ROEDORES DE FILOSOFÍA

martes, 30 de junio de 2015

LUCES

¡Han traducido al castellano el Quijote! ¡Reconocen que eran gigantes, Sancho!

sábado, 27 de junio de 2015

LA ESFERA DE LO DIVINO

            Una de las virtudes de la novela histórica es que casi siempre nace de una conmoción: me refiero a lo que siente la escritora ante un hecho real. Uno puede quedar impresionado por un descubrimiento científico, por un amor apasionado o por un terrible crimen cometido prácticamente a la puerta de tu casa hace siglos. Estas historias se narran de forma obsesiva, como si de un deber moral se tratase, porque el escritor se ve en la obligación de compartir su estremecimiento o de aclarar lo ocurrido hace tiempo. Son novelas que van acompañadas de una tremenda labor de investigación, de años. Y cuando los escritores las terminan creen que su vida tiene ya sentido. Han cumplido su misión. Puede ocurrir incluso que, como es el caso de María Regla Prieto Corbalán, logren dormir por fin solas…
             Según Josefa Parra, aunque el lector conozca la trama, quién es el asesino, y pretenda realizar una lectura analítica, crítica, a las pocas páginas se ve arrobado por el misterio, esperando sin aliento más pistas, como si de una novela de detectives se tratara. Y a todo esto hay que añadir una prosa impecable, una creación de ambientes envolventes, trazados con pincel, y unos personajes sin fisuras.
       La novela transcurre a finales del siglo XVIII, cuando España recibe los impulsos revolucionarios e ilustrados que proceden de Europa. Frente a los avances del método científico, basados en la razón y la experiencia, aquí predominaban el oscurantismo y el fanatismo. Frente a los ideales de libertad e igualdad, aquí reinaban los privilegios del clero y la nobleza.
            Un fraile carmelita asesinó a una joven en 1774 en Sanlúcar de Barrameda, en la puerta de la iglesia del Carmen. Quince años más tarde, Francisco de Vargas, hilo conductor del relato, encuentra en el Archivo del Palacio Real unas cartas que ponen en cuestión el proceso llevado a cabo por los magistrados de aquel momento. Además, en San Juan de Puerto Rico se encontrará con el protagonista del suceso. Atrapado por la terrible e injusta historia, Francisco iniciará un viaje al lado oscuro de los seres humanos, una investigación moral que le permitirá conocer cara a cara el sufrimiento, la maldad y la depravación. En la novela aparecen los datos del proceso jurídico: fue la primera vez que un magistrado civil juzgaba a un miembro del clero. Sin embargo, la novela trata de personas, de seres que tuvieron que afrontar situaciones muy tristes. La personalidad del fraile, malo y enrevesado, sin capacidad de empatía, atrae al lector inmediatamente… ¿Por qué cometió el crimen? Ese es el misterio. La escritora no sólo ha tenido que investigar documentos jurídicos, también ha consultado muchos tratados de psicología para intentar comprender una mente tan compleja.
         Todo empezó hace casi veinte años, cuando la autora se encontró con la historia del crimen en un libro de Blanco White, Cartas de España. Comentaba el escritor que Carlos III había sido muy blando con los delitos del clero. Intrigados, Salvador Daza y Regla se pusieron a rebuscar entre la documentación existente. Resulta que la casa familiar de Salvador era la casa de la familia de la chica asesinada. Encontraron también una carta del padre de la joven María Luisa en la que pedía que aquel crimen y aquella injusticia no fueran olvidados. Después de leer esa carta no les quedó más remedio que investigar, recorrer los archivos. Tanta pasión despertó este asunto en María Regla que, además de varios ensayos, también redactó un guión de cine y esta novela.
           María Regla Prieto, Doctora en Filología Clásica, ha escrito La esfera de lo divino después de haber realizado varios ensayos sobre crímenes y clérigos, en colaboración con Salvador Daza. Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774) y Proceso criminal contra fray Alonso Díaz (1714), editados ambos por la Universidad de Sevilla en 1998 y 2000. De la santidad al crimen: Clérigos homicidas en España (1535-1821)  y Lucifer con hábito y sotana. Clérigos homicidas en España y América 1556-1834, ambos editados por Ediciones Espuela de Plata en 2004 y 2013.


