martes, 13 de mayo de 2014

TRANSITAR POR LA FRONTERA

        Cuando pensamos que todo está dicho y hecho es cuando se puede ser original. Precisamente por eso nos sorprenden los grandes artistas y los mejores científicos. Cuando ya nadie espera nada en un determinado campo, aparece una mente que se atreve a crear algo nuevo.
         Se viene hablando de la crisis de la novela desde hace varias décadas. Pero cada vez que estábamos tramitando los papeles de tan sensible pérdida, surgía algún insolente con algo raro en sus folios. ¿Cómo sabe uno que está ante algo realmente nuevo? Lo sabe porque experimenta una incertidumbre y un desasosiego fuera de lo normal al intentar juzgar lo que está leyendo o contemplando. La estética de la recepción se encarga de este asunto tan moderno. A los griegos les preocupaba más cómo definir lo bello, lo bueno y lo verdadero. A nosotros, los postmodernos, nos inquieta saber reconocer lo nuevo.
         El primer libro que leí de Enrique Vila-Matas fue Doctor Pasavento. Estuve a punto de abandonar la lectura cuando llevaba menos de cien páginas. No sabía qué estaba leyendo. No sabía si era un ensayo, una novela o una biografía. Y fue esa incertidumbre la que me obligó a reconocer que estaba en presencia de un sendero creativo nuevo. Lo mismo puede ocurrirnos con la lectura de La parte inventada, de Rodrigo Fresán, una novela construida con bucles narrativos, con la descripción de esa misma escritura y con el juego de las perspectivas.
         Para iniciar un nuevo sendero creativo el artista y el científico tienen que transitar por las fronteras. Las novelas que he mencionado son arriesgadas, temerarias, porque utilizan recursos literarios propios de otros géneros, literarios o artísticos. Y es esa mezcla de géneros la que te invita a seguir leyendo para descubrir dónde situarnos. Esas formas de narrar son más exigentes con el lector y más divertidas. En las artes no hay nada más aburrido que ver delante un camino bien señalizado y con un plano detallado.
         Transitar la frontera conlleva siempre una nueva filosofía del arte o de la ciencia. Las vanguardias nos interrogan sobre la misma esencia del arte y nos proponen definiciones nuevas. Algunos críticos literarios dirán que lo que ha escrito Fresán en La parte inventada o Vila-Matas en Kassel no invita a la lógica no son realmente novelas. Del mismo modo, el poeta Antonio Hernández en Nueva York después de muerto realiza una reflexión poética abierta. Ya no sabemos si leemos poesía, pero no nos importa porque el escritor nos ha proporcionado ese algo que no sabemos adónde conduce.
         Varios artistas están utilizando el conocimiento científico, biológico, y los procedimientos de los laboratorios para crear. Es el caso de The Tissue culture and Art Project, Marta De Menezes, Joaquín Fargas, etc. Son proyectos polémicos porque sus obras no son cuadros, no son esculturas, no posibilitan una experiencia estética en el sentido clásico, tampoco es mero arte conceptual, pero no es sólo ciencia ni sólo tecnología. Extraños artefactos…
         Los senderos creativos surgen cuando somos capaces de trasladar una estructura de un campo de la experiencia a otro. El matemático francés Henri Poincaré lo señaló en varias de sus obras sobre teoría del conocimiento. Para crear hay que saber establecer analogías. La matemática capta estructuras y ayuda a ver analogías en otros terrenos, como la física o la biología. Avanzar en la investigación implica saber reconocer esas analogías. Ya nadie discute el papel central que tienen las metáforas en las ciencias.
         No es lo mismo la investigación física que la literatura. Sin embargo, en todos los campos del conocimiento es preciso mezclar si queremos avanzar. Algunos de los teoremas matemáticos más difíciles obtuvieron solución porque alguien se atrevió a conectar diferentes ramas de la matemática. Y los artistas originales han sabido mezclar técnicas y materiales aparentemente muy distantes.
         ¿Cómo establecer esas analogías? ¿Cómo conectar lo que no estaba conectado? ¿Cómo construir buenas metáforas? El creador que transita la frontera tiene que observar, experimentar y luego mezclar. Intervienen dos tipos de procesos, conscientes e inconscientes. O mejor, dos dimensiones. Este ruinoso mecanismo de pensar (Hölderlin) se nutre de experiencia y luego trabaja y trabaja hasta que, sin saber cómo o sabiendo cómo, algo encaja.

http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1771503/transitar/por/la/frontera.html

martes, 8 de abril de 2014

SINTETIZAR, DISEÑAR Y CREAR

            “Un equipo internacional ha sintetizado un cromosoma funcional de la levadura” (Investigación y Ciencia). Los científicos han buscado el genoma mínimo para que un organismo sea viable. Eliminando los genes innecesarios podemos diseñar microorganismos con un genoma más corto, con menor coste energético: bacterias o levaduras optimizadas, útiles para la química y los biocombustibles, por ejemplo. La manipulación de los genes no esenciales del organismo permite introducir modificaciones para un propósito determinado. En el caso de las levaduras, han observado que se puede acelerar o retardar su crecimiento. En 2010 ya se logró reconstruir el genoma completo de un organismo procariota. Ahora han demostrado que también se puede realizar en células eucariotas. 
         Quizás todo empezó hace unos 10.000 años, cuando aquellos cazadores-recolectores observaron que los granos que caían al suelo por casualidad, en los alrededores bien abonados de sus pequeños poblados, daban lugar a una planta nueva y mejor, porque ellos siempre recogían las mejores espigas… Hace miles de años que comenzamos a modificar especies, a realizar una selección artificial. Las espigas de trigo del Neolítico son muy diferentes de las de hoy. Y lo mismo ocurre con los perros, las vacas, los gatos… A nadie le extraña que el agricultor sólo siembre las mejores semillas o que sólo críe el mejor ganado. Desde hace siglos consumimos frutos y carne que no existirían si no fuera por la acción técnica de los seres humanos.
         La distinción entre lo natural y lo artificial es una de las más difíciles de establecer. Si por artificial entendemos lo que ha sido transformado por el ser humano, entonces todo es artificial y no hay ya nada natural. Porque transformar puede significar: modificar, alterar, seleccionar, construir o sintetizar.
         Somos capaces de talar un árbol, podarlo, trasplantarlo, realizar un injerto, sembrarlo, modificar su ADN y diseñar una especie nueva. En todos estos procesos interviene la racionalidad humana. Utilizamos el saber que nos proporcionan la experiencia práctica y el conocimiento científico para conectar medios y fines. Cuanto más sabemos de la naturaleza mayor es el grado de transformación que podemos llevar a cabo.
         Quizás hace 10.000 años alguien se asustó ante la posibilidad de sembrar trigo donde quisiera y cuantas veces quisiera: “Hemos cambiado el curso sagrado de los acontecimientos”. Pero, como necesitaban más trigo y más carne, otros dijeron: “Los dioses nos otorgaron estómago y manos…”
         El conocimiento técnico nos permite saber lo que podemos hacer; la reflexión ética se pregunta si lo debemos hacer. Los ciudadanos tenemos necesidades materiales ineludibles. Todos los habitantes del planeta queremos comer, tener vivienda y curar las enfermedades que nos hacen sufrir. El conocimiento científico ha ido mejorando nuestros procesos técnicos para producir alimentos o curar nuestras dolencias.
         Lo que nos asusta es la incertidumbre. El agricultor de hace 10.000 años dudó durante un tiempo. No sabía si el trigo que él sembraba tenía las mismas propiedades que el silvestre. Probó y vio que no ocurría nada. Es la misma incertidumbre que experimentamos hoy cada vez que leemos que se ha sintetizado algo vivo en un laboratorio. No sabemos si estamos asumiendo muchos riesgos al utilizar esos medios técnicos. No sabemos cuánto hay que esperar para ver si ocurre algo con las especies genéticamente modificadas.
            ¿Quién está capacitado para realizar esa reflexión ética? Cualquier ciudadano puede participar en un diálogo sobre sus necesidades. Así, todos podemos discutir sobre cómo distribuir los recursos para investigar. Sin embrago, dada la complejidad de los conocimientos técnicos que intervienen en cada caso, es preciso que sea la comunidad científica la que inicie esa reflexión y la traslade, de forma precisa y clara, a la ciudadanía. La evaluación ética de los procesos tecnológicos exigirá una buena comunicación científica y un buen manejo de las teorías éticas (criterios racionales para establecer qué nos conviene como ciudadanos).       

