miércoles, 23 de agosto de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: LA PANZA Y EL LOMO

Conjunto de Mandelbrot
  Los malditos roedores comenzaron a sospechar que vivían en el lomo, quizás la panza, de un terrible dinosaurio. A lo mejor, dijo el roedor de la cueva, todo el bosque, incluso todo el universo, tiene la forma de un horroroso dinosaurio. Lo que es cierto, sentenció el de ojos grandes, es que parece inabarcable, ya estemos sobre la panza o el lomo. Veo que de las vísceras no habláis, advirtió el de dientes gastados, y toda esta podredumbre no son sino sus entrañas. No es cuestión de biología, ni de anatomía, gritó el de voz de mosquito. Todo se explica con la geometría, continuó. Jamás acabaréis con la terrible bestia porque es un hijo de Mandelbrot. La geometría del terror repite siempre la misma estructura. Si nos alejamos, aparece el gran bicho. Si nos acercamos, cada una de las partes es esa misma forma, hasta el infinito. He aquí el mundo que habitáis, señaló con las manos extendidas, un mundo sin centro, dominado por fuerzas que se regeneran sin piedad, un mundo creado por vosotros, que modeláis el panal del dolor con cada una de vuestras miserias. Sólo cuando alzáis la vista y contempláis las estructuras lejanas, o cuando sufrís la gran pisada, sólo entonces os quejáis. Porque todo es lo mismo y todo se repite. Y sabe el filósofo que ser consciente de esta geometría no es poco.

jueves, 3 de agosto de 2017

EL SELLO

   Me gustaría saber escribir en espiral. Y no me refiero a los caligramas, claro. Hablo de esa escritura que es capaz de describir el viaje de un fotón desde una estrella, un viaje de ocho minutos y pico. Esa escritura acompañaría al fotón desde el Sol hasta una espiral de piedra, quizás el sello de nuestra galaxia. Y las palabras intentarían captar el momento en el que esa partícula rebotara en la enrevesada piedra y alcanzara el ojo y el cerebro de Ana. Me gustaría saber escribir en espiral para felicitar a esa extraña forma, sello galáctico, que ha estado esperando tantos millones de años este momento. Y pensar en espiral, cómo no, y recorrer la escalera de caracol que comunica las regiones más espesas de mi cerebro con las formas generadas por la naturaleza. Escribir en espiral me permitiría atrapar el movimiento infinito de mis ideas en una piedra eterna que, con el tiempo, fuese el combustible del que se alimentase una nueva estrella. Y de ella saldría un fotón que, seguramente, no iba a tener tanta suerte.

miércoles, 26 de julio de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: SENTADO

Amancio González
   El terrible dinosaurio se ha sentado a descansar, dijeron algunos roedores. Otros, no tan confiados, gritaron que era una trampa, porque los terribles dinosaurios jamás descansan. ¡Qué desbarajuste! Agazapados, observan la escena. La bestia habla delante de unos seres extraños, quizás sean trasgos o títeres. ¡Extraños personajes! El terrible dinosaurio es un ignorante, susurró uno de los roedores. Otro, muy dado a las fantasías, confesó haber soñado que el gran dinosaurio se bañaba en el Leteo durante largas horas, tantas, que olvidó dónde había dejado la ropa. Algún trago daría, pensaron todos. Es la reencarnación de Sócrates, sentenció, por fin, el roedor más sabio y guasón. ¡No veis que sólo sabe que no sabe nada! La terrible bestia agitaba la cabeza, de unos a otros, sentado, para descansar del cruel trajín de los días, sentado, para meditar sobre la existencia de otros mundos, sentado, para recordar a los viejos roedores que un dinosaurio jamás se sienta para descansar... Mas sabe el filósofo que la madera de las sillas brota de los bosques y que no todos los bancos son de madera. Arrancarán los olmos para que los carpinteros construyan sillas cada vez más confortables. Y veremos grandes espectáculos, incluso de marionetas... Sabe el filósofo que no todos los bancos son de madera.

lunes, 10 de julio de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: PODER DENDRÍTICO

Mondrian
    Mientras los roedores discutían sobre el nombre del bosque, los árboles morían de sed. El bosque, dijo uno, nunca ha tenido nombre. Si hay bosque, dijo otro, es porque a nadie le importó el nombre. Mientras los roedores debatían sobre el homenaje a los roedores aplastados, los arbustos morían de sed. Los roedores no necesitamos estatuas, dijo uno, nunca las hemos necesitado. Si hay arte, dijo otro, es porque a nadie le importó qué es el bronce. La sed nos acorrala, dijo otro, y no sabemos de dónde procede, pues nadie observa las fuentes ni las nubes. Mas sabe el filósofo que sólo los sueños sombríos traerán luz, aunque sea tarde. Y sabe que el poder dendrítico, el que se va por las ramas, acaba con cualquier atisbo de racionalidad. En el enmarañdo bosque es algo que comparten los roedores más avispados con los terribles dinosaurios. Es un poder difuso, que se enreda y genera un bucle sobre sí mismo, para no recordar, para no crear. Sabe el filósofo que habrá que esperar a que emerja otro poder, radical, sin aspavientos ni tormentas. 

martes, 13 de junio de 2017

LO HUMANO

    
     Todo término filosófico, decía Adorno, es la cicatriz endurecida de un problema no resuelto. Es lo que ocurre con el concepto “humano” y sus derivados. Aclarar qué nos hace humanos es el motor de la actividad científica, filosófica, literaria y artística. Pensar implica necesariamente analizar qué nos define como especie y qué lugar ocupamos en el universo. Para Kant, la pregunta por el ser humano incluye a las demás: queremos saber qué podemos conocer, qué debemos hacer y qué nos cabe esperar.
      Es interesante analizar en qué casos aplicamos el adjetivo inhumano. Decimos que es inhumano hacer sufrir innecesariamente a una persona, pero no decimos que la corrupción política sea un acto inhumano. Es sinónimo de irracional. Y otra vez de la mano de Kant: lo inhumano atenta contra la dignidad. La persona es un fin en sí mismo, no es un medio ni un instrumento. No somos un objeto más. Lo humano, según el enfoque ilustrado, brota de la racionalidad, que abarca tanto la sensibilidad como el entendimiento.
         Desde el punto de vista evolutivo es difícil determinar en qué momento surge lo humano. Se trata de un largo proceso de selección natural. Los restos fósiles nos hablan del tamaño del cráneo, de las estructuras óseas, de las herramientas, del desgaste de los dientes… Quizás nunca sepamos en qué momento surgieron el lenguaje y la conciencia. La capacidad simbólica implica vivir en grupos y acordar el significado que atribuimos a un signo. Lo humano, entonces, aparece asociado al hecho de vivir en familias y grupos. Compartimos muchos rasgos con el resto de los primates. Y no hay una línea de demarcación entre nosotros y los demás animales. Dice Frans Waal que los seres humanos podemos ser tan agresivos como los chimpancés y tan solidarios como los bonobos. También va a ser difícil precisar en qué momento vamos a dejar de ser humanos…
Miguel Parra
         Las ciencias son hoy tecnociencias, es decir, conocemos para transformar. De ahí que el humanismo haya dejado paso al transhumanismo y al poshumanismo. La tecnología nos permite  modificar la naturaleza humana. Ya no nos conformamos con reparar nuestros cuerpos, ahora queremos mejorarlos. La esencia del ser humano pasa a ser un proyecto de las tecnociencias.
      Luc Ferry en “La revolución transhumanista” (Alianza Editorial, 2017) aborda este nuevo debate. Las nuevas tecnologías son conocidas por el acrónimo NBIC: nanotecnologías, biotecnologías, informática (big data, internet de las cosas) y cognitivismo (inteligencia artificial y robótica). El transhumanismo tiene como objetivo mejorar la condición humana: no sólo reparar, curar, sino también perfeccionar, aumentar nuestras capacidades. Para lograrlo, dice Ferry, este movimiento tiene a su disposición grandes medios materiales y científicos. El transhumanismo está a favor de un uso intensivo de las células madre, la clonación reproductiva, la hibridación hombre/máquina, la ingeniería genética y las manipulaciones germinales. No hablamos sólo de curar enfermedades. Incluso la vejez y la muerte son males que hay que evitar si es técnicamente posible.  
         Ya los pensadores ilustrados, como Condorcet, hablaron de mejorar, a través del método científico y la técnica, la vida del ser humano. Luc Ferry aclara que dentro del transhumanismo hay dos corrientes. Por un lado están los que simplemente quieren mejorar la especie humana sin renunciar por ello a su humanidad. Por otro, están “los que abogan por la tecnofabricación de una posthumanidad para la creación de una nueva especie, hibridada en su caso con máquinas dotadas de nuevas capacidades físicas y de una inteligencia artificial infinitamente superiores a las nuestras”. Señala Ferry que la pregunta clave es: ¿se trata de que lo humano sea más humano (es decir, mejor, al ser más humano) o lo queremos deshumanizar, engendrando artificialmente una nueva especie, la de los posthumanos?
      El transhumanismo parte de un racionalismo materialista y una ética utilitarista. No hay ninguna razón para negarse a mejorar la especie humana, si lo que deseamos es acabar con la miseria y el sufrimiento. El transhumanismo es optimista: las tecnociencias podrán resolver casi todos los problemas. También es consciente de los riesgos, por eso apela a la prudencia, pero no a la prohibición. Es la razón misma la que puede regular todos estos procesos sin que se nos vayan de las manos.

