ROEDORES DE FILOSOFÍA

domingo, 31 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXII: NO PODEMOS

   En el sentido físico: no podemos volar, no podemos levantar la Luna con nuestras manos, no podemos acercarnos al Sol sin achicharrarnos, no podemos respirar debajo del agua, no podemos masticar acero, no podemos beber hierro fundido, no podemos romper una catedral a cabezazos, no podemos hundir un buque con nuestro aliento, no podemos peinar el Amazonas con nuestros cepillos, no podemos bebernos el mar Mediterráneo, no podemos engullir un guepardo de un tirón, no podemos contar las hormigas de un hormiguero con los ojos cerrados, no podemos abrazar a Júpiter, no podemos superar la velocidad de la luz...
   En el sentido psíquico: no podemos entender a nuestro vecino, no podemos aguantar la televisión, no podemos llorar cuando queremos, no podemos odiar cuando debemos, no podemos reír cuando nos obligan, no podemos resistir la opresión, no podemos aguantar la explotación, no podemos comprender las leyes naturales, no podemos sentir compasión los domingos por la tarde, no podemos soportar las bombas sobre Palestina, no podemos sufrir como un toro de lidia, no podemos ser un termostato, no podemos saber lo que ignoramos...   
   En el sentido ético: no podemos entender las virtudes clásicas, no podemos ser honestos, no podemos buscar la verdad, no podemos dialogar de forma simétrica, no podemos ser puros, no podemos enfrentarnos a nuestras acciones, no podemos mirar a nuestros gatos a los ojos, no podemos ser autónomos, no podemos ser libres, no podemos ser personas...
   En el sentido estético: no podemos ver una obra sin preguntarnos por su significado, no podemos entender el proceso creativo, no podemos cenar con Bacon, no podemos observar al artista sin importunarle con nuestras aburridas preguntas, no podemos comprender a Manolo del Valle, no podemos ser un borracho de Goya, no podemos creer en las posibilidades infinitas de esta horrible realidad...
   En el sentido político: no podemos cambiar este sistema que nos abrasa, no podemos desmontar los mecanismos del aburrimiento, no podemos acabar con la miseria, ni con la alienación, no podemos alcanzar la justicia ni la libertad, no podemos leer el BOE antes de acicalarnos, no podemos escribir leyes para los viernes, no podemos repartir la riqueza, no podemos decidir mediante asambleas o consejos obreros, no podemos ser ciudadanos...
    

PEAJE, DE JULIO DE LA ROSA


          En una ocasión le pidieron al filósofo Max Zoster su opinión sobre la crítica literaria: “La crítica literaria es algo que me parece imposible, un intento muy digno pero inútil. Imaginen que alguien pinta un cuadro para valorar otro cuadro... Imaginen que componemos una canción para describir otra canción...”
   
         La literatura, como todas las artes, nos plantea grandes preguntas, incluso misterios. Uno de ellos es la creatividad.  Saber lo que significa crear implica hablar de la esencia de una obra y de la acción humana. A todos nos gustaría saber por qué hay personas que son más creativas que otras. Son muchas las causas. Y la respuesta va a llegar a través de la colaboración de las neurociencias con la estética y la teoría del arte.
         Uno de los rasgos que suelen compartir los grandes creadores es su afán desmedido por experimentar dentro de todos los géneros. El creador no conoce fronteras. Sus acciones mezclan registros, categorías y estilos. Avanzamos en el conocimiento, decía el físico Poincaré, trasladando estructuras de unos campos a otros. En las artes, las analogías, incluso cuando fracasan, constituyen nuevas experiencias.

         Para crear hay que desplazarse continuamente, hay que transgredir. De aquí se deduce que sea imposible identificar la obra de un autor con sus textos o sus lienzos.

Estamos hablando de Julio de la Rosa. Al recorrer sus senderos literarios y musicales nos damos cuenta de que estamos ante una persona  difícil de atrapar. Cuando el espectador o el crítico llegan él ya no está...
   
