domingo, 23 de diciembre de 2012

SENDEROS DE RAZÓN Y CREACIÓN

  Los senderos de la creatividad son muchos y tienden a cruzarse, mezclarse y borrarse. Utilizo la imagen del sendero tanto en filosofía como en arte. Es una metáfora que intenta captar cómo razonamos, conocemos y creamos significados, sentidos. Como detrás de toda metáfora hay algún tipo de analogía, habrá que localizar esa estructura que trasladamos. La estructura del sendero puede ser percibida en nuestra actividad mental cotidiana básica. No pensamos como constructores de edificios. No vamos de los cimientos a las azoteas y fachadas. Siempre partimos de un punto, contextualizdo e interesado, y luego seguimos ese hilo hasta que enlaza con otro asunto o surge uno nuevo. Esta red de ideas y emociones, esta red discursiva, no tiene puntos privilegiados. Es una red que es neuronal.
 
    En el terreno filosófico, la imagen del sendero nos obliga a mantener un racionalismo que no se obsesiona con los fundamentos últimos. Frente a los racionalismos clásicos y frente a los relativismos actuales, la imagen de sendero nos dice que la razón puede funcionar para conocer el mundo y comunicarnos sin necesidad de enredarse en los fundamentos últimos. Pero eso no significa que todo valga o que las ideas sean meras expresiones subjetivas incomunicables. La razón se plasma en modos de argumentar correctos e incorrectos. La razón, la lógica, nace con la experiencia y sirve a su vez para comprenderla. La razón es esencialmente práctica y dinámica. Los senderos de la razón recorren y construyen los espacios de las ciencias, las artes y la política. Lo que tiene de frágil la imagen de sendero también lo tiene de dinámica, de tolerante y creativa.
 
   En el terreno artístico, la imagen de sendero capta la actividad creativa permanente de ese sujeto que ve la realidad desde todas las perspectivas posibles. El artista creador no tienen un programa definitivo, no tiene ni principio ni fin, no es esclavo ni de sí mismo. Se despliegan las ideas y se mezclan los géneros. Se borran senderos no transitados ya o se modifica su recorrido. Las prácticas artísticas son fluidas y no se obsesionan con lo que se puede perder. El creador avanza sin mirar atrás porque si mira demasiado se para. Los buenos creadores se traicionan en cada instante. Cuando el público quiere atraparlos mediante una etiqueta siempre llega tarde.
 
     Al filósofo y al artista se les acompaña en sus recorridos. El que intenta paralizarlos en planos o mapas pierde el tiempo y los pierde de vista.