sábado, 25 de marzo de 2017

Vendrán

 Toda abstracción es innecesaria si tu madre cumple ochenta y siete años. Porque piensas que aquellos años, los de la niñez, jamás perderán sentido. Nunca. Y recuerdas, como puedes, los días oscuros, difusos, de antaño... Y ves ahora sus manos, moradas, llenas de pinchazos... Ves a la madre, la mujer que pudo con todo y podrá con todo. Este universo jamás acabará con ellas, las que soportaron guerras y miseria, las que nos construyeron este edificio de bienestar, lavando en el arroyo helado de Tierra de Campos, las que cocieron el pan y las magdalenas, las que adornaron tantas tardes... Nadie será capaz de aniquilar esos recuerdos, nadie. Y vendrán otros tiempos, con seres distintos, ajenos, y vendrán... Toda abstracción es innecesaria cuando tu madre te demuestra que todo es posible, que cada instante fue una advertencia... Y que el calor del horno perdura detrás de tus insolencias de filósofo privilegiado...

martes, 21 de marzo de 2017

Toda la historia del universo para que alguien escriba una metáfora y lo atrape...

martes, 14 de marzo de 2017

EL IMPERIO DE LAS NEURONAS

          Hace poco asistí a una conferencia sobre neurodidáctica. Creí entender que ciertas conductas potencian la producción de los neurotransmisores que a su vez son la base de esas conductas. Se crea un bucle de retroalimentación. O algo así. Cuanto más asertivo y optimista soy, más asertivo y positivo soy. Hubo un momento en que, quizás debido a mi ignorancia, me pareció que nos movíamos entre meras tautologías, verdades obvias, irrefutables porque no añaden nada.
         Y esto no significa, ni mucho menos, que considere carente de interés el estudio del cerebro para mejorar nuestras estrategias didácticas. Todo lo contrario. Me parece esencial. Somos cerebros, nada más. El problema es cómo aprovechar esos conocimientos de la neurociencia sin caer en una especie de cientificismo vacío. No basta con construir neologismos rimbombantes: neuroética, neuroeconomía, neuropolítica... Parece una estrategia publicitaria, no un programa científico. Y nos recuerda a esos anuncios que añaden bio a todo para que un producto sea muy sano y muy científico.
Miguel Parra
     Que la psicología, la pedagogía y la neurociencia trabajen juntas en proyectos de investigación empíricos es una excelente idea, algo que se venía reclamando desde hace décadas. En educación puede ser muy útil conocer los mecanismos cerebrales que intervienen en el aprendizaje. Sobre todo cuando tratamos con niños y adolescentes. Saber cuáles son las estructuras y redes que intervienen y qué grado de desarrollo presentan en cada edad puede ser crucial para programar en las aulas. Decimos que el cerebro es flexible, pero hay momentos en los que esa plasticidad es mayor que en otros. Hoy es posible saber qué ocurre cuando un alumno realiza una actividad concreta, qué áreas se activan y en qué grado. Cabe medir la atención, el grado de memorización y los tipos de destrezas que se despliegan. Son datos que conviene tener en cuenta en la pedagogía a la hora de elegir estilos de aprendizaje y metodologías.
        El discurso neurodidáctico carece de interés si sólo realiza una explicación global. Si no propone estrategias concretas, fundamentadas en estudios empíricos, se convierte en una moda más dentro de la pedagogía, una forma de hablar que no cambia nada. Por eso es tan importante quién debe realizar esas investigaciones y cómo. Y la respuesta es clara: deben ser los neurocientíficos los que asuman este proyecto, porque es un trabajo experimental. Lo que no conviene es que los resultados generales de las ciencias del cerebro sean utilizados por los pedagogos para hablar de procesos concretos que ocurren en el aula, pero sin haber llevado a cabo el trabajo empírico correspondiente.
           Algo por el estilo ocurre en la ética. También se habla de neuroética. Aquí hay otro tipo de problemas, más teóricos. Porque surge el asunto del reduccionismo y el determinismo. Los filósofos se preguntan si saber mucho del cerebro nos ayuda a comprender la dimensión ética del ser humano, si nos ayuda tanto en el plano descriptivo como en el normativo.
        Por muy naturalista y determinista que uno sea, es necesario hacer compatible nuestra experiencia subjetiva de la libertad con una visión materialista del mundo. Si en la neurodidáctica exigimos un trabajo experimental riguroso, en la neuroética pedimos que no se caiga en una falacia naturalista o en un reduccionismo estéril.
         En la realidad hay diversos niveles. Unos dependen de otros, ciertamente, pero cada nivel exhibe un marco autónomo de propiedades. Las normas y los valores surgen en el marco de las razones y los argumentos. Para ser conscientes de un valor y pensarlo, utilizamos la corteza cerebral, porque no hay nada más. De esa actividad cerebral emerge una función: el pensamiento. Para justificar una norma no acudimos a neurotransmisores porque sería mezclar propiedades de diferente nivel. Y no añadiríamos nada. Justificar una norma implica desarrollar argumentos: nos movemos en el plano de las razones y conceptos.
           La experiencia subjetiva de la libertad es ineludible, y es lo que fundamenta la ética. Al mismo tiempo, sabemos que somos fruto de la selección natural, y somos parte de un universo material donde hay causalidad y regularidades, aunque intervenga la probabilidad. Conseguir que encaje todo esto es el principal reto para los filósofos actuales, dice Habermas. En las próximas décadas habrá que afinar mucho más si queremos aplicar los conocimientos de la biología y la neurología a las ciencias humanas. 
       
http://www.diariodejerez.es/jerez/imperio-neuronas_0_1117388666.html

sábado, 25 de febrero de 2017

sábado, 18 de febrero de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: LA VENDA

Francis Bacon.
 Se reunieron los dinosaurios, cosa extraña, para juzgar a los dinosaurios reales. Nadie entendía nada. Se reunieron  para decirnos que todo sigue igual y que la balanza es la misma de siempre. Y que la venda se ha extraviado. Pobres roedores, malditos roedores, tan obsesionados con lo suyo, con sobrevivir con dignidad... Se reunieron los dinosaurios y decidieron que todo sigue igual y que los sueños de los roedores son un invento, un cruel espasmo. Se reunieron para recordarnos que el uso de la razón tiene un límite, el que ellos han establecido. Y los roedores enfadados, como en siglos anteriores, husmean viejos senderos, olvidados, arcaicas rutas para recuperar la venda. Pobres roedores, tan asustados, tan olvidadizos y serviles... Sólo se acuerdan de la balanza cuando la medida arruina la economía de sus guaridas. Sólo se acuerdan de la armonía universal cuando su cocina se resquebraja. Pero los dinosaurios conocen todo, cada pensamiento del roedor, cada lágrima. Por eso el fiel de la balanza marca la hora de nuestro final.

