ROEDORES DE FILOSOFÍA

domingo, 6 de marzo de 2011

FUNDAMENTOS Y ENIGMAS

La reflexión sobre los fundamentos de una ciencia es una de las mejores formas de divulgación. Por extraño que parezca, cuando intentamos definir un concepto es cuando mayor claridad y mayor perplejidad padecemos. Precisamente son los dos rasgos epistémicos que nos empujan a seguir investigando, pensando o leyendo.
En el análisis de los fundamentos recuperamos esa continuidad entre estructuras formales y realidad que algunos dejan al margen. Entender la matemática y disfrutar de ella implica sentirse admirado ante la definición de número o la definición de demostración. Y aquí interviene el papel de la historia de la matemática. La praxis del matemático, su hacer, cobra sentido dentro de un marco de problemas y conceptos. Como todo avance lleva consigo una mirada hacia lo que es la matemática, resulta que toda nueva solución arrastra un replanteamiento de los conceptos básicos.
La historia de la ciencia nos ofrece muchos ejemplos de cómo las estructuras físicas son pensadas a través de las estructuras matemáticas. Surge la duda de si hablamos de identidad o aplicación. Hablar de aplicación supone admitir un dualismo ontológico y epistemológico. Dos ejemplos de la física moderna pueden ilustrarnos: la física cuántica matricial y el concepto de cuerda.
(Leyendo FUNDAMENTOS Y ENIGMAS DE LA MATEMÁTICA. DE KANT A FREGE. Javier de Lorenzo Universidad de Valladolid 2010 )

BUCLES INFINITOS


1) Comienzo con una anécdota de Max Zoster, uno de los grandes pintores y uno de los grandes filósofos del arte del siglo XX. Cuando presentó en Berlín su conocido cuadro titulado “Las liebres no comen lienzos”, un periodista le rogó que hiciera un breve análisis de la obra. Max Zoster pidió unas tijeras grandes y le entregó el lienzo bien troceado mientras le decía: “Aquí lo tiene, analizado.”

2) Nosotros no vamos a pedir un análisis del cuadro. Sólo nos gustaría agradecer al autor la experiencia estética que nos ofrece: un recorrido infinito de las partes al todo y del todo a las partes. El uso de los colores y de los significados incompletos nos permite experimentar la libertad creativa. Este cuadro no admite dos miradas iguales. Su estructura fragmentaria nos lanza por senderos infinitos. Pero es el observador el que crea esos senderos, esa red de trazos, colores y acciones.

Los artistas modifican el espacio y el tiempo creando nuevas configuraciones. Ellos son capaces de construir nuevos espacios de libertad, nuevos espacios para pensar y sentir. Los receptores de una verdadera obra de arte no necesitamos nada exterior. Pensamos y sentimos dentro de ese juego que se nos propone. La obra que ahora tenemos delante nos abre un nuevo espacio de libertad.


3) Toda la comunidad educativa debe sentirse feliz por poder convivir con estos trazos y con estos colores. Todos nosotros debemos estar contentos por poder trabajar con esta obra y con este compañero.

ACCIONES, FRAGMENTOS Y PLANOS

Max Zoster, un pintor y crítico alemán que dedicó toda su vida a explicar en qué consiste el arte, escribió en 1985, un año antes de su muerte, un breve tratado titulado “Manual de instrucciones para que los teólogos lleguen a entender las vanguardias”. La obra no fue publicada porque ningún editor se atrevió. Gracias a algunos de sus amigos, filósofos y pintores, conocemos hoy parte de su contenido. Se trata de fragmentos, pensamientos muy concentrados. Estos aforismos de Max Zoster me van a servir a mi para pensar a través de Transformer.

Max Zoster llamaba teólogos a todos aquellos que buscaban en las obras de arte ideas bien definidas, hilos argumentales completos, moralejas o, simplemente, un significado. “Teólogo es aquel que se queja porque no sabe por dónde empezar a mirar un cuadro.” En la serie Transformer podemos contemplar obras sin centro, en ellas todo es periferia. Cada cuadro, cada viñeta, puede ser el inicio de una mirada. Hay infinitas posibilidades. La recepción provoca en el espectador cierto desasosiego, quizás ansiedad. Un desasosiego que desaparece en cuanto observamos el cuadro como una unidad formal.

Cuentan una anécdota de Max Zoster que, sinceramente, me cuesta creer. En 1980 recibió en su estudio de Berlín a un pintor Francés llamado Fermer. Este pintor francés se atrevió a decir que dos cuadros de Zoster no le gustaban porque le recordaban al cómic. Zoster tachó los dos cuadros con dos grandes aspas rojas. A continuación le regaló los dos cuadros a Fermer y sin decir ni una palabra le señaló la puerta. A Max Zoster siempre le fascinaron las posibilidades expresivas del cómic. “El cómic expresa muy bien el momento de cada acción.” En Transformer hay viñetas que nos presentan acciones y fragmentos de acciones. A veces son instantes, quizás imágenes sugeridas por las letras de Lou Reed. A veces son fragmentos repetidos de instantes.


Max Zoster llegó a decir en un artículo que dedicó a la obra de un pintor Danés que “el color en los cuadros sirve para que el espectador esté un rato con la boca cerrada, que es lo mejor que puede hacer”. La experiencia estética del color puede dar lugar a unidad formal, pero no siempre. Hay pinturas de paisajes en las que los colores deshacen la unidad formal. Entonces, no conseguimos percibir el cuadro como una totalidad autónoma. En Transformer los juegos con el color permiten alcanzar una unidad a través de los fragmentos. Los colores ofrecen múltiples planos de profundidad, múltiples planos de sentido. Es como si siempre hubiera algo detrás que no llegamos a comprender. Los textos incompletos y las acciones incompletas nos presentan la realidad humana moderna, urbana, quizás superficial.

¿Cómo expresar la fragilidad de las acciones? Los trazos gruesos, poco definidos o impregnados por transparencias, nos dan la sensación de momento siempre inacabado, provisional. Max Zoster decía : “Los personajes deben parecer fragmentos difusos de sí mismos para que la obra no se convierta en un catecismo”.

“El arte transgresor es el único arte libre. Hay que pintar contra la tradición, contra el espectador y contra uno mismo, todo lo demás son crueles engaños. ” Y yo diría además que hay que mezclar, mezclar géneros, mezclar perspectivas y técnicas. El lenguaje de la música puede codificarse en un código visual. Debemos pintar el jazz, improvisar, variar, hacer progresiones con colores y notas. Progresiones con ideas.

Max Zoster murió en 1985. Las mezclas y las drogas acabaron con él. Sólo podemos contemplar dos cuadros suyos, en Berlín. Uno de ellos es un collage construido con miles de diminutas cruces, de todos los estilos. El otro es un graffiti sobre lienzo donde se repite una frase de mil formas: “Utopía del silencio”.