de eso queda ya. Ni el humanismo cristiano ni el humanismo ateo saben qué decir cuando amanece sin luz. Este no es el mejor de los mundos posibles, ni hablar. Quizás sea el peor, porque es el que vivimos nosotros. Hay días en los que el dolor absoluto, el irreversible, nos congela todos los órganos. Nunca hemos sabido qué hacer con el mal. Todos los engranajes sociales que hemos diseñado, como las leyes y la enseñanza, parecen fracasar ante las sombras perversas. Hay días en los que nos asusta la humanidad. Y escribimos al anochecer. 

martes, 11 de diciembre de 2018

TEORÍA DE LA LINDE MOVEDIZA



         Pensar el concepto de límite no es nada fácil. Recurrimos a imágenes, a metáforas, para poder representarlo en nuestras mentes. Acudimos a la línea, al surco, la valla o el muro. Hablamos de bordes para separar espacios. Pero por muy fina que sea la línea, sabemos que todo borde, en apariencia sólido y continuo, se difumina, se convierte en un trazo de spray. Pensar implica siempre pensar sobre límites. Definir, identificar, diferenciar, clasificar, asociar, oponer y comparar son tareas que remiten al concepto límite, de linde. Hasta aquí llega algo, y aquí comienza algo diferente. El pensamiento crítico, la vanguardia, consiste poner en cuestión esas demarcaciones.   
         Las lindes son líneas, imaginarias o reales, que separan terrenos. El límite es un término o línea que separa unas heredades de otras, dice la RAE. Las lindes están relacionadas, pues, con lo heredado, lo que viene de atrás en el tiempo. En las artes, las ciencias y la moral ocurre algo similar. Hay líneas heredadas que delimitan ciertos espacios. Lo llamamos tradición. Y como pasa con las tierras de labranza, ya sea por apurar o acaparar, ya sea por decreto ministerial, para expropiar, recalificar o concentrar, toda linde es móvil y está expuesta a los accidentes del tiempo. Sendero entre dos campos, dice Corominas.
         Comparado con Joseph Beuys, Picasso puede parecernos hoy casi un artista conservador, incluso razonable… La línea que utilizamos para realizar nuestros juicios estéticos se va desplazando con el tiempo. Lo extravagante de hoy puede ser mañana un ejemplo de arte ortodoxo, cuando los futuros vanguardistas nos propongan obras que hoy ni se nos pasan por la cabeza. Desde el presente solo vemos esas lindes como si fuesen naturales y siempre hubiesen estado ahí. No es de extrañar que sea tan sano estudiar la historia del arte, de la literatura, de la ciencia o de la ética.
         En arte, ética y política los límites quizás tengan que ver más con la sensibilidad que con la razón. Si con la razón apelamos a principios generales, que nos sirven para definir y clasificar, con la sensibilidad nos orientamos en las zonas borrosas que toda frontera contiene. En lo general casi todos estamos de acuerdo. Sin embargo, el mismo hecho que ayer no nos ofendía hoy nos indigna, nos hace daño, aunque nuestros principios éticos y políticos sean los mismos.
         Las lindes son movedizas porque la educación de nuestra sensibilidad nos hace deambular por ese espacio difuso que separa el bien del mal, lo justo de lo injusto, lo tolerable de lo intolerable. A veces nos somos conscientes de ese desplazamiento. Esa educación de la sensibilidad se lleva a cabo en los contextos de socialización. Y hoy sabemos que son los medios de comunicación los que han absorbido al resto de los agentes. La percepción subjetiva de lo correcto y lo incorrecto se nutre de la percepción social global, de la opinión pública. Todo influye: relatos, símbolos, titulares, películas, premios, exposiciones, anuncios, chistes, documentales, canciones, marcas, logotipos,  ofertas, campañas, sermones, discursos…
         El arte transgresor de otros tiempos nos parece hoy un juego domesticado y amable. Aquellas técnicas y estilos son hoy parte de los manuales, constituyen el canon. O al menos las incluimos bajo el concepto de obras artísticas. Siempre ha habido transgresores en las artes. La creatividad supone poner un pie al otro lado de la línea y ver qué pasa. Pero para ser transgresor hay que conocer el desplazamiento de esas lindes y saber identificarlas. La osadía puede indignar a los que no perciben esa flexibilidad de los géneros, las valoraciones y las clasificaciones.
         En política se habla de clases sociales, naciones, derechos, deberes… También se habla de “líneas rojas” en las negociaciones. En los pactos para formar gobierno y en las directrices de política internacional sobre derechos humanos esas lindes se desplazan constantemente. Los umbrales de la pobreza, los límites de la sostenibilidad del planeta… Los intereses de los participantes cambian según los contextos económicos y políticos. Entonces la percepción de lo asumible se transforma.
         Recordemos las valoraciones iniciales de las nuevas tecnologías. Las lindes que separaban lo razonable de los catastrófico o inhumano se presentaban tan nítidas y sólidas que hoy nos ruborizamos al pensar en nuestros reparos a usar un teléfono móvil, hacer una transferencia por internet, utilizar células madre… Esta teoría de las lindes movedizas asegura que jamás podremos predecir límite fijo alguno en ningún campo de la actividad humana. Y sostiene que hacer valoraciones sobre el futuro antes de que la linde se desplace carece de sentido. Es como preguntarse por el tiempo antes del Big Bang, o sobre qué hay fuera de nuestro universo… Esta teoría también sostiene que toda valoración la realizamos desde nuestro presente, nuestro momento histórico. Y que no nos queda más remedio que decidir y resolver los problemas que nos preocupan con los criterios movedizos que poseemos. 

