ROEDORES DE FILOSOFÍA

martes, 13 de noviembre de 2018

SABER ARGUMENTAR BIEN NO VIENE MAL

             

                  Nadie convence a nadie, porque nadie escucha a nadie. O eso nos parece muy a menudo. Raras veces vemos que alguien dé la razón a su interlocutor. La ideología, los intereses o el orgullo suelen conducir al intercambio de monólogos, no al de argumentos. La ideología sirve para ofrecer recetas, respuestas enlatadas, diga lo que diga el otro. Es una forma de eludir la noble y ardua tarea de razonar con los demás. Antes de subir al estrado o de hacer un comentario en la red, ya sabemos lo que vamos a argüir, las conclusiones a las que vamos a llegar… Nadie convence a nadie, porque nadie razona con nadie... Sin embargo, creemos que es importante saber argumentar bien para defender nuestras tesis, no ser engañados y ser capaces de alcanzar acuerdos.
         Dice Luis Vega Reñón que argumentar es “una manera de dar cuenta y razón de algo ante alguien en el curso de un debate”. Luis Vega ha llevado a cabo, junto con Paula Olmos, la edición del “Compendio de Lógica, argumentación y retórica”, publicado por la editorial Trotta. Es autor también del ensayo “Si de argumentar se trata”, publicado por Montesinos. Para este filósofo, argumentar es una forma de conversar, algo que hacemos en diferentes contextos. Así, damos razones para defender una opinión o rebatir la de otra persona,   justificar una decisión o un veredicto, convencer a los lectores, fundamentar una aseveración científica, aprobar una ley jurídica…
         Todos conocemos muchos ejemplos de mala praxis argumentativa. Basta con ver una tertulia en los medios de comunicación o un debate parlamentario. En las conversaciones cotidianas sobre política o deporte predomina la defensa férrea de una identidad, no la fuerza de un argumento. Nos cuesta ponernos en el lugar del otro para comprender lo que de verdad nos quiere decir. No solemos mostrar voluntad de entendimiento ni de acuerdo… Analizar de forma objetiva las razones parece una utopía, pero es un ideal regulativo que no debemos abandonar.
         Los sistemas educativos siempre se han preocupado por enseñar a debatir y discutir. Desde los sofistas hasta las actuales teorías de la argumentación, sabemos que vivir en democracia implica debatir y argumentar sobre cualquier asunto, ya sea ético, económico, político o cultural. En nuestro entorno existen iniciativas que promueven el saber argumentar. Ya está en marcha el III Concurso-debate Álvar Núñez. Pueden participar todos los centros de enseñanza de la localidad de Jerez de la Frontera que imparten bachillerato y ciclos formativos de grado medio y superior. La fase final será en marzo de 2019. Hay que formar equipos de cuatro personas. Y el tema sobre el que se debatirá es si la libertad de expresión ha de tener límites o no, un asunto de actualidad: algunas personas han sido duramente criticadas por realizar bromas, canciones o declaraciones que ofenden a parte de nuestra ciudadanía.
         A la hora de preparar a nuestros alumnos para el debate, hay que tener en cuenta las tres dimensiones de la argumentación señaladas por Luis Vega: lógica, dialéctica y retórica. La primera, la lógica, se encarga de la validez formal de los argumentos. Estudia si una deducción es correcta, si la conclusión se deriva de las premisas. La dialéctica se preocupa por los procedimientos y reglas que intervienen en la interacción entre los participantes en el debate. Y la retórica propone recursos y estrategias eficaces para convencer al oponente. Dicho de otra forma, saber argumentar bien no solo consiste en conocer las leyes lógicas. La argumentación posee una dimensión pragmática ineludible. Existen unas reglas de juego, unas normas implícitas que llevan el debate por una senda razonable y éticamente aceptable. Además contamos con un conjunto de estrategias que son muy útiles para presentar nuestras razones y conducir a nuestro oponente o auditorio por donde nos interesa.
         La habilidad de argumentar puede ser concebida como una simple herramienta formal, vacía de contenidos o valores, una técnica que puede ser utilizada tanto para dominar como para liberar, tanto para engañar como para desvelar la verdad. Al incluir la dimensión pragmática debemos admitir que argumentar es una interacción social en la que intervienen personas. Hay ciertas normas que son necesarias para que el debate sea posible y razonable: buscamos la verdad, somos sinceros, queremos entendernos, admitimos las buenas razones, no utilizamos al oponente como un objeto… En el ámbito político, argumentar con soltura puede servir para sacar a la luz las falacias, razonamientos que parecen correctos pero que no lo son, y para llegar a acuerdos de forma civilizada cuando surge un conflicto. ¡Y para reconocer que el otro tiene razón!


lunes, 5 de noviembre de 2018

sábado, 3 de noviembre de 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

PATATAS A LA IMPORTANCIA


       

          Desde lo de Sócrates los filósofos son muy desconfiados. Que maten al hombre más sabio de Atenas no está nada bien, un hombre que lo único que hizo fue dialogar con los ciudadanos sobre el bien, la justicia, la verdad, la belleza… Era un tábano molesto, siempre preguntando, un personaje incómodo. Le obligaron a brindar con cicuta, y él aceptó beberla, por coherencia, algo que sigue asombrando a todos los mortales y preocupando a nuestros gobernantes… Somos muy escépticos los filósofos. Sospechamos de todo, incluso de los halagos. Nuestros representantes, y por unanimidad, vuelven a otorgar importancia la Filosofía, dicen los titulares… Cada vez que escucho la palabra importancia, me acuerdo de las patatas a la importancia, qué le vamos a hacer...
         El Congreso de los Diputados ha aprobado una Proposición no de Ley para que la Filosofía sea obligatoria en los tres últimos cursos de secundaria. Las leyes educativas anteriores habían arrinconado la materia de Historia de la Filosofía, de segundo de Bachillerato, y habían eliminado la Ética de 4º de ESO. La Filosofía de 1º de Bachillerato se ha mantenido como obligatoria, con tres horas semanales. Ahora se pretende, creo entender, que la Historia de la Filosofía vuelva a ser obligatoria para todas las modalidades de bachillerato y que aparezca  en los exámenes de acceso a la universidad. En Andalucía (donde por lo visto todo lo hacemos mal) ya nos dimos cuenta del error y hemos resistido, como gato panza arriba, a semejantes embates legislativos: la Historia de la Filosofía no ha llegado a desaparecer del todo y actualmente es obligatoria en todos los bachilleratos, con dos horas semanales. Resulta que ahora somos la vanguardia…
         El objetivo esencial de la Historia de la Filosofía no es de carácter arqueológico, es decir, no se trata de estudiar los sistemas de pensamiento como meras huellas del pasado, curiosidades históricas para mantener en una vitrina. Analizamos las filosofías del pasado para comprender nuestro presente, para saber de dónde ha surgido nuestra visión de la naturaleza, el concepto de ser humano, la democracia, los derechos, la idea de arte o el método científico. Quizás este ha sido el error de los que nos dedicamos a enseñarla: no haber explicado bien este objetivo y no haberlo concretado adecuadamente en la metodología. Un poco de autocrítica no nos viene nada mal. Si no hemos sido capaces de mostrar la Historia de la Filosofía como una herramienta para analizar nuestro contexto social actual, no debe extrañarnos que los ciudadanos y gobernantes la vean como algo totalmente prescindible.
         La Filosofía promete mejorar nuestra capacidad de argumentación y nuestro sentido crítico, y así ser más libres, justos y tolerantes. Lo promete... Quizás ahí debemos mejorar mucho también. En lugar de obsesionarnos con los textos y la repetición de teorías, a lo mejor deberíamos insistir más en el pensamiento creativo y en la capacidad de razonar sobre temas actuales. Que no se nos olvide que los representantes políticos de las últimas décadas estudiaron muchas horas de Historia de la Filosofía… Necesitamos, es cierto, ciudadanos que conozcan los diferentes sistemas conceptuales, los comparen y elijan de forma autónoma el que consideren más razonable o construyan el suyo propio. Pensar de forma autónoma no significa pensar en el vacío, eso es imposible. La creatividad y la originalidad fermentan en ese poso de saber que la tradición nos ha legado. Esa autonomía puede servirnos para evitar la ofuscación ideológica, la alienación, el fanatismo y todo tipo de falsas creencias.
         Las patatas a la importancia es un guiso elaborado con un tubérculo que fue despreciado en Europa cuando se introdujo en la dieta tras el descubrimiento de América: comida para las bestias, decían algunos. Un guiso con ingredientes humildes, pero que requiere mucha elaboración. Así ocurre con la Filosofía, su ingrediente básico es el sentido común crítico que todos poseemos, como dirían Descartes o K. Popper. Desarrollarlo exige también mucho trabajo. Para pensar con rigor analítico, algo necesario en todas las ramas del saber, necesitamos conocer la lógica y las formas de argumentar llevadas a cabo en los diferentes momentos de nuestra Historia.
          Es crucial entender cómo cada modo de producción, cada sociedad, ha generado tipos de pensamiento diferentes, con sus problemas y soluciones. Hoy tenemos los nuestros, los propios del capitalismo tardío. Los retos de nuestras democracias y del sistema tecnocientífico son muy complejos. Nos las tenemos que ver con la globalización, la desigualdad y la pobreza, los nacionalismos, la clonación, la eutanasia, la inteligencia artificial, la manipulación de la información, el cambio climático… Todos los grandes problemas requieren, además de un conocimiento especializado, un pensamiento de alcance global, que sea capaz de conectar todas las esferas de la acción humana (la economía, el derecho, la ciencia, la tecnología, las artes…) y nos permita tomar decisiones con prudencia.

