ROEDORES DE FILOSOFÍA

lunes, 29 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLIV: EL FRÍO

  Sólo es frío, nada más. Lo suficiente para correr, para huir. De fondo, el rumor del río. Sólo es nieve, nada más. De fondo, el ruinoso mecanismo de pensar, helado. Es una forma bella de huir, tanto del frío como de uno mismo, de los demás. De fondo, la soledad. Sabe el filósofo que a través de la huida conocemos nuestras limitaciones. Aunque nunca hace suficiente frío para algunos. El viento helado nos devuelve a lo que somos y a lo que deseamos. Nadie nos enseñó a huir porque los maestros siempre están lejos. Sólo captamos, tarde, su silueta o su sombra. Nadie nos enseña a reconocer el verdadero frío, la helada que nos paraliza. Cuando la nieve nos impide ver o avanzar, cuando el frío agarrota nuestros sentidos, entonces, descubrimos el sinsentido de la huida, el placer de diluirnos entre los restos de lo que anhelamos algún día. Sabe el filósofo que correr es una noble forma de huir, porque ni los pies ligeros ni el arco se desvanecen. Todas las tretas del roedor, toda su astucia, le abren senderos entre la helada nieve, para seguir con el ruinoso mecanismo de pensar. Sólo es frío, nada más.

viernes, 19 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLIII: FICCIONES

   No lo olvidemos: el tiempo es una bella ficción. ¡Que nadie se enrede: todo ocurre ahora! Si pudiéramos interpretar las ecuaciones de la teoría de la relatividad... Pero no escarmentamos, no aprendemos de los aciertos. Todo este aparente fluir no es nada más que una ilusión, quizás cruel, pero una ilusión. ¡Que nadie espere nada! ¡Que nadie proyecte nada! No lo olvidemos: recordar es un juego que nos entretiene. Si pudiéramos comprender lo que significa que el universo tenga once dimensiones... Resulta cruel que todo lo que nos gusta se desvanezca, como un soplo de aire. Es tan terrible añadir tristeza a lo que se escurre entre los dedos... Acudimos, entonces, a  los rituales, todos esos gestos que nos protegen de la miseria de los días, esos hábitos que se solapan con la huida y la erosión. Si pudiéramos comprender las leyes de la termodinámica... No lo olvidemos: el tiempo es una horrible ficción. ¡Que nadie se enrede: nada ocurre ahora! Volveremos una y otra vez a recorrer los viejos senderos, sin esperanza. Volveremos a recorrerlos, pero con estilo. Sabremos que nada fue en vano para esa memoria que nos acompaña. Nada fue en vano. Sabe el roedor que los dinosaurios inventaron esa frase para obligarnos a trabajar y sufrir. Nada fue en vano, ni lo será. Sabe el filósofo que todo ha sido un cruel invento. Mas sabe el roedor que las ficciones sólo se curan con ficciones y que roerlas es un buen pasatiempo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA VI

  Leo a Julio Cabrera, Crítica de la moral afirmativa, y vuelvo a ver trampas en la metafísica tradicional. Nos han contado que Ser es mejor que No-Ser. Es una verdad incuestionable para la ontología heredada. Dice Cabrera que hay que ir a la raíz y que salir del No-ser quizás no sea tan bueno como nos han dicho. ¿Para qué ser? ¿Para caer en el dolor estructural que acompaña a ese ser? 
  Toda existencia es carencia, necesidad, dolor. ¿Por qué insistimos, entonces, en que ser es bueno y no-ser malo? Par mí es otra de las trampas de la autoconciencia. Como nos damos cuenta de que existimos, pensamos que tenemos algo más que el mero ser. Los neurotransmisores y las hormonas, guiados por el ADN, se encargan de generar esa valoración positiva del estar-aquí, mecanismos de la selección natural. Así, el dolor estructural, la miseria del vivir, se transforman en un regalo de los dioses. Pero es una trampa. La autoconciencia ha resultado ser un mecanismo muy efectivo para la supervivencia de ciertos organismos. Como si pensar que existimos nos diese una cualidad estructural, esencial, distinta al resto de los seres. Y toda la cultura, con sus ideas y conceptos tan abstractos, sólo es una concreción de ese mecanismo tan refinado. De alguna forma, pensarnos a nosotros mismos está premiado químicamente en el cerebro. Sentirnos diferentes del resto de los seres viene acompañado por una sensación de bienestar, por algo bueno, químicamente hablando. Nos sentimos necesarios sólo por el hecho de pensarnos. Nos resulta muy complicado pensarnos como seres contingentes, finitos y miserables. (...)

jueves, 11 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLII: RECONOCER A TIEMPO

   ¿Sabremos reconocerlos? No lo creo. Me refiero a los sabios, a los que saben de verdad. Los tendremos delante y no los reconoceremos. Sabe el filósofo que no. De todos modos: ¿para qué necesitamos un sabio delante? ¿Para que nos muestre dónde no vamos a llegar jamás? ¿Para que nos muestre lo que no somos ni seremos? Mejor no reconocerle, dirán algunos. Mejor pensar que somos nosotros los sabios. Mas sabe el roedor que sólo la sombra de los sabios protege, como sólo nos protege su palabra de la imbecilidad de los tiempos. Palabras que perduran a pesar de la distancia y la desidia. ¿Sabremos reconocerlos a tiempo? Sabe el filósofo que no. Menos mal que la memoria atrapó esas palabras y ese estilo, el estilo del sabio. Y, ahora, cuando las inclemencias nos azotan, acuden para librarnos de las pisadas horribles de los dinosaurios. Vive el roedor de esa sabiduría ajena. La roe en silencio para alimentarse, poco a poco. Y, mientras roe, siente pena por los dinosaurios, porque con sus pisadas ocultan el rastro de esos sabios. Nunca sabrán nada de ellos, ni de sus pensamientos, ni de su estilo de vida, que es lo mismo. No sabrán nada.

