domingo, 31 de agosto de 2014

PEAJE, DE JULIO DE LA ROSA


          En una ocasión le pidieron al filósofo Max Zoster su opinión sobre la crítica literaria: “La crítica literaria es algo que me parece imposible, un intento muy digno pero inútil. Imaginen que alguien pinta un cuadro para valorar otro cuadro... Imaginen que componemos una canción para describir otra canción...”
   
         La literatura, como todas las artes, nos plantea grandes preguntas, incluso misterios. Uno de ellos es la creatividad.  Saber lo que significa crear implica hablar de la esencia de una obra y de la acción humana. A todos nos gustaría saber por qué hay personas que son más creativas que otras. Son muchas las causas. Y la respuesta va a llegar a través de la colaboración de las neurociencias con la estética y la teoría del arte.
         Uno de los rasgos que suelen compartir los grandes creadores es su afán desmedido por experimentar dentro de todos los géneros. El creador no conoce fronteras. Sus acciones mezclan registros, categorías y estilos. Avanzamos en el conocimiento, decía el físico Poincaré, trasladando estructuras de unos campos a otros. En las artes, las analogías, incluso cuando fracasan, constituyen nuevas experiencias.

         Para crear hay que desplazarse continuamente, hay que transgredir. De aquí se deduce que sea imposible identificar la obra de un autor con sus textos o sus lienzos.

Estamos hablando de Julio de la Rosa. Al recorrer sus senderos literarios y musicales nos damos cuenta de que estamos ante una persona  difícil de atrapar. Cuando el espectador o el crítico llegan él ya no está...
   
Amor y Lavadoras
A menudo guardo objetos, en principio inapropiados, en la lavadora. Esto es: fotos, libros, cables, o incluso herramientas. Al principio era cuestión de espacio. Un día, por error, lo mezclé con la colada. En realidad, me divierte ver este tipo de cosas centrifugándose. Hay veces que meto dentro las fotos de mi última amante, a ver si así desaparece de una vez por todas. Escribo por el mismo motivo por el que me lavo: porque me lo pide el cuerpo; es sorprendente cómo un gesto aprendido, el hecho de escribir, puede llegar a convertirse en instintivo. Con la música es igual, o tocas o te meas encima. Las manchas de las cosas que amas son las más difíciles de quitar.
                                           (Diez años Foca en un circo, p.36)




Pero qué ingeniosos
I
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas,
Publicistas, cineastas, coreógrafos,
Modernos anacoretas.
Con qué gracia construyen sus metáforas.
Mejor aún.
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas.
Escriben metáforas repetidas mil veces
Y después, voilá,
Consiguen venderlas.

Pero qué ingeniosos
II
(ejemplo)
Todos los ángeles
Dibujan barcos
En los ojos de los náufragos

Pero qué ingeniosos
III
(ejemplo)
Un cálculo de pros y contras
y una inexplicable atracción estética.
Amar es tan difícil como elegir una bicicleta.
                                               (Tanto rojo bajo los parpados. p.11)

La novela PEAJE es el despliegue de una mente atrapada en un trabajo rutinario, la cabina de peaje de una autopista. A una velocidad de vértigo, la que marca el cobro, el protagonista se va dibujando a sí mismo. Cada cliente es un espejo que refleja otro espejo.  El aburrimiento desencadena procesos de observación y asociación, extrapolaciones, enlace de emociones, palabras, recuerdos... Esa mente encerrada es capaz de deducir vidas enteras a partir de muy pocos rasgos. Así, una tras otra, surgen historias de vidas,  historias condensadas.

Tipologías
I
El Negado Competente.
La Perenne Inestable.
El Cultivado Ignorante.
El Sabio Aprendiz.
El Jugador Aburrido.
La Misteriosa Inocua.
El Corrupto Insobornable.
El Bastardo Legítimo.
El Orador Ensimismado.
La Mansa Indomable.
El Afable Impenetrable.
La Salvaje Dócil.
Los Mezquinos Dignos.
El Iluminado Avaro.
El Mesurado Desmedido.
(Diez años...p.9)
                                               

Animales De Presa

trabajar comer dormir
leer cocinar comer
dormir trabajar comer
ver dormir trabajar
imaginar desear resignarse
masturbarse pensar vestir
salir mirar beber
pagar mirar desear
beber mirar hablar
hablar hablar hablar
insistir beber mirar
mirar desear preguntar
disimular hablar insistir
sonreír beber besar
marchar caminar callar
besar caminar llegar
subir entrar encender
mirar besar apagar
desnudar tocar tumbar
chupar tocar lamer
penetrar prometer acabar
descansar fumar hablar
dormir soñar dormir
despertar asustarse desayunar
mentir despedirse olvidar

(Diez años...p.47)
                                                       
Presentaación del libro en la Fundación Caballero Bonald
         El ritmo de la novela y el de la conciencia viene establecido por “Seis cuarenta, por favor”.  Cada “Seis cuarenta, por favor” brota una historia, un mundo. Los recursos utilizados resaltan las acciones. El estilo directo, las frases cortas y los diálogos fugaces nos sumergen en ese mecanismo de la autopista y de la conciencia.  Lo que aparentemente podría desembocar en la banalidad, en lo superficial, dada la rapidez, en realidad conduce a un despliegue libre del sujeto, con sus miedos, odios y miserias. Un despliegue que arroja reflexiones certeras sobre nuestro modo de vida, sobre esta sociedad de la información y del espectáculo.

         La situación no podía estar mejor planteada: un individuo atrapado en un trabajo mecánico, un individuo anulado en una autopista, símbolo del progreso de las comunicaciones.  Y la sinceridad de esa mente atrapada contrasta con la mentira cotidiana a la que estamos sometidos. Cita a Truman Capote: “Qué lástima tener que mentir continuamente por casi cualquier cosa que hacemos.”

         Las vidas que pasan delante del protagonista, su propia vida, son vidas aún abiertas. Para matar el tiempo, su tiempo, su vida, el protagonista lee y recorta necrológicas, vidas cerradas, se supone que con sentido. Ese contraste entre lo acabado y lo que es mero proyecto describe muy bien la esencia del individuo moderno.

Al mismo tiempo que leía esta novela de Julio también estaba leyendo los escritos de Marcel Duchamp.  Nos dice este artista que el espectador, el receptor, completa el proceso creativo. Cuando leemos una obra o contemplamos un cuadro vamos completando esa creación. Quizás podemos interpretar las vidas como creaciones también. El protagonista lee las necrológicas de personajes ilustres y las recrea, las reconstruye, las interpreta. Al final vemos que también esas vidas siguen abiertas. Nuestras acciones son acciones porque otros las piensan, les dan sentido. Incluso después de muertos seguimos viviendo en esas interpretaciones. La inmortalidad que busca el artista consiste en dejar muchas huellas, muchos indicios, para que sean interpretados de infinitas formas y así seguir existiendo.

         Julio de la Rosa nos cuenta muchas historias. Hay historias de amor, sexo, odio... Y aparecen muchos personajes (hasta nuestro Papa, digno Papa. Es el colmo, el único que dimite en esta sociedad es el infalible, el que no se equivoca... En marzo tendrá que salir la segunda edición corregida) los que la vida arroja a una autopista y a una imaginación desbordante. Hay humor ácido. Hay ironía y hay tristezas. El “Seis cuarenta, por favor.” es el estribillo de una canción muy larga, estilo Bob Dylan, en la que alguien con una guitarra al lado de una carretera va desgranando vidas, la mayoría deprimentes.  Poesía, música, relatos...la esencia de los trovadores de siempre. Las palabras “Seis cuarenta, por favor” como otro instrumento de percusión...