https://www.lavozdelsur.es/patatas-a-la-importancia/

martes, 16 de octubre de 2018

GENTE EXTRAÑA

          El día en el que la Inteligencia Artificial sustituya a los profesores el sistema educativo será más eficiente, seguro, pero mucho más aburrido. Porque a esto de la educación se dedica gente muy extraña, ilusa y utópica. Siempre en la cuerda floja, caminando en el alambre… Explicamos la física, pero no somos físicos. Explicamos las matemáticas, pero no somos matemáticos, explicamos la filosofía, pero no somos filósofos… Es un misterio. Cuando hablamos de la célula, del átomo, de la novela realista o del expresionismo abstracto, somos tan ingenuos y apasionados que parece que todo eso es obra nuestra. Por si fuera poco, creemos que saber escribir, calcular o pintar nos abrirá muchas puertas en la vida, incluso nos hará ciudadanos libres y creativos. Y como hay gente para todo, existen individuos que, además de enseñar, se dedican a pensar y escribir sobre ello y otras tantas ocurrencias, cada cual más descabellada. Esta pasión viene de lejos, de la noche de los tiempos. Gente extraña, no lo duden.
         Nuestra labor, la de enseñar, siempre es un problema filosófico, siempre está en cuestión, como es debido. Si no fuese así, habría que preocuparse. Otro asunto es cómo se aborde esa discusión y cómo se utilice en los debates electorales. Educar siempre será un problema, por eso hay que informar, debatir y argumentar sobre tan noble actividad. Este suplemento de educación tiene el mérito de reunir a personas que quieren hacer posible ese diálogo. Coordinar cerebros tan dispares es una tarea que solo un artista, amante del riesgo, puede acometer… Como los periódicos, ya sea en papel o en formato digital, siguen siendo esenciales para generar la opinión pública, es imprescindible que en ellos se escriba sobre cómo y qué enseñamos a nuestros ciudadanos.
           ¿Por qué Cerebros en Toneles? Hay un experimento mental en filosofía que habla de cerebros en cubetas. Si estimulamos las áreas del cerebro que procesan la información sobre nosotros y sobre el mundo exterior, provocaremos ciertos estados mentales. Llevado al extremo, quizás solo seamos cerebros en cubetas conectados a un ordenador que nos suministra todas las experiencias que consideramos reales: lo que vemos y sentimos, nuestro cuerpo, los objetos que nos rodean, las demás personas… No hay forma de saber si somos cerebros en cubetas o no.
         He cambiado las cubetas, tan frías y asépticas, por los toneles, las botas de oloroso. Al hacer referencia a los cerebros quiero mostrar mi interés por la filosofía que camina al lado de las ciencias. La única forma de alcanzar conocimiento objetivo es mediante los métodos científicos. La filosofía aclara conceptos, relaciona ideas, pero no proporciona conocimientos nuevos. Somos cerebros, cuerpos, nada más. Y buscamos, como es lógico, el placer y la felicidad. Quizás seamos cerebros en toneles llenos de oloroso… La duda, imposible de resolver en el experimento mental, es sinónimo de pensamiento libre. Para huir del aburrimiento y alcanzar el placer son imprescindibles las artes y las diferentes prácticas creativas.
         Compartir lecturas, argumentos, experiencias estéticas, ideas y dudas… Es la mejor definición de educación que he encontrado hasta ahora. Cada vez me gusta menos hablar de la enseñanza como praxis transformadora y liberadora, demasiada teología… Si uno enseña algo, es a través de su estilo, de su forma de estar en el mundo, en el aula, en la sala de profesores, en un laboratorio, en un campo de fútbol o en una sala de exposiciones. No se trata de modificar los cerebros de nuestros alumnos, ni de inyectarles valores cívicos, teorías y datos. Se trata de mostrar posibles senderos de la razón y de la sensibilidad.

https://www.diariodejerez.es/jerez/cerebros-toneles-educacion_0_1291671173.html

sábado, 18 de agosto de 2018

LAS NUBES

Turner
   Todo fluye, nada permanece, dijo el oscuro. Nadie está quieto, vivir es desplazarse, decimos nosotros. Existir es deslizarse, resbalarse y, si hay suerte, moverse por propia voluntad. Nadie permanece en el mismo lugar. Hay que salir de la cabaña y acudir al río para beber. Y el agua viene de lejos, de terrenos desconocidos. Nunca es el mismo río, dijo el oscuro. Nacer es desplazarse para siempre. Nos movemos detrás del alimento, de las bestias, de los frutos, de los sueños... No hay lugar. Somos ese fluir incesante de deseos al atardecer. No hay espacio. Somos una corriente indómita de miradas. Vadeamos los ríos y escalamos las montañas. No hay tiempo. Todo se deshace en el tránsito. Nos encanta movernos y hablar con los otros al cruzarnos en el paseo. Todos los viajeros se reconocen en la forma de soñar. La guerra, el conflicto, es la madre de todas las cosas, dijo el oscuro. Y acierta, tanto si se refiere al movimiento de la naturaleza como al desplazamiento de los humanos, decimos nosotros. Todos fluimos, todos nos movemos, y muchos lo hacen expulsados por la violencia, es decir, la miseria. Los conflictos generan nuevas realidades: son siempre una oportunidad para alcanzar un mundo mejor. Quien niega el desplazamiento niega la humanidad, niega la vida. Solo los amantes de la muerte temen al viajero. Solo los constructores de vallas congelan la imaginación. Todo fluye, nada permanece, dijo el oscuro. Es cierto, Heráclito, las nubes se desplazan todo el tiempo para generar vida.

lunes, 6 de agosto de 2018

BELLEZA HIRIENTE

 
Montaña palentina
Una de las ventajas de destrozar el planeta es que de vez en cuando creamos paisajes bellos y originales. Nos acercamos a lo sublime, pero por otro sendero. Es una belleza que hiere, no al modo romántico, sino posmoderno: la imagen ha sido capturada por un teléfono móvil y estoy escribiendo en un ordenador portátil enchufado a la red eléctrica... Esta belleza que hiere brota de los pliegues de la conciencia, porque ya no hay vuelta atrás para la mirada humana. Sólo un gran impulso creativo puede aliviar el dolor de la herida. Olvidaremos los árboles sumergidos, los pueblos abandonados y el trabajo de los que nos precedieron. Necesitamos crear nuevas realidades para generar nuevas memorias. Sabemos que la belleza que hiere forma parte de nuestra condición. Como nadie quiere renunciar a nada, debemos poner a trabajar nuestros cerebros para diseñar nuevos paisajes. Y sabemos que todos los paisajes humanos han sido hirientes, desde siempre.