sábado, 27 de mayo de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: INMINENCIA

J. Pollock
 Y nadie sabe por qué uno sigue, sobrevive, como si todo significase algo. Deberíamos haber aprendido a vivir los días, los instantes, los momentos que se desvanecen... Pero toda enseñanza es inútil ante semejante desatino de la naturaleza. No hay inteligencia que sea capaz de hilvanar la miseria de los días. No hay intuición capaz de entrelazar las angustias diarias, porque este universo carece de... Pensamientos de un maldito roedor, aturdido por la inminencia del desastre, claro, nada especial en este cosmos. Y nadie sabe por qué uno sigue, como si la sombra de los olmos fuese un regalo. Deberíamos haber aprendido a descifrar el código de los días en la niñez, cuando el tiempo era infinito. Pero ahora, con la conciencia a pleno rendimiento, nos faltan los días, claro, y las noches. Arrastramos ocultos misterios, falsos, enrevesados dilemas, falsos, todo tan hiriente... 

viernes, 12 de mayo de 2017

TABLAS

 Somos guerreros y nada nos asusta porque de nuestro lado están los pinceles y los colores, las ideas y las miradas. Somos guerreros, dice el maldito roedor, como si no supiese que vivimos en los valles, tan misteriosos siempre... 

martes, 9 de mayo de 2017

LAS IDEAS NI SE CAZAN NI SE PESCAN: SE CULTIVAN


     El viernes concluyó la V Feria de la Ciencia en la Calle, uno de los acontecimientos culturales más importantes de la ciudad. Y lo es por muchas razones. Todos estamos de acuerdo en que sirve para que los alumnos pongan en práctica los métodos científicos y para acercar las ciencias a los ciudadanos. Pero no sé si nos hemos parado a pensar en qué papel representan la imaginación y la creatividad en este tipo de actividades. Los alumnos preparan experiencias en sus centros y luego las exponen para que los visitantes aprendan y disfruten. Ese trabajo experimental, práctico, posibilita que los estudiantes se acerquen a la ciencia real y desarrollen tanto la creatividad investigadora como divulgadora. Porque es en esa dimensión práctica donde entramos en contacto con los materiales, con los procesos, con los aparatos y con el contexto de descubrimiento.
        Si para ser creativo en literatura es necesario ponerse a escribir, para serlo en el ámbito de las ciencias hay que impregnarse de experiencias. Lo que en los libros de texto es un apéndice anecdótico pasa ahora a ser algo esencial. Ya que en ciencia también se aprende a usar la imaginación, como en las artes. Reproducir un experimento conocido implica conocer las leyes de la naturaleza, el método experimental, la lógica de la investigación y cómo surgen las ideas nuevas..
Miguel Parra
         Los enfoques excesivamente racionalistas nos han transmitido un sistema de valores epistémicos que quizás haya que revisar a fondo. La imaginación creadora no ha recibido la atención que merece. O bien se la trataba como algo misterioso o bien como algo irracional. Por un lado estaban los conceptos y por otro las imágenes. Los conceptos son universales, generales y objetivos, incluso matematizables. Sin embargo, las imágenes son particulares, borrosas, subjetivas, poco lingüísticas…  La imaginación, reproductora o creadora, aparecía como una capacidad importante, pero secundaria, ajena al verdadero conocimiento. Deberíamos explorar esas zonas intermedias donde imágenes, ideas y conceptos son difíciles de separar.
         ¿Cómo surgen las ideas? Jorge Wagensberg acaba de publicar “Teoría de la creatividad”, en la editorial Tusquets, dentro de la colección “Metatemas. Libros para pensar la ciencia”. Es doctor en física y profesor de teoría los procesos irreversibles en la Universidad de Barcelona. Es un gran divulgador y uno de los mayores expertos en museos de la ciencia. Ha publicado ya más de veinte libros sobre pensamiento científico. Sus obras siempre son un diálogo abierto, en el que aparecen conocimientos de diferentes ámbitos. Su experiencia como científico y divulgador le permite llevar cabo una reflexión original, sin las ataduras de los sistemas filosóficos.
         Jorge Wagensberg dice en su “Teoría de la creatividad” que siempre se parte de una paradoja, que es “un indicio de una idea ausente”. Las paradojas no hay que esconderlas o pasarlas por alto porque son precisamente el mayor estímulo para el conocimiento: “La escuela cultiva muchos aspectos de la cultura humana excepto quizás el más importante: la creatividad. Una reforma educativa que favorezca la necesidad y capacidad de crear empieza por trabajar las paradojas”.
       Las ideas nuevas, según Jorge, surgen de tres maneras: por intuición del mundo, por comprensión del mundo y por concepción del mundo. “Una intuición es un suave roce entre lo ya comprendido y lo aún no comprendido, entre lo observado y lo aún no observado”. Se puede intuir por analogía, por combinación o por extensión. Una idea puede salir de su contexto y servir para generar otra idea en otro contexto. De la combinación de varias ideas antiguas puede surgir una idea nueva. Y también puede ocurrir que  reconozcamos el verdadero alcance de una vieja idea, que permanecía sin desarrollar. Surge una idea por comprensión cuando, después de haber acumulado observaciones y datos, damos con la clave que hace que todo encaje y tenga sentido. Un ejemplo sería la teoría de la selección natural. Y por último, surgen ideas nuevas por concepción global del mundo. Son más escasas, porque supone introducir una nueva visión de la realidad. Un ejemplo sería la teoría de la relatividad.

http://www.diariodejerez.es/jerez/ideas-cazan-pescan-cultivan_0_1134187057.html

lunes, 8 de mayo de 2017

TIEMPO CREADOR

Cada segundo, cuando las certidumbres se derrumban, aparece ese instinto creador que recupera lo perdido y adormece los dolores.
Cada segundo, cuando las dudas se esconden, aburridas de esperar, brota la traidora racionalidad que nos distingue de las piedras.
Cada segundo, cuando los sentidos se ofuscan, nace el noble deseo de construir otro universo con una caja de cartón.
        