Amor y Lavadoras
A menudo guardo objetos, en principio inapropiados, en la lavadora. Esto es: fotos, libros, cables, o incluso herramientas. Al principio era cuestión de espacio. Un día, por error, lo mezclé con la colada. En realidad, me divierte ver este tipo de cosas centrifugándose. Hay veces que meto dentro las fotos de mi última amante, a ver si así desaparece de una vez por todas. Escribo por el mismo motivo por el que me lavo: porque me lo pide el cuerpo; es sorprendente cómo un gesto aprendido, el hecho de escribir, puede llegar a convertirse en instintivo. Con la música es igual, o tocas o te meas encima. Las manchas de las cosas que amas son las más difíciles de quitar.
                                           (Diez años Foca en un circo, p.36)




Pero qué ingeniosos
I
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas,
Publicistas, cineastas, coreógrafos,
Modernos anacoretas.
Con qué gracia construyen sus metáforas.
Mejor aún.
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas.
Escriben metáforas repetidas mil veces
Y después, voilá,
Consiguen venderlas.

Pero qué ingeniosos
II
(ejemplo)
Todos los ángeles
Dibujan barcos
En los ojos de los náufragos

Pero qué ingeniosos
III
(ejemplo)
Un cálculo de pros y contras
y una inexplicable atracción estética.
Amar es tan difícil como elegir una bicicleta.
                                               (Tanto rojo bajo los parpados. p.11)

La novela PEAJE es el despliegue de una mente atrapada en un trabajo rutinario, la cabina de peaje de una autopista. A una velocidad de vértigo, la que marca el cobro, el protagonista se va dibujando a sí mismo. Cada cliente es un espejo que refleja otro espejo.  El aburrimiento desencadena procesos de observación y asociación, extrapolaciones, enlace de emociones, palabras, recuerdos... Esa mente encerrada es capaz de deducir vidas enteras a partir de muy pocos rasgos. Así, una tras otra, surgen historias de vidas,  historias condensadas.

Tipologías
I
El Negado Competente.
La Perenne Inestable.
El Cultivado Ignorante.
El Sabio Aprendiz.
El Jugador Aburrido.
La Misteriosa Inocua.
El Corrupto Insobornable.
El Bastardo Legítimo.
El Orador Ensimismado.
La Mansa Indomable.
El Afable Impenetrable.
La Salvaje Dócil.
Los Mezquinos Dignos.
El Iluminado Avaro.
El Mesurado Desmedido.
(Diez años...p.9)
                                               

Animales De Presa

trabajar comer dormir
leer cocinar comer
dormir trabajar comer
ver dormir trabajar
imaginar desear resignarse
masturbarse pensar vestir
salir mirar beber
pagar mirar desear
beber mirar hablar
hablar hablar hablar
insistir beber mirar
mirar desear preguntar
disimular hablar insistir
sonreír beber besar
marchar caminar callar
besar caminar llegar
subir entrar encender
mirar besar apagar
desnudar tocar tumbar
chupar tocar lamer
penetrar prometer acabar
descansar fumar hablar
dormir soñar dormir
despertar asustarse desayunar
mentir despedirse olvidar

(Diez años...p.47)
                                                       
Presentaación del libro en la Fundación Caballero Bonald
         El ritmo de la novela y el de la conciencia viene establecido por “Seis cuarenta, por favor”.  Cada “Seis cuarenta, por favor” brota una historia, un mundo. Los recursos utilizados resaltan las acciones. El estilo directo, las frases cortas y los diálogos fugaces nos sumergen en ese mecanismo de la autopista y de la conciencia.  Lo que aparentemente podría desembocar en la banalidad, en lo superficial, dada la rapidez, en realidad conduce a un despliegue libre del sujeto, con sus miedos, odios y miserias. Un despliegue que arroja reflexiones certeras sobre nuestro modo de vida, sobre esta sociedad de la información y del espectáculo.

         La situación no podía estar mejor planteada: un individuo atrapado en un trabajo mecánico, un individuo anulado en una autopista, símbolo del progreso de las comunicaciones.  Y la sinceridad de esa mente atrapada contrasta con la mentira cotidiana a la que estamos sometidos. Cita a Truman Capote: “Qué lástima tener que mentir continuamente por casi cualquier cosa que hacemos.”