martes, 12 de junio de 2018

NEURONAS ESPEJO, ÉTICA Y FICCIÓN

   
Santiago Ramón y Cajal
      Sentimos con los demás. La neurociencia confirma que David Hume tenía razón. Simpatía, empatía, compadecer… Todas esas palabras hablan de la capacidad que tenemos los seres humanos de reflejar los estados emocionales de los que nos rodean. El núcleo de la ética consiste en ponerse en el lugar del otro. Toda argumentación moral que no parta de ese hecho se vuelve abstracta, sin fundamento. Sentir con el otro nos mantiene en contacto con la realidad social inmediata. Y evita que los grandes principios éticos o políticos nos ofusquen. Si Hume apelaba a la imaginación a la hora de explicar esta capacidad natural, hoy los científicos hablan de redes de neuronas espejo. 
         Giacomo Rizzolatti localizó las neuronas espejo en la corteza frontal de los monos en 1992, en la Universidad de Parma. Estas neuronas responden cuando el mono ve que otro individuo coge un objeto. Son las mismas que se activan cuando él mismo lo hace. Además, algunas de ellas responden de forma específica, según la finalidad de la acción. Por eso se relacionaron con la capacidad de atribuir estados mentales, como la intencionalidad, a los otros sujetos. Es decir, atribución a través de simulación. Mientras que el neurólogo V.S. Ramachandran dice que las neuronas espejo son el ADN de la neurociencia, incluso la clave para entender la evolución del ser humano, la filósofa Patricia S. Churchland es más escéptica respecto a la existencia de ese tipo de neuronas y su papel en la simulación y la empatía.
         La hipótesis de muchos investigadores es que los seres humanos también tenemos esas neuronas espejo, redes neuronales encargadas de la imitación. Nos permitirán explicar muchos procesos mentales, como el aprendizaje, el lenguaje y la empatía. Quizás sean la clave para saber qué ocurre con el autismo. Y llegaremos a explicar las bases neuronales de la atribución de estados mentales a los demás en las interacciones sociales. Nuestro cerebro, dice David Eagleman, además de nutrientes necesita a los demás: “Nuestras neuronas requieren las neuronas de los demás para desarrollarse y sobrevivir.” Lo explica en “El cerebro. Nuestra historia” (Anagrama, 2017), un libro de divulgación muy bien escrito, estimulante: “Utilizamos la misma maquinaria neuronal para ver el dolor en otra persona que para sentir nuestro propio dolor”. Poseemos “extensas redes que observan a los demás, se comunican con ellos, sienten su dolor, juzgan sus intenciones y leen sus emociones”.
         Reflejar la conducta del otro es esencial para nuestra capacidad mimética. Nuestra capacidad de simulación nos lleva a entender el teatro, tanto si somos actores como si somos espectadores. Al leer una novela, nos ponemos en el lugar de los personajes, vivimos su mundo y adoptamos múltiples perspectivas según se desarrolla la narración. El escritor, cuando crea, también utiliza esos recursos.
         ¿Tendrán un umbral de activación estas redes de neuronas espejo? Planteo esta pregunta porque me da la impresión de que el exceso de imágenes las puede llegar a saturar. Vivimos en las pantallas. Los dispositivos que utilizamos son cada vez más rápidos. Las fotografías y los vídeos se deslizan ante nuestros ojos a una velocidad de vértigo. Ya nada nos afecta. Y si lo hace, parece que no conecta con el área de las emociones ni pasa a la memoria a largo plazo, tan importante para las virtudes y la forja del carácter. La simpatía y la empatía son necesarias para la compasión y la solidaridad. Si desactivamos esas capacidades, nuestro universo moral se desmorona. Saturar la imaginación puede tener consecuencias éticas. La lectura, las artes plásticas y el teatro, además de librarnos del aburrimiento, ponen a punto la maquinaria de reflejar, nos vuelven más sensibles y perspicaces. Y el ritmo aquí es importante. La aceleración de los relatos, sin elaboración de los personajes, quizás nos sature, nos vuelva apáticos. “No podemos evitar imitar a los demás, conectar con los demás, preocuparnos por los demás, porque estamos programados para ser criaturas sociales”, dice David Eagleman.

http://www.diariodejerez.es/jerez/Neuronas-espejo-etica-ficcion_0_1253874787.html

viernes, 25 de mayo de 2018

JARDÍN SUR

 
Ana Erman
      Pertenecen a las profundidades de los bosques, y algunas tardes lluviosas de mayo habitan los claros. Son seres muy raros, ingenuos, gente atrapada en sueños. Enredados en la escritura de la vida o en el diseño del cosmos, son criaturas de las raíces, impregnadas de olores exóticos y cercanos. Aprovechan los días nublados para retar al Sol y leer a Cyrano. Gozan con la siembra porque saben que la felicidad nace en vísperas. Pertenecen a las sombras y escuchan el rumor de la Luna para trasladarlo al libro secreto que siempre están escribiendo o al cuadro imposible que nunca acaban de pintar. Buscan lo humano desde los sombríos, donde la humedad recuerda el origen a cada paso. Son seres estrafalarios y vanguardistas, capaces de habitar en una viñeta sin salida. Escurridizos como los roedores, son temidos y pisoteados con salvaje irracionalidad. Viven siempre al sur de los bosques. Y las tardes lluviosas de mayo imaginan otro universo, el jardín sur. 

miércoles, 23 de mayo de 2018

EUTANASIA Y VIDA DIGNA

       
Joan Miró

  Una Proposición de Ley del Parlamento de Cataluña ha abierto de nuevo el debate sobre la despenalización de la eutanasia. Se solicita la reforma del artículo 143.4 del Código Penal. Esta es la propuesta que se va a debatir en el Congreso de los Diputados: «4. No obstante lo establecido por los apartados anteriores, está exento de responsabilidad penal el que, por petición expresa, libre e inequívoca de una persona que padezca una enfermedad grave que lo conducirá necesariamente a la muerte o una patología incurable que le provoca sufrimiento físico o psíquico grave y que se prevé que será permanente, cause con actos necesarios la muerte segura, pacífica y sin dolor de esta persona o coopere a ello, dentro del marco legal establecido.»
         Se propone en esta Proposición la redacción de una “ley de disposición y soberanía sobre la propia vida que garantice la libre autonomía personal y, a su vez, la protección de los colectivos más vulnerables”. Esa ley, nos dicen, debería contener: “Una definición clara de los conceptos. Las condiciones que deben darse para llevar a cabo la eutanasia y el suicidio médicamente asistido. Las características que debe tener el paciente. Los requisitos que debe cumplir el personal sanitario en la toma de decisiones y en la actuación. Y la composición, las tareas y las competencias de los órganos de supervisión y control.” Como modelo proponen la ley holandesa de 2001. Mencionan más lugares donde se ha aprobado una legislación similar: Suiza, Luxemburgo, Estado de Oregón (EUA), Estado de Washington (EUA), Estado de Vermont (EUA), Quebec, Estados de Montana y de California (EUA), Colombia y Canadá.
         No es la primera vez que se intenta debatir el tema de la eutanasia en el Congreso. Los expertos en lógica parlamentaria temen que este debate se diluya en el tiempo y no llegue a ninguna parte. Por lo visto, hay muchas estrategias reglamentarias que permiten estancar un debate o hacerlo desaparecer. Y es una pena, porque es un tema de interés general. La necesidad de legislar sobre este asunto es evidente. En la Proposición se menciona la última encuesta realizada por The Economist en quince países en junio de 2015. En España un 78 %  se muestra a favor de legalizar la eutanasia, solamente un 7 % en contra y un 12 %  NS/NC.
         No veo ninguna razón ética para rechazar la eutanasia voluntaria, el suicidio asistido. Despenalizar la eutanasia supondría ofrecer una herramienta para vivir con dignidad los últimos momentos. Así pues, tiene que ver con la vida, claro que sí. Y nadie estaría obligado a utilizarla. Bien regulada, no perjudica a nadie. Disfrutar de ese derecho no conlleva ningún daño para otros ciudadanos. Es un desarrollo de la libertad individual, de la autonomía personal. Lo que es inconcebible es que uno no pueda vivir con dignidad hasta el final. Nadie debería poder obligarnos a vivir si ya no lo deseamos. Hasta ahora se ha tratado a los pacientes como niños, como si de golpe perdieran el control de sus existencias. La decisión de recurrir al suicidio asistido es nuestra, no del Estado. Las instituciones sanitarias y jurídicas solo serían un medio, un instrumento, un marco de posibilidades. La decisión autónoma y consciente la toma la persona, en el momento o mediante testamento vital. Ella sería la única responsable moral de elegir su final. La muerte es parte de la vida, suele decirse. Habría que añadir que es parte de mi vida.
         Si el debate parlamentario se lleva a cabo como es debido, debería ser largo y pausado. Y los ciudadanos deberíamos participar de algún modo en esas discusiones. Aunque existen comisiones de bioética que asesoran a las instituciones, como el Comité Consultivo de Bioética de Cataluña, no vendría mal una participación directa de la ciudadanía. Los partidos políticos, nuestros representantes, mantienen posiciones ideológicas sobre este tema. Sin embargo, la disciplina de partido en cuestiones éticas paraliza el verdadero diálogo. Ha ocurrido con otros debates similares. Un referéndum no sería mala idea, al menos hablaríamos.

