ROEDORES DE FILOSOFÍA

viernes, 29 de enero de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: TACTO

Nadav Kander
   Todo es superficie, la de tu piel. Lo demás es oscuridad. Intentas atravesar los objetos, claro, y sólo ves la superficie. Bien, es el tacto, única herramienta del miedo, no cualquier miedo, el esencial, lo que nos define cada segundo. La profundidad es un invento terrible de los cobardes, decía el filósofo, el amigo de Wagner. Todo es superficie, la de tu mirada. Porque no hay nada más bello que lo efímero, lo que huye de nuestras manos, de nuestros ojos... ¡Y que sepan los dioses que su eternidad es una cruel amenaza para nuestros días! No deseamos nada más que esa superficie, la de tu piel. Aquí permanece todo ese infinito, el de tu calor antes de dormir. No deseamos nada más, no hay sitio para nada más en este viejo universo. Sabe el filósofo que los abismos son insondables, que el miedo es la luz de los días y que las palabras nos cobijan por misericordia.

jueves, 28 de enero de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: MECANISMOS INFERNALES

Nadav Kander
   Nadie puede imaginar qué significa vivir atado a un cerebro que no funciona bien, encadenado a una maquinaria neuronal capaz de tirar sillas y saleros contra cualquier ser vivo. Y los que cuidan esos cerebros, los cuidadores, las madres y padres, nadie sabe quién cuida de ellos... Cambiarán los tiempos, las políticas y las tecnologías, cambiarás tú.... Nadie puede imaginar qué implica vivir con redes neuronales enrevesadas, violentas, destructivas, autodestructivas... Porque al caer la tarde, cuando cruzas la plaza, observas que una joven vive ajena a la razón y que los seres queridos siguen su azaroso rastro con la mirada ensombrecida por el cansancio de los días y la falta de ayuda... Y recuerdas, como roedor que eres, que hay algo en el bosque que no funciona bien y que los terribles dinosaurios ignoran la dureza de los días. Nadie puede imaginar lo que significa vivir atado a la inconsciente violencia de un cerebro arruinado por las pisadas del azar, de la materia, de la vida...  

lunes, 25 de enero de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: REGRESO

    Siempre hay alguien que te mira y sabe más que tú, recuerda, más que tú. ¡Roedor, recuerda tu ignorancia! La insolencia genera sombras, nunca luz... Siempre hay alguien que posee una mirada más limpia que la tuya: el que sufre en el desierto o el que se muestra tal como es. Quizás sea el momento de ocultarse como todo roedor sabe, a tiempo, antes de ser cazado por la terrible insolencia. Siempre hay alguien que sabe más que tú... Debería aburrirte tanta palabra hueca, la tuya, la que oculta la ignorancia de tus entrañas. La inmensidad del desierto y el eco de las palabras sinceras de los jardineros deberían ser suficientes para que descubrieses otra vez el lúgubre bosque, al que perteneces por naturaleza. 

viernes, 22 de enero de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: ESE SEGUNDO

Caballo de Pablo Palomo
  Ese segundo, en el que el universo se pensó a sí mismo, ese segundo... Pasó, como pasa todo, sin dejar rastro. Y nosotros, los humildes roedores, obsesionados con las sombras. Ese segundo... ¡Quién te iba a decir que los eternos días de la infancia se convertirían en eso, en nada! Pero ahora recuerdas las promesas, los sueños, como si fuesen la esencia de ese maldito segundo. Y piensas que todo se perdió en aquellas decisiones, tan inconscientes, tan libres... Daríamos todo por unas milésimas de segundo, de ese segundo innoble en el que fuimos abrumados por la ingenuidad de nuestros silencios o por la nobleza de nuestros deseos, cuando todo era un solar y había que diseñar este terrible universo... ¡Quién no daría todo por recuperar el calor de las tardes...! 

viernes, 15 de enero de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: LOS ARTESANOS

  Los artesanos conocen el secreto del mundo. Amasan la materia para recordar. Arcilla, pan, vidrio. Lo sabemos. La materia agradece esa sabiduría, la del artesano. Demiurgos caseros: no necesitamos nada más. Todo el universo merece la pena, sólo por eso, por el artesano que madruga y mira por la ventana para esculpir el mundo, ese que todos vivimos. Me dice Miguel Parra que nos olvidarán, que dentro de unas décadas nadie se acordará de nosotros. ¿Quién se acuerda de nuestros bisabuelos? Nadie les recordará, nadie nos recordará. Sólo los artesanos conocen el secreto del universo. Y los jardineros persiguen lo mismo... Nadie sabe escapar de esta burbuja. Recuerdo la masa del pan como si fuese arcilla y recuerdo mis días de harina como si fuesen de... Los artesanos conocen la esencia de los días, con sus nebulosas, con sus incertidumbres, con todo eso que arrastra el nacer. Si no somos artesanos es porque no queremos recordar... Anhelamos una civilización perdida, la que brota de nuestros recuerdos: el árbol, el frío, el horno, la nieve, la piedra, la leña... Tiene razón Miguel Parra: nos olvidarán, sin piedad. 