https://www.diariodejerez.es/jerez/Educacion-Teoria-linde-Movediza_0_1308169635.html

sábado, 17 de noviembre de 2018

Día de las librerías: si fuese tan sencillo…



Librería La Luna Nueva
          En una librería venden libros. Si fuese tan sencillo… Venden libros, pero también revistas, cuadernos y agendas. Ni el más sabio conoce todo lo que se puede llegar a vender en una librería. En algunas venden vinos, bolígrafos y carpetas de colores. En otras, el oficio de librero se combina con… Lean el último libro de Juan Bonilla y verán…  Calendarios de escritores o posters, quién sabe lo que pueden ofrecerte. Y ahí no queda la cosa. Hay libreras que nos venden los libros, nos recomiendan lecturas y nos hablan del universo. Son personas educadas y prudentes, observadoras, gente que siempre está a la expectativa, porque de un lector se puede esperar cualquier cosa. Si fuese tan sencillo… Es que además entran otros lectores, como tú, otros seres atraídos por ese no sé qué de las librerías. Seres atraídos y abstraídos. Entramos como atontados en las librerías. Te encuentras con tu vecino o tu compañero de trabajo. Y no los reconoces, porque en las librerías todos somos otros: somos los que huelen los libros y se deslumbran con sus brillantes cubiertas. Somos espectros que habitan un limbo delicioso. Si fuese tan sencillo… Además acude gente a presentar sus libros, para que veamos en qué acaba tanta lectura desbocada. Leen sus poemas para que impregnen los libros y, a su vez, reciban es empujón creativo, ese barniz que no han encontrado en su escritorio. Y los que no saben escribir van a aprender en los talleres que organizan los libreros. Leemos tanto, que al final pensamos que debemos escribir, que podemos escribir, que sabemos escribir… Y que tenemos algo que contar. Si fuese tan sencillo… Algunos se reúnen en las librerías para comentar lo que han leído, como si al hacerlo exprimieran la celulosa al máximo. Todo lector sabe que hablar de un libro es como hablar de un teorema de matemáticas o de un cuadro de Velázquez. Pero insistimos. Y todas estas travesuras las observan los libreros, las promueven. Están ahí, de fondo. Su sonrisa a veces me inquieta. Creo que saben algo que yo ignoro, una especie de secreto que se transmiten unos a otros. Quizás lo escondan en los marcadores de páginas o en las agendas que venden. He llegado a pensar que todos ellos son unos lunáticos. ¡Incluso algunos de ellos escriben! Los libreros, gente extraña, habitan las librerías como si de un universo propio se tratase, una burbuja ajena al aburrimiento cósmico. Y tienen razón.

martes, 13 de noviembre de 2018

SABER ARGUMENTAR BIEN NO VIENE MAL

             

                  Nadie convence a nadie, porque nadie escucha a nadie. O eso nos parece muy a menudo. Raras veces vemos que alguien dé la razón a su interlocutor. La ideología, los intereses o el orgullo suelen conducir al intercambio de monólogos, no al de argumentos. La ideología sirve para ofrecer recetas, respuestas enlatadas, diga lo que diga el otro. Es una forma de eludir la noble y ardua tarea de razonar con los demás. Antes de subir al estrado o de hacer un comentario en la red, ya sabemos lo que vamos a argüir, las conclusiones a las que vamos a llegar… Nadie convence a nadie, porque nadie razona con nadie... Sin embargo, creemos que es importante saber argumentar bien para defender nuestras tesis, no ser engañados y ser capaces de alcanzar acuerdos.
         Dice Luis Vega Reñón que argumentar es “una manera de dar cuenta y razón de algo ante alguien en el curso de un debate”. Luis Vega ha llevado a cabo, junto con Paula Olmos, la edición del “Compendio de Lógica, argumentación y retórica”, publicado por la editorial Trotta. Es autor también del ensayo “Si de argumentar se trata”, publicado por Montesinos. Para este filósofo, argumentar es una forma de conversar, algo que hacemos en diferentes contextos. Así, damos razones para defender una opinión o rebatir la de otra persona,   justificar una decisión o un veredicto, convencer a los lectores, fundamentar una aseveración científica, aprobar una ley jurídica…
         Todos conocemos muchos ejemplos de mala praxis argumentativa. Basta con ver una tertulia en los medios de comunicación o un debate parlamentario. En las conversaciones cotidianas sobre política o deporte predomina la defensa férrea de una identidad, no la fuerza de un argumento. Nos cuesta ponernos en el lugar del otro para comprender lo que de verdad nos quiere decir. No solemos mostrar voluntad de entendimiento ni de acuerdo… Analizar de forma objetiva las razones parece una utopía, pero es un ideal regulativo que no debemos abandonar.
         Los sistemas educativos siempre se han preocupado por enseñar a debatir y discutir. Desde los sofistas hasta las actuales teorías de la argumentación, sabemos que vivir en democracia implica debatir y argumentar sobre cualquier asunto, ya sea ético, económico, político o cultural. En nuestro entorno existen iniciativas que promueven el saber argumentar. Ya está en marcha el III Concurso-debate Álvar Núñez. Pueden participar todos los centros de enseñanza de la localidad de Jerez de la Frontera que imparten bachillerato y ciclos formativos de grado medio y superior. La fase final será en marzo de 2019. Hay que formar equipos de cuatro personas. Y el tema sobre el que se debatirá es si la libertad de expresión ha de tener límites o no, un asunto de actualidad: algunas personas han sido duramente criticadas por realizar bromas, canciones o declaraciones que ofenden a parte de nuestra ciudadanía.
         A la hora de preparar a nuestros alumnos para el debate, hay que tener en cuenta las tres dimensiones de la argumentación señaladas por Luis Vega: lógica, dialéctica y retórica. La primera, la lógica, se encarga de la validez formal de los argumentos. Estudia si una deducción es correcta, si la conclusión se deriva de las premisas. La dialéctica se preocupa por los procedimientos y reglas que intervienen en la interacción entre los participantes en el debate. Y la retórica propone recursos y estrategias eficaces para convencer al oponente. Dicho de otra forma, saber argumentar bien no solo consiste en conocer las leyes lógicas. La argumentación posee una dimensión pragmática ineludible. Existen unas reglas de juego, unas normas implícitas que llevan el debate por una senda razonable y éticamente aceptable. Además contamos con un conjunto de estrategias que son muy útiles para presentar nuestras razones y conducir a nuestro oponente o auditorio por donde nos interesa.
         La habilidad de argumentar puede ser concebida como una simple herramienta formal, vacía de contenidos o valores, una técnica que puede ser utilizada tanto para dominar como para liberar, tanto para engañar como para desvelar la verdad. Al incluir la dimensión pragmática debemos admitir que argumentar es una interacción social en la que intervienen personas. Hay ciertas normas que son necesarias para que el debate sea posible y razonable: buscamos la verdad, somos sinceros, queremos entendernos, admitimos las buenas razones, no utilizamos al oponente como un objeto… En el ámbito político, argumentar con soltura puede servir para sacar a la luz las falacias, razonamientos que parecen correctos pero que no lo son, y para llegar a acuerdos de forma civilizada cuando surge un conflicto. ¡Y para reconocer que el otro tiene razón!