“La música no se puede prohibir. Nadie puede borrar la música del planeta Tierra. Renacerá siempre en cualquier parte, de cualquier modo. Es el único arte inmaterial. La música no está en ninguna parte. Si quemaran todos los instrumentos del mundo, la gente seguiría cantando. Y si les cortaran la lengua a todos los cantores del mundo, aporrearían sus propios cuerpos: tocarían las palmas, golpearían sus piernas. Si les cortaran las manos, golpearían el suelo con sus pies. Habría que extinguir a la raza humana para que desapareciera la música. Y los cuatro capullos que prohibieran la música y extinguieran a todo el mundo, acabarían necesitándola. No se puede vivir en un mundo sin música. Es el verdadero contacto con el más allá. La única religión verdadera. Las demás son, exclusivamente, instrumentos de manipulación.
Instrumentos, ja.
—Seis cuarenta, por favor.”  (p.104)

El protagonista se enreda, en sus pensamientos y en las relaciones que establece con sus clientes y compañeros. A través de estos senderos nacen reflexiones sobre la amistad, el trabajo, la música, el sexo, el lenguaje, la religión... Hay una continuidad entre la novela y sus otros libros. Quien lea sus anteriores textos podrá profundizar en estas obsesiones y en estas formas de contar.

Sin embargo, aunque hemos hablado de historias deprimentes, también aparece algún personaje que nos remite a la utopía, a esa mirada humana ajena al valor económico y al prestigio social, la mirada de esa persona desconocida, ingenua, que nos dice adiós desde el otro lado.
               
DE LA ROSA, Julio. (Jerez de la Frontera, 1972).
Estudios de Comunicación Audiovisual.
Ha vivido en New York, Manchester, Estambul, Barcelona, Granada, y Madrid
Grupos "El Hombre burbuja" y  proyecto "Fantasma #3".
Solitario:
"Las Leyes del Equilibrio"  2006
"M.O.S." 2004
“El espectador” 2008
“La herida Universal” 2010
“Pequeños trastornos sin importancia” 2013
Bandas sonoras del cine español:  Siete vírgenes, After y Grupo 7.
Series: T.V:  El síndrome de Ulises. Documentales...

 Como escritor anteriormente ha publicado dos libros de poemas y prosas breves -Tanto rojo bajo los párpados (Chorrito del Sur, 2006) y Diez años foca en un circo (Chorrito de Plata, 2008)-, un tercero de poesía en colaboración con Adriana Schlitter Kausch -Vacaciones (Ultramarina, 2011)-. 

JUSTICIA Y PAZ

EXIGENCIAS DE LA RAZÓN


·      ¿Cuántos tipos de violencia hay en nuestra sociedad?

       Podemos definir la violencia de este modo: cualquier tipo de acción que impone por la fuerza algo a alguien. En nuestras sociedades la violencia puede ser física, psicológica y social.           

       Cuando hay un atentado y muere alguien, cuando un soldado mata a otro, cuando un avión bombardea una ciudad y muere gente inocente, cuando la policía disuelve una manifestación a golpes, cuando golpean a tu madre, cuando un jugador da un puñetazo a otro, etc.; en todos estos casos decimos que hay violencia física.           
      Cuando vives en un entorno autoritario y deciden por ti, cuando te asedian con publicidad agresiva, cuando controlan tu conducta con métodos sofisticados, cuando no te escuchan, cuando te menosprecian, cuando anulan tu voluntad, cuando no quieren comprender tus sufrimientos, etc.; en todos estos casos decimos que hay violencia psicológica. 
          
       Cuando no tienes trabajo, cuando trabajas y no te pagan lo que mereces, cuando te roban, cuando ves que los que te roban viven repletos de riqueza, cuando te mueres de hambre, cuando ves morir a un niño de hambre, cuando despiden a tu madre, cuando destruyen tu entorno, cuando te imponen modelos económicos, cuando terminan con ecosistemas enteros, especies, culturas, etc.; en todos estos casos hablamos de violencia social.

·      ¿Qué paz debemos buscar?

            Paz y justicia social son dos conceptos inseparables. Buscar la paz sin eliminar todas las condiciones de injusticia social que hay en el mundo es no querer la paz. Desde la razón debemos exigir que realmente todos los seres humanos seamos tratados como iguales. Desde la razón debemos exigir que todos los seres humanos seamos escuchados en todos los centros de toma de decisiones, que todos los ciudadanos puedan participar en un diálogo simétrico y racional donde expresen con libertad todas sus necesidades. Desde la razón debemos exigir que desaparezca cualquier tipo de explotación. Desde la razón debemos exigir que haya una verdadera distribución igualitaria de las riquezas. Si no se cumplen estas condiciones, cualquier tipo de paz será una violencia encubierta en favor de los privilegiados.

domingo, 24 de agosto de 2014

UTOPÍA DEL SILENCIO


Lo que sé de arte 1 
EL ARTE ES TÓXICO


ADVERTENCIA: Nadie debería comerse una pintura. Imaginen que hay un cuadro delante de sus ojos, un cuadro con uvas, verdes, frescas y brillantes. No deben comer esas uvas, por muy reales que parezcan. Tampoco el vino, rojo y fresco, con esos destellos, les conviene. En cuanto muerdan el lienzo notarán que no son uvas. Si mastican la tela con todos sus pigmentos luego sentirán grandes dolores de estómago. Y diarrea, mucha diarrea.

Tarde o temprano todo artista sabe que es imposible pintar la realidad. Lo sabe el día en que se ve a sí mismo pintando un cuadro estilo Borges, bueno, estilo cuento de Borges. Se ve pintando un cuadro que es la realidad misma.

Ese es el día en que el pintor prueba su cuadro. Se lo come y se intoxica. Si sale vivo de esa ingesta, promete no volver a pintar la realidad.

No siempre hay que comer el cuadro. A veces es el espectador el que digiere la obra del artista, con el universo real dentro. Hay espectadores para todo. Pero los que no se hartan de realidad y huyen de cualquier advertencia, ésos, son los más peligrosos.

Tarde o temprano todo artista echa de menos un manual de instrucciones para digerir su propia obra, con su universo real. En las academias se olvida esta parte.





Lo que sé de arte 2
 JAMÁS PREGUNTEN AL ARTISTA


Cuando pregunten al artista les dirá que no sabe nada de nada.
Cuando pregunten al artista les dirá que él ni siquiera estaba allí.
Cuando pregunten al artista quizás padezca sordera.
Cuando pregunten al artista no olviden aprender antes chino.
Cuando pregunten al artista sonrían todo lo que puedan.

En lugar de preguntar al artista hay que asustarlo, odiarlo, envidiarlo, mirarlo de reojo, intimidarlo, perdonarlo, alabarlo, olvidarlo, encarcelarlo, incinerarlo, invitarlo, embalarlo, encuadrarlo, mimarlo, peinarlo, …

(Todo esto no nos acercará más a la obra de arte…)

Contexto 1: Manuel del Valle es el que pregunta cuando está en su estudio.

Contexto 2: Manuel del Valle es el que pregunta cuando no está en el estudio.

        
         Del mismo modo que la filosofía plantea preguntas radicales, aquellas que carecen de respuesta, en las obras de Manuel del Valle encontramos preguntas radicales. En el arte, las preguntas radicales se muestran: no son explícitas. Incluso cuando hay una pregunta clara, suele ser la máscara de otra pregunta esencial.

         (Las obras de arte son estratos de interrogación.)

         Manolo del Valle te pregunta constantemente.

         Te obliga a pensar.
         Te obliga a no aburrirte.
         Te obliga a excavar.

         Sus obras son preguntas que abren senderos difíciles de seguir porque generan nuevos espacios de posibilidades. 





Lo que sé de arte 3
 HUIR DEL ABURRIMIENTO CON ESTILO


Huir del aburrimiento quizás sea una tarea ridícula. Sabemos que fracasaremos. Todo el mundo fracasa en esa noble tarea.