martes, 12 de enero de 2016

ARTE, VIDA Y TECNOLOGÍA

Los senderos creativos forman una red, por eso las ideas nuevas jamás se agotarán. Hay quien piensa que el arte contemporáneo ha tocado techo y que lo hizo hace varias décadas. Ya es imposible sorprender con algo nuevo, original, dicen. Sin embargo, aparecen nuevos territorios, nuevos campos de experiencia generados por las ciencias y la tecnología. Hay creadores que se mueven por las fronteras con atrevimiento, como es debido, si queremos avanzar.
Miguel Parra
 Daniel López del Rincón ha publicado “Bioarte. Arte y vida en la era de la biotecnología” (Akal, 2015), libro que describe un movimiento artístico reciente, en pleno desarrollo, el bioarte, lo que obliga a realizar precisiones terminológicas y conceptuales. Hay dos grandes tendencias, la biotemática y la biomedial. La primera agrupa a los artistas que utilizan la biotecnología como tema, bien sea para criticarla o ensalzarla. Estos autores incluyen en sus obras referencias al ADN, a la ingeniería genética, a los transgénicos, etc., pero sin manipular materialmente esos procesos. La tendencia biomedial trabaja directamente con la vida y recurre a las técnicas utilizadas por los científicos para crear. Mientras que para la corriente biotémática el laboratorio es sólo una fuente de imágenes y datos, para la biomedial el laboratorio se convierte en el taller del artista. Algunos bioartistas han pasado largas temporadas investigando en laboratorios de biotecnología. No se trata de algo esporádico o anecdótico. En el arte biomedial es esencial experimentar directamente con la vida y utilizar las mismas técnicas que los científicos.
  El libro de Daniel López pretende ser sistemático. Realiza una historia del bioarte y habla de cuatro fases. La primera transcurre desde 1920 a 1985, desde las ciencias de la herencia a la genética molecular. La segunda fase va desde 1980 a 1992, en la que surge la primera generación de bioartistas. La tercera fase es desde 1993 al 2001, segunda generación de bioartistas, se pasa de la hegemonía del arte genético a la heterogeneidad del arte biotecnológico. La cuarta fase va desde el 2002 a la actualidad, la consolidación del bioarte como movimiento artístico. Son interesantes las obras de Eduardo Kac, Marta de Menezes, Tissue Culture & Art, Critical Art Ensemble, Paul Vanouse, Allison Kudla, Joaquín Fargas,  Empar Buxeda…
    En la primera fase ya quedan definidas las dos tendencias. Edward Steichen inaugura el arte biomedial con sus trabajos sobre la herencia en los delphinium. Utilizaba un fármaco llamado colchicina para modificar genéticamente las plantas y obtener variedades nuevas. Exponía tanto las fotografías como las plantas mismas. Esta primera fase es de carácter mendeliana, no se abordan técnicas de genética molecular. Por otro lado, Salvador Dalí representa en sus obras la doble hélice del ADN. El tema de la biotecnología aparece como icono, como estructura formal o como asunto controvertido sobre el que reflexionar. La tendencia biotemática trabaja sólo con representaciones, nunca con la vida directamente.
   Ya desde los inicios surgen las primeras controversias, no con la tendencia biotemática, sino con el enfoque biomedial. Modificar organismos vivos, sean plantas, bacterias o conejos, con fines exclusivamente artísticos no ha sido bien recibido por todos, incluidos muchos artistas. Si ya es conflictivo transformar el ADN de un ser vivo con fines médicos o alimentarios, se puede uno imaginar fácilmente los argumentos que cabe esgrimir contra aquellos que sólo pretender crear obras de arte. Una de las razones por las que el bioarte tardó en arrancar fue que aún acechaba la oscura sombra de la eugenesia, sobre todo nada más acabar la Segunda Guerra Mundial.       
La biotecnología ha abierto nuevos campos de experiencia. Ahora bien, cabe preguntarse qué nos puede aportar el bioarte, el biomedial, el que modifica organismos en el laboratorio. Si toda la reflexión sobre las nuevas tecnologías se hace desde fuera, corremos el riesgo de acabar en la ignorancia y carecer de herramientas conceptuales para realizar una crítica seria. El bioarte hace visibles los procesos y nos invita a conocer lo que se está haciendo. Por otro lado, genera obras de gran valor artístico, jamás realizadas, no sólo por su riqueza conceptual, sino por su belleza, con nuevas texturas y formas procedentes de la misma naturaleza. Los artistas pueden, incluso, aportar analogías, comparaciones, metáforas, figuras, dinámicas y relaciones con valor epistemológico en el contexto de descubrimiento, para generar nuevas hipótesis, nuevos caminos. Gran parte del libro está dedicado a estas reflexiones: diálogos interdisciplinares, nuevos materiales, robótica y arte digital, arte y naturaleza…      

domingo, 10 de enero de 2016

ÉTICA DE ROEDORES: EXTRAÑA SENSACIÓN

  ¿Este año también es para nosotros? ¿Todo entero? ¡Extraña sensación! Quizás no merezcamos tanto tiempo... Ya sabemos que el azar es caprichoso, pero un año entero... Otra vez el dinosaurio y sus atrocidades, el roedor y sus senderos... ¿Sabremos esquivar el tedio de los días? Y viajamos a miles de kilómetros por hora para volver al mismo sitio... No hay, seguro, ningún otro ser en el universo que desperdicie mejor el tiempo. Nadie nos superará en eso. Pero un año... Quizás sea demasiado para un maldito roedor, tan ajeno a todo... ¿Será una condena? Tampoco. Sabe el filósofo que sólo merecemos el tiempo que construimos. No queremos regalos envenenados. Sólo merecemos lo que creamos cada día como si fuese el último. Un año entero y regalado sólo puede ser un engaño mortal. Acudid a la cita de los días como si fuese la última cita. Roed la sombra de los días como si se tratase del mejor alimento. Todo lo demás es un regalo envenenado. Sabe el filósofo que un año entero es demasiado...