martes, 14 de febrero de 2017

LAS RAZONES DE NOAM CHOMSKY

         Dicen por ahí que ya no hay verdaderos intelectuales, que ahora sólo hay expertos, técnicos incapaces de abordar las grandes cuestiones del ser humano. Claro que existen intelectuales, son científicos que pretenden alcanzar una visión global de la realidad, pensadores que promueven el diálogo entre las diferentes disciplinas con el fin de comprender lo que somos y lo que nos conviene ser. Se atreven a eliminar fronteras epistémicas y a promover transformaciones sociales; aparecen en la prensa y hablan de temas que preocupan a los ciudadanos…
         Que la misma persona, Noam Chomsky, nos hable sobre la gramática universal, el origen del lenguaje, la mente humana, los límites del conocimiento y el socialismo libertario puede parecer una temeridad. Sin embargo, es una necesidad. Dos publicaciones recientes me han llevado a Chomsky: un libro suyo en el que trata todos esos temas y un artículo en Investigación y Ciencia de enero que pone en cuestión su teoría sobre el lenguaje.
          Paul Ibbotson y Michael Tomasello explican por qué muchos lingüistas y científicos cognitivos están cuestionando la teoría innatista de Chomsky. Lo que se pone en duda es tanto la existencia de una “gramática universal” como el proceso de aprendizaje de una lengua por los niños.
Miguel Parra.
         Según Chomsky, los seres humanos nacemos con unas estructuras lingüísticas, una gramática universal. Nacemos con un equipamiento biológico, unos módulos neuronales que explican la capacidad lingüística. La gramática universal hace posible que seamos capaces de formar infinitas frases con un número finito de elementos. Esta capacidad se concretaría luego en cada idioma de manera diferente. A lo largo de las décadas de existencia de la teoría, Chomsky y sus seguidores han tenido que modificarla. El conocimiento de la diversidad lingüística les obligó a reducir esa gramática universal a un procedimiento recursivo mínimo. Porque no todas las lenguas, por ejemplo, utilizan las estructuras básicas de sintagma nominal y sintagma predicativo.
         Si encontrar algo en común entre tantas lenguas ha sido un escollo desde hace años, ahora se añade una crítica más profunda. Los estudios experimentales sobre cómo aprenden los niños a hablar revelan que utilizan recursos cognitivos que no son los específicamente lingüísticos de los que habla Chomsky. Los niños utilizan la capacidad de clasificar en categorías y la de relacionar objetos. Estas capacidades son generales. Las utilizamos para múltiples tareas. Y permitirían explicar el surgimiento del lenguaje mediante la experiencia y los procesos inductivos. El niño iría descubriendo pautas de uso. Ya no sería necesaria una plantilla innata.
         En “¿Qué clase de criaturas somos?” (Editorial Ariel, 2017) Chomsky aborda los temas que le han preocupado a lo largo de su vida, temas que considera esenciales para comprender qué es el ser humano: el lenguaje, los límites del conocimiento y el bien común. Y todo en menos de 200 páginas.
         En el capítulo dedicado al lenguaje expone en qué consiste ese mecanismo recursivo innato. Una de las claves de su enfoque consiste en relacionar lenguaje y pensamiento. Lo esencial del lenguaje no es la comunicación. El principio de Computación Mínima explica cómo se genera la sintaxis, cómo somos capaces de ordenar nuestras frases de forma automática. La teoría de la evolución debería explicar cómo han surgido estas capacidades, pues dependen del equipamiento biológico. Menciona la hipótesis de Ian Tattersall. El surgimiento del lenguaje es un hecho repentino y reciente en la evolución. Este científico sitúa el acontecimiento en un estrecho intervalo entre 50.000 y 100.000 años atrás.
         Chomsky también se plantea si nuestra capacidad de conocimiento tiene límites. Las estructuras innatas determinan qué tipo de hipótesis podemos formular. Somos organismos vivos y nuestra inteligencia depende de procesos finitos concretos. Poseer ciertas estructuras implica poder realizar unas tareas y otras no. Quizás nunca comprendamos completamente cómo funciona la realidad.
       Su pensamiento ético y político es bastante conocido. No deberíamos admitir aquellas estructuras de poder que no estén justificadas. Una idea muy sencilla y universal, dice. Esto le sitúa en el anarquismo, en el socialismo libertario. Tiene mucho trabajo por delante este pensador estadounidense, tanto en lingüística como en política...

http://www.diariodejerez.es/jerez/razones-Noam-Chomsky_0_1108989529.html

viernes, 3 de febrero de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: LA CRESTA

Francis Bacon
  Desde la aparición del gran dinosaurio, los roedores viven inquietos, azorados. Siempre hay un gran dinosaurio, terrible, de pisadas destructivas, de mirada feroz y aliento pútrido. Cuando los roedores llamaron al gran dinosaurio, jamás pensaron que fuese un maestro de la albañilería... Y sabe el filósofo que los ladrillos no nacen de la nada... Pero ahí está, en el bosque, con sus terribles pisadas, con su cresta amarilla, terrible, sangrienta, inhumana. Pobres roedores, pensaron que el gran bicho podría convertir el hierro en oro. Pobres roedores, malditos roedores, creyeron que la culpa siempre es del otro, del diferente, del que riega el bosque, del que siembra, del que ara la tierra... Desde la aparición del gran dinosaurio, los roedores viven con miedo, acurrucados en sus casas, temblorosos. Hasta los viejos dinosaurios están asustados. Nadie había visto semejante cresta amarilla. Y los roedores, ignorantes de su condición, adulan al rey de la perversidad como si de un salvador se tratase. Pobres roedores... Han olvidado que la esencia del bosque se encuentra en los sombríos, en las penumbras, en las lindes que separan la miseria de la opulencia. Siempre hay un dinosaurio más terrible que el anterior, siempre. Y sabe el filósofo que el de la cresta amarilla no será el último ni el más terrible mientras los roedores vivan pendientes de los reflejos, de las sombras...

lunes, 30 de enero de 2017

En el siglo de las redes sociales, recogemos cuerpos de nuestras civilizadas costas, como si del alimento del sistema se tratara.

martes, 10 de enero de 2017

EXISTENCIA AUTÉNTICA

          A menudo nos invade la sensación de estar perdiendo el tiempo, pero no el del reloj ni el de los horarios cotidianos, sino el otro, el que nos convierte en vidas concretas. Ese tiempo esencial, estructural, lo perdemos totalmente cuando nuestra existencia no es auténtica, cuando llevamos una vida alienada o cuando nos arrastra la heteronomía. Todas esas formas de perder el tiempo comparten un núcleo común: alguien elige por ti y te impone un proyecto de vida. Como consecuencia, surge un vacío que nos corroe, esa insatisfacción por no haber hecho lo que de verdad queremos.
         Es sano preguntarse de vez en cuando por qué actuamos de una manera y no de otra. Se trata de una pregunta muy molesta e inquietante porque suele venir acompañada del silencio: no nos gusta reconocer que nos movemos en un espacio de posibilidades determinado por algo ajeno a nuestra voluntad. Vivimos de forma mimética, más de la cuenta, impregnados de hábitos y tendencias que nos marcan el camino. Ese poder difuso, sofisticado, lo puede todo. El éxito consiste en que quieras lo que ellos quieren. El poder es un especie de continuidad dice Byung-Chul Han, en su libro “Sobre el poder” (Herder, 2016). La coerción y la amenaza sólo surgen si esa continuidad se interrumpe.
Miguel Parra
         Que los jóvenes tengan que elegir un oficio casi partiendo de cero es algo relativamente moderno, propio de las sociedades industriales avanzadas. El sistema educativo oferta todo, y los alumnos pueden elegir ser lo que deseen. Los individuos modernos no somos nada porque lo podemos ser todo. Apenas estamos conectados con una tradición familiar o comunitaria. De ahí que en tiempos de crisis brote el miedo a la libertad y se acuda a discursos políticos que prometen recuperar la densidad perdida.
         Ante semejante vértigo existencial, ¿qué podemos aconsejarles a los jóvenes? Si eligen por ti, corres el riesgo de perder el tiempo para siempre. Se nos olvida lo más importante. Trabajar no consiste sólo en gastar tiempo para ganarse la vida y hacer posible el tiempo de ocio. Trabajar es vivir el tiempo y crearlo. Si no es así, el tiempo de trabajo es de otros y se vuelve destructivo, desgasta. Si eligen nuestro proyecto, vivimos su tiempo, el de ellos, no el nuestro. Y el nuestro lo perdemos de forma irremediable.
         Hoy está de moda una especie de pragmatismo resabiado. Cualquier intento de salirse del carril social, apelando a otras formas de estar en el mundo, suena a ingenuidad propia de otras épocas. El pragmático resabiado está de vuelta y asume la realidad con cierta mirada de superioridad. Por eso hay expresiones que desaparecerán, como vocación profesional y compromiso social. Es cierto que la palabra “vocación” tiene connotaciones religiosas, sin embargo habría que rescatar su contenido ético. Y el compromiso social nos trae a la memoria las utopías revolucionarias… La lección de los pragmatistas resabiados suele ser: “como todo está tan mal, olvídate de ti mismo y gana dinero; como la revolución es imposible, olvídate del bien común, de los otros, y gana dinero”.
         Hay actitudes que ponen en peligro la autenticidad de nuestros proyectos. Una de ellas es la mala fe, analizada por Sartre. Echar la culpa de todo a las leyes de la naturaleza o al contexto social para no tener que elegir con responsabilidad es obrar con mala fe, una especie de autoengaño. La otra es la confusión entre racionalidad y racionalidad económica. Intentar calcular nuestro futuro mediante costes y beneficios implica un reduccionismo economicista. En la primera actitud entregamos nuestro tiempo; en la segunda lo cosificamos, lo ponemos en venta.
        La existencia auténtica es lo mínimo que cabe desear. Es un mínimo vital y ético. Renunciar a ella implica desentenderse de la libertad y la felicidad. Elijamos libremente una actividad que nos permita ser, sin querer nada más, y que se nutra del bien común al mismo tiempo que lo posibilite. Si nos convertimos en piezas de un mecanismo, pronto aparece el aburrimiento. El ideal es trabajar como si fuésemos creadores, para no trabajar nunca.

