lunes, 31 de agosto de 2009

DOMADORES, CEREBROS Y BUCLES

“El domador de elefantes recuerda la tarde en que decidió dejar la enseñanza.”

He encontrado esta frase entre mis notas, en un cuaderno de 1985. No sé si es un microrrelato o el inicio de una novela. Desconozco su autor. Se ve que me gustó y la anoté. Quizás sea un sueño que alguien me contó. Sea lo que sea, ahora, al releerla, me ha intrigado. Me imagino a ese domador sentado al borde de la pista del circo después de una dura sesión de trabajo. El público ya ha salido de la carpa y sólo quedan bolsas y latas por el suelo. Esa suciedad le hace odiar a la humanidad. Menos mal que el olor a elefante le hace volver a la realidad. No se arrepiente de haber tomado aquella decisión. Sólo le gustaría que los antiguos compañeros de profesión viesen con sus propios ojos lo que ha conseguido hacer con los elefantes.
Si alguien sabe algo, haría bien en decírmelo cuanto antes. Busco y rebusco entre libros y en Google. Y nada. Ojalá sea el principio de una novela. Me encantaría seguir leyendo esa historia. Y si alguien cree que soy yo el autor, también debería decírmelo. Pero con pruebas, así podría continuar la historia.
De momento me conformo con pensar acerca de los domadores y el arte de domar. Por lo visto, en Asia son necesarios veinte años para ser un buen domador. Es un trabajo muy peligroso. En la actualidad, la falta de preparación ha provocado muchas muertes de domadores y bestias. Los elefantes son animales con un cerebro que pesa entre 5kg y 6kg. El de los seres humanos ronda los 1.400 gramos. Sin embargo, lo importante es la relación entre el peso corporal y el cerebral. Y lo de la gran memoria de los elefantes parece ser cierto: “Estudios realizados en Kenya, sugieren que el elefante africano es capaz de reconocer la llamada de más de cien elefantes incluso si han estado separados durante varios años.”(BBC. 21-07-2000) Y el elefante es uno de los pocos cuadrúpedos capaces de andar con sus cuatro patas sobre un tronco, aunque no es tan hábil en otras tareas.
¿Qué diferencia hay entre domar y enseñar? Al adiestrar un animal se ha establecido una conexión entre ciertos estímulos y ciertas consecuencias físicas beneficiosas. Esta relación se concreta en conexiones neuronales estables, si las vamos reforzando a lo largo del tiempo. Sólo hay una asociación física, química.
La cuestión, desde un punto de vista naturalista, es si no ocurrirá lo mismo en el ser humano. Basta con observar a nuestros hijos. Pasan largos años en los que no experimentan una autoconciencia plena. Son años de adiestramiento, de configuración de sus cerebros. Al llevarse a cabo estas conexiones en el período crítico del cierre de las estructuras cerebrales, su estabilidad es ya de carácter permanente. Con el paso de los años, la activación de estas estructuras genera en nosotros la ilusión de haber valorado y decidido libremente.
En las próximas décadas las neurociencias nos explicarán qué ocurre cuando aprendemos, es decir, cómo se modifica nuestra corteza cerebral. La naturalización de la pedagogía y de la epistemología debe suponer un avance en la tarea de desmitificar conceptos como el de cultura o el de educación. Pensar que la doma o adiestramiento y la enseñanza son procesos diferentes implica soportar un enorme lastre a la hora de explicar por qué acertamos o fracasamos con nuestros sistemas educativos. El día en que cambiemos nuestro vocabulario dualista por otro materialista y utilicemos los resultados que los neurocientíficos nos aportan quizás podamos intervenir con más eficacia en los procesos de enseñanza.
La editorial Tusquets acaba de publicar el último libro de Douglas R. Hofstadter YO SOY UN EXTRAÑO BUCLE. Al principio del texto se plantea uno de los temas más interesantes para la filosofía. Me refiero al problema del reduccionismo. ¿En qué nivel de la realidad encontramos las explicaciones de los hechos? ¿En el caso de la educación cabe contentarse con el nivel del lenguaje o es necesario descender al nivel de las redes neuronales? Quizás en el plano neurológico no haya ninguna diferencia entre ser domado y ser enseñado.