viernes, 11 de mayo de 2018

EL SEXTO SENTIDO

Escher
        Cuando ya vemos al fondo la meta, y con el fin de disfrutar al máximo de las últimas zancadas, no vendría mal vivir cada minuto con los cinco sentidos a pleno rendimiento, como los atletas olímpicos.   
         La vista nos sirve para otear el horizonte desde la terraza de una caseta, en un cruce si es posible. Si no vas a caballo, conviene llevar gafas de sol para protegerte de todo, del polvo, de la luz, de las ojeras y de los espías. El engaño de este sentido se concreta en ilusiones ópticas: creer que has visto a un conocido, creer que hay sitio en una caseta, creer que el baño está libre, y creer que llevas los zapatos limpios.
         El gusto es para comer y beber. También debe ser protegido, cómo no. El peor enemigo es uno mismo cuando mezcla sin prudencia o traga sin paladear por cambiar de caseta cuanto antes, arrastrado por las compañías de culo inquieto o el anuncio en las redes de una inminente actuación allende los mares. Renegar del gusto muy pronto suele ser un mal síntoma. Aquí el engaño brota cuando confundes el adobo con la tortilla de patata, y encima lo discutes.
         El olfato es para oler la parte del caballo que se desprende y cae al suelo, pero que sigue siendo caballo. Asociado al gusto, el olfato es difícil de cuidar. Está muy expuesto al paso del tiempo. Según avanza la feria, parece ser que las partículas elementales se concentran hasta el punto de formar una singularidad olfativa, es decir, un agujero negro que te absorbe sin piedad. Es cuando todos los olores del González Hontoria se fusionan. Y el aroma a fino permanece en un segundo plano, acogiendo en su seno todo tipo de perfumes humanos e inhumanos. Menos mal que existe el plato de pimientos recién fritos.
         El tacto se utiliza para bailar con delicadeza, para comprobar si están fríos los líquidos y para evitar broncas innecesarias. Actuar con tacto es muy recomendable a cualquier hora. En la feria las historias de vida son muy variadas, y al solaparse pueden generar roces. Cuando tú empiezas, otro acaba... Gracias al tacto, muchos encuentran la salida del recinto ferial y son capaces de descifrar señales que para los demás mortales permanecen ocultas.
         El oído, mal asunto. Los muros de las casetas no soportan tanto decibelio, así que disfrutamos de una compleja macedonia musical. Y la mezcla es buena, el mestizaje, ya se sabe… Nadie sabe cómo cuidar el oído en esta feria. Hemos recuperado el lenguaje de signos y el arte de apuntar con el dedo a la carta de mano o de la pared. Los que intentan hablar, los ingenuos, al día siguiente ya no hablan. Habría que inventar una pegatina que diga “Hablé ayer”, para no molestar a los convalecientes. Los vecinos de la calle Manuel Soto Sordera ya se están organizando.   
         Y el sexto sentido es el que te permite tomar las decisiones cruciales. Que nadie piense que me refiero a poderes sobrenaturales. Aunque sí que nos encontraremos infinitos espectros y una caseta fantasma. El sexto sentido nada tiene que ver con la razón, al menos en su aspecto discursivo y conceptual. Quizás se parezca más a una intuición involuntaria, difícil de domar. Gracias al sexto sentido sabemos que una caseta agoniza, que está muerta y que hay que huir de allí cuanto antes; o que hay pelea a la vista; gracias a él sabemos que no cumpliremos lo prometido, irnos pronto a casa; sabemos que nos encontraremos con quien no queremos, varias veces; y sabemos que sacar un oso de peluche es una ruina, aunque no te fallen ni la vista ni el tacto.

jueves, 10 de mayo de 2018

AL FILO

Miguel Parra
   La cuchilla se esconde entre los pliegues de la indiferencia. Saben esconderse las cuchillas... El filo cortante causa dolor. Pero nadie parece ver la afilada amenaza hasta que se concreta en ausencia, en dolor oscuro. Sí, el dolor es oscuro. Me gustaría saber quién tiene la paciencia de afilar estas guadañas del ser. Habrá seres lúgubres, ajenos a la luz, quizás carentes del tacto de la seda. El odio germina entre los pliegues de la pasividad. Y brota como una planta tropical. Cuchilla de la posesión obsesiva, el filo de la muerte... Sí, el dolor es oscuro, y es un tenue silencio también. Afilar la hoja mortífera requiere concentración, y mucho silencio de los espectadores, observadores pasivos que al final de la obra se lamentarán, llorarán. Desconocer los secretos mecanismos del odio no nos libra de sus huellas. Olvidar los huecos del ser, provocados por la dominación, tampoco nos sirve para esquivar la oscuridad de la tristeza. Sí, la tristeza también es oscura. Habitamos un cosmos atravesado por los destellos del odio.

martes, 8 de mayo de 2018

AUTARQUÍA Y FELICIDAD

         Fernando Savater en “Las preguntas de la vida” distingue entre información, conocimiento y sabiduría. La información, nos dice, “presenta los hechos y los mecanismo primarios de lo que sucede”. El conocimiento reflexiona sobre esa información, “jerarquiza su importancia significativa y busca principios generales para ordenarla”. Por último, la sabiduría “vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor según lo que sabemos”. La ciencia se mueve entre la información y el conocimiento, mientras que la filosofía lo hace entre el conocimiento y la sabiduría.
         Si los ciudadanos ven la filosofía como una actividad inútil es porque no hemos sabido explicar bien la distinción que realiza Savater. De hecho, hemos transmitido que la filosofía es una labor teórica, olvidando que su objetivo es práctico: ser felices. Claro que la teoría es necesaria. Sin explicación racional, sin reflexión, no puede haber una acción prudente que nos conduzca a la vida buena. Pero nos hemos enredado en los medios, en las herramientas conceptuales, y hemos perdido de vista el fin que da sentido a la actividad filosófica. Así, el ciudadano no sabe por qué debe conocer esa ristra de teorías. Si el conocimiento lo proporcionan las ciencias, nadie ve necesario conocer esas ideas filosóficas.
         La filosofía no busca el mero conocimiento, sino que persigue la sabiduría. El sabio busca la felicidad, ni más ni menos. Es el fin último de todos nuestros actos, decía Aristóteles. Y debe ser un fin que se busque por sí mismo, no como medio para obtener otros bienes. Sea lo que sea la felicidad, ha de cumplir ese requisito. Todos los pensadores griegos coincidieron en esta idea. Pero hay otra, y no menos importante. La felicidad ha de estar relacionada con nuestra esencia, con aquello que nos define y nos distingue de otros seres del mundo. Luego viene la parte más complicada: aclarar qué actividad cumple esas condiciones.
Epicuro
         La autarquía, autosuficiencia, fue mencionada por todos los sabios griegos. Para los socráticos, epicúreos, estoicos, cínicos y  escépticos, la felicidad estaba relacionada con el dominio racional de nuestras necesidades y deseos, que luego se concretaba en bienestar, serenidad y libertad. Ingredientes de la felicidad: no necesitar más de la cuenta, no ser esclavos de nuestros deseos y encontrar una actividad que nos satisfaga como fin en sí misma, no como un medio para otros bienes. Hallar una actividad así requiere el uso de la inteligencia práctica. Y el conocimiento que tenemos sobre nuestra naturaleza debe ayudarnos a elegir.
         La época helenística y la nuestra se parecen en algunos aspectos. Descartada la participación democrática, los ciudadanos intentamos sobrevivir en un mundo saturado de información y nuevas necesidades. Encontrar la felicidad, tranquilidad y autorrealización, se presenta como una tarea individual. En el océano de la información y el consumo desbocado, tanto el conocimiento como la sabiduría parecen inalcanzables. Hoy las personas alardeamos de necesitar muchos productos. Si no necesitas algo, es que no estás al día, estás fuera de juego. Manejamos información fugaz: no hay tiempo para la teoría, y mucho menos para la sabiduría.
         Comprender el mundo, saber dónde estamos y cómo funciona nuestra sociedad, puede acercarnos a esa autosuficiencia. También conviene saber distinguir entre las necesidades naturales y las necesidades diseñadas en los laboratorios del mercado. Buscar el placer, el bienestar razonable, tampoco viene mal. Sin olvidar, por supuesto, el placer estético, contemplación desinteresada de la belleza, y la creación artística, el mejor camino para evitar el aburrimiento. Y lo más importante, encontrar ese trabajo en el que puedas desplegar tus capacidades con los demás, sin tratar a nadie como un objeto. Así enlazamos a Epicuro con Kant, Schopenhauer, Nietzsche y Marx. Para lograr esta autosuficiencia individual, que se concreta en autonomía moral y libertad, se requiere un sistema económico y político que la haga posible.

