ROEDORES DE FILOSOFÍA

viernes, 31 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXIII: FALSOS DINOSAURIOS

    La escisión de los roedores se produjo cuando algunos quisieron ser los mejores, los más parecidos a los dinosaurios. Idearon mil formas de parecerse a esos bichos grandes y pesados. Y lo consiguieron. Surgió un grupo de roedores que se comportaban como dinosaurios. Con sus patitas golpeaban el suelo, como si fuesen horribles pisadas de dinosaurios. Los demás roedores se acobardaron al principio, porque no disponían de esas habilidades de dinosaurio. Pronto surgieron los que vendían habilidades de dinosaurio. Y el que no podía pagarlas era excluido, sin miramientos, por debilidad, porque sí. Los roedores-dinosaurios comenzaron a criticar a los malditos roedores por ser sólo malditos roedores, y punto. Mientras, los verdaderos dinosaurios se dedicaban a disfrutar de sus privilegios de grandes bichos, ya que del trabajo sucio se encargaban los roedores-dinosaurios. Jamás pensaron los viejos dinosaurios que iban a recibir semejante ayuda de los pisoteados roedores. Y en algunas zonas boscosas, los roedores se devoraron entre sí, sin piedad. Hasta los grandes dinosaurios se asombraron ante tanta vileza, tanta crueldad. Entonces, los roedores a secas, los de siempre, los que son pisoteados por los verdaderos y los falsos dinosaurios, lloraron, durante jornadas enteras, lloraron. 

RESISTENCIA CHECA

    En los cuadernos del crítico de arte Max Zoster, hallados en 1995, encontramos una entrada que narra sus conversaciones con Zátopec, con el que coincidió en el Cross de Lasarte de 1968. Antes de ser atrapado por los periodistas y la multitud, el corredor le susurró: “En este país está el secreto de mis victorias”. Intrigado, cuenta Zoster, investigó en los archivos cuándo había viajado a España Zátopec. Ni rastro. Menos mal que en un congreso de escritores pudo hablar con Echenoz, que le enseñó una copia de una postal del deportista checoslovaco enviada desde Jerez de la Frontera a su mujer: “Corro aquí mejor que nunca. Los del ejército saben lo que hacen. Correr aquí, entre los vapores del brandy, tonifica mis músculos y mi espíritu.” 

jueves, 30 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXII: ASFIXIA

    Se asfixia el roedor porque hace demasiado calor o porque el aire está saturado de falsas palabras. No lo sabe exactamente, pero se asfixia. ¿Será la respiración profunda de los dinosaurios la causa? ¿Acabará con ellos este calor? ¿Provocaron los dinosaurios esta densidad de sílabas irrespirable? No lo sabe exactamente, pero se asfixia. Tanta densidad de palabras falsas no puede traer nada bueno a los roedores. Es una trampa mortal. Quizás haya que taparse los oídos para avanzar entre las miserables pisadas de los dinosaurios. ¿Cuándo llegará la gran piedra del cielo? ¿Nadie tiene misericordia de estos pobres roedores asfixiados? ¿Nadie ve que este ruinoso mecanismo de pensar los aniquilará? Sabe el roedor que la utopía del silencio alimenta sus entrañas. Y que la única forma de resistencia consiste en diluir esa densidad húmeda que lo envuelve. Sabe que debe roer palabras todos los días, para hacerse un sitio y ver venir las peligrosas pisadas de los dinosaurios. No doy abasto, dice el maldito roedor. Callad, que no doy abasto, dice el pobre.

domingo, 26 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXI: REFUGIOS

   La escritura es el único refugio seguro para el roedor, porque habitar el espacio que brota de la escritura aporta esa necesaria ilusión de libertad. Todo lo demás, lo que no es escritura, es inclemencia. Max Zoster decía que las líneas del dibujo le servían de techo ante las tempestades. Si leemos mil veces una línea, un fragmento de nuestro libro preferido, es para ocultarnos. Si contemplamos el cuadro del mejor artista o escuchamos la mejor composición, es para mimetizarnos, escondernos y huir. La escritura es un territorio, nuestro territorio. Se trata de un continuo, pensamiento-escritura, una cristalización espacial y temporal. Y es un refugio dinámico: nuestros senderos de creación. Todas las artes generan espacios de pensamiento, espacios de posibilidades. Pero no hay que olvidar que todo es materia y que los senderos de creación también son materiales, de gran complejidad física, pero materiales. No hay otras dimensiones. Incluso el pensamiento, las ideas, pertenecen a lo único que existe, protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas, neuronas, neurotransmisores, cerebros, cuerpos, grupos, explotadores, explotados, clases sociales... Los significados de los símbolos que utilizamos son configuraciones materiales. Pintar, escribir, tallar, construir, dibujar, cantar y bailar son actividades físicas. La escritura es un refugio construido con cartones y madera vieja. Es un refugio que huele a humedad, a cobijo para días de lluvia en la niñez. Es áspero y con esquinas cortantes, pero da seguridad y sensación de libertad. La escritura es una actividad que juega con el infinito, por eso todo es posible. Uno puede hundirse en la soledad de la escritura rodeado de los mejores. Incluso puede reconstruir todo el universo dentro de ese espacio propio, único.
  

