ROEDORES DE FILOSOFÍA

jueves, 30 de julio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXX: INQUIETANTE COSMOS

Extraño cosmos,
inquietante. Las esferas rezuman desasosiego. Y las palabras, fruto de la inteligencia, huyen aturdidas.
Extraño cosmos,
inquietante. Porque las gentes padecen y las esferas ya no serán jamás cristalinas.


Sabe el roedor que la palabra atraviesa la esencia del tiempo. Todos los insensatos ciclos se nutren del logos poético. Quien domina la creación de la palabra construye su tiempo.

Extraño cosmos,
inquietante. Olvidamos la salida del laberinto y despreciamos los hilos del ser.


viernes, 24 de julio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXIX: HERMENÉUTICA

Lejos, el bosque brama.
Nadie se explica ese bramido primordial.
Las sombras fabulan para que el bosque brame.
Lejos, las ramas duermen y persiguen pesadillas humanas.
Es el viejo bosque asustado. Quien desee cruzarlo deberá descifrar los bramidos ancestrales.
No hay tiempo ya para nuevas gramáticas. Todo lo que resta pertenece a las sombras, símbolos de nada. Si al menos la lechuza comprendiera el oscuro bramido...
Es el lenguaje del olvido, ni más ni menos. Cuando los roedores desaparezcan, el ruido abandonará la espesura. Entonces toda comprensión será brisa helada. Y el recuerdo del bramido, una quimera.
El tiempo de las gramáticas pasó. Jamás volverán los símbolos. Hubo una época en la que el bramido pudo ser descifrado, pero fue una época de grandes luchas entre roedores.
Demasiado ruido para sentir el susurro dolorido de las encinas.
     

jueves, 16 de julio de 2015

miércoles, 15 de julio de 2015

PARADOJAS DE LAS LETRAS EN ÁFRICA

     Clasificar la literatura por zonas geográficas conlleva sus riesgos, como cualquier clasificación. Las etiquetas, aunque imprecisas, sirven para trazar fronteras semánticas y facilitar la conversación sobre las artes. Los géneros, los estilos y las corrientes son marcas difusas, en el agua o en la arena, lindes que se alimentan de una tensión constante ante la imposibilidad de definir con exactitud. Pero es en ese campo dialéctico donde nos jugamos todo, donde los debates culturales son más vivos y fructíferos. Porque clasificar implica promover la transgresión. Las zonas borrosas de la cultura rezuman ideas. Así, saber qué es la literatura africana y sentirse un escritor africano implica afrontar problemas de teoría literaria, conflictos de identidad y contradicciones sociales.
         Marta Sofía López Rodríguez, traductora y profesora del departamento de Filología Moderna de la Universidad de León, habló en el Jardín de La Luna Nueva sobre literatura africana escrita sobre todo en inglés. Primer conflicto: literatura africana escrita en la lengua de los colonizadores. Segunda contradicción: literatura africana escrita, en muchas ocasiones, por personas formadas en el sistema educativo de los colonizadores. Tercera paradoja: literatura que critica las formas de dominación y las estructuras de la economía capitalista pero que necesita utilizarlas para poder cambiar la realidad. Ni todos los países africanos son iguales ni todos los escritores mantienen la misma actitud antes estos callejones sin salida.
         Marta Sofía mencionó varias áreas geográficas. En el Oeste, en Nigeria, nos encontramos con el autor Chinua Achebe; en el Este, en Kenia, el escritor de referencia es Ngugi Wa Thiong´o; en el Sur cabe mencionar a Coetzee. El lema de la conferencia, “Descolonizar la mente”, es el título de una obra de Ngugi que saldrá traducida en otoño. Precisamente Ngugi dice que las literaturas africanas son las literaturas escritas en lenguas africanas, no en inglés o francés. El eterno debate consiste en saber qué es la literatura africana. Los nuevos escritores, “afropolitas”, se quejan de los viejos estereotipos. Sostienen que no hay temas propios de esta literatura. El escritor puede escribir de lo que quiera y como quiera.
         Pero en los años cincuenta la situación social y política era muy diferente. Los escritores de esos años responden, casi todos, al libro “El corazón de las tinieblas”, de Conrad. Achebe dijo en los años setenta que esta obra, tan aclamada, es una obra racista. Conrad es crítico con el imperialismo pero es incapaz de pensar que los africanos son personas. Otra escritora criticada es la autora de “Memorias de África”. En esa obra aparecen los africanos como seres a medio hacer. Se les trata con el paternalismo del que se siente superior. Los escritores africanos modernos quieren reescribir la visión que tenemos de África. Achebe, por ejemplo, cuenta en sus obras cómo era Nigeria antes de la llegada de los europeos, cómo eran sus modos de vida y sus tradiciones. Nos explica en “Todo se desmorona” cómo una civilización se deshace gracias a otra civilización que todo lo arrasa. Algo parecido hace Ngugi en el Este de África, en Kenia. Ambos hablan de la magnitud del desastre, del imperialismo explotador. Describen los mecanismos de poder utilizados por el sistema. “Termiteros de la sabana”, de Achebe, es una novela polifónica. Hablan los amigos íntimos de un dictador africano. Desde diferentes perspectivas nos narra cómo un individuo formado en Europa acaba convirtiéndose en un terrible tirano.
         Ngugi es un marxista de la vieja escuela, ortodoxo. “Un grano de trigo” transcurre cuatro días antes de producirse la independencia de Kenia. Se abordan los mecanismos psicológicos y económicos que intervienen en el poder, el viejo y el nuevo. “El diablo en la cruz”, una farsa, describe la reunión de varios individuos, ladrones, que planean cómo seguir explotando a los pobres. Los escritores africanos se involucran en los problemas sociales y políticos de sus países. Son intelectuales comprometidos.
         Hay otra generación de escritores que ya tienen una visión más global de África. Elaboran una literatura menos exótica, más centrada en temas universales, con protagonistas de clases medias o de otras zonas. Son “afropolitas”. “Medio sol amarillo”, de Chimamanda Ngozi Adichie, guerra de Biafra como telón de fondo, habla de gentes de clase media que ven cómo su vida se transforma por los conflicto. En Guinea el autor de referencia es Donato Ndongo-Bidyogo: “Las tinieblas de tu memoria negra”, “Los poderes de la tempestad” y “El metro”, que narra la historia de un inmigrante de Camerún. Nos cuenta todo lo que hay detrás de alguien que se juega la vida para llegar aquí. “Más allá del horizonte”, de Amma Darko, relata la vida de una prostituta. “Nuestra hermana aguafiestas”, de Ama Ata Aidoo, es la historia de una chica africana que viaja a Europa, a Alemania. Allí descubre el corazón de la blancura, la soledad, el materialismo y la frialdad: valoran más las cosas que las personas. Una reflexión actual. Otra novela que vuelve a Conrad es “El porteador de Marlow”, de César Mba Abogo. Por supuesto, también se habló de Sudáfrica y de su gran escritor J. M. Coetzee. Nos recomendó especialmente “Foe”, una versión de Robinson Crusoe que sirve para esbozar la condición humana. Excelente tarde en el Jardín de La Luna Nueva. ¡Ahora, a leer!