         Lo que sabe la física y la biología no nos sorprende ni intimida. Como seres materiales, formamos parte de un continuo de espacio y tiempo. Somos partículas, átomos, energía. Somos estructuras vivas que retienen por un instante el caos y la dispersión. Todo tiende al desorden, a enfriarse, a diluirse. Y la filosofía, junto con las religiones, recurre a las metáforas para dibujar este flujo: línea recta, flecha, círculo, espiral o laberinto. Mas saben los filósofos que nuestra percepción del tiempo siempre es interesada. Esa es una de las trampas de la autoconciencia. Aunque sabemos que somos masas que deforman ese espacio-tiempo y que la aceleración de un cuerpo curva esa malla esencial, también sabemos que, para los humanos, tiempo es pasar el tiempo, perder el tiempo, no tener tiempo o pensar el tiempo.

Materia organizada: si miras tu mano o tu cara, hallarás pliegues ocultos, tramas numéricas, reacciones encadenadas.
Materia desorganizada: si miras tus arrugas y sientes tus dolores, descifrarás el lenguaje del desgaste y la erosión.
Materia consciente: si miras tu mirada, te reconocerás como ser pensante que atraviesa el espejo para no volver.

         Los senderos creativos nos sirven para acabar con el aburrimiento. Todas las vanguardias artísticas del siglo XX han intentado aniquilar la monotonía adormecedora del capitalismo y la sociedad de consumo. El aburrimiento del que hablamos es sinónimo de alienación, de cosificación o de embrutecimiento. Cada uno a su manera, desde el cubismo al arte conceptual, todos han concebido el arte como una forma de erosionar la maquinaria del tedio. Han retorcido la materia para definir nuevos territorios, ajenos a la rutina mercantilista, ajemos al hastío de nuestras mentes. Las vanguardias anhelan situaciones inesperadas, conscientes e inconscientes, situaciones que alteren el orden establecido. No concebían un arte que no fuera subversivo. 
Miguel Parra

Eres la espiral de los días: tu huida carece de sentido si es sólo huida.
Eres el bucle de los días: jamás saldrás del laberinto sin la conciencia poética del desastre.
Eres un maldito roedor enjaulado en un reloj de arena: si huyes del juego de las tardes, nunca conocerás la esencia de los ritmos y la pureza de las mañanas.

         La revolución cultural consiste en una toma de conciencia: nos damos cuenta de que la maquinaria del tedio controla nuestros tiempos, los crea, domina nuestro ritmo vital para atrapar nuestras mentes. Si la obra de arte es un juego, actividad con reglas, entonces el tiempo es apresado por ese juego. La actividad artística se basta a sí misma. Quien entra en el juego poético no espera nada más, si es un verdadero poeta. El juego creativo y contemplativo pretende dominar los tiempos de espera, para acoplarnos a los ciclos naturales. Y la liberación implica la dialéctica entre autonomía formal y crítica de las estructuras de poder.

Deseas otras constelaciones: por eso escribes, pintas o cantas, porque esa sintaxis desmorona los viejos cimientos y atasca los engranajes.
Deseas otra anatomía: otros brazos, otras piernas, otro universo, otros estilos, otras formas de contar el derrumbe.
Deseas otros senderos, otras formas de pensar. Porque sabes que sólo la creación de tiempo no administrado puede ofrecerte libertad. Las artes y las ciencias, si son originales, arriesgadas, generan grietas en el hormigón del tedio diseñado por la clase dominante.

domingo, 7 de mayo de 2017

La ideología consiste en subirse al burro y no bajarse ni a tiros, aunque no te muevas. La ideología consiste en tener una idea simple y luego intentar deducir de ella todo, aunque sea imposible. La ideología consiste en hacer pasar una justificación de un privilegio por pensamiento libre, en nombre de la humanidad.

viernes, 28 de abril de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: EL RAYO

Francis Bacon
Un rayo lo ha despanzurrado. Y el bosque, enturbiado, casi perece. Los malditos roedores jamás habían presenciado el avance cruel de la infinita inmundicia. Gracias al vientre descomunal de la bestia, han conocido el abismo, tan sublime, tan pegajoso... Ni Giordano Bruno se atrevió a pensar tanta extensión, tanta maleza fermentada. Un rayo ha despanzurrado al terrible dinosaurio. Y el ácido, de condición inflacionaria, ha penetrado por las raíces del viejo bosque. Mas sabe el filósofo que, aunque todo fluye, todo vuelve y se repite eternamente... Nunca existe ácido suficiente como para acabar con la maleza y la bestia, que aniquilarán el bosque mientras los malditos roedores se entretienen deslumbrados y enredados. Un rayo ha despanzurrado al terrible dinosaurio y no ha ocurrido nada. 

martes, 4 de abril de 2017

EL MARXISMO Y LOS JUEGOS MALABARES

          Las crisis periódicas del capitalismo traen a colación viejos espectros que recorren Europa, al menos espectros conceptuales. Si a ello añadimos el centenario de la Revolución Rusa y los ciento cincuenta años de la publicación de El Capital, tenemos todos los ingredientes para que aparezcan montones de libros dedicados a “la actualidad de Marx”.
Miguel Parra
         A pesar de todo lo ocurrido en el siglo XX, o quizás por ello, la obra de Marx sigue siendo atractiva para los jóvenes intelectuales de hoy. Hay varias razones de carácter filosófico. Aporta una explicación global de la realidad, donde se combina lo descriptivo y lo normativo. Encaja muy bien con el naturalismo científico. Ofrece un marco teórico para las ciencias sociales: las herramientas conceptuales básicas de Marx permiten analizar los procesos económicos y políticos de la globalización, la cultura de masas y las nuevas tecnologías de la información. También son muy útiles para comprender los fanatismos religiosos, la geopolítica y la ecología. Y no es mera teoría, sino praxis transformadora, porque el horizonte es la justicia y la libertad.
          Los filósofos marxistas, o marxianos, sostienen que lo mejor que le ha podido ocurrir al pensamiento marxista es que el socialismo real haya desaparecido. Sólo así es posible volver a Marx sin intermediarios ni escolásticas soviéticas o maoístas. Asistimos a un renacimiento del pensamiento de Marx, un filósofo al que debemos, ante todo, una actitud crítica radical, un modelo de intelectual moderno, y quizás no tan sistemático como nos han hecho creer las simplificaciones de los manuales.
         Y no se trata de volver a realizar una hermenéutica de los textos, ya que se generaría una nueva escolástica. Volver a Marx implicaría retomar su enfoque para abordar los problemas sociales de hoy, un enfoque despojado de los lastres metodológicos de su época y enriquecido con los conocimientos de las ciencias naturales y sociales: abandonar la dialéctica hegeliana y adoptar la metodología científica.
         La editorial Pasado y Presente acaba de publicar “Marx 2020”, de Ronaldo Munck, doctor en Sociología Política por la Universidad de Essex. A lo largo de sus nueve capítulos el autor es capaz de plantear los principales núcleos temáticos del marxismo de hoy. En el primero, aborda el complejo laberinto del discurso marxista, desde sus orígenes hasta la posmodernidad. En los siguientes habla de ecología, desarrollo, trabajadores, feminismo, cultura, nación y religión. En el último escribe acerca del marxismo y el futuro de nuestras sociedades. Ronaldo Munck explora lo que Marx dijo o no dijo sobre cada asunto, cómo aprovecharon esa ambigüedad sus seguidores y cómo pueden utilizarse hoy las diferentes soluciones teóricas para abordar los problemas que nos interesan.
         Volver a Marx implica volver a pensar. Porque de sus ambigüedades puede nacer la incertidumbre. Volver a pensar, por ejemplo, sobre el papel de la cultura. Lejos de las simplificaciones economicistas y reduccionistas, Gramsci recordó que la hegemonía se gana en el ámbito simbólico, en el terreno de las ideas, aunque estén al servicio de las relaciones de producción vigentes. Volver a Marx implica volver a pensar, por ejemplo, qué entendemos por desarrollo económico. Marx vivió una época, heredera de la Ilustración, en la que no había límites, los recursos parecían infinitos y la conciencia ecológica no había surgido. Volver a Marx supone preguntarse por el sujeto de la revolución, por el nuevo concepto de trabajo en un mundo globalizado.
               ¿Para qué puede servir que nuestros alumnos conozcan mínimamente a Marx? ¿Es una mera reliquia utópica? A lo mejor el Marx real, el que escribía en prensa, el de la Internacional, el del Manifiesto, el del Capital, el amigo de Engels… A lo mejor ese Marx sigue oculto, tapado por tanta hermenéutica, oscurecido por los dogmatismos… Es su actitud crítica, ilustrada y científica la que puede ser útil en nuestras aulas, la que puede evitar todo engaño, toda injusticia, una actitud que analiza la realidad material para desvelar las verdaderas causas de este maldito teatro.