viernes, 4 de abril de 2014

ÉTICA DE ROEDORES X: DILUIRSE.

  Sabe el filósofo que todo podría haber sido al revés, que nada importa y que más vale que el olvido haga su trabajo. El arte de desaparecer es la única estrategia si quiere uno salir ileso entre tanta pisada de dinosaurio imprudente. No dejar rastro, ésa es la forma de habitar. Realizar acciones que se diluyan por su misma naturaleza. 

martes, 11 de marzo de 2014

TIEMPO, MEMORIA Y CIENCIAS

          La poesía no habla sobre el tiempo: muestra el tiempo. Los poetas acuden al ritmo, a las metáforas y a la rima para hablar del mundo, para describir lo que hay y lo que no hay, lo cotidiano y lo extraordinario. Y ese hablar es el tiempo.

         Todas las artes muestran el tiempo. El músico modela los sonidos a través del tiempo. En una composición bella el ritmo y la duración de los sonidos son manejados con inteligencia y sensibilidad. En la pintura y la escultura el artista refleja el movimiento y la quietud, dos formas de la materia imprescindibles para que el tiempo se muestre, aparezca. También el novelista debe dominar los ritmos de la narración. Incluso el estilo literario es una cuestión de tiempo, de proyecto vital, de abrir espacios de posibilidades. Porque el estilo no sólo es una forma de redactar, como algunos creen, es una forma de estar en el tiempo a través de la escritura.

         Hablar sobre el tiempo es una tarea imposible, pero mostrarlo no. Ya nos lo advirtió San Agustín de Hipona, si no me lo preguntan lo sé, si me lo preguntan no lo sé. Mostramos el tiempo usándolo, gastándolo, perdiéndolo, recordando,... Mostrarlo es fácil. Mostrarlo con belleza no tanto. Sólo los artistas lo intentan.

         ¿Y definirlo? ¿Es realmente una labor condenada al fracaso? Los encargados de las definiciones son los filósofos y los científicos. La dificultad de definir el tiempo se hace evidente por la necesidad que tiene el filósofo de recurrir a metáforas y comparaciones. San Agustín capta esa sensación interna del tiempo que todos podemos experimentar con la expresión distentio animi. Según otros filósofos el tiempo es una estructura o forma del sujeto. Para Kant esta forma es la condición de posibilidad, junto con el espacio, de toda experiencia. Se trataría de una estructura que da orden a lo que nos llega de fuera. Y los científicos pretenden explicar qué es la flecha del tiempo o la curvatura del espacio-tiempo. Si preguntamos a un físico, nos dirá que el tiempo es lo que nos muestran la ecuaciones de la teoría de la relatividad y las leyes de la termodinámica.

         Una de las definiciones de ser humano que más extrañeza provoca es la que dice que somos un ser-para-la-muerte. Extraña porque anuncia lo inexorable, lo temido, la oscuridad y la nada. Quizás no haya otro ser que sea consciente de su radical finitud. Por eso dicen los existencialistas que somos tiempo. Y no cualquier tiempo; somos ante todo futuro, proyecto de ser algo que todavía no somos. Somos tiempo arrojado hacia adelante. Conceptos como el de evolución, progreso o desarrollo dialéctico han ido apareciendo en la obra de los grandes pensadores. Anhelaban hallar esa lógica del tiempo, tanto individual como colectivo.

         Imaginen que todas estas cuestiones las investigara un solo pensador...         En la obra de David Jou confluyen intereses científicos, poéticos y filosóficos. Es catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado sobre la termodinámica de los procesos irreversibles y ha escrito varios libros de poesía. Hace unos años visitó Jerez para impartir una conferencia en el seminario dedicado a la relación entre literatura y ciencia, en la Fundación Caballero Bonald.

         Su último libro se titula El laberinto del tiempo. Tiempo y memoria en la vida y el universo (Editorial Pasado y Presente 2014). David Jou aborda el tiempo y la memoria desde todas las disciplinas científicas. Encontramos capítulos que tratan sobre biología, sobre física, sobre cosmología, genética o neurología. El hilo conductor de este análisis tan plural es una serie de conceptos que vienen de lejos: identidad, permanencia, muerte, evolución, determinismo, progreso, medida, creación, reversibilidad,... En cada párrafo el autor integra de forma magistral la sensibilidad poética, la reflexión filosófica y el análisis científico. Es un texto ideal para un proyecto educativo humanista, para la tercera cultura, como diría Francisco Fernández Buey.
       

martes, 11 de febrero de 2014

TERCERA CULTURA Y CULTURA CIENTÍFICA

          Existen dos tipos de opiniones sobre el valor de los diversos conocimientos en nuestras sociedades, dos puntos de vista extremos que reflejan el viejo problema de las dos culturas y su incomunicación. Unos dicen: “Si no has leído el Quijote, eres un inculto; si no sabes explicar la teoría de la selección natural de Darwin, no importa, eso es para los científicos”. Sin embargo, otros replican: “Si no sabes matemáticas, no sabes realmente nada; uno puede vivir sin conocer la historia del arte o la filosofía porque no aportan nada útil”.