martes, 3 de enero de 2017

TALLERES LEIBNIZ

Kandinsky
     Me acaban de regalar el nuevo calendario de Talleres Leibniz. Aunque cambian las fotografías cada año, su lema es el mismo: “Usted vive en el mejor de los mundos posibles. Y si no es así, nosotros se lo reparamos”. Luego, cada mes tiene su propia reflexión o consejo metafísico. El de enero es “¡Calcula, pero mejor que Dios!”. El de febrero es más alegre: “Disfraza tus miserias”. El mes de abril está dedicado a Nietzsche: “Vaya susto, casi me muero”. El 14 de abril, algo inédito, contiene una nota a pie de página: “¡Ojo con lo que celebramos!”. El caluroso agosto nos recuerda a Sartre con “El infierno son los otros”.  Y el de octubre a Marx: “Vuelve a intentarlo”. En fin, un calendario que no tiene desperdicio y anima mucho. Cándido, el que regenta Talleres Leibniz, nos recuerda en su felicitación anual que aunque las piezas fallen lo importante es el motor en su conjunto, y que si no tenemos amplitud de miras es lógico que esto nos parezca un mecanismo infernal.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

ESCRIBIR Y PENSAR HASTA EL INFINITO

          Aunque hoy se confundan, pensar, escribir y publicar son actividades diferentes. La obsesión actual por publicar se traduce en datos. Cada año suelen aparecer en nuestro país entre cuatrocientas y quinientas editoriales nuevas, sin contar a los autores-editores. Y el número de títulos anuales ronda los setenta mil. La industria editorial genera al año unos tres mil millones de euros en España y da trabajo a más de treinta mil personas. Las mesas de novedades de las librerías no dan abasto y los libreros deben realizar una selección cruel, por motivos de espacio.
Miguel Parra
         Cuando hablas con alguien y le dices que te dedicas a dar clases de filosofía, te suele preguntar si eres filósofo y publicas libros. Y si eres científico y trabajas en un proyecto de investigación, sabes que una de las formas de evaluarte va a consistir en comprobar cuántos artículos has publicado y en qué revistas, porque no todas valen igual. Bruno Latour y Steve Woolgar en su libro “La vida en el laboratorio” describen, como si fuesen antropólogos, lo que ocurre en los centros de investigación. El objetivo de todas las acciones y procesos es obtener un producto final, el artículo. No es de extrañar que la cienciometría y la bibliometría sean casi lo mismo. La primera se encarga de estudiar la producción científica, pero resulta que cuantificar las publicaciones es la clave hoy en día. Si no publicas en revistas especializadas de gran impacto, no existes como investigador.
         Sartre (1905-1980) escribía constantemente, tanto que no dedicaba el tiempo suficiente a revisar y corregir. Lo importante era escribir y publicar, para transformar el mundo… Corregir y revisar, preocuparse por el estilo, lo consideraba una actitud burguesa. Escribía en cualquier sitio, en el café o en el cuartel. “El ser y la nada” es una obra demasiado extensa. Escribe tanto, que sus proyectos de publicación nunca terminan por cerrarse. Husserl (1859-1938), el padre de la fenomenología, tampoco lo hizo mal. Sus obras abarcan cuarenta y cinco mil folios. Y utilizaba una taquigrafía especial. En el libro “En el café de los existencialistas” (Ariel, 2016), Sarah Bakewell describe la odisea que sufrieron sus escritos al llegar los nazis al poder. El proceso de edición de sus obras completas continúa.
          Pero puede haber pensamiento sin escritura, y escritura sin publicación. A lo largo de la historia ha habido y habrá grandes pensadores que no necesitan pasar al papel sus ideas, bien porque les guste dialogar, en el ágora o en los medios de comunicación, bien porque simplemente piensan para un entorno muy reducido. Quizás no les importe la divulgación de sus ideas ni que perduren en el tiempo. Conciben la filosofía más como una actividad práctica que como una producción de documentos. Y los hay que escriben muchísimo y casi no publican.
         Leibniz (1646-1716) quizás sea uno de los autores que más escribió y menos publicó en vida. Doscientas mil hojas en siete lenguas, nos dice Eberhard Knobloch en el artículo “El arte de editar a Leibniz” (Investigación y Ciencia, mayo de 2013). Sus escritos incluyen cartas, tratados, esbozos, comentarios,.. El cuarenta por ciento está escrito en latín, el treinta en francés y el quince en alemán. También hay escritos en inglés, holandés, italiano y ruso. Sin embargo, en vida sólo publicó una obra larga, “Teodicea” (1710). Escribía hasta en los márgenes de los libros y documentos.
          El pensamiento de Leibniz abarcó todas las ramas del saber. Desarrolló el cálculo diferencial e integral, la combinatoria y la lógica. Se le puede considerar uno de los padres de la computación. Diseñó una máquina de calcular y el sistema de numeración binario. En filosofía se preocupó por la relación entre alma y cuerpo, el problema del mal, el conocimiento… La edición académica de sus obras completas está en marcha, pero aún quedan varias décadas para que se complete. En español también hay un proyecto de edición. Este trabajo se coordina desde la Universidad de Granada. Hay previsto publicar veinte volúmenes, con la editorial Comares. En www.leibniz.es se puede conocer el proyecto en su totalidad.

viernes, 2 de diciembre de 2016

LA MÚSICA Y LOS ZAPATOS

   Jamás sabremos dónde comienza todo si no miramos nuestros zapatos rojos. La melodía del recuerdo, de las que ya no están, del que ya no está... Uno piensa que los rostros cambian, los cuerpos cambian y algo permanece, quizás una mirada, un susurro, quizás ese deseo de que todo vuelva a ser como ayer. Jamás sabremos dónde termina todo si no miramos nuestros zapatos rojos. Porque el violín del silencio no tiene piedad, ni la tendrá... Es todo tan extraño... Siempre habrá fotos en las que no apareceremos. Pero también habrá palabras, discursos, símbolos que recojan los anhelos más profundos de aquellos que enseñan y aquellos que aprenden, que son los mismos. Jamás recuperaremos la humanidad si no miramos nuestros zapatos rojos. ¡Y claro que le hemos visto dejar el par de zapatos! ¡Todos lo hemos visto! Ha caminado despacio, guiado por el violín, y entonces, muy serio, se ha girado y nos ha dedicado un gesto inquietante...

viernes, 25 de noviembre de 2016

LA LLUVIA

   La lluvia arrecia por la calle Francos mientras la noche adormece la conciencia de ruina. Quizás haya humanos al otro lado de la oscuridad. Todo cambia, nada permanece, decía Heráclito. Y nada quedará, pensamos los habitantes de una ciudad clausurada, abatida por la desidia y el desconcierto. El agua fluye por el río de las miserias, el río del olvido. Tarde o temprano reconoceremos la mirada de los cimientos. Quizás sea tarde, entonces, para imaginar. La lluvia arrecia por la plaza Plateros, y los adoquines brillan con el esplendor de siempre, de antaño. Pero ya no habrá sitio para las comedias ni las tragedias. No lo merecemos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

