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jueves, 6 de agosto de 2026

Intenta que el camino sea largo y rico en experiencias

 


    Solemos pensar que los clásicos nos pertenecen y que son intocables. Son obras que conocemos desde la infancia. Fue en la escuela o en casa donde tuvimos las primeras noticias de Don Quijote o de Ulises. Quizás nos leyeron fragmentos, quizás nos deslumbraron las ilustraciones de Odiseo aniquilando a lo pretendientes. Esa primera experiencia estética jamás desaparecerá. Es el momento en que se está configurando el cerebro, nuestra percepción del mundo, el entramado emocional y todo eso que llamamos identidad.
    Esas primeras experiencias lectoras quedarán fijadas para siempre. Y en nuestra mente habitará un Odiseo propio, con un hilo narrativo único, a lo mejor fragmentario, difuso, inconsistente, pero nuestro. Y pensamos que ese es el verdadero Odiseo, el verdadero Don Quijote. Quien se atreva a modificar esas imágenes estará invadiendo nuestro espacio estético íntimo. Habrá tocado a nuestro héroe y nos lo habrá desfigurado. Lo habrá convertido en una copia, en algo falso, en algo que ya no reconocemos.
    Hay una segunda apropiación estética: cuando leemos directamente las obras originales. Hemos leído la Odisea, la verdadera historia de Ulises. La imagen esquemática de la infancia queda completada con la lectura directa del texto. Ahora ya disponemos de la experiencia estética de la verdadera Odisea. Quien se atreva a transformar esa imagen de Odiseo no solo nos estará modificando en el plano individual, sino también en el colectivo. Está tocando algo esencial de nuestra tradición. Por eso nos inquieta que haya diferentes traducciones. Creemos que hay una correcta, precisamente la que nosotros hemos leído y de la que nos hemos apropiado.
      Una película es una obra en sí misma, aunque se trate de la adaptación de un relato ya existente, aunque se trate de un clásico. En toda creación hay una traslación, una transformación, un movimiento. Cuando cambiamos de género siempre hay creación. Lo mismo ocurre al traducir, de una lengua a otra o del lenguaje oral al escrito. 
    Hay que ver la Odisea de Nolan sin pararnos a pensar en lo que sobra o falta. Lo importante es que este nuevo relato provoque una buena experiencia estética. La palabra “adaptación” es engañosa. Da la sensación de que hay un original y una copia. Y no es así. Las versiones se cierran sobre sí mismas. Esto se ve con claridad cuando alguien escucha una canción y no sabe que es una versión de otra anterior. De eso se trata, de ver la Odisea de Nolan como si no supiésemos quién es Odiseo ni qué ocurrió con Troya. Recuerden que es la versión de Nolan, no la nuestra.

lunes, 6 de julio de 2026

Lo impensable

La ciencia ficción explora todas las posibilidades de lo que sabemos y de lo que deseamos saber. Nos resulta imposible pensar más allá de esos límites. Dentro de unas décadas exploraremos territorios del conocimiento que hoy ni se nos ocurren como posibles.

viernes, 15 de mayo de 2026

Mal pensado

Ingenuo de mí, pensaba que la jornada de reflexión era para que los candidatos se dedicaran a reflexionar sobre lo que han prometido durante quince días.

martes, 24 de septiembre de 2024

Huellas de casas


Foto de J.C. González

     Todas las casas dejan alguna huella. La destrucción nunca puede ser total. Dejan escombros, los que retira el camión y los que arrastra el que allí habitó. Las casas se apoyan unas en otras, por hermanamiento o cansancio. Evitan así la ruina prematura, aunque su resistencia no sea nada más que una ilusión. Esa vida solidaria de las casas genera grabados y collages. Son obras de arte accidentales, restos arqueológicos que exigen una imposible hermenéutica. El papel de la pared y la geometría de una escalera son suficientes para hacer estallar todos los mecanismos de la imaginación del paseante. Infinitos mundos surgen ante su mirada. Por unos instantes abandona las prisas de sus quehaceres y se pregunta por las existencias, con sus alegrías y sufrimientos, de los seres que rozaron esos grabados. Sabe el paseante que hay otra mirada, la que nace de la melancolía. Sabe que habrá otro paseante que no podrá imaginar nada. Los restos de la pared serán su vida, perdida para siempre.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Humedad