Habrá que idear una estrategia: construir una trampa perfecta para el maldito aburrimiento.

Debemos fingir que estamos muy aburridos porque el aburrimiento prefiere a los que aparentan divertirse.

Debemos reciclar el aburrimiento y hacer fermentar los detritos. Necesitamos una vida en la periferia de la sociedad del espectáculo, una vida en la que pueda fermentar el detritus y generar otras perspectivas. En el desperdicio, lo que no consume la masa, está lo mejor, la sustancia.


Leemos en Principios de Estratigrafía Postmoderna, obra de Max Zoster:

Estrato 1

Contacto con el mundo. Sólo los niños tienen la ingenuidad necesaria para tratar con las sombras, las esquinas, los bordes y los pliegues.
        
Estrato 2

Ver orden en nuestro contacto con el mundo. Sólo los jóvenes se atreven a elaborar leyes sobre cómo nos impactan esas sombras, esquinas, bordes y pliegues.

Estrato 3

Saber que todo es un juego y que todo podría ser de otra forma. Sólo los viejos saben que conviene ser prudente al elegir el juego y que no hay juego fuera del arte.



                                                                                

  
Lo que sé de arte 4 
DILUIR EL RUIDO O LA UTOPÍA DEL SILENCIO


Habitar entre los pliegues de la realidad, ésa es la vida del artista. Ver la realidad desde sus grietas y transparencias. Verlo todo como si estuviésemos escondidos de todo, de nosotros mismos y de nuestras palabras.


Retirarnos para dejar espacio a esas posibilidades que anulamos con nuestra pesada presencia y saber que es una tarea inútil. Escribir para huir; pintar para esconderse. No hay mejor forma de desaparecer. Dibujar para buscar los pliegues de la realidad, del sentido.

El artista huye del horizonte plano. Desea habitar los pliegues del espacio, porque rezuman silencio. Y explora los estratos del miedo, aquellas cavidades olvidadas por la sociedad del desperdicio, por la sociedad del espectáculo.

Sabe el artista que su tarea es innecesaria. Nadie necesita al artista. Nadie desea retirarse para ocultarse entre las sombras de la inteligencia. Nadie anhela los espacios del silencio porque el ruidoso desperdicio nos obnubila.

Quizás, después de recorrer todos esos estratos del miedo, el artista pueda rescatar al ciudadano de las garras de ese terrible aburrimiento diseñado por los civilizados.

                                            

jueves, 21 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXI: LAS CASAS

   Entra el roedor por los agujeros de las casas. Y se come el queso de las despensas. No sólo el queso. También devora hasta las hojas de los periódicos atrasados. Es su casa. Para el roedor no hay límites nítidos. Todas las fronteras son difusas. Recorre todos los pasillos y husmea todos los huecos hasta que da con la biblioteca. No respeta los libros. Devora los diccionarios y enciclopedias. Para el roedor es una delicia roer los libros de arte. A veces se atraganta porque se come el queso de los bodegones con demasiada ansiedad. Pero corretea como un loco ante los retratos de Bacon. No respeta nada el maldito roedor. Roe la enciclopedia y busca el significado de propiedad privada. El maldito roedor no entiende nada porque roe antes de leer y lo destroza todo. En la biblioteca no corre peligro. Tardan en entrar y darse cuenta de sus fechorías. La despensa es otra historia. Por el salón cruza bailando mientras los bípedos implumes miran petrificados hacia la caja de luz. En esos momentos el roedor se siente poderoso y libre. Sabe que la despensa está a su disposición. Pero no abusa el roedor. Contempla con tristeza la vida de los bípedos implumes. Siente lástima por su quietud. Están paralizados. Entonces el roedor corre hacia la biblioteca y, de rabia, porque ni siquiera le persiguen a escobazos, roe una revista de moda.

martes, 19 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XX: LOS CUERPOS

  Quien confunda el saber con el esperar o el desear está perdido. Somos materia, bella, compleja materia, pero materia sólo, que ya es bastante. Quarks, protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas, células, tejidos, órganos... Quien desee otras realidades para combatir el miedo que nos asedia... Esperar, podemos esperar, desear, podemos desear, imaginar, podemos imaginar... El roedor sólo tiene constancia de su cuerpo, de otros cuerpos, de la maleza y de los cuerpos pesados de los dinosaurios. Los senderos materiales son los únicos senderos transitables. Teme el roedor que los mundos imaginados por los dinosaurios sólo sean otra forma de aplastarnos con el consuelo y el cuento fácil. Los malditos roedores sólo corretean entre trozos de madera, entre el barro y los excrementos. Pero de vez en cuando trepan por un árbol y contemplan hermosos horizontes inalcanzables. Y de vez en cuando transitan por los senderos del placer... Quiere el roedor que las ciencias y las artes nos abran nuevos senderos vitales, nuevas formas de acabar con el aburrimiento y la desidia. Sólo las artes y las ciencias pueden ayudarnos a combatir el tedio que nos proporcionan los dinosaurios. Quien confunda el saber con el esperar o el desear está perdido.

sábado, 16 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XIX: LAS BODAS

   Sabe el roedor que no hay escapatoria y que todo intento de huida es un esfuerzo inútil. Pero sabe que su cuerpo es diminuto, insignificante, y que las redes son, sobre todo, huecos inmensos. Ni la red más fina es perfecta. Como huir es una forma de vida, el roedor no insiste en dar lecciones. Huir es una cuestión de estilo. Hay que huir con estilo. Ni el gran Estado ni la gran Iglesia saben qué hacer con los malditos roedores. Y eso es muy bueno para el roedor. Se conforma con un correteo pacífico entre los toneles. Sabe el roedor que la felicidad de otros organismos puede ser muy diferente a la suya. Hay organismos que adoran todo tipo de trampas, todo tipo de redes. Al roedor no le importa, sólo quiere que le dejen corretear entre esos toneles de oloroso. Lo único que teme el roedor es que todo ese aburrimiento concentrado arruine su cerebro y comience a pensar en cosas extrañas y horribles. Sólo teme que la estética de los usos sociales paralice su capacidad de abrir nuevos senderos y termine agotado. Todo puede ocurrir, porque la maquinaria del gran Estado-Iglesia lleva muchos siglos ensayando, probando. Sabe el roedor que es difícil escapar del gran laboratorio. Con  las cadenas del lenguaje no hay quien pueda. Esa es la gran obra de la maquinaria infernal. Por eso todas las ceremonias son un magma de palabras viscosas, horribles, atrayentes, sensiblonas, aturdidoras, embelesantes, melosas, ñoñas, eclesiásticas, legales, tiernas, tramposas, viles, infames, podridas, hipócritas y sádicas.

martes, 12 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XVIII: PARTICIPAR

   Hubo asamblea de roedores, miles de roedores diferentes. Todos corrían felices y libres de un lado a otro. Fue un excelente caos. Nadie se acordó del cascabel, ni del gato, ni de los terribles dinosaurios.