VIENTOS MAGNÉTICOS

Marcel Duchamp
   Iconos laicos con poderes divinos nos esclavizan sin piedad. Y lo deseamos, claro que lo deseamos, con toda nuestra energía, consciente e inconsciente. Nadie quiere huir en un espacio curvo, enrevesado, quizás una espiral, quizás una ilusión. Inclinamos la cabeza a su paso, pero movemos los dedos, como signo de resistencia y libertad. Han logrado que compremos nuestras cadenas, eslabones de vanidad. Eludimos el horizonte, pero tampoco palpamos la tierra. Vida mental ceñida a lo concreto. Hileras de imágenes aturden nuestra conciencia. Y las deseamos, claro que las deseamos, como si fuese nuestra última oportunidad de comprendernos. Nada representa nada porque todo está dentro y todo transcurre en el espacio icónico. Extrañamiento como forma de ser, de casi estar. Vivir en la sociedad icónica es vivir atrapado en la red difusa. Administran los tiempos y aceleran los ritmos. Ni los instantes nos pertenecen. En la sociedad icónica es lo primero que se cede, para avanzar, para ir hacia el infinito. Nos han vuelto a prometer la eternidad y lo hemos creído. Omnisciencia, eso hemos recibido a cambio de los instantes. Todo lo sabemos porque nada nos sucede. Ya nada nos sorprende. Iconos laicos con poderes divinos arruinan nuestra existencia. Ya no hay acciones, porque de rodillas todo está repleto de presencias, de obstáculos, de espejos. Somos veletas que han olvidado que son brújulas.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

NOVENTA MEDITACIONES POÉTICAS

       La filosofía comienza con la admiración, decía Aristóteles., con una especie de conmoción intelectual, un reconocimiento de la ignorancia acompañado por un fuerte deseo de saber. Podemos sentir admiración ante la luz de las lejanas estrellas, la belleza de un acantilado, la estructura de una neurona o un texto literario. La filosofía de la literatura nace también de ese estado mental.
         En la novela “En la casa del padre”, José Manuel Caballero Bonald describe así una bodega: “Y había allí como una paulatina cerrazón del aire que parecía interceptar el desplazamiento de los cuerpos, y ese olor apelmazado y persecutorio, un olor prenatal a levaduras indescriptibles que podía acabar siendo absorbido por la piel, alojándose allí dentro para toda la vida”. Y continúa: “Ella avanzaba recelosa por esa penumbra todavía estacionada en algún sueño reciente, sintiendo por los muslos arriba el vapor del terrizo de albero hacía poco regado, oyendo acaso el jadeo del vino en los toneles, la pugna de los microorganismos trabajando en lo hondo de las criaderas”.
         El lector se queda pasmado ante esta escritura. Algo ha sucedido para que se detenga y lo relea varias veces. El lector dice: “¡Esto es literatura de verdad!” Suponemos, entonces, que hay literatura de mentira o falsa literatura. O al menos que existen textos que sólo son literatura en apariencia. A veces, la poesía parece que ha abandonado lo poético, y no nos referimos sólo a la rima y la métrica.
    
Miguel Parra
  Los intentos de definir lo poético o lo literario han terminado en un fracaso o en un tipo de tautología, literatura es literatura, es decir, un texto es literario cuando alguien lo califica de literario. Ni las formas ni los géneros vendrán en nuestra ayuda. Una frase de un prospecto de un jarabe puede ser un verso de un poema. El límite entre poesía y prosa hace tiempo que ha desaparecido. Lo mismo ocurre con las lindes entre realidad y ficción. La creatividad literaria está avanzando por todos los senderos posibles. Sin embargo, hay textos, como el de Caballero Bonald, que nos impresionan y nos detienen, y hay otros que no los consideramos poéticos, ni literarios, aunque entretengan…
         María Payeras Grau le preguntó a Bonald en una entrevista que cuáles eran los elementos que convierten a un texto en específicamente poético. El escritor respondió: “La palabra artística, la manipulación de la palabra con fines artísticos. Yo siempre he dicho que lo que no es barroquismo es periodismo, aunque conviene explicar un poco el término barroquismo. Me refiero a él, no como un método de complicación sintáctica o de acumulación de elementos de adorno superfluos en una frase, o de adornos léxicos y sintácticos, sino como búsqueda de unas palabras que realmente definan mejor que otras lo que tú quieres decir”. Y en “Desaprendizajes” lo muestra de forma poética: “¿A qué lectura se refiere entonces esa fundante jurisdicción de la escritura? No desde luego al campo informativo de los signos, no a la superflua urdimbre coloquial ni a la siempre indigente demanda de la trama, no a nada que no sea la nutrición interna del idioma, esa secreta actividad de las palabras que no depende más que de su capacidad penetradora en el solar de lo desconocido”.
         El lector se encuentra con poemas que carecen de ese ingrediente poético. Y no se trata de un mero aspecto formal, porque a veces leemos poesía que consiste en mezclar palabras raras o cultas, yuxtaponer frases, metáforas, comparaciones, todo un arsenal técnico que no nos dice nada. Cuando el barroquismo fracasa, se convierte en forma vacía. Otro tanto ocurre en la novela. Porque, obsesionados con el ritmo narrativo, algunos escritores abandonan ese decir poético que debe estar inserto en todo género literario.
         Una vez presté un libro de Luis Mateo Díez, quizás fuese “La fuente de la edad”. El lector me dijo que no le había gustado porque los personajes no hablaban como la gente de la calle… Otras veces me han dicho que un libro no les gustaba porque no pasaba nada. Quizás ya no se busque lo poético en los textos. Quizás se publique demasiado y no haya un trabajo adecuado sobre esa “nutrición interna del idioma”, esa “secreta actividad de las palabras”.
         Recomiendo dos libros recientes dedicados a estas cuestiones. El primero es “La singularidad de la literatura”, de Derek Attridge (Abada Editores, 2011). El segundo es “El demonio de la teoría. Literatura y sentido común”, de Antoine Compagnon. (Acantilado, 2015).

sábado, 22 de octubre de 2016

HURRICANE

   Podría haber sido campeón del mundo. Nadie lo duda. Aquellos tiempos heroicos... Tiempos en los que rellenas el pedido de Discoplay y con las prisas te equivocas. Tres cuerpos yacen en el suelo y te quieren echar a ti la culpa, por ser negro, por no ser como ellos. Y te llega el pedido. No es lo que esperabas. Porque habías encargado una camiseta, quizás de Eskorbuto o de Kortatu. Te interrogan y te encarcelan, por ser negro. Podría haber sido campeón del mundo. Pero no tengo reproductor de compact disc. Me ha llegado Desire. En la cárcel me consumo. Un tal Bob Dylan canta mi historia. Menos mal que Ángel tiene un buen equipo y me lo pasa a cinta, como decíamos entonces. Y escucho el lamento de Hurricane, y Mozambique, y Oh sister, y tantas historias. Podríamos haber sido los campeones del mundo, le digo a Taboada en El Gorila, pero nos tenemos que conformar con ser filósofos de verdad. Tiempos en los que el deseo y la razón se entremezclan de tal modo que tomas la mejor decisión de tu vida...