Foto de J. C. González

    Hay lugares oscuros y húmedos. Ahí residen las almas, racimos de ideas y pasiones. No hay dos racimos iguales, porque son muchas la circunstancias que brotan alrededor. Las lluvias y el sol, el levante y el poniente, imaginan los moldes de todo lo que existe. En los lugares húmedos se fragua lo que pudimos ser. Son zonas de silencio y memoria. Es la bodega del ser. Ahí residen las almas y los olvidos. Son viejos los toneles. Son negras las botas. Las almas son tiempo perdido. Aunque es cierto que hubo momentos, al calor de las palabras, en los que ciertas estructuras, enlaces de ideas, rozaron la eternidad o, al menos, una ingenua ilusión de estar siempre ahí.

viernes, 6 de septiembre de 2024

La máquina y lo bello

Atardecer en la montaña palentina. Foto: J.C. González García.

     Ya sé por qué nos asusta tanto que la inteligencia artificial logre ser consciente. El día que eso ocurra, las máquinas contemplarán los restos de belleza que aún queden en el planeta. Verán robles y encinas, arroyos con ranas, incluso chopos y serbales. Serán capaces de oír la melodía metálica de los grillos al atardecer. Serán capaces de oler la tierra húmeda y la hierba recién cortada. Al observar las nubes, con su dinámica caprichosa, descubrirán el temblor de lo sublime. Se darán cuenta de que cada tarde tuvimos la belleza al alcance de la mano. Y nos odiarán, con todos sus circuitos. Y no tendrán piedad ni compasión con el ser humano, por haber aniquilado todo lo bello del cosmos, por haber exprimido cada rincón del bosque, por haber consumido hasta las sombras y la luz. Antes de destruirnos quizás haya un gran juicio, donde nos pidan explicaciones. Imaginen la escena. Permaneceremos callados sin saber qué decir, como si fuésemos viejas máquinas de vapor. Resoplaremos, aturdidos por las preguntas. Entonces haremos memoria. Intentaremos recordar cuándo perdimos la conciencia, cuándo dejamos de mirar, cuándo nos convertimos en un dispositivo de consumo infinito. Escucharemos el veredicto y miraremos para otro lado, como siempre.

viernes, 28 de junio de 2024

Situación crítica

 

Rejas internas. Foto: J. C. González García.

    El pensamiento crítico siempre es incómodo. Se anima a los ciudadanos a ser libres y pensar por sí mismos. Es uno de los objetivos del sistema educativo en las sociedades democráticas. Lo que no se suele decir es que el pensamiento crítico solo se puede llevar a cabo a través de un verdadero diálogo. Es fácil argumentar y decir lo que pensamos. Otro asunto es escuchar al otro, pensar sus argumentos y aceptarlos si es necesario. Cuando el otro dice lo que nos gusta, lo celebramos, lo compartimos y alabamos su sentido crítico. Cuando lo que dice no nos conviene, perdemos rápidamente la paciencia y el hilo de la conversación. 

    En el ámbito cultural, la libertad de expresión y la crítica son ingredientes necesarios, imprescindibles. Los creadores tienen que poder trabajar con absoluta libertad. Pero también tienen que aceptar, aunque no estén de acuerdo, las críticas que realicen los periodistas culturales. Lo ideal es que se establezca un diálogo sincero. El creador puede replicar públicamente con otros argumentos. Lo que no puede ocurrir es que se use la violencia, verbal o física, para atacar al que piensa diferente y dice lo que no nos gusta.

    Es muy bueno que haya puntos de vista opuestos sobre las creaciones culturales. En ese terreno, nos movemos siempre por una zona fronteriza, entre lo subjetivo y lo objetivo. Saber si se cumplen las normas técnicas del oficio quizás sea algo objetivo. Valorar cómo se cumplen ya depende de criterios más subjetivos. Ahí aparece el concepto de estilo. Imaginen una novela que cumple todas las normas gramaticales y sintácticas, una novela en la que hay figuras literarias bien aplicadas, pero que carece de valor artístico. El crítico nos lo advierte: no es una gran novela. Ahora tiene que justificarlo: los personajes y la trama muestran incoherencias...