ENTREGA DE DIPLOMAS DEL TALLER DE PERIODISMO CULTURAL

            El jueves se celebró el acto de entrega de diplomas del Taller de Periodismo Cultural, dirigido por Mauricio Gil Cano, que se ha venido impartiendo en la biblioteca de la Fundación. En la clausura intervino el periodista Jesús Vigorra, que dialogó con el público asistente acerca de la cultura y el periodismo. La sesión fue introducida por Josefa Parra y Francisco Camas, nuevo Delegado de Cultura, quien, en su primer acto oficial, expresó sus deseos de desempeñar sus funciones de la mejor forma posible: “Llevo la cultura dentro y tengo los sentidos muy abiertos, muy despiertos”. “Esta ciudad necesita que la cultura forme parte de la actividad económica, de la creación de riqueza y trabajo”.
         
Mauricio Gil Cano nos explicó en qué había consistido el taller Escribir la cultura, con veinticuatro sesiones de trabajo. En el curso han estudiado y practicado todos los subgéneros: entrevista, reportaje, crítica… Como ejemplos han analizado escritos de los mejores representantes del periodismo cultural. También han abordado el concepto de cultura, tanto desde su acepción cotidiana como desde su dimensión antropológica. Mauricio presentó a Jesús Vigorra y destacó su labor en el programa El público lee. El secreto, resaltó, era la participación del público, lo mismo iba un camarero que un profesor. Allí preguntaban al autor directamente. Un programa modelo dentro del periodismo cultural y muy premiado. Jesús Vigorra ha trabajado en el mundo del teatro, de la televisión, de la radio y en los periódicos.  Actualmente dirige un programa de radio basado en las reivindicaciones de los ciudadanos, con gran compromiso social.
               La intervención de Jesús Vigorra se desplegó en forma de diálogo con Mauricio Gil y con el público presente. Ante la calidad del programa El público lee y la cantidad de seguidores que tenía, los asistentes le preguntaron si recibió explicaciones cuando dejó de emitirse. No, no hubo explicaciones claras. A lo largo de la noche se habló de la dinámica de ese espacio y de las claves de su éxito. También se habló de las características de los diferentes medios para realizar periodismo cultual, de la relación entre cultura y poder, de la importancia del compromiso del crítico, de si la cultura es de izquierdas o de derechas, de cómo realizar una buena entrevista… “La  esencia de la cultura es la curiosidad y la lectura”. “La lectura ha sido mi salvación”, afirmó con rotundidad.

http://www.lavozdelsur.es/la-esencia-de-la-cultura-es-la-curiosidad-y-la-lectura

lunes, 22 de junio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXVI: EL JARDÍN.

   Recorremos los días y las noches como si no nos importasen, como si fuesen un juego. Y es cierto, no nos importan. Sabe el roedor que no hay lugar donde dar explicaciones ni ajustar cuentas, sólo importa la decisión. Los senderos de la tarde, o los de la mañana fría, son siempre circulares. Recorremos los días y las noches como si fuesen momentos improbables. Y es cierto, lo son. Cartografiar el instante es una labor propia del que lo aborrece, del que espera otra cosa, quizás un significado. Pero el que vive en el jardín o en el tonel no quiere nada más. Todo le basta. Recorremos las sombras como si tuviéramos miedo. Y es cierto, lo tenemos. Porque el miedo es real, es la realidad. Nadie puede ignorar el miedo. Ni un Logos universal será capaz de aniquilar ese terror inscrito en cada pensamiento. Sólo nos resta pasear por el jardín y ver cómo crecen las plantas y pensar desde nuestro tonel cuánto nos sobra para roer con libertad.

domingo, 21 de junio de 2015

LA HABANA Y SUS GENTES

“Puedo esperar más que tú, porque soy el tiempo”