http://www.diariodejerez.es/jerez/marxismo-juegos-malabares_0_1123688120.html

sábado, 25 de marzo de 2017

Vendrán

 Toda abstracción es innecesaria si tu madre cumple ochenta y siete años. Porque piensas que aquellos años, los de la niñez, jamás perderán sentido. Nunca. Y recuerdas, como puedes, los días oscuros, difusos, de antaño... Y ves ahora sus manos, moradas, llenas de pinchazos... Ves a la madre, la mujer que pudo con todo y podrá con todo. Este universo jamás acabará con ellas, las que soportaron guerras y miseria, las que nos construyeron este edificio de bienestar, lavando en el arroyo helado de Tierra de Campos, las que cocieron el pan y las magdalenas, las que adornaron tantas tardes... Nadie será capaz de aniquilar esos recuerdos, nadie. Y vendrán otros tiempos, con seres distintos, ajenos, y vendrán... Toda abstracción es innecesaria cuando tu madre te demuestra que todo es posible, que cada instante fue una advertencia... Y que el calor del horno perdura detrás de tus insolencias de filósofo privilegiado...

martes, 21 de marzo de 2017

Toda la historia del universo para que alguien escriba una metáfora y lo atrape...

martes, 14 de marzo de 2017

EL IMPERIO DE LAS NEURONAS

          Hace poco asistí a una conferencia sobre neurodidáctica. Creí entender que ciertas conductas potencian la producción de los neurotransmisores que a su vez son la base de esas conductas. Se crea un bucle de retroalimentación. O algo así. Cuanto más asertivo y optimista soy, más asertivo y positivo soy. Hubo un momento en que, quizás debido a mi ignorancia, me pareció que nos movíamos entre meras tautologías, verdades obvias, irrefutables porque no añaden nada.
         Y esto no significa, ni mucho menos, que considere carente de interés el estudio del cerebro para mejorar nuestras estrategias didácticas. Todo lo contrario. Me parece esencial. Somos cerebros, nada más. El problema es cómo aprovechar esos conocimientos de la neurociencia sin caer en una especie de cientificismo vacío. No basta con construir neologismos rimbombantes: neuroética, neuroeconomía, neuropolítica... Parece una estrategia publicitaria, no un programa científico. Y nos recuerda a esos anuncios que añaden bio a todo para que un producto sea muy sano y muy científico.
Miguel Parra
     Que la psicología, la pedagogía y la neurociencia trabajen juntas en proyectos de investigación empíricos es una excelente idea, algo que se venía reclamando desde hace décadas. En educación puede ser muy útil conocer los mecanismos cerebrales que intervienen en el aprendizaje. Sobre todo cuando tratamos con niños y adolescentes. Saber cuáles son las estructuras y redes que intervienen y qué grado de desarrollo presentan en cada edad puede ser crucial para programar en las aulas. Decimos que el cerebro es flexible, pero hay momentos en los que esa plasticidad es mayor que en otros. Hoy es posible saber qué ocurre cuando un alumno realiza una actividad concreta, qué áreas se activan y en qué grado. Cabe medir la atención, el grado de memorización y los tipos de destrezas que se despliegan. Son datos que conviene tener en cuenta en la pedagogía a la hora de elegir estilos de aprendizaje y metodologías.
        El discurso neurodidáctico carece de interés si sólo realiza una explicación global. Si no propone estrategias concretas, fundamentadas en estudios empíricos, se convierte en una moda más dentro de la pedagogía, una forma de hablar que no cambia nada. Por eso es tan importante quién debe realizar esas investigaciones y cómo. Y la respuesta es clara: deben ser los neurocientíficos los que asuman este proyecto, porque es un trabajo experimental. Lo que no conviene es que los resultados generales de las ciencias del cerebro sean utilizados por los pedagogos para hablar de procesos concretos que ocurren en el aula, pero sin haber llevado a cabo el trabajo empírico correspondiente.
           Algo por el estilo ocurre en la ética. También se habla de neuroética. Aquí hay otro tipo de problemas, más teóricos. Porque surge el asunto del reduccionismo y el determinismo. Los filósofos se preguntan si saber mucho del cerebro nos ayuda a comprender la dimensión ética del ser humano, si nos ayuda tanto en el plano descriptivo como en el normativo.
        Por muy naturalista y determinista que uno sea, es necesario hacer compatible nuestra experiencia subjetiva de la libertad con una visión materialista del mundo. Si en la neurodidáctica exigimos un trabajo experimental riguroso, en la neuroética pedimos que no se caiga en una falacia naturalista o en un reduccionismo estéril.
         En la realidad hay diversos niveles. Unos dependen de otros, ciertamente, pero cada nivel exhibe un marco autónomo de propiedades. Las normas y los valores surgen en el marco de las razones y los argumentos. Para ser conscientes de un valor y pensarlo, utilizamos la corteza cerebral, porque no hay nada más. De esa actividad cerebral emerge una función: el pensamiento. Para justificar una norma no acudimos a neurotransmisores porque sería mezclar propiedades de diferente nivel. Y no añadiríamos nada. Justificar una norma implica desarrollar argumentos: nos movemos en el plano de las razones y conceptos.
           La experiencia subjetiva de la libertad es ineludible, y es lo que fundamenta la ética. Al mismo tiempo, sabemos que somos fruto de la selección natural, y somos parte de un universo material donde hay causalidad y regularidades, aunque intervenga la probabilidad. Conseguir que encaje todo esto es el principal reto para los filósofos actuales, dice Habermas. En las próximas décadas habrá que afinar mucho más si queremos aplicar los conocimientos de la biología y la neurología a las ciencias humanas. 
       
http://www.diariodejerez.es/jerez/imperio-neuronas_0_1117388666.html

sábado, 25 de febrero de 2017

sábado, 18 de febrero de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: LA VENDA

Francis Bacon.
 Se reunieron los dinosaurios, cosa extraña, para juzgar a los dinosaurios reales. Nadie entendía nada. Se reunieron  para decirnos que todo sigue igual y que la balanza es la misma de siempre. Y que la venda se ha extraviado. Pobres roedores, malditos roedores, tan obsesionados con lo suyo, con sobrevivir con dignidad... Se reunieron los dinosaurios y decidieron que todo sigue igual y que los sueños de los roedores son un invento, un cruel espasmo. Se reunieron para recordarnos que el uso de la razón tiene un límite, el que ellos han establecido. Y los roedores enfadados, como en siglos anteriores, husmean viejos senderos, olvidados, arcaicas rutas para recuperar la venda. Pobres roedores, tan asustados, tan olvidadizos y serviles... Sólo se acuerdan de la balanza cuando la medida arruina la economía de sus guaridas. Sólo se acuerdan de la armonía universal cuando su cocina se resquebraja. Pero los dinosaurios conocen todo, cada pensamiento del roedor, cada lágrima. Por eso el fiel de la balanza marca la hora de nuestro final.

