lunes, 31 de agosto de 2009

DIÁLOGOS CON SIMON LUKIC

Las tardes en la plaza del Progreso quizás sean lo más parecido a la felicidad que uno pueda encontrar. Me suelo sentar a tomar un café mientras mis hijas juegan. Son momentos de tranquilidad, momentos que me permiten leer un párrafo de un libro y pensar sobre él con la mirada puesta en las criaturas. Otro de los placeres es la conversación. Hablar sin prisas al aire libre con los amigos es algo que ya recomendaban Sócrates, Aristóteles, Epicuro y cualquier persona razonable. El verdadero diálogo puede proporcionarnos un refugio inexpugnable en el que resguardarnos de los males diarios. En esa plaza he conocido a personas como Miguel Barrones y Simon Lukic, dos ciudadanos preocupados por lo que nos ocurre, por la justicia y la libertad.
La editorial Anagrama acaba de publicar El artesano, de Richard Sennett. El autor, dentro de su proyecto sobre la cultura material, tiene previsto escribir otros dos volúmenes: Guerreros y sacerdotes y El extranjero. Este primer tomo, dedicado al artesano, constituye una reflexión acerca de todas las dimensiones del trabajo artesanal. El concepto de artesano que maneja es muy amplio: abarca desde el carpintero al técnico de laboratorio. El trabajo del artesano es el trabajo bien hecho en sí mismo, el que implica la satisfacción plena y la posibilidad de ser reflexivo y creativo durante el proceso. Según Richard Sennett, todas las habilidades, incluso, las más abstractas, empiezan como prácticas corporales. Y la imaginación comienza con la exploración del lenguaje que intenta dirigir y orientar la habilidad corporal.
He podido compartir estas lecturas y pensamientos con Simon Lukic, un herrero que vive su trabajo con una intensidad difícil de encontrar hoy. Estudió Arqueología en la Universidad. Mientras investigaba sobre iconografía de la piedra tallada de Tiwanaku pensó que era mejor tener ampollas en las manos que en el cerebro. Entonces comenzó a trabajar en una forja. Este año ha expuesto sus creaciones en Jerez, unas obras que nos acercan a lo que somos, materia.
Su trabajo con el hierro brota de las operaciones básicas de la forja. Este trabajo le concede un espacio de libertad, de felicidad. Al trabajar con la materia vamos solucionando problemas, vamos aprendiendo diariamente. Y cuando las rutinas son necesarias, la mente puede dedicarse a cualquier cosa mientras el martillo sube y baja. El artesano construye su tiempo infinito.
Simon Lukic piensa que la creatividad práctica es lo que nos distingue de los demás animales. Somos capaces de concebir una idea original y plasmarla en la realidad. Aunque el sistema nos adiestra para que no nos salgamos de las rutas establecidas, los seres humanos podemos construirnos a nosotros mismos haciendo uso de la libertad creativa. Debemos resistir. El artesano, el ciudadano, tiene que romper los patrones impuestos y ser dueño de su existencia. Cuando te familiarizas con la materia, las ideas surgen cada vez más rápido.
Hemos olvidado, dice, la gramática el trabajo con el hierro. Hemos perdido el vocabulario necesario para valorar una buena labor y saber lo que estamos comprando.
Cualquier persona es capaz de construir cualquier cosa. Simon Lukic es optimista. Cree que, si nos esforzamos en aprender, somos capaces de fabricar todo lo que necesitamos para vivir. Compramos demasiadas cosas. Nos hemos enredado en un sistema que necesita consumidores pasivos. Y nos han hecho creer que hay que comprarlo todo. Construir lo que necesitamos es una forma de subvertir el sistema, de ser realmente humanos.