lunes, 5 de noviembre de 2018

sábado, 3 de noviembre de 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

PATATAS A LA IMPORTANCIA


       

          Desde lo de Sócrates los filósofos son muy desconfiados. Que maten al hombre más sabio de Atenas no está nada bien, un hombre que lo único que hizo fue dialogar con los ciudadanos sobre el bien, la justicia, la verdad, la belleza… Era un tábano molesto, siempre preguntando, un personaje incómodo. Le obligaron a brindar con cicuta, y él aceptó beberla, por coherencia, algo que sigue asombrando a todos los mortales y preocupando a nuestros gobernantes… Somos muy escépticos los filósofos. Sospechamos de todo, incluso de los halagos. Nuestros representantes, y por unanimidad, vuelven a otorgar importancia la Filosofía, dicen los titulares… Cada vez que escucho la palabra importancia, me acuerdo de las patatas a la importancia, qué le vamos a hacer...
         El Congreso de los Diputados ha aprobado una Proposición no de Ley para que la Filosofía sea obligatoria en los tres últimos cursos de secundaria. Las leyes educativas anteriores habían arrinconado la materia de Historia de la Filosofía, de segundo de Bachillerato, y habían eliminado la Ética de 4º de ESO. La Filosofía de 1º de Bachillerato se ha mantenido como obligatoria, con tres horas semanales. Ahora se pretende, creo entender, que la Historia de la Filosofía vuelva a ser obligatoria para todas las modalidades de bachillerato y que aparezca  en los exámenes de acceso a la universidad. En Andalucía (donde por lo visto todo lo hacemos mal) ya nos dimos cuenta del error y hemos resistido, como gato panza arriba, a semejantes embates legislativos: la Historia de la Filosofía no ha llegado a desaparecer del todo y actualmente es obligatoria en todos los bachilleratos, con dos horas semanales. Resulta que ahora somos la vanguardia…
         El objetivo esencial de la Historia de la Filosofía no es de carácter arqueológico, es decir, no se trata de estudiar los sistemas de pensamiento como meras huellas del pasado, curiosidades históricas para mantener en una vitrina. Analizamos las filosofías del pasado para comprender nuestro presente, para saber de dónde ha surgido nuestra visión de la naturaleza, el concepto de ser humano, la democracia, los derechos, la idea de arte o el método científico. Quizás este ha sido el error de los que nos dedicamos a enseñarla: no haber explicado bien este objetivo y no haberlo concretado adecuadamente en la metodología. Un poco de autocrítica no nos viene nada mal. Si no hemos sido capaces de mostrar la Historia de la Filosofía como una herramienta para analizar nuestro contexto social actual, no debe extrañarnos que los ciudadanos y gobernantes la vean como algo totalmente prescindible.
         La Filosofía promete mejorar nuestra capacidad de argumentación y nuestro sentido crítico, y así ser más libres, justos y tolerantes. Lo promete... Quizás ahí debemos mejorar mucho también. En lugar de obsesionarnos con los textos y la repetición de teorías, a lo mejor deberíamos insistir más en el pensamiento creativo y en la capacidad de razonar sobre temas actuales. Que no se nos olvide que los representantes políticos de las últimas décadas estudiaron muchas horas de Historia de la Filosofía… Necesitamos, es cierto, ciudadanos que conozcan los diferentes sistemas conceptuales, los comparen y elijan de forma autónoma el que consideren más razonable o construyan el suyo propio. Pensar de forma autónoma no significa pensar en el vacío, eso es imposible. La creatividad y la originalidad fermentan en ese poso de saber que la tradición nos ha legado. Esa autonomía puede servirnos para evitar la ofuscación ideológica, la alienación, el fanatismo y todo tipo de falsas creencias.
         Las patatas a la importancia es un guiso elaborado con un tubérculo que fue despreciado en Europa cuando se introdujo en la dieta tras el descubrimiento de América: comida para las bestias, decían algunos. Un guiso con ingredientes humildes, pero que requiere mucha elaboración. Así ocurre con la Filosofía, su ingrediente básico es el sentido común crítico que todos poseemos, como dirían Descartes o K. Popper. Desarrollarlo exige también mucho trabajo. Para pensar con rigor analítico, algo necesario en todas las ramas del saber, necesitamos conocer la lógica y las formas de argumentar llevadas a cabo en los diferentes momentos de nuestra Historia.
          Es crucial entender cómo cada modo de producción, cada sociedad, ha generado tipos de pensamiento diferentes, con sus problemas y soluciones. Hoy tenemos los nuestros, los propios del capitalismo tardío. Los retos de nuestras democracias y del sistema tecnocientífico son muy complejos. Nos las tenemos que ver con la globalización, la desigualdad y la pobreza, los nacionalismos, la clonación, la eutanasia, la inteligencia artificial, la manipulación de la información, el cambio climático… Todos los grandes problemas requieren, además de un conocimiento especializado, un pensamiento de alcance global, que sea capaz de conectar todas las esferas de la acción humana (la economía, el derecho, la ciencia, la tecnología, las artes…) y nos permita tomar decisiones con prudencia.