jueves, 20 de octubre de 2016

LABORATORIO Y RAZONAMIENTO ABSTRACTO

          Hace unos días aparecía en este periódico un artículo titulado “El Bachillerato pierde en una década el 11% del alumnado de ciencias”. A lo largo del texto, se analiza lo que está ocurriendo. Francisco Javier Pérez Cáceres, creador del programa PIIISA, lamenta el abandono de la formación práctica en los institutos. Los alumnos van muy poco al laboratorio. No ponen en práctica el método científico. Ésta sería una de las causas de la ausencia de vocaciones científicas.
         El programa PIIISA tiene como objetivo “mostrar a los estudiantes de secundaria qué es la investigación y cómo se realiza. Los estudiantes tienen la oportunidad de involucrarse en proyectos liderados por científicos de reconocido prestigio, y conocer de primera mano en qué consiste el método científico y cómo es el proceso de investigación, algo que les permitirá explorar su posible vocación por la carrera científica”. En la página web del programa (www.piiisa.es) leemos que el proyecto PIIISA surge de la colaboración entre la Delegación de Educación en Granada, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Granada (UGR).
         ¿Cómo llegan nuestros alumnos a la universidad? ¿Qué carencias cognitivas muestran los jóvenes cuando inician los estudios superiores? José Ramón Ramos Barrado, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Málaga dice en ese mismo artículo: “La percepción general es que los alumnos llegan cada día con peor nivel en Física y, sobre todo, en Matemáticas. No saben calcular, resolver problemas y lo que es más grave, no han desarrollado la capacidad del razonamiento abstracto. La ciencia se basa en la abstracción a partir de la observación de la realidad”. Y añade más adelante: "Es fundamental; la experimentación introduce rigor en la medida y el cálculo. Ahí se cultiva la simiente. Es el lugar donde se despierta el interés y la afición". 
Miguel Parra
         Razonamiento abstracto y experimentación. Abstraer es la capacidad que tenemos los humanos de separar, por ejemplo, una propiedad que tienen en común múltiples objetos. Somos capaces de captar la estructura formal de un objeto o de un proceso. Utilizamos variables, símbolos formales. Y reconocemos modos generales de argumentar. Así, pensamos a través de conceptos y construimos teorías. La experimentación, por su parte, implica primero pensar, elaborar hipótesis y luego saber qué aspectos de la naturaleza debemos transformar, medir y cuantificar. La precisión en la experimentación viene acompañada del rigor en el razonamiento abstracto y en la capacidad de utilizar conceptos, unidades de medida y, por supuesto, la matemática.
         Esta capacidad de razonamiento abstracto la desarrollamos a través de muchas materias: matemática, lógica, física, química, lingüística, dibujo técnico, filosofía, música, etc. En los criterios de evaluación de nuestras programaciones aparece reflejada esa importancia de los procesos formales y abstractos.
         Sin embargo, vivimos en una sociedad icónica, donde lo abstracto es sinónimo de alejado de la realidad, oscuro, estático y poco moderno. La sociedad icónica nos aboca a una vida mental ceñida a lo concreto. Hay imágenes hilvanadas a modo de narración, pero todo concreto. Hileras de imágenes, microhistorias que no van más allá de sí mismas. Aunque pudieran hacerlo, la velocidad con que aparece la siguiente evita que suceda. La velocidad de los datos nos impide despegar, elevar el vuelo del pensamiento. No nos dejan tiempo para separar, abstraer, ni para relacionar, generalizar, inducir o deducir. Lo concreto, sólo lo concreto.
         En esta sociedad icónica también se banaliza el concepto de observación. La experiencia fragmentada, sin teoría, nos entretiene, nos embelesa y nos paraliza. La experimentación en el laboratorio resulta una tarea muy tediosa: exige razonar antes de observar, imaginar antes de transformar, y volver a pensar tras anotar. La burbuja icónica, además, nos aleja de la naturaleza, de la complejidad de la materia, de la medición directa, y nos ofrece a cambio una ficción pasajera.
              Si se debilita nuestra capacidad de abstraer y de formalizar, también se apaga la creatividad, la capacidad de utilizar analogías y metáforas. Deberíamos reflexionar sobre el uso de la imagen en el aula. Las pizarras digitales nos ofrecen un potencial enorme. Y nos ahorran mucho tiempo. Aunque resulte más árido para el alumno, hay tareas que no deben desaparecer: escribir, pensar, leer, mezclar, pesar, medir, dibujar, calcular, argumentar, imaginar, formular hipótesis, formalizar, generar y relacionar conceptos…    

http://www.diariodejerez.es/article/jerez/2392086/laboratorio/y/razonamiento/abstracto.html

martes, 11 de octubre de 2016

DIMENSIONES

V. Tatlin
   El espacio del matemático, el espacio del físico, el espacio del químico, el espacio del biólogo, el espacio del neurólogo, el espacio del psicólogo, el espacio del sociólogo, el espacio del geógrafo, el espacio del filósofo y el espacio del artista. El espacio del constructor, el espacio del albañil, el espacio del deportista, el espacio del astronauta y el espacio del concejal. El espacio del preso, el espacio del enfermo, el espacio del pobre, el espacio del desahuciado, el espacio del refugiado, el espacio del viejo y el espacio del árbol...
   Celebramos que hemos ocupado todos los espacios, todos los continentes, todos los ecosistemas. Tras los símbolos de victoria vive agazapado el viejo presentimiento de la desgracia. Hemos ocupado todo y no queda nada libre de geometrías interesadas. Nadie tiene espacio. Ni la divisibilidad al infinito nos libra de esta penuria espacial que afecta a nuestra dignidad. Nadie tiene sitio. Todos se desplazan y huyen. Celebramos el desierto ocupado de la civilización. 
    La sociedad icónica nos ha regalado la omnipresencia estéril. Como espectros odiados en su mismna casa, extenuada, oikos cruel, vagamos entre las cuerdas, las redes que nos separan del topos primordial. Seres icónicos, seres errantes, esclavos del clic ortodoxo y heterodoxo, navegamos por el espacio ficticio de los miserables. No nos quedan continentes porque los hemos deseado desde una impostura existencial ciega. ¡Que retrocedan los barcos! ¡Que no crucen más océanos! ¡Ya hemos digerido todo el espacio!
  
    

viernes, 7 de octubre de 2016

LEVADURA

V. Tatlin
 Sabe el filósofo que la memoria es una especie de fermento, una levadura que te corroe, te aniquila si no oteas el horizonte de vez en cuando. Y no lo haces, porque el horizonte es una ficción. Atravesados por arcaicas enzimas, contemplamos la luz que equilibra las tardes, con aromas a roble y cernada. Porque nada escapa al poder de las levaduras. Hasta el calor, ¡quién lo iba a decir!, hasta el calor del horno regresa, como símbolo o como caricatura, pero vuelve y te invade... Sabe el filósofo que la memoria es una especie de fermento, un óxido que amenaza a la chatarra de tu pensamiento, a la vieja maquinaria, al ruinoso mecanismo de pensar, como decía Hölderlin. En algún recóndito rincón de tu cerebro habita, quizás dormida, aquella sensación, aquella experiencia que te define y te arrastra al abismo: una mirada, una palabra, un reflejo, un olvido, un deseo, un miedo... Mas sabe el filósofo que de ese rincón brota la enzima del pensamiento, de la vida y de la acción. Sabe que nos arrastra a un abismo tan necesario como irracional. De esa levadura se nutren los conceptos más elevados y los razonamientos más intrincados. Será cosa del hurmiento, dice Tejerina. Y no digo que no.

sábado, 1 de octubre de 2016

CLARO

 Claro que arremeten todos los vientos contra nosotros, en especial los que no nos dejan avanzar, los que tiñen el rostro de tristeza y convierten todo en un desastre. Son los vientos de la memoria. Pero nos movemos, entre los cuerpos, cientos de cuerpos que sí doblegan las fuerzas de los malditos vientos. Y respiramos, nos giramos. Vemos su silueta cruzar el umbral de todas las puertas. Vemos su gesto tras cada lección. Y a pesar de la terrible memoria, avanzamos y hablamos, protegidos por ellos, por ellas, por los seres que aprenden. Claro que arremeten todos los vientos contra nosotros, sobre todo los que susurran palabras nobles, como justicia o utopía, los que brotan de las pizarras. Pero el ruido vital nos envuelve y seguimos, nos giramos, y recordamos que ya nada será igual. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

NATURALEZA

Nadav Kander
  Oleaje, mucho calor, es el fin del mundo. No viene mal este recordatorio, como las nieves, las lluvias y los vientos. Sabemos que hay algo que hemos olvidado, algo esencial, pero no sabemos qué. ¿Es que nada nos asombra ya? ¿Es todo tan mediocre? Oleaje, mucho calor, es el fin del mundo. No viene mal pensar con el yo terroso, el del fango, y palpar las raíces del desbarajuste. ¿Es que no hay un logos detrás de todo esto? ¿Es todo tan terrible? Los acantilados se derrumban sobre nuestra desidia, y las corrientes nos empujan hacia el abismo. Somos seres acuáticos. Somos seres eólicos. Somos seres ardientes. Aparecerán monstruos terribles en la costa, engendros dañinos, y nosotros, los civilizados, lo grabaremos en vídeo para compartirlo.

lunes, 22 de agosto de 2016

AMASIJO INFORME

J. Pollock
   Quizás ya no sea necesaria la unidad formal de la obra para que se lleve a cabo la experiencia estética. Los fragmentos del yo moderno cristalizan en estructuras efímeras. El amasijo informe de identidades discurre por múltiples senderos, a veces paralelos, desdoblados, sin añorar cimientos sólidos. El verso libre, la mezcla de géneros, el arte abstracto, conceptual... Ráfagas de datos, amagos de lectura, frases ingeniosas, egos-burbuja, deslizamientos, cinismo, imágenes repetidas sobre la pared... El sujeto brota como un amasijo de carne, o mejor, de chatarra, restos de la vieja civilización... La unidad formal de una obra requiere la atención de un sujeto más o menos estable, un yo que unifique la experiencia y otorgue sentido al conjunto. La experiencia estética posmoderna desmenuza la realidad sin esperar recomponerla más tarde. Porque nace de un yo triturado. Leemos un verso, sin métrica, un fogonazo, belleza condensada. Quizás el verso aislado se presente como una entidad indivisible, pero el resto del poema es una cadena de vanos intentos de repetir ese instante de sentido. El poema como un todo existe, claro. El cuadro como un todo existe, claro. La escultura como un todo existe, claro. Existen como un eco residual de la intención del artista, de su trabajo. Para el receptor esa totalidad es algo secundario. Podemos trocear un lienzo o un poema, y no perderán nada. Habremos creado. 

