lunes, 31 de agosto de 2009

DISPERSOS

Como los corzos deslumbrados al pie de la carretera en una noche de eclipse parcial de luna, así existimos, así esperamos. No sabemos si lo que nos viene encima tiene algún sentido. No conseguimos reconocer una figura, una silueta que nos tranquilice. Como corzos dispuestos a morir contra ti, así vagamos por este tiempo peregrino.
Ni los proyectos de septiembre pueden librarnos de esta conciencia de extravío, de huída. Por eso nos enredamos más, cada vez más, hasta pensar que hemos encontrado el sendero. Pero ese sendero surge con nosotros, de nosotros. Así se nos presenta la nada, mientras hablamos del todo.
Tiempos difusos, sí, tiempos de fragmentos, tiempos de mezcla y de pequeñas, subatómicas, revoluciones. La falta de sentido puede llegar a paralizarnos si no somos capaces de disfrutar de esta dispersión. No nos queda más remedio que aferrarnos a los pequeños espacios vitales que crean para nosotros los escritores, los pintores, los músicos... Olvidémonos de lo homogéneo, de lo conocido, de lo masivo y busquemos entre las grietas esos nuevos mundos. Pequeñas editoriales, jóvenes pintores o escritores olvidados suelen abrir nuevos senderos para poder resistir. Huir hacia adelante es la mejor forma de soportar nuestra angustia y de ahuyentar a los que nos quieren amarrar al camino único, a ese camino trazado por los que huyen hacia atrás para que nada cambie.
La editorial Pepitas de Calabaza, cuyo lema es “una editorial que tiene menos proyección que un cinexin”, nos ofrece desde La Rioja unos cuantos libros inquietantes, libros que nos recuerdan que todavía el arte y el pensamiento son capaces descubrir otras formas de vivir, libros que nos recuerdan lo que hemos olvidado: que pensamos, pintamos y cantamos para ser más libres con los demás, libros que nos traen la frescura de esas mentes inquietas y atrevidas. El Manifiesto de la Internacional Situacionista, sección inglesa, y el Tratado de Patafísica son dos buenos ejemplos de pequeños libros, editados con delicadeza y mucha ironía. Ambos textos proponen una conexión esencial entre arte y revolución a través del juego y la imaginación libre. La dificultad de estos dos proyectos consiste en hacer arte revolucionario sin perder la autonomía del ámbito estético. El juego es la acción donde confluyen la creatividad artística y la transformación de la realidad. El juego permite abrir grietas en la anquilosadas formas de vida y en las estructuras de dominación. Con el juego demostramos que otro mundo es posible, que el arte, lejos de la tosca ideología, es capaz de ampliar los espacios de resistencia:
“El movimiento revolucionario debe ser un juego, a imagen y semejanza de la sociedad que prefigura. Fines y medios no pueden ser disociados. Lo que nos preocupa es ante todo la construcción de nuestras propias vidas. En la actualidad esto sólo puede significar la destrucción total del poder. Por tanto, el problema revolucionario decisivo es la creación de una praxis en la que la autoexpresión y la perturbación social sean una misma cosa: la creación de un estilo de autorrealización que no pueda sino presagiar la destrucción de todo lo que obstaculiza la realización total.”
Y la patafísica es “un momento de resistencia del individuo contra toda forma de abuso de poder, de arrogancia”, “como el arte y la anarquía defiende el principio de la libertad y de la libertad existencial, y recomienda precisamente la imaginación fantástica como la mejor arma de defensa para preservar por lo menos la autonomía de nuestro pensamiento.”
Camino de Velilla del Río Carrión tuve que girar bruscamente y meterme en el carril contrario: dos corzos, madre y cría, me miraban desconcertados. Me dirigía a escuchar a los Dispersos, un grupo que teloneaba a Los Secretos. Llevan veinte años tocando para minorías exigentes, veinte años elaborando música en serio, repleta de poesía y riesgo. El concierto de esa noche fría de eclipse de luna nos recordó a unos cuantos que si no fuera por la costra de conformismo y miedo que congela a los que nos dominan podríamos disfrutar de los verdaderos artistas que trabajan después del trabajo en cada grieta del planeta. Luego comenzaron a tocar Los Secretos... Salí como puede entre la multitud que aguardaba al grupo estelar y volví por una carretera vacía, sin corzos esperándome, sólo sembrada de preguntas: ¿por qué los Dispersos no son más conocidos, por ejemplo, en Jerez de la Frontera? ¿quién decide en este entramado de imágenes y sonidos? ¿quién elige a los buenos y rechaza a los malos?... ¿por qué no hay un Hospital Comarcal en esa zona del norte de Castilla? ¿por qué vivir en esas zonas rurales significa, como recordó el líder del grupo, Javier Castrillo, que tu hospital esté a cien kilómetros? Bueno, ahí están sus nuevas canciones de Mayoría de edad para lograr que nuestra experiencia estética se nutra de deseos de transformar nuestras vidas.