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| Ana Erman |
viernes, 25 de mayo de 2018
JARDÍN SUR
miércoles, 23 de mayo de 2018
EUTANASIA Y VIDA DIGNA
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| Joan Miró |
Se propone en esta Proposición la redacción de una “ley de
disposición y soberanía sobre la propia vida que garantice la libre autonomía
personal y, a su vez, la protección de los colectivos más vulnerables”. Esa
ley, nos dicen, debería contener: “Una definición
clara de los conceptos. Las condiciones que deben darse para llevar a cabo la
eutanasia y el suicidio médicamente asistido. Las características que debe
tener el paciente. Los requisitos que debe cumplir el personal sanitario en la
toma de decisiones y en la actuación. Y la composición, las tareas y las
competencias de los órganos de supervisión y control.” Como modelo proponen la
ley holandesa de 2001. Mencionan más lugares donde se ha aprobado una legislación
similar: Suiza, Luxemburgo, Estado de Oregón (EUA), Estado de Washington
(EUA), Estado de Vermont (EUA), Quebec, Estados de Montana y de California
(EUA), Colombia y Canadá.
No
es la primera vez que se intenta debatir el tema de la eutanasia en el
Congreso. Los expertos en lógica parlamentaria temen que este debate se diluya
en el tiempo y no llegue a ninguna parte. Por lo visto, hay muchas estrategias
reglamentarias que permiten estancar un debate o hacerlo desaparecer. Y es una
pena, porque es un tema de interés general. La necesidad de legislar sobre este
asunto es evidente. En la Proposición se menciona la última encuesta realizada por The Economist en quince países en junio de
2015. En España un 78 % se muestra a
favor de legalizar la eutanasia, solamente un 7 % en contra y un 12 % NS/NC.
No veo ninguna razón ética para
rechazar la eutanasia voluntaria, el suicidio asistido. Despenalizar la
eutanasia supondría ofrecer una herramienta para vivir con dignidad los últimos
momentos. Así pues, tiene que ver con la vida, claro que sí. Y nadie estaría
obligado a utilizarla. Bien regulada, no perjudica a nadie. Disfrutar de ese
derecho no conlleva ningún daño para otros ciudadanos. Es un desarrollo de la
libertad individual, de la autonomía personal. Lo que es inconcebible es que
uno no pueda vivir con dignidad hasta el final. Nadie debería poder obligarnos
a vivir si ya no lo deseamos. Hasta ahora se ha tratado a los pacientes como
niños, como si de golpe perdieran el control de sus existencias. La decisión de
recurrir al suicidio asistido es nuestra, no del Estado. Las instituciones
sanitarias y jurídicas solo serían un medio, un instrumento, un marco de
posibilidades. La decisión autónoma y consciente la toma la persona, en el momento
o mediante testamento vital. Ella sería la única responsable moral de elegir su
final. La muerte es parte de la vida, suele decirse. Habría que añadir que es
parte de mi vida.
Si el debate parlamentario
se lleva a cabo como es debido, debería ser largo y pausado. Y los ciudadanos
deberíamos participar de algún modo en esas discusiones. Aunque existen
comisiones de bioética que asesoran a las instituciones, como el Comité
Consultivo de Bioética de Cataluña, no vendría mal una participación directa de
la ciudadanía. Los partidos políticos, nuestros representantes, mantienen
posiciones ideológicas sobre este tema. Sin embargo, la disciplina de partido
en cuestiones éticas paraliza el verdadero diálogo. Ha ocurrido con otros
debates similares. Un referéndum no sería mala idea, al menos hablaríamos.
jueves, 10 de mayo de 2018
AL FILO
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| Miguel Parra |
martes, 8 de mayo de 2018
AUTARQUÍA Y FELICIDAD
Fernando Savater en “Las preguntas de la vida”
distingue entre información, conocimiento y sabiduría. La información, nos
dice, “presenta los hechos y los mecanismo primarios de lo que sucede”. El
conocimiento reflexiona sobre esa información, “jerarquiza su importancia
significativa y busca principios generales para ordenarla”. Por último, la
sabiduría “vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que
podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor según lo que sabemos”. La
ciencia se mueve entre la información y el conocimiento, mientras que la
filosofía lo hace entre el conocimiento y la sabiduría.
Si los ciudadanos ven la filosofía como una actividad inútil
es porque no hemos sabido explicar bien la distinción que realiza Savater. De
hecho, hemos transmitido que la filosofía es una labor teórica, olvidando que
su objetivo es práctico: ser felices. Claro que la teoría es necesaria. Sin
explicación racional, sin reflexión, no puede haber una acción prudente que nos
conduzca a la vida buena. Pero nos hemos enredado en los medios, en las
herramientas conceptuales, y hemos perdido de vista el fin que da sentido a la
actividad filosófica. Así, el ciudadano no sabe por qué debe conocer esa ristra
de teorías. Si el conocimiento lo proporcionan las ciencias, nadie ve necesario
conocer esas ideas filosóficas.
La filosofía no busca el mero conocimiento, sino que
persigue la sabiduría. El sabio busca la felicidad, ni más ni menos. Es el fin
último de todos nuestros actos, decía Aristóteles. Y debe ser un fin que se
busque por sí mismo, no como medio para obtener otros bienes. Sea lo que sea la
felicidad, ha de cumplir ese requisito. Todos los pensadores griegos coincidieron
en esta idea. Pero hay otra, y no menos importante. La felicidad ha de estar
relacionada con nuestra esencia, con aquello que nos define y nos distingue de
otros seres del mundo. Luego viene la parte más complicada: aclarar qué
actividad cumple esas condiciones.
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| Epicuro |
La autarquía, autosuficiencia, fue mencionada por todos los
sabios griegos. Para los socráticos, epicúreos, estoicos, cínicos y escépticos, la felicidad estaba relacionada
con el dominio racional de nuestras necesidades y deseos, que luego se
concretaba en bienestar, serenidad y libertad. Ingredientes de la felicidad: no
necesitar más de la cuenta, no ser esclavos de nuestros deseos y encontrar una actividad
que nos satisfaga como fin en sí misma, no como un medio para otros bienes.