jueves, 4 de agosto de 2016

HABLA

Basquiat
   El habla diaria se mezcla con tenedores y zapatos, con los asuntos prácticos y las relaciones personales. Transcurre en la calle y en el interior de las casas. Las palabras se tiñen de usos, de emociones, de experiencias: los objetos existen porque han sido tejidos con letras y entrelazados con frases. Pero hablar es siempre trasladar significados, de unos seres a otros, de unos contextos a otros. La novedad y la ignorancia nos han convertido en expertos del trasplante, para que el término ya usado estructure y alumbre, para poder decir. La poesía es el habla de las azoteas y los tejados, desde donde uno divisa las palabras con la distancia suficiente como para conectarlas o atravesarlas con la mirada. El poeta sabe que podemos jugar con el habla, retorcerla, y crear otros sentidos. Pero siempre desde mi casa, desde el hogar del signo, desde el yo terroso. La ciencia y la filosofía hablan desde el campanario, buscando el mapa de toda la realidad y olvidando la propia cocina. Surge el concepto, la clasificación y la ley. Observamos desde la nada, desde el vacío, para que el yo terroso se desvanezca. Vemos los seres, todos diferentes, todos ya iguales bajo el concepto, la esencia. Y cuando aparece lo nuevo, otra vez a trasladar, a cambiar los muebles de sitio. Nadie puede librarse del yo terroso, porque es quien decide qué es lo vital, es quien pide explicaciones: un logos.

sábado, 30 de julio de 2016

ESTO

   Esto es la vida, la realidad, algo terriblemente incomprensible cuando discurre por rutas inesperadas de dolor y tristeza. Sólo permanecen el recuerdo y el deseo de continuar su gran labor: abrir senderos de justicia y convertir esto, sea lo que sea, en algo habitable.

miércoles, 13 de julio de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: NO ES BUENO

   No es sencillo alejarse del sufrimiento innecesario. Nadie lo ignora. En el bosque la lucha es cruel, cierto. Una ética de roedores, naturalizada, lo tiene presente. Pero hay infinitos senderos. Y con la inteligencia y la sensibilidad somos capaces de crear otras formas de habitar el bosque, sin causar daño. Sabe el roedor que es posible. No se trata de prohibir senderos, sino de mostrar otros mejores, más bellos, más justos. Porque la hierba avanzará y cubrirá los viejos caminos de la crueldad, olvidados por la falta de uso. Sólo un verdadero esfuerzo creativo puede generar otras rutas entre la vida del bosque... No es bueno desear el sufrimiento de nadie: no es propio de roedores. La estrategia de la terrible pisada alimenta al gran dinosaurio: se infla de maleza turbia. No es bueno querer el dolor de nadie. No es justo, ni bello. Para abrir nuevos senderos necesitamos, más que nunca, la ayuda de esa razón sintiente, de carne y hueso, vital, la que todos tenemos... No es bueno el sufrimiento innecesario, de nadie.

martes, 14 de junio de 2016

PIRUETAS EN EL VACÍO

           Cualquier definición de cultura resulta insatisfactoria, bien por ser demasiado general, bien por dejar fuera ciertas actividades humanas. Lo mismo ocurre con el término “intelectual”, a veces ambiguo, vacío o contradictorio. En campaña electoral, todos los partidos se preocupan por la cultura. Y todos quieren la opinión favorable de los intelectuales.
         En sentido antropológico, la cultura abarca casi todas las dimensiones humanas. Se trataría de una forma de vida, un sistema de creencias, valores y normas, transmitido mediante el aprendizaje social. Las lenguas, la manera de cocinar, las canciones, la poesía, los juegos, las relaciones de producción, las ciencias y las técnicas, todo ello cabría en este concepto amplio de cultura.
         Hay diferentes culturas porque hay diversos modos de adaptarse al entorno. Tradicionalmente se ha dicho que la cultura nos eleva por encima de la naturaleza. Algunos han llegado a ver una oposición entre naturaleza y cultura. El cuerpo, con sus mecanismos e impulsos, sería el ámbito de la naturaleza, de lo determinado y necesario. Los seres humanos, como entes físicos, transmitimos información a las siguientes generaciones, con los genes. Sin embargo, el desarrollo del lenguaje, la capacidad simbólica, la vida en sociedad y la racionalidad, nos permitirían vivir en otra dimensión de lo real, constituida de palabras, fórmulas, conceptos, imágenes, melodías, normas,.. Sería el ámbito de lo indeterminado, de la libertad y de la dignidad humana. La información que transmitimos por aprendizaje social es, por tanto, de otro tipo.        
Miguel Parra
      Pero, desde un enfoque naturalista, la oposición entre naturaleza y cultura queda hoy disuelta. Nuestra racionalidad, práctica y teórica, sería fruto de la selección natural. La naturalización de la cultura implica comprenderla desde el azar de las mutaciones, los factores de un entorno concreto y la lucha por la supervivencia. Todas las actividades culturales estarían conectadas con facultades que han surgido por esa selección natural. Es un enfoque inmanente: las capacidades cognitivas son propiedades de un sistema nervioso, que funciona en un ente vivo.
         Desde un punto de vista más reducido, el término cultura hace referencia a la ciencia, la literatura, la pintura, la música, la filosofía, el teatro, etc. Algunos utilizan el término “alta cultura” para hablar de esas disciplinas. El trabajo de un herrero o de un alfarero quedaría, quizás, fuera de esa “alta cultura”. Los intelectuales, si es que existen, pertenecen a ese ámbito excelso. Son profesionales, expertos en una disciplina, pero con un dominio considerable de los principios básicos de todas las demás. Poseen una visión crítica y global de la sociedad. Resaltan por su amor incondicional a la verdad, la justicia y la libertad. También destacan por la prudencia de sus palabras, el tono dialogante y una incansable lucha contra la opresión y las miserias humanas. Su compromiso les lleva a arriesgar sus carreras, a enfrentarse al poder establecido y a criticar a sus propios amigos y camaradas, si la verdad lo requiere.
         Dicen los intelectuales que nuestros representantes deberían tomarse en serio la política cultural y educativa, ya que es esencial para el futuro de la sociedad española. No vendría mal contar, dicen, con un proyecto educativo para varias décadas. Y que hubiese tiempo para que la comunidad educativa pusiera en marcha dicho programa, con la participación y el consenso de todos los sectores… Deberíamos exigir a los futuros gobernantes que bajen el IVA cultural; que mejoren la programación de los medios de comunicación de carácter público; que los museos sean todos gratuitos; que el cine, el teatro y la ópera reciban las ayudas necesarias para que los precios de las entradas no suban; que se proteja al sector del libro con una ley seria que defienda los derechos de autor y acabe con la piratería; que los jóvenes científicos puedan seguir trabajando en laboratorios españoles; que se mejoren las relaciones entre la empresa y la universidad; que se fortalezca el sistema de becas de investigación; que los deportes minoritarios obtengan la atención que merecen…
         Hay muchas razones para preocuparse por la cultura. Además de generar riqueza y puestos de trabajo, nos convierte en seres más sensibles ante la belleza y ante las injusticias. La literatura, la escultura y las matemáticas nos dan un placer intelectual que tiene valor en sí mismo. Y nos permite resistir de forma crítica ante la irracionalidad y los abusos de poder.

miércoles, 11 de mayo de 2016

MECANISMOS ILUSOS


          Los problemas filosóficos verdaderamente apasionantes son aquellos que nos obligan a conectar diferentes áreas del conocimiento y la reflexión. Aunque la relación entre el determinismo y la libertad es uno de los asuntos más viejos, sigue atrayendo la atención de la comunidad filosófica y científica. Es uno de esos temas transversales que podrían estructurar todo un currículum.
         Somos conscientes de que tomamos decisiones y elegimos. De hecho, los existencialistas llegaron a decir que estamos condenados a ser libres. Nadie niega que tengamos esa sensación, bastante fuerte, de tener que construir nuestras vidas cada día, cada momento. La libertad se presenta como una condición necesaria de la moral, de la responsabilidad. Si atribuimos hechos a personas, aciertos y errores, es porque consideramos que han tomado decisiones libres.
         Sin embrago, esta sensación choca con la imagen del mundo que nos ofrecen las ciencias. El universo, para la física clásica, es un sistema compuesto por partículas y gobernado por ciertas leyes, conocidas. Según este modelo, el estado de un sistema en un momento dado determina el estado siguiente. Si conociésemos la posición de todas las partículas en un momento concreto y aplicásemos las leyes físicas, podríamos predecir todo el futuro del sistema, todos los estados del universo. Podríamos predecir en qué lugar va a estar una partícula concreta. Y los objetos, las cosas, como son compuestos de esas partículas, quedarían igualmente determinados.