         Desde hace décadas se habla de la necesidad de una tercera perspectiva, una tercera cultura, que sería la síntesis ideal, una forma de valorar los conocimientos muy distinta: “No puede haber buenos científicos si no son humanistas; no puede haber buenos humanistas si no conocen las principales teorías científicas”. El problema de fondo no es simplemente qué conocimientos son importantes para los especialistas, sino también qué tipo de cultura general debe manejar un ciudadano.

         El especialista, como es obvio, necesita dominar un área muy concreta, muy delimitada, si desea aportar algo nuevo. Pero para que este saber especializado tenga sentido es preciso que el científico, natural o social, conozca las teorías e ideas fundamentales de la comunidad científica general. La carencia de una visión global implica desorientación y, a la postre, falta de eficacia en el terreno propio. El biólogo o el físico, además de trabajar para obtener un reconocimiento académico o registrar una patente, debe comprender qué función desempeñan sus investigaciones dentro del sistema tecnocientífico y en su sociedad.

         Los ciudadanos, es decir, todas los personas, tengan el oficio que tengan, además de las destrezas propias de su vida laboral y doméstica, necesitan una cultura general para poder seguir siendo ciudadanos. Esta cultura general incluye la lectura del Quijote y la teoría de la selección natural de Darwin. Hasta ahora parecía evidente que el ciudadano bien formado era el que conocía los clásicos de la literatura, las corrientes artísticas o los momentos históricos importantes. Hoy ese concepto de cultura resulta incompleto,  insuficiente.   

         Los Estados invierten grandes cantidades de dinero en programas de I+D+i, investigación, desarrollo e innovación. Estos planes determinan nuestra economía. Si no entendemos en qué se investiga y para qué, no podremos ejercer ninguna actividad crítica y será muy difícil diseñar mecanismos de participación ciudadana para decidir sobre nuestro futuro. Tampoco podremos entender los problemas morales que generan las nuevas tecnologías, como la ingeniería genética o la nanotecnología.

         La tercera cultura traerá, entonces, científicos y ciudadanos críticos, capaces de integrar los distintos conocimientos con el fin de alcanzar la visión global necesaria para seguir investigando con sentido y decidiendo con autonomía. No es difícil encontrar buenos ejemplos de intelectuales que hayan intentado construir con sensatez esa tercera cultura.
        

         El filósofo palentino Francisco Fernández Buey nos ha dejado, sin acabar, un libro editado por Salvador López Arenal y Jordi Mir: Para la tercera cultura. Ensayos sobre ciencias y humanidades (El Viejo Topo. 2013). En el texto analiza las raíces del debate entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu en el pensamiento europeo moderno. También nos expone los intentos actuales de construir esa tercera cultura. Y llama la atención cómo, lejos de haberse logrado esa integración ideal, sigue repitiéndose el viejo esquema. Algunos científicos naturales piensan que sólo ellos serán capaces de realizar esa síntesis. Y algunos humanistas creen que esa visión global sólo la poseen los científicos sociales...

martes, 21 de enero de 2014

ALAN TURING, PERDONADO.

            
         Después de sesenta años de su muerte, Alan Turing (1912-1954) ha recibido el perdón real. Esta es la noticia que hemos podido leer últimamente en varios periódicos. El delito que cometió el gran matemático y filósofo fue ser homosexual. Para no ir a la cárcel se le ofreció la alternativa de la castración química, que aceptó. A los dos años apareció muerto en su laboratorio tras comer una manzana impregnada de cianuro. Según la versión oficial, fue un suicidio. Otros historiadores hablan de una equivocación, debido al desbarajuste de su laboratorio. Y otros mencionan la palabra asesinato, porque sabía demasiado.

         Las víctimas de esas leyes intolerantes, injustas y homófobas han sido muy numerosas y merecen la misma amnistía. Si Turing ha recibido tanta atención en la prensa, se debe a que estamos ante uno de los principales matemáticos y pensadores del siglo XX. Sus investigaciones cambiaron el rumbo de nuestra sociedad,  y no sólo en el plano científico.

         En 1936 publicó un artículo en el que se definía de forma precisa qué es un algoritmo (On computable numbers, with an application to the Entscheidungsproblem). El problema de fondo era la decidibilidad: si existía un procedimiento para resolver todos los problemas planteados en los sistemas formales. Un algoritmo es un conjunto finito de pasos que nos permite, dada una entrada (input), obtener una salida (output). Turing definió este tipo de procedimientos a través de su concepto formal de máquina. Otros matemáticos, como A. Church, formularían definiciones equivalentes. Quedó claro qué es computar y sus límites.

         Dados su conocimientos en computación, las autoridades británicas lo reclutaron para intentar descifrar los mensajes que codificaba ENIGMA, una pequeña máquina para generar órdenes en clave entre los submarinos de Hitler. Turing pudo poner en práctica sus conocimientos matemáticos y, tras descifrar el código de los alemanes, adelantó el final de la guerra, lo que evitó más muerte y destrucción.

         En 1950 publicó otro artículo fundamental para la historia de la informática y de la filosofía (Computing machinery and intelligence). En ese texto se planteaba la posibilidad de construir inteligencia artificial (IA), ordenadores capaces de pensar como un ser humano. La máquina universal de Turing se presentaba como una máquina capaz de ejecutar cualquier programa, cualquier conjunto de instrucciones expresadas con precisión. Ahora bien, definir qué es pensar y qué es inteligencia no era tan sencillo. ¿Cómo saber si un ordenador piensa, razona? ¿Cuándo sabremos que hemos obtenido inteligencia artificial? Turing propuso el juego de imitación, lo que hoy conocemos como el Test de Turing.

         Imaginemos que nos comunicamos a través de un teclado con dos sujetos que hay detrás de una pared, ocultos. Uno de ellos es una persona y el otro un ordenador. Podemos preguntar lo que queramos a cada uno de ellos. El día en que seamos incapaces de identificar con certeza absoluta al ordenador habremos obtenido inteligencia artificial.