lunes, 20 de octubre de 2014

¡RESISTENCIA Y DIGNIDAD A PESAR DE TODO!


      Quizás ésta sea una huelga total, la huelga perfecta: contra todos, contra el gobierno central, contra el gobierno autonómico, contra los sindicatos, contra la Marea Verde, contra nuestra ingenuidad, contra nuestro idealismo, contra nuestras excusas, contra nuestro ombligo, contra nuestro narcisismo, contra nuestra clase social, contra nuestros privilegios, contra nuestra falsa conciencia, contra el capitalismo, contra la democracia representativa, contra las falsas expectativas, contra los circos, contra los carnets, contra los medios de comunicación, contra mi insolencia, contra mi soberbia, contra mi ingenuidad, contra las apariencias, contra la pérdida de tiempo, contra la pérdida de la razón, contra todo.  

¡RESISTENCIA Y DIGNIDAD A PESAR DE TODO!
                                             

viernes, 17 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXX: SENDEROS CIRCULARES

   Sabe el roedor que es difícil escarmentar, incluso en cabeza propia, y que volverá a ser débil. Volverá a pensar que es posible atrapar al dinosaurio si se reúnen todos los roedores. Seguro que volverá a pensarlo. Será tan débil como lo fue ayer. No escarmienta: sólo podemos huir de las pisadas de los terribles dinosaurios. Porque la condición de roedor no da para más. ¿Sabrá el roedor que todas sus reflexiones son un débil humo que se pierde entre los bosques? ¿Sabrá el roedor que los dinosaurios desconocen su insignificante existencia de roedor, de maldito roedor? ¿Sabrá que hasta las mejores intenciones y las mejores ideas serán aniquiladas por la indiferencia del gran dinosaurio? ¿Por qué recorre, entonces, esos senderos circulares? Nadie lo sabe. ¿Pensarán los dinosaurios que son senderos utópicos y optimistas? ¿Lo pensarán los demás roedores? ¿Es que tiene este roedor alguna esperanza de atrapar al dinosaurio y roerlo? Nada de eso. No escarmienta el roedor porque sus senderos sólo son otra forma de huida, como la de cualquier roedor. Al roedor sólo le resta escapar, no parar de roer a toda velocidad. Si se detiene, será aplastado por el gran dinosaurio que todo lo absorbe. Jamás escarmentará porque no hay otra posibilidad. Pero sabe el filósofo que cuando el roedor levanta su nariz y olisquea el ambiente, en ese instante, el roedor diluye el maldito tedio, el maldito aburrimiento con el que nos rocían todas las mañanas los peores dinosaurios, los que habitan en nuestras mentes...