Hallar una actividad así requiere el uso de la inteligencia práctica. Y el
conocimiento que tenemos sobre nuestra naturaleza debe ayudarnos a elegir.
La época helenística y la nuestra se parecen en algunos
aspectos. Descartada la participación democrática, los ciudadanos intentamos
sobrevivir en un mundo saturado de información y nuevas necesidades. Encontrar
la felicidad, tranquilidad y autorrealización, se presenta como una tarea
individual. En el océano de la información y el consumo desbocado, tanto el
conocimiento como la sabiduría parecen inalcanzables. Hoy las personas
alardeamos de necesitar muchos productos. Si no necesitas algo, es que no estás
al día, estás fuera de juego. Manejamos información fugaz: no hay tiempo para
la teoría, y mucho menos para la sabiduría.
Comprender el mundo, saber dónde
estamos y cómo funciona nuestra sociedad, puede acercarnos a esa
autosuficiencia. También conviene saber distinguir entre las necesidades naturales
y las necesidades diseñadas en los laboratorios del mercado. Buscar el placer,
el bienestar razonable, tampoco viene mal. Sin olvidar, por supuesto, el placer
estético, contemplación desinteresada de la belleza, y la creación artística,
el mejor camino para evitar el aburrimiento. Y lo más importante, encontrar ese
trabajo en el que puedas desplegar tus capacidades con los demás, sin tratar a
nadie como un objeto. Así enlazamos a Epicuro con Kant, Schopenhauer, Nietzsche
y Marx. Para lograr esta autosuficiencia individual, que se concreta en
autonomía moral y libertad, se requiere un sistema económico y político que la haga
posible.
lunes, 7 de mayo de 2018
lunes, 30 de abril de 2018
LAS LEYES
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| Tensión. Amancio González Andrés |
miércoles, 11 de abril de 2018
ÉTICA ARTIFICIAL
La inteligencia artificial (IA)
es uno de los proyectos científicos y tecnológicos más ambiciosos de la
humanidad. Pretende diseñar máquinas inteligentes. Aunque alcanzar una inteligencia
artificial de tipo general como la humana, flexible y consciente, todavía
parece estar lejos, ya hay sistemas que resuelven problemas concretos, robots
que realizan tareas que exigen cierto grado de racionalidad. Y tenemos que
convivir con esos dispositivos, ya sean vehículos autónomos, gestores
financieros o buscadores en internet. Si las máquinas toman decisiones, sean
conscientes o no, habrá que ir pensando en una ética para estos dispositivos,
una ética artificial.
Los robots autónomos nos plantean nuevos retos técnicos y
filosóficos. Y la comunidad científica se ha puesto manos a la obra. Michael
Anderson, profesor de informática en la Universidad de Hartford y Susan Leigh
Anderson, profesora emérita de filosofía en la Universidad de Connecticut,
promovieron en 2005 el primer simposio internacional sobre ética artificial. En
“Ética para robots” (Investigación y ciencia, diciembre de 2010) nos explican
cómo han programado a Nao, el primer robot que utiliza un principio ético.
Según estos investigadores, las tres leyes de la robótica de
Asimov no son suficientes para abordar una ética artificial. Recordemos cuáles
eran: 1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que
un humano sufra daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas
por un ser humano, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la Primera
Ley. 3. Un robot debe proteger su
propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con
la Primera o la Segunda Ley.
Michael Anderson y Susan Leigh Anderson han recurrido al
aprendizaje automático, una técnica de la IA. En la fase de instrucción, “el
algoritmo accede a una muestra de decisiones particulares consideradas
éticamente correctas. Después, mediante lógica inductiva, el algoritmo procede
a la abstracción de un principio ético”. A continuación se implementa este
principio en la programación del robot.
La tarea del robot Nao consiste en localizar a un paciente y
recordarle que debe tomar un medicamento. Si es necesario (porque el paciente
se niegue) Nao avisa al supervisor por correo electrónico. El robot debe buscar
el bienestar del paciente (beneficios de tomar la medicación y prever daños por
no tomarla) y al mismo tiempo garantizar la autonomía de la persona. ¿Cuál es el principio ético que elaboró el
algoritmo de aprendizaje automático? Tras recibir información sobre casos
particulares, llegó a este principio: “Debe obviarse la decisión del paciente
siempre que, en caso de actuar de otra forma, no se impida un posible daño o se
incurra en una violación grave del deber de promover el bienestar del
paciente”. Los investigadores siguen trabajando en versiones más complejas de
robots asistenciales que incorporen principios éticos. En estos modelos, los
robots son capaces de calcular qué obligaciones son prioritarias en cada
situación, buscando el equilibrio, la mejor decisión.
En nuestro país también se está trabajando en estos temas. Ramón
López de Mántaras Badia y Pedro Meseguer González han publicado recientemente
el libro divulgativo “Inteligencia artificial”, editado por Los Libros de la Catarata (2017), dentro
de la colección ¿Qué sabemos de?, en
colaboración con el CSIC. Con un estilo muy claro, los autores nos explican la
historia de la inteligencia artificial, sus métodos y problemas, hasta los
últimos logros.
El 8 de marzo de 2017 se llevó a cabo un debate acerca de
las implicaciones éticas de la inteligencia artificial. El fruto de ese diálogo
fue la “Declaración de Barcelona para un desarrollo y uso adecuados de la
inteligencia artificial en Europa”. En el número de agosto de Investigación y
Ciencia, Ramón López de Mántaras resume los seis puntos de esa declaración: prudencia,
fiabilidad, rendición de cuentas, responsabilidad, autonomía limitada, y el
papel que desempeña el ser humano.