         Por último, en un artículo de 1952 (The chemical basis of morphogenesis), Turing abrió otro campo de investigación básico en la actualidad, la morfogénesis. Comenzó a aplicar las matemáticas al surgimiento de estructuras en los seres vivos.

         En castellano disponemos de varias biografías sobre Turing. En 2013 acaba de publicarse en la editorial Turner “Alan Turing. El pionero de la era de la información.” de B. Jack Copeland, uno de los grandes expertos en la historia de la inteligencia artificial y en la obra de Turing. En la editorial Nivola, Rafael Lahoz-Beltrá ha publicado en 2005 “Turing. Del primer ordenador a la inteligencia artificial.” Y en Antoni Bosch Editor apareció en 2007 “Alan Turing. El hombre que sabía demasiado.” de David Leavitt.





viernes, 3 de enero de 2014

PIEDRAS Y ÁRBOLES

 Cuando los entendidos discuten sobre si el aborto es un derecho o no, parece que hablan de piedras o árboles. Sin embargo, las sucesivas generaciones de derechos no fueron descubiertas, sino construidas, en sentido ético y político. Los derechos siempre hablan de proyectos, es decir, de futuro, de lo que queremos hacer con nuestras vidas. Y todas las generaciones de derechos tienen algo en común: fueron propuestas para ensanchar nuestra autonomía.

viernes, 20 de diciembre de 2013

PARA LA EXPOSICIÓN "BANDERAS" DE ANTONIO GUERRERO, PRIEGO DE CÓRDOBA.

Dibujar la bandera republicana es trazar un deseo radical: con lo mínimo representamos lo máximo. Los puntos configuran los colores de la libertad; son sueños de personas que hablaron de nuestros derechos y de esa justicia social que tarda en llegar. Allí donde hay un sueño de humanidad, allí donde hay deseos de mundos mejores, allí aparecen estas tres franjas de optimismo.

Dibujar las líneas de la libertad implica imaginar lo que no tiene lugar, lo anhelado por imposible y necesario. Los puntos, con sus espacios asociados, definen una sociedad diseñada con el lápiz de la razón ilustrada, donde cada ciudadano dibuje su vida como quiera. No trazamos líneas en el espacio porque las líneas son el espacio. El pueblo no proclamará la libertad porque el pueblo es la libertad.

Dibujar es definir con muy poco. Max Zoster solía decir que el dibujo le servía para esconderse entre la delgadez de las líneas. Quizás ésa sea su esencia: construir espacios de libertad donde habitar. Los pliegues del espacio, definidos con lo mínimo, hacen posible que nuestra mirada se extravíe entre tantas idas y venidas. Rojo, amarillo y morado, figura y fondo, junto y separado; bastan estas oposiciones, estas formas de luz, para atravesar el papel y generar un bucle perceptivo. El trazo puede mostrarnos un fragmento del infinito. 

martes, 10 de diciembre de 2013

VIDA, CIENCIA Y SOCIEDAD.

                                
         Se ha hallado el ADN humano más antiguo de la Historia en la Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos). La colaboración entre el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y el Equipo de Atapuerca ha permitido secuenciar el genoma mitocondrial de un fémur de unos 400.000 años (Pleistoceno Medio). Dada la degradación de los restos, se ha requerido el uso de nuevas técnicas analíticas. El equipo del Instituto Max Planck ya había logrado secuenciar el ADN de un oso de ese mismo yacimiento.

         Este ADN humano ha sido comparado con el ADN de otras especies cercanas: humanos actuales, simios, neandertales y denisovanos (restos de homínidos encontrados en Denisova, Siberia). Los denisovanos son parientes lejanos de los neandertales. Se separaron hace unos 700.000 años. Los análisis muestran, según la revista Nature, que los restos de Atapuerca están más cerca de los denisovanos que de los neandertales. (Fuente: Museo de la Evolución)

         Dos gramos de polvo del hueso de un fémur y la colaboración de varias instituciones científicas han sido suficientes para alcanzar esos resultados.       La investigación básica que ha hecho posible este proyecto tiene una larga historia y se ramifica en múltiples disciplinas. Para explicar el origen del ser humano estamos necesitando antropólogos, paleontólogos ecólogos, físicos, y biólogos moleculares. Las técnicas experimentales nacidas en un campo de investigación están dando resultados en otro muy diferente.
 
         La respuesta de los ciudadanos ante este proyecto es muy positiva. El hecho de que se trate de investigaciones que trabajan con ADN parece que en este caso no plantea problemas porque sólo analizan, identifican y clasifican; no modifican el material genético de esos seres vivos.

         La percepción social del uso de los resultados de la biología molecular y de la biotecnología no suele ser tan positiva en campos como la producción de alimentos transgénicos o la terapia génica sobre células germinales. Gran parte de los ciudadanos está muy alerta ante los peligros que podría traernos la manipulación del ADN de las especies. Ese miedo a lo impredecible y desconocido pesa más que los beneficios concretos en la producción de alimentos. En lo que respecta a las terapias, solemos aceptar muy bien las intervenciones que no afectan al futuro de la especie. Pesa más el miedo a manipular la especie humana y a desencadenar procesos irreversibles que la posibilidad de evitar que ciertas secuencias genéticas indeseables se transmitan a las siguientes generaciones.
  
         José María Seguí Simarro en su libro Percepción social y divulgación de la biotecnología (Universitat Politècnica de València. 2011) expone muy bien los factores que intervienen en la visión que tienen los ciudadanos de las biotecnologías. Analiza los resultados de las encuestas realizadas en Europa (Eurobarómetros), los aspectos ideológicos y sociales que confluyen en estos debates y el papel decisivo que desempeña la divulgación científica. Muy interesante es la tabla de los principales hitos de la biología molecular y la biotecnología: comienza en 1902 con el primer cultivo in vitro de células vegetales (G. Haberlandt) y termina con la creación de la primera bacteria con genes sintetizados artificialmente en 2010 (The J. Craig Venter Institute).
                                                                        
                                                                              Diario de Jerez, 10 de diciembre.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

ÉTICA DE ROEDORES IX: CIUDADES SIN CIUDADANOS

  Los pasajes comerciales construidos dentro de las ciudades imitan calles. Son calles artificiales dentro de las ciudades. Esta disposición del espacio estaba prevista para generar un nuevo tipo de vida, la del consumidor universal. Pero pronto se quedó pequeña esa estrategia. Mejor construir una ciudad con calles y plazas, con fuentes y bancos. Han surgido las ciudades sin ciudadanos. Si para Sócrates no tenía sentido vivir fuera de su ciudad, que le permitía desarrollar las virtudes y el bien común, ahora, para nosotros, no tiene sentido vivir al margen de las ciudades sin ciudadanos.