martes, 9 de diciembre de 2014

UTOPÍA DEL SILENCIO

“En agosto de 1991, Alexandre Grothendieck, a quien todo el mundo consideraba el matemático más lúcido del siglo XX, un hombre por cuya agudeza y profundidad se comparaba con Albert Einstein, de un día para otro quemó 25.000 páginas correspondientes a sus escritos. Acto seguido, sin decir nada a nadie, se fue de su casa rumbo a los Pirineos y no se le volvió a ver.” Así comienza el libro de Amir D. Aczel “El artista y el matemático. La historia de Nicolas Bourbaki, el genio matemático que nunca existió.” (Gedisa. 2009) En sus páginas encontrarán tanto el contexto social como el contexto creativo en el que se desenvolvió Grothendieck, que murió hace unas semanas. El autor realiza un recorrido que va desde la fundamentación de las matemáticas (con la teoría de conjuntos) hasta el estructuralismo de la lingüística y la antropología, pasando por el cubismo… No se trata de una biografía, sino de un ensayo sobre el grupo Bourbaki.
Miguel Parra
          La infancia de Alexandre (1928-2014) estuvo marcada por los campos de refugiados y la violencia. Sus padres, revolucionarios anarquistas, lucharon contra el totalitarismo en varios frentes, incluida nuestra guerra civil. A pesar de todo, pudo dedicarse al estudio de las matemáticas en las escuelas cercanas a los campos de refugiados franceses, en los que estuvo con su madre (su padre murió en Auschwitz). Muy pronto se interesó por las definiciones de los conceptos básicos y sorprendió a algún profesor con demostraciones que nos estaban en los libros…
         Después de la guerra en Europa, 1945, se fue a vivir con su madre a un pequeño pueblo cerca de Montpellier, donde realizó sus estudios universitarios mientras sobrevivían con escasos medios. Tras solicitar una beca e impresionar a sus evaluadores fue a París. Como su formación matemática había sido irregular, tuvo que esforzarse al máximo para seguir los cursos de posgrado. En París conoció a un grupo de pensadores que pretendía refundar toda la matemática, con  Henri Cartan y André Weil entre ellos.
         Alexandre Grothendieck formó parte activa del grupo Bourbaki y realizó importantes avances en geometría algebraica. Visitó universidades extranjeras. Le concedieron la medalla Fields y tuvo el IHES (Institut des Hautes Études Scientifiques) a su disposición para seguir investigando. Pero las cosas empezaron a enredarse, tanto desde el punto de vista matemático como político. Creía que la teoría de conjuntos era demasiado limitada y que Bourbaki debía tomar la teoría de las categorías, más abstracta y general, como fundamento. Sus ideas políticas le llevaron al activismo pacifista y antinuclear, lo que implicó enfrentamientos con el poder. Cuando se enteró de que su IHES estaba financiado con dinero de los militares se le vino el mundo encima…
         Nos inquietan las vidas retiradas del mundo, las vidas de los que un día cerraron la puerta de su taller y huyeron a los bosques. No llegamos a comprender esa retirada definitiva, precisamente cuando mejor les iba y cuando más reconocimiento recibían de la sociedad, de sus iguales y las instituciones. Ni los honores ni el dinero parecen importar a esas gentes. Buscan la autosuficiencia y la encuentran en la actividad intelectual, y de la forma más solitaria, como si todo les estorbase. Se dedican a cultivar un huerto, a escribir, a leer o simplemente a ser olvidados, a ser uno más en los bosques. Incluso dejan mensajes a la posteridad para que respeten su huida definitiva. Pudieron disfrutar de los laureles y se escondieron entre las zarzas, como asustados por algo terrible. Quizás comprendieron algo que a los demás se nos escapa. Si uno de los mejores matemáticos desaparece y no quiere que le molesten nunca más, algo ha tenido que comprender, algo terrible y definitivo.
         Forjarse un proyecto vital auténtico es hoy una tarea muy difícil, aunque siempre lo ha sido. La autenticidad requiere sabiduría práctica y sabiduría estética, porque todo proyecto es un sendero creativo. El modo de vida inauténtico es el enlatado, el prefabricado y el que todos esperan. Pero es difícil escapar de las garras de lo mediocre, de las garras de nuestro modo de producción. La última carta de Alexandre Grothendieck, de 2010 decía: “No tengo ninguna intención de publicar o reimprimir ninguna obra o texto de la que sea autor, (…)” Parece ser que en el archivo de Montpellier hay 20.000 páginas sin destruir. Y parece ser que algunos de sus seguidores no están dispuestos a cumplir ese último deseo del matemático: la utopía del silencio.

         
                                    Diario de Jerez, 9 de diciembre. Suplemento de educación.

viernes, 5 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLI: TENDREMOS

  Tendremos la oportunidad de cambiar de opinión y no lo haremos. Y no será una sorpresa. Nos atravesarán las razones como si fuésemos transparentes. Porque nadie conoce al que fue convencido por argumentos ajenos. Tendremos la ocasión de ver desde otra perspectiva y no querremos, seguro. No sabe el filósofo si es pura cabezonería de andar por casa o imposibilidad genética, sin más. No sabe si es mera estructura de supervivencia o ganas de, bueno, ganas de dar la lata. Tendremos muchas oportunidades de girar, de dar media vuelta y, como mucho, daremos la vuelta entera, para volver a nuestro único sitio, el que no abandonaremos nunca. Tanta retórica para nada. Tanta dialéctica para nada. Tanta erística para nada. Demasiadas palabras para tanta certeza. Sabe el filósofo que las razones huyen, perseguidas por las ideas firmes, por los dogmas. Nadie nos enseñó a ser convencidos, ni a decir que sí, que tienes toda la razón y que mis palabras eran un desatino. Nadie nos enseñó a buscar el silencio de los bosques. Tendremos ocasión de argumentar con los otros, en el mismo sentido, y nos ocultaremos tras la opacidad de nuestros egos. Nadie espera nada de nadie. Ni las sombras esperan la luz. Ni la luz espera las tinieblas. Sólo los dinosaurios saben aprovecharse de esta cabezonería de los roedores. Quizás aprendan a roer su propio orgullo estos malditos roedores. A lo mejor comienzan a despreciar las sólidas pisadas de los dinosaurios. Ellos, tan grandes y pesados, inventaron la lógica del orgullo para protegerse de las grietas y de las erosiones.

lunes, 1 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XL: POR FIN MI TALLA

  A pesar de vivir en las zonas sombrías del bosque, el roedor no se acostumbra a las tinieblas. Tampoco a la humedad. Añora la luz imaginada de otros tiempos. Y evita enredarse en lo que no existe, en lo que no volverá. Ni el roedor más sabio es capaz de huir de esas sombras, las sombras. Sabe que la humedad juega sucio, lo atrapa y le impide corretear. ¡Hay tan poca luz en invierno! ¡Hay tanta tristeza entre las sombras! No se acostumbra, ni quiere. El ruinoso mecanismo de pensar trabaja mejor entre los residuos, al pie de los viejos robles. Pero no se acostumbra, ni lo desea. Porque sabe el roedor que volver a inventar la luz sería un engaño miserable. ¡Hay tan poca luz bajo los hayedos! El enjambre de sombras, la humedad y el frío, los recuerdos de harina, le hacen dudar: quizás los dinosaurios son una ruin maquinación para no salir del bosque, para no salir de sí mismo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXIX: LAS TRAMPAS

  Entra el roedor en la sala y, sobre sus dos patas traseras, olisquea el ambiente. Nada. Otra vez a correr, al lado de la pared, bien pegado, para que se note su noble cobardía. Al fondo, los humanos, los inteligentes y valientes humanos. Sale el roedor y vuelve a entrar, ni se sabe cómo ni por dónde. Y al fondo, los humanos, sentados ante una mesa y una caja con imágenes móviles. No se sabe bien qué hacen. Quizás nada. Han inventado la nada. ¡Tanta evolución para inventar la nada! Tiene mérito, piensa el maldito roedor. Se sube sobre sus dos patas traseras y olisquea el aire. Son décimas de segundo cruciales para el reino animal. ¡Tantas penalidades para inventar la nada! Regueros de materia han surcado el espacio y el tiempo para que estos altivos bípedos hayan inventado la nada. Ahí siguen, petrificados ante la caja, hoy aplastada y adelgazada por la respiración de los dinosaurios. Ahí siguen. Mueve los bigotes el roedor y olfatea, pero nada. Puede hacer lo que quiera el roedor, la ciudad es suya cuando la nada se impone. ¡Qué aburrimiento! ¡Ni los humanos le ponen trampas! ¿Dónde está el sabroso queso duro de las despensas? ¿Dónde están las trampas de madera y alambre, con sus agujeros? ¿Dónde nos suicidaremos los roedores? No tienen compasión estos humanos. Les llena la nada y se han olvidado de los roedores. Sobre dos patas, olisqueamos el ambiente y echamos de menos las trampas con queso duro donde nos suicidábamos, sin el miedo a la nada que ahora nos persigue.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXVIII: LETRAS

   Inventaron las siglas para no pensar. ¡Qué cansancio! Tanto detalle, tanto caso concreto, no nos conduce a nada, dijeron. Pensaremos con siglas y contra siglas, suspiraron, muy tranquilos. Las inventaron por comodidad. Así, bastaba pronunciar dos o tres letras para emitir un certero juicio, un económico juico. ¡Qué cansancio! Tanto detalle, tanto caso particular, tanta realidad... Desde que se inventaron las siglas, los cerebros consumen mucha menos energía. ¡Cuánto derroche! Son siglas ecológicas, letras que salvarán al mundo, letras que piensan por mí. Ya sean consonantes o vocales, me evitan enredarme en el ruinoso mecanismo de pensar. ¡Si son mayúsculas, es suficiente! Pero el roedor añora los viejos tiempos, cuando lo importante era elegir bien el sendero, el camino entre las hoja secas, entre el olor a humedad, cuando cada detalle era un mundo. Las siglas acabaron con el bosque. ¡Qué cansancio! ¡Cuántos detalles! Menos mal que los sabios dinosaurios nos regalaron las siglas, juicios condensados para la eternidad, juicios ajenos al tiempo, siglas...