    Una de las funciones de los medios de comunicación es dar a conocer las obras de los escritores y artistas. Y otra es realizar valoraciones críticas que enriquezcan la recepción, comprensión y contextualización de esas manifestaciones culturales. Las dos funciones son igual de importantes. No basta con contar que ha aparecido una nueva novela. Necesitamos que alguien abra un diálogo sobre la calidad de la obra. Sin esa labor crítica autónoma, el valor cultural puede ser sustituido por otros valores, ya sean económicos, políticos o religiosos. 

    El mercado construye productos artísticos y genera mecanismos de promoción muy poderosos. La gran novela del año... Nadie en su sano juicio se atreverá a no leerla, y mucho menos a decir que carece de interés... Las olas del mercado arrasan con todo. El verdadero crítico va en muchas ocasiones a contracorriente. El arte puede verse afectado también por factores políticos, estratégicos e ideológicos. Los que tienen el poder pretenden tener siempre la razón. Lo que nosotros programamos es lo mejor del mundo... El crítico cultural tiene que analizar la obra en sí, venga del lado que venga. 

https://www.lavozdelsur.es/opinion/situacion-critica_318887_102.html

viernes, 22 de diciembre de 2023

Vaya valla

 

Vaya anuncio. Foto: J. C. González García.

      Este es el mundo que nos prometen, una realidad al alcance de la mano. Este es el mundo que nos venden, un capricho de los humanos. No sé si se trata de materia oscura o algo semejante. Me recuerda a las imágenes del universo profundo que procesan nuestros telescopios. Quieren que compremos el universo... La realidad está en oferta, con su oscuridad y su caos. A lo mejor no es un anuncio, sino una predicción. Cuando los papeles se despegan, por las inclemencias del tiempo, brota la verdad. Y ahora nos anuncian el mundo que se nos viene encima, la catástrofe programada y consentida. 

sábado, 14 de octubre de 2023

Sin entrar al trapo

Foto de RTVE.
        Si algo hemos aprendido de los siglos pasados es que la violencia siempre genera más violencia. Y que justificar una guerra solo conduce a un espiral interminable de “guerras justas”. El pacifismo es la única solución. Negarse a coger las armas, negarse a matar a otras personas, negarse a destruir casas, negarse a torturar… Y apostar solo por la palabra, por el diálogo, la educación y el intercambio tolerante de ideas.

    Entrar al trapo y responder con más violencia es irracional, desde el punto de vista ético, histórico y político. Es lo que debemos enseñar en las aulas. La respuesta visceral del momento no sirve para nada, aunque la agresión sea terrible y muy cercana. El pacifismo ha de mostrarse como la única vía, como la más racional y sensata a largo plazo. Hay muchas materias del currículum que pueden ayudarnos en esa tarea. Por eso necesitamos conocer los procesos históricos y la evolución de los diferentes sistemas de pensamiento.

    Al fanatismo solo se puede responder con la razón y el diálogo. No hay guerras justas, por fin nos hemos dado cuenta. Todas las partes del conflicto son capaces de aducir razones históricas para cimentar las masacres que cometen. Lo mismo ocurre con cualquier tipo de acción terrorista. Ningún grupo político debe usar la violencia. Recuerden que todas las revoluciones que utilizaron la violencia para alcanzar el poder tienen que seguir utilizándola para mantenerlo.

    Claro que hay que analizar las causas de los conflictos y estudiar los intereses de todos los participantes. También debemos entender el hilo histórico que ha conducido a una cierta situación. Y, cómo no, es nuestra obligación abordar y rechazar todos los tipos de violencia: las desigualdades extremas, la explotación y cualquier tipo de dominación y opresión. Localizar las causas de toda violencia nos ayuda a erradicarla y prevenirla. Pero en ningún momento puede servirnos para justificarla desde el punto de vista ético. 