https://www.lavozdelsur.es/patatas-a-la-importancia/

martes, 16 de octubre de 2018

GENTE EXTRAÑA

          El día en el que la Inteligencia Artificial sustituya a los profesores el sistema educativo será más eficiente, seguro, pero mucho más aburrido. Porque a esto de la educación se dedica gente muy extraña, ilusa y utópica. Siempre en la cuerda floja, caminando en el alambre… Explicamos la física, pero no somos físicos. Explicamos las matemáticas, pero no somos matemáticos, explicamos la filosofía, pero no somos filósofos… Es un misterio. Cuando hablamos de la célula, del átomo, de la novela realista o del expresionismo abstracto, somos tan ingenuos y apasionados que parece que todo eso es obra nuestra. Por si fuera poco, creemos que saber escribir, calcular o pintar nos abrirá muchas puertas en la vida, incluso nos hará ciudadanos libres y creativos. Y como hay gente para todo, existen individuos que, además de enseñar, se dedican a pensar y escribir sobre ello y otras tantas ocurrencias, cada cual más descabellada. Esta pasión viene de lejos, de la noche de los tiempos. Gente extraña, no lo duden.
         Nuestra labor, la de enseñar, siempre es un problema filosófico, siempre está en cuestión, como es debido. Si no fuese así, habría que preocuparse. Otro asunto es cómo se aborde esa discusión y cómo se utilice en los debates electorales. Educar siempre será un problema, por eso hay que informar, debatir y argumentar sobre tan noble actividad. Este suplemento de educación tiene el mérito de reunir a personas que quieren hacer posible ese diálogo. Coordinar cerebros tan dispares es una tarea que solo un artista, amante del riesgo, puede acometer… Como los periódicos, ya sea en papel o en formato digital, siguen siendo esenciales para generar la opinión pública, es imprescindible que en ellos se escriba sobre cómo y qué enseñamos a nuestros ciudadanos.
           ¿Por qué Cerebros en Toneles? Hay un experimento mental en filosofía que habla de cerebros en cubetas. Si estimulamos las áreas del cerebro que procesan la información sobre nosotros y sobre el mundo exterior, provocaremos ciertos estados mentales. Llevado al extremo, quizás solo seamos cerebros en cubetas conectados a un ordenador que nos suministra todas las experiencias que consideramos reales: lo que vemos y sentimos, nuestro cuerpo, los objetos que nos rodean, las demás personas… No hay forma de saber si somos cerebros en cubetas o no.
         He cambiado las cubetas, tan frías y asépticas, por los toneles, las botas de oloroso. Al hacer referencia a los cerebros quiero mostrar mi interés por la filosofía que camina al lado de las ciencias. La única forma de alcanzar conocimiento objetivo es mediante los métodos científicos. La filosofía aclara conceptos, relaciona ideas, pero no proporciona conocimientos nuevos. Somos cerebros, cuerpos, nada más. Y buscamos, como es lógico, el placer y la felicidad. Quizás seamos cerebros en toneles llenos de oloroso… La duda, imposible de resolver en el experimento mental, es sinónimo de pensamiento libre. Para huir del aburrimiento y alcanzar el placer son imprescindibles las artes y las diferentes prácticas creativas.
         Compartir lecturas, argumentos, experiencias estéticas, ideas y dudas… Es la mejor definición de educación que he encontrado hasta ahora. Cada vez me gusta menos hablar de la enseñanza como praxis transformadora y liberadora, demasiada teología… Si uno enseña algo, es a través de su estilo, de su forma de estar en el mundo, en el aula, en la sala de profesores, en un laboratorio, en un campo de fútbol o en una sala de exposiciones. No se trata de modificar los cerebros de nuestros alumnos, ni de inyectarles valores cívicos, teorías y datos. Se trata de mostrar posibles senderos de la razón y de la sensibilidad.