lunes, 11 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XVII : DUDAR

   La lechuza cree tener una visión completa del bosque y del pueblo. Lo sabe todo. Como sale de noche, cree que su mundo oscuro y empobrecido es el mundo. Cree conocer todos los rincones del bosque y todas las cornisas del pueblo. Sale de noche y cree que es el único ser vivo grande. Tanta sabiduría es insoportable. Mientras, el roedor duda. Nunca sabe qué camino elegir. Porque los senderos son diversos, difusos, enrevesados y sembrados de incertidumbre. Mientras la lechuza domina el cielo y cree tener un mapa de todo lo existente, el roedor corretea, vuelve sobre sus pisadas y construye otro tipo de mapa, ceñido al detalle y a su posición. Dudar es desplazarse, diluirse entre conceptos, emociones y experiencias. No se trata de una falsa duda, como la que exhibe la lechuza para mostrar el origen de su mapa, de su gran mapa, válido ya para siempre porque es el mapa, el mapa de la razón. Tanto el vuelo certero de la lechuza como la pisada demoledora del dinosaurio son ajenos a la duda radical del roedor. No saber lo que va a hacer el roedor los desconcierta. Si la red de conceptos que utilizan ya no sirve, deberán diseñar otra más fina. Pero ni el vuelo certero ni la pisada demoledora pueden ganar en precisión. Incertidumbre. ¿Dejará de dudar alguna vez el maldito roedor? ¿Cómo puede vivir en ese estado de angustia tan tremendo? No lo hará nunca, aunque lo duda. Dudar implica dar vueltas y más vueltas, girar y girar, avanzar y retroceder. Dudar es pensar. Pensar es dudar. Roer el sistema no significa arruinar el pensamiento, nada de eso. Roer es el pensamiento. Los sistemas definitivos de conceptos son ajenos al pensamiento filosófico, científico o artístico. Tampoco conduce la duda a la parálisis del roedor. Más bien lo excita, lo anima a seguir creando senderos. Saber que todo es provisional, que todo juicio es provisional, que toda tesis es un tanteo, que todo esquema es sólo una posibilidad, que toda mirada es sólo una mirada, que cada idea alumbra a otra idea, que toda reflexión es infinita, que toda experiencia arruina alguna certidumbre...

domingo, 3 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XVI: CORRER EN EL EXILIO

 El corredor avanza con su voluntad, con todo su cuerpo. Porque el cuerpo es la voluntad. Todo el cuerpo es la voluntad. En los tejidos, en las células, habitan nuestros deseos, todos los deseos. Con la piel también abrimos senderos. Queremos con lo que somos, hasta con la sombra que perseguimos con cada zancada. En las afueras de uno mismo es donde hallamos la comprensión, donde todo se difumina. Corremos. Buscamos la zona difusa de nuestros deseos. Y sabemos que es una huida. Pero el corredor no teme huir. Sabe huir. Y en la huida es capaz de resolver cualquier enigma matemático o artístico. Correr y pensar en el exilio, fuera de uno mismo. El estilo del corredor es el estilo de su pensamiento, de su vida. Zátopek atrae las miradas de los humanos, con su gesto. Turing atrae los odios de los miserables. Sus senderos siguen con nosotros y nos proporcionan nuevas formas de pensar la vida y la inteligencia. Intentaron robarles el código secreto de la dignidad, sin éxito. Los roedores corretean entre las grandes patas de los dinosaurios y huyen con estilo.

jueves, 31 de julio de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XV: PASEAR

   Es el momento de recorrer los campos, las montañas y las playas. Nadie saldrá ileso de este recorrido, nadie que observe y piense. El camino nos acerca a lo que somos, lo que somos como civilización. Nadie puede volver sin heridas de ese paseo, nadie que huya de las pisadas de los dinosaurios. No vamos a volver indemnes de un recorrido por las tierras que nos rodean, porque encontraremos las huellas de esas grandes bestias que todo lo devoran. Saldremos con los ojos limpios y volveremos con los restos de nuestra civilización entre las pestañas. Es el tiempo de recorrer senderos y de huir por ellos para terminar hallando el rastro del monstruo que todo lo exprime. A nuestra izquierda, un muro de hormigón para cerrar el paso a las aguas de la montaña. A nuestra derecha, un hoyo profundo, pero al aire, de donde traemos piedras negras. Son grandes pisadas, capaces de aniquilar el espacio de los pequeños roedores. Es el momento de salir de las cuevas y ver de dónde sale lo que devoramos. Encontraremos los restos de nuestro bienestar y los restos de nuestra dignidad. El descanso de nuestros cuerpos, a través de los paseos, nos impregnará de desaliento. Veremos paisajes horribles, toneladas de plásticos, hormigón, suciedad, y desidia. Es el momento de salir y observar. Que nadie dude. Seremos conscientes, si no nos interrumpen los mensajes, de lo que deseamos ser. Será un instante de autoconciencia. 

lunes, 21 de julio de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XIV: MÍMESIS

  Sabe el filósofo que en la sociedad del espectáculo mimetizarse es una forma de resistencia. Quieren los poderosos que el pensamiento crítico se convierta también en espectáculo, en circo. Les encanta poder convertir los gritos en marcas y la ideas en logotipos. Huir del espectáculo sin dejar de roer los cables del sistema, ésa es la única forma de resistencia. El artista tiene que parecer un artista. El escritor tiene que parecer un escritor. Mientras los productores del espectáculo confían en el control de todas sus imágenes, el artista mordisquea los cables delante de sus cámaras. Mira el productor de imágenes y sólo ve sus imágenes, sus títeres. Mira el roedor y sólo ve formas de llegar a los enchufes y al transformador. Mientras los artistas oficiales duplican el mundo para ser doblemente dominado, el roedor envía mensajes ocultos con instrucciones sobre la infraestructura eléctrica del sistema. El roedor nunca se va, sólo se diluye entre las grietas olvidadas por los amigos del hormigón. El roedor nunca tiene prisa porque sabe que hay muchos cables, demasiados. Y roerlos todos va a ser una tarea infinita.

miércoles, 9 de julio de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XIII: RUINOSO MECANISMO DE PENSAR.

  Sabe el filósofo que es imposible escapar de esta maquinaria infernal, de este ruinoso mecanismo de pensar, como lo sabían Hölderlin, Thomas Bernhard, Nietzsche, Wittgenstein... Pensar siempre ha sido una ruina, para uno mismo y los demás.  Los Estados nos protegen de esa degradación interna ofreciéndonos tedio y aburrimiento sin piedad. El tedio paraliza este mecanismo. Lo va frenando. Menos mal que el Estado sabe lo que es ruina y decrepitud. Menos mal que aplica todo el saber acumulado en esa tarea: paralizar nuestra ruina interna. Porque pensar nunca ha traído nada bueno. Produce inestabilidad y desasosiego entre los consumidores. Y el consumidor ha de estar tranquilo y no dudar, jamás dudar. Este ruinoso mecanismo ha de ser estudiado por las instituciones; ha de ser medido; ha de ser calibrado; ha de ser cartografiado; ha de ser liquidado; ha de ser manipulado. Todas las artes y todas las ciencias están al servicio de un Estado que, obsesionado por aburrir a las masas, se destruye a sí mismo. Nada bueno viene del pensamiento. Nada bueno. Que las novelas sean lineales. Que los cuadros tengan sentido. Que los artistas no hablen latín. Que los músicos repitan un estribillo. Que los poetas rimen. Que todo cuadre desde el principio. Este ruinoso mecanismo de pensar podría conducirnos a la política. Nos transformará en seres radicales que desearán participar y hablar. Nada de eso es bueno. Tarde o temprano los artistas y los filósofos acaban en la demencia más horrible. Y cabe la posibilidad de que sea una demencia divertida...

martes, 17 de junio de 2014

MEMENTO MORI

          Entre las líneas del libro de Max Zoster aparece un fragmento inquietante: “En las librerías olvidamos que vamos a morir”.  Quiero levantar la vista de las palabras y me doy cuenta de dónde estoy. Voy conduciendo por la Ruta de la Plata. En la radio hay un concurso sobre frases en latín: “¿Qué frase repetía el sirviente al general que entraba triunfante en Roma después de una campaña victoriosa?”. Me propongo participar y enviar la respuesta. Cuando llego a casa, ya por la noche y muy cansado, busco en la página web de la cadena de radio y no soy capaz de encontrar ni el programa ni el concurso. Utilizo el buscador de la página y encuentro otro certamen de microrrelatos. Me llama la atención lo extraño del premio: cien libros en papel. Entonces pienso que el premio puede ser una condena para muchos. Nadie participará en el concurso. Ya me veo ganador, coronado con el laurel... ¿Quién va a querer llenar su casa con cien objetos pesados pudiendo tener toda esa información con un solo clic? Debido al cansancio, doy una cabezada frente a la pantalla. Max Zoster me susurra: “Lee y olvida que vas a morir”.