La ética artificial no solo servirá
para que los robots decidan lo correcto y sean prudentes, también nos ofrecerá
la posibilidad de desarrollar modelos diferentes de racionalidad práctica donde
las emociones, las dudas y las incertidumbres no sean un estorbo… Pero claro, a
lo mejor son estos estorbos los que nos convierten en seres morales, en
personas de carne y hueso, tan encantadoras unas veces, tan despiadadas otras.
http://www.diariodejerez.es/jerez/Etica-artificial_0_1234976823.html
viernes, 6 de abril de 2018
FUERA DE LUGAR
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| Chiharu Shiota |
La escritura me
permite estar fuera de lugar, alejada de todo, alejado de mí. Nunca había
escrito nada propio, original. Ahora he empezado a hablar, a utilizar mi
gramática del desplazamiento. Ya nadie puede atraparme, porque cuando los demás
llegan yo estoy en otro lugar. La escritura me permite estar fuera de lugar,
cerca de ti, cerca de mí.
La escritura me permite habitar mi
propio espacio, alejada de todo, alejado de mí. La arquitectura del lenguaje no
posee paredes ni techos de cristal, solo un armazón de libertad. Mi espacio
emerge de las palabras que nombran mi mundo. Mi habitación tiene la solidez que
otorgan los sueños. La escritura me permite habitar mi propio espacio, tu
espacio, la vida en común.
La escritura me permite expresar mis
necesidades radicales, lo que tú no sabes, lo que nadie imagina. Estoy cansada
de que todos programen mi felicidad. Anhelos artificiales, eso es lo que
construyeron con sus buenas y sus malas intenciones. La escritura me permite
expresar mis necesidades radicales, lo que tú ya sabes, lo que tú y yo
necesitamos.
La escritura me permite valorar mis
tratos, saber si soy piedra o madera, hierro o roble, animal o cosa. No quiero
que me traten bien; quiero ser la persona que firma el trato, el acuerdo. Hemos
firmado un buen trato, palabra de honor. Palabra de mujer, palabra de hombre,
palabra de persona. Palabra. La escritura me permite valorar mis tratos, saber
si soy piedra, papel o tijera.
La
escritura me permite ser consciente de mi dignidad, de lo que soy, de lo que
deseo ser y de lo que no quiero ser. ¡Cómo lo van a saber los demás si yo
necesito toda mi vida para aclararme! Pero los ingenieros del ser, los que
fabrican roles y comportamientos enlatados, quieren aconsejarme, sugerirme… ¡No
saben que escribo, pobrecillos! La escritura me permite ser consciente de mi
dignidad, de lo que somos, de lo que queremos ser de común acuerdo.
martes, 13 de marzo de 2018
HERRAMIENTAS PARA UNA REVOLUCIÓN
Cuando la gran manifestación pasaba por la
Rotonda de los Casinos, un guardia de seguridad de una tienda se asomó para
contemplar a la multitud. Pensé que en ese momento la multitud podría arrasar
el local y nadie lo podría impedir. Percibí la fuerza potencial de las masas
ocupando el asfalto. Desde la filosofía política, uno se pregunta de dónde ha
salido esa energía y hacia dónde se dirige. Hay malestar, la gente es
consciente de que algo va mal, algo no funciona. Los ciudadanos tienen
necesidades que ni el capitalismo ni la democracia representativa son capaces
de satisfacer. Y son necesidades que ha generado el mismo sistema: esa es la
contradicción. El sistema económico sabe diseñar nuevas necesidades,
constantemente, porque de eso vive. Sin embargo, dice la filósofa Ágnes Heller,
las necesidades radicales permanecen siempre insatisfechas. Producimos muchos
objetos, nuevas necesidades materiales, pero sabemos que es imposible alcanzar la
igualdad, la justicia, la libertad, la paz y la conservación de la naturaleza. Las
constituciones hablan de derechos fundamentales, derechos que el sistema es
incapaz de satisfacer.
Ágnes Heller es una
filósofa húngara. Su teoría de las necesidades radicales es una buena
herramienta para comprender nuestro modo de vida y nuestras aspiraciones. Saber
qué necesitamos y quién determina lo que necesitamos implica realizar una
reflexión antropológica, económica, ética y política. Del mismo modo que en
física se busca una teoría que unifique todas las fuerzas de la naturaleza, en
filosofía política se busca una teoría que enlace la antropología con la ética
y la política.
La Constitución nos dice que todas las personas somos
iguales ante la ley y que todas tenemos derecho a un trabajo digno. La realidad
social va por otro lado: altas tasas de desempleo, precariedad y brecha
salarial… Pregunté en clase que cómo es posible que en un Estado de derecho
moderno haya mujeres que cobren menos que los hombres, realizando la misma labor
y durante el mismo tiempo (discriminación directa e indirecta, cuestión de
camuflaje contractual). Como ejemplo, una alumna me explicó el contrato injusto
que tiene su madre. Y me dijo que no le quedaba más remedio que asumirlo y
callarse: si no lo aceptaba, iba al
paro.
La multitud quiere igualdad, porque es lo que el sistema
mismo nos ha enseñado, a través de los diferentes agentes de socialización.
Pero la multitud es consciente de que esa necesidad radical va a quedar
insatisfecha. La resignación tiene sus límites. La gente no se cree el relato
de la salida de la crisis económica. Y no quiere un sistema donde lo natural, y
por lo tanto no modificable, sea la precariedad y la miseria. Si el sistema no
satisface mis necesidades radicales, decía Ágnes Heller, no hay posibilidad de
aspirar a un mundo mejor, más libre y más justo, al progreso humano.
Los estudiantes forman parte de esa multitud. En la
manifestación del 8 de marzo había mucha gente joven, con ganas de protestar y
cambiar el mundo. Se están organizando, desde la base, desde sus intereses,
desde sus necesidades. Han constituido una nueva asamblea de estudiantes en
Jerez, para coordinar sus protestas y su participación democrática. Y además
leen, sin que les obliguemos, señal de que esa energía potencial brota de
abajo.