sábado, 22 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXVII: LOS DISCURSOS

  Roer las grandes ideas, las grandes teorías, ésa es la tarea del roedor. También las impetuosas opiniones han de ser desmenuzadas. Porque nada hay más inútil que hablar, que opinar del océano, del inmenso océano, sin saber nada de sus profundidades. ¡Cuánto silencio necesitamos para entender algo! Sabe el roedor que los grandes discursos y las grandes opiniones son perniciosos, temibles. ¡Es tan fácil hablar sin decir nada! ¡Bien lo sabe el roedor...! Pero insisten, los unos y los otros, los buenos y los malos. Consumen nuestro tiempo, nuestras vidas, como si no tuviésemos nada más que hacer. Menos mal que los malditos roedores se diluyen entre tanto sustantivo y tanto adjetivo, entre tanto significado. Menos mal que sabe el roedor que detrás de tantas palabras sólo hay vagas emociones, primarias, contra ti, contra mí, con ellos, contra ellos. No importan los significados. Jamás importaron. ¡Cuánto silencio necesitamos para vivir tranquilos! Nadie lo sabe a ciencia cierta. Roer, roer, roer y desmenuzar, para que la pesadez de los grandes discursos se diluya y nos deje corretear, con la libertad del que ignora los grandes conceptos. ¡Malditos roedores! ¡Siempre corriendo! ¡Es tan fácil hablar desde las alturas! Menos mal que los malditos roedores, aquí abajo, nos recuerdan que todo podría haber sido de otro modo y que nada importa, que todo es un cruel juego y que el ruido nos aplastará, el ruido de los grandes discursos. Roer, desmenuzar, caer en la propia trampa y no decir nada, pero correteando, sin dueño, con miedo, mucho miedo, pero sin dueño. Sabe escabullirse el roedor, con delicadeza. Porque no quiere ser atrapado con el rebaño, con los que tienen grandes opiniones a sus espaldas. El roedor no tiene fuerzas para sujetar semejante carga. ¡Maldito roedor! ¡Sólo aprecia los susurros! ¡Sólo atiende a las palabras entrecortadas! ¡Maldito roedor! ¡Sólo mira en los rincones, donde se acumulan los residuos! Pero no aprenderá jamás. Es muy arriesgada la vida del roedor. ¡Con lo fácil que es dormirse con un cuento de hadas! No aprenderá nunca. ¡Con lo fácil que es vivir a la sombra de los dinosaurios! ¡Con lo fácil que es sentirse parte de algo, de algo más grande! Pero no, los malditos roedores disfrutan con la miseria de sus días, entre fragmentos de algo que pudo tener sentido.

jueves, 20 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXVI: SECRETOS

  Sabe el roedor que las calles de Jerez esconden secretos, grandes secretos. Cuando la luz del farol atraviesa el cristal, entre dos luces, el roedor descubre trazos gruesos, rastros que la inteligencia regala al bosque, a la oscuridad, trazos invisibles para las terribles pisadas de los dinosaurios. Quizás los grandes y pesados dinosaurios nunca descubran este secreto, quizás. Caerán abatidos por el aburrimiento. Mientras, tras la luz del viejo farol, alguien crea, sin demora, sabiendo que está a salvo de las inclemencias. Quizás recordando al que está detrás del pincel. Aunque hoy el levante nos azota sin piedad, sin remedio, el color nos libra del desasosiego, del recuerdo, de lo que fue, de lo que soy. Sabe el roedor que hay secretos en las viejas calles de Jerez, donde la luz de un farol acoge inteligencia y sensibilidad, donde la creatividad se condensa tras el cartón. Ni el más sabio de los dinosaurios sería capaz de ver tanto color. Sabe el roedor que hay secretos en la empedradas calles de Jerez, donde un farol nos protege de las inclemencias, donde habitarán todos los tiempos, los buenos y los malos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXV: SAQUE DE ESQUINA

   Arrinconados, sin piedad, sin centro, olvidados de nosotros mismos, abatidos, en una esquina, sin encontrar explicación, a veces mirando nuestro ombligo, cansados, en el rincón, castigados, sin expectativas, en las últimas, sin ganas, agobiados, aturdidos, en un rincón, arrinconados, sin piedad, con miedo, con todo el miedo del universo acumulado, con rencor, sin piedad, arrastrados, arrinconados, muy arrinconados, apartados, escondidos, siempre escondidos, lejos del centro, lejos del centro de nada, cerca del fin, perseguidos, cazados, mil veces cazados, abrumados, en el rincón, asombrados, admirados, envidiados, odiados, ignorados, en el maldito rincón, sin piedad alguna, acobardados, en el rincón del la galaxia, en el rincón de la cafetería, escondidos de sí mismos, los malditos roedores crean.

martes, 11 de noviembre de 2014

NECESITO UN BURRO: ANIMALES Y COMUNIDAD

           En la próxima edición de FEGASUR, la Feria Nacional de Ganadería, habría que incluir dentro de su programa educativo un taller dedicado a la ética y los animales. No basta con saber de dónde viene la carne y los tipos de ganado que existen. También hay que preguntarse por las condiciones en las que se cría, los métodos de los mataderos y el transporte. Según Ursula Wolf, 450 mil millones de animales viven en situación industrial. Además de conocer la importancia económica de este sector, el alumno debería saber si otros modelos son posibles o no.
          En los próximos planes de estudio relacionados con la gestión del sistema sanitario también deberíamos incluir unos créditos obligatorios dedicados a la ética y los animales. Los expertos encargados de controlar las enfermedades contagiosas se han topado con un problema aparentemente nuevo: ¿qué debemos hacer con los animales domésticos en caso de epidemias?
Miguel Parra
          Y en las ciencias experimentales también se debería incluir una materia dedicada a pensar acerca de los tipos de experimentos que realizamos con los animales. Ursula Wolf, en “Ética de la relación entre humanos y animales”, Plaza y Valdés Editores 2014, comenta que en el mundo se emplean cien millones de vertebrados al año.
         Cuenta Jesús Mosterín que en los años ochenta inyectaron el virus de la inmunodeficiencia humana a 200 chimpancés nacidos en cautividad. El experimento fue un fracaso en todos los sentidos, científico, económico y moral. Durante quince años estuvieron encerrados en pésimas condiciones esos chimpancés. Resulta que no sirvieron como modelo. “Ningún enfermo humano del sida obtuvo el más mínimo beneficio de esa tremenda injustica causada a 200 parientes próximos sensibles e inteligentes”. Jesús Mosterín ha dedicado dos libros a los animales. “El reino de los animales”, Alianza Editorial 2013, es una descripción biológica y etológica. “El triunfo de la compasión. Nuestra relación con los otros animales”, Alianza Editorial 2014, plantea los problemas éticos que genera nuestra convivencia con ellos.
         Ni la teoría de la selección natural ni los recientes avances en genética han logrado erradicar de nuestra cultura la idea de que no somos meros animales. Todavía pensamos que hay un corte (ontológico, biológico, teológico,…) entre los seres humanos y los demás seres vivos. Incluso los que conocen la teoría de la evolución hablan de “más evolucionado” o “cumbre del proceso evolutivo”, términos carentes de sentido si nos mantenemos en el plano científico. De una u otra forma pensamos que nuestro estatus ontológico especial genera también un estatus ético especial.
         En las últimas décadas se ha iniciado un cambio. Desde la ética se habla ya de derechos de los animales. Incluso en las legislaciones aparece esta nueva sensibilidad. Ursula Wolf nos recuerda que en el protocolo de la protección de animales del Tratado de la UE de 1997 los animales son considerados “seres que sienten” y que se establece la obligación “de tomar en consideración las exigencias de su bienestar en todo su alcance”. Un giro, pero no suficiente.
         Una vez que asumamos el gradualismo biológico, no nos quedará más remedio que aceptar el gradualismo ético. Si sabemos que los animales sufren y padecen como nosotros, tendremos que revisar aquellas actividades humanas que implican sufrimiento innecesario. Si consideramos que el trabajo genera derechos, habrá que conceder ciertos derechos a los animales que forman parte de nuestra comunidad.
         Los animales domésticos tendrían derecho, por ejemplo, a una asistencia sanitaria, a una educación básica y a un trato que evite los sufrimientos innecesarios. Hemos introducido animales en nuestras casas, en nuestro sistema productivo. Nos aportan riqueza y bienestar. Un perro debería tener derecho a ser educado para convivir con nosotros y a recibir los tratamientos médicos que merece cualquier ciudadano. Si los hombres trabajamos como burros y los burros trabajan como los humanos, el corte ético y político carece de fundamento.