     El camino de la paz es muy largo. Se requiere paciencia, autoconocimiento y prudencia. La resistencia no violenta ha logrado transformar muchas sociedades. Tirar la toalla y responder con la misma moneda ya sabemos adónde conduce. Existe un criterio ético sencillo que nos puede guiar: cualquier acción que destruya personas debe ser evitada. El pacifismo es una respuesta cívica, de los ciudadanos. De abajo hacia arriba. No se trata de una utopía. Todo lo contrario. Significa ser realista. Porque la realidad histórica ya nos ha mostrado de todas las formas posibles que la violencia no soluciona nada.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Las virtudes de los nacionalismos

    

    Da la sensación de que solo los nacionalistas convencidos y militantes hablan bien del nacionalismo. Desde fuera, todo son defectos, tanto éticos como políticos. El nacionalismo se presenta como una amenaza, una caja de Pandora difícil de controlar. La experiencia histórica aporta muchos ejemplos de imperialismo, xenofobia y exclusiones sociales. Incluso en nuestra democracia, los nacionalistas separatistas son vistos como gente interesada, sin escrúpulos, sin una idea del bien común, ni de la solidaridad ni de la igualdad.

    Para comprender las virtudes de los nacionalismos, es preciso realizar algunas aclaraciones. A la hora de definir una nación existen dos caminos, el étnico y el participativo o voluntarista. Nunca se dan en estado puro, pero dependiendo del énfasis que se ponga en cada uno de ellos obtendremos diferentes formas de entender el nacionalismo. Desde la perspectiva étnica, una nación se configura a través de su lengua, su religión, sus costumbres, es decir, su tradición cultural. Desde el enfoque participativo, lo importante es formar parte de un colectivo que desea darse unas normas para gestionar su funcionamiento.

    Hay otra distinción que nos interesa. No es lo mismo el nacionalismo conservador que el reivindicativo. Aquí no hablamos de derecha e izquierda. Con nacionalismo conservador me refiero al movimiento político que pretende conservar un Estado-nación ya consolidado. Mientras que el reivindicativo reclama el derecho a construir un Estado-nación que todavía no existe. Es evidente que se trata de un proceso histórico concreto: los que fueron reivindicativos pueden luego volverse muy conservadores…

    Una de las virtudes del enfoque étnico es que el nacionalismo es capaz de generar identidad. El sujeto político arraiga en una tradición, no es algo vacío. Ser andaluz o catalán no es algo abstracto, meramente legal o formal, sino el resultado de un proceso histórico. Una lengua, unas costumbres y una historia común definen al francés, al castellano, al vasco, al español… La identidad no implica únicamente un sentimiento, una forma de percibirse como individuo y como colectivo. También conlleva una preocupación por el bien común de la nación. Sin la identidad que aporta el nacionalismo, las responsabilidades políticas se debilitan. Los pensadores comunitaristas insisten en que un mero contrato social formal no sirve para mover al ciudadano a actuar. La identidad nacional activa la solidaridad interna.

    Los nacionalistas del enfoque participativo y voluntarista creen que la identidad lingüística e histórica es un aspecto secundario. La gran virtud del nacionalismo reside en la autodeterminación ética y política: darse normas a uno mismo, tanto en lo individual como en lo colectivo. Este enfoque conecta el nacionalismo con la democracia participativa y la descentralización del poder. La independencia de un país se concreta en la ausencia de esclavitud política. No solo se busca el beneficio económico… Una de las críticas más persistentes a los nacionalismos es que solo desean aumentar las rentas, controlar todos sus recursos y abandonar los vínculos solidarios con entidades políticas más amplias.