         Nunca he visitado La Habana, sin embargo estoy deseando volver. Da la sensación de que todos hemos estado en esas calles alguna vez. Porque hay ciudades que llevan la nostalgia del viajero inscrita en su esencia. Y gran parte de culpa la tienen el cine, la fotografía y la literatura. Hace poco nos visitó Zoé Valdés para hablarnos de su libro La Habana, mon amour. Quizás sea interesante completar el recorrido de la exposición con la lectura de ese texto, tan poético y reivindicativo, desde el exilio. “La Habana es un burujón de fotos dispersas reunidas en varios libros, de lo que fue, de lo que es, de su esplendor y podredumbre”, dice Zoé al final de la novela. Claro que también caben otras lecturas paralelas, desde el contexto latinoamericano, desde la construcción de un mundo diferente, ajeno al capitalismo despiadado que nos abrasa. Las fotografías muestran personas reales, vida cotidiana, más allá de toda teoría política abstracta.
         ¿Qué es La Habana, entonces? ¿Qué han fotografiado Lola Amador y José Vázquez? La respuesta aparece en una de las fotografías, en la que hay un coche azul aparcado frente a un grafiti: han captado las formas del tiempo. Por paradójico que parezca, los instantes paralizados por la cámara nos trasmiten ese fluir denso e indolente del tiempo en La Habana. Son imágenes que invitan a pensar sobre cómo vivimos aquí, fuera de La Habana, nosotros, los del Sur, los que deseamos ser modernos europeos, productivos y acelerados, los que hemos olvidado las noches de verano con las sillas a la puerta, charlando hasta las tantas, mirando el cielo estrellado, nosotros los europeos del Sur… Incluso la filosofía ha retomado últimamente este tema. Byung-Chul Han ha publicado El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse (Herder, 2015). Habla de una atomización del tiempo, de una dispersión temporal o disincronía que nos impide experimentar la duración.
         Éstas son las formas del tiempo que han apresado en sus viajes Lola Amador y José Vázquez, miembros de la Agrupación Fotográfica Jerezana San Dionisio:
         El juego: los hombres y mujeres juegan al dominó, las damas o el ajedrez. La conversación: todos hablan, de todo, de cualquier asunto, sin prisa, de lo cotidiano, de lo trascendente, de ayer, de hoy. La lectura: un señor lee a la sombra, a la puerta de su casa, pero ignoramos dónde está. La escritura: sonríe el escribano, junto a la bandera y su máquina portátil. Los oficios: no hay prisa, lo que importa es el trabajo bien hecho; y eso significa hablar con el cliente. Los cigarros: los placeres del humo enturbian la charla o la espera, matan el aburrimiento. La luz y el color: la luz del Caribe realza el amarillo de los coches o el azul de las camisetas. Las ropas: mezclas y apaños para vivir el presente, en un mundo lleno de calor y carencias. El óxido y los desconchones: todo se degrada porque quizás todo nació degradado, ni las coloridas fachadas ni los elegantes coches son capaces de escapar del tiempo y la desidia. La música y el mar: la indolencia gana mucho con la música y la risa. Los coches: los paseos en descapotable de los turistas y los arreglos interminables. Las sillas: quien tiene una silla domina el tiempo y adiestra la paciencia. Los ojos, la piel y la risa: texturas limpias. La soledad: los que no están en las calles quizás vivan aplastados por el silencio. Las madres: todo lo acogen, todo lo miman. El Che: en la calle, una ilusión pintada, un souvenir o una pesadilla. Las miradas y la esperanza: saben endulzar la espera. Socialismo: unidad y eficiencia.


sábado, 20 de junio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXV: ¡CUÁNTO DE NADA!

  ¡Tantas ideas! Ahora nos damos cuenta de que tenemos muchas ideas, millones de creaciones surgidas de las mejores intenciones. Nadie se pregunta qué será de todas estas imágenes. ¡Tantas ideas! Ahora hemos visto, entre los árboles, que los malditos roedores piensan y crean. En el enmarañado bosque de pálidas luciérnagas las ideas son simples sombras de hojarasca. Nadie se preguntará por las ilusiones de los roedores. ¿Será el bosque, con sus recovecos, una maldición o una trampa? ¿Para qué tantas creaciones? ¿Dónde quedarán? Recordad que todos los signos, símbolos, y significados nacieron de la miseria. Somos fruto de una miseria muy compleja. Veo Venus y Júpiter, hoy, al lado de la Luna, y me acuerdo de todas las ideas forjadas por la vieja humanidad, como si fueran algo, algo más que las sombras del bosque. ¡Tantas ideas! No despertarán, nunca, como si fuesen un mensajero enviado a un cometa. No despertarán porque las ideas no duermen. ¡Cuántos poemas ocultos! Si pudiéramos al menos modificar la luz... ¡Cuánta semántica! ¡Cuánta sintaxis! Todo olvidado.