martes, 14 de febrero de 2017

LAS RAZONES DE NOAM CHOMSKY

         Dicen por ahí que ya no hay verdaderos intelectuales, que ahora sólo hay expertos, técnicos incapaces de abordar las grandes cuestiones del ser humano. Claro que existen intelectuales, son científicos que pretenden alcanzar una visión global de la realidad, pensadores que promueven el diálogo entre las diferentes disciplinas con el fin de comprender lo que somos y lo que nos conviene ser. Se atreven a eliminar fronteras epistémicas y a promover transformaciones sociales; aparecen en la prensa y hablan de temas que preocupan a los ciudadanos…
         Que la misma persona, Noam Chomsky, nos hable sobre la gramática universal, el origen del lenguaje, la mente humana, los límites del conocimiento y el socialismo libertario puede parecer una temeridad. Sin embargo, es una necesidad. Dos publicaciones recientes me han llevado a Chomsky: un libro suyo en el que trata todos esos temas y un artículo en Investigación y Ciencia de enero que pone en cuestión su teoría sobre el lenguaje.
          Paul Ibbotson y Michael Tomasello explican por qué muchos lingüistas y científicos cognitivos están cuestionando la teoría innatista de Chomsky. Lo que se pone en duda es tanto la existencia de una “gramática universal” como el proceso de aprendizaje de una lengua por los niños.
Miguel Parra.
         Según Chomsky, los seres humanos nacemos con unas estructuras lingüísticas, una gramática universal. Nacemos con un equipamiento biológico, unos módulos neuronales que explican la capacidad lingüística. La gramática universal hace posible que seamos capaces de formar infinitas frases con un número finito de elementos. Esta capacidad se concretaría luego en cada idioma de manera diferente. A lo largo de las décadas de existencia de la teoría, Chomsky y sus seguidores han tenido que modificarla. El conocimiento de la diversidad lingüística les obligó a reducir esa gramática universal a un procedimiento recursivo mínimo. Porque no todas las lenguas, por ejemplo, utilizan las estructuras básicas de sintagma nominal y sintagma predicativo.
         Si encontrar algo en común entre tantas lenguas ha sido un escollo desde hace años, ahora se añade una crítica más profunda. Los estudios experimentales sobre cómo aprenden los niños a hablar revelan que utilizan recursos cognitivos que no son los específicamente lingüísticos de los que habla Chomsky. Los niños utilizan la capacidad de clasificar en categorías y la de relacionar objetos. Estas capacidades son generales. Las utilizamos para múltiples tareas. Y permitirían explicar el surgimiento del lenguaje mediante la experiencia y los procesos inductivos. El niño iría descubriendo pautas de uso. Ya no sería necesaria una plantilla innata.
         En “¿Qué clase de criaturas somos?” (Editorial Ariel, 2017) Chomsky aborda los temas que le han preocupado a lo largo de su vida, temas que considera esenciales para comprender qué es el ser humano: el lenguaje, los límites del conocimiento y el bien común. Y todo en menos de 200 páginas.
         En el capítulo dedicado al lenguaje expone en qué consiste ese mecanismo recursivo innato. Una de las claves de su enfoque consiste en relacionar lenguaje y pensamiento. Lo esencial del lenguaje no es la comunicación. El principio de Computación Mínima explica cómo se genera la sintaxis, cómo somos capaces de ordenar nuestras frases de forma automática. La teoría de la evolución debería explicar cómo han surgido estas capacidades, pues dependen del equipamiento biológico. Menciona la hipótesis de Ian Tattersall. El surgimiento del lenguaje es un hecho repentino y reciente en la evolución. Este científico sitúa el acontecimiento en un estrecho intervalo entre 50.000 y 100.000 años atrás.
         Chomsky también se plantea si nuestra capacidad de conocimiento tiene límites. Las estructuras innatas determinan qué tipo de hipótesis podemos formular. Somos organismos vivos y nuestra inteligencia depende de procesos finitos concretos. Poseer ciertas estructuras implica poder realizar unas tareas y otras no. Quizás nunca comprendamos completamente cómo funciona la realidad.
       Su pensamiento ético y político es bastante conocido. No deberíamos admitir aquellas estructuras de poder que no estén justificadas. Una idea muy sencilla y universal, dice. Esto le sitúa en el anarquismo, en el socialismo libertario. Tiene mucho trabajo por delante este pensador estadounidense, tanto en lingüística como en política...

http://www.diariodejerez.es/jerez/razones-Noam-Chomsky_0_1108989529.html

viernes, 3 de febrero de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: LA CRESTA

Francis Bacon
  Desde la aparición del gran dinosaurio, los roedores viven inquietos, azorados. Siempre hay un gran dinosaurio, terrible, de pisadas destructivas, de mirada feroz y aliento pútrido. Cuando los roedores llamaron al gran dinosaurio, jamás pensaron que fuese un maestro de la albañilería... Y sabe el filósofo que los ladrillos no nacen de la nada... Pero ahí está, en el bosque, con sus terribles pisadas, con su cresta amarilla, terrible, sangrienta, inhumana. Pobres roedores, pensaron que el gran bicho podría convertir el hierro en oro. Pobres roedores, malditos roedores, creyeron que la culpa siempre es del otro, del diferente, del que riega el bosque, del que siembra, del que ara la tierra... Desde la aparición del gran dinosaurio, los roedores viven con miedo, acurrucados en sus casas, temblorosos. Hasta los viejos dinosaurios están asustados. Nadie había visto semejante cresta amarilla. Y los roedores, ignorantes de su condición, adulan al rey de la perversidad como si de un salvador se tratase. Pobres roedores... Han olvidado que la esencia del bosque se encuentra en los sombríos, en las penumbras, en las lindes que separan la miseria de la opulencia. Siempre hay un dinosaurio más terrible que el anterior, siempre. Y sabe el filósofo que el de la cresta amarilla no será el último ni el más terrible mientras los roedores vivan pendientes de los reflejos, de las sombras...

lunes, 30 de enero de 2017

En el siglo de las redes sociales, recogemos cuerpos de nuestras civilizadas costas, como si del alimento del sistema se tratara.