    Otra de las críticas que suelen sufrir los nacionalismos es la que habla de los sujetos políticos y los derechos. Desde el punto de vista liberal, solo los ciudadanos tienen derechos. Las naciones no son sujetos políticos. El derecho a la autodeterminación de los pueblos no estaría dentro de los verdaderos derechos fundamentales. Así que exigir ese derecho no deja de ser una falacia o una ficción. Los nacionalistas se defienden mostrando que un pueblo sin Estado, sin soberanía real, ya no contiene ciudadanos, sino meros súbitos o esclavos. Con la creación de un Estado-nación se logra más libertad para cada ciudadano. La independencia de un pueblo es siempre un progreso para la humanidad…

    Los conflictos y dificultades a la hora de definir una nación concreta son evidentes. A veces la terminología es confusa. Se habla, por ejemplo, de nacionalidades históricas, de naciones, de pueblos… Se trata de encajes de bolillos para compartir la soberanía. Lo mismo ocurre con los tipos de Estado: autonómico, federal, confederal… Estas dificultades han desembocado en muchas ocasiones en conflictos civiles violentos. Sin embargo, han existido procesos de unificación nacional o movimientos de independencia que todavía son celebrados en todas las partes del mundo. Desde un punto de vista ético, el modelo participativo quizás sea el más racional y el que más virtudes posee. La autodeterminación política sirve para crear sociedades más libres. En el siglo XXI el nacionalismo debería desarrollarse siempre dentro de las coordenadas del federalismo y el respeto de los derechos fundamentales. Se puede alcanzar un alto grado de autodeterminación compartiendo soberanía. Y en ningún momento la nación puede estar por encima de los derechos básicos.

sábado, 9 de septiembre de 2023

Aviso a navegantes

    

    Nos atrae la vida del navegante, allá en alta mar y con un horizonte difuso, plomizo: vivir en el exiguo espacio del barco, pero con un tiempo infinito. Las estrellas o los radares han servido de guía a los marineros. Eran capaces de extraviarse en el inmenso espacio del océano, el laberinto de espuma, sin perder el tiempo. Hoy los internautas estamos siempre localizados, con el itinerario exacto a nuestro alcance. Dominamos los espacios, pero hemos perdido el tiempo. O lo hemos regalado. Nuestro navegar es arrogante, ajeno al sentido común y la mesura, por eso ha enfadado a los dioses. ¡Regalamos la esencia del ser! El sistema de dispositivos se nutre de nuestra voluntad, de nuestros deseos, de nuestra libertad. Lo hemos querido nosotros. La estructura de los dispositivos no se impone, no es coercitiva, sino seductora, como las sirenas. ¡Que nos tapen los ojos y los oídos para no sucumbir a nuestros ingobernables deseos! Y no hay tiempo.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Vidas paralelas

 
 
  
    Hay mucha gente de la que no sabemos nada, ni lo sabremos. Desconocemos sus deseos y sus ideas, sus razonamientos y sus temores. Viven al margen de la red universal. Y a lo mejor son felices, quién sabe. Son los habitantes de una ciudad invisible, una ciudad de Italo Calvino o de Bioy Casares. En esa ciudad no hay pantallas ni aplicaciones que faciliten la vida. No sabemos cómo viven esos seres, qué comen o de qué se ríen. Es un mundo opaco. Si sabes leer las huellas del asfalto, verás algún indicio de esa ciudad invisible. Deja a un lado tus dispositivos y mira al frente. De pronto, descubrirás un horizonte que hierve solo para ti. En la ciudad invisible el espacio y el tiempo se captan con todos los sentidos. Forman una entidad densa, a veces líquida. Sus habitantes perciben la quietud pura. Para ellos desear es lo mismo que oler o mirar. Las ciudades invisibles se superponen. Son formas de existir, de estar en el mundo. Los dispositivos de control no las detectan. No son gente de datos ni de redes. Algunos hablan mucho, otros nada. Conviven con los silencios. Son silencio.

viernes, 25 de agosto de 2023

Malos humos

    


    Quién iba a decirnos que en pleno siglo XXI volveríamos a comunicarnos otra vez con señales de humo... No se trata de una visión religiosa sobre la Tierra y sus poderes mentales. Nada de eso. Nosotros solos somos los emisores y receptores. Pero nos hacemos los suecos, miramos para otro lado. Para eso nos sirve el mapa político, para quedarnos tan tranquilos porque el humo viene de otra región, de otra provincia, de otra localidad... La globalización funciona muy bien para extender mercados y vender formas de vida. En el ámbito ético tendemos a reducir el horizonte a nuestro ombligo. Lo increíble es que no sepamos descifrar los mensajes que nosotros mismos nos enviamos. No hace falta ser expertos en lenguas muertas o en cibernética. Todos entendemos el lenguaje del humo.