martes, 10 de junio de 2014

ESTILOS MATEMÁTICOS

         En los libros de texto de matemáticas encontramos alguna referencia a su historia, algún cuadro biográfico que nos explica quién fue el descubridor de tal o cual método o alguna curiosidad sobre cómo nació un determinado problema. Más raro es que aparezcan mencionadas las discusiones teóricas que genera la praxis matemática. Los libros de texto no pueden abarcar todas estas dimensiones. Aunque algunos explican los tipos de demostraciones y los procedimientos lógicos básicos, deben ceñirse a la exposición de las nociones centrales y a la resolución de ejercicios.
        La matemática es mucho más que un conjunto de problemas y de métodos. Es pensamiento, creación de conceptos. Si nos adentramos en la praxis matemática, no sólo hallamos rutinas operatorias, algoritmos o demostraciones formales. La filosofía de la matemática y la historia del pensamiento matemático nos pueden acercar a la complejidad de su contexto epistémico y social. Javier de Lorenzo, matemático y catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Valladolid, ha dedicado varias obras a esa tarea. Acaba de publicar en la editorial Nivola (2014) el libro “Estilos matemáticos en los inicios del siglo XX.”
La filosofía de la matemática, según el autor, sólo la pueden llevar a cabo los matemáticos, porque sólo ellos pueden conocer la dinámica real, concreta, de la que brotan las verdaderas encrucijadas conceptuales. Para Javier de Lorenzo el Hacer matemático es sobre todo una praxis creativa y plural:
“(…) el Hacer matemático no está dado de una vez y para siempre, no se encuentra en un mundo que nadie sabe muy bien cómo es y cómo se accede al mismo: los matemáticos en su trabajo, van creando nuevas formas de hacer matemática elaborando nuevos conceptos, nuevos métodos de definición, nuevas formas de demostración y de razonamiento, manifestando nuevos estilos expresivos…”
A finales del siglo XIX y principios del XX dialogan dos formas de hacer matemática, dos Programas-marco. Se pasa de un Hacer Figural, finitista y constructivo, a un Hacer Global, conjuntista y existencial. Y es en los Congresos Internacionales de Matemáticos donde se hacen propuestas de futuro, valoraciones y se plantean retos.
A lo largo del siglo XIX aparecen problemas interesantes en geometría, análisis, aritmética y álgebra: números imaginarios y complejos, geometría proyectiva y no-euclídea, funciones y representación, funciones teratológicas, discretizar el continuo... Enfrentarse a estos asuntos implica debatir sobre cuestiones ontológicas y epistemológicas, es decir, sobre qué es y cómo puedo conocerlo.
 El concepto de número se va ampliando. Para unos, los números imaginarios son ficciones útiles, meros símbolos para seguir operando; para otros son entidades reales, al mismo nivel que los números naturales. También se amplía lo que entendemos por geometría, por espacio. La construcción de las geometrías no-euclídeas obliga a trabajar con conceptos que no son ya el punto y la línea. Y en el ámbito de las funciones surge el problema de la representación. Hay funciones que son difíciles de definir, de clasificar y de representar. 
         Para asumir los nuevos tipos de números había que cambiar las condiciones necesarias implicadas. Esta ampliación de condiciones suponía una ampliación ontológica, o al menos operacional. Poco a poco se va a llevar a cabo un giro, una inversión. Primero se establecen condiciones formales y luego se van derivando los entes individuales que pueden existir. El programa formalista, axiomático, parte de totalidades y define estructuras. El nuevo Hacer Global que surge a finales del XIX utiliza la noción de conjunto y la de infinito actual. A principios del XX esta nueva forma de trabajar generará ciertos problemas, como las paradojas, sobre todo si se pretende fundamentar completamente la matemática desde la lógica. Para Javier de Lorenzo hubo crisis en el logicismo, no en la praxis matemática.
       Javier de Lorenzo nos describe dos Programas-marco, dos formas de hacer matemática que incluyen dos concepciones de la labor del matemático, de su papel en la sociedad. Para Poincaré la matemática es creación, construcción, nunca cerrada definitivamente. El matemático desarrolla su praxis en conexión con otros ámbitos, como la filosofía, la física, la estética y la ética. Para Poincaré, la actividad matemática es esencialmente creativa, se nutre de analogías y aporta analogías útiles a otros campos del saber. Hilbert, por el contrario, se centra en un hacer matemático que tiende a automatizar el pensamiento. Partimos de axiomas y definiciones que establecen lo que es pensable y abordable. Desde este enfoque, el matemático se aleja de otros campos del saber y se limita a derivar hileras de símbolos sin caer en contradicciones. Y entre dos aguas, la Escuela de París, Borel, Lebesgue…



lunes, 2 de junio de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XI: LA PENUMBRA

  Cree el dinosaurio que sus pisadas son imprescindibles y que nada puede existir sin su sombra. Cree el dinosaurio que el roedor, por ser pequeño, no sabe construir nuevos senderos, quizás de libertad. El dinosaurio no concibe un mundo sólo de roedores. No sabrán qué hacer con sus vidas y se devorarán unos a otros. El roedor se mueve demasiado. Es impredecible, frente a la estabilidad del gran organismo que todo lo absorbe y todo lo puede. El roedor es un desagradecido porque no sabe reconocer la sabia protección del gran bicho. No sabe disfrutar de las grandes pisadas, incomprendidas, del dinosaurio. Pero lo que ignora el de grandes huesos es que la inteligencia siempre ha iluminado las noches oscuras y que cuando llegue la gran piedra del cielo sólo vivirá el silencio del pensamiento.