lunes, 13 de julio de 2015

TODO ESTÁ EN LOS LIBROS, ANALÓGICOS O DIGITALES

        Paradojas del capitalismo tardío, los ex libris, que en su momento indicaban la propiedad de un libro, han quedado recluidos en el mundo de los bibliófilos y en el ámbito de las artes plásticas. Y el libro digital, con tantas ventajas como tiene, hace imposible su utilización, primero por ser digital y segundo por el odio que tienen los piratas hacia la propiedad ajena. Quizás se puedan realizar ex libris digitales. Sin embargo, no sabemos para qué podría querer alguien personalizar lo que no es suyo, lo que acaba de bajar de una página. Y si lo ha comprado, está blindado, protegido por el creador y el empresario. Todos los lectores de libros digitales son iguales…
         Al menos, mientras se carga la batería, podemos visitar la excelente muestra de ex libris que hay en Pescadería Vieja, junto a la sede de este periódico. Los grabados son una selección del Primer Certamen Internacional de EX LIBRIS, patrocinado por la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada, con la colaboración del Taller de Grabado La Granja. En la exposición vamos a contemplar las obras ganadoras, del japonés Masaaki Sugita y el polaco Kamil Kocurek. Y tres menciones de honor: para el polaco Marcin Biazas y las ucranianas Ulyana Turchenko y Yulia Protysyshyn. La calidad y variedad de estilos y temáticas de los trabajos seguro que han provocado muchas dudas y gran desazón al jurado. Es una muestra para visitar varias veces y dedicar todo el tiempo del mundo a unos cuantos grabados. El filósofo coreano Byung-Chul Han dice en “El aroma del tiempo” que debemos recuperar la capacidad de contemplación. La experiencia estética sigue siendo un placer al alcance de cualquiera. Es cuestión de entrenar. En lugar de recorrer la sala a toda velocidad, porque tenemos fuera muchos quehaceres que nos proporcionarán la felicidad, les propongo que entren con el deseo de ver muy pocos grabados cada vez, pero con serenidad, sin espíritu consumista. 
         Si difícil es plasmar un ex libris en un libro digital, más difícil todavía resulta conectarlos con la papiroflexia. Todo es posible, desde luego. Pero el aroma del papel, que tantas pasiones genera en los lectores, está ausente en el libro digital, de momento. No nos empuja a palpar en tres dimensiones, en figuras de papel, esos personajes que habitan la imaginación. Hay una continuidad de sensaciones, esencial para desarrollar la creatividad, que con el libro digital quizás desaparezca. Todos los lectores de libros digitales son iguales…
       Mientras se descargan los archivos, debemos visitar la muestra de papiroflexia que hay en la Biblioteca Pública. Carlos Hermoso ha creado esculturas con cartón ondulado. No se trata de una mera reproducción en cartón de un personaje. Hay mucho más. Cada escultura es una alegoría. Y ya saben ustedes que tanto las alegorías como las esculturas requieren que se las rodee. Cada vuelta un significado, cada vuelta una perspectiva y una sugerencia. Les recomiendo que se agachen, que busquen todos los ángulos. Con la portada de un libro al fondo verán escenas maravillosas… Verán cómo los cerdos de “Rebelión en la granja” intrigan con los tres cerditos. Y los ratones, los malditos roedores, merodeando entre los libros, para roer la cultura o recoger tu diente… Verán serpientes atravesando libros y libros desplegando velas. Ni las tumbas ni las rosas ni el rinoceronte quieren abandonar los sinuosos senderos del lector.
         Sean digitales, sean de papel, lo sé, no hay dos lectores iguales... Y ya lo sé, escribo en un periódico digital… pero con una sede de papel.