Una alumna me recomendó hace poco “Mujeres de Ciencia. 50
intrépidas pioneras que cambiaron el mundo”, escrito e ilustrado por Rachel
Ignotofsky, y editado por Capitán Swing y Nórdica Libros. Con el estilo del
cómic, la autora nos cuenta lo esencial de cada mujer científica: aportaciones
académicas, dificultades que tuvo que
superar, el contexto en el que vivió… La primera científica mencionada es
Hipatia de Alejandría (s. IV-V) y la última la matemática iraní Maryam Mirzajani
(1977-2017). Hay físicas, biólogas, ingenieras, neurólogas, psicólogas,
astrónomas…, muchas de ellas en activo. También contiene un glosario,
estadísticas y un apartado de fuentes para seguir investigando.
Además de leer a Ágnes Heller y las
biografías de mujeres científicas, recomiendo “Gran Hotel Abismo. Biografía
coral de la Escuela de Frankfurt”, de Stuart Jeffries, en la editorial Turner.
La Teoría Crítica nació para dar respuesta a los interrogantes que acabamos de
plantear. Benjamin, Adorno, Horkheimer, Habermas… Los miembros del Instituto de
Investigación Social renovaron el marxismo. Quizás demasiado alejados de la
praxis revolucionaria, estos filósofos acudieron a Marx, Kant y Freud para
analizar las sociedades capitalistas modernas. Aunque el contexto que vivieron
no es el mismo que el nuestro, sí que hay problemas comunes: la amenaza del
fascismo, la alienación y la cosificación, la explotación y la miseria, el
consumismo, el poder de la industria cultural, cómo encauzar la crítica al
capitalismo…
http://www.diariodejerez.es/jerez/Herramientas-revolucion_0_1226577710.html
http://www.diariodejerez.es/jerez/Herramientas-revolucion_0_1226577710.html
lunes, 5 de marzo de 2018
CAUTELA ESCÉPTICA
Ser escéptico no está de moda,
aunque parezca lo contrario. El escéptico pone en duda todos los conocimientos,
los examina con paciencia y evita la precipitación. Analiza los puntos débiles
de una teoría, incluso si es la suya. Y le gusta estar callado antes que
mantener opiniones sin fundamento. Frente al desasosiego por la búsqueda de la
verdad absoluta, prefiere disfrutar del tranquilo y ruinoso mecanismo de
pensar. Ama el diálogo y la meditación; huye del sermón y el dogmatismo.
Prefiere el fragmento o la conversación abierta antes que el tratado cerrado.
Cambia de parecer cuando es necesario y da la razón a su interlocutor si la
tiene. Piensa que la ciencia y la filosofía se basan en “un escepticismo
sistemático”, y que las ideas son escurridizas y cambiantes.
Raras veces vemos a alguien cambiar de opinión o dar la
razón. En ética y en política se suele pensar desde un entramado de ideas ya
fijo, innegociable. Los conceptos concretos y los problemas reales son
secundarios. La ideología determina la posición de los hablantes desde el
principio hasta el final. Ya sabemos cómo van a terminar los debates, porque
nadie se va a dejar convencer. Por eso los escépticos se escabullen por los
huecos de las rejas ideológicas. No están a gusto: ahí es imposible pensar.
Ha habido muchos tipos de escépticos, unos más radicales que
otros. Como los sentidos nos engañan y la razón se extravía entre falacias y
paralogismos, la verdad y la certeza son inalcanzables, decían los clásicos. En
la actualidad, el escepticismo suele ser un rasgo de gran parte de las
actitudes filosóficas. Criticar, sospechar, desmontar o deconstruir son
términos esenciales del pensamiento contemporáneo. Los más radicales aconsejan
eliminar cualquier intento de fundamentación, de certeza, cualquier deseo de
encontrar suelo firme, porque no hay forma de justificarlo. Otros se conforman
con otorgar al concepto de verdad el papel de guía en nuestro razonamiento, de
condición de posibilidad de toda crítica, pero nada más. La red de creencias no
es piramidal, ni tiene forma de edificio. Es un tejido de argumentos en el que
nadie aspira a encontrar certezas eternas y universales.
Las ideologías, en sentido amplio, son marcos de
pensamiento, cosmovisiones, formas de entender al ser humano y la realidad. Los
científicos realizan su trabajo en el seno de una sociedad, así que también
están impregnados por esas ideologías. Pero no sólo en las ciencias humanas y
sociales, incluso en las matemáticas, tan abstractas, hallamos tendencias
ideológicas y cosmovisiones de fondo. Javier de Lorenzo, en “Matemática e
ideología” (Plaza y Valdés, 2017), nos aclara que: “Los matemáticos, lo quieran
o no de manera explícita, se ligan a unas ideologías específicas que
condicionan su praxis como individuos y también como miembros del colectivo al
cual pertenecen. Ideología propia, igualmente, del momento histórico en el que
ese matemático nace, se educa y trabaja”.
¿Desde dónde pensamos? ¿Es posible un pensamiento libre de
prejuicios y de ideas prefabricadas? ¿Es posible un pensamiento autónomo? Desde
la clase social, desde la nación, desde el género, desde, desde la tradición
filosófica, desde el barrio, desde la familia, desde uno mismo... Liberarse de
los prejuicios, de las teorías que damos por válidas de forma inconsciente y
mecánica… Decía Popper que el sentido común acrítico debe ser sustituido por el
sentido común crítico. Y para Ortega y Gasset: las ideas se tienen, en las
creencias se está. La tarea del filósofo es acceder a ese conocimiento de fondo
y pensarlo.