martes, 10 de enero de 2017

EXISTENCIA AUTÉNTICA

          A menudo nos invade la sensación de estar perdiendo el tiempo, pero no el del reloj ni el de los horarios cotidianos, sino el otro, el que nos convierte en vidas concretas. Ese tiempo esencial, estructural, lo perdemos totalmente cuando nuestra existencia no es auténtica, cuando llevamos una vida alienada o cuando nos arrastra la heteronomía. Todas esas formas de perder el tiempo comparten un núcleo común: alguien elige por ti y te impone un proyecto de vida. Como consecuencia, surge un vacío que nos corroe, esa insatisfacción por no haber hecho lo que de verdad queremos.
         Es sano preguntarse de vez en cuando por qué actuamos de una manera y no de otra. Se trata de una pregunta muy molesta e inquietante porque suele venir acompañada del silencio: no nos gusta reconocer que nos movemos en un espacio de posibilidades determinado por algo ajeno a nuestra voluntad. Vivimos de forma mimética, más de la cuenta, impregnados de hábitos y tendencias que nos marcan el camino. Ese poder difuso, sofisticado, lo puede todo. El éxito consiste en que quieras lo que ellos quieren. El poder es un especie de continuidad dice Byung-Chul Han, en su libro “Sobre el poder” (Herder, 2016). La coerción y la amenaza sólo surgen si esa continuidad se interrumpe.
Miguel Parra
         Que los jóvenes tengan que elegir un oficio casi partiendo de cero es algo relativamente moderno, propio de las sociedades industriales avanzadas. El sistema educativo oferta todo, y los alumnos pueden elegir ser lo que deseen. Los individuos modernos no somos nada porque lo podemos ser todo. Apenas estamos conectados con una tradición familiar o comunitaria. De ahí que en tiempos de crisis brote el miedo a la libertad y se acuda a discursos políticos que prometen recuperar la densidad perdida.
         Ante semejante vértigo existencial, ¿qué podemos aconsejarles a los jóvenes? Si eligen por ti, corres el riesgo de perder el tiempo para siempre. Se nos olvida lo más importante. Trabajar no consiste sólo en gastar tiempo para ganarse la vida y hacer posible el tiempo de ocio. Trabajar es vivir el tiempo y crearlo. Si no es así, el tiempo de trabajo es de otros y se vuelve destructivo, desgasta. Si eligen nuestro proyecto, vivimos su tiempo, el de ellos, no el nuestro. Y el nuestro lo perdemos de forma irremediable.
         Hoy está de moda una especie de pragmatismo resabiado. Cualquier intento de salirse del carril social, apelando a otras formas de estar en el mundo, suena a ingenuidad propia de otras épocas. El pragmático resabiado está de vuelta y asume la realidad con cierta mirada de superioridad. Por eso hay expresiones que desaparecerán, como vocación profesional y compromiso social. Es cierto que la palabra “vocación” tiene connotaciones religiosas, sin embargo habría que rescatar su contenido ético. Y el compromiso social nos trae a la memoria las utopías revolucionarias… La lección de los pragmatistas resabiados suele ser: “como todo está tan mal, olvídate de ti mismo y gana dinero; como la revolución es imposible, olvídate del bien común, de los otros, y gana dinero”.
         Hay actitudes que ponen en peligro la autenticidad de nuestros proyectos. Una de ellas es la mala fe, analizada por Sartre. Echar la culpa de todo a las leyes de la naturaleza o al contexto social para no tener que elegir con responsabilidad es obrar con mala fe, una especie de autoengaño. La otra es la confusión entre racionalidad y racionalidad económica. Intentar calcular nuestro futuro mediante costes y beneficios implica un reduccionismo economicista. En la primera actitud entregamos nuestro tiempo; en la segunda lo cosificamos, lo ponemos en venta.
        La existencia auténtica es lo mínimo que cabe desear. Es un mínimo vital y ético. Renunciar a ella implica desentenderse de la libertad y la felicidad. Elijamos libremente una actividad que nos permita ser, sin querer nada más, y que se nutra del bien común al mismo tiempo que lo posibilite. Si nos convertimos en piezas de un mecanismo, pronto aparece el aburrimiento. El ideal es trabajar como si fuésemos creadores, para no trabajar nunca.

martes, 3 de enero de 2017

TALLERES LEIBNIZ

Kandinsky
     Me acaban de regalar el nuevo calendario de Talleres Leibniz. Aunque cambian las fotografías cada año, su lema es el mismo: “Usted vive en el mejor de los mundos posibles. Y si no es así, nosotros se lo reparamos”. Luego, cada mes tiene su propia reflexión o consejo metafísico. El de enero es “¡Calcula, pero mejor que Dios!”. El de febrero es más alegre: “Disfraza tus miserias”. El mes de abril está dedicado a Nietzsche: “Vaya susto, casi me muero”. El 14 de abril, algo inédito, contiene una nota a pie de página: “¡Ojo con lo que celebramos!”. El caluroso agosto nos recuerda a Sartre con “El infierno son los otros”.  Y el de octubre a Marx: “Vuelve a intentarlo”. En fin, un calendario que no tiene desperdicio y anima mucho. Cándido, el que regenta Talleres Leibniz, nos recuerda en su felicitación anual que aunque las piezas fallen lo importante es el motor en su conjunto, y que si no tenemos amplitud de miras es lógico que esto nos parezca un mecanismo infernal.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

ESCRIBIR Y PENSAR HASTA EL INFINITO

          Aunque hoy se confundan, pensar, escribir y publicar son actividades diferentes. La obsesión actual por publicar se traduce en datos. Cada año suelen aparecer en nuestro país entre cuatrocientas y quinientas editoriales nuevas, sin contar a los autores-editores. Y el número de títulos anuales ronda los setenta mil. La industria editorial genera al año unos tres mil millones de euros en España y da trabajo a más de treinta mil personas. Las mesas de novedades de las librerías no dan abasto y los libreros deben realizar una selección cruel, por motivos de espacio.
Miguel Parra
         Cuando hablas con alguien y le dices que te dedicas a dar clases de filosofía, te suele preguntar si eres filósofo y publicas libros. Y si eres científico y trabajas en un proyecto de investigación, sabes que una de las formas de evaluarte va a consistir en comprobar cuántos artículos has publicado y en qué revistas, porque no todas valen igual. Bruno Latour y Steve Woolgar en su libro “La vida en el laboratorio” describen, como si fuesen antropólogos, lo que ocurre en los centros de investigación. El objetivo de todas las acciones y procesos es obtener un producto final, el artículo. No es de extrañar que la cienciometría y la bibliometría sean casi lo mismo. La primera se encarga de estudiar la producción científica, pero resulta que cuantificar las publicaciones es la clave hoy en día. Si no publicas en revistas especializadas de gran impacto, no existes como investigador.
         Sartre (1905-1980) escribía constantemente, tanto que no dedicaba el tiempo suficiente a revisar y corregir. Lo importante era escribir y publicar, para transformar el mundo… Corregir y revisar, preocuparse por el estilo, lo consideraba una actitud burguesa. Escribía en cualquier sitio, en el café o en el cuartel. “El ser y la nada” es una obra demasiado extensa. Escribe tanto, que sus proyectos de publicación nunca terminan por cerrarse. Husserl (1859-1938), el padre de la fenomenología, tampoco lo hizo mal. Sus obras abarcan cuarenta y cinco mil folios. Y utilizaba una taquigrafía especial. En el libro “En el café de los existencialistas” (Ariel, 2016), Sarah Bakewell describe la odisea que sufrieron sus escritos al llegar los nazis al poder. El proceso de edición de sus obras completas continúa.
          Pero puede haber pensamiento sin escritura, y escritura sin publicación. A lo largo de la historia ha habido y habrá grandes pensadores que no necesitan pasar al papel sus ideas, bien porque les guste dialogar, en el ágora o en los medios de comunicación, bien porque simplemente piensan para un entorno muy reducido. Quizás no les importe la divulgación de sus ideas ni que perduren en el tiempo. Conciben la filosofía más como una actividad práctica que como una producción de documentos. Y los hay que escriben muchísimo y casi no publican.
         Leibniz (1646-1716) quizás sea uno de los autores que más escribió y menos publicó en vida. Doscientas mil hojas en siete lenguas, nos dice Eberhard Knobloch en el artículo “El arte de editar a Leibniz” (Investigación y Ciencia, mayo de 2013). Sus escritos incluyen cartas, tratados, esbozos, comentarios,.. El cuarenta por ciento está escrito en latín, el treinta en francés y el quince en alemán. También hay escritos en inglés, holandés, italiano y ruso. Sin embargo, en vida sólo publicó una obra larga, “Teodicea” (1710). Escribía hasta en los márgenes de los libros y documentos.
          El pensamiento de Leibniz abarcó todas las ramas del saber. Desarrolló el cálculo diferencial e integral, la combinatoria y la lógica. Se le puede considerar uno de los padres de la computación. Diseñó una máquina de calcular y el sistema de numeración binario. En filosofía se preocupó por la relación entre alma y cuerpo, el problema del mal, el conocimiento… La edición académica de sus obras completas está en marcha, pero aún quedan varias décadas para que se complete. En español también hay un proyecto de edición. Este trabajo se coordina desde la Universidad de Granada. Hay previsto publicar veinte volúmenes, con la editorial Comares. En www.leibniz.es se puede conocer el proyecto en su totalidad.