https://www.diariodejerez.es/jerez/cerebros-toneles-educacion_0_1291671173.html

sábado, 18 de agosto de 2018

LAS NUBES

Turner
   Todo fluye, nada permanece, dijo el oscuro. Nadie está quieto, vivir es desplazarse, decimos nosotros. Existir es deslizarse, resbalarse y, si hay suerte, moverse por propia voluntad. Nadie permanece en el mismo lugar. Hay que salir de la cabaña y acudir al río para beber. Y el agua viene de lejos, de terrenos desconocidos. Nunca es el mismo río, dijo el oscuro. Nacer es desplazarse para siempre. Nos movemos detrás del alimento, de las bestias, de los frutos, de los sueños... No hay lugar. Somos ese fluir incesante de deseos al atardecer. No hay espacio. Somos una corriente indómita de miradas. Vadeamos los ríos y escalamos las montañas. No hay tiempo. Todo se deshace en el tránsito. Nos encanta movernos y hablar con los otros al cruzarnos en el paseo. Todos los viajeros se reconocen en la forma de soñar. La guerra, el conflicto, es la madre de todas las cosas, dijo el oscuro. Y acierta, tanto si se refiere al movimiento de la naturaleza como al desplazamiento de los humanos, decimos nosotros. Todos fluimos, todos nos movemos, y muchos lo hacen expulsados por la violencia, es decir, la miseria. Los conflictos generan nuevas realidades: son siempre una oportunidad para alcanzar un mundo mejor. Quien niega el desplazamiento niega la humanidad, niega la vida. Solo los amantes de la muerte temen al viajero. Solo los constructores de vallas congelan la imaginación. Todo fluye, nada permanece, dijo el oscuro. Es cierto, Heráclito, las nubes se desplazan todo el tiempo para generar vida.

lunes, 6 de agosto de 2018

BELLEZA HIRIENTE

 
Montaña palentina
Una de las ventajas de destrozar el planeta es que de vez en cuando creamos paisajes bellos y originales. Nos acercamos a lo sublime, pero por otro sendero. Es una belleza que hiere, no al modo romántico, sino posmoderno: la imagen ha sido capturada por un teléfono móvil y estoy escribiendo en un ordenador portátil enchufado a la red eléctrica... Esta belleza que hiere brota de los pliegues de la conciencia, porque ya no hay vuelta atrás para la mirada humana. Sólo un gran impulso creativo puede aliviar el dolor de la herida. Olvidaremos los árboles sumergidos, los pueblos abandonados y el trabajo de los que nos precedieron. Necesitamos crear nuevas realidades para generar nuevas memorias. Sabemos que la belleza que hiere forma parte de nuestra condición. Como nadie quiere renunciar a nada, debemos poner a trabajar nuestros cerebros para diseñar nuevos paisajes. Y sabemos que todos los paisajes humanos han sido hirientes, desde siempre.

martes, 12 de junio de 2018

NEURONAS ESPEJO, ÉTICA Y FICCIÓN

   
Santiago Ramón y Cajal
      Sentimos con los demás. La neurociencia confirma que David Hume tenía razón. Simpatía, empatía, compadecer… Todas esas palabras hablan de la capacidad que tenemos los seres humanos de reflejar los estados emocionales de los que nos rodean. El núcleo de la ética consiste en ponerse en el lugar del otro. Toda argumentación moral que no parta de ese hecho se vuelve abstracta, sin fundamento. Sentir con el otro nos mantiene en contacto con la realidad social inmediata. Y evita que los grandes principios éticos o políticos nos ofusquen. Si Hume apelaba a la imaginación a la hora de explicar esta capacidad natural, hoy los científicos hablan de redes de neuronas espejo. 
         Giacomo Rizzolatti localizó las neuronas espejo en la corteza frontal de los monos en 1992, en la Universidad de Parma. Estas neuronas responden cuando el mono ve que otro individuo coge un objeto. Son las mismas que se activan cuando él mismo lo hace. Además, algunas de ellas responden de forma específica, según la finalidad de la acción. Por eso se relacionaron con la capacidad de atribuir estados mentales, como la intencionalidad, a los otros sujetos. Es decir, atribución a través de simulación. Mientras que el neurólogo V.S. Ramachandran dice que las neuronas espejo son el ADN de la neurociencia, incluso la clave para entender la evolución del ser humano, la filósofa Patricia S. Churchland es más escéptica respecto a la existencia de ese tipo de neuronas y su papel en la simulación y la empatía.
         La hipótesis de muchos investigadores es que los seres humanos también tenemos esas neuronas espejo, redes neuronales encargadas de la imitación. Nos permitirán explicar muchos procesos mentales, como el aprendizaje, el lenguaje y la empatía. Quizás sean la clave para saber qué ocurre con el autismo. Y llegaremos a explicar las bases neuronales de la atribución de estados mentales a los demás en las interacciones sociales. Nuestro cerebro, dice David Eagleman, además de nutrientes necesita a los demás: “Nuestras neuronas requieren las neuronas de los demás para desarrollarse y sobrevivir.” Lo explica en “El cerebro. Nuestra historia” (Anagrama, 2017), un libro de divulgación muy bien escrito, estimulante: “Utilizamos la misma maquinaria neuronal para ver el dolor en otra persona que para sentir nuestro propio dolor”. Poseemos “extensas redes que observan a los demás, se comunican con ellos, sienten su dolor, juzgan sus intenciones y leen sus emociones”.
         Reflejar la conducta del otro es esencial para nuestra capacidad mimética. Nuestra capacidad de simulación nos lleva a entender el teatro, tanto si somos actores como si somos espectadores. Al leer una novela, nos ponemos en el lugar de los personajes, vivimos su mundo y adoptamos múltiples perspectivas según se desarrolla la narración. El escritor, cuando crea, también utiliza esos recursos.
         ¿Tendrán un umbral de activación estas redes de neuronas espejo? Planteo esta pregunta porque me da la impresión de que el exceso de imágenes las puede llegar a saturar. Vivimos en las pantallas. Los dispositivos que utilizamos son cada vez más rápidos. Las fotografías y los vídeos se deslizan ante nuestros ojos a una velocidad de vértigo. Ya nada nos afecta. Y si lo hace, parece que no conecta con el área de las emociones ni pasa a la memoria a largo plazo, tan importante para las virtudes y la forja del carácter. La simpatía y la empatía son necesarias para la compasión y la solidaridad. Si desactivamos esas capacidades, nuestro universo moral se desmorona. Saturar la imaginación puede tener consecuencias éticas. La lectura, las artes plásticas y el teatro, además de librarnos del aburrimiento, ponen a punto la maquinaria de reflejar, nos vuelven más sensibles y perspicaces. Y el ritmo aquí es importante. La aceleración de los relatos, sin elaboración de los personajes, quizás nos sature, nos vuelva apáticos. “No podemos evitar imitar a los demás, conectar con los demás, preocuparnos por los demás, porque estamos programados para ser criaturas sociales”, dice David Eagleman.