viernes, 10 de julio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXVIII: AHORA.

  Ahora que miráis las estrellas, tranquilos, y sentís el frescor de la noche, ahora, ¿no reconocéis la inutilidad de cualquier impulso? Sabe el roedor que la ausencia de sentido es una liberación, no una condena. Ahora, cuando la tranquilidad de la noche y el revoloteo de los murciélagos sosiegan nuestra conciencia, ahora, ¿no os impregnáis de ese olor a tierra, a hierba, a lo único? Tanto sendero oblicuo, tanta confusión para volver al mismo sitio... ¡Reconoced que no necesitáis nada más y que todo es un invento! ¡Reconoced que basta la brisa del instante, la humedad de la noche o el ruido de las hojas del chopo para asegurar que todo fue en vano, que todo esbozo de trascendencia fue una artimaña del dinosaurio y su pisada, que el error fue olvidarnos de los detalles, de lo que desaparece con cada suspiro... Ahora que todo está tranquilo, cuando nuestra conciencia se olvida de las cadenas del día, ahora, ¿no veis que nos basta contemplar el tiempo, el instante, para sentirnos libres, terriblemente libres y solos? Ni el gran dinosaurio ni sus seguidores podrán arrebatarnos la sensación de que todo fue inútil y que nada es necesario.

jueves, 9 de julio de 2015

VANIDAD

Meditación de un toro: si alcanzo a este majara, mañana salgo en el periódico que lleva en la mano.

martes, 7 de julio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXVII: SE ACERCA EL FIN.

   He pisado fuerte, nadie lo puede negar. No entiendo por qué las sombras me acorralan. ¿Por qué esta gran piedra ahora? No he sabido contemplar el bosque, me dicen. No he sabido discernir las sombras porque la mía lo ocupaba todo. ¿Cómo puedo librarme de mi pesada sombra? He pisado fuerte y he vivido solo en el bosque. No tengo enemigos en el bosque. ¿Por qué ahora la gran piedra acerándose? No he sabido escuchar, me dicen. ¿Cómo puedo librarme del ruido de mis terribles pisadas? Quisiera saber dónde quedarán todos mis esfuerzos por hacer el bosque más grande. Sólo he devorado, me dicen. ¿Cómo puedo librarme de mi hambre feroz? No he sabido contemplar el bosque, sus ruidos, sus miserias. Nadie ha comprendido mi terrible esfuerzo por enseñar a las criaturas de las sombras, desagradecidas. Sólo saben huir de mí y hacer daño. Desconocen la prudencia del dinosaurio, su capacidad de pactar, de hacer buenos tratos. Esa gran piedra sólo puede proceder de ellos. Reconozco su sombra, malditos roedores, cicatrices del bosque. Una gran sombra se aproxima, tan grande como yo. ¡Desagradecidos! No habéis sabido apreciar mi fuerza, mi sacrificio. Sólo pensáis en vosotros, en vuestras madrigueras, en esos malditos senderos, infinitos, desconcertantes, libres. He pisado fuerte. No me merezco este final porque el bosque no puede tener un final así. Os mostré el camino, todo lo que sé. No he sabido contemplar la luz, me dicen. Tiemblo. Tengo miedo. La sombra cada vez es mayor, tanto como yo. No seréis capaces de sobrevivir sin mí, sin nosotros, los grandes dinosaurios. Ya no habrá más bosques, ni caminos. Vosotros, roedores, malditos roedores desagradecidos, moriréis conmigo. Tanto trabajo para nada. Ahora calláis. Ahora que la luz se extingue. ¿Pensáis acaso que el narrador os librará de la gran piedra? ¿Pensáis que sois mejores que yo sólo porque el filósofo os protege? No he sabido palpar el bosque, me dicen. Toda la vida inteligente se acabará con nosotros, con los de la terrible pisada, aunque estéis protegidos por el filósofo, por el que esto escribe. Debéis saber los roedores que no abandonaréis nunca vuestra condición de quimera y que el filósofo os inventó para no acabar aplastado por el terrible aburrimiento de su bosque.