martes, 13 de mayo de 2014

TRANSITAR POR LA FRONTERA

        Cuando pensamos que todo está dicho y hecho es cuando se puede ser original. Precisamente por eso nos sorprenden los grandes artistas y los mejores científicos. Cuando ya nadie espera nada en un determinado campo, aparece una mente que se atreve a crear algo nuevo.
         Se viene hablando de la crisis de la novela desde hace varias décadas. Pero cada vez que estábamos tramitando los papeles de tan sensible pérdida, surgía algún insolente con algo raro en sus folios. ¿Cómo sabe uno que está ante algo realmente nuevo? Lo sabe porque experimenta una incertidumbre y un desasosiego fuera de lo normal al intentar juzgar lo que está leyendo o contemplando. La estética de la recepción se encarga de este asunto tan moderno. A los griegos les preocupaba más cómo definir lo bello, lo bueno y lo verdadero. A nosotros, los postmodernos, nos inquieta saber reconocer lo nuevo.
         El primer libro que leí de Enrique Vila-Matas fue Doctor Pasavento. Estuve a punto de abandonar la lectura cuando llevaba menos de cien páginas. No sabía qué estaba leyendo. No sabía si era un ensayo, una novela o una biografía. Y fue esa incertidumbre la que me obligó a reconocer que estaba en presencia de un sendero creativo nuevo. Lo mismo puede ocurrirnos con la lectura de La parte inventada, de Rodrigo Fresán, una novela construida con bucles narrativos, con la descripción de esa misma escritura y con el juego de las perspectivas.
         Para iniciar un nuevo sendero creativo el artista y el científico tienen que transitar por las fronteras. Las novelas que he mencionado son arriesgadas, temerarias, porque utilizan recursos literarios propios de otros géneros, literarios o artísticos. Y es esa mezcla de géneros la que te invita a seguir leyendo para descubrir dónde situarnos. Esas formas de narrar son más exigentes con el lector y más divertidas. En las artes no hay nada más aburrido que ver delante un camino bien señalizado y con un plano detallado.
         Transitar la frontera conlleva siempre una nueva filosofía del arte o de la ciencia. Las vanguardias nos interrogan sobre la misma esencia del arte y nos proponen definiciones nuevas. Algunos críticos literarios dirán que lo que ha escrito Fresán en La parte inventada o Vila-Matas en Kassel no invita a la lógica no son realmente novelas. Del mismo modo, el poeta Antonio Hernández en Nueva York después de muerto realiza una reflexión poética abierta. Ya no sabemos si leemos poesía, pero no nos importa porque el escritor nos ha proporcionado ese algo que no sabemos adónde conduce.
         Varios artistas están utilizando el conocimiento científico, biológico, y los procedimientos de los laboratorios para crear. Es el caso de The Tissue culture and Art Project, Marta De Menezes, Joaquín Fargas, etc. Son proyectos polémicos porque sus obras no son cuadros, no son esculturas, no posibilitan una experiencia estética en el sentido clásico, tampoco es mero arte conceptual, pero no es sólo ciencia ni sólo tecnología. Extraños artefactos…
         Los senderos creativos surgen cuando somos capaces de trasladar una estructura de un campo de la experiencia a otro. El matemático francés Henri Poincaré lo señaló en varias de sus obras sobre teoría del conocimiento. Para crear hay que saber establecer analogías. La matemática capta estructuras y ayuda a ver analogías en otros terrenos, como la física o la biología. Avanzar en la investigación implica saber reconocer esas analogías. Ya nadie discute el papel central que tienen las metáforas en las ciencias.
         No es lo mismo la investigación física que la literatura. Sin embargo, en todos los campos del conocimiento es preciso mezclar si queremos avanzar. Algunos de los teoremas matemáticos más difíciles obtuvieron solución porque alguien se atrevió a conectar diferentes ramas de la matemática. Y los artistas originales han sabido mezclar técnicas y materiales aparentemente muy distantes.
         ¿Cómo establecer esas analogías? ¿Cómo conectar lo que no estaba conectado? ¿Cómo construir buenas metáforas? El creador que transita la frontera tiene que observar, experimentar y luego mezclar. Intervienen dos tipos de procesos, conscientes e inconscientes. O mejor, dos dimensiones. Este ruinoso mecanismo de pensar (Hölderlin) se nutre de experiencia y luego trabaja y trabaja hasta que, sin saber cómo o sabiendo cómo, algo encaja.

http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1771503/transitar/por/la/frontera.html

martes, 8 de abril de 2014

SINTETIZAR, DISEÑAR Y CREAR

            “Un equipo internacional ha sintetizado un cromosoma funcional de la levadura” (Investigación y Ciencia). Los científicos han buscado el genoma mínimo para que un organismo sea viable. Eliminando los genes innecesarios podemos diseñar microorganismos con un genoma más corto, con menor coste energético: bacterias o levaduras optimizadas, útiles para la química y los biocombustibles, por ejemplo. La manipulación de los genes no esenciales del organismo permite introducir modificaciones para un propósito determinado. En el caso de las levaduras, han observado que se puede acelerar o retardar su crecimiento. En 2010 ya se logró reconstruir el genoma completo de un organismo procariota. Ahora han demostrado que también se puede realizar en células eucariotas. 
         Quizás todo empezó hace unos 10.000 años, cuando aquellos cazadores-recolectores observaron que los granos que caían al suelo por casualidad, en los alrededores bien abonados de sus pequeños poblados, daban lugar a una planta nueva y mejor, porque ellos siempre recogían las mejores espigas… Hace miles de años que comenzamos a modificar especies, a realizar una selección artificial. Las espigas de trigo del Neolítico son muy diferentes de las de hoy. Y lo mismo ocurre con los perros, las vacas, los gatos… A nadie le extraña que el agricultor sólo siembre las mejores semillas o que sólo críe el mejor ganado. Desde hace siglos consumimos frutos y carne que no existirían si no fuera por la acción técnica de los seres humanos.
         La distinción entre lo natural y lo artificial es una de las más difíciles de establecer. Si por artificial entendemos lo que ha sido transformado por el ser humano, entonces todo es artificial y no hay ya nada natural. Porque transformar puede significar: modificar, alterar, seleccionar, construir o sintetizar.
         Somos capaces de talar un árbol, podarlo, trasplantarlo, realizar un injerto, sembrarlo, modificar su ADN y diseñar una especie nueva. En todos estos procesos interviene la racionalidad humana. Utilizamos el saber que nos proporcionan la experiencia práctica y el conocimiento científico para conectar medios y fines. Cuanto más sabemos de la naturaleza mayor es el grado de transformación que podemos llevar a cabo.
         Quizás hace 10.000 años alguien se asustó ante la posibilidad de sembrar trigo donde quisiera y cuantas veces quisiera: “Hemos cambiado el curso sagrado de los acontecimientos”. Pero, como necesitaban más trigo y más carne, otros dijeron: “Los dioses nos otorgaron estómago y manos…”
         El conocimiento técnico nos permite saber lo que podemos hacer; la reflexión ética se pregunta si lo debemos hacer. Los ciudadanos tenemos necesidades materiales ineludibles. Todos los habitantes del planeta queremos comer, tener vivienda y curar las enfermedades que nos hacen sufrir. El conocimiento científico ha ido mejorando nuestros procesos técnicos para producir alimentos o curar nuestras dolencias.
         Lo que nos asusta es la incertidumbre. El agricultor de hace 10.000 años dudó durante un tiempo. No sabía si el trigo que él sembraba tenía las mismas propiedades que el silvestre. Probó y vio que no ocurría nada. Es la misma incertidumbre que experimentamos hoy cada vez que leemos que se ha sintetizado algo vivo en un laboratorio. No sabemos si estamos asumiendo muchos riesgos al utilizar esos medios técnicos. No sabemos cuánto hay que esperar para ver si ocurre algo con las especies genéticamente modificadas.
            ¿Quién está capacitado para realizar esa reflexión ética? Cualquier ciudadano puede participar en un diálogo sobre sus necesidades. Así, todos podemos discutir sobre cómo distribuir los recursos para investigar. Sin embrago, dada la complejidad de los conocimientos técnicos que intervienen en cada caso, es preciso que sea la comunidad científica la que inicie esa reflexión y la traslade, de forma precisa y clara, a la ciudadanía. La evaluación ética de los procesos tecnológicos exigirá una buena comunicación científica y un buen manejo de las teorías éticas (criterios racionales para establecer qué nos conviene como ciudadanos).       

viernes, 4 de abril de 2014

ÉTICA DE ROEDORES X: DILUIRSE.

  Sabe el filósofo que todo podría haber sido al revés, que nada importa y que más vale que el olvido haga su trabajo. El arte de desaparecer es la única estrategia si quiere uno salir ileso entre tanta pisada de dinosaurio imprudente. No dejar rastro, ésa es la forma de habitar. Realizar acciones que se diluyan por su misma naturaleza. 

martes, 11 de marzo de 2014

TIEMPO, MEMORIA Y CIENCIAS

          La poesía no habla sobre el tiempo: muestra el tiempo. Los poetas acuden al ritmo, a las metáforas y a la rima para hablar del mundo, para describir lo que hay y lo que no hay, lo cotidiano y lo extraordinario. Y ese hablar es el tiempo.

         Todas las artes muestran el tiempo. El músico modela los sonidos a través del tiempo. En una composición bella el ritmo y la duración de los sonidos son manejados con inteligencia y sensibilidad. En la pintura y la escultura el artista refleja el movimiento y la quietud, dos formas de la materia imprescindibles para que el tiempo se muestre, aparezca. También el novelista debe dominar los ritmos de la narración. Incluso el estilo literario es una cuestión de tiempo, de proyecto vital, de abrir espacios de posibilidades. Porque el estilo no sólo es una forma de redactar, como algunos creen, es una forma de estar en el tiempo a través de la escritura.

