ROEDORES DE FILOSOFÍA

domingo, 24 de agosto de 2014

UTOPÍA DEL SILENCIO


Lo que sé de arte 1 
EL ARTE ES TÓXICO


ADVERTENCIA: Nadie debería comerse una pintura. Imaginen que hay un cuadro delante de sus ojos, un cuadro con uvas, verdes, frescas y brillantes. No deben comer esas uvas, por muy reales que parezcan. Tampoco el vino, rojo y fresco, con esos destellos, les conviene. En cuanto muerdan el lienzo notarán que no son uvas. Si mastican la tela con todos sus pigmentos luego sentirán grandes dolores de estómago. Y diarrea, mucha diarrea.

Tarde o temprano todo artista sabe que es imposible pintar la realidad. Lo sabe el día en que se ve a sí mismo pintando un cuadro estilo Borges, bueno, estilo cuento de Borges. Se ve pintando un cuadro que es la realidad misma.

Ese es el día en que el pintor prueba su cuadro. Se lo come y se intoxica. Si sale vivo de esa ingesta, promete no volver a pintar la realidad.

No siempre hay que comer el cuadro. A veces es el espectador el que digiere la obra del artista, con el universo real dentro. Hay espectadores para todo. Pero los que no se hartan de realidad y huyen de cualquier advertencia, ésos, son los más peligrosos.

Tarde o temprano todo artista echa de menos un manual de instrucciones para digerir su propia obra, con su universo real. En las academias se olvida esta parte.





Lo que sé de arte 2
 JAMÁS PREGUNTEN AL ARTISTA


Cuando pregunten al artista les dirá que no sabe nada de nada.
Cuando pregunten al artista les dirá que él ni siquiera estaba allí.
Cuando pregunten al artista quizás padezca sordera.
Cuando pregunten al artista no olviden aprender antes chino.
Cuando pregunten al artista sonrían todo lo que puedan.

En lugar de preguntar al artista hay que asustarlo, odiarlo, envidiarlo, mirarlo de reojo, intimidarlo, perdonarlo, alabarlo, olvidarlo, encarcelarlo, incinerarlo, invitarlo, embalarlo, encuadrarlo, mimarlo, peinarlo, …

(Todo esto no nos acercará más a la obra de arte…)

Contexto 1: Manuel del Valle es el que pregunta cuando está en su estudio.

Contexto 2: Manuel del Valle es el que pregunta cuando no está en el estudio.

        
         Del mismo modo que la filosofía plantea preguntas radicales, aquellas que carecen de respuesta, en las obras de Manuel del Valle encontramos preguntas radicales. En el arte, las preguntas radicales se muestran: no son explícitas. Incluso cuando hay una pregunta clara, suele ser la máscara de otra pregunta esencial.

         (Las obras de arte son estratos de interrogación.)

         Manolo del Valle te pregunta constantemente.

         Te obliga a pensar.
         Te obliga a no aburrirte.
         Te obliga a excavar.

         Sus obras son preguntas que abren senderos difíciles de seguir porque generan nuevos espacios de posibilidades. 





Lo que sé de arte 3
 HUIR DEL ABURRIMIENTO CON ESTILO


Huir del aburrimiento quizás sea una tarea ridícula. Sabemos que fracasaremos. Todo el mundo fracasa en esa noble tarea.

Habrá que idear una estrategia: construir una trampa perfecta para el maldito aburrimiento.

Debemos fingir que estamos muy aburridos porque el aburrimiento prefiere a los que aparentan divertirse.

Debemos reciclar el aburrimiento y hacer fermentar los detritos. Necesitamos una vida en la periferia de la sociedad del espectáculo, una vida en la que pueda fermentar el detritus y generar otras perspectivas. En el desperdicio, lo que no consume la masa, está lo mejor, la sustancia.


Leemos en Principios de Estratigrafía Postmoderna, obra de Max Zoster:

Estrato 1

Contacto con el mundo. Sólo los niños tienen la ingenuidad necesaria para tratar con las sombras, las esquinas, los bordes y los pliegues.
        
Estrato 2

Ver orden en nuestro contacto con el mundo. Sólo los jóvenes se atreven a elaborar leyes sobre cómo nos impactan esas sombras, esquinas, bordes y pliegues.

Estrato 3

Saber que todo es un juego y que todo podría ser de otra forma. Sólo los viejos saben que conviene ser prudente al elegir el juego y que no hay juego fuera del arte.



                                                                                

  
Lo que sé de arte 4 
DILUIR EL RUIDO O LA UTOPÍA DEL SILENCIO


Habitar entre los pliegues de la realidad, ésa es la vida del artista. Ver la realidad desde sus grietas y transparencias. Verlo todo como si estuviésemos escondidos de todo, de nosotros mismos y de nuestras palabras.


Retirarnos para dejar espacio a esas posibilidades que anulamos con nuestra pesada presencia y saber que es una tarea inútil. Escribir para huir; pintar para esconderse. No hay mejor forma de desaparecer. Dibujar para buscar los pliegues de la realidad, del sentido.

El artista huye del horizonte plano. Desea habitar los pliegues del espacio, porque rezuman silencio. Y explora los estratos del miedo, aquellas cavidades olvidadas por la sociedad del desperdicio, por la sociedad del espectáculo.

Sabe el artista que su tarea es innecesaria. Nadie necesita al artista. Nadie desea retirarse para ocultarse entre las sombras de la inteligencia. Nadie anhela los espacios del silencio porque el ruidoso desperdicio nos obnubila.

Quizás, después de recorrer todos esos estratos del miedo, el artista pueda rescatar al ciudadano de las garras de ese terrible aburrimiento diseñado por los civilizados.