sábado, 13 de junio de 2015

PIRATAS EN LOS CLAUSTROS

         Las presentaciones de libros han cambiado mucho en los últimos tiempos. Ya no se reducen al modelo clásico, en el que habla un presentador, a modo de introducción, luego interviene el autor, que lee incluso algún fragmento de la obra, y por último los espectadores hacen preguntas, estableciéndose un breve diálogo. Mediante un monólogo de sintaxis perfecta y prudente histrionismo, el periodista y escritor Óscar Lobato (Madrid, 1958) fue arrojando sabrosas pistas sobre la trama y el contexto de su novela. Sabemos que es una historia de piratas modernos, gente enredada en oscuros negocios que transcurren en varias ciudades del mundo, entre ellas Cádiz. Con el micrófono en la mejilla y el proyector como apoyo, moviéndose de un lado a otro nos ofreció una verdadera conferencia sobre piratas. Faltó la interacción con el público. No hubo posibilidad de hacer preguntas.
         Detrás de las novelas de aventuras suele estar siempre la vida real, la intensidad que aportan las peripecias de personaje reales, ya sea una historia naval o una novela negra. “Master and Commander” o “El corazón de las tinieblas” se nutren de vidas reales. La vida y la realidad salpican todas las páginas de “La fuerza y el viento”, dice Óscar Lobato. Todo empezó en Gaira, Colombia. Allí se topó con la realidad: un violento asalto a un furgón blindado que trasladaba lingotes de oro. La huida de los atracadores fue desconcertante. Tomaron el camino menos esperado, hacia el mar. Una lancha y un helicóptero les esperaban en una caleta. “¿Qué clase de forajidos son los que huyen por mar? La respuesta era clara, el mismo tipo de bandidos que también llegan por mar: piratas”.

         Óscar Lobato hizo un análisis de los piratas, desde el punto de vista del cine y desde el punto de vista de la historia real. Desmontó el mito. En general, el cine identificó a los piratas con los corsarios, dedicados a una actividad muy reglada. Estas aventuras sirvieron para la literatura de piratas, pero sólo se habla de corsarios. A continuación el autor llevó a cabo un recorrido por la historia de los principales piratas. Y la sorpresa es que hubo gran cantidad de mujeres dedicadas a estas empresas, como Artemisia de Caria y la Tigresa Bretona. La industria del cine jamás las menciona. Óscar Lobato quiere hacer con su libro un homenaje a estas piratas olvidadas, en especial a la pirata irlandesa Grace O'Malley, que contó con una base secreta y amasó una gran fortuna.
         La piratería es una actividad que puede encontrarse ya en el mundo antiguo. Para los griegos los piratas son los que osan, los que se atreven a ir más allá de las rutas conocidas y seguras cuando el mar está imposible. Pillaban desprevenidos a los habitantes de esas ciudades costeras y las saqueaban. Se trata de ataques de mar a tierra, asaltos anfibios, en los que destacaron los vikingos. La piratería, otro mito derribado, no sólo existió en lugares exóticos. Las costas andaluzas fueron repetidamente atacadas por piratas berberiscos. Por eso ciudades como Cádiz se fueron fortificando.
         Y es precisamente en las casas de los cuarteles situados en el “Campo de las balas”, en Cádiz, donde vivían los personajes de la novela: Miguel Lantery, jugador de tenis y gran conquistador de mujeres; Gabriel Paíño, marino mercante; Uriel Gamboa, solitario, hijo de militares, destinado a la academia militar.
         “La fuerza y el viento” transcurre en una época en la que España, todavía reserva espiritual de Occidente, era el mejor mercado de drogas del territorio europeo. La industria farmacéutica tenía mucho poder. Sustancias prohibidas en los demás países se podían comprar legalmente aquí: el caviar español. “Para los protagonistas, la vida o es una aventura o no merece la pena”. Unen sus destinos y marchan a Marbella en busca de aventuras. En la narración aparecen personajes reales de esos años como Pitita Ridruejo, Paesa y Juan Luis Galiardo.
        El escritor ha realizado una inmensa labor de documentación para construir esta novela de acción. Además de leer todo lo necesario, ha viajado por medio mundo y ha contado con la colaboración de las fuerzas de seguridad especializadas en operaciones contra el narcotráfico. Ha sido asesorado por expertos acerca de las maniobras de asalto de helicópteros y lanchas. La novela, de seiscientas páginas, narra las aventuras de piratas actuales, con redes de delincuencia y tecnologías muy sofisticadas. Así lo resume la editorial: “Uriel Gamboa flota a la deriva en medio del Caribe, sin agua y con un cadáver a su lado. El camino hasta aquí ha sido largo: educado en una rígida disciplina militar, escapa de casa siendo adolescente y se une a Miguel Lantery y Gabriel Paíño para cumplir el sueño de convertirse en un verdadero pirata. Su objetivo: apoderarse del oro robado por los nazis tras la Segunda Guerra Mundial y saquear a banqueros estafadores y capos de la droga”. El estilo es trepidante: frases cortas, párrafos breves, diálogos eficaces, manejo de todos los registros,… pura acción e intriga. Esta es la tercera novela del autor, en 2007 publicó “Cazadores de humo” y en 2009 “Centhaeure”, las dos en Alfaguara.

viernes, 12 de junio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXIV: EL GRAN RESOPLIDO