lunes, 7 de mayo de 2018

lunes, 30 de abril de 2018

LAS LEYES

Tensión. Amancio González Andrés
    Las leyes no brotan de los cielos. Fueron redactadas por seres humanos, seres de barro, frágiles y cambiantes. Los códigos acogen en sus entrañas los valores dominantes, los prejuicios y los intereses de los que mandan. Los sistemas jurídicos no son entes abstractos, deductivos. No son estructuras descarnadas. Las leyes no brotan de los cielos porque siempre hay nubarrones grises que amenazan con anegarlo todo, hasta el intelecto. Tenemos que convivir con la hermnéutica jurídica, no con un algoritmo. En este mundo moderno ya nada procede de los dioses, claro que no, porque somos muy racionales. Nos han hecho creer que las leyes nacen de unos principios racionales, incuestionables, y que todos los códigos surgen tras dar cuatro pasos deductivos evidentes, incuestionables. Tipificar implica decidir qué es lo justo y lo injusto. Clasificar no es un acto de caza o recolección. Se parece más a una siembra selectiva o una construcción. Se define el delito desde unos intereses, desde una forma de ver el mundo, patriarcal y capitalista. Y se interpreta la norma desde esa perspectiva. Te tratarán como un simple objeto, sin dignidad, como una mercancía. Serás un medio de producción o una máquina de consumir. Y tu cuerpo no valdrá nada. Tú no valdrás nada. Las leyes no brotan de los cielos, porque en los cielos no hay nada.

miércoles, 11 de abril de 2018

ÉTICA ARTIFICIAL

          La inteligencia artificial (IA) es uno de los proyectos científicos y tecnológicos más ambiciosos de la humanidad. Pretende diseñar máquinas inteligentes. Aunque alcanzar una inteligencia artificial de tipo general como la humana, flexible y consciente, todavía parece estar lejos, ya hay sistemas que resuelven problemas concretos, robots que realizan tareas que exigen cierto grado de racionalidad. Y tenemos que convivir con esos dispositivos, ya sean vehículos autónomos, gestores financieros o buscadores en internet. Si las máquinas toman decisiones, sean conscientes o no, habrá que ir pensando en una ética para estos dispositivos, una ética artificial.
         Los robots autónomos nos plantean nuevos retos técnicos y filosóficos. Y la comunidad científica se ha puesto manos a la obra. Michael Anderson, profesor de informática en la Universidad de Hartford y Susan Leigh Anderson, profesora emérita de filosofía en la Universidad de Connecticut, promovieron en 2005 el primer simposio internacional sobre ética artificial. En “Ética para robots” (Investigación y ciencia, diciembre de 2010) nos explican cómo han programado a Nao, el primer robot que utiliza un principio ético.
         Según estos investigadores, las tres leyes de la robótica de Asimov no son suficientes para abordar una ética artificial. Recordemos cuáles eran: 1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un humano sufra daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley. 3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
         Michael Anderson y Susan Leigh Anderson han recurrido al aprendizaje automático, una técnica de la IA. En la fase de instrucción, “el algoritmo accede a una muestra de decisiones particulares consideradas éticamente correctas. Después, mediante lógica inductiva, el algoritmo procede a la abstracción de un principio ético”. A continuación se implementa este principio en la programación del robot.
         La tarea del robot Nao consiste en localizar a un paciente y recordarle que debe tomar un medicamento. Si es necesario (porque el paciente se niegue) Nao avisa al supervisor por correo electrónico. El robot debe buscar el bienestar del paciente (beneficios de tomar la medicación y prever daños por no tomarla) y al mismo tiempo garantizar la autonomía de la persona.  ¿Cuál es el principio ético que elaboró el algoritmo de aprendizaje automático? Tras recibir información sobre casos particulares, llegó a este principio: “Debe obviarse la decisión del paciente siempre que, en caso de actuar de otra forma, no se impida un posible daño o se incurra en una violación grave del deber de promover el bienestar del paciente”. Los investigadores siguen trabajando en versiones más complejas de robots asistenciales que incorporen principios éticos. En estos modelos, los robots son capaces de calcular qué obligaciones son prioritarias en cada situación, buscando el equilibrio, la mejor decisión.
         En nuestro país también se está trabajando en estos temas. Ramón López de Mántaras Badia y Pedro Meseguer González han publicado recientemente el libro divulgativo “Inteligencia artificial”, editado por Los Libros de la Catarata (2017), dentro de la colección ¿Qué sabemos de?, en colaboración con el CSIC. Con un estilo muy claro, los autores nos explican la historia de la inteligencia artificial, sus métodos y problemas, hasta los últimos logros.
         El 8 de marzo de 2017 se llevó a cabo un debate acerca de las implicaciones éticas de la inteligencia artificial. El fruto de ese diálogo fue la “Declaración de Barcelona para un desarrollo y uso adecuados de la inteligencia artificial en Europa”. En el número de agosto de Investigación y Ciencia, Ramón López de Mántaras resume los seis puntos de esa declaración: prudencia, fiabilidad, rendición de cuentas, responsabilidad, autonomía limitada, y el papel que desempeña el ser humano.
         La ética artificial no solo servirá para que los robots decidan lo correcto y sean prudentes, también nos ofrecerá la posibilidad de desarrollar modelos diferentes de racionalidad práctica donde las emociones, las dudas y las incertidumbres no sean un estorbo… Pero claro, a lo mejor son estos estorbos los que nos convierten en seres morales, en personas de carne y hueso, tan encantadoras unas veces, tan despiadadas otras.

http://www.diariodejerez.es/jerez/Etica-artificial_0_1234976823.html

viernes, 6 de abril de 2018

FUERA DE LUGAR

Chiharu Shiota
         
        La escritura me permite estar fuera de lugar, alejada de todo, alejado de mí. Nunca había escrito nada propio, original. Ahora he empezado a hablar, a utilizar mi gramática del desplazamiento. Ya nadie puede atraparme, porque cuando los demás llegan yo estoy en otro lugar. La escritura me permite estar fuera de lugar, cerca de ti, cerca de mí.

       La escritura me permite habitar mi propio espacio, alejada de todo, alejado de mí. La arquitectura del lenguaje no posee paredes ni techos de cristal, solo un armazón de libertad. Mi espacio emerge de las palabras que nombran mi mundo. Mi habitación tiene la solidez que otorgan los sueños. La escritura me permite habitar mi propio espacio, tu espacio, la vida en común.