http://www.diariodejerez.es/jerez/Neuronas-espejo-etica-ficcion_0_1253874787.html

viernes, 25 de mayo de 2018

JARDÍN SUR

 
Ana Erman
      Pertenecen a las profundidades de los bosques, y algunas tardes lluviosas de mayo habitan los claros. Son seres muy raros, ingenuos, gente atrapada en sueños. Enredados en la escritura de la vida o en el diseño del cosmos, son criaturas de las raíces, impregnadas de olores exóticos y cercanos. Aprovechan los días nublados para retar al Sol y leer a Cyrano. Gozan con la siembra porque saben que la felicidad nace en vísperas. Pertenecen a las sombras y escuchan el rumor de la Luna para trasladarlo al libro secreto que siempre están escribiendo o al cuadro imposible que nunca acaban de pintar. Buscan lo humano desde los sombríos, donde la humedad recuerda el origen a cada paso. Son seres estrafalarios y vanguardistas, capaces de habitar en una viñeta sin salida. Escurridizos como los roedores, son temidos y pisoteados con salvaje irracionalidad. Viven siempre al sur de los bosques. Y las tardes lluviosas de mayo imaginan otro universo, el jardín sur. 

miércoles, 23 de mayo de 2018

EUTANASIA Y VIDA DIGNA

       
Joan Miró

  Una Proposición de Ley del Parlamento de Cataluña ha abierto de nuevo el debate sobre la despenalización de la eutanasia. Se solicita la reforma del artículo 143.4 del Código Penal. Esta es la propuesta que se va a debatir en el Congreso de los Diputados: «4. No obstante lo establecido por los apartados anteriores, está exento de responsabilidad penal el que, por petición expresa, libre e inequívoca de una persona que padezca una enfermedad grave que lo conducirá necesariamente a la muerte o una patología incurable que le provoca sufrimiento físico o psíquico grave y que se prevé que será permanente, cause con actos necesarios la muerte segura, pacífica y sin dolor de esta persona o coopere a ello, dentro del marco legal establecido.»
         Se propone en esta Proposición la redacción de una “ley de disposición y soberanía sobre la propia vida que garantice la libre autonomía personal y, a su vez, la protección de los colectivos más vulnerables”. Esa ley, nos dicen, debería contener: “Una definición clara de los conceptos. Las condiciones que deben darse para llevar a cabo la eutanasia y el suicidio médicamente asistido. Las características que debe tener el paciente. Los requisitos que debe cumplir el personal sanitario en la toma de decisiones y en la actuación. Y la composición, las tareas y las competencias de los órganos de supervisión y control.” Como modelo proponen la ley holandesa de 2001. Mencionan más lugares donde se ha aprobado una legislación similar: Suiza, Luxemburgo, Estado de Oregón (EUA), Estado de Washington (EUA), Estado de Vermont (EUA), Quebec, Estados de Montana y de California (EUA), Colombia y Canadá.
         No es la primera vez que se intenta debatir el tema de la eutanasia en el Congreso. Los expertos en lógica parlamentaria temen que este debate se diluya en el tiempo y no llegue a ninguna parte. Por lo visto, hay muchas estrategias reglamentarias que permiten estancar un debate o hacerlo desaparecer. Y es una pena, porque es un tema de interés general. La necesidad de legislar sobre este asunto es evidente. En la Proposición se menciona la última encuesta realizada por The Economist en quince países en junio de 2015. En España un 78 %  se muestra a favor de legalizar la eutanasia, solamente un 7 % en contra y un 12 %  NS/NC.
         No veo ninguna razón ética para rechazar la eutanasia voluntaria, el suicidio asistido. Despenalizar la eutanasia supondría ofrecer una herramienta para vivir con dignidad los últimos momentos. Así pues, tiene que ver con la vida, claro que sí. Y nadie estaría obligado a utilizarla. Bien regulada, no perjudica a nadie. Disfrutar de ese derecho no conlleva ningún daño para otros ciudadanos. Es un desarrollo de la libertad individual, de la autonomía personal. Lo que es inconcebible es que uno no pueda vivir con dignidad hasta el final. Nadie debería poder obligarnos a vivir si ya no lo deseamos. Hasta ahora se ha tratado a los pacientes como niños, como si de golpe perdieran el control de sus existencias. La decisión de recurrir al suicidio asistido es nuestra, no del Estado. Las instituciones sanitarias y jurídicas solo serían un medio, un instrumento, un marco de posibilidades. La decisión autónoma y consciente la toma la persona, en el momento o mediante testamento vital. Ella sería la única responsable moral de elegir su final. La muerte es parte de la vida, suele decirse. Habría que añadir que es parte de mi vida.
         Si el debate parlamentario se lleva a cabo como es debido, debería ser largo y pausado. Y los ciudadanos deberíamos participar de algún modo en esas discusiones. Aunque existen comisiones de bioética que asesoran a las instituciones, como el Comité Consultivo de Bioética de Cataluña, no vendría mal una participación directa de la ciudadanía. Los partidos políticos, nuestros representantes, mantienen posiciones ideológicas sobre este tema. Sin embargo, la disciplina de partido en cuestiones éticas paraliza el verdadero diálogo. Ha ocurrido con otros debates similares. Un referéndum no sería mala idea, al menos hablaríamos.