domingo, 17 de noviembre de 2013

CEREBROS EN TONELES


     Somos redes neuronales capaces de volverse sobre sí mismas, de pensarse. El camino evolutivo que hemos seguido ha dado lugar a estos cerebros, con miles de millones de neuronas y billones de conexiones. Somos seres conscientes: nos damos cuenta de que pensamos, sentimos, vivimos...
   Las personas realizamos reflexiones de segundo orden. No es lo mismo elaborar una teoría sobre los átomos que pensar cómo es posible elaborar una teoría sobre los átomos. No es lo mismo pintar un cuadro que pensar sobre qué significa que un cuadro sea bello. Todas estas reflexiones trabajan con conceptos. Y los conceptos se enlazan mediante argumentos.
   Cuando todo funciona bien, parece que estas reflexiones de segundo orden son innecesarias. Sin embargo, cuando surge una dificultad, algo que no encaja, comenzamos a plantear cuestiones para aclararnos. Así, hemos presenciado cómo las vanguardias artísticas nos llevaron a pensar seriamente qué es una obra de arte. La física cuántica provocó un intenso debate sobre los límites del conocimiento humano.
   Y llegamos a la educación. Siempre ha sido un asunto enrevesado. Desde el momento en que un ser humano pretende modificar la conducta de otro ser humano surgen problemas. Que en una habitación de pocos metros cuadrados haya treinta organismos dispuestos a modificar su conducta siguiendo lo que dice otro organismo es un hecho que implica a toda una civilización.
   Uno de los retos de la teoría de la educación es el de su naturalización. Es imposible entender qué significa educar si dejamos a un lado la teoría de la evolución y la neurociencia. Si queremos mejorar nuestros sistemas educativos, tendremos que utilizar esos conocimientos científicos. Sabemos que toda pedagogía contiene una idea de ser humano. Y aunque es cierto que todas nuestras reflexiones se han gestado en la tradición humanista europea, hoy debemos explicarnos desde las teorías científicas. Lo difícil será obtener un discurso coherente que integre lo esencial de esas disciplinas sin desembocar en el reduccionismo o en la dispersión de datos.

   Estos senderos de reflexión sobre el conocimiento, la educación, las ciencias y el arte arrancarán de lecturas de divulgación científica y filosófica. A lo largo de estas líneas aparecerán mencionados libros que han sido publicados recientemente y libros que vieron la luz hace años. Estos senderos comunicarán unos libros con otros tomando como hilo conductor los conceptos que hoy necesitan ser revisados. Y, como pensar es crear, conectaremos ideas procedentes de diferentes ámbitos de la experiencia. Y, como crear es comunicar, utilizaremos los géneros y recursos literarios necesarios.


    Quizás sólo seamos cerebros conservados en toneles, de oloroso, controlados por un ordenador que nos suministra estos mundos mediante impulsos eléctricos aplicados a nuestra corteza cerebral.




miércoles, 13 de noviembre de 2013

LO QUE NO SOMOS

                                                  
      
          “Estamos tan acostumbrados a tratar con objetos de nuestra escala, que las teorías de los físicos actuales nos aturden. Los artistas sabemos lo que significa captar mucho con poco. Quizás nuestros cerebros sean incapaces de representar quarks o la curvatura del espacio-tiempo.” Así respondía Max Zoster, artista y filósofo, a un periodista mientras conversaban sobre el concepto de sublime en el arte contemporáneo...

         Los seres humanos nos definimos desde nuestra perspectiva, como seres que habitan la realidad, seres que viven entre lo muy pequeño y lo muy grande. El mundo donde vivimos se nos presenta como la dimensión donde las cosas muestran su esencia. Si descendemos hasta los protones y neutrones o ascendemos hasta los cúmulos de galaxias, los objetos se nos van de las manos. En lo microscópico las cosas se deshacen y dejan de ser lo que son Y lo mismo ocurriría si accedemos a lo inmenso. Las grandes distancias o velocidades distorsionan ese ser propio de las cosas. Al acercarnos con un microscopio potente al borde de un objeto descubrimos que no hay tal borde. Cuanto más nos acercamos, más borroso se vuelve, una niebla difusa de electrones, mezclada con la tenue niebla de las partículas de aire circundante.

         La ontología de la vida cotidiana ha sido siempre puesta en duda, desde Demócrito en la antigua Grecia hasta los grandes experimentos de los aceleradores de partículas. Siempre nos ha intrigado que las cosas existan, que exista algo en lugar de nada. Y nos ha irritado darnos cuenta de que somos algo pero que bien podríamos haber permanecido en la nada. Pero las viejas nociones de ser y no-ser han sufrido una radical transformación desde los descubrimientos de la física cuántica y la teoría de la relatividad.

         Meinard Kuhlmann, físico y filósofo, plantea en un artículo de la revista Investigación y Ciencia (Octubre 2013) qué entiende por real la física de partículas. Las partículas elementales no son como bolas de billar. No tienen trayectorias continuas. No tienen propiedades individuales bien definidas. Y no podemos decir de forma absoluta que hay o no hay partículas. Se habla del vacío cuántico. Incluso el concepto de campo ha sido transformado. El campo cuántico no es un espacio definido de valores concretos, sino un espacio de cantidades posibles. La ontología tradicional que habla de objetos individuales localizables y con propiedades definidas no sirve. Por esa razón algunos filósofos de la física sostienen que la realidad está configurada por relaciones, estructuras. Conceptos como el de simetría o entrelazamiento cuántico, muestran que para pensar la realidad conviene describir relaciones globales. No hay objetos con propiedades, sino que las propiedades y relaciones son lo que llamamos objetos.
        
         Lawrence M. Krauss, cosmólogo formado en el MIT, ha escrito Un universo de la nada (Ediciones Pasado y Presente. 2013). El libro explica las últimas teorías cosmológicas, en las que él ha participado de forma significativa. Para describir cómo surgió nuestro universo y qué ocurrirá con él, también hay que revisar nuestra ontología. Se nos muestra un universo de geometría plana, un universo que se expande de forma acelerada. La confirmación experimental de esta descripción ha exigido ajustar ciertas cantidades del universo. La materia visible no es suficiente: hay mucha materia oscura. Y el vacío no está tan vacío: tiene energía. Además, constantemente se crean partículas y antiparticulas que en un espacio de tiempo infinitesimal se anulan. El autor explica muy bien la lógica de la investigación científica, el papel de ciertos experimentos y mediciones en la argumentación teórica global. Estas teorías permiten también predecir cómo acabará nuestro universo: todo se alejará de todo a velocidades cada vez mayores, hasta que la luz de una galaxia no pueda alcanzar a otra...