         La escritura me permite expresar mis necesidades radicales, lo que tú no sabes, lo que nadie imagina. Estoy cansada de que todos programen mi felicidad. Anhelos artificiales, eso es lo que construyeron con sus buenas y sus malas intenciones. La escritura me permite expresar mis necesidades radicales, lo que tú ya sabes, lo que tú y yo necesitamos.

         La escritura me permite valorar mis tratos, saber si soy piedra o madera, hierro o roble, animal o cosa. No quiero que me traten bien; quiero ser la persona que firma el trato, el acuerdo. Hemos firmado un buen trato, palabra de honor. Palabra de mujer, palabra de hombre, palabra de persona. Palabra. La escritura me permite valorar mis tratos, saber si soy piedra, papel o tijera.

         La escritura me permite ser consciente de mi dignidad, de lo que soy, de lo que deseo ser y de lo que no quiero ser. ¡Cómo lo van a saber los demás si yo necesito toda mi vida para aclararme! Pero los ingenieros del ser, los que fabrican roles y comportamientos enlatados, quieren aconsejarme, sugerirme… ¡No saben que escribo, pobrecillos! La escritura me permite ser consciente de mi dignidad, de lo que somos, de lo que queremos ser de común acuerdo.


martes, 13 de marzo de 2018

HERRAMIENTAS PARA UNA REVOLUCIÓN

       Cuando la gran manifestación pasaba por la Rotonda de los Casinos, un guardia de seguridad de una tienda se asomó para contemplar a la multitud. Pensé que en ese momento la multitud podría arrasar el local y nadie lo podría impedir. Percibí la fuerza potencial de las masas ocupando el asfalto. Desde la filosofía política, uno se pregunta de dónde ha salido esa energía y hacia dónde se dirige. Hay malestar, la gente es consciente de que algo va mal, algo no funciona. Los ciudadanos tienen necesidades que ni el capitalismo ni la democracia representativa son capaces de satisfacer. Y son necesidades que ha generado el mismo sistema: esa es la contradicción. El sistema económico sabe diseñar nuevas necesidades, constantemente, porque de eso vive. Sin embargo, dice la filósofa Ágnes Heller, las necesidades radicales permanecen siempre insatisfechas. Producimos muchos objetos, nuevas necesidades materiales, pero sabemos que es imposible alcanzar la igualdad, la justicia, la libertad, la paz y la conservación de la naturaleza. Las constituciones hablan de derechos fundamentales, derechos que el sistema es incapaz de satisfacer.
          Ágnes Heller es una filósofa húngara. Su teoría de las necesidades radicales es una buena herramienta para comprender nuestro modo de vida y nuestras aspiraciones. Saber qué necesitamos y quién determina lo que necesitamos implica realizar una reflexión antropológica, económica, ética y política. Del mismo modo que en física se busca una teoría que unifique todas las fuerzas de la naturaleza, en filosofía política se busca una teoría que enlace la antropología con la ética y la política.
         La Constitución nos dice que todas las personas somos iguales ante la ley y que todas tenemos derecho a un trabajo digno. La realidad social va por otro lado: altas tasas de desempleo, precariedad y brecha salarial… Pregunté en clase que cómo es posible que en un Estado de derecho moderno haya mujeres que cobren menos que los hombres, realizando la misma labor y durante el mismo tiempo (discriminación directa e indirecta, cuestión de camuflaje contractual). Como ejemplo, una alumna me explicó el contrato injusto que tiene su madre. Y me dijo que no le quedaba más remedio que asumirlo y callarse: si no lo aceptaba,  iba al paro.
         La multitud quiere igualdad, porque es lo que el sistema mismo nos ha enseñado, a través de los diferentes agentes de socialización. Pero la multitud es consciente de que esa necesidad radical va a quedar insatisfecha. La resignación tiene sus límites. La gente no se cree el relato de la salida de la crisis económica. Y no quiere un sistema donde lo natural, y por lo tanto no modificable, sea la precariedad y la miseria. Si el sistema no satisface mis necesidades radicales, decía Ágnes Heller, no hay posibilidad de aspirar a un mundo mejor, más libre y más justo, al progreso humano.    
         Los estudiantes forman parte de esa multitud. En la manifestación del 8 de marzo había mucha gente joven, con ganas de protestar y cambiar el mundo. Se están organizando, desde la base, desde sus intereses, desde sus necesidades. Han constituido una nueva asamblea de estudiantes en Jerez, para coordinar sus protestas y su participación democrática. Y además leen, sin que les obliguemos, señal de que esa energía potencial brota de abajo.
         Una alumna me recomendó hace poco “Mujeres de Ciencia. 50 intrépidas pioneras que cambiaron el mundo”, escrito e ilustrado por Rachel Ignotofsky, y editado por Capitán Swing y Nórdica Libros. Con el estilo del cómic, la autora nos cuenta lo esencial de cada mujer científica: aportaciones académicas,  dificultades que tuvo que superar, el contexto en el que vivió… La primera científica mencionada es Hipatia de Alejandría (s. IV-V) y la última la matemática iraní Maryam Mirzajani (1977-2017). Hay físicas, biólogas, ingenieras, neurólogas, psicólogas, astrónomas…, muchas de ellas en activo. También contiene un glosario, estadísticas y un apartado de fuentes para seguir investigando.
         Además de leer a Ágnes Heller y las biografías de mujeres científicas, recomiendo “Gran Hotel Abismo. Biografía coral de la Escuela de Frankfurt”, de Stuart Jeffries, en la editorial Turner. La Teoría Crítica nació para dar respuesta a los interrogantes que acabamos de plantear. Benjamin, Adorno, Horkheimer, Habermas… Los miembros del Instituto de Investigación Social renovaron el marxismo. Quizás demasiado alejados de la praxis revolucionaria, estos filósofos acudieron a Marx, Kant y Freud para analizar las sociedades capitalistas modernas. Aunque el contexto que vivieron no es el mismo que el nuestro, sí que hay problemas comunes: la amenaza del fascismo, la alienación y la cosificación, la explotación y la miseria, el consumismo, el poder de la industria cultural, cómo encauzar la crítica al capitalismo…

http://www.diariodejerez.es/jerez/Herramientas-revolucion_0_1226577710.html

lunes, 5 de marzo de 2018

CAUTELA ESCÉPTICA

       Ser escéptico no está de moda, aunque parezca lo contrario. El escéptico pone en duda todos los conocimientos, los examina con paciencia y evita la precipitación. Analiza los puntos débiles de una teoría, incluso si es la suya. Y le gusta estar callado antes que mantener opiniones sin fundamento. Frente al desasosiego por la búsqueda de la verdad absoluta, prefiere disfrutar del tranquilo y ruinoso mecanismo de pensar. Ama el diálogo y la meditación; huye del sermón y el dogmatismo. Prefiere el fragmento o la conversación abierta antes que el tratado cerrado. Cambia de parecer cuando es necesario y da la razón a su interlocutor si la tiene. Piensa que la ciencia y la filosofía se basan en “un escepticismo sistemático”, y que las ideas son escurridizas y cambiantes.
         Raras veces vemos a alguien cambiar de opinión o dar la razón. En ética y en política se suele pensar desde un entramado de ideas ya fijo, innegociable. Los conceptos concretos y los problemas reales son secundarios. La ideología determina la posición de los hablantes desde el principio hasta el final. Ya sabemos cómo van a terminar los debates, porque nadie se va a dejar convencer. Por eso los escépticos se escabullen por los huecos de las rejas ideológicas. No están a gusto: ahí es imposible pensar.
         Ha habido muchos tipos de escépticos, unos más radicales que otros. Como los sentidos nos engañan y la razón se extravía entre falacias y paralogismos, la verdad y la certeza son inalcanzables, decían los clásicos. En la actualidad, el escepticismo suele ser un rasgo de gran parte de las actitudes filosóficas. Criticar, sospechar, desmontar o deconstruir son términos esenciales del pensamiento contemporáneo. Los más radicales aconsejan eliminar cualquier intento de fundamentación, de certeza, cualquier deseo de encontrar suelo firme, porque no hay forma de justificarlo. Otros se conforman con otorgar al concepto de verdad el papel de guía en nuestro razonamiento, de condición de posibilidad de toda crítica, pero nada más. La red de creencias no es piramidal, ni tiene forma de edificio. Es un tejido de argumentos en el que nadie aspira a encontrar certezas eternas y universales.
     