http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1897659/necesito/burro/animales/y/comunidad.html


jueves, 6 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXIV: SEREMOS CAPACES

  ¿Seremos capaces de inventar un universo donde todo tenga algún sentido? ¿Seremos capaces? Tejeremos una red de ilusiones, bien tupida, para que nuestra caída en el abismo encuentre un dulce freno, aunque inútil. Sabe el filósofo que lo humano se nutre de esa vieja habilidad. Tantas ideas, poemas y lienzos, no son nada más que la sombra de esa red urdida por el miedo y el autoengaño. ¿Seremos capaces de inventar nuevas ciudades? ¿Seremos capaces? Ni lo sabe el filósofo, porque todo el impulso original se perdió hace tiempo. Todo lo que no sea roer es una quimera fruto del aburrimiento. ¿Seremos capaces, entonces, de seguir inventando viejas historias? Nadie lo sabe. Pero tendremos que aprender a habitar en los bosques húmedos, donde el olor a tierra nos sirva de cobijo. El roedor será capaz de diluir todos sus sueños entre las hojas podridas. Y será capaz de olvidarse de que existe algo llamado bosque. Nada más. A roer los desperdicios de esta civilización del tedio. Y todos los castillos en el aire...

viernes, 31 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXIII: FALSOS DINOSAURIOS

    La escisión de los roedores se produjo cuando algunos quisieron ser los mejores, los más parecidos a los dinosaurios. Idearon mil formas de parecerse a esos bichos grandes y pesados. Y lo consiguieron. Surgió un grupo de roedores que se comportaban como dinosaurios. Con sus patitas golpeaban el suelo, como si fuesen horribles pisadas de dinosaurios. Los demás roedores se acobardaron al principio, porque no disponían de esas habilidades de dinosaurio. Pronto surgieron los que vendían habilidades de dinosaurio. Y el que no podía pagarlas era excluido, sin miramientos, por debilidad, porque sí. Los roedores-dinosaurios comenzaron a criticar a los malditos roedores por ser sólo malditos roedores, y punto. Mientras, los verdaderos dinosaurios se dedicaban a disfrutar de sus privilegios de grandes bichos, ya que del trabajo sucio se encargaban los roedores-dinosaurios. Jamás pensaron los viejos dinosaurios que iban a recibir semejante ayuda de los pisoteados roedores. Y en algunas zonas boscosas, los roedores se devoraron entre sí, sin piedad. Hasta los grandes dinosaurios se asombraron ante tanta vileza, tanta crueldad. Entonces, los roedores a secas, los de siempre, los que son pisoteados por los verdaderos y los falsos dinosaurios, lloraron, durante jornadas enteras, lloraron. 

RESISTENCIA CHECA

    En los cuadernos del crítico de arte Max Zoster, hallados en 1995, encontramos una entrada que narra sus conversaciones con Zátopec, con el que coincidió en el Cross de Lasarte de 1968. Antes de ser atrapado por los periodistas y la multitud, el corredor le susurró: “En este país está el secreto de mis victorias”. Intrigado, cuenta Zoster, investigó en los archivos cuándo había viajado a España Zátopec. Ni rastro. Menos mal que en un congreso de escritores pudo hablar con Echenoz, que le enseñó una copia de una postal del deportista checoslovaco enviada desde Jerez de la Frontera a su mujer: “Corro aquí mejor que nunca. Los del ejército saben lo que hacen. Correr aquí, entre los vapores del brandy, tonifica mis músculos y mi espíritu.” 

jueves, 30 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXII: ASFIXIA

    Se asfixia el roedor porque hace demasiado calor o porque el aire está saturado de falsas palabras. No lo sabe exactamente, pero se asfixia. ¿Será la respiración profunda de los dinosaurios la causa? ¿Acabará con ellos este calor? ¿Provocaron los dinosaurios esta densidad de sílabas irrespirable? No lo sabe exactamente, pero se asfixia. Tanta densidad de palabras falsas no puede traer nada bueno a los roedores. Es una trampa mortal. Quizás haya que taparse los oídos para avanzar entre las miserables pisadas de los dinosaurios. ¿Cuándo llegará la gran piedra del cielo? ¿Nadie tiene misericordia de estos pobres roedores asfixiados? ¿Nadie ve que este ruinoso mecanismo de pensar los aniquilará? Sabe el roedor que la utopía del silencio alimenta sus entrañas. Y que la única forma de resistencia consiste en diluir esa densidad húmeda que lo envuelve. Sabe que debe roer palabras todos los días, para hacerse un sitio y ver venir las peligrosas pisadas de los dinosaurios. No doy abasto, dice el maldito roedor. Callad, que no doy abasto, dice el pobre.

domingo, 26 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXI: REFUGIOS

   La escritura es el único refugio seguro para el roedor, porque habitar el espacio que brota de la escritura aporta esa necesaria ilusión de libertad. Todo lo demás, lo que no es escritura, es inclemencia. Max Zoster decía que las líneas del dibujo le servían de techo ante las tempestades. Si leemos mil veces una línea, un fragmento de nuestro libro preferido, es para ocultarnos. Si contemplamos el cuadro del mejor artista o escuchamos la mejor composición, es para mimetizarnos, escondernos y huir. La escritura es un territorio, nuestro territorio. Se trata de un continuo, pensamiento-escritura, una cristalización espacial y temporal. Y es un refugio dinámico: nuestros senderos de creación. Todas las artes generan espacios de pensamiento, espacios de posibilidades. Pero no hay que olvidar que todo es materia y que los senderos de creación también son materiales, de gran complejidad física, pero materiales. No hay otras dimensiones. Incluso el pensamiento, las ideas, pertenecen a lo único que existe, protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas, neuronas, neurotransmisores, cerebros, cuerpos, grupos, explotadores, explotados, clases sociales... Los significados de los símbolos que utilizamos son configuraciones materiales. Pintar, escribir, tallar, construir, dibujar, cantar y bailar son actividades físicas. La escritura es un refugio construido con cartones y madera vieja. Es un refugio que huele a humedad, a cobijo para días de lluvia en la niñez. Es áspero y con esquinas cortantes, pero da seguridad y sensación de libertad. La escritura es una actividad que juega con el infinito, por eso todo es posible. Uno puede hundirse en la soledad de la escritura rodeado de los mejores. Incluso puede reconstruir todo el universo dentro de ese espacio propio, único.
  

lunes, 20 de octubre de 2014

¡RESISTENCIA Y DIGNIDAD A PESAR DE TODO!


      Quizás ésta sea una huelga total, la huelga perfecta: contra todos, contra el gobierno central, contra el gobierno autonómico, contra los sindicatos, contra la Marea Verde, contra nuestra ingenuidad, contra nuestro idealismo, contra nuestras excusas, contra nuestro ombligo, contra nuestro narcisismo, contra nuestra clase social, contra nuestros privilegios, contra nuestra falsa conciencia, contra el capitalismo, contra la democracia representativa, contra las falsas expectativas, contra los circos, contra los carnets, contra los medios de comunicación, contra mi insolencia, contra mi soberbia, contra mi ingenuidad, contra las apariencias, contra la pérdida de tiempo, contra la pérdida de la razón, contra todo.  