  Y cuando todos pensaban que era imposible llegó el gran resoplido, el de la tranquilidad. Nadie osará cruzar el bosque sin consultar a los representantes de los roedores. Pero los roedores, ¿dónde están? Nadie lo sabe. Ni el dinosaurio malherido sabe nada de ellos. Se reunieron para poner el cascabel al gato, pero ya nadie sabe nada de ellos. ¡Pobres roedores! Otra vez olvidados. Ni el dinosaurio malherido recuerda a los malditos roedores. Cuando todo parecía acabado, llego el gran resoplido, el que acaba con las últimas ilusiones. ¡Que nadie espere nada! Ni el dinosaurio malherido recuerda al roedor. Vuelve la oscuridad del bosque. Vuelve la humedad. Nunca se va la maldita humedad, la que nos angustia en las noches de invierno. Porque el maldito roedor, a pesar de toda la luz reflejada en el río, debe vivir con las sombras, con las malditas sombras. ¡Que nadie espere nada del gran resoplido! El dinosaurio, malherido, sueña con roedores ilusos. Y duerme tranquilo. Porque sabe que el miedo aniquila el pensamiento. Sabe el dinosaurio que todo podría acaba con la gran piedra, la piedra terrible, la que llega del cielo y acaba con la miseria de los días. ¡Que nadie espere nada! ¡Es un bosque sin remedio! ¿Habrá que incendiar el bosque para que toda la miseria se diluya entre cobardes cenizas? Nadie lo sabe: todo es un maldito invento para que el roedor muera tranquilo, sin molestar. Sabe el roedor que sólo el fuego acabará con la gran pisada del horrible dinosaurio. Y cuando todos pensaban que era imposible llegó el triste resoplido, el de la tranquilidad. Y los nuevos dinosaurios, surgidos del miedo, representan la gran comedia, la comedia dirigida por los falsos roedores, los que saben que todo es un invento, un gran invento. Es extraño que el bosque, con sus olmos, siga intacto. Es extraño que el roedor haya olvidado todo. Hasta el malherido dinosaurio se extraña. ¡Hemos inventado la dulce miseria! Y mientras todos se entretienen, las madrigueras están vacías... Mas sabe el filósofo que no hay remedio y que los tristes roedores, los olvidados, seguirán muriendo, sin piedad... Sabe el maldito filósofo que la pisada del dinosaurio es mucho menos terrible que la mirada domesticada del roedor. ¡Llegó el gran resoplido!


martes, 9 de junio de 2015

LO QUE IGNORAN LAS PLANTAS

          Una de las trampas de la autoconciencia consiste en que nos consideremos superiores al resto de los organismos sólo por el hecho natural de ser conscientes de lo que hacemos y pensamos. Es una trampa que nos tiene atrapados desde los inicios de nuestra civilización. Menos mal que la naturalización de la teoría del conocimiento nos está liberando poco a poco.
         Aunque llevamos ya muchas décadas con la teoría de la evolución por selección natural, la arraigada creencia de que existe una pirámide en la naturaleza y que nosotros, los humanos, estamos en la cúspide se resiste a abandonarnos. En esa visión jerárquica del mundo vivo, los vegetales han ocupado siempre el escalafón más bajo. Clasificados como seres vivos poco complejos, cercanos al mundo inorgánico, los vegetales no han recibido el tratamiento filosófico y científico que merecen. Los prejuicios ideológicos han impedido un estudio objetivo de las funciones cognitivas y sociales de las plantas. Y en el  mundo académico, los descubrimientos realizados con experimentos con vegetales han permanecido casi siempre en un segundo plano.
         Stefano Mancuso y Alessandra Viola han publicado un excelente libro titulado “Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal” (Galaxia Gutenberg, 2015). Stefano es uno de los principales investigadores en neurobiología vegetal y Alessandra es periodista científica. El resultado de esta colaboración es un libro de 140 páginas que nos empuja a cambiar ciertas categorías.
Miguel Parra
         Las plantas tienen una estructura distribuida. No concentran sus funciones en órganos concretos. Poseen estructura modular. Si pierden un trozo, no ocurre nada grave. La planta se regenera y sigue existiendo con todas sus funciones. Su modo de vida estático ha dado lugar a otras formas de adaptación. Expuestas al apetito voraz de los herbívoros, la distribución de las funciones por toda la planta ha posibilitado su supervivencia. Esta distribución uniforme implica otras formas de percibir la realidad, de comunicación social y de inteligencia.
         A lo largo del libro los autores desmontan los viejos prejuicios. Atribuir percepción, inteligencia y relaciones sociales a las plantas no es ni una exageración ni una mera analogía. La estrategia argumentativa consiste, primero, en definir qué es ver o qué es una conducta inteligente, por ejemplo. A continuación comprobamos si lo que hacen las plantas encaja con esa definición. Los autores dicen que las plantas tienen nuestros cinco sentidos y otros quince más.
         Las plantas son capaces de detectar la luz mediante sus fotorreceptores. También son capaces de emitir y reconocer determinadas moléculas, los olores. Hay plantas que reaccionan si las tocas, se retiran, como la Mimosa pudica. Las plantas trepadoras palpan los objetos. Y las raíces bordean las piedras molestas. También detectan vibraciones, sonidos, y ciertas frecuencias les favorecen más que otras, por ejemplo para la germinación. Incluso emiten sonidos: una especie de clic, por rotura de las paredes celulares, y que podría servir para comunicarse, a través de las raíces. Los otros quince sentidos incluyen la capacidad de localizar humedad, la gravedad, campos electromagnéticos, medir gradientes químicos…
        Del mismo modo se aborda la comunicación y la inteligencia. Aunque los vegetales no disponen de cerebro, son capaces de enviar mensajes interna y externamente. La inteligencia que exhiben es distribuida también. Solucionan problemas. Encontrar agua y nutrientes o ser capaces de reconocer a los enemigos requiere procesar información y dar una respuesta eficaz. Los enjambres de raíces muestran propiedades emergentes, inteligencia global, al modo de internet. Los autores aportan numerosos ejemplos sobre investigaciones que se están llevando a cabo y que prometen abrir nuevos senderos para la ciencia, la tecnología y la filosofía.