         Las vidas que pasan delante del protagonista, su propia vida, son vidas aún abiertas. Para matar el tiempo, su tiempo, su vida, el protagonista lee y recorta necrológicas, vidas cerradas, se supone que con sentido. Ese contraste entre lo acabado y lo que es mero proyecto describe muy bien la esencia del individuo moderno.

Al mismo tiempo que leía esta novela de Julio también estaba leyendo los escritos de Marcel Duchamp.  Nos dice este artista que el espectador, el receptor, completa el proceso creativo. Cuando leemos una obra o contemplamos un cuadro vamos completando esa creación. Quizás podemos interpretar las vidas como creaciones también. El protagonista lee las necrológicas de personajes ilustres y las recrea, las reconstruye, las interpreta. Al final vemos que también esas vidas siguen abiertas. Nuestras acciones son acciones porque otros las piensan, les dan sentido. Incluso después de muertos seguimos viviendo en esas interpretaciones. La inmortalidad que busca el artista consiste en dejar muchas huellas, muchos indicios, para que sean interpretados de infinitas formas y así seguir existiendo.

         Julio de la Rosa nos cuenta muchas historias. Hay historias de amor, sexo, odio... Y aparecen muchos personajes (hasta nuestro Papa, digno Papa. Es el colmo, el único que dimite en esta sociedad es el infalible, el que no se equivoca... En marzo tendrá que salir la segunda edición corregida) los que la vida arroja a una autopista y a una imaginación desbordante. Hay humor ácido. Hay ironía y hay tristezas. El “Seis cuarenta, por favor.” es el estribillo de una canción muy larga, estilo Bob Dylan, en la que alguien con una guitarra al lado de una carretera va desgranando vidas, la mayoría deprimentes.  Poesía, música, relatos...la esencia de los trovadores de siempre. Las palabras “Seis cuarenta, por favor” como otro instrumento de percusión...

“La música no se puede prohibir. Nadie puede borrar la música del planeta Tierra. Renacerá siempre en cualquier parte, de cualquier modo. Es el único arte inmaterial. La música no está en ninguna parte. Si quemaran todos los instrumentos del mundo, la gente seguiría cantando. Y si les cortaran la lengua a todos los cantores del mundo, aporrearían sus propios cuerpos: tocarían las palmas, golpearían sus piernas. Si les cortaran las manos, golpearían el suelo con sus pies. Habría que extinguir a la raza humana para que desapareciera la música. Y los cuatro capullos que prohibieran la música y extinguieran a todo el mundo, acabarían necesitándola. No se puede vivir en un mundo sin música. Es el verdadero contacto con el más allá. La única religión verdadera. Las demás son, exclusivamente, instrumentos de manipulación.
Instrumentos, ja.
—Seis cuarenta, por favor.”  (p.104)

El protagonista se enreda, en sus pensamientos y en las relaciones que establece con sus clientes y compañeros. A través de estos senderos nacen reflexiones sobre la amistad, el trabajo, la música, el sexo, el lenguaje, la religión... Hay una continuidad entre la novela y sus otros libros. Quien lea sus anteriores textos podrá profundizar en estas obsesiones y en estas formas de contar.

Sin embargo, aunque hemos hablado de historias deprimentes, también aparece algún personaje que nos remite a la utopía, a esa mirada humana ajena al valor económico y al prestigio social, la mirada de esa persona desconocida, ingenua, que nos dice adiós desde el otro lado.
               
DE LA ROSA, Julio. (Jerez de la Frontera, 1972).
Estudios de Comunicación Audiovisual.
Ha vivido en New York, Manchester, Estambul, Barcelona, Granada, y Madrid
Grupos "El Hombre burbuja" y  proyecto "Fantasma #3".
Solitario:
"Las Leyes del Equilibrio"  2006
"M.O.S." 2004
“El espectador” 2008
“La herida Universal” 2010
“Pequeños trastornos sin importancia” 2013
Bandas sonoras del cine español:  Siete vírgenes, After y Grupo 7.
Series: T.V:  El síndrome de Ulises. Documentales...

