ROEDORES DE FILOSOFÍA

lunes, 29 de abril de 2013

ÉTICA DE ROEDORES II: PALABRAS.

 Hay escritores que viven en las palabras, no con las palabras. A modo de refugio, se agazapan entre verbos y sustantivos. Las palabras son sus madrigueras. Y roen. Roen sin cesar frases. Y sus madrigueras son senderos subterráneos. Es un roer incómodo porque desgasta lo que parecía eterno. Como decía Max Zoster, existimos en las metáforas y contra las metáforas. Así nos trasladamos en esas realidades terrosas que creamos. Hay escritores que roen para huir de ese aburrimiento que mata. Mientras los dinosaurios mueren de aburrimiento, los roedores crean, desmenuzan. 

viernes, 26 de abril de 2013

TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA IV

 Nuestro cerebro surgió por selección natural. Es un cerebro que se termina de configurar en nuestra fase de cazadores-recolectores. Vivíamos en grupos que iban de un lado para otro, cazando, pescando y recogiendo frutas silvestres. Algunos individuos nacían con la capacidad de cooperar y comunicarse. Otros nacían con una tendencia a vivir solos y ser agresivos. Los primeros se unían para cazar y defenderse. Así tenían más probabilidades de sobrevivir. Los otros, en términos generales, tenían más probabilidades de ser cazados por otros o morir de hambre.
   La selección natural generó un conjunto de normas y valores, asociados a la vida en grupo, sin necesidad de una conciencia individual de estar cumpliendo normas. Esa conciencia individual fue surgiendo con el tiempo y dio lugar a la reflexión ética. Basta con observar la vida en grupo de otros animales para llegar a la conclusión de que la conciencia de norma no es necesaria para que la norma exista.

domingo, 14 de abril de 2013

TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA III

 Darse cuenta de lo que ocurre, ser consciente de ello, es una condición necesaria para poder transformarlo a través de la praxis, pero no es una condición suficiente para alcanzar la solución o alcanzar nuestros fines. Convertir lo inconsciente en consciente sólo es el primer paso para localizar un trauma psíquico o una relación de producción injusta. La conciencia no trae por sí sola la solución a nuestro problema. Es el primer paso en el sendero de la racionalización, pero no él último. El enfermo que es consciente de que no controla ciertos impulsos no recupera inmediatamente el control de su vida y es feliz. Y el trabajador que descubre el origen de su miseria y sabe que el que tiene la propiedad privada de los medios de producción está enriqueciéndose con el trabajo ajeno no acaba de inmediato con esa relación de producción. Los poderes curativos atribuidos a la autoconciencia son excesivos. Esos poderes proceden de la reconciliación del sujeto que antes estaba escindido. Pero hay problemas que requieren una acción concreta sobre la realidad, problemas que no se solucionan con sólo saber que existen. La autoconciencia puede ser necesaria para iniciar el camino pero no es la solución. La economía política y la psicología aplican el método científico. Ser consciente de lo que te ocurre puede ayudar al científico pero todavía no es una explicación de lo que ocurre.

domingo, 7 de abril de 2013

ANIMALES Y COMUNIDAD II

"No te invito, lector, a penetrar en el reino de los animales, pues siempre lo has habitado. Te animo a abrir los ojos y a disfrutar de la riqueza y la hermosura de este reino que es el tuyo. Los seres humanos no somos ángeles caídos del cielo, ni gritos en la noche, ni pura indeterminación; tampoco somos máquinas ni computadoras. Lo que somos es animales. Parimos y nacemos y comemos y respiramos y morimos como animales. Y la mayoría de nuestros genes los dedicamos a codificar nuestras funciones animales. Si quieres saber cómo es un animal, mírate al espejo. Cualquier concepción del ser humano que pretenda alejarnos de nuestra realidad natural es un fatuo ejercicio de ignorancia, autoengaño y superstición. Si queremos conocernos a fondo y saber lo que realmente somos, si valoramos la autoconciencia y la verdad, hemos de empezar por aceptarnos como seres vivos y como animales."
                                 Jesús Mosterín. El reino de los animales. Alianza Editorial. 2013. (Prólogo)


     Extender la comunidad a los animales es una idea que no va a agradar a los filósofos dualistas. Dicen los libros de filosofía que el ser humano es el único animal que tiene palabra, lenguaje. Con las palabras, dice Aristóteles, formamos conceptos y juicios. Hablamos y pensamos, sobre normas y valores. Para vivir como miembro de la comunidad política se necesita la capacidad de elaborar conceptos y discutir sobre ellos. Borrar estas fornteras va a ser difícil. Se trata de definiciones. Sin embargo, cabe la posibilidad de que se pueda formar parte de una comunidad política sin tener capacidad lingüística o racional. La comunidad política necesita la palabra y la razón para ser construida, pero puede albergar en su seno seres menos lingüísticos racionales, capaces de comunicarse y sentir simpatía, colaborar, provocar debates...