Miguel Parra
         Con la física cuántica y la teoría de la relatividad esa imagen del cosmos ha variado. Pero sigue habiendo leyes físicas, aunque sean de carácter probabilístico. Que a nivel micro reine la incertidumbre y la probabilidad no significa que no existan leyes que permitan explicar cómo un estado de la materia pasa a ser otro diferente. También, en este caso, nuestro presente viene condicionado por los momentos anteriores de la realidad material.
         Los seres humanos somos seres materiales, por lo tanto formamos parte de ese sistema de partículas. Si todo hecho tiene una causa, nuestras acciones también. Las decisiones que tomamos, dicen los deterministas, están causadas por los estados anteriores de la materia. Sucede lo que necesariamente tiene que suceder. Somos parte de un gran mecanismo. Y la libertad es una ilusión. Esta sensación tan fuerte de libertad habría surgido gracias a la selección natural. Los sistemas vivos que tienen la sensación de dirigirse a sí mismos se relacionan mejor con el entorno y sobreviven.
         En este tema no hay que confundir el plano epistemológico con el ontológico. Nunca podremos conocer la situación de todas las partículas del universo, ni siquiera de una región pequeña. Desde el punto de vista epistemológico, por lo tanto, el determinismo no tiene relevancia para la libertad. Para sistemas acotados, para explicar propiedades de la materia, etc., sí es suficiente con el conocimiento que manejamos, con los modelos. Pero, aunque no conozcamos las posiciones de todas las partículas, unos estados de la materia causan otros. Nuestra conducta está causada ontológicamente, aunque epistemológicamente no la podamos predecir.
         Spinoza decía que si la piedra al caer, movida por la fuerza de la gravedad, fuese consciente, quizás pensaría que es ella la que está decidiendo caer. Los deterministas disuelven el concepto de libertad y lo transforman en un engaño, una ilusión. La conciencia, también material, genera la sensación de iniciar acciones, pero realmente sólo se trata de acompañar a las verdaderas causas materiales.
         Hay diferentes estrategias para hacer compatible el determinismo con la libertad. La primera se basa en decir que el ser humano decide con el alma, que no es material y no está expuesta a las leyes de la materia. La segunda, sin abandonar el materialismo, consiste en hablar de diferentes niveles de organización de la materia y de diferentes niveles causales. Habría propiedades emergentes que, aunque dependientes de las propiedades de las partículas elementales, presentarían esa forma de organizarse que llamamos libertad, decisión, etc. Siempre nos queda la duda de cómo es posible que en un nivel alto de los sistemas se inicien secuencias causales que no vengan determinadas desde abajo… Claro que a lo mejor un sistema determina varias posibilidades. Y lo que llamamos elegir es la selección de una de ellas… 

         Quien desee profundizar en estos temas puede leer el artículo “Libertad, determinismo y responsabilidad moral”, de Carlos J. Moya, de la Universidad de Valencia. Es un capítulo dentro de la obra colectiva “Cuestiones de metafísica” (Tecnos  y la Sociedad Española de Filosofía Analítica, 2015).

viernes, 22 de abril de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: LOS LIBROS

Fyodor Petrovich Tolstoy
   Pocos libros había en la casa de un panadero: la enciclopedia Álvarez, Cuentos a media tarde, una diccionario escolar y las aventuras de Ulises ilustradas. Hay días que pienso que fueron pocos y hay días que pienso que fueron demasiados. De la enciclopedia recuerdo los dibujos esquemáticos y la historia sagrada. Mi padre me lo leía como si fuese algo importante, algo que debía realizar un panadero a las nueve de la noche, habiéndose levantado a la cinco de la mañana. No me acuerdo de nada. Quizás de Isaac o Moisés ¡Qué más da! Aquella enciclopedia, extraña, comida por los roedores, malditos roedores, siempre igual... contenía todos los saberes de una humanidad perdida... Y luego llegó Ulises, el inteligente, el que sabe utilizar la astucia, el del caballo de Troya, el del arco, el que llega a casa y tiene que liquidar a los pretendientes. Imágenes difusas de un libro descosido que trae enseñanzas nobles, diría Nietzsche. Pocos libros había entre la harina y la amasadora. Poca erudición dejaban el horno y la leña. Mas sabe el roedor que basta una palabra, sólo una, para resumir todo el universo, todos los significados, basta una palabra, si fue bien dicha al calor del horno. Y sabremos los roedores que, tras años de estudio, todo estaba en el trillo, la cuadra o el horno. Por eso leemos, para recuperar aquellas ascuas...

viernes, 15 de abril de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: TUYA

   ¡Todo fue hace tanto tiempo...!  La memoria es algo muy extraño. Vemos y no vemos. Sentimos y no sentimos. ¡Todo fue hace demasiado tiempo...! Somos para recordar, nada más. A veces imagino cómo querré recordar lo que estoy viviendo. El método es sencillo. Una canción, una imagen, el canto de un pájaro, los colores de una planta... Todo vale, si queremos predecir la nostalgia. ¡Recordaré esta brisa en mi cara! ¡Recordaré las caras de mis hijas! Sabemos que todo fue hace demasiado tiempo. Y nosotros, los de ahora, queremos construir nuestra nostalgia... Recordaremos,
Nadav Kander
quizás en el último instante, aquellos reflejos ingenuos del mundo, los que son más comunes. Recordaremos una palabra, una mirada, o el recuerdo de una palabra o una mirada. La única tarea que tenemos es preparar esa última imagen, la que resume todo y nada... No hay pócima secreta. No hay fórmula matemática que sirva para definir ese instante supremo, ése que todos viviremos o moriremos... Tenemos toda una vida para querer ese último bosquejo. Y arrastraremos los deseos de nuestros padres, de nuestros abuelos... ¡Todo fue hace tanto tiempo, que parece hoy, ahora, cuando escribo y tú lees! Sabe el filósofo que la memoria es un invento terrible, apasionante y cruel, un invento de los roedores para sobrevivir entre los musgos... ¡Construye tus recuerdos, roedor! Y volveremos, en el último momento, a sentir aquellos ojos, aquellas manos, aquel olor, aquel calor, aquellas lágrimas! ¡Sé libre y construye tus últimas imágenes! Porque el espacio y el tiempo son creaciones de tu deseo, recovecos de una existencia azarosa y contingente. Pero la última imagen, la última sombra, por favor, ¡que sea tuya!