¡RESISTENCIA Y DIGNIDAD A PESAR DE TODO!
                                             

viernes, 17 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXX: SENDEROS CIRCULARES

   Sabe el roedor que es difícil escarmentar, incluso en cabeza propia, y que volverá a ser débil. Volverá a pensar que es posible atrapar al dinosaurio si se reúnen todos los roedores. Seguro que volverá a pensarlo. Será tan débil como lo fue ayer. No escarmienta: sólo podemos huir de las pisadas de los terribles dinosaurios. Porque la condición de roedor no da para más. ¿Sabrá el roedor que todas sus reflexiones son un débil humo que se pierde entre los bosques? ¿Sabrá el roedor que los dinosaurios desconocen su insignificante existencia de roedor, de maldito roedor? ¿Sabrá que hasta las mejores intenciones y las mejores ideas serán aniquiladas por la indiferencia del gran dinosaurio? ¿Por qué recorre, entonces, esos senderos circulares? Nadie lo sabe. ¿Pensarán los dinosaurios que son senderos utópicos y optimistas? ¿Lo pensarán los demás roedores? ¿Es que tiene este roedor alguna esperanza de atrapar al dinosaurio y roerlo? Nada de eso. No escarmienta el roedor porque sus senderos sólo son otra forma de huida, como la de cualquier roedor. Al roedor sólo le resta escapar, no parar de roer a toda velocidad. Si se detiene, será aplastado por el gran dinosaurio que todo lo absorbe. Jamás escarmentará porque no hay otra posibilidad. Pero sabe el filósofo que cuando el roedor levanta su nariz y olisquea el ambiente, en ese instante, el roedor diluye el maldito tedio, el maldito aburrimiento con el que nos rocían todas las mañanas los peores dinosaurios, los que habitan en nuestras mentes...

martes, 14 de octubre de 2014

ARTE Y COMPROMISO ÉTICO

        Tan difícil es ser creativos como reconocer la creatividad. En el contexto actual del arte, carente de un conjunto de normas preciso, parece que todo vale, que cualquier objeto es una obra de arte y que cualquiera es un creador. No es fácil identificar a los verdaderos artistas, sobre todo en las artes plásticas. Hay muchas anécdotas al respecto. Así, en más de una ocasión, los encargados de la limpieza de los museos y galerías, queriendo hacer bien su trabajo, han retirado o modificado una instalación muy valiosa. Y luego su error ha sido aprovechado para ensalzar lo originalidad del incomprendido artista. Además, resulta llamativo el silencio estético que suele predominar en las exposiciones de arte abstracto: parece que nadie se atreva a emitir un juicio sobre lo que observa.
         Para explicar por qué un cuadro vale millones de euros o por qué una instalación con restos de basura es una obra artística, necesitamos hablar no sólo de Estética o Historia del Arte, sino también de Economía y Ética. El arte contemporáneo requiere ser abordado desde diferentes disciplinas, en todas sus dimensiones. Félix Ovejero Lucas ha escrito un libro que reúne estos requisitos: “El compromiso del creador. Ética de la estética”, editado por Galaxia Gutenberg, septiembre de 2014. Doctor en Ciencias Económicas, es profesor de Filosofía Política y de Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona. Con herramientas conceptuales de esas disciplinas, el filósofo analiza un hecho inquietante: en el arte actual todo vale y no hay reglas para diferenciar lo bueno de lo malo, ni siquiera para definir el arte.
         El trabajo de los científicos sirve de modelo de actividad en la que sí hay reglas y criterios para establecer lo que funciona o no. La consistencia o la contrastación experimental permiten a la comunidad científica saber si merece la pena mantener una hipótesis o una teoría. En el arte no hay criterios objetivos de ese tipo. La comparación que hace el autor ayuda a perfilar los rasgos de dos actividades muy diferentes, la del artista y la del científico.
         Si no hay criterios estéticos para delimitar el fenómeno artístico habrá que recurrir a su dimensión económica. Dado que buen arte es para muchos lo que se vende, entonces tendremos que analizar el mercado del arte. Las herramientas de teoría económica son muy útiles para ver qué tipo de mercado es éste del arte y qué tipo de mercancía se ofrece. Si, de entrada, sabemos que no existen mercados perfectos, donde funcionen las leyes puras de la oferta y la demanda, y que el mercado no siempre garantiza que sobreviva el mejor producto, menos nos tiene que extrañar que el mercado del arte funcione con unas leyes muy peculiares: unos pocos deciden qué es bueno; y nos dicen que es bueno porque se vende y está cotizado; pero se vende porque ellos han dicho que es bueno…
         ¿Por dónde seguir? Las definiciones esencialistas de arte y belleza no parecen ser ya pertinentes. De hecho, el concepto de belleza se ha diluido tanto que raras veces significa algo concreto. El arte conceptual abrió las puertas de par en par. Cualquier definición de arte, al modo tradicional, es decir, que hable de armonía, simetría, etc., resulta lejana, muy restrictiva, ante una instalación actual. Nos queda la definición institucional: arte es lo que las instituciones y la comunidad de creadores dicen que es arte.
         ¿Podremos realizar un análisis desde la ética? El autor revisa las principales teorías acerca de la relación entre la ética y la estética. Un recorrido que le lleva desde el autonomismo formalista, que dice que la obra no hace referencia a ningún contenido externo, hasta las teorías que destacan la conexión entre belleza formal y bien moral o aquellas posiciones que consideran las obras artísticas como minas de ejemplos morales y situaciones prácticas, tan útiles para desarrollar la prudencia.
         Quizás la obra de un artista tenga algo que ver con su compromiso intelectual por alcanzar la verdad, la libertad, la belleza o la perfección técnica. Quizás la trayectoria importe. Quizás el sendero creativo que inicia un artista pueda ser juzgado desde el compromiso ético con su obra. Quizás importe la sabiduría técnica y la sabiduría ética. El compromiso ético con su trabajo es condición necesaria, aunque no suficiente, para que la obra sea buena. ¿Cómo reconocer la autenticidad de ese compromiso? La educación estética tendría como objetivos prioritarios: enseñar a reconocer y manejar las técnicas y los estilos; y enseñar a reconocer el compromiso ético del creador. El ciudadano, en una democracia participativa, exigiría rigor técnico y compromiso creador a la hora de establecer programas culturales con fondos públicos.

viernes, 3 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIX: LA PACIENCIA Y EL ESTILO

  Es difícil ser paciente y mirar hacia atrás, los senderos recorridos, para saber si merece la pena volver a pisarlos. Nadie nos ha adiestrado en esa técnica tan provechosa. La mayor parte del tiempo, dice Miguel Parra, lo dedico a observar el lienzo, lo que llevo pintado,  para saber lo que es bueno y lo que no, lo que hay que conservar y lo que no.  Si la vida es una cuestión de estilo, habrá que aprender a observar nuestros gestos, los más insignificantes, y luego decidir si merece la pena que se repitan, como diría Nietzsche. Porque la ética de roedores es una ética del estilo: no hay ética sin estética; no hay acción sin creación. Y vivir es percibir, y pensar, y saber que todo es un continuo, y que vivir con estilo es crearse a uno mismo, y que no hay otra forma de huir de los dinosaurios y sus pisadas demoledoras, y que las metáforas son el recurso de la libertad, y que todo podría haber sido de otra manera. Volvamos a mirar el lienzo. Ya vemos los defectos, ya vemos lo que somos. Volvamos a mirar el lienzo. Ya sabemos lo que no queremos ser. ¡Cuánta paciencia! Menos mal que el roedor no tiene prisa, ninguna, y rodea el caballete y mordisquea las patas y prueba los óleos, y corretea con alegría entre los trastos olvidados del artista...