    Las ideologías, en sentido amplio, son marcos de pensamiento, cosmovisiones, formas de entender al ser humano y la realidad. Los científicos realizan su trabajo en el seno de una sociedad, así que también están impregnados por esas ideologías. Pero no sólo en las ciencias humanas y sociales, incluso en las matemáticas, tan abstractas, hallamos tendencias ideológicas y cosmovisiones de fondo. Javier de Lorenzo, en “Matemática e ideología” (Plaza y Valdés, 2017), nos aclara que: “Los matemáticos, lo quieran o no de manera explícita, se ligan a unas ideologías específicas que condicionan su praxis como individuos y también como miembros del colectivo al cual pertenecen. Ideología propia, igualmente, del momento histórico en el que ese matemático nace, se educa y trabaja”.
         ¿Desde dónde pensamos? ¿Es posible un pensamiento libre de prejuicios y de ideas prefabricadas? ¿Es posible un pensamiento autónomo? Desde la clase social, desde la nación, desde el género, desde, desde la tradición filosófica, desde el barrio, desde la familia, desde uno mismo... Liberarse de los prejuicios, de las teorías que damos por válidas de forma inconsciente y mecánica… Decía Popper que el sentido común acrítico debe ser sustituido por el sentido común crítico. Y para Ortega y Gasset: las ideas se tienen, en las creencias se está. La tarea del filósofo es acceder a ese conocimiento de fondo y pensarlo.
         En el sistema educativo nos encontramos con jóvenes que están construyendo su identidad moral y política. Nuestra tarea, en una sociedad plural y democrática, debería consistir en ofrecerles herramientas conceptuales y diferentes modelos de pensamiento. En ese proceso constituyente de la identidad es muy atractivo adquirir un lote completo de ideas, un sistema, una ideología, para no pensar, y tener a mano una receta para cada asunto que se presente. Las ideologías son un lastre si no somos conscientes de que pensamos desde ellas. Uno de los objetivos del sistema educativo consistiría en fomentar el escepticismo y el libre pensamiento. En la sociedad de la información no viene mal esa cautela del escéptico, para valorar las verdades que circulan por la red y para suspender el juicio propio si no estamos seguros de lo que vamos a decir. 

sábado, 27 de enero de 2018

TRAMAS

     
Chiharu Shiota


 La memoria atraviesa todas las políticas y las tiñe de nostalgia. El pasado, tiempo cristalizado en hechos, está ahí para proporcionar cimientos sólidos a los arquitectos del presente. Nadie sabe dónde están los acontecimientos, quizás en las inscripciones, en los documentos y en las ruinas. Nuestra memoria personal se entrelaza con la memoria colectiva, ese conjunto de hechos hilvanados con el hilo transparente de la hermenéutica ideológica. Mi existencia, tan fragmentaria y deslavazada, adquiere sentido en los sistemáticos libros del fluir y del narrar. Sé quién soy porque pertenezco a una corriente ordenada de tiempo. Sé quien soy porque mi historia encaja con la Historia. La memoria atraviesa todas las políticas y las embadurna de legitimaciones tardías. Los ingenieros del tiempo descubren de dónde viene todo lo que necesitamos hoy para actuar con toda la razón del mundo. Pueblos, fronteras, identidades, tradiciones, banderas, imperios y revoluciones… Creamos recuerdos y los vendemos al que está de paso. Creamos tradición para llenar la ruta y el folleto. Hay ruinas que deben ser demolidas y hay ruinas que deben ser plastificadas. Hay huellas que debemos conservar y tasar porque generan riqueza, y hay huellas que son el recuerdo de la opresión y la barbarie. La memoria atraviesa todas las políticas y las impregna de arbitrariedad documentada. Este ruinoso mecanismo de pensar no comprende cuándo un templo es riqueza cultural y cuándo es el siniestro humo del opio del pueblo. Tampoco sabe si el palacio es un símbolo del poder de la clase dominante o el patrimonio del pueblo que la desidia de los gobernantes no logra conservar. Y no sabe si el nombre de la calle es una celebración que hay que eliminar o una injusticia que no debemos olvidar... La incertidumbre histórica sirve para legitimar todo, tanto lo uno como lo otro. Las efímeras existencias recuerdan los recuerdos fabricados por los ingenieros del pasado, técnicos de la nostalgia. Nos enseñan hermenéutica para que nuestras vidas cobren sentido a través de los legajos, dispersos y polvorientos, tan ajenos a todo… Debemos conocer el pasado para que sepamos quiénes somos y cuáles son nuestras raíces, dicen los topógrafos del tiempo. Aprender del pasado… Mas este ruinoso mecanismo de pensar no sabe si hay que conocer la urdimbre sagrada de los hechos para que no se repitan o para que no perdamos el hilo. El montaje de la instalación Lost Words de Chiharu Shiota muestra muy bien cómo trabajan los ingenieros del tiempo.
( www.youtube.com/watch?v=6e8hwQsbJNQ) https://laandalucia.org/tramas/

martes, 9 de enero de 2018

LAS REDES COMPLEJAS DE LA IDENTIDAD

        Pensamos siempre con metáforas, imágenes, estructuras que trasladamos de un campo de la experiencia a otro para arrojar luz y orientarnos en la vida. Las metáforas nos ayudan a reducir la incertidumbre con la que se presenta el mundo, y nos permiten estar tranquilos durante un tiempo. Pero el mundo es muy enrevesado, de ahí que haya que revisar esas imágenes de vez en cuando.
     Para describir qué es una sociedad, se ha hablado de maquinarias, de organismos y de edificios. Las personas somos piezas de un gran mecanismo, células de un organismo o ladrillos de un edificio… Y el marxismo habla de infraestructura y superestructura. Todas estas metáforas han sido útiles en ciertos momentos de la Historia y han funcionado bien cuando se ha asumido un enfoque reduccionista y, en cierto modo, determinista: conociendo la naturaleza de los elementos básicos podremos explicar y predecir las propiedades globales.
Chiharu Shiota
   Uno de los conceptos más escurridizos es el de identidad. En los manuales de filosofía política el concepto de nación, una de las manifestaciones de la identidad política, suele aparecer aislado, como si no se supiera qué hacer con él. El marxismo supo definir muy bien qué era la conciencia de clase: saber qué lugar ocupa uno en las relaciones de producción. Ser obrero o burgués era algo objetivo, algo que se podía definir desde la economía. Lo único que había que hacer era acabar con la falsa conciencia, la ideología, el engaño urdido por el capitalista para que el obrero siguiera en la ignorancia. Sin embargo, había obreros que se sentían franceses y obreros que se sentían alemanes…
         La identidad política parece que es más compleja de lo que se pensaba. Los teóricos de las democracias representativas saben que los individuos no se limitan a realizar un cálculo racional, objetivo, para identificarse con una opción política o con una nacionalidad. La metáfora de los círculos concéntricos, las capas de una cebolla o los papeles en una obra de teatro tampoco nos aclaran mucho cómo funcionan nuestras mentes cuando “nos sentimos algo”. Para unos es racional sentirse vasco, español y europeo, sin conflicto ni contradicción. Para otros, es algo impensable. No se puede ser tres cosas a la vez sin dar prioridad a una de ellas….
         Las metáforas estáticas y las que van de abajo arriba no parecen ser hoy muy útiles para analizar el fenómeno de la identidad. En las sociedades de la información, el modelo ha de ser necesariamente dinámico, complejo y de múltiples dimensiones. Ya no hay unos cimientos sobre los que se va construyendo algo… Ya no hay unas raíces de las que brotan… Ese enfoque lineal de abajo arriba no se corresponde con la actividad social actual.
         La lectura de la obra colectiva #NODOS (Next Door Publishers, 2017), coordinada por Gustavo Ariel Schwartz y Víctor E. Bermúdez, puede ser muy fructífera para la filosofía política. El análisis de las redes complejas nos ofrece hoy un marco conceptual muy interesante para las ciencias humanas. Una red es algo muy sencillo: unos nodos y unas relaciones entre ellos. Lo esencial del enfoque es que podemos estudiar (gracias al uso de ordenadores y al tratamiento de grandes cantidades de datos) las relaciones, las tendencias y los fenómenos emergentes. Y se puede hacer de forma cuantitativa.
         Quizás la identidad, el “me siento tal o cual”, puede ser estudiada como un haz dinámico de relaciones. Quizás sea posible entender cómo emergen identidades colectivas en ciertos momentos de la Historia. Hoy disponemos de herramientas informáticas que analizan flujos de bits, grandes cantidades de datos, preferencias económicas, culturales, religiosas, políticas, deportivas… La percepción que uno tiene de su identidad a lo mejor no es algo que se elige. Tampoco es algo que uno descubre. Más bien habría que decir que las identidades emergen en nuestra conciencia a través de esos flujos de información, valoraciones, estereotipos, expectativas, simplificaciones…
       Esta nueva imagen, o metáfora, es a su vez una red de conceptos y prácticas científicas, porque confluyen la teoría del caos, los fractales, las redes neuronales, los grafos, las teorías de la creatividad, Big Data y muchas otras áreas de trabajo. La Edad Moderna nació con redes de transporte, redes eléctricas, redes de museos, redes bibliográficas y redes bancarias… La Era Postmoderna habla de redes de información,  de forma abstracta y cuantificable. Ha de surgir una nueva filosofía política que sepa desenvolverse con esas imágenes.