 Como escritor anteriormente ha publicado dos libros de poemas y prosas breves -Tanto rojo bajo los párpados (Chorrito del Sur, 2006) y Diez años foca en un circo (Chorrito de Plata, 2008)-, un tercero de poesía en colaboración con Adriana Schlitter Kausch -Vacaciones (Ultramarina, 2011)-. 

JUSTICIA Y PAZ

EXIGENCIAS DE LA RAZÓN


·      ¿Cuántos tipos de violencia hay en nuestra sociedad?

       Podemos definir la violencia de este modo: cualquier tipo de acción que impone por la fuerza algo a alguien. En nuestras sociedades la violencia puede ser física, psicológica y social.           

       Cuando hay un atentado y muere alguien, cuando un soldado mata a otro, cuando un avión bombardea una ciudad y muere gente inocente, cuando la policía disuelve una manifestación a golpes, cuando golpean a tu madre, cuando un jugador da un puñetazo a otro, etc.; en todos estos casos decimos que hay violencia física.           
      Cuando vives en un entorno autoritario y deciden por ti, cuando te asedian con publicidad agresiva, cuando controlan tu conducta con métodos sofisticados, cuando no te escuchan, cuando te menosprecian, cuando anulan tu voluntad, cuando no quieren comprender tus sufrimientos, etc.; en todos estos casos decimos que hay violencia psicológica. 
          
       Cuando no tienes trabajo, cuando trabajas y no te pagan lo que mereces, cuando te roban, cuando ves que los que te roban viven repletos de riqueza, cuando te mueres de hambre, cuando ves morir a un niño de hambre, cuando despiden a tu madre, cuando destruyen tu entorno, cuando te imponen modelos económicos, cuando terminan con ecosistemas enteros, especies, culturas, etc.; en todos estos casos hablamos de violencia social.

·      ¿Qué paz debemos buscar?

            Paz y justicia social son dos conceptos inseparables. Buscar la paz sin eliminar todas las condiciones de injusticia social que hay en el mundo es no querer la paz. Desde la razón debemos exigir que realmente todos los seres humanos seamos tratados como iguales. Desde la razón debemos exigir que todos los seres humanos seamos escuchados en todos los centros de toma de decisiones, que todos los ciudadanos puedan participar en un diálogo simétrico y racional donde expresen con libertad todas sus necesidades. Desde la razón debemos exigir que desaparezca cualquier tipo de explotación. Desde la razón debemos exigir que haya una verdadera distribución igualitaria de las riquezas. Si no se cumplen estas condiciones, cualquier tipo de paz será una violencia encubierta en favor de los privilegiados.

domingo, 24 de agosto de 2014

UTOPÍA DEL SILENCIO


Lo que sé de arte 1 
EL ARTE ES TÓXICO


ADVERTENCIA: Nadie debería comerse una pintura. Imaginen que hay un cuadro delante de sus ojos, un cuadro con uvas, verdes, frescas y brillantes. No deben comer esas uvas, por muy reales que parezcan. Tampoco el vino, rojo y fresco, con esos destellos, les conviene. En cuanto muerdan el lienzo notarán que no son uvas. Si mastican la tela con todos sus pigmentos luego sentirán grandes dolores de estómago. Y diarrea, mucha diarrea.

Tarde o temprano todo artista sabe que es imposible pintar la realidad. Lo sabe el día en que se ve a sí mismo pintando un cuadro estilo Borges, bueno, estilo cuento de Borges. Se ve pintando un cuadro que es la realidad misma.

Ese es el día en que el pintor prueba su cuadro. Se lo come y se intoxica. Si sale vivo de esa ingesta, promete no volver a pintar la realidad.

No siempre hay que comer el cuadro. A veces es el espectador el que digiere la obra del artista, con el universo real dentro. Hay espectadores para todo. Pero los que no se hartan de realidad y huyen de cualquier advertencia, ésos, son los más peligrosos.

Tarde o temprano todo artista echa de menos un manual de instrucciones para digerir su propia obra, con su universo real. En las academias se olvida esta parte.