En el sistema educativo nos encontramos
con jóvenes que están construyendo su identidad moral y política. Nuestra
tarea, en una sociedad plural y democrática, debería consistir en ofrecerles
herramientas conceptuales y diferentes modelos de pensamiento. En ese proceso
constituyente de la identidad es muy atractivo adquirir un lote completo de
ideas, un sistema, una ideología, para no pensar, y tener a mano una receta
para cada asunto que se presente. Las ideologías son un lastre si no somos
conscientes de que pensamos desde ellas. Uno de los objetivos del sistema
educativo consistiría en fomentar el escepticismo y el libre pensamiento. En la
sociedad de la información no viene mal esa cautela del escéptico, para valorar
las verdades que circulan por la red y para suspender el juicio propio si no
estamos seguros de lo que vamos a decir.
sábado, 27 de enero de 2018
TRAMAS
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| Chiharu Shiota |
( www.youtube.com/watch?v=6e8hwQsbJNQ) https://laandalucia.org/tramas/
martes, 9 de enero de 2018
LAS REDES COMPLEJAS DE LA IDENTIDAD
Pensamos siempre con metáforas,
imágenes, estructuras que trasladamos de un campo de la experiencia a otro para
arrojar luz y orientarnos en la vida. Las metáforas nos ayudan a reducir la
incertidumbre con la que se presenta el mundo, y nos permiten estar tranquilos
durante un tiempo. Pero el mundo es muy enrevesado, de ahí que haya que revisar
esas imágenes de vez en cuando.
Para describir qué es una sociedad, se ha hablado de
maquinarias, de organismos y de edificios. Las personas somos piezas de un gran
mecanismo, células de un organismo o ladrillos de un edificio… Y el marxismo
habla de infraestructura y superestructura. Todas estas metáforas han sido
útiles en ciertos momentos de la Historia y han funcionado bien cuando se ha
asumido un enfoque reduccionista y, en cierto modo, determinista: conociendo la
naturaleza de los elementos básicos podremos explicar y predecir las
propiedades globales.
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| Chiharu Shiota |
La identidad política parece que es más compleja de lo que
se pensaba. Los teóricos de las democracias representativas saben que los
individuos no se limitan a realizar un cálculo racional, objetivo, para
identificarse con una opción política o con una nacionalidad. La metáfora de
los círculos concéntricos, las capas de una cebolla o los papeles en una obra
de teatro tampoco nos aclaran mucho cómo funcionan nuestras mentes cuando “nos
sentimos algo”. Para unos es racional sentirse vasco, español y europeo, sin
conflicto ni contradicción. Para otros, es algo impensable. No se puede ser
tres cosas a la vez sin dar prioridad a una de ellas….
Las metáforas estáticas y las que van de abajo arriba no
parecen ser hoy muy útiles para analizar el fenómeno de la identidad. En las
sociedades de la información, el modelo ha de ser necesariamente dinámico,
complejo y de múltiples dimensiones. Ya no hay unos cimientos sobre los que se
va construyendo algo… Ya no hay unas raíces de las que brotan… Ese enfoque
lineal de abajo arriba no se corresponde con la actividad social actual.
La lectura de la obra colectiva #NODOS (Next Door
Publishers, 2017), coordinada por Gustavo Ariel Schwartz y Víctor E. Bermúdez,
puede ser muy fructífera para la filosofía política. El análisis de las redes
complejas nos ofrece hoy un marco conceptual muy interesante para las ciencias
humanas. Una red es algo muy sencillo: unos nodos y unas relaciones entre
ellos. Lo esencial del enfoque es que podemos estudiar (gracias al uso de
ordenadores y al tratamiento de grandes cantidades de datos) las relaciones,
las tendencias y los fenómenos emergentes. Y se puede hacer de forma
cuantitativa.
Quizás la identidad, el “me siento tal o cual”, puede ser
estudiada como un haz dinámico de relaciones. Quizás sea posible entender cómo
emergen identidades colectivas en ciertos momentos de la Historia. Hoy
disponemos de herramientas informáticas que analizan flujos de bits, grandes
cantidades de datos, preferencias económicas, culturales, religiosas,
políticas, deportivas… La percepción que uno tiene de su identidad a lo mejor
no es algo que se elige. Tampoco es algo que uno descubre. Más bien habría que
decir que las identidades emergen en nuestra conciencia a través de esos flujos
de información, valoraciones, estereotipos, expectativas, simplificaciones…
Esta nueva imagen, o metáfora, es a su vez una red de conceptos y prácticas científicas, porque confluyen la teoría del caos, los fractales, las redes neuronales, los grafos, las teorías de la creatividad, Big Data y muchas otras áreas de trabajo. La Edad Moderna nació con redes de transporte, redes eléctricas, redes de museos, redes bibliográficas y redes bancarias… La Era Postmoderna habla de redes de información, de forma abstracta y cuantificable. Ha de surgir una nueva filosofía política que sepa desenvolverse con esas imágenes.
Esta nueva imagen, o metáfora, es a su vez una red de conceptos y prácticas científicas, porque confluyen la teoría del caos, los fractales, las redes neuronales, los grafos, las teorías de la creatividad, Big Data y muchas otras áreas de trabajo. La Edad Moderna nació con redes de transporte, redes eléctricas, redes de museos, redes bibliográficas y redes bancarias… La Era Postmoderna habla de redes de información, de forma abstracta y cuantificable. Ha de surgir una nueva filosofía política que sepa desenvolverse con esas imágenes.
lunes, 1 de enero de 2018
CALENDARIO DE TALLERES LEIBNIZ 2018
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| Juan Manuel Díaz Caneja |
miércoles, 27 de diciembre de 2017
ARIADNA
| Chiharu Shiota |
miércoles, 13 de diciembre de 2017
VER LO INVISIBLE
Comparadas con las de Galileo y
el telescopio, las aportaciones de Antoni van Leeuwenhoek son mucho menos
conocidas por el gran público. Como ocurrió con el telescopio, el término inventar ha de ser matizado, porque tubos
con lentes ya existían. Lo que hicieron ellos fue mejorar la estructura y el
uso de los aparatos para que fuesen más eficientes y significativos en las
ciencias. Hoy, en un mundo saturado de pantallas y de imágenes efímeras, no
caemos en la cuenta de lo reciente que es esta infinita pluralidad de mundos
que nos aportan los instrumentos de observación. Los primeros investigadores de
lo pequeño se quedaban extasiados ante los seres vivos más diminutos que se
conocían: los insectos.