viernes, 2 de diciembre de 2016

LA MÚSICA Y LOS ZAPATOS

   Jamás sabremos dónde comienza todo si no miramos nuestros zapatos rojos. La melodía del recuerdo, de las que ya no están, del que ya no está... Uno piensa que los rostros cambian, los cuerpos cambian y algo permanece, quizás una mirada, un susurro, quizás ese deseo de que todo vuelva a ser como ayer. Jamás sabremos dónde termina todo si no miramos nuestros zapatos rojos. Porque el violín del silencio no tiene piedad, ni la tendrá... Es todo tan extraño... Siempre habrá fotos en las que no apareceremos. Pero también habrá palabras, discursos, símbolos que recojan los anhelos más profundos de aquellos que enseñan y aquellos que aprenden, que son los mismos. Jamás recuperaremos la humanidad si no miramos nuestros zapatos rojos. ¡Y claro que le hemos visto dejar el par de zapatos! ¡Todos lo hemos visto! Ha caminado despacio, guiado por el violín, y entonces, muy serio, se ha girado y nos ha dedicado un gesto inquietante...

viernes, 25 de noviembre de 2016

LA LLUVIA

   La lluvia arrecia por la calle Francos mientras la noche adormece la conciencia de ruina. Quizás haya humanos al otro lado de la oscuridad. Todo cambia, nada permanece, decía Heráclito. Y nada quedará, pensamos los habitantes de una ciudad clausurada, abatida por la desidia y el desconcierto. El agua fluye por el río de las miserias, el río del olvido. Tarde o temprano reconoceremos la mirada de los cimientos. Quizás sea tarde, entonces, para imaginar. La lluvia arrecia por la plaza Plateros, y los adoquines brillan con el esplendor de siempre, de antaño. Pero ya no habrá sitio para las comedias ni las tragedias. No lo merecemos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

VIENTOS MAGNÉTICOS

Marcel Duchamp
   Iconos laicos con poderes divinos nos esclavizan sin piedad. Y lo deseamos, claro que lo deseamos, con toda nuestra energía, consciente e inconsciente. Nadie quiere huir en un espacio curvo, enrevesado, quizás una espiral, quizás una ilusión. Inclinamos la cabeza a su paso, pero movemos los dedos, como signo de resistencia y libertad. Han logrado que compremos nuestras cadenas, eslabones de vanidad. Eludimos el horizonte, pero tampoco palpamos la tierra. Vida mental ceñida a lo concreto. Hileras de imágenes aturden nuestra conciencia. Y las deseamos, claro que las deseamos, como si fuese nuestra última oportunidad de comprendernos. Nada representa nada porque todo está dentro y todo transcurre en el espacio icónico. Extrañamiento como forma de ser, de casi estar. Vivir en la sociedad icónica es vivir atrapado en la red difusa. Administran los tiempos y aceleran los ritmos. Ni los instantes nos pertenecen. En la sociedad icónica es lo primero que se cede, para avanzar, para ir hacia el infinito. Nos han vuelto a prometer la eternidad y lo hemos creído. Omnisciencia, eso hemos recibido a cambio de los instantes. Todo lo sabemos porque nada nos sucede. Ya nada nos sorprende. Iconos laicos con poderes divinos arruinan nuestra existencia. Ya no hay acciones, porque de rodillas todo está repleto de presencias, de obstáculos, de espejos. Somos veletas que han olvidado que son brújulas.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

NOVENTA MEDITACIONES POÉTICAS

       La filosofía comienza con la admiración, decía Aristóteles., con una especie de conmoción intelectual, un reconocimiento de la ignorancia acompañado por un fuerte deseo de saber. Podemos sentir admiración ante la luz de las lejanas estrellas, la belleza de un acantilado, la estructura de una neurona o un texto literario. La filosofía de la literatura nace también de ese estado mental.
         En la novela “En la casa del padre”, José Manuel Caballero Bonald describe así una bodega: “Y había allí como una paulatina cerrazón del aire que parecía interceptar el desplazamiento de los cuerpos, y ese olor apelmazado y persecutorio, un olor prenatal a levaduras indescriptibles que podía acabar siendo absorbido por la piel, alojándose allí dentro para toda la vida”. Y continúa: “Ella avanzaba recelosa por esa penumbra todavía estacionada en algún sueño reciente, sintiendo por los muslos arriba el vapor del terrizo de albero hacía poco regado, oyendo acaso el jadeo del vino en los toneles, la pugna de los microorganismos trabajando en lo hondo de las criaderas”.
         El lector se queda pasmado ante esta escritura. Algo ha sucedido para que se detenga y lo relea varias veces. El lector dice: “¡Esto es literatura de verdad!” Suponemos, entonces, que hay literatura de mentira o falsa literatura. O al menos que existen textos que sólo son literatura en apariencia. A veces, la poesía parece que ha abandonado lo poético, y no nos referimos sólo a la rima y la métrica.
    
Miguel Parra
  Los intentos de definir lo poético o lo literario han terminado en un fracaso o en un tipo de tautología, literatura es literatura, es decir, un texto es literario cuando alguien lo califica de literario. Ni las formas ni los géneros vendrán en nuestra ayuda. Una frase de un prospecto de un jarabe puede ser un verso de un poema. El límite entre poesía y prosa hace tiempo que ha desaparecido. Lo mismo ocurre con las lindes entre realidad y ficción. La creatividad literaria está avanzando por todos los senderos posibles. Sin embargo, hay textos, como el de Caballero Bonald, que nos impresionan y nos detienen, y hay otros que no los consideramos poéticos, ni literarios, aunque entretengan…
         María Payeras Grau le preguntó a Bonald en una entrevista que cuáles eran los elementos que convierten a un texto en específicamente poético. El escritor respondió: “La palabra artística, la manipulación de la palabra con fines artísticos. Yo siempre he dicho que lo que no es barroquismo es periodismo, aunque conviene explicar un poco el término barroquismo. Me refiero a él, no como un método de complicación sintáctica o de acumulación de elementos de adorno superfluos en una frase, o de adornos léxicos y sintácticos, sino como búsqueda de unas palabras que realmente definan mejor que otras lo que tú quieres decir”. Y en “Desaprendizajes” lo muestra de forma poética: “¿A qué lectura se refiere entonces esa fundante jurisdicción de la escritura? No desde luego al campo informativo de los signos, no a la superflua urdimbre coloquial ni a la siempre indigente demanda de la trama, no a nada que no sea la nutrición interna del idioma, esa secreta actividad de las palabras que no depende más que de su capacidad penetradora en el solar de lo desconocido”.
         El lector se encuentra con poemas que carecen de ese ingrediente poético. Y no se trata de un mero aspecto formal, porque a veces leemos poesía que consiste en mezclar palabras raras o cultas, yuxtaponer frases, metáforas, comparaciones, todo un arsenal técnico que no nos dice nada. Cuando el barroquismo fracasa, se convierte en forma vacía. Otro tanto ocurre en la novela. Porque, obsesionados con el ritmo narrativo, algunos escritores abandonan ese decir poético que debe estar inserto en todo género literario.
         Una vez presté un libro de Luis Mateo Díez, quizás fuese “La fuente de la edad”. El lector me dijo que no le había gustado porque los personajes no hablaban como la gente de la calle… Otras veces me han dicho que un libro no les gustaba porque no pasaba nada. Quizás ya no se busque lo poético en los textos. Quizás se publique demasiado y no haya un trabajo adecuado sobre esa “nutrición interna del idioma”, esa “secreta actividad de las palabras”.
         Recomiendo dos libros recientes dedicados a estas cuestiones. El primero es “La singularidad de la literatura”, de Derek Attridge (Abada Editores, 2011). El segundo es “El demonio de la teoría. Literatura y sentido común”, de Antoine Compagnon. (Acantilado, 2015).