viernes, 5 de junio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXIII: LAS ESQUINAS

Juan Ramón Alves Fernández
  No vemos el viento, pero está ahí. Basta con doblar la esquina. ¡Dibujad el viento! Cuando no hay nadie en la calle, frente a la casa abandonada hace décadas, ahí aparece, para recordarnos algo. Sabe el roedor que es un viento terrible, una astucia del tiempo para convencernos de algún secreto. ¡Dibujad el viento! ¡Que los artistas se ocupen del viento que barre las calles solitarias! Hace tiempo que la pisada del dinosaurio se olvidó de nosotros. No me atrevo a doblar la esquina porque no quiero acordarme del viejo bocarón. Sabe demasiado. Y la puerta, cerrada con tablas, no es menos ignorante. Hace tiempo que los vientos adormecieron las ilusiones. ¡Jamás dobles la esquina!




LA HABANA, MON AMOUR: PATINES SOVIÉTICOS, BICICLETA CHINA Y CROQUETAS SOYUZ 15

“Porque la verdadera Habana sólo existe en la literatura, y más específicamente en la literatura de Guillermo Cabrera Infante, quien ha logrado salvar la ciudad de la destrucción malvada, llevada a cabo por los hermanos Castro”.
                 
         “La Habana, mon amour” ha sido publicada por la Editorial Stella Maris. La presentación del viernes consistió en un diálogo entre la periodista Virginia Montero, Zoé Valdés y el público, que realizó numerosas preguntas y muy pertinentes. A lo largo de la conversación el libro fue desmenuzado desde todas las perspectivas: creación, estilo, intenciones, contexto personal y contexto social y político.       
         Después de tantos años de exilio, las piedras de la Habana todavía revolotean en la memoria herida de Zoé Valdés. Que la infancia es el presente más intenso, condensado, que nuestro cerebro retiene y retuerce nadie lo puede dudar. Todo nuestro cuerpo, pasen los años que pasen, vivamos las miserias que vivamos, siempre está impregnado por los tonos de esas primeras experiencias. Si además te ves obligado a vivir fuera de tus calles, de tus aromas y tus gentes, entonces el cuerpo rezuma en los sueños y en la escritura todo lo que quieres conservar, todo lo bello que quisieron arrebatarte.              