INVENTOS

El calor lo inventaron los grandes centros comerciales.

lunes, 6 de julio de 2015

DILATACIÓN

El calor no es nada propicio para el pensamiento: aleja las ideas unas de otras. 

jueves, 2 de julio de 2015

FAJJARA: ALFARERAS DEL RIF

       Intramuros, cruzo el desierto, treinta y tres grados, suciedad. Bordeo un boquete inmenso, infinito, es el abismo, gatos, muchos gatos: no hay dunas, intramuros. Llego al oasis, no es un espejismo, es el Museo Arqueológico de Jerez, donde el frescor del Norte de África me rescata. Quisiera esconderme en una vasija… La travesía ha merecido la pena. La sensación de ruina y deterioro comienza a desaparecer cuando nos acercamos a esas piezas de cerámica que han salido de las manos de mujeres del Rif. Amasar el barro y el pan a mano, dos tareas humanas. Cocer en el horno el pan y el barro, dos tareas humanas. Tras la ruina, nos reconciliamos con la humanidad.

         Rodeamos las piezas de cerámica, leemos los paneles en los que se explica todo de forma muy clara y vemos un vídeo en el que las alfareras realizan su trabajo. FAJJARA es mucho más que una exposición de alfarería: se trata de un proyecto de investigación de la UCA, un proyecto de desarrollo ético, social y económico. El equipo interdisciplinar de la Universidad de Cádiz ha recorrido 1.200 kilómetros de la zona del Rif para estudiar y recuperar una forma ancestral de trabajar la arcilla, sin torno, sin horno de cocción cerrado. Han visitado varios aduares (aldeas) en Htatech, Aslit, Ifrane Alí y Tegheza. El equipo de investigación está compuesto por expertos en antropología, historia, sociología, economía, geografía, ciencias químicas,…

         El equipo del la UCA ha analizado y comparado todo del proceso de fabricación de la cerámica en esas cuatro aldeas. Las alfareras del Rif trasmiten sus conocimientos de generación en generación desde hace 6.000 años. No disponen de un taller. Realizan su labor en cualquier rincón de la casa. Y todo el proceso se realiza a mano, desde la preparación de la arcilla hasta la decoración. Modelan mediante la técnica  del urdido. Añaden pellizcos de arcilla a una pella de barro hasta que la convierten en un recipiente, que luego es decorado con las señas de identidad de sus tribus. Utilizan muy pocos utensilios para levantar las paredes del recipiente: una espátula de madera, un canto rodado y un trapo. Para la decoración disponen de pinceles hechos con pelo de cabra, mechones de lana o pluma de gallina. Los pigmentos de la decoración son de origen mineral (óxido de hierro y manganeso) y vegetal (lentisco). Esta decoración sirve para identificar las diferentes aldeas. La cocción se realiza en piras, oquedades a cielo abierto, alimentadas con tortas de estiércol del ganado, y en hornos muy rudimentarios. Desde hace miles de años las mujeres sostienen esta economía doméstica. Los cántaros, orzas, fogones y tinajas son construidos para las necesidades de la casa. En caso de haber excedentes se llevan al mercado local para su venta.



         Estas técnicas corren el peligro de desaparecer. Cada vez son menos las mujeres que conocen las habilidades para transformar la arcilla. Con la llegada de los productos industriales, hechos de aluminio o plástico, y los modos de vida urbanos, esta cultura alfarera ha ido menguando. El proyecto de la UCA pretende reactivar esta artesanía para proporcionar un modo de vida digno a las mujeres de estas aldeas. Se trata de crear cooperativas comunitarias de producción que permitan conservar el patrimonio cultural y mejorar la situación social y económica de la mujer.

miércoles, 1 de julio de 2015