ROEDORES DE FILOSOFÍA

miércoles, 15 de julio de 2015

PARADOJAS DE LAS LETRAS EN ÁFRICA

     Clasificar la literatura por zonas geográficas conlleva sus riesgos, como cualquier clasificación. Las etiquetas, aunque imprecisas, sirven para trazar fronteras semánticas y facilitar la conversación sobre las artes. Los géneros, los estilos y las corrientes son marcas difusas, en el agua o en la arena, lindes que se alimentan de una tensión constante ante la imposibilidad de definir con exactitud. Pero es en ese campo dialéctico donde nos jugamos todo, donde los debates culturales son más vivos y fructíferos. Porque clasificar implica promover la transgresión. Las zonas borrosas de la cultura rezuman ideas. Así, saber qué es la literatura africana y sentirse un escritor africano implica afrontar problemas de teoría literaria, conflictos de identidad y contradicciones sociales.
         Marta Sofía López Rodríguez, traductora y profesora del departamento de Filología Moderna de la Universidad de León, habló en el Jardín de La Luna Nueva sobre literatura africana escrita sobre todo en inglés. Primer conflicto: literatura africana escrita en la lengua de los colonizadores. Segunda contradicción: literatura africana escrita, en muchas ocasiones, por personas formadas en el sistema educativo de los colonizadores. Tercera paradoja: literatura que critica las formas de dominación y las estructuras de la economía capitalista pero que necesita utilizarlas para poder cambiar la realidad. Ni todos los países africanos son iguales ni todos los escritores mantienen la misma actitud antes estos callejones sin salida.
         Marta Sofía mencionó varias áreas geográficas. En el Oeste, en Nigeria, nos encontramos con el autor Chinua Achebe; en el Este, en Kenia, el escritor de referencia es Ngugi Wa Thiong´o; en el Sur cabe mencionar a Coetzee. El lema de la conferencia, “Descolonizar la mente”, es el título de una obra de Ngugi que saldrá traducida en otoño. Precisamente Ngugi dice que las literaturas africanas son las literaturas escritas en lenguas africanas, no en inglés o francés. El eterno debate consiste en saber qué es la literatura africana. Los nuevos escritores, “afropolitas”, se quejan de los viejos estereotipos. Sostienen que no hay temas propios de esta literatura. El escritor puede escribir de lo que quiera y como quiera.
         Pero en los años cincuenta la situación social y política era muy diferente. Los escritores de esos años responden, casi todos, al libro “El corazón de las tinieblas”, de Conrad. Achebe dijo en los años setenta que esta obra, tan aclamada, es una obra racista. Conrad es crítico con el imperialismo pero es incapaz de pensar que los africanos son personas. Otra escritora criticada es la autora de “Memorias de África”. En esa obra aparecen los africanos como seres a medio hacer. Se les trata con el paternalismo del que se siente superior. Los escritores africanos modernos quieren reescribir la visión que tenemos de África. Achebe, por ejemplo, cuenta en sus obras cómo era Nigeria antes de la llegada de los europeos, cómo eran sus modos de vida y sus tradiciones. Nos explica en “Todo se desmorona” cómo una civilización se deshace gracias a otra civilización que todo lo arrasa. Algo parecido hace Ngugi en el Este de África, en Kenia. Ambos hablan de la magnitud del desastre, del imperialismo explotador. Describen los mecanismos de poder utilizados por el sistema. “Termiteros de la sabana”, de Achebe, es una novela polifónica. Hablan los amigos íntimos de un dictador africano. Desde diferentes perspectivas nos narra cómo un individuo formado en Europa acaba convirtiéndose en un terrible tirano.
         Ngugi es un marxista de la vieja escuela, ortodoxo. “Un grano de trigo” transcurre cuatro días antes de producirse la independencia de Kenia. Se abordan los mecanismos psicológicos y económicos que intervienen en el poder, el viejo y el nuevo. “El diablo en la cruz”, una farsa, describe la reunión de varios individuos, ladrones, que planean cómo seguir explotando a los pobres. Los escritores africanos se involucran en los problemas sociales y políticos de sus países. Son intelectuales comprometidos.
         Hay otra generación de escritores que ya tienen una visión más global de África. Elaboran una literatura menos exótica, más centrada en temas universales, con protagonistas de clases medias o de otras zonas. Son “afropolitas”. “Medio sol amarillo”, de Chimamanda Ngozi Adichie, guerra de Biafra como telón de fondo, habla de gentes de clase media que ven cómo su vida se transforma por los conflicto. En Guinea el autor de referencia es Donato Ndongo-Bidyogo: “Las tinieblas de tu memoria negra”, “Los poderes de la tempestad” y “El metro”, que narra la historia de un inmigrante de Camerún. Nos cuenta todo lo que hay detrás de alguien que se juega la vida para llegar aquí. “Más allá del horizonte”, de Amma Darko, relata la vida de una prostituta. “Nuestra hermana aguafiestas”, de Ama Ata Aidoo, es la historia de una chica africana que viaja a Europa, a Alemania. Allí descubre el corazón de la blancura, la soledad, el materialismo y la frialdad: valoran más las cosas que las personas. Una reflexión actual. Otra novela que vuelve a Conrad es “El porteador de Marlow”, de César Mba Abogo. Por supuesto, también se habló de Sudáfrica y de su gran escritor J. M. Coetzee. Nos recomendó especialmente “Foe”, una versión de Robinson Crusoe que sirve para esbozar la condición humana. Excelente tarde en el Jardín de La Luna Nueva. ¡Ahora, a leer!