Lo que sé de arte 2
 JAMÁS PREGUNTEN AL ARTISTA


Cuando pregunten al artista les dirá que no sabe nada de nada.
Cuando pregunten al artista les dirá que él ni siquiera estaba allí.
Cuando pregunten al artista quizás padezca sordera.
Cuando pregunten al artista no olviden aprender antes chino.
Cuando pregunten al artista sonrían todo lo que puedan.

En lugar de preguntar al artista hay que asustarlo, odiarlo, envidiarlo, mirarlo de reojo, intimidarlo, perdonarlo, alabarlo, olvidarlo, encarcelarlo, incinerarlo, invitarlo, embalarlo, encuadrarlo, mimarlo, peinarlo, …

(Todo esto no nos acercará más a la obra de arte…)

Contexto 1: Manuel del Valle es el que pregunta cuando está en su estudio.

Contexto 2: Manuel del Valle es el que pregunta cuando no está en el estudio.

        
         Del mismo modo que la filosofía plantea preguntas radicales, aquellas que carecen de respuesta, en las obras de Manuel del Valle encontramos preguntas radicales. En el arte, las preguntas radicales se muestran: no son explícitas. Incluso cuando hay una pregunta clara, suele ser la máscara de otra pregunta esencial.

         (Las obras de arte son estratos de interrogación.)

         Manolo del Valle te pregunta constantemente.

         Te obliga a pensar.
         Te obliga a no aburrirte.
         Te obliga a excavar.

         Sus obras son preguntas que abren senderos difíciles de seguir porque generan nuevos espacios de posibilidades. 





Lo que sé de arte 3
 HUIR DEL ABURRIMIENTO CON ESTILO


Huir del aburrimiento quizás sea una tarea ridícula. Sabemos que fracasaremos. Todo el mundo fracasa en esa noble tarea.

Habrá que idear una estrategia: construir una trampa perfecta para el maldito aburrimiento.

Debemos fingir que estamos muy aburridos porque el aburrimiento prefiere a los que aparentan divertirse.

Debemos reciclar el aburrimiento y hacer fermentar los detritos. Necesitamos una vida en la periferia de la sociedad del espectáculo, una vida en la que pueda fermentar el detritus y generar otras perspectivas. En el desperdicio, lo que no consume la masa, está lo mejor, la sustancia.


Leemos en Principios de Estratigrafía Postmoderna, obra de Max Zoster:

Estrato 1

Contacto con el mundo. Sólo los niños tienen la ingenuidad necesaria para tratar con las sombras, las esquinas, los bordes y los pliegues.
        
Estrato 2

Ver orden en nuestro contacto con el mundo. Sólo los jóvenes se atreven a elaborar leyes sobre cómo nos impactan esas sombras, esquinas, bordes y pliegues.

Estrato 3

Saber que todo es un juego y que todo podría ser de otra forma. Sólo los viejos saben que conviene ser prudente al elegir el juego y que no hay juego fuera del arte.



                                                                                

  
Lo que sé de arte 4 
DILUIR EL RUIDO O LA UTOPÍA DEL SILENCIO


Habitar entre los pliegues de la realidad, ésa es la vida del artista. Ver la realidad desde sus grietas y transparencias. Verlo todo como si estuviésemos escondidos de todo, de nosotros mismos y de nuestras palabras.


Retirarnos para dejar espacio a esas posibilidades que anulamos con nuestra pesada presencia y saber que es una tarea inútil. Escribir para huir; pintar para esconderse. No hay mejor forma de desaparecer. Dibujar para buscar los pliegues de la realidad, del sentido.

El artista huye del horizonte plano. Desea habitar los pliegues del espacio, porque rezuman silencio. Y explora los estratos del miedo, aquellas cavidades olvidadas por la sociedad del desperdicio, por la sociedad del espectáculo.

Sabe el artista que su tarea es innecesaria. Nadie necesita al artista. Nadie desea retirarse para ocultarse entre las sombras de la inteligencia. Nadie anhela los espacios del silencio porque el ruidoso desperdicio nos obnubila.