viernes, 11 de mayo de 2018

EL SEXTO SENTIDO

Escher
        Cuando ya vemos al fondo la meta, y con el fin de disfrutar al máximo de las últimas zancadas, no vendría mal vivir cada minuto con los cinco sentidos a pleno rendimiento, como los atletas olímpicos.   
         La vista nos sirve para otear el horizonte desde la terraza de una caseta, en un cruce si es posible. Si no vas a caballo, conviene llevar gafas de sol para protegerte de todo, del polvo, de la luz, de las ojeras y de los espías. El engaño de este sentido se concreta en ilusiones ópticas: creer que has visto a un conocido, creer que hay sitio en una caseta, creer que el baño está libre, y creer que llevas los zapatos limpios.
         El gusto es para comer y beber. También debe ser protegido, cómo no. El peor enemigo es uno mismo cuando mezcla sin prudencia o traga sin paladear por cambiar de caseta cuanto antes, arrastrado por las compañías de culo inquieto o el anuncio en las redes de una inminente actuación allende los mares. Renegar del gusto muy pronto suele ser un mal síntoma. Aquí el engaño brota cuando confundes el adobo con la tortilla de patata, y encima lo discutes.
         El olfato es para oler la parte del caballo que se desprende y cae al suelo, pero que sigue siendo caballo. Asociado al gusto, el olfato es difícil de cuidar. Está muy expuesto al paso del tiempo. Según avanza la feria, parece ser que las partículas elementales se concentran hasta el punto de formar una singularidad olfativa, es decir, un agujero negro que te absorbe sin piedad. Es cuando todos los olores del González Hontoria se fusionan. Y el aroma a fino permanece en un segundo plano, acogiendo en su seno todo tipo de perfumes humanos e inhumanos. Menos mal que existe el plato de pimientos recién fritos.
         El tacto se utiliza para bailar con delicadeza, para comprobar si están fríos los líquidos y para evitar broncas innecesarias. Actuar con tacto es muy recomendable a cualquier hora. En la feria las historias de vida son muy variadas, y al solaparse pueden generar roces. Cuando tú empiezas, otro acaba... Gracias al tacto, muchos encuentran la salida del recinto ferial y son capaces de descifrar señales que para los demás mortales permanecen ocultas.
         El oído, mal asunto. Los muros de las casetas no soportan tanto decibelio, así que disfrutamos de una compleja macedonia musical. Y la mezcla es buena, el mestizaje, ya se sabe… Nadie sabe cómo cuidar el oído en esta feria. Hemos recuperado el lenguaje de signos y el arte de apuntar con el dedo a la carta de mano o de la pared. Los que intentan hablar, los ingenuos, al día siguiente ya no hablan. Habría que inventar una pegatina que diga “Hablé ayer”, para no molestar a los convalecientes. Los vecinos de la calle Manuel Soto Sordera ya se están organizando.   
         Y el sexto sentido es el que te permite tomar las decisiones cruciales. Que nadie piense que me refiero a poderes sobrenaturales. Aunque sí que nos encontraremos infinitos espectros y una caseta fantasma. El sexto sentido nada tiene que ver con la razón, al menos en su aspecto discursivo y conceptual. Quizás se parezca más a una intuición involuntaria, difícil de domar. Gracias al sexto sentido sabemos que una caseta agoniza, que está muerta y que hay que huir de allí cuanto antes; o que hay pelea a la vista; gracias a él sabemos que no cumpliremos lo prometido, irnos pronto a casa; sabemos que nos encontraremos con quien no queremos, varias veces; y sabemos que sacar un oso de peluche es una ruina, aunque no te fallen ni la vista ni el tacto.