         Hablar sobre el tiempo es una tarea imposible, pero mostrarlo no. Ya nos lo advirtió San Agustín de Hipona, si no me lo preguntan lo sé, si me lo preguntan no lo sé. Mostramos el tiempo usándolo, gastándolo, perdiéndolo, recordando,... Mostrarlo es fácil. Mostrarlo con belleza no tanto. Sólo los artistas lo intentan.

         ¿Y definirlo? ¿Es realmente una labor condenada al fracaso? Los encargados de las definiciones son los filósofos y los científicos. La dificultad de definir el tiempo se hace evidente por la necesidad que tiene el filósofo de recurrir a metáforas y comparaciones. San Agustín capta esa sensación interna del tiempo que todos podemos experimentar con la expresión distentio animi. Según otros filósofos el tiempo es una estructura o forma del sujeto. Para Kant esta forma es la condición de posibilidad, junto con el espacio, de toda experiencia. Se trataría de una estructura que da orden a lo que nos llega de fuera. Y los científicos pretenden explicar qué es la flecha del tiempo o la curvatura del espacio-tiempo. Si preguntamos a un físico, nos dirá que el tiempo es lo que nos muestran la ecuaciones de la teoría de la relatividad y las leyes de la termodinámica.

         Una de las definiciones de ser humano que más extrañeza provoca es la que dice que somos un ser-para-la-muerte. Extraña porque anuncia lo inexorable, lo temido, la oscuridad y la nada. Quizás no haya otro ser que sea consciente de su radical finitud. Por eso dicen los existencialistas que somos tiempo. Y no cualquier tiempo; somos ante todo futuro, proyecto de ser algo que todavía no somos. Somos tiempo arrojado hacia adelante. Conceptos como el de evolución, progreso o desarrollo dialéctico han ido apareciendo en la obra de los grandes pensadores. Anhelaban hallar esa lógica del tiempo, tanto individual como colectivo.

         Imaginen que todas estas cuestiones las investigara un solo pensador...         En la obra de David Jou confluyen intereses científicos, poéticos y filosóficos. Es catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado sobre la termodinámica de los procesos irreversibles y ha escrito varios libros de poesía. Hace unos años visitó Jerez para impartir una conferencia en el seminario dedicado a la relación entre literatura y ciencia, en la Fundación Caballero Bonald.

         Su último libro se titula El laberinto del tiempo. Tiempo y memoria en la vida y el universo (Editorial Pasado y Presente 2014). David Jou aborda el tiempo y la memoria desde todas las disciplinas científicas. Encontramos capítulos que tratan sobre biología, sobre física, sobre cosmología, genética o neurología. El hilo conductor de este análisis tan plural es una serie de conceptos que vienen de lejos: identidad, permanencia, muerte, evolución, determinismo, progreso, medida, creación, reversibilidad,... En cada párrafo el autor integra de forma magistral la sensibilidad poética, la reflexión filosófica y el análisis científico. Es un texto ideal para un proyecto educativo humanista, para la tercera cultura, como diría Francisco Fernández Buey.
       

martes, 11 de febrero de 2014

TERCERA CULTURA Y CULTURA CIENTÍFICA

          Existen dos tipos de opiniones sobre el valor de los diversos conocimientos en nuestras sociedades, dos puntos de vista extremos que reflejan el viejo problema de las dos culturas y su incomunicación. Unos dicen: “Si no has leído el Quijote, eres un inculto; si no sabes explicar la teoría de la selección natural de Darwin, no importa, eso es para los científicos”. Sin embargo, otros replican: “Si no sabes matemáticas, no sabes realmente nada; uno puede vivir sin conocer la historia del arte o la filosofía porque no aportan nada útil”.

         Desde hace décadas se habla de la necesidad de una tercera perspectiva, una tercera cultura, que sería la síntesis ideal, una forma de valorar los conocimientos muy distinta: “No puede haber buenos científicos si no son humanistas; no puede haber buenos humanistas si no conocen las principales teorías científicas”. El problema de fondo no es simplemente qué conocimientos son importantes para los especialistas, sino también qué tipo de cultura general debe manejar un ciudadano.

         El especialista, como es obvio, necesita dominar un área muy concreta, muy delimitada, si desea aportar algo nuevo. Pero para que este saber especializado tenga sentido es preciso que el científico, natural o social, conozca las teorías e ideas fundamentales de la comunidad científica general. La carencia de una visión global implica desorientación y, a la postre, falta de eficacia en el terreno propio. El biólogo o el físico, además de trabajar para obtener un reconocimiento académico o registrar una patente, debe comprender qué función desempeñan sus investigaciones dentro del sistema tecnocientífico y en su sociedad.

         Los ciudadanos, es decir, todas los personas, tengan el oficio que tengan, además de las destrezas propias de su vida laboral y doméstica, necesitan una cultura general para poder seguir siendo ciudadanos. Esta cultura general incluye la lectura del Quijote y la teoría de la selección natural de Darwin. Hasta ahora parecía evidente que el ciudadano bien formado era el que conocía los clásicos de la literatura, las corrientes artísticas o los momentos históricos importantes. Hoy ese concepto de cultura resulta incompleto,  insuficiente.   

         Los Estados invierten grandes cantidades de dinero en programas de I+D+i, investigación, desarrollo e innovación. Estos planes determinan nuestra economía. Si no entendemos en qué se investiga y para qué, no podremos ejercer ninguna actividad crítica y será muy difícil diseñar mecanismos de participación ciudadana para decidir sobre nuestro futuro. Tampoco podremos entender los problemas morales que generan las nuevas tecnologías, como la ingeniería genética o la nanotecnología.

         La tercera cultura traerá, entonces, científicos y ciudadanos críticos, capaces de integrar los distintos conocimientos con el fin de alcanzar la visión global necesaria para seguir investigando con sentido y decidiendo con autonomía. No es difícil encontrar buenos ejemplos de intelectuales que hayan intentado construir con sensatez esa tercera cultura.
        

         El filósofo palentino Francisco Fernández Buey nos ha dejado, sin acabar, un libro editado por Salvador López Arenal y Jordi Mir: Para la tercera cultura. Ensayos sobre ciencias y humanidades (El Viejo Topo. 2013). En el texto analiza las raíces del debate entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu en el pensamiento europeo moderno. También nos expone los intentos actuales de construir esa tercera cultura. Y llama la atención cómo, lejos de haberse logrado esa integración ideal, sigue repitiéndose el viejo esquema. Algunos científicos naturales piensan que sólo ellos serán capaces de realizar esa síntesis. Y algunos humanistas creen que esa visión global sólo la poseen los científicos sociales...

martes, 21 de enero de 2014

ALAN TURING, PERDONADO.

            
         Después de sesenta años de su muerte, Alan Turing (1912-1954) ha recibido el perdón real. Esta es la noticia que hemos podido leer últimamente en varios periódicos. El delito que cometió el gran matemático y filósofo fue ser homosexual. Para no ir a la cárcel se le ofreció la alternativa de la castración química, que aceptó. A los dos años apareció muerto en su laboratorio tras comer una manzana impregnada de cianuro. Según la versión oficial, fue un suicidio. Otros historiadores hablan de una equivocación, debido al desbarajuste de su laboratorio. Y otros mencionan la palabra asesinato, porque sabía demasiado.

         Las víctimas de esas leyes intolerantes, injustas y homófobas han sido muy numerosas y merecen la misma amnistía. Si Turing ha recibido tanta atención en la prensa, se debe a que estamos ante uno de los principales matemáticos y pensadores del siglo XX. Sus investigaciones cambiaron el rumbo de nuestra sociedad,  y no sólo en el plano científico.