miércoles, 1 de octubre de 2014

EDUCAR PARA PARTICIPAR

      Las leyes educativas van y vienen sin que nos dé tiempo a entenderlas. Menos mal que detrás de tanto cambio y tanta incertidumbre siguen existiendo los que enseñan y los que desean aprender. Dos son las causas de semejante desbarajuste legal. La primera es política: los gobernantes han utilizado el sistema educativo como mercancía. La segunda es filosófica: no sabemos exactamente qué es educar a una persona, ni lo sabremos. Estamos condenados a lanzar esbozos provisionales y a preguntarnos a cada paso por el sentido de esta noble tarea. Uno de los rasgos esenciales de la educación es su absorbente reflexividad.
       Es obvio que los proyectos educativos han de formar parte del contexto social, es decir, tienen que impregnarse de las necesidades de los ciudadanos y sus expectativas. Los Estados del siglo XXI exigen ciudadanos capaces de participar de forma activa en el sistema tecnocientífico, en la sociedad del espectáculo y en las instituciones democráticas.
Es crucial saber integrar los datos que nos ofrecen los medios de comunicación y los educadores, si deseamos alcanzar conocimiento, incluso sabiduría. Tanto la información que aparece en los libros de texto como la que circula por internet requiere ser integrada, ordenada, dentro de nuestro contexto de necesidades. Y como investigadores, no sólo debemos dominar teorías y procedimientos técnicos, también necesitamos participar en las instituciones científicas.
No basta en las sociedades del espectáculo con ser meros receptores de esquemas prefabricados. Así, la autonomía en el ámbito estético se concreta en la capacidad de recorrer senderos creativos propios y en la posibilidad de analizar los estilos que maneja el mercado del ocio programado. La retórica de los medios de comunicación y de los centros de poder utiliza símbolos, metáforas y otros recursos estilísticos. Los senderos de creación nos permiten desmontar esa retórica, esos símbolos petrificados que se presentan como naturales. Ser creativos nos aleja del aburrimiento y la desidia, los peores enemigos de la autonomía y la libertad. 
En las sociedades democráticas debemos aprender a decidir. Como ciudadanos, tenemos que participar en las instituciones y foros, con prudencia y sentido de la justicia. Las contradicciones de la democracia representativa quizás nos conduzcan a un modelo más participativo en los próximos años. Pero debatir en asambleas sobre los asuntos públicos, organizarse y tomar decisiones sensatas son tareas muy complejas. Nuestro sistema educativo deberá prepararnos para desarrollar todas esas competencias. Porque la democracia participativa es el sistema más exigente que existe: se construye con ciudadanos que sepan dialogar, que sean responsables, coherentes, y que estén dispuestos a profundizar en todas las áreas de conocimiento.
Los espacios interactivos de divulgación científica, como museos o ferias, son idóneos para desarrollar o mejorar todas estas formas de participación. Como pudimos comprobar el viernes en los Claustros de Santo Domingo, en la Noche Europea de los Investigadores, acercar la investigación a los ciudadanos es mucho más que mostrar o informar. Son espacios de legitimación, no sólo de exhibición. Los investigadores dialogan con los ciudadanos para demostrar la utilidad social de sus proyectos. En este diálogo hay que manejar conocimientos y procedimientos técnicos, hay que saber convencer, saber razonar, y ser creativos.
    Son, además, espacios para tomar contacto con la diversidad de prácticas científicas y campos de investigación. Ser conscientes de esa diversidad científica es esencial para comprender la dificultad que conlleva elaborar los Planes de I+D+i. Y tan importante es la investigación en biocombustibles como en sociología. En este sentido,  cabe destacar la realización del microencuentro “Ciencia e Investigación: Sobre desigualdades y exclusiones en razón al sexo y género”, organizado por el Departamento de Derecho del Trabajo de la Universidad de Cádiz. Tuvimos la ocasión de reflexionar sobre asuntos tan complejos como el concepto de género, sexo, intersexualidad y prostitución. Sólo un problema: aunque los Claustros son un entorno muy bello, no reúnen las condiciones acústicas necesarias para la comunicación científica.

                            Diario de Jerez. Suplemento de Educación. 30 de septiembre.

martes, 30 de septiembre de 2014

ÉTICA DEROEDORES XXVIII : MIS LABORES

  Hay mucha labor, demasiada labor: destejer lo que ayer estuvimos tejiendo con tanta ilusión y hoy nos parece lo más horrible del mundo. Hay mucho trabajo por delante: desmenuzar las osadas palabras arrojadas al viento con tanta insolencia. Hay mucha faena para mañana: borrar los insulsos senderos que abrimos entre la maleza sin pensar cada pisada. Tenemos una tarea infinita: soportar nuestros hábitos corroídos por el aburrimiento. Empecemos la revolución: que nuestras miradas sean inteligentes y nuestros gestos atrevidos. Hay una gran labor: desmontar las instalaciones de nuestro yo y observar la llanura, el hermoso erial. Y no olvidemos escuchar, porque la utopía del silencio no es una tarea menor. Hay tantas tareas: olvidémonos de nuestras proezas, porque arruinan cualquier impulso creativo. Tareas muy complicadas nos quedan: observar como si nadie observara y huir de la pesada carga de nuestras grandes hazañas. Cuánto trabajo por delante, cuánta revolución pendiente: roer nuestra sombra hasta desgastarla para así poder empezar de nuevo y no aburrirnos con los pliegues acartonados de nuestro ser.

lunes, 22 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXVII: FORTALEZAS

  Sabe el roedor que es fácil construir castillos en el aire. Es tan fácil... Hay fortalezas en los cielos, grandes conjuntos de fortalezas. Y por las torres asoman bravos caballeros para animarse unos a otros y corroborar que todos esos castillos son reales. Y ejecutan al que lo niega. O lo destierran. Son castillos tan sólidos que parecen necesarios, inmutables. Los nobles caballeros nunca bajan a tierra porque en los cielos están los suyos, los iguales, los que les reconocen su linaje. Es una vulgaridad descender. Los de abajo no saben reconocer a los nobles de los castillos. Y los castillos son cada vez más altos y enrevesados. El roedor mira hacia arriba y siente pereza. ¡Tantas escaleras! Prefiere quedarse con los vasallos, los remolones, los que viven en oscuras guaridas y se entretienen con las sombras. ¡Cuántas escaleras! Y los nobles de los castillos aéreos, cuando oyen algún ruido, echan aceite hirviendo para acabar con esos malditos roedores escépticos. Y montan grandes fiestas donde lucen sus condecoraciones, las que se dan entre sí. Y hablan de sus muros como si fueran reales, de sus castillos, de sus fortalezas. Ni los roedores ni los vasallos entienden la lógica que gobierna esas fortalezas. ¡Tantas escaleras! 

viernes, 19 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXVI: SE ENREDÓ.

   Llegó el Gran Legislador y pronunció la palabra Educación. Y se enredó. Se enredó tanto que se olvidó de todo. Se olvidó de las palabras, de los deseos, de las miradas y de los miedos. El Gran Legislador se enredó miserablemente y se olvidó de casi todo. Pobre Legislador. Se enzarzó en discusiones miserables y perdió el tiempo en encajes de bolillos. Triste Legislador. Se olvidó de las preguntas y de las risas. ¿Cómo se pudo olvidar de la ilusión? Pero se enredó con los cables de las nuevas máquinas, con las pantallas táctiles. Y arrinconó la simple palabra y el deseo de saber. El Gran Legislador se ofuscó con las estadísticas y se olvidó del que habla cada mañana, del que pregunta, del que escribe, del que imagina y crea. Pobre Legislador. Es tan sencillo recordar el arte de enseñar... No sabe el roedor cómo ha podido ocurrir esa catástrofe. ¿Serán las pisadas de los dinosaurios otra vez? Menos mal que el roedor sabe disfrutar de ese trozo de queso olvidado en una esquina. Y lo roe despacio, recordando a los que crearon nuevos senderos de libertad con la palabra y el lápiz. Roerá todas las mañanas sin que los dinosaurios se enteren y tejerá más senderos de palabras por los que huir con estilo...

jueves, 11 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXV: PERDAMOS EL MUNDO.