jueves, 10 de mayo de 2018

AL FILO

Miguel Parra
   La cuchilla se esconde entre los pliegues de la indiferencia. Saben esconderse las cuchillas... El filo cortante causa dolor. Pero nadie parece ver la afilada amenaza hasta que se concreta en ausencia, en dolor oscuro. Sí, el dolor es oscuro. Me gustaría saber quién tiene la paciencia de afilar estas guadañas del ser. Habrá seres lúgubres, ajenos a la luz, quizás carentes del tacto de la seda. El odio germina entre los pliegues de la pasividad. Y brota como una planta tropical. Cuchilla de la posesión obsesiva, el filo de la muerte... Sí, el dolor es oscuro, y es un tenue silencio también. Afilar la hoja mortífera requiere concentración, y mucho silencio de los espectadores, observadores pasivos que al final de la obra se lamentarán, llorarán. Desconocer los secretos mecanismos del odio no nos libra de sus huellas. Olvidar los huecos del ser, provocados por la dominación, tampoco nos sirve para esquivar la oscuridad de la tristeza. Sí, la tristeza también es oscura. Habitamos un cosmos atravesado por los destellos del odio.

martes, 8 de mayo de 2018

AUTARQUÍA Y FELICIDAD

         Fernando Savater en “Las preguntas de la vida” distingue entre información, conocimiento y sabiduría. La información, nos dice, “presenta los hechos y los mecanismo primarios de lo que sucede”. El conocimiento reflexiona sobre esa información, “jerarquiza su importancia significativa y busca principios generales para ordenarla”. Por último, la sabiduría “vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor según lo que sabemos”. La ciencia se mueve entre la información y el conocimiento, mientras que la filosofía lo hace entre el conocimiento y la sabiduría.
         Si los ciudadanos ven la filosofía como una actividad inútil es porque no hemos sabido explicar bien la distinción que realiza Savater. De hecho, hemos transmitido que la filosofía es una labor teórica, olvidando que su objetivo es práctico: ser felices. Claro que la teoría es necesaria. Sin explicación racional, sin reflexión, no puede haber una acción prudente que nos conduzca a la vida buena. Pero nos hemos enredado en los medios, en las herramientas conceptuales, y hemos perdido de vista el fin que da sentido a la actividad filosófica. Así, el ciudadano no sabe por qué debe conocer esa ristra de teorías. Si el conocimiento lo proporcionan las ciencias, nadie ve necesario conocer esas ideas filosóficas.
         La filosofía no busca el mero conocimiento, sino que persigue la sabiduría. El sabio busca la felicidad, ni más ni menos. Es el fin último de todos nuestros actos, decía Aristóteles. Y debe ser un fin que se busque por sí mismo, no como medio para obtener otros bienes. Sea lo que sea la felicidad, ha de cumplir ese requisito. Todos los pensadores griegos coincidieron en esta idea. Pero hay otra, y no menos importante. La felicidad ha de estar relacionada con nuestra esencia, con aquello que nos define y nos distingue de otros seres del mundo. Luego viene la parte más complicada: aclarar qué actividad cumple esas condiciones.
Epicuro
         La autarquía, autosuficiencia, fue mencionada por todos los sabios griegos. Para los socráticos, epicúreos, estoicos, cínicos y  escépticos, la felicidad estaba relacionada con el dominio racional de nuestras necesidades y deseos, que luego se concretaba en bienestar, serenidad y libertad. Ingredientes de la felicidad: no necesitar más de la cuenta, no ser esclavos de nuestros deseos y encontrar una actividad que nos satisfaga como fin en sí misma, no como un medio para otros bienes. Hallar una actividad así requiere el uso de la inteligencia práctica. Y el conocimiento que tenemos sobre nuestra naturaleza debe ayudarnos a elegir.
         La época helenística y la nuestra se parecen en algunos aspectos. Descartada la participación democrática, los ciudadanos intentamos sobrevivir en un mundo saturado de información y nuevas necesidades. Encontrar la felicidad, tranquilidad y autorrealización, se presenta como una tarea individual. En el océano de la información y el consumo desbocado, tanto el conocimiento como la sabiduría parecen inalcanzables. Hoy las personas alardeamos de necesitar muchos productos. Si no necesitas algo, es que no estás al día, estás fuera de juego. Manejamos información fugaz: no hay tiempo para la teoría, y mucho menos para la sabiduría.
         Comprender el mundo, saber dónde estamos y cómo funciona nuestra sociedad, puede acercarnos a esa autosuficiencia. También conviene saber distinguir entre las necesidades naturales y las necesidades diseñadas en los laboratorios del mercado. Buscar el placer, el bienestar razonable, tampoco viene mal. Sin olvidar, por supuesto, el placer estético, contemplación desinteresada de la belleza, y la creación artística, el mejor camino para evitar el aburrimiento. Y lo más importante, encontrar ese trabajo en el que puedas desplegar tus capacidades con los demás, sin tratar a nadie como un objeto. Así enlazamos a Epicuro con Kant, Schopenhauer, Nietzsche y Marx. Para lograr esta autosuficiencia individual, que se concreta en autonomía moral y libertad, se requiere un sistema económico y político que la haga posible.