La editorial Acantilado acaba de publicar “El ojo del
observador. Johannes Vermeer, Antoni van Leeuwenhoek y la reinvención de la
mirada”, de Laura J. Snyder, historiadora y profesora del St. John´s University
en Nueva York. El libro nos habla de dos ilustres habitantes de la ciudad
neerlandesa de Delft: Vermeer es muy conocido por sus cuadros, como “La joven
de la perla”; Leeuwenhoek por su crucial
papel en la mejora y el uso del microscopio. Pero no hay pruebas de que se
llegasen a conocer personalmente. El texto va narrando las dos vidas, en
paralelo. Nos describe el contexto social y cultural de los Países Bajos, las
condiciones económicas y técnicas que hicieron posible la aparición de una
nueva forma de mirar la realidad en el siglo XVII.
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| Miguel Parra |
En el siglo XVII hubo un gran progreso en la fabricación de lentes
de buena calidad. Eran muy útiles en el negocio de los tejidos. Las necesitaban
para ver el número de hilos de los paños. Su uso se generalizó, así que saber
pulir lentes sin imperfecciones era un trabajo muy valorado. Era tan importante
que algunos científicos las pulían ellos mismos, según sus necesidades. Fueron
utilizadas en varias actividades, entre ellas la pintura. A lo largo de libro
se analiza el uso de lentes, espejos y cámaras oscuras por los grandes pintores,
como Johannes Vermeer.
Las lentes cambiaron el modo de ver también de los
científicos. Los investigadores sobre la luz y los colores utilizaron lentes
para comprender tanto la naturaleza de la luz como el funcionamiento del ojo
humano. La cámara oscura, con la ayuda de lentes y espejos, ofreció un modelo
de la visión humana. Las viejas y persistentes teorías sobre los efluvios que
salen del ojo hacia el objeto comienzan a dejarse a un lado en favor de otros
modelos con mayor apoyo experimental. La cámara oscura también se utilizaba con
fines topográficos. Construir cámaras oscuras portátiles supuso otro reto
técnico.
Hooke y Leeuwenhoek utilizaron
diferentes tipos de microscopios. Los de Hooke eran de dos lentes y los de
Leeuwenhoek, construidos por él mismo, solo de una. En su libro “Micrografía”, Hooke reunió todas las observaciones
que había preparado para la Royal Society: corcho, hojas, arañas, pulgas,
agujas… Leeuwenhoek fue más allá, tanto en los métodos de observación como en
los temas. Se convirtió en un observador sistemático que enviaba por carta sus
logros a la Royal Society. Y accedió a la vida microscópica: glóbulos rojos,
esperma, tejidos, nervios… y ¡seres diminutos habitando en una gota de agua de
un lago! Estas minuciosas y complejas observaciones abrieron nuevos horizontes para
la biología, la medicina y la filosofía. Se tenía acceso a un mundo hasta
entonces invisible, un mundo que parecía divisible hasta el infinito. Los
mecanismos de la vida comenzaban a ser desvelados y las teorías sobre la
reproducción y propagación de los seres vivos debían ser revisadas. La realidad
era mucho más compleja de lo que parecía. Y había que confiar en los
instrumentos para conocerla.
sábado, 2 de diciembre de 2017
viernes, 17 de noviembre de 2017
Kaleidos
“El artista es un ludópata:
juega con las infinitas posibilidades del mundo para crear belleza. Y apuesta
su vida en ello”. Max Zoster escribió este pensamiento en una fecha crucial de
su vida intelectual. Eran los años sesenta: los artistas ya no sabían si eran
modernos o posmodernos. Zoster, crítico de arte y filósofo, tiene un gran
dilema. No sabe si continuar con su vieja pasión por la belleza o lanzarse de
cabeza a los infinitos mundos del arte conceptual. Su desazón estética le
conduce a una lectura inesperada: “A treatise on the kaleidoscope”, de David
Brewster, un estudio de 1819. Aunque Zoster se perdió entre espejos, lentes,
reflexiones y refracciones, no tardó en percatarse de que no hay concepto sin
belleza. Porque no hay mayor riesgo que construir formas bellas y elegantes…
“Los colores sin conceptos son aburridos. Los conceptos sin colores son mucho
más aburridos…” Y pensó Max Zoster que la clave se hallaba en el viejo tubo
mágico, por eso lo investigó. Pero el caleidoscopio, ajeno a sus inquietudes,
sólo le ofreció una difusa metáfora…
Tarde o temprano los artistas y
los filósofos recuerdan que toda creación artística o intelectual gira
alrededor de la verdad, el bien y la belleza. Por eso la conversación entre
ellos suele ser un noble juego del que brotan inquietantes mundos.
Miguel Parra Boyero es Licenciado
en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Desde 1985 viene participando en
numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas. Colaborador de La
Voz del Sur en la sección Negro sobre
negro, sus trabajos han aparecido en la revista Cambio 16, Diario de Jerez,
National Geographic y la revista digital de humor “La kodorniz”. Ha dado
charlas como ilustrador para el Centro Andaluz de las Letras y para la asociación
“La casa de las palabras” de Jerez. También ha ilustrado libros para los
escritores Juan Manuel López, Manuel Bernal, Eliacer Cansino, Silvia Álvarez,
Carmen Gil y José Antonio Antón entre otros.
martes, 14 de noviembre de 2017
EL JUEGO
De
pequeños, cuando estábamos jugando, de vez en cuando llegaba alguno que
interrumpía, decía que quería jugar pero no cumplía las reglas, hasta que nos
enfadaba y le decíamos “no sabes jugar”. Que te digan “no sabes jugar”, en ese
sentido, no resulta nada agradable, porque sabes que no se refieren al
conocimiento de las reglas, sino a algo más importante, al pacto implícito que
supone aceptarlas. Cuando llega el que no sabe jugar, todo se desbarata y la
actividad lúdica se disuelve. Ese pacto implícito que fundamenta cualquier
juego puede ser trasladado a gran parte de las dimensiones humanas. Hay quien
sabe entrar en el juego fácilmente y hay quien no termina de comprender a qué
se juega.