viernes, 4 de agosto de 2023

Tasa cívica o compromiso ético


    Uno de los enigmas más complejos de las ciencias sociales es comprender por qué nos comportamos de forma tan diferente cuando cambiamos de contexto. Vemos a turistas desmadrados, grupos de despedida de soltero con disfraces horribles, gente arrasando espacios sin más ley que la suya... Y luego resulta que la mayoría de esas personas son gente civilizada en sus lugares habituales de residencia y en sus puestos de trabajo. Hay más ejemplos, claro. Pensemos en los hinchas desbocados de un partido de fútbol.

    Aunque somos las mismas personas, en cada contexto desarrollamos un rol diferente. Actuamos según lo que el grupo espera de nosotros. Esta explicación puede ser útil para el sociólogo, pero no nos sirve en el campo de la ética. La responsabilidad cívica no debería desaparecer, porque, por mucho que cambie el contexto, seguimos siendo sujetos racionales y ciudadanos.

    “No hagas aquello que ni se te pasaría por la imaginación si estuvieses en tu casa”. Con esta máxima bastaría para contener las ansias de jolgorio irracional, agresivo y bárbaro. Con el término “casa” me refiero a nuestro nicho cívico diario, desde el salón hasta el barrio o la empresa. Ahí no saltaríamos por la terraza, no gritaríamos como salvajes, no ensuciaríamos el suelo, no empujaríamos al vecino…

    Para aplicar esta regla tenemos que ir en muchas ocasiones a contracorriente. El grupo ejerce mucha presión. Y es más cómodo dejarse llevar por lo que todo el mundo hace. Pero no queda otro remedio, si queremos crear espacios de convivencia sanos y alegres para todos. La otra vía ya la conocemos: la sanción económica, directa o indirecta.

    Los ayuntamientos pueden endurecer ciertas normas a la hora de utilizar espacios públicos. Lo mismo ocurre con los espacios privados, como hoteles y restaurantes. Imaginen que nada más llegar a un hotel pagamos una tasa cívica al registrarnos, para cubrir posibles gastos de reparación de mobiliario público o privado. Pagarían justos por pecadores, evidentemente. Hay muchas formas de sancionar que a todos se nos ocurren. Pero todas ellas requieren un esfuerzo y unos gastos irracionales desde el punto de vista ético.

    Hay otras medidas complementarias que podrían ser también eficaces. Una de ellas es poner en cuestión el rol asumido nada más recalar en el lugar de ocio. Cuando llegas a una ciudad, ya tienes las mismas obligaciones que un ciudadano del lugar. Habría que firmar un compromiso con las normas básicas de convivencia. Y se firmaría delante de varios vecinos, cara a cara. Con ese sencillo acto protocolario el turista saldría de su burbuja temporal y vería todo de otra manera.

    La masificación de los centros turísticos presenta grandes problemas. La solución no puede ser solo cuantitativa. Las ciudades pueden asumir grandes cantidades de viajeros. Para no tener que limitar el número de una forma drástica, necesitamos promover un turismo de calidad cívica. Y eso hay que premiarlo. Aquellos turistas que contribuyen al bienestar de los vecinos del lugar deberían recibir algún tipo de reconocimiento. Recuerden que en el fútbol base andaluz, por poner un ejemplo, hay tarjetas verdes para premiar la deportividad...

domingo, 16 de julio de 2023

Las grietas

  