         Zoé Valdés ha escrito una obra que arranca de las emociones más profundas. Ha necesitado todos los géneros para transitar otra vez su ciudad. El libro puede leerse como unas memorias noveladas con tono poético y un profundo espíritu reflexivo y crítico. Nos describe las calles, con sus tiernos personajes, los olores, los sonidos, los miedos, las ilusiones perdidas… Y nos lo cuenta desde el habla de La Habana, con palabras de allí, hablaneras. “El habanero es un lenguaje suave, que se desliza por el tobogán de la lengua, hacia la punta, y de ahí se lanzan las palabras húmedas como desde un trampolín”.
         Son historias de una niña inquieta y sensible, una niña que recorre las calles y trata a personajes misteriosos, como Farolito. Son historias familiares o de primeros amores. Historias, incluso, de la vida en un cine. Los deseos y los sueños conducen al Malecón, verdadero muro de las lamentaciones de los cubanos. “No le tenía miedo a nada ni a nadie y donde mejor me sentía era corriendo, o a toda velocidad en mi carriola de madera o deslizándome en mis patines soviéticos, y más tarde en mi bicicleta china de color azul y blanco…”.
         En el libro, además de la percepción tan personal de la autora, también encontramos abundantes datos históricos, arquitectónicos y artísticos. Zoé Valdés combina muy bien las anécdotas personales y sociales con la crítica cultural. Así, nos habla tanto de las croquetas Soyuz 15, que se pegaban al cielo de la boca, debido a su masa, como de las bellas casas de la vieja Habana. “La Habana, sin embargo, ya no es una ciudad bella. No lo es porque no es libre. No sigamos con la mentira y el babeo de que la belleza no tiene nada que ver con la política. La dictadura lo ha afeado todo”.

         Ha escrito más de treinta libros y ha recibido premios de gran prestigio literario, como el Azorín de Novela con “La mujer que llora”. En 1995 se exilió definitivamente en París, año en el que publicó “La nada cotidiana”. Minutos antes de la presentación nos concedió una entrevista:


¿Cómo clasificar “La Habana, mon amour”?

         Son viñetas noveladas. Tiene algo de novela, tiene algo de ensayo, de memorias. Es una necesidad de la memoria lo que me mueve a escribirlo. Tras veinte años de estar pensando en La Habana es un homenaje a esa ciudad, mi ciudad natal.

Describe una Habana bastante literaria…

         Sí, es una ciudad muy literaria y cinematográfica. Tiene muchos personajes que han sido escritores, autores, que fueron también mis lecturas de formación, lecturas de juventud, los que me formaron como escritora.

¿A quiénes destacaría?

         Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, La Condesa de Merlín, citados los tres al inicio del libro. También José Lezama Lima, José Martí… Son los autores más relevantes que me formaron. A algunos, incluso, leyéndolos a escondidas, de forma clandestina.

Da mucha importancia a la lengua, dice “el idioma como refugio”…

         Es así, sobre todo desde que vivo en otra lengua, expresándome en otro idioma, el francés, que ha sido mi lengua refugio. Me ha enseñado mucho, me ha aportado mucho y me ha permitido escribir ahora un libro en francés, que acabo de publicar, se titula “Traduire la nuit”, y que me ha sacado de la melancolía.

En el libro se ha preocupado especialmente por introducir vocabulario de La Habana…

         Hay palabras muy habaneras, muy hablaneras.

¿Tiene el libro un estilo híbrido? Hay capítulos que prácticamente son poemas…

         Empecé escribiendo poesía con diecisiete años. Quería realizar con este libro, que tiene referencias a mi primer libro de poesía “Respuestas para vivir”, un recordatorio a esos primeros poemas que escribí en La Habana entonces y que fueron mi bautismo literario.

¿Es un libro demasiado íntimo? ¿Es un riesgo?

         Es un riesgo y así lo decidí porque creo que es más honesto por mi parte.

Hay fragmentos muy viscerales, quizás por rabia ante lo que ha perdido…
 
         Quizás sea así, por ira, por cólera. Por no escribir una vez más con rabia lo he hecho de forma más intimista.

“Cuando entonces en La Habana todavía se podía…” es una frase que se repite en el libro…

         Se repite bastante porque se refiere a cuando la ciudad era otra, cuando todavía era la ciudad elegante, La Habana elegante.

Menciona en este y otros libros los misterios de La Habana. ¿Se trata de recuperar todo aquello que el racionalismo exagerado de la revolución aplastó? ¿Recuperar lo dionisíaco, los sentidos...?

         Así es, y recuperar lo tradicional, que no tiene nada que ver con el costumbrismo.

La memoria que usted rescata es la memoria de una escritora: ¿Qué función tiene la escritura en la búsqueda de la libertad?

         Para mí este libro me ha hecho más libre y ha tenido una función terapéutica. Estaba en una situación bastante mala, estaba bastante enferma, y el libro me permitió salir de mi enfermedad, me sacó del hueco. Escribir sobre La Habana me permitió de nuevo volver a ser la joven que había sido y tener el élan vital que había tenido.

En el libro habla de una Habana “bajo el yugo de la revolución”. ¿Qué diría a los que todavía piensan, dentro de la izquierda, que Cuba o Venezuela son buenos modelos políticos?

