viernes, 10 de julio de 2015

ÉTICA DE ROEDORES LXVIII: AHORA.

  Ahora que miráis las estrellas, tranquilos, y sentís el frescor de la noche, ahora, ¿no reconocéis la inutilidad de cualquier impulso? Sabe el roedor que la ausencia de sentido es una liberación, no una condena. Ahora, cuando la tranquilidad de la noche y el revoloteo de los murciélagos sosiegan nuestra conciencia, ahora, ¿no os impregnáis de ese olor a tierra, a hierba, a lo único? Tanto sendero oblicuo, tanta confusión para volver al mismo sitio... ¡Reconoced que no necesitáis nada más y que todo es un invento! ¡Reconoced que basta la brisa del instante, la humedad de la noche o el ruido de las hojas del chopo para asegurar que todo fue en vano, que todo esbozo de trascendencia fue una artimaña del dinosaurio y su pisada, que el error fue olvidarnos de los detalles, de lo que desaparece con cada suspiro... Ahora que todo está tranquilo, cuando nuestra conciencia se olvida de las cadenas del día, ahora, ¿no veis que nos basta contemplar el tiempo, el instante, para sentirnos libres, terriblemente libres y solos? Ni el gran dinosaurio ni sus seguidores podrán arrebatarnos la sensación de que todo fue inútil y que nada es necesario.