         Nos cuesta admitir esta nueva ontología porque nos obliga a reconocer que somos un haz de relaciones en un cierto nivel dentro de un todo continuo. Nos cuesta admitirla porque nos cuesta pensarla. Este antropocentrismo tan natural, tan pegajoso, ha generado ciertas consecuencias no deseables para las políticas científicas de los países democráticos de hoy. La percepción pública de la investigación científica es crucial para poder justificar las grandes inversiones en investigación básica. Asuntos como la física de partículas o la cosmología son percibidas como algo muy alejado de los intereses de los ciudadanos.

         Esta falta de legitimación tiene su origen en una de las tareas inacabadas de la Ilustración: concebir la naturaleza como un todo continuo, con niveles de complejidad, pero continuo. Cuando se culmine este proceso, los ciudadanos sabremos que la física de partículas habla de nosotros, de cómo estamos configurados. Y sabremos que esas investigaciones han de tener necesariamente implicaciones en la ciencia aplicada, en medicina, por ejemplo. El ciudadano comprenderá que tan importantes son los modelos teóricos sobre la realidad como los procedimientos y técnicas experimentales que van surgiendo.




lunes, 14 de octubre de 2013

ÉTICA DE ROEDORES VIII: VERDAD.

  El filósofo sabe que toda verdad es endeble, sin embargo busca la verdad. Ni la experiencia ni los razonamientos son garantía absoluta de haber llegado a tierra firme. Pero necesitamos pensar que ese horizonte, que asoma a lo lejos, nos ofrecerá un humilde sendero, ajeno a todo dogmatismo y a todo irracionalismo. 
  El gran relato de la ciencia sabemos que es una quimera. Sin embargo, apreciamos ese sendero que recorrió el científico para alcanzar su teorema o para realizar su experimento. No hay otros senderos de conocimiento. Lo que antaño se denominó método hoy sabemos que es algo plural, anclado en la experiencia, pero racional. Porque los caminos de la razón son tantos como ciencias existen. Ni la matemática ni la biología agotan lo que entendemos por método. Pluralidad de senderos que no conducen al todo vale. Los seres humanos recorremos los caminos que nos llevan a alguna parte, los caminos que muestran un paisaje bello y los caminos que no destruyen otros caminos.
  

sábado, 14 de septiembre de 2013

LO NATURAL NO ES TAN NATURAL


1. LA NATURALEZA.

         Los filósofos y los científicos han estudiado la naturaleza con tal profundidad que se han visto, en muchas ocasiones, atrapados por ella. En las discusiones éticas es un término que se utiliza para dar por cerrada una discusión. Seguir la naturaleza y obrar de acuerdo con la naturaleza significaba seguir el camino del sentido común y la razón. Aquellos que tenían la palabra y ponían nombres a las cosas apelaban a lo natural generalmente para establecer normas y para clasificar acciones. En la vida cotidiana las personas no suelen necesitar esa labor constante de etiquetado. Las acciones se llevan a cabo y punto. Las prácticas sexuales y eróticas suele ser etiquetadas para controlarlas. Por eso las gentes, las personas, no necesitaban una teoría de lo natural. Los gobernantes, educadores, predicadores y psiquiatras sí necesitaban esa teoría.
        
         El término naturaleza siempre ha incluido una carga de valores muy variada. Por naturaleza o natural se ha entendido:

a)     La naturaleza es el conjunto de fenómenos físicos, biológicos, geológicos, etc., que observamos. Es una definición aristotélica que se desarrollará, por ejemplo, en la Ilustración.
b)     La naturaleza es la esencia de algo, aquello que define necesariamente a un ser. El lo propio, frente a lo ajeno. La metafísica tradicional todavía no ha abandonado esta categoría.
c)      La naturaleza es el principio interno (esencial) de movimiento de un ser. Es lo intrínseco frente a lo extrínseco. Desde los pensadores presocráticos hasta la filosofía de la biología actual, el principio de movimiento y la natural se han identificado.
d)     Lo natural es lo normal. La naturaleza establece el patrón de comportamiento. Lo anormal va contra la naturaleza, contra las leyes de la naturaleza. Debe ser aniquilado.
e)     Lo natural es lo bueno. Una vez interpretada la ley, natural, aparecen lo bueno y lo malo. La naturaleza es buena en sí misma. Los que no comprenden esa bondad o son poco inteligentes o actúan buscando su malvado interés.
f)       Lo natural es lo racional. La ley natural la capta cualquier ser racional. El poder lo único que hace es ayudar a esclarecerla y obligar a que se cumpla.
g)     La naturaleza es la finalidad de las cosas. Las cosas son para algo. Todas las cosas tienen un fin. Existen para algo. El cuerpo humano sigue unas pautas naturales. Cada órgano tiene una finalidad natural. Una vez interpretada (descubierta) la finalidad de cada órgano, el representante del poder establece quién está sano , enfermo o es un delincuente que atenta contra lo fijado por las leyes naturales y divinas.

          S. Mill en su obra La naturaleza ofrece observaciones de gran interés. La naturaleza es la suma de todos los fenómenos junto con las causas que los producen, incluyendo tanto lo que de hecho acontece como lo que tiene capacidad de acontecer. Se suele oponer lo natural a lo artificial. Si nos atenemos a la definición amplia, la naturaleza abarca todo lo que ocurre según sus leyes. Por lo tanto, las máquinas y aparatos pertenecen al ámbito natural y precisamente por eso funcionan, porque siguen las leyes de la física. Sin embargo, también se utiliza natural en el sentido de no manipulado ni construido por el ser humano. Mill analiza la expresión seguir la naturaleza. Durante mucho tiempo, modificar el curso de lo natural era visto como algo malo. Lo artificial estropeaba la perfección divina de lo natural. Y adentrarse en la técnica suponía invadir el terreno de los dioses. La técnica era un poder otorgado, cedido con restricciones, por los dioses. Evidentemente, surge la pregunta de si realmente es posible ir en contra de la naturaleza.