         Les diría que hay que tener mucho cuidado y que es muy peligroso. Son cincuenta y seis años de dictadura totalitaria. Hay que tener mucho cuidado con los populismos.

¿Tenemos aquí una visión distorsionada de lo que ha ocurrido allí?

         En algunos casos sí. En otros no; y la gente sabe lo que ha ocurrido. La gente cada vez se entera más de lo que verdaderamente ha ocurrido y ocurre. Ayer mismo detuvieron a Tania Bruguera, que es una artista plástica y le quietaron el pasaporte. Hace poco han detenido al músico Gorki Águila porque quería poner la palabra libertad en el Museo de Bellas Artes. Son actos que en cualquier parte del mundo son considerados un derecho, pero en Cuba no se pueden hacer. No se puede protestar, no se puede gritar que uno está en contra del régimen. Y de estas cosas la gente se da cuenta cada vez más. Y se da cuenta de que después de cincuenta y seis años no se puede seguir aguantando lo mismo.

¿Qué ocurre con los que están allí, escribiendo?

         Hay un escritor que está preso, Ángel Satiesteban. Hizo un blog que se llama “Los hijos que nadie quiso”. Hay gente que está escribiendo de manera muy fuerte pero no pueden publicarlo.

¿Se ve alguna perspectiva de cambio?

         Por el momento no. Creo que los dictadores tienen que desaparecer como desapareció el dictador aquí en España, en Argentina, en Chile o en los países del Este.

¿Sería posible una transición pacífica como la que se hizo aquí?

         Pero no con los dictadores. Claro que hay gente preparada para hacerlo.

¿Y en París? ¿Se habla todavía de política y cultura?

         Sí, se habla mucho de política. Además, los escritores son referentes en la política. Sigue habiendo ambiente intelectual. Forma parte de las características de la ciudad.


Por último, algunas preguntas que me han sugerido los lectores:

¿Por qué empezó usted a escribir?

         Por amor. Por amor, a mi madre, a mi abuela, a la soledad y a todos los que me rodean.

¿Va a escribir ciencia-ficción alguna vez?

         No, no. Creo que hay que estar muy preparado para hacerlo. Además de eso hay que tener un estilo que yo tampoco lo tengo.

¿Qué proyectos literarios tiene?

         Acabo de terminar una novela erótica que trata de los años setenta, la sexualidad vista desde los años setenta y ochenta en Cuba. Se titula “La salvaje inocencia”.

¿Y de ensayo?

         Publiqué un ensayo titulado “La ficción Fidel”. Y he estado preparando varias viñetas para un libro de ensayo sobre pintura cubana, sobre pintores cubanos.
        
¿Qué le ha parecido Jerez?

         Me ha gustado mucho. Hoy estuve por la catedral, por la plaza de la Asunción, estuve caminando mucho y me recuerda a varias ciudades de Cuba y a partes de La Habana. Es una ciudad muy linda, muy bonita, aunque hay lugares desconchados y en cierta dejadez. En esto también se parece a La Habana.

jueves, 4 de junio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXII: BELLO CÍRCULO

  El escéptico analiza, examina, duda, comprueba y de ahí no sale. Es un sendero circular, una bella espiral. Vueltas y más vueltas, para no saber cuál es el principio ni el final. Bella espiral, bucle infinito: sólo el roedor disfruta del círculo. Vueltas y más vueltas del pensamiento. El escéptico no se aburre porque sabe que nada tiene principio ni final. Y los fundamentos le atormentan. Ama la materia porque no hay nada más y es infinita en sus recovecos y miserias. El roedor analiza, piensa, examina y vuelta a empezar. ¡Que nadie espere nada! ¡Todo continúa! No se contenta con nada porque nada contenta definitivamente. Y cuando observa los enredos de los otros roedores se desespera y corre más, en cualquier dirección. ¡Tanta importancia a nuestras miserias! Hay roedores aplastados por la protuberancia que presiona sus pequeños cerebros. Ese apéndice opresor es el yo. Nos impide correr y movernos con soltura. Nos ciega. ¡Son tan malos los otros! ¡Soy tan bueno! Por eso el roedor busca los sombríos. Habita lo que nadie quiere, lo que nadie desea. En esos espacios hay libertad. Cuando el roedor analiza, examina y duda, abre nuevos senderos para huir, sin molestar a los otros roedores. Saber retirarse de todo, ésa es la virtud del roedor y la consecuencia de su duda. Sólo quiere habitar en los sombríos de las letras, en los silencios.