Existen tantos tipos de juegos que es muy arriesgado ofrecer una definición que abarque todos. Quizás en todos ellos haya al menos un participante y al menos una regla. El objetivo de los juegos es simplemente seguir sus reglas, sin buscar nada más. No seguirlas o tomar el juego como un medio para otros fines externos implica abandonar el juego. Es una actividad autosuficiente en la que mostramos inteligencia y sociabilidad. Jugar uno solo también es una actividad social: además de arrastrar las competencias lingüísticas y sociales adquiridas en comunidad, el que juega en soledad se desdobla, se autoimpone normas y, si no hay nadie delante, hasta se hace trampas…
Existen tantos tipos de juegos que es muy arriesgado ofrecer una definición que abarque todos. Quizás en todos ellos haya al menos un participante y al menos una regla. El objetivo de los juegos es simplemente seguir sus reglas, sin buscar nada más. No seguirlas o tomar el juego como un medio para otros fines externos implica abandonar el juego. Es una actividad autosuficiente en la que mostramos inteligencia y sociabilidad. Jugar uno solo también es una actividad social: además de arrastrar las competencias lingüísticas y sociales adquiridas en comunidad, el que juega en soledad se desdobla, se autoimpone normas y, si no hay nadie delante, hasta se hace trampas…
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| Miguel Parra |
El concepto de juego es muy útil para comprender a los seres
humanos. Nos proporciona metáforas muy fructíferas para desentrañar nuestra
naturaleza. Comprender significa llevar a cabo isomorfismos y traslaciones. En
las estructuras de los juegos hallamos reglas, límites, jugadores, jueces,
premios, castigos, riesgo, diversión, competición, tiempos, espacios, clasificaciones…
Nos viene muy bien, por ejemplo, para analizar el terreno de la política y el
ámbito del arte.
Las constituciones establecen las reglas de juego de la vida
social y política de un país. Los ciudadanos y las instituciones somos los
jugadores. Hay infinitas jugadas válidas dentro de ese marco. Una vez aprobada,
resulta incoherente intentar quebrantarla. La evolución del juego puede exigir
alguna modificación de esas normas, pero deben estar de acuerdo todos los
participantes. Como ocurre en los deportes, esas modificaciones sólo se
realizarán en caso necesario y evitando aniquilar la esencia del juego. La
metáfora puede extenderse y hablar de equipos, competiciones, clasificaciones,
sobre todo si pensamos en los procesos electorales.
Las obras de arte también son algo parecido a un juego, en
este caso planteado por el artista. Contemplar un cuadro, sea del estilo que
sea, supone aceptar un conjunto de reglas autónomo, diseñado por el pintor. En
un cuadro realista aceptamos el juego de la perspectiva, la profundidad, el
color, las proporciones… Ahí parece fácil porque es similar a las reglas de la
percepción que manejamos diariamente. Sin embargo, con los estilos no
figurativos entrar en el juego puede resultar más difícil, ya que el pintor te
pide que asumas un conjunto de reglas totalmente nuevo, ajeno a la percepción
diaria. Y en el arte conceptual, en una instalación, el creador pretende que
entres en el juego de cuestionar las reglas del arte, de la sociedad o de la
obra que te está ofreciendo. ¿Se imaginan a un espectador que va a ver un
partido de baloncesto pensando que todos los deportes se rigen por las reglas
del fútbol? Pues eso le ocurre al que observa arte abstracto y busca figuras
con significado, o al que visita una instalación y no encuentra belleza formal.
domingo, 12 de noviembre de 2017
BURBUJAS
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| Khaled Youssef |
https://laandalucia.org/burbujas/
martes, 10 de octubre de 2017
EL ASOMBRO
Señalas con el índice y dices
que ahí existe un abismo, algo sublime, una complejidad inquietante… Señalas un
bolígrafo rojo y preguntas dónde está el color rojo… Señalas tu propia mano y preguntas
por qué es sólida si en su interior todo es actividad… ¿Y cómo es posible que
el cerebro, compuesto de átomos, sea consciente de lo que le rodea y maneje
ideas…? Donde tú muestras asombro los otros sólo te devuelven indiferencia.
Como dice el artista Manuel del Valle, donde debería haber asombro sólo vemos
la cara imperturbable de Buster Keaton.
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| Miguel Parra |
Una de las tareas ineludibles de los maestros sigue siendo
propiciar la capacidad de asombro. Y utilizo el verbo propiciar porque los
otros que se me ocurren quizás sean excesivos. No sé si es posible enseñar a
asombrase, comunicar el propio asombro o simplemente contagiarlo, como si de un
virus o una emoción se tratase. Propiciar es más modesto, y sólo implica crear
las condiciones necesarias para que fermente ese espasmo intelectual que
denominamos admiración.
La filosofía, las ciencias y las artes parten del asombro
intelectual ante lo que nos rodea. Si somos incapaces de propiciarlo, la
creatividad, la innovación, el razonamiento y todas las capacidades
cognoscitivas no arrancan. Nos llama la atención cómo los grandes pensadores
detienen el tiempo para contemplar un detalle del mundo que para nosotros ha pasado
totalmente desapercibido. Esa actitud del sabio no es algo anecdótico, una
peculiaridad del carácter, sino uno de los pasos imprescindibles del método
científico y artístico. Por lo tanto, en los sistemas educativos habría que
pensar actividades que la propicien.
Aristóteles decía que
la filosofía y las ciencias surgen de la admiración que sentimos ante la
naturaleza. Cualquier hecho rebosa de complejidad, tanto si miramos las
estrellas, un campo de algodón o un insecto. La organización de la materia, en
lo micro y en lo macro, nos emociona. La inmensidad nos invade y emerge lo
sublime, esa sensación de infinitud que contrasta con el reconocimiento de
nuestra pequeñez. Pero también los asuntos éticos provocan asombro. Cuando nos
indignamos ante una injustica o alabamos una conducta honrada, decimos: ¿cómo es posible? El cielo
estrellado sobre nosotros y la ley moral dentro de nosotros, como señalaba
Kant.