  Al analizar el significado de lo natural tenemos que exponer el significado opuesto, a lo que se opone. Lo natural ha servido para excluir, controlar, clasificar o aniquilar. Los usos reflejan conflictos y dinámicas de poder.
  Lo que no es natural es artificial, o una construcción social. Si bien este término ha aportado una visión crítica y liberadora, puede traer, por exceso:

a)     Paralización del análisis a causa del estereotipo. Si todo es construido llega un momento en que no podemos atribuir poderes causales a nada. Per de hecho lo hacemos en la vida cotidiana. Hacking y los pragmatistas han señalado este exceso. Ugarte también intuye el peligro y lo comenta cuando habla de Foucault. El constructivismo radical nos lleva a la arbitrariedad de las estructuras sociales. Pero si no hay poderes causales reconocibles, toda crítica seria se desvanece.

b)     Relativismo e irracionalismo. Si todo es construido, hasta los conceptos constructivistas también los son. Entonces toda crítica se disuelve en las decisiones y construcciones de un sujeto o de un colectivo.

c)      Se oculta lo real. El materialismo de Ugarte o el nominalismo dinámico de Hacking intenta conservar algún tipo de poder causal en lo real. El materialismo histórico permite localizar estructuras reales, intereses reales. La necesidad de mano de obra barata es algo más que una construcción social. Y, enel caso de Hacking, los síntomas o las acciones de los individuos, aunque encauzadas y posibilitadas por las categorías , son al más que una mera construcción.


d)     Se oculta el método de acercarse a lo real. La forma de hablar de ciertos constructivistas nos conduce al nihilismo metodológico. Su sospecha continua evita distinguir una verdad de un engaño. El exceso de reflexividad crítica genera un muro infranqueable. Terminan hablando de sí mismos para justificar su posición tan radical y se olvidan de los problemas reales. Hay textos sobre homosexualidad que pueden llegar a convertirse en una reflexión sobre cómo se ha construido esa propia reflexión...


2.    PRÁCTICAS E IDENTIDADES

  En el libro de Javier Ugarte aparecen dos ideas fundamentales:

a)     Las prácticas son las mismas; las identidades cambian.
b)    El materialismo es el marco idóneo para comprender cómo surgen esas identidades. Las relaciones de producción también determinan la constitución de identidades.

             La filosofía de la ciencia de las últimas décadas ha puesto el énfasis en el concepto de “prácticas científicas”. Autores como Ian Hacking o León Olivé han desarrollado este concepto. Frente a las teorías basadas en el concepto de representación, Hacking propone que la filosofía de la ciencia se centre en las prácticas. Si reducimos el conocimiento a representación caemos en paradojas sin solución o en el solipsismo más estéril. El concepto de representación lleva a debates interminables sobre el realismo y el antirrealismo.   Frente a las tesis constructivistas, que nos arrastran hacia el relativismo o el antirrealismo radical, Hacking sugiere una revisión del realismo.

         En Making Up People realiza un análisis de cómo surgen las categorías de personas en los contextos sociales. Desde su nominalismo dinámico, esas clasificaciones son fruto de una retroalimentación, de una interacción social. Las estadísticas del siglo XIX presentan listados de gente desviada del patrón oficial. Estas clasificaciones servía para investigar por qué había suicidio, prostitución, maldad... Hakcing sigue una línea muy parecida a la de Foucault, pero como muy bien dice María Laura Martínez, pretende caminar entre el constructivismo y la filosofía analítica en la que se ha formado. La personalidad múltiple o cualquier otro tipo de enfermedad mental no es simplemente el resultado de una simple asignación de etiquetas, de palabras. Hay algo más. En un contexto determinado surgen unos síntomas o unas formas de comportarse (si hablamos del homoerotismo). Estos acontecimientos son utilizados por el poder para generar tipos de personas o tipos de enfermedades. Estas categorías tiene varias fuentes de alimentación. Por un lado el poder las necesita para ejercer su dominio. Por otro, las personas se incorporan en esas categorías persiguiendo sus intereses. Esta es la diferencia con los objetos naturales. Las personas intervienen en las relaciones sociales que generan esa categorías. En ¿La construcción social de qué?  Hacking muestra muchos ejemplos de personas que voluntariamente se adscriben una etiqueta, forzando los síntomas, para poder recibir un beneficio social del poder. Es interesante ver cómo se genera un bucle que solidifica esas identidades. Pero el bucle no parte de cero. Las prácticas posibilitan que surja la categoría pero es la categoría la que abre nuevas posibilidades de comportamiento.

   Las prácticas existen y son múltiples. Las identidades y las categorías también, pero van cambiando con la interacción social y el choque de intereses sociales. Así entendemos que las prácticas homoeróticas, que han existido siempre hayan sido categorizadas de diferente forma. En cierto momento son los mismos protagonistas los que se autoetiquetan para poder exigir sus derechos como grupo. En otros momentos las etiquetas las pone el poder para controlar y perseguir. Los intereses sociales y las estructuras de poder determinan cómo tenemos que ser para poder hacer ciertas cosas. Los flujos de poder modelan las categorías y las identidades. Los ejemplos que cita de nuevas enfermedades mentales muestran esas zonas difusas donde los síntomas toman forma. Los que nos dedicamos a la enseñanza secundaria hemos observado cómo el niño revoltoso se ha convertido en hiperactivo. Y hemos observado cómo los padres y profesores dan forma a los síntomas para que encajen en ese etiquetado. La etiqueta pude servir, en este caso, para justificar el fracaso escolar, las carencias del sistema educativo, etc.

           Javier Ugarte nos explica cómo las definiciones de identidad, género, lo normal y lo anormal, vienen determinadas por las relaciones de producción de cada momento histórico. La clase dominante necesita establecer qué es lo natural para poder controlar los procesos de producción y de reproducción. La represión y los mecanismos de control impiden que los ciudadanos se salgan de las relaciones del sistema productivo vigente. Se necesitan obreros que tenga más hijos, más obreros. Los invertidos son una amenaza tanto a la autoridad, como a las leyes biológicas, según la ideología dominante.

  En cada momento histórico “lo natural” es definido por la clase que tiene los medios de producción. La nobleza y el clero configuraron una estructura ideológica que utilizaba una teoría de la  “ley natural”. La obra de Santo Tomás se presenta como ciencia aristotélica. La burguesía, apoyada en los estudios nacientes sobre la biología, pretende definir lo que es cada especie “por naturaleza”. En las sociedad postindustrial aparecen las teorías del ser humano. Foucault habla de saber y poder, formas de saber y formas de poder.

    El concepto de “prácticas” remite a una posición escéptica. Nos recuerda a la crítica que hace Hume al concepto de yo o de sustancia. Es esencialismo siempre quiere atrapar la definición esencial de algo. En el caso del género o la identidad sexual, los esencialistas quieren atrapar lo permanente, lo que no cambia. En el caso de los pluralistas, las relaciones humanas son múltiples, variadas. No hay una esencia común.
  Conocer es intervenir en la realidad. La ciencia es un conjunto abierto de prácticas. No hay un límite. Las relaciones sexuales y eróticas son plurales. Las relaciones humanas son intervenciones en el entorno social. Son acciones concretas, son creaciones. El modelo esencialista sólo concibe la pluralidad como variación del modelo original.