Quizás, después de recorrer todos esos estratos del miedo, el artista pueda rescatar al ciudadano de las garras de ese terrible aburrimiento diseñado por los civilizados.

                                            

jueves, 21 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXI: LAS CASAS

   Entra el roedor por los agujeros de las casas. Y se come el queso de las despensas. No sólo el queso. También devora hasta las hojas de los periódicos atrasados. Es su casa. Para el roedor no hay límites nítidos. Todas las fronteras son difusas. Recorre todos los pasillos y husmea todos los huecos hasta que da con la biblioteca. No respeta los libros. Devora los diccionarios y enciclopedias. Para el roedor es una delicia roer los libros de arte. A veces se atraganta porque se come el queso de los bodegones con demasiada ansiedad. Pero corretea como un loco ante los retratos de Bacon. No respeta nada el maldito roedor. Roe la enciclopedia y busca el significado de propiedad privada. El maldito roedor no entiende nada porque roe antes de leer y lo destroza todo. En la biblioteca no corre peligro. Tardan en entrar y darse cuenta de sus fechorías. La despensa es otra historia. Por el salón cruza bailando mientras los bípedos implumes miran petrificados hacia la caja de luz. En esos momentos el roedor se siente poderoso y libre. Sabe que la despensa está a su disposición. Pero no abusa el roedor. Contempla con tristeza la vida de los bípedos implumes. Siente lástima por su quietud. Están paralizados. Entonces el roedor corre hacia la biblioteca y, de rabia, porque ni siquiera le persiguen a escobazos, roe una revista de moda.

martes, 19 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XX: LOS CUERPOS

  Quien confunda el saber con el esperar o el desear está perdido. Somos materia, bella, compleja materia, pero materia sólo, que ya es bastante. Quarks, protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas, células, tejidos, órganos... Quien desee otras realidades para combatir el miedo que nos asedia... Esperar, podemos esperar, desear, podemos desear, imaginar, podemos imaginar... El roedor sólo tiene constancia de su cuerpo, de otros cuerpos, de la maleza y de los cuerpos pesados de los dinosaurios. Los senderos materiales son los únicos senderos transitables. Teme el roedor que los mundos imaginados por los dinosaurios sólo sean otra forma de aplastarnos con el consuelo y el cuento fácil. Los malditos roedores sólo corretean entre trozos de madera, entre el barro y los excrementos. Pero de vez en cuando trepan por un árbol y contemplan hermosos horizontes inalcanzables. Y de vez en cuando transitan por los senderos del placer... Quiere el roedor que las ciencias y las artes nos abran nuevos senderos vitales, nuevas formas de acabar con el aburrimiento y la desidia. Sólo las artes y las ciencias pueden ayudarnos a combatir el tedio que nos proporcionan los dinosaurios. Quien confunda el saber con el esperar o el desear está perdido.

sábado, 16 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XIX: LAS BODAS

   Sabe el roedor que no hay escapatoria y que todo intento de huida es un esfuerzo inútil. Pero sabe que su cuerpo es diminuto, insignificante, y que las redes son, sobre todo, huecos inmensos. Ni la red más fina es perfecta. Como huir es una forma de vida, el roedor no insiste en dar lecciones. Huir es una cuestión de estilo. Hay que huir con estilo. Ni el gran Estado ni la gran Iglesia saben qué hacer con los malditos roedores. Y eso es muy bueno para el roedor. Se conforma con un correteo pacífico entre los toneles. Sabe el roedor que la felicidad de otros organismos puede ser muy diferente a la suya. Hay organismos que adoran todo tipo de trampas, todo tipo de redes. Al roedor no le importa, sólo quiere que le dejen corretear entre esos toneles de oloroso. Lo único que teme el roedor es que todo ese aburrimiento concentrado arruine su cerebro y comience a pensar en cosas extrañas y horribles. Sólo teme que la estética de los usos sociales paralice su capacidad de abrir nuevos senderos y termine agotado. Todo puede ocurrir, porque la maquinaria del gran Estado-Iglesia lleva muchos siglos ensayando, probando. Sabe el roedor que es difícil escapar del gran laboratorio. Con  las cadenas del lenguaje no hay quien pueda. Esa es la gran obra de la maquinaria infernal. Por eso todas las ceremonias son un magma de palabras viscosas, horribles, atrayentes, sensiblonas, aturdidoras, embelesantes, melosas, ñoñas, eclesiásticas, legales, tiernas, tramposas, viles, infames, podridas, hipócritas y sádicas.

