ROEDORES DE FILOSOFÍA

martes, 14 de junio de 2016

PIRUETAS EN EL VACÍO

           Cualquier definición de cultura resulta insatisfactoria, bien por ser demasiado general, bien por dejar fuera ciertas actividades humanas. Lo mismo ocurre con el término “intelectual”, a veces ambiguo, vacío o contradictorio. En campaña electoral, todos los partidos se preocupan por la cultura. Y todos quieren la opinión favorable de los intelectuales.
         En sentido antropológico, la cultura abarca casi todas las dimensiones humanas. Se trataría de una forma de vida, un sistema de creencias, valores y normas, transmitido mediante el aprendizaje social. Las lenguas, la manera de cocinar, las canciones, la poesía, los juegos, las relaciones de producción, las ciencias y las técnicas, todo ello cabría en este concepto amplio de cultura.
         Hay diferentes culturas porque hay diversos modos de adaptarse al entorno. Tradicionalmente se ha dicho que la cultura nos eleva por encima de la naturaleza. Algunos han llegado a ver una oposición entre naturaleza y cultura. El cuerpo, con sus mecanismos e impulsos, sería el ámbito de la naturaleza, de lo determinado y necesario. Los seres humanos, como entes físicos, transmitimos información a las siguientes generaciones, con los genes. Sin embargo, el desarrollo del lenguaje, la capacidad simbólica, la vida en sociedad y la racionalidad, nos permitirían vivir en otra dimensión de lo real, constituida de palabras, fórmulas, conceptos, imágenes, melodías, normas,.. Sería el ámbito de lo indeterminado, de la libertad y de la dignidad humana. La información que transmitimos por aprendizaje social es, por tanto, de otro tipo.        
Miguel Parra
      Pero, desde un enfoque naturalista, la oposición entre naturaleza y cultura queda hoy disuelta. Nuestra racionalidad, práctica y teórica, sería fruto de la selección natural. La naturalización de la cultura implica comprenderla desde el azar de las mutaciones, los factores de un entorno concreto y la lucha por la supervivencia. Todas las actividades culturales estarían conectadas con facultades que han surgido por esa selección natural. Es un enfoque inmanente: las capacidades cognitivas son propiedades de un sistema nervioso, que funciona en un ente vivo.
         Desde un punto de vista más reducido, el término cultura hace referencia a la ciencia, la literatura, la pintura, la música, la filosofía, el teatro, etc. Algunos utilizan el término “alta cultura” para hablar de esas disciplinas. El trabajo de un herrero o de un alfarero quedaría, quizás, fuera de esa “alta cultura”. Los intelectuales, si es que existen, pertenecen a ese ámbito excelso. Son profesionales, expertos en una disciplina, pero con un dominio considerable de los principios básicos de todas las demás. Poseen una visión crítica y global de la sociedad. Resaltan por su amor incondicional a la verdad, la justicia y la libertad. También destacan por la prudencia de sus palabras, el tono dialogante y una incansable lucha contra la opresión y las miserias humanas. Su compromiso les lleva a arriesgar sus carreras, a enfrentarse al poder establecido y a criticar a sus propios amigos y camaradas, si la verdad lo requiere.
         Dicen los intelectuales que nuestros representantes deberían tomarse en serio la política cultural y educativa, ya que es esencial para el futuro de la sociedad española. No vendría mal contar, dicen, con un proyecto educativo para varias décadas. Y que hubiese tiempo para que la comunidad educativa pusiera en marcha dicho programa, con la participación y el consenso de todos los sectores… Deberíamos exigir a los futuros gobernantes que bajen el IVA cultural; que mejoren la programación de los medios de comunicación de carácter público; que los museos sean todos gratuitos; que el cine, el teatro y la ópera reciban las ayudas necesarias para que los precios de las entradas no suban; que se proteja al sector del libro con una ley seria que defienda los derechos de autor y acabe con la piratería; que los jóvenes científicos puedan seguir trabajando en laboratorios españoles; que se mejoren las relaciones entre la empresa y la universidad; que se fortalezca el sistema de becas de investigación; que los deportes minoritarios obtengan la atención que merecen…
         Hay muchas razones para preocuparse por la cultura. Además de generar riqueza y puestos de trabajo, nos convierte en seres más sensibles ante la belleza y ante las injusticias. La literatura, la escultura y las matemáticas nos dan un placer intelectual que tiene valor en sí mismo. Y nos permite resistir de forma crítica ante la irracionalidad y los abusos de poder.