martes, 14 de octubre de 2014

ARTE Y COMPROMISO ÉTICO

        Tan difícil es ser creativos como reconocer la creatividad. En el contexto actual del arte, carente de un conjunto de normas preciso, parece que todo vale, que cualquier objeto es una obra de arte y que cualquiera es un creador. No es fácil identificar a los verdaderos artistas, sobre todo en las artes plásticas. Hay muchas anécdotas al respecto. Así, en más de una ocasión, los encargados de la limpieza de los museos y galerías, queriendo hacer bien su trabajo, han retirado o modificado una instalación muy valiosa. Y luego su error ha sido aprovechado para ensalzar lo originalidad del incomprendido artista. Además, resulta llamativo el silencio estético que suele predominar en las exposiciones de arte abstracto: parece que nadie se atreva a emitir un juicio sobre lo que observa.
         Para explicar por qué un cuadro vale millones de euros o por qué una instalación con restos de basura es una obra artística, necesitamos hablar no sólo de Estética o Historia del Arte, sino también de Economía y Ética. El arte contemporáneo requiere ser abordado desde diferentes disciplinas, en todas sus dimensiones. Félix Ovejero Lucas ha escrito un libro que reúne estos requisitos: “El compromiso del creador. Ética de la estética”, editado por Galaxia Gutenberg, septiembre de 2014. Doctor en Ciencias Económicas, es profesor de Filosofía Política y de Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona. Con herramientas conceptuales de esas disciplinas, el filósofo analiza un hecho inquietante: en el arte actual todo vale y no hay reglas para diferenciar lo bueno de lo malo, ni siquiera para definir el arte.
         El trabajo de los científicos sirve de modelo de actividad en la que sí hay reglas y criterios para establecer lo que funciona o no. La consistencia o la contrastación experimental permiten a la comunidad científica saber si merece la pena mantener una hipótesis o una teoría. En el arte no hay criterios objetivos de ese tipo. La comparación que hace el autor ayuda a perfilar los rasgos de dos actividades muy diferentes, la del artista y la del científico.
         Si no hay criterios estéticos para delimitar el fenómeno artístico habrá que recurrir a su dimensión económica. Dado que buen arte es para muchos lo que se vende, entonces tendremos que analizar el mercado del arte. Las herramientas de teoría económica son muy útiles para ver qué tipo de mercado es éste del arte y qué tipo de mercancía se ofrece. Si, de entrada, sabemos que no existen mercados perfectos, donde funcionen las leyes puras de la oferta y la demanda, y que el mercado no siempre garantiza que sobreviva el mejor producto, menos nos tiene que extrañar que el mercado del arte funcione con unas leyes muy peculiares: unos pocos deciden qué es bueno; y nos dicen que es bueno porque se vende y está cotizado; pero se vende porque ellos han dicho que es bueno…
         ¿Por dónde seguir? Las definiciones esencialistas de arte y belleza no parecen ser ya pertinentes. De hecho, el concepto de belleza se ha diluido tanto que raras veces significa algo concreto. El arte conceptual abrió las puertas de par en par. Cualquier definición de arte, al modo tradicional, es decir, que hable de armonía, simetría, etc., resulta lejana, muy restrictiva, ante una instalación actual. Nos queda la definición institucional: arte es lo que las instituciones y la comunidad de creadores dicen que es arte.
         ¿Podremos realizar un análisis desde la ética? El autor revisa las principales teorías acerca de la relación entre la ética y la estética. Un recorrido que le lleva desde el autonomismo formalista, que dice que la obra no hace referencia a ningún contenido externo, hasta las teorías que destacan la conexión entre belleza formal y bien moral o aquellas posiciones que consideran las obras artísticas como minas de ejemplos morales y situaciones prácticas, tan útiles para desarrollar la prudencia.
         Quizás la obra de un artista tenga algo que ver con su compromiso intelectual por alcanzar la verdad, la libertad, la belleza o la perfección técnica. Quizás la trayectoria importe. Quizás el sendero creativo que inicia un artista pueda ser juzgado desde el compromiso ético con su obra. Quizás importe la sabiduría técnica y la sabiduría ética. El compromiso ético con su trabajo es condición necesaria, aunque no suficiente, para que la obra sea buena. ¿Cómo reconocer la autenticidad de ese compromiso? La educación estética tendría como objetivos prioritarios: enseñar a reconocer y manejar las técnicas y los estilos; y enseñar a reconocer el compromiso ético del creador. El ciudadano, en una democracia participativa, exigiría rigor técnico y compromiso creador a la hora de establecer programas culturales con fondos públicos.

viernes, 3 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIX: LA PACIENCIA Y EL ESTILO

  Es difícil ser paciente y mirar hacia atrás, los senderos recorridos, para saber si merece la pena volver a pisarlos. Nadie nos ha adiestrado en esa técnica tan provechosa. La mayor parte del tiempo, dice Miguel Parra, lo dedico a observar el lienzo, lo que llevo pintado,  para saber lo que es bueno y lo que no, lo que hay que conservar y lo que no.  Si la vida es una cuestión de estilo, habrá que aprender a observar nuestros gestos, los más insignificantes, y luego decidir si merece la pena que se repitan, como diría Nietzsche. Porque la ética de roedores es una ética del estilo: no hay ética sin estética; no hay acción sin creación. Y vivir es percibir, y pensar, y saber que todo es un continuo, y que vivir con estilo es crearse a uno mismo, y que no hay otra forma de huir de los dinosaurios y sus pisadas demoledoras, y que las metáforas son el recurso de la libertad, y que todo podría haber sido de otra manera. Volvamos a mirar el lienzo. Ya vemos los defectos, ya vemos lo que somos. Volvamos a mirar el lienzo. Ya sabemos lo que no queremos ser. ¡Cuánta paciencia! Menos mal que el roedor no tiene prisa, ninguna, y rodea el caballete y mordisquea las patas y prueba los óleos, y corretea con alegría entre los trastos olvidados del artista...