martes, 12 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XVIII: PARTICIPAR

   Hubo asamblea de roedores, miles de roedores diferentes. Todos corrían felices y libres de un lado a otro. Fue un excelente caos. Nadie se acordó del cascabel, ni del gato, ni de los terribles dinosaurios.

lunes, 11 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XVII : DUDAR

   La lechuza cree tener una visión completa del bosque y del pueblo. Lo sabe todo. Como sale de noche, cree que su mundo oscuro y empobrecido es el mundo. Cree conocer todos los rincones del bosque y todas las cornisas del pueblo. Sale de noche y cree que es el único ser vivo grande. Tanta sabiduría es insoportable. Mientras, el roedor duda. Nunca sabe qué camino elegir. Porque los senderos son diversos, difusos, enrevesados y sembrados de incertidumbre. Mientras la lechuza domina el cielo y cree tener un mapa de todo lo existente, el roedor corretea, vuelve sobre sus pisadas y construye otro tipo de mapa, ceñido al detalle y a su posición. Dudar es desplazarse, diluirse entre conceptos, emociones y experiencias. No se trata de una falsa duda, como la que exhibe la lechuza para mostrar el origen de su mapa, de su gran mapa, válido ya para siempre porque es el mapa, el mapa de la razón. Tanto el vuelo certero de la lechuza como la pisada demoledora del dinosaurio son ajenos a la duda radical del roedor. No saber lo que va a hacer el roedor los desconcierta. Si la red de conceptos que utilizan ya no sirve, deberán diseñar otra más fina. Pero ni el vuelo certero ni la pisada demoledora pueden ganar en precisión. Incertidumbre. ¿Dejará de dudar alguna vez el maldito roedor? ¿Cómo puede vivir en ese estado de angustia tan tremendo? No lo hará nunca, aunque lo duda. Dudar implica dar vueltas y más vueltas, girar y girar, avanzar y retroceder. Dudar es pensar. Pensar es dudar. Roer el sistema no significa arruinar el pensamiento, nada de eso. Roer es el pensamiento. Los sistemas definitivos de conceptos son ajenos al pensamiento filosófico, científico o artístico. Tampoco conduce la duda a la parálisis del roedor. Más bien lo excita, lo anima a seguir creando senderos. Saber que todo es provisional, que todo juicio es provisional, que toda tesis es un tanteo, que todo esquema es sólo una posibilidad, que toda mirada es sólo una mirada, que cada idea alumbra a otra idea, que toda reflexión es infinita, que toda experiencia arruina alguna certidumbre...

domingo, 3 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XVI: CORRER EN EL EXILIO

 El corredor avanza con su voluntad, con todo su cuerpo. Porque el cuerpo es la voluntad. Todo el cuerpo es la voluntad. En los tejidos, en las células, habitan nuestros deseos, todos los deseos. Con la piel también abrimos senderos. Queremos con lo que somos, hasta con la sombra que perseguimos con cada zancada. En las afueras de uno mismo es donde hallamos la comprensión, donde todo se difumina. Corremos. Buscamos la zona difusa de nuestros deseos. Y sabemos que es una huida. Pero el corredor no teme huir. Sabe huir. Y en la huida es capaz de resolver cualquier enigma matemático o artístico. Correr y pensar en el exilio, fuera de uno mismo. El estilo del corredor es el estilo de su pensamiento, de su vida. Zátopek atrae las miradas de los humanos, con su gesto. Turing atrae los odios de los miserables. Sus senderos siguen con nosotros y nos proporcionan nuevas formas de pensar la vida y la inteligencia. Intentaron robarles el código secreto de la dignidad, sin éxito. Los roedores corretean entre las grandes patas de los dinosaurios y huyen con estilo.