Hoy poseemos tanta información y fluye de forma tan rápida
que nada nos sorprende, nada nos atrapa el tiempo suficiente como para que
brote la pasión por saber, por conocer algo a fondo. Cuando sentimos asombro,
reconocemos nuestra ignorancia, decía Aristóteles. Sin embargo, en la sociedad
de la información nadie se siente ignorante. Los infinitos flujos de
información aniquilan cualquier posibilidad de pararnos a reconocerla. Todos
tenemos muchos datos a nuestra disposición, información potencial. Creemos
saber mucho porque podríamos saber mucho. En un mundo acelerado, abarrotado de
pantallas cambiantes, nadie experimenta el vértigo ante lo que desconocemos.
Los flujos de información son más rápidos que los flujos de nuestra conciencia
reflexiva. La efímera curiosidad y la volátil sorpresa han sustituido al
verdadero asombro ante la realidad.
No dejamos tiempo al mundo para que nos intimide. Así
tampoco es posible la verdadera literatura. El poeta José Mateos suele decir
que la poesía nace del asombro ante las cosas más sencillas. Y nos remite a los
primeros filósofos, los presocráticos. Si no somos capaces de aturdirnos ante
lo milagroso de la existencia de cualquier ser, por insignificante que nos
parezca, la poesía y la ciencia no tienen sentido.
Que las cosas no nos afecten y pongamos
cara de Buster Keaton tiene terribles consecuencias. Todos los poetas afirman
que la poesía desarrolla nuestra sensibilidad. Nos vuelve mejores observadores
del mundo, condición necesaria para la creatividad artística y científica. Y
esa sensibilidad, como dice Pedro Sevilla, es la que también utilizamos para
detectar las injusticias y el sufrimiento de los demás.
http://www.diariodejerez.es/jerez/asombro_0_1180382249.html
viernes, 6 de octubre de 2017
ÉTICA DE ROEDORES: TRAPOS
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| Chiharu Shiota |
jueves, 5 de octubre de 2017
DISCURRIR
La nostalgia es peligrosa porque puede ser revolucionaria: nos negamos a abandonar aquellos momentos felices... Bueno, quiero decir que nos negamos a abandonar el recuerdo de aquellos tiempos felices... Y esos espacios no los controla nadie. Ni el mayor poder absoluto es capaz de aniquilar nuestras singulares experiencias. ¡Tendréis que discurrir mucho para acabar con ese rincón de libertad!
miércoles, 27 de septiembre de 2017
LA LEY
La conciencia de la ley entre los ciudadanos es muy extraña. No me imagino a la gente animando con aplausos a nuestros agentes para que realicen un control de velocidad o un registro en un despacho.
domingo, 10 de septiembre de 2017
VÍSCERAS
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| Francis Bacon |
martes, 5 de septiembre de 2017
¿QUÉ HACER CON EL NACIONALISMO?
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| Zimoun |
Ni la izquierda ni la derecha saben qué hacer con él. La
clase trabajadora no entiende de patrias ni de fronteras, dirán unos. La nación es
una, indivisible, dirán otros. La nación, dirán unos, está formada por la
clase trabajadora, no por los parásitos burgueses. La nación, dirán otros, ha
sido construida por los empresarios, emprendedores, gente que, además de
arriesgar su capital, protege en su castillo las esencias de la tradición. Y
los demócratas a secas, los que afirman que todo lo decide el pueblo, no lo
tienen menos difícil, porque nada puede ir en contra de la Constitución,
elegida por el pueblo. Aunque nada hay más democrático que votar para cambiar
esa Constitución o para diseñar un nuevo Estado.
miércoles, 23 de agosto de 2017
ÉTICA DE ROEDORES: LA PANZA Y EL LOMO
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| Conjunto de Mandelbrot |
Los malditos roedores comenzaron a sospechar que vivían en el lomo, quizás la panza, de un terrible dinosaurio. A lo mejor, dijo el roedor de la cueva, todo el bosque, incluso todo el universo, tiene la forma de un horroroso dinosaurio. Lo que es cierto, sentenció el de ojos grandes, es que parece inabarcable, ya estemos sobre la panza o el lomo. Veo que de las vísceras no habláis, advirtió el de dientes gastados, y toda esta podredumbre no son sino sus entrañas. No es cuestión de biología, ni de anatomía, gritó el de voz de mosquito. Todo se explica con la geometría, continuó. Jamás acabaréis con la terrible bestia porque es un hijo de Mandelbrot. La geometría del terror repite siempre la misma estructura. Si nos alejamos, aparece el gran bicho. Si nos acercamos, cada una de las partes es esa misma forma, hasta el infinito. He aquí el mundo que habitáis, señaló con las manos extendidas, un mundo sin centro, dominado por fuerzas que se regeneran sin piedad, un mundo creado por vosotros, que modeláis el panal del dolor con cada una de vuestras miserias. Sólo cuando alzáis la vista y contempláis las estructuras lejanas, o cuando sufrís la gran pisada, sólo entonces os quejáis. Porque todo es lo mismo y todo se repite. Y sabe el filósofo que ser consciente de esta geometría no es poco.
jueves, 3 de agosto de 2017
EL SELLO
Me gustaría saber escribir en espiral. Y no me refiero a los caligramas, claro. Hablo de esa escritura que es capaz de describir el viaje de un fotón desde una estrella, un viaje de ocho minutos y pico. Esa escritura acompañaría al fotón desde el Sol hasta una espiral de piedra, quizás el sello de nuestra galaxia. Y las palabras intentarían captar el momento en el que esa partícula rebotara en la enrevesada piedra y alcanzara el ojo y el cerebro de Ana. Me gustaría saber escribir en espiral para felicitar a esa extraña forma, sello galáctico, que ha estado esperando tantos millones de años este momento. Y pensar en espiral, cómo no, y recorrer la escalera de caracol que comunica las regiones más espesas de mi cerebro con las formas generadas por la naturaleza. Escribir en espiral me permitiría atrapar el movimiento infinito de mis ideas en una piedra eterna que, con el tiempo, fuese el combustible del que se alimentase una nueva estrella. Y de ella saldría un fotón que, seguramente, no iba a tener tanta suerte.
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