martes, 12 de abril de 2016

CULTURA CIENTÍFICA ILUSTRADA

         Dentro de unos días tendrá lugar la cuarta edición de la Feria de la Ciencia en la Plaza del Arenal. Sin ánimo de exagerar, cabe afirmar que es una de las actividades educativas más importantes del curso. O mejor: es una de las principales actividades culturales de la ciudad. Es un proyecto en el que trabajan alumnos, profesores, instituciones educativas, científicas y políticas. Además, la feria contagia entre la población el amor al saber, basado en la razón y la experiencia, un saber que nos debería alejar de la superstición, los fanatismos y las injusticias.
Miguel Parra
         Hoy se habla de “cultura científica” para hacer referencia a ese conjunto de conocimientos básicos que todo ciudadano debería poseer si quiere desenvolverse con soltura en nuestras sociedades. Porque nadie puede ignorar que habitamos un sistema tecnológico en el que ciencia, tecnología y sociedad forman un entramado complejo. Lo que no está claro es cuánta ciencia necesita conocer un ciudadano y cómo hay que comunicar esos contenidos.
         Determinar qué teorías científicas son básicas implica saber qué estructura tiene la comunidad científica y qué función cumplen las diferentes disciplinas. Los proyectos de investigación necesitan financiación… Todas las áreas de trabajo se presentan como vitales ante el ciudadano. Por otro lado, comunicar la ciencia, divulgar las teorías y métodos, no es tan fácil como se pensaba. Hay muchas formas de divulgar, tantas como medios para transmitir información. Todos los géneros literarios sirven para enseñar. El ensayo de divulgación y las revistas tradicionales son de sobra conocidos. Pero también sirve el cómic, el teatro, el cine, los monólogos, la poesía, los relatos de ficción, la animación, la pintura, la escultura y todo el arte conceptual... Cuando los alumnos exponen un experimento en la feria, están representando una pequeña pieza teatral, con un guión, un escenario y un público al que hay que enseñar y entretener…
             Uno de los géneros que puede dar mucho de sí a la hora de hablar de ciencia es el cómic y la ilustración. Los aficionados a los tebeos y las artes gráficas saben que existen en esos campos grandes creadores. Si visitamos una librería, comprobaremos que las viñetas y la ilustración creativa están entrelazándose con todos los géneros y abarcando todas las temáticas. Voy a mencionar tres buenos ejemplos.
         “Enigma. La extraña vida de Alan Turing”, publicado por la editorial Norma, es una biografía en cómic de Francesca Riccioni y Tuono Pettinato. La vida de este matemático contiene muchos episodios apasionantes. Sus trabajos en teoría de la computación hicieron posible el surgimiento de los primeros ordenadores y el final de la Segunda Guerra Mundial. Su personalidad da mucho juego a los guionistas. El segundo ejemplo es un proyecto que nació en la red y que tiene como lema “Una única cultura”. Se trata de Principia, una revista de divulgación científica que utiliza muy bien la ilustración y el diseño como vehículos para hablar de asuntos científicos y tecnológicos actuales. Han realizado dos números en papel. Son textos muy cuidados. No son largos ni complejos. La maquetación y las ilustraciones convierten estos dos números en verdaderas obras de arte. Por último, más allá de la divulgación, les recomiendo la serie “Los proyectos Manhattan”, en Planeta DeAgostini, tramas de ficción con la realidad tecnológica y científica de fondo: “¿Y si el departamento de investigación y desarrollo creado para construir la primera bomba atómica hubiera sido la tapadera de otra serie de programas más inusuales?” 
         Divulgar es una tarea arriesgada y creativa. Los riesgos más comunes son: la excesiva simplificación de los contenidos; convertir la ciencia en un espectáculo vacío; quedarse sólo con lo anecdótico y llamativo; utilizar mal las metáforas; deformar al simplificar; olvidar la metodología; no cuestionar los proyectos; no fomentar el escepticismo; convertir la divulgación en propaganda… El ideal sería una comunicación crítica, participativa y rigurosa de los proyectos de investigación. Es fundamental que los propios científicos se impliquen en las tareas de divulgación científica. La imagen que tenemos de la ciencia se aleja, en la mayoría de los casos, de las prácticas científicas reales. Si somos conscientes de cómo y para qué se llevan a cabo los proyectos concretos de investigación, podremos participar en la política científica y tecnológica de nuestras sociedades.

sábado, 9 de abril de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: CREA UN MUNDO


Escher
 No olvides que la escritura es algo muy serio. Cada palabra es importante. No debemos ignorar de dónde proceden lo significados. Si olvidamos las palabras pronunciadas por nuestra madre, habremos obstruido los canales del sentido. Escribir es algo muy serio. Recuerda que naciste entre palabras, arropado por el calor de las emociones. Porque no hay palabra neutra: no hay escritura vacía de mundos. Y los dinosaurios quieren tus palabras, las quieren decir. Y si las dicen, no son tuyas. Y tus miradas les pertenecen. Escribir es algo muy serio, así construimos nuestros mundos o conservamos los que una vez tuvimos. ¡Que no te arrebaten tus sombras! Si la pisada del dinosaurio es terrible, no esperes la próxima. Habla y escucha la voz de los roedores. Los mundos, hechos de materia, son narrados con palabras. ¡Pero hay muchas formas de narrar estos mundos tan terribles! Si no describes los musgos tú, roedor, otros lo harán, los de la terrible pisada, los del capital, los de las cuentas en la montaña. No olvides que la escritura es algo muy serio. Hay palabras que hablan de la justicia y de la libertad. Si no las utilizas tú, roedor, serán tu última palabra... Hablar es construir. ¡Que no hablen por ti! Esconderse implica esclavitud. Ni el gran dinosaurio ignora esta verdad...

viernes, 1 de abril de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: LO REAL

Escher
 Todo transcurre como un día normal, como cada tarde, hasta que uno se da cuenta de que hay novedades, claro. Tenemos una máquina nueva de pinball y un individuo que quiere rellenar la hoja de reclamaciones porque le han cobrado uno setenta por una copa de fino. El universo es misterioso, extraño, complejo. Los físicos y los cosmólogos están a años luz de esta realidad. No necesitamos un acelerador de partículas para comprender la esencia de un mundo como el nuestro, lleno de ramajes y musgos. Nuestra normalidad es digna de estudio. Echo una partida en la máquina, luego otra y otra... Extraño universo de bolas de acero desplazándose entre enrevesados mecanismos, con luces y sonidos embaucadores... Es lo real...  Todo transcurre como un día cualquiera, sí, como esos días en los que el tiempo se diluye o se disuelve. ¿De dónde ha salido ese individuo que rellena la hoja de reclamaciones? ¿Será de este mundo cruel? Sabe el filósofo que estos casos son especiales, ajenos a toda ley, a toda categoría. Ni la metafísica ni la física podrán dar cuenta de estos hechos, quizás la psicología... Echo otra moneda y el mismo resultado. La máquina es cruel, siempre. Sabe el roedor que la máquina es terrible y que acabará con cualquier pensamiento.

miércoles, 23 de marzo de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: GRAMÁTICAS

Nadav Kander
   La nieve reseca en las peñas anuncia tiempos oscuros. Porque el viento helado agrieta cualquier sendero de la razón. ¿Sabremos huir de este tenebroso laberinto? El roedor jamás comprenderá la lógica de los grandes dinosaurios. Ni debe intentarlo. Quiere la bestia que vivamos en su laberinto y aceptemos su bucle de falacias. No hemos aprendido a huir lo suficiente... Nos falta imaginación para generar otras gramáticas ajenas a los grandes bichos. De sus batallas en la montaña sólo obtendremos pisadas, las pisadas de siempre, las que ha recibido el aturdido roedor desde que el bosque es bosque. ¡Que nadie acepte su lógica! Sabe el filósofo que necesitamos una gramática de la huida. Si nos enredamos en su laberinto todo se oscurecerá y la nieve reseca de las peñas jamás se derretirá.

sábado, 19 de marzo de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: ESTATUAS

Nadav Kander
    Recuerda que las estatuas son de madera y que el brillo no es oro. Y que la madera viene de los árboles del bosque, del maldito bosque. Hace tiempo que se olvidó todo esto. No somos capaces de ver la savia y los nudos. Nos asusta el roble y tememos a la encina. No queremos saber nada de la madera, ni de la materia... Recuerda que todo es un invento. Ni las lluvias pueden con la imagen que uno tiene del cosmos... Soportar el peso de las falsas imágenes no es agradable para un ser racional. Arrastramos el peso de aquello que nos humilla como si fuese nuestra mayor hazaña. Y otros, los dinosaurios, duermen tranquilos allá en la montaña, porque los roedores se entretienen con luces y viejas maderas. Nada hay tan terrible como el olvido: la madera procede de los troncos del viejo bosque. Y los miedos se esconden entre los musgos.... Recuerda, humilde roedor, que todo este teatro nace de tus miedos, de tus miserias... Recuerda que las estatuas jamás hablaron ni pensaron. Sabe el filósofo que la desidia del pensamiento se concentra en los ritos...