miércoles, 1 de octubre de 2014

EDUCAR PARA PARTICIPAR

      Las leyes educativas van y vienen sin que nos dé tiempo a entenderlas. Menos mal que detrás de tanto cambio y tanta incertidumbre siguen existiendo los que enseñan y los que desean aprender. Dos son las causas de semejante desbarajuste legal. La primera es política: los gobernantes han utilizado el sistema educativo como mercancía. La segunda es filosófica: no sabemos exactamente qué es educar a una persona, ni lo sabremos. Estamos condenados a lanzar esbozos provisionales y a preguntarnos a cada paso por el sentido de esta noble tarea. Uno de los rasgos esenciales de la educación es su absorbente reflexividad.
       Es obvio que los proyectos educativos han de formar parte del contexto social, es decir, tienen que impregnarse de las necesidades de los ciudadanos y sus expectativas. Los Estados del siglo XXI exigen ciudadanos capaces de participar de forma activa en el sistema tecnocientífico, en la sociedad del espectáculo y en las instituciones democráticas.
Es crucial saber integrar los datos que nos ofrecen los medios de comunicación y los educadores, si deseamos alcanzar conocimiento, incluso sabiduría. Tanto la información que aparece en los libros de texto como la que circula por internet requiere ser integrada, ordenada, dentro de nuestro contexto de necesidades. Y como investigadores, no sólo debemos dominar teorías y procedimientos técnicos, también necesitamos participar en las instituciones científicas.
No basta en las sociedades del espectáculo con ser meros receptores de esquemas prefabricados. Así, la autonomía en el ámbito estético se concreta en la capacidad de recorrer senderos creativos propios y en la posibilidad de analizar los estilos que maneja el mercado del ocio programado. La retórica de los medios de comunicación y de los centros de poder utiliza símbolos, metáforas y otros recursos estilísticos. Los senderos de creación nos permiten desmontar esa retórica, esos símbolos petrificados que se presentan como naturales. Ser creativos nos aleja del aburrimiento y la desidia, los peores enemigos de la autonomía y la libertad. 
En las sociedades democráticas debemos aprender a decidir. Como ciudadanos, tenemos que participar en las instituciones y foros, con prudencia y sentido de la justicia. Las contradicciones de la democracia representativa quizás nos conduzcan a un modelo más participativo en los próximos años. Pero debatir en asambleas sobre los asuntos públicos, organizarse y tomar decisiones sensatas son tareas muy complejas. Nuestro sistema educativo deberá prepararnos para desarrollar todas esas competencias. Porque la democracia participativa es el sistema más exigente que existe: se construye con ciudadanos que sepan dialogar, que sean responsables, coherentes, y que estén dispuestos a profundizar en todas las áreas de conocimiento.
Los espacios interactivos de divulgación científica, como museos o ferias, son idóneos para desarrollar o mejorar todas estas formas de participación. Como pudimos comprobar el viernes en los Claustros de Santo Domingo, en la Noche Europea de los Investigadores, acercar la investigación a los ciudadanos es mucho más que mostrar o informar. Son espacios de legitimación, no sólo de exhibición. Los investigadores dialogan con los ciudadanos para demostrar la utilidad social de sus proyectos. En este diálogo hay que manejar conocimientos y procedimientos técnicos, hay que saber convencer, saber razonar, y ser creativos.
    Son, además, espacios para tomar contacto con la diversidad de prácticas científicas y campos de investigación. Ser conscientes de esa diversidad científica es esencial para comprender la dificultad que conlleva elaborar los Planes de I+D+i. Y tan importante es la investigación en biocombustibles como en sociología. En este sentido,  cabe destacar la realización del microencuentro “Ciencia e Investigación: Sobre desigualdades y exclusiones en razón al sexo y género”, organizado por el Departamento de Derecho del Trabajo de la Universidad de Cádiz. Tuvimos la ocasión de reflexionar sobre asuntos tan complejos como el concepto de género, sexo, intersexualidad y prostitución. Sólo un problema: aunque los Claustros son un entorno muy bello, no reúnen las condiciones acústicas necesarias para la comunicación científica.

                            Diario de Jerez. Suplemento de Educación. 30 de septiembre.