sábado, 22 de octubre de 2016

HURRICANE

   Podría haber sido campeón del mundo. Nadie lo duda. Aquellos tiempos heroicos... Tiempos en los que rellenas el pedido de Discoplay y con las prisas te equivocas. Tres cuerpos yacen en el suelo y te quieren echar a ti la culpa, por ser negro, por no ser como ellos. Y te llega el pedido. No es lo que esperabas. Porque habías encargado una camiseta, quizás de Eskorbuto o de Kortatu. Te interrogan y te encarcelan, por ser negro. Podría haber sido campeón del mundo. Pero no tengo reproductor de compact disc. Me ha llegado Desire. En la cárcel me consumo. Un tal Bob Dylan canta mi historia. Menos mal que Ángel tiene un buen equipo y me lo pasa a cinta, como decíamos entonces. Y escucho el lamento de Hurricane, y Mozambique, y Oh sister, y tantas historias. Podríamos haber sido los campeones del mundo, le digo a Taboada en El Gorila, pero nos tenemos que conformar con ser filósofos de verdad. Tiempos en los que el deseo y la razón se entremezclan de tal modo que tomas la mejor decisión de tu vida...

jueves, 20 de octubre de 2016

LABORATORIO Y RAZONAMIENTO ABSTRACTO

          Hace unos días aparecía en este periódico un artículo titulado “El Bachillerato pierde en una década el 11% del alumnado de ciencias”. A lo largo del texto, se analiza lo que está ocurriendo. Francisco Javier Pérez Cáceres, creador del programa PIIISA, lamenta el abandono de la formación práctica en los institutos. Los alumnos van muy poco al laboratorio. No ponen en práctica el método científico. Ésta sería una de las causas de la ausencia de vocaciones científicas.
         El programa PIIISA tiene como objetivo “mostrar a los estudiantes de secundaria qué es la investigación y cómo se realiza. Los estudiantes tienen la oportunidad de involucrarse en proyectos liderados por científicos de reconocido prestigio, y conocer de primera mano en qué consiste el método científico y cómo es el proceso de investigación, algo que les permitirá explorar su posible vocación por la carrera científica”. En la página web del programa (www.piiisa.es) leemos que el proyecto PIIISA surge de la colaboración entre la Delegación de Educación en Granada, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Granada (UGR).
         ¿Cómo llegan nuestros alumnos a la universidad? ¿Qué carencias cognitivas muestran los jóvenes cuando inician los estudios superiores? José Ramón Ramos Barrado, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Málaga dice en ese mismo artículo: “La percepción general es que los alumnos llegan cada día con peor nivel en Física y, sobre todo, en Matemáticas. No saben calcular, resolver problemas y lo que es más grave, no han desarrollado la capacidad del razonamiento abstracto. La ciencia se basa en la abstracción a partir de la observación de la realidad”. Y añade más adelante: "Es fundamental; la experimentación introduce rigor en la medida y el cálculo. Ahí se cultiva la simiente. Es el lugar donde se despierta el interés y la afición". 
Miguel Parra
         Razonamiento abstracto y experimentación. Abstraer es la capacidad que tenemos los humanos de separar, por ejemplo, una propiedad que tienen en común múltiples objetos. Somos capaces de captar la estructura formal de un objeto o de un proceso. Utilizamos variables, símbolos formales. Y reconocemos modos generales de argumentar. Así, pensamos a través de conceptos y construimos teorías. La experimentación, por su parte, implica primero pensar, elaborar hipótesis y luego saber qué aspectos de la naturaleza debemos transformar, medir y cuantificar. La precisión en la experimentación viene acompañada del rigor en el razonamiento abstracto y en la capacidad de utilizar conceptos, unidades de medida y, por supuesto, la matemática.
         Esta capacidad de razonamiento abstracto la desarrollamos a través de muchas materias: matemática, lógica, física, química, lingüística, dibujo técnico, filosofía, música, etc. En los criterios de evaluación de nuestras programaciones aparece reflejada esa importancia de los procesos formales y abstractos.
         Sin embargo, vivimos en una sociedad icónica, donde lo abstracto es sinónimo de alejado de la realidad, oscuro, estático y poco moderno. La sociedad icónica nos aboca a una vida mental ceñida a lo concreto. Hay imágenes hilvanadas a modo de narración, pero todo concreto. Hileras de imágenes, microhistorias que no van más allá de sí mismas. Aunque pudieran hacerlo, la velocidad con que aparece la siguiente evita que suceda. La velocidad de los datos nos impide despegar, elevar el vuelo del pensamiento. No nos dejan tiempo para separar, abstraer, ni para relacionar, generalizar, inducir o deducir. Lo concreto, sólo lo concreto.
         En esta sociedad icónica también se banaliza el concepto de observación. La experiencia fragmentada, sin teoría, nos entretiene, nos embelesa y nos paraliza. La experimentación en el laboratorio resulta una tarea muy tediosa: exige razonar antes de observar, imaginar antes de transformar, y volver a pensar tras anotar. La burbuja icónica, además, nos aleja de la naturaleza, de la complejidad de la materia, de la medición directa, y nos ofrece a cambio una ficción pasajera.
              Si se debilita nuestra capacidad de abstraer y de formalizar, también se apaga la creatividad, la capacidad de utilizar analogías y metáforas. Deberíamos reflexionar sobre el uso de la imagen en el aula. Las pizarras digitales nos ofrecen un potencial enorme. Y nos ahorran mucho tiempo. Aunque resulte más árido para el alumno, hay tareas que no deben desaparecer: escribir, pensar, leer, mezclar, pesar, medir, dibujar, calcular, argumentar, imaginar, formular hipótesis, formalizar, generar y relacionar conceptos…    

http://www.diariodejerez.es/article/jerez/2392086/laboratorio/y/razonamiento/abstracto.html

martes, 11 de octubre de 2016

DIMENSIONES

V. Tatlin
   El espacio del matemático, el espacio del físico, el espacio del químico, el espacio del biólogo, el espacio del neurólogo, el espacio del psicólogo, el espacio del sociólogo, el espacio del geógrafo, el espacio del filósofo y el espacio del artista. El espacio del constructor, el espacio del albañil, el espacio del deportista, el espacio del astronauta y el espacio del concejal. El espacio del preso, el espacio del enfermo, el espacio del pobre, el espacio del desahuciado, el espacio del refugiado, el espacio del viejo y el espacio del árbol...
   Celebramos que hemos ocupado todos los espacios, todos los continentes, todos los ecosistemas. Tras los símbolos de victoria vive agazapado el viejo presentimiento de la desgracia. Hemos ocupado todo y no queda nada libre de geometrías interesadas. Nadie tiene espacio. Ni la divisibilidad al infinito nos libra de esta penuria espacial que afecta a nuestra dignidad. Nadie tiene sitio. Todos se desplazan y huyen. Celebramos el desierto ocupado de la civilización. 
    La sociedad icónica nos ha regalado la omnipresencia estéril. Como espectros odiados en su mismna casa, extenuada, oikos cruel, vagamos entre las cuerdas, las redes que nos separan del topos primordial. Seres icónicos, seres errantes, esclavos del clic ortodoxo y heterodoxo, navegamos por el espacio ficticio de los miserables. No nos quedan continentes porque los hemos deseado desde una impostura existencial ciega. ¡Que retrocedan los barcos! ¡Que no crucen más océanos! ¡Ya hemos digerido todo el espacio!