lunes, 1 de enero de 2018

CALENDARIO DE TALLERES LEIBNIZ 2018

Juan Manuel Díaz Caneja
   Cándido, el propietario de Talleres Leibniz, me ha regalado el almanaque del año que se nos viene encima. El lema es el mismo: Usted vive en el mejor de los mundos posibles. Y si no es así, nosotros se lo reparamos. Cada mes contiene una imagen de un motor y una sabia reflexión que nos alumbrará la existencia cada vez que miremos la fecha para confirmar nuestra incertidumbre. En enero, ¡Que el cálculo infinitesimal esté de vuestro lado! Para febrero, ¡Los agujeros negros también se evaporan! En marzo, Marx es el que está callado al fondo mirando el móvil. En abril, Los colores, incluso si son tres, son procesados por el cerebro. Es increíble este calendario de Cándido, un almanaque digno del esplendor intelectual que vivimos. Mayo nos sorprende con Si hay coches eléctricos, pronto habrá partidos políticos eléctricos. Para junio, El presidente a caballo y desnudo realiza el saque de honor. En julio, Hay más libros que lectores, hay más escritores que lectores, hay más de todo que lectores... Y en agosto, Si no tienes otra política económica, cambia el nombre de las calles. No seguimos para no desvelar todas las sorpresas de este apasionante calendario. ¡Que la razón lúdica nos acompañe!

miércoles, 27 de diciembre de 2017

ARIADNA

Chiharu Shiota
  Ya sé que no temes ni a Teseo ni al Minotauro. Sé que entrarías ahora mismo, sin miedo, en cualquier laberinto y que desembarcarías en Naxos infinitas veces. Mas los que desconfiamos de Poseidón, en nuestro tormentoso y eterno regreso, urdimos emarañados y obsesivos laberintos cerebrales. Ya sé que en astucia igualas al protegido de Atenea. Sé que eres capaz de acabar con los terribles monstruos, ya sean quimeras o lestrigones. Pero los que regresamos vivimos aturdidos por la incertidumbre que acarrea todo viaje. ¡Si fuésemos capaces de liberar nuestra inteligencia de esas bellas ataduras de acero, tan fuertes que ni los envidiosos dioses pueden desatar...!

miércoles, 13 de diciembre de 2017

VER LO INVISIBLE

        Comparadas con las de Galileo y el telescopio, las aportaciones de Antoni van Leeuwenhoek son mucho menos conocidas por el gran público. Como ocurrió con el telescopio, el término inventar ha de ser matizado, porque tubos con lentes ya existían. Lo que hicieron ellos fue mejorar la estructura y el uso de los aparatos para que fuesen más eficientes y significativos en las ciencias. Hoy, en un mundo saturado de pantallas y de imágenes efímeras, no caemos en la cuenta de lo reciente que es esta infinita pluralidad de mundos que nos aportan los instrumentos de observación. Los primeros investigadores de lo pequeño se quedaban extasiados ante los seres vivos más diminutos que se conocían: los insectos.
         La editorial Acantilado acaba de publicar “El ojo del observador. Johannes Vermeer, Antoni van Leeuwenhoek y la reinvención de la mirada”, de Laura J. Snyder, historiadora y profesora del St. John´s University en Nueva York. El libro nos habla de dos ilustres habitantes de la ciudad neerlandesa de Delft: Vermeer es muy conocido por sus cuadros, como “La joven de la perla; Leeuwenhoek por su crucial papel en la mejora y el uso del microscopio. Pero no hay pruebas de que se llegasen a conocer personalmente. El texto va narrando las dos vidas, en paralelo. Nos describe el contexto social y cultural de los Países Bajos, las condiciones económicas y técnicas que hicieron posible la aparición de una nueva forma de mirar la realidad en el siglo XVII.
        
Miguel Parra
Hay tres aparatos que van a propiciar esa revolución: el telescopio, el microscopio y la cámara oscura. Tanto los matemáticos y filósofos naturales como los artistas van a utilizar estos ingenios para sus investigaciones. Si hay un problema que haya intrigado a todos los sabios, ese es el comportamiento de la luz y el proceso de la visión. Desde los griegos hasta la física actual, comprender cómo vemos el mundo ha sido uno de los grandes retos. A partir del Renacimiento, ese interés se intensifica. Para pintar la realidad había que conocer las leyes de la perspectiva, el funcionamiento de la visión, los colores… No es extraño que pintores y filósofos se preocuparan por poseer cualquier artefacto que les ayudase en esa tarea.
         En el siglo XVII hubo un gran progreso en la fabricación de lentes de buena calidad. Eran muy útiles en el negocio de los tejidos. Las necesitaban para ver el número de hilos de los paños. Su uso se generalizó, así que saber pulir lentes sin imperfecciones era un trabajo muy valorado. Era tan importante que algunos científicos las pulían ellos mismos, según sus necesidades. Fueron utilizadas en varias actividades, entre ellas la pintura. A lo largo de libro se analiza el uso de lentes, espejos y cámaras oscuras por los grandes pintores, como Johannes Vermeer.
         Las lentes cambiaron el modo de ver también de los científicos. Los investigadores sobre la luz y los colores utilizaron lentes para comprender tanto la naturaleza de la luz como el funcionamiento del ojo humano. La cámara oscura, con la ayuda de lentes y espejos, ofreció un modelo de la visión humana. Las viejas y persistentes teorías sobre los efluvios que salen del ojo hacia el objeto comienzan a dejarse a un lado en favor de otros modelos con mayor apoyo experimental. La cámara oscura también se utilizaba con fines topográficos. Construir cámaras oscuras portátiles supuso otro reto técnico.
         Hooke y Leeuwenhoek utilizaron diferentes tipos de microscopios. Los de Hooke eran de dos lentes y los de Leeuwenhoek, construidos por él mismo, solo de una. En su libro “Micrografía, Hooke reunió todas las observaciones que había preparado para la Royal Society: corcho, hojas, arañas, pulgas, agujas… Leeuwenhoek fue más allá, tanto en los métodos de observación como en los temas. Se convirtió en un observador sistemático que enviaba por carta sus logros a la Royal Society. Y accedió a la vida microscópica: glóbulos rojos, esperma, tejidos, nervios… y ¡seres diminutos habitando en una gota de agua de un lago! Estas minuciosas y complejas observaciones abrieron nuevos horizontes para la biología, la medicina y la filosofía. Se tenía acceso a un mundo hasta entonces invisible, un mundo que parecía divisible hasta el infinito. Los mecanismos de la vida comenzaban a ser desvelados y las teorías sobre la reproducción y propagación de los seres vivos debían ser revisadas. La realidad era mucho más compleja de lo que parecía. Y había que confiar en los instrumentos para conocerla.