viernes, 27 de noviembre de 2015

QUISE

   Le digo a Miguel Parra que no puedo, que lo he intentado y ha sido imposible. Quise hablar del contraste entre la sensibilidad racional y la ofuscación violenta, pero no pude. Quise describir mi miedo ante lo que presencié, un acto violento, y no fui capaz. Y todo ocurrió en la calle Francos, cuando volvía de una conferencia de Eliacer Cansino, que nos había hablado del espacio y el tiempo, de la relación de la escritura con otras artes, nada más... Le digo a Miguel Parra que he sido incapaz de reflejar esa violencia, esos lloros de los niños, en mis palabras. Quise explicar mi miedo ante la muerte inminente de otras personas y no pude, imagínate a un hombre fuera de sí con una papelera de hierro en sus manos y con la intención de matar a otro que se resgurada en la tienda del Rubio. Y los niños lloraban y yo llamaba a la polícía y la policía llegaba y el hombre violento huía por las enrevesadas calles de Jerez. No he podido escribir sobre todo eso porque la escritura necesita el transcurso del tiempo. Y mi miedo fue instantáneo. Como dice Eliacer Cansino, ese es el límite de la literatura. Quizás todo sea como el cuadro de las Meninas, un viaje al infinito tiempo y al infinito dolor. No sabemos la música que suena cuando tenemos mucho miedo porque entonces somos sordos y ciegos.