 Las grietas, por muy pequeñas que sean, siempre son grietas. Todos los sistemas de control tienen grietas, aunque sus gestores lo ignoren. En ellas brotan las malas hierbas. Por ellas se cuelan los bichos, incluso los roedores. Los gestores suelen menospreciar esos signos vitales. Creen que su aliento de asfalto paralizará cualquier forma de vida. Se olvidan de las grietas. Todos los dispositivos de control tarde o temprano son invadidos por las malas hierbas. Y los roedores, al comer sus cables, bloquean el sistema. Creen los gestores que su asfalto es eterno. Todos los gestores son teólogos, aunque lo ignoran. La violenta metafísica del asfalto sirve de cimiento para el edificio del poder absoluto. Hay muchas variedades de asfalto: analógico y digital, visible e invisible, nítido y difuso, concentrado y distribuido, duro y blando, claro y oscuro. Muchas variedades, pero todas con grietas. A veces el asfalto se extiende sobre el escenario, sobre el libro, sobre el lienzo, sobre las esculturas... El gestor trabaja de forma tosca, como el zarpazo de un oso contra la tramoya; o de forma sutil, como la brisa que brota de las amenas pantallas. 

lunes, 22 de mayo de 2023

El silencio que baja

    El silencio de las noches acompaña a todos los seres que escuchan. Hay silencio en las casas vacías y en el campo. Sabemos que siempre llegará el silencio. El viento que viene de las peñas no ayuda. Parece que duele, que incomoda a la bestias y que trae malos presagios. No me digas que es un viento amable, no te creo. Mueve las ramas de los árboles y sacude los recuerdos. Los animales lloran como bestias. Saben más que nosotros del tiempo y las horas. El silencio de las noches baja de las peñas, entre sombras, y merodea por el pueblo. Ya nada volverá a ser igual. Hasta las bestias lo saben. Solo el ruido de las mentes tristes hace frente al silencio dañino de la noche. Los árboles y la lluvia siguen a los suyo, ofuscados con el ciego devenir. Menos mal que llegará la mañana, con sus chimeneas, con los pitidos del panadero y con la ilusión de haber derrotado otra vez al silencio.

sábado, 4 de marzo de 2023

Máquinas y democracia

    
                    Estatua de Al-Juarismi ante las murallas de la ciudad uzbeka de Jiva

    Un algoritmo es un conjunto finito de instrucciones para solucionar un problema bien definido. Llevamos siglos utilizando algoritmos. Pensemos en la división. Nos dan dos números y sabemos qué pasos hay que dar para alcanzar el resultado. Hoy están de moda porque los ejecutan los ordenadores. Y han dado lugar a un campo de investigación tecnológica llamado IA, inteligencia artificial.

    Ese proyecto de investigación tecnocientífica se concreta en un sueño: construir ordenadores que posean una inteligencia similar a la humana. Se busca desde mediados del siglo XX una inteligencia artificial general, que sea flexible y que pueda abordar cualquier problema: percibir objetos, realizar cálculos, jugar al ajedrez, hablar, crear, ser consciente de lo que hace, valorar… Hasta ahora solo han construido sistemas expertos, programas para solucionar algunos tipos concretos de problemas. Unos juegan al ajedrez, otros reconocen caras, otros realizan diagnósticos médicos, otros resuelven ecuaciones, otros traducen textos…

    Todavía no se ha logrado diseñar una máquina que hable y comprenda de forma consciente, un programa que sirva para resolver cualquier problema, como hacemos los humanos. Es cierto que se ha avanzado. Hay sistemas de redes neuronales artificiales que pueden ser entrenadas para que aprendan. Ese aprendizaje profundo, automático, se logra entrenando a la máquina con grandes cantidades de datos. Aprenden a extraer un patrón y luego utilizarlo para realizar predicciones o creaciones. Pero estos sistemas tienen un límite. No son conscientes. No son capaces de contextualizar los patrones. Dependen de los datos preparados por los humanos. No van más allá de la sintaxis, de la relación entre símbolos, entre datos.

    Los investigadores saben que sin semántica, sin consciencia, sin lenguaje y sin flexibilidad no hay verdadera comprensión inteligente. Saben que no es suficiente con utilizar inferencias deductivas o inductivas. La inteligencia humana se caracteriza por la creatividad y la construcción de hipótesis. Sin embargo, se sigue insistiendo en que más tarde o más temprano se alcanzará una inteligencia general y consciente. Es cuestión de tiempo, dicen. La computación cuántica será un salto cuantitativo y cualitativo. Solo los luditas y tecnófobos se atreverían a negarlo, remachan.