         En 1936 publicó un artículo en el que se definía de forma precisa qué es un algoritmo (On computable numbers, with an application to the Entscheidungsproblem). El problema de fondo era la decidibilidad: si existía un procedimiento para resolver todos los problemas planteados en los sistemas formales. Un algoritmo es un conjunto finito de pasos que nos permite, dada una entrada (input), obtener una salida (output). Turing definió este tipo de procedimientos a través de su concepto formal de máquina. Otros matemáticos, como A. Church, formularían definiciones equivalentes. Quedó claro qué es computar y sus límites.

         Dados su conocimientos en computación, las autoridades británicas lo reclutaron para intentar descifrar los mensajes que codificaba ENIGMA, una pequeña máquina para generar órdenes en clave entre los submarinos de Hitler. Turing pudo poner en práctica sus conocimientos matemáticos y, tras descifrar el código de los alemanes, adelantó el final de la guerra, lo que evitó más muerte y destrucción.

         En 1950 publicó otro artículo fundamental para la historia de la informática y de la filosofía (Computing machinery and intelligence). En ese texto se planteaba la posibilidad de construir inteligencia artificial (IA), ordenadores capaces de pensar como un ser humano. La máquina universal de Turing se presentaba como una máquina capaz de ejecutar cualquier programa, cualquier conjunto de instrucciones expresadas con precisión. Ahora bien, definir qué es pensar y qué es inteligencia no era tan sencillo. ¿Cómo saber si un ordenador piensa, razona? ¿Cuándo sabremos que hemos obtenido inteligencia artificial? Turing propuso el juego de imitación, lo que hoy conocemos como el Test de Turing.

         Imaginemos que nos comunicamos a través de un teclado con dos sujetos que hay detrás de una pared, ocultos. Uno de ellos es una persona y el otro un ordenador. Podemos preguntar lo que queramos a cada uno de ellos. El día en que seamos incapaces de identificar con certeza absoluta al ordenador habremos obtenido inteligencia artificial.

         Por último, en un artículo de 1952 (The chemical basis of morphogenesis), Turing abrió otro campo de investigación básico en la actualidad, la morfogénesis. Comenzó a aplicar las matemáticas al surgimiento de estructuras en los seres vivos.

         En castellano disponemos de varias biografías sobre Turing. En 2013 acaba de publicarse en la editorial Turner “Alan Turing. El pionero de la era de la información.” de B. Jack Copeland, uno de los grandes expertos en la historia de la inteligencia artificial y en la obra de Turing. En la editorial Nivola, Rafael Lahoz-Beltrá ha publicado en 2005 “Turing. Del primer ordenador a la inteligencia artificial.” Y en Antoni Bosch Editor apareció en 2007 “Alan Turing. El hombre que sabía demasiado.” de David Leavitt.





viernes, 3 de enero de 2014

PIEDRAS Y ÁRBOLES

 Cuando los entendidos discuten sobre si el aborto es un derecho o no, parece que hablan de piedras o árboles. Sin embargo, las sucesivas generaciones de derechos no fueron descubiertas, sino construidas, en sentido ético y político. Los derechos siempre hablan de proyectos, es decir, de futuro, de lo que queremos hacer con nuestras vidas. Y todas las generaciones de derechos tienen algo en común: fueron propuestas para ensanchar nuestra autonomía.

viernes, 20 de diciembre de 2013

PARA LA EXPOSICIÓN "BANDERAS" DE ANTONIO GUERRERO, PRIEGO DE CÓRDOBA.

Dibujar la bandera republicana es trazar un deseo radical: con lo mínimo representamos lo máximo. Los puntos configuran los colores de la libertad; son sueños de personas que hablaron de nuestros derechos y de esa justicia social que tarda en llegar. Allí donde hay un sueño de humanidad, allí donde hay deseos de mundos mejores, allí aparecen estas tres franjas de optimismo.

Dibujar las líneas de la libertad implica imaginar lo que no tiene lugar, lo anhelado por imposible y necesario. Los puntos, con sus espacios asociados, definen una sociedad diseñada con el lápiz de la razón ilustrada, donde cada ciudadano dibuje su vida como quiera. No trazamos líneas en el espacio porque las líneas son el espacio. El pueblo no proclamará la libertad porque el pueblo es la libertad.

Dibujar es definir con muy poco. Max Zoster solía decir que el dibujo le servía para esconderse entre la delgadez de las líneas. Quizás ésa sea su esencia: construir espacios de libertad donde habitar. Los pliegues del espacio, definidos con lo mínimo, hacen posible que nuestra mirada se extravíe entre tantas idas y venidas. Rojo, amarillo y morado, figura y fondo, junto y separado; bastan estas oposiciones, estas formas de luz, para atravesar el papel y generar un bucle perceptivo. El trazo puede mostrarnos un fragmento del infinito. 

martes, 10 de diciembre de 2013

VIDA, CIENCIA Y SOCIEDAD.

                                
         Se ha hallado el ADN humano más antiguo de la Historia en la Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos). La colaboración entre el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y el Equipo de Atapuerca ha permitido secuenciar el genoma mitocondrial de un fémur de unos 400.000 años (Pleistoceno Medio). Dada la degradación de los restos, se ha requerido el uso de nuevas técnicas analíticas. El equipo del Instituto Max Planck ya había logrado secuenciar el ADN de un oso de ese mismo yacimiento.

         Este ADN humano ha sido comparado con el ADN de otras especies cercanas: humanos actuales, simios, neandertales y denisovanos (restos de homínidos encontrados en Denisova, Siberia). Los denisovanos son parientes lejanos de los neandertales. Se separaron hace unos 700.000 años. Los análisis muestran, según la revista Nature, que los restos de Atapuerca están más cerca de los denisovanos que de los neandertales. (Fuente: Museo de la Evolución)

         Dos gramos de polvo del hueso de un fémur y la colaboración de varias instituciones científicas han sido suficientes para alcanzar esos resultados.       La investigación básica que ha hecho posible este proyecto tiene una larga historia y se ramifica en múltiples disciplinas. Para explicar el origen del ser humano estamos necesitando antropólogos, paleontólogos ecólogos, físicos, y biólogos moleculares. Las técnicas experimentales nacidas en un campo de investigación están dando resultados en otro muy diferente.
 
         La respuesta de los ciudadanos ante este proyecto es muy positiva. El hecho de que se trate de investigaciones que trabajan con ADN parece que en este caso no plantea problemas porque sólo analizan, identifican y clasifican; no modifican el material genético de esos seres vivos.

         La percepción social del uso de los resultados de la biología molecular y de la biotecnología no suele ser tan positiva en campos como la producción de alimentos transgénicos o la terapia génica sobre células germinales. Gran parte de los ciudadanos está muy alerta ante los peligros que podría traernos la manipulación del ADN de las especies. Ese miedo a lo impredecible y desconocido pesa más que los beneficios concretos en la producción de alimentos. En lo que respecta a las terapias, solemos aceptar muy bien las intervenciones que no afectan al futuro de la especie. Pesa más el miedo a manipular la especie humana y a desencadenar procesos irreversibles que la posibilidad de evitar que ciertas secuencias genéticas indeseables se transmitan a las siguientes generaciones.
  
         José María Seguí Simarro en su libro Percepción social y divulgación de la biotecnología (Universitat Politècnica de València. 2011) expone muy bien los factores que intervienen en la visión que tienen los ciudadanos de las biotecnologías. Analiza los resultados de las encuestas realizadas en Europa (Eurobarómetros), los aspectos ideológicos y sociales que confluyen en estos debates y el papel decisivo que desempeña la divulgación científica. Muy interesante es la tabla de los principales hitos de la biología molecular y la biotecnología: comienza en 1902 con el primer cultivo in vitro de células vegetales (G. Haberlandt) y termina con la creación de la primera bacteria con genes sintetizados artificialmente en 2010 (The J. Craig Venter Institute).
                                                                        
                                                                              Diario de Jerez, 10 de diciembre.