¡Perdamos el mundo, entero, con su luz, con sus escombreras, con sus buenas intenciones, con sus calles, con sus ciudades, con sus meandros! No es tan difícil. Perdamos el mundo como si fuésemos a construir otro diferente. Perdámoslo todo. Perdamos las ciudades y sus ingenuidades. Busquemos a los perdidos, a los que dan todo por perdido y aprendamos de ellos. No nos hace falta nada más. Hay demasiada realidad. Perdamos el universo. Sigamos el rastro de los pinceles, porque en los pinceles está todo. Pero perdamos todo lo demás, todo lo que nos aburre: los grandes discursos, las promesas raras, los arrepentimientos de media tarde, los juicios severos, las estadísticas certeras... Perdamos el sentido de la realidad, de esa realidad. Sólo queremos perder. Perdamos lo que no nos merecemos, lo que no entendemos, lo que jamás comprenderemos. Perdamos las casas, las ciudades, los sillones, las ingenuidades de media noche. Si lo perdemos todo, al menos, nos quedará el rastro errante del pincel dionisíaco.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIV: LA SUERTE.

¡Qué suerte tienen los artistas! Diseñan mundos paralelos a su antojo, mundos extraños. ¡Qué suerte tienen! Y huyen a través del espejo. Y te dejan mirando tu reflejo sin misericordia. Tienen mucha suerte. Porque los espejos los inventaron ellos: buscaban puertas y crearon espejos. Un día tras otro huyen y vuelven sobre sí mismos. ¡Qué suerte tienen! Y hablan entre ellos como si se comprendieran. Y resulta que sí, que construyen más realidades y más enrevesadas al juntarse y hablar. ¡Qué suerte tienen los artistas! ¿Están entre nosotros realmente cuando discuten sobre la forma y el color? Lo dudo, porque aprovechan cualquier momento para acelerar, para cambiar de rumbo, para esconderse. Odian los techos. ¡Qué suerte tienen los artistas! Dominan el espacio y el tiempo. Nunca están contigo: no te hagas ilusiones. No tienen misericordia los verdaderos artistas. Y ocultarse entre palabras, lienzos, imágenes, sonidos... Y huir de este miserable aburrimiento que nos reseca por dentro... ¡Qué suerte tienen los artistas!

viernes, 5 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIII: NOSTALGIA.

¿Quién quiere las palabras? Aturdidos, entre las ramas de este bosque siniestro, buscamos los significados, las conexiones. Nostalgia, misterio del cerebro, recuerdos inventados por un yo miedoso. Una palabra lleva a la otra como una imagen enturbia otra. Pero las deseamos, las perseguimos con ese ahínco humano, desconocido en otras especies. ¿Quién quiere las palabras? No me dejes recordar... No me dejes perderme entre las palabras... Tienen las palabras un barniz que las convierte en lo que no son. Esa fina capa de memoria que nos aterroriza. ¿Quién quiere las palabras? No me dejes olvidar porque sin palabras no soy nada. No me dejes recordar porque con las palabras me hundo en este espacio de mis miedos. ¿Quién quiere las palabras? Nostalgia, trampa mortal de nuestros deseos más profundos, de nuestros días más felices. Sabe el roedor que dominar la nostalgia es la mayor libertad que uno puede alcanzar. Saber que vamos a recordar lo que estamos viviendo con ardor y tristeza. Saber que el instante que vivimos será eterno. Lo viviremos siempre. Ya lo estamos viviendo en ese recuerdo futuro. ¿Quién quiere las palabras?

domingo, 31 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXII: NO PODEMOS

   En el sentido físico: no podemos volar, no podemos levantar la Luna con nuestras manos, no podemos acercarnos al Sol sin achicharrarnos, no podemos respirar debajo del agua, no podemos masticar acero, no podemos beber hierro fundido, no podemos romper una catedral a cabezazos, no podemos hundir un buque con nuestro aliento, no podemos peinar el Amazonas con nuestros cepillos, no podemos bebernos el mar Mediterráneo, no podemos engullir un guepardo de un tirón, no podemos contar las hormigas de un hormiguero con los ojos cerrados, no podemos abrazar a Júpiter, no podemos superar la velocidad de la luz...
   En el sentido psíquico: no podemos entender a nuestro vecino, no podemos aguantar la televisión, no podemos llorar cuando queremos, no podemos odiar cuando debemos, no podemos reír cuando nos obligan, no podemos resistir la opresión, no podemos aguantar la explotación, no podemos comprender las leyes naturales, no podemos sentir compasión los domingos por la tarde, no podemos soportar las bombas sobre Palestina, no podemos sufrir como un toro de lidia, no podemos ser un termostato, no podemos saber lo que ignoramos...   
   En el sentido ético: no podemos entender las virtudes clásicas, no podemos ser honestos, no podemos buscar la verdad, no podemos dialogar de forma simétrica, no podemos ser puros, no podemos enfrentarnos a nuestras acciones, no podemos mirar a nuestros gatos a los ojos, no podemos ser autónomos, no podemos ser libres, no podemos ser personas...
   En el sentido estético: no podemos ver una obra sin preguntarnos por su significado, no podemos entender el proceso creativo, no podemos cenar con Bacon, no podemos observar al artista sin importunarle con nuestras aburridas preguntas, no podemos comprender a Manolo del Valle, no podemos ser un borracho de Goya, no podemos creer en las posibilidades infinitas de esta horrible realidad...
   En el sentido político: no podemos cambiar este sistema que nos abrasa, no podemos desmontar los mecanismos del aburrimiento, no podemos acabar con la miseria, ni con la alienación, no podemos alcanzar la justicia ni la libertad, no podemos leer el BOE antes de acicalarnos, no podemos escribir leyes para los viernes, no podemos repartir la riqueza, no podemos decidir mediante asambleas o consejos obreros, no podemos ser ciudadanos...
    

PEAJE, DE JULIO DE LA ROSA


          En una ocasión le pidieron al filósofo Max Zoster su opinión sobre la crítica literaria: “La crítica literaria es algo que me parece imposible, un intento muy digno pero inútil. Imaginen que alguien pinta un cuadro para valorar otro cuadro... Imaginen que componemos una canción para describir otra canción...”
   
         La literatura, como todas las artes, nos plantea grandes preguntas, incluso misterios. Uno de ellos es la creatividad.  Saber lo que significa crear implica hablar de la esencia de una obra y de la acción humana. A todos nos gustaría saber por qué hay personas que son más creativas que otras. Son muchas las causas. Y la respuesta va a llegar a través de la colaboración de las neurociencias con la estética y la teoría del arte.
         Uno de los rasgos que suelen compartir los grandes creadores es su afán desmedido por experimentar dentro de todos los géneros. El creador no conoce fronteras. Sus acciones mezclan registros, categorías y estilos. Avanzamos en el conocimiento, decía el físico Poincaré, trasladando estructuras de unos campos a otros. En las artes, las analogías, incluso cuando fracasan, constituyen nuevas experiencias.

         Para crear hay que desplazarse continuamente, hay que transgredir. De aquí se deduce que sea imposible identificar la obra de un autor con sus textos o sus lienzos.

Estamos hablando de Julio de la Rosa. Al recorrer sus senderos literarios y musicales nos damos cuenta de que estamos ante una persona  difícil de atrapar. Cuando el espectador o el crítico llegan él ya no está...
   
Amor y Lavadoras
A menudo guardo objetos, en principio inapropiados, en la lavadora. Esto es: fotos, libros, cables, o incluso herramientas. Al principio era cuestión de espacio. Un día, por error, lo mezclé con la colada. En realidad, me divierte ver este tipo de cosas centrifugándose. Hay veces que meto dentro las fotos de mi última amante, a ver si así desaparece de una vez por todas. Escribo por el mismo motivo por el que me lavo: porque me lo pide el cuerpo; es sorprendente cómo un gesto aprendido, el hecho de escribir, puede llegar a convertirse en instintivo. Con la música es igual, o tocas o te meas encima. Las manchas de las cosas que amas son las más difíciles de quitar.
                                           (Diez años Foca en un circo, p.36)




Pero qué ingeniosos
I
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas,
Publicistas, cineastas, coreógrafos,
Modernos anacoretas.
Con qué gracia construyen sus metáforas.
Mejor aún.
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas.
Escriben metáforas repetidas mil veces
Y después, voilá,
Consiguen venderlas.