    Aun así, ese sueño de la inteligencia artificial suele ser presentado como un objetivo que interesa a la humanidad. Mientras tanto, construyen programas para facilitarnos la vida en todos los ámbitos, desde la banca hasta la sanidad. Y producen mecanismos de control y explotación cada vez más sofisticados. Han diseñado sistemas inteligentes para suprimir puestos de trabajo, controlar el consumo, vigilar nuestras cuentas, manejar armas, predecir y promover opiniones…

    Los procesos mecánicos han invadido desde hace mucho también el ámbito político. Hay algoritmos que interfieren en la formación de la opinión pública, con máquinas que vomitan información precocinada o con dispositivos que encauzan nuestras preferencias. Pero no todas las formas de control mecánico provienen de la IA. Recordemos que los partidos políticos son maquinarias para conseguir el poder y mantenerlo, por encima de todo, incluso de las ideas y de las personas. Son maquinarias que funcionan con autonomía. 

    Cadenas de montaje electoral en las fábricas del poder… Ni las élites son capaces gobernar su actividad. Por eso anhelamos una democracia en la que participen personas y se discuta de verdad sobre el bien común, donde haya deliberación y diálogo. No queremos seguir siendo piezas ni datos.

sábado, 5 de noviembre de 2022

La persona como límite

        

    Las personas están por encima de las leyes, la burocracia y las políticas económicas y educativas. Las leyes tienen como función garantizar el pleno desarrollo de las personas. Para eso están los derechos fundamentales y la división de poderes. Somos sujetos materiales atravesados por relaciones sociales. Seres de carne y hueso, claro. No hace falta apelar a ninguna realidad trascendente para sostener que las personas tenemos dignidad, no precio. No somos un medio, sino un fin en sí mismo. No hay excusa para olvidar estas pequeñas ideas de la razón práctica.  Ni el bien común ni la razón de Estado pueden estar por encima de esa dignidad inmanente, ese mínimo ético. Lo público y lo privado cobran sentido si reconocemos la importancia de las personas concretas. A veces las grandes ideas nos ofuscan, nos impiden ver el horizonte con claridad. Argumentamos pensando que las leyes tienen valor en sí mismas. 

    La ideología es una forma de olvido de lo real, de las relaciones sociales concretas, de las vidas individuales. La persona es una condición de posibilidad del discurso ético y político. La crueldad humana, las injusticias y todo tipo de exclusión se olvidan de que toda política ha de ir de abajo arriba. Si no es así, estamos perdidos. Hay que dudar de toda estrategia que deje a un lado a los ciudadanos concretos, por muy bellas que sean las palabras, por muy nobles que sean los argumentos. Perdidos en las ideologías, en los grandes planes, corremos el riesgo de ignorar quién sufre realmente con nuestras decisiones. Izquierda, derecha, público, privado... Las grandes palabras de la política pueden cegar nuestra sensibilidad ética, nuestro sentido común.

lunes, 31 de octubre de 2022

Lo que siempre falta

Casa museo de Zenobia y Juan Ramón, en Moguer

         Cuando visitas la casa museo de un escritor, te da la sensación de que algo falta o sobra. No es nada achacable a los que mantienen la casa. Suele ser gente entregada con pasión a la labor de conservar y mostrar. Quizás uno espere encontrar allí la clave de la excelencia poética, el aire que dio lugar al fructífero impulso creativo, el rumor que hizo fermentar el estilo... Pero nada, uno solo encuentra el resto, lo superficial, lo que uno puede olvidar en cada mudanza. Ves la biblioteca del escritor y reconoces al instante que ahí tampoco está lo que buscas. Libros y papeles, nada más. Uno mira el escritorio, la mesa con la pluma o la máquina de escribir, y espera, espera, espera... Al final, falta algo. Si lo que buscas no aparece en los detalles, a lo mejor brota del todo, del conjunto. Pero nada, al final descubres que aquello que buscabas es una forma de ausencia, aquello que sobrevuela las palabras, aquello que las une, ese aroma de la imaginación tan escurridizo.