Pero qué ingeniosos
II
(ejemplo)
Todos los ángeles
Dibujan barcos
En los ojos de los náufragos

Pero qué ingeniosos
III
(ejemplo)
Un cálculo de pros y contras
y una inexplicable atracción estética.
Amar es tan difícil como elegir una bicicleta.
                                               (Tanto rojo bajo los parpados. p.11)

La novela PEAJE es el despliegue de una mente atrapada en un trabajo rutinario, la cabina de peaje de una autopista. A una velocidad de vértigo, la que marca el cobro, el protagonista se va dibujando a sí mismo. Cada cliente es un espejo que refleja otro espejo.  El aburrimiento desencadena procesos de observación y asociación, extrapolaciones, enlace de emociones, palabras, recuerdos... Esa mente encerrada es capaz de deducir vidas enteras a partir de muy pocos rasgos. Así, una tras otra, surgen historias de vidas,  historias condensadas.

Tipologías
I
El Negado Competente.
La Perenne Inestable.
El Cultivado Ignorante.
El Sabio Aprendiz.
El Jugador Aburrido.
La Misteriosa Inocua.
El Corrupto Insobornable.
El Bastardo Legítimo.
El Orador Ensimismado.
La Mansa Indomable.
El Afable Impenetrable.
La Salvaje Dócil.
Los Mezquinos Dignos.
El Iluminado Avaro.
El Mesurado Desmedido.
(Diez años...p.9)
                                               

Animales De Presa

trabajar comer dormir
leer cocinar comer
dormir trabajar comer
ver dormir trabajar
imaginar desear resignarse
masturbarse pensar vestir
salir mirar beber
pagar mirar desear
beber mirar hablar
hablar hablar hablar
insistir beber mirar
mirar desear preguntar
disimular hablar insistir
sonreír beber besar
marchar caminar callar
besar caminar llegar
subir entrar encender
mirar besar apagar
desnudar tocar tumbar
chupar tocar lamer
penetrar prometer acabar
descansar fumar hablar
dormir soñar dormir
despertar asustarse desayunar
mentir despedirse olvidar

(Diez años...p.47)
                                                       
Presentaación del libro en la Fundación Caballero Bonald
         El ritmo de la novela y el de la conciencia viene establecido por “Seis cuarenta, por favor”.  Cada “Seis cuarenta, por favor” brota una historia, un mundo. Los recursos utilizados resaltan las acciones. El estilo directo, las frases cortas y los diálogos fugaces nos sumergen en ese mecanismo de la autopista y de la conciencia.  Lo que aparentemente podría desembocar en la banalidad, en lo superficial, dada la rapidez, en realidad conduce a un despliegue libre del sujeto, con sus miedos, odios y miserias. Un despliegue que arroja reflexiones certeras sobre nuestro modo de vida, sobre esta sociedad de la información y del espectáculo.

         La situación no podía estar mejor planteada: un individuo atrapado en un trabajo mecánico, un individuo anulado en una autopista, símbolo del progreso de las comunicaciones.  Y la sinceridad de esa mente atrapada contrasta con la mentira cotidiana a la que estamos sometidos. Cita a Truman Capote: “Qué lástima tener que mentir continuamente por casi cualquier cosa que hacemos.”

         Las vidas que pasan delante del protagonista, su propia vida, son vidas aún abiertas. Para matar el tiempo, su tiempo, su vida, el protagonista lee y recorta necrológicas, vidas cerradas, se supone que con sentido. Ese contraste entre lo acabado y lo que es mero proyecto describe muy bien la esencia del individuo moderno.

Al mismo tiempo que leía esta novela de Julio también estaba leyendo los escritos de Marcel Duchamp.  Nos dice este artista que el espectador, el receptor, completa el proceso creativo. Cuando leemos una obra o contemplamos un cuadro vamos completando esa creación. Quizás podemos interpretar las vidas como creaciones también. El protagonista lee las necrológicas de personajes ilustres y las recrea, las reconstruye, las interpreta. Al final vemos que también esas vidas siguen abiertas. Nuestras acciones son acciones porque otros las piensan, les dan sentido. Incluso después de muertos seguimos viviendo en esas interpretaciones. La inmortalidad que busca el artista consiste en dejar muchas huellas, muchos indicios, para que sean interpretados de infinitas formas y así seguir existiendo.

         Julio de la Rosa nos cuenta muchas historias. Hay historias de amor, sexo, odio... Y aparecen muchos personajes (hasta nuestro Papa, digno Papa. Es el colmo, el único que dimite en esta sociedad es el infalible, el que no se equivoca... En marzo tendrá que salir la segunda edición corregida) los que la vida arroja a una autopista y a una imaginación desbordante. Hay humor ácido. Hay ironía y hay tristezas. El “Seis cuarenta, por favor.” es el estribillo de una canción muy larga, estilo Bob Dylan, en la que alguien con una guitarra al lado de una carretera va desgranando vidas, la mayoría deprimentes.  Poesía, música, relatos...la esencia de los trovadores de siempre. Las palabras “Seis cuarenta, por favor” como otro instrumento de percusión...

“La música no se puede prohibir. Nadie puede borrar la música del planeta Tierra. Renacerá siempre en cualquier parte, de cualquier modo. Es el único arte inmaterial. La música no está en ninguna parte. Si quemaran todos los instrumentos del mundo, la gente seguiría cantando. Y si les cortaran la lengua a todos los cantores del mundo, aporrearían sus propios cuerpos: tocarían las palmas, golpearían sus piernas. Si les cortaran las manos, golpearían el suelo con sus pies. Habría que extinguir a la raza humana para que desapareciera la música. Y los cuatro capullos que prohibieran la música y extinguieran a todo el mundo, acabarían necesitándola. No se puede vivir en un mundo sin música. Es el verdadero contacto con el más allá. La única religión verdadera. Las demás son, exclusivamente, instrumentos de manipulación.
Instrumentos, ja.
—Seis cuarenta, por favor.”  (p.104)

El protagonista se enreda, en sus pensamientos y en las relaciones que establece con sus clientes y compañeros. A través de estos senderos nacen reflexiones sobre la amistad, el trabajo, la música, el sexo, el lenguaje, la religión... Hay una continuidad entre la novela y sus otros libros. Quien lea sus anteriores textos podrá profundizar en estas obsesiones y en estas formas de contar.

Sin embargo, aunque hemos hablado de historias deprimentes, también aparece algún personaje que nos remite a la utopía, a esa mirada humana ajena al valor económico y al prestigio social, la mirada de esa persona desconocida, ingenua, que nos dice adiós desde el otro lado.
               
DE LA ROSA, Julio. (Jerez de la Frontera, 1972).
Estudios de Comunicación Audiovisual.
Ha vivido en New York, Manchester, Estambul, Barcelona, Granada, y Madrid
Grupos "El Hombre burbuja" y  proyecto "Fantasma #3".
Solitario:
"Las Leyes del Equilibrio"  2006
"M.O.S." 2004
“El espectador” 2008
“La herida Universal” 2010
“Pequeños trastornos sin importancia” 2013
Bandas sonoras del cine español:  Siete vírgenes, After y Grupo 7.
Series: T.V:  El síndrome de Ulises. Documentales...

 Como escritor anteriormente ha publicado dos libros de poemas y prosas breves -Tanto rojo bajo los párpados (Chorrito del Sur, 2006) y Diez años foca en un circo (Chorrito de Plata, 2008)-, un tercero de poesía en colaboración con Adriana Schlitter Kausch -Vacaciones (Ultramarina, 2011)-.