3.    MODELOS ESENCIALISTAS
        
         Los modelos esencialistas pueden clasificarse en: platónicos, tomistas y naturalistas. Los seguidores de Platón intentan utilizar el concepto de Idea para justificar su apelación a lo natural. Existiría una Idea de ser humano. Esta Idea generaría un marco normativo para establecer lo bueno y lo malo. Toda Idea participa del Bien. Por lo tanto al participar de una Idea nos acercamos más o menos a la Idea suprema. Esta jerarquía de las Ideas se plasma en un orden social jerárquico y basado en los conocimientos esenciales que la dialéctica proporciona. Obsesionados por ese orden trascendente, los platónicos diseñan una ciudad ideal con la estructura del alma humana. Para que todo funciones bien, cada clase social debe cumplir las funciones que le corresponden. Este orden forzado proviene del conocimiento de las Ideas, no de las prácticas reales. De este modo, mientras en la sociedad griega se llevan a cabo prácticas homoeróticas, los platónicos pretenden construir un modelo de sociedad basada en la reproducción guiada por la clase gobernante.

      El tomismo, como hemos leído en los textos del curso y en el libro de Ugarte, parte de un modelo epistemológico diferente, pero tiene el mismo objetivo: definir lo natural para establecer un control de la reproducción. Observamos, dicen, que todo ser natural tiende l fin que le es propio. Observamos, dice, unas tendencias en los seres. Estas tendencias naturales vienen a desarrollar la esencia de esas sustancias. Si impedimos que esas tendencias naturales sigan su curso, habremos impedido que ese individuo se desarrolle como ser humano. Y además de nos alcanzar la verdadera felicidad, se habrá vuelto contra el creador de esas sustancias. Será, pues, malo, perverso, antisocial, antinatural y ateo. La ley positiva, las leyes de los Estados, deben guiarse por ese modelo de “lo natural”.

   Más sutil es el esencialismo naturalista que surge con el auge de la biología y la teoría de la evolución. Los naturalistas modernos describen, recopilan, clasifican y explican. Este modelo epistemológico tiene mucho prestigio en el ámbito de la física matemática. Al trasladarlo al campo de las relaciones humanas, con la mediación de la biología, este modelo sirve para justificar, con aparente ausencia de principios teológicos o metafísicos, las nuevas teorías sobe “lo normal”.

   La noción de especie sirvió para establecer una clasificación de los seres vivos. Parecía que la naturaleza nos ofrecía un patrón para ordenar todo lo vivo. La teoría de la selección natural completo este modelo esencialista. Aunque las especies hayan cambiado con el tiempo, observamos que todo lo que existe es fruto de la selección natural. Aunque todo podría haber sido de otro amanerar, ha sido así. Y esto es lo natural. Los órganos tienen sus funciones. Estas funciones son el producto de las leyes de la genética y de la selección natural. Aquellas funciones que no contribuyan a la supervivencia de las especie pueden ser consideradas antinaturales. Los conceptos de función y órgano se asociaron al de salud y enfermedad. Dentro de la burguesía, estas teorías venían muy bien para clasificar las conductas de una forma “moderna”. El homoerotismo se consideraba un atentado contra las leyes de la naturaleza, contra las leyes básicas de la reproducción de la especie. Y como estas teorías nacían de la experiencia, del sentido común, aquellos que las negaban iban contra el sentido común.

         Los constructivistas han realizado análisis de gran valor liberador, como dice Hacking, pero no todo es construido... Por otro lado, Foucault puso el énfasis en todas aquellas estrategias que utiliza el poder para dominar. Las instituciones utilizan los conocimientos sobre el ser humano para clasificar y controlar. El saber es un momento más de la disciplina. En el caso de las identidades de género, las relaciones de producción pueden generar una ideología que realice definiciones de los sujetos normales y lo anormales. Este definir es un acotar. Los intereses de las clases dominantes se plasman en la construcción de esas identidades. Las identidades son un haz de expectativas para un sujeto: lo que puede hacer, lo que debe hacer, lo que se espera de él, lo que le conviene, lo que le hace humano....


Bibliografía

  - Granados Cosme, J Arturo: Medicina y homosexualidad. Prácticas sociales en tensión. Cuicuilco. Vol 13, nº 36.
 - Hacking, Ian. : Making Up People.
 - Hacking, Ian.: Representar e intervenir. Editorial Paidós.
 - Hacking, Ian: ¿La construcción social de qué?. Editorial Paidós.
- Martínez, M. L:
      - Ontología histórica y nominalismo dinámico: La propuesta de Ian Hacking para las ciencias humanas. Cinta Moebio 39: 130-141.
             - El realismo científico de Ian Hacking: de los electrones a las enfermedades mentales transitorias. Revista  Redes. 22. pp.153- 176.
- Mill, S.:   La naturaleza. Alianza editorial.

- Ugarte Pérez, J.: Las circunstancias obligaban.

lunes, 2 de septiembre de 2013

ÉTICA DE ROEDORES VII: EL ESTILO.

  Hay escritores que utilizan estructuras sintácticas muy complejas, un vocabulario rico y cuentan historias atractivas. Pero no los consideramos grandes escritores. Les falta algo: eso que permanece detrás de la técnica. Lo mismo ocurre en el resto de las artes. Es lo que llamamos el estilo. Quizás sea esa capacidad de utilizar los recursos formales para decir lo que se quiere decir. Esos autores que nos encantan, en muchas ocasiones, no destacan en el uso de las técnicas. Pero poseen ese algo. Quizás sea la intención de decir algo verdadero lo que nos atrae de ellos. Transmiten un estilo de vida. Ahí está la clave. El artista con estilo transmite una forma única de ver el mundo. Crea mundo. Por eso es tan difícil adquirir un estilo propio. El artista que renuncia a vivir de forma creativa no puede trasmitir esas nuevas realidades que nos apasionan. El estilo es lo que queda después de haber hablado, escrito, pintado, cantado...Para reconocer el estilo de un creador también hay que ser creador. Los que esperan el esquema oficial no puede apreciar lo nuevo. No esperan a que llegue el final para reconocer el estilo. Claro, el estilo es riesgo. Vivir con estilo supone admitir que el mundo no tiene importancia y que podría ser de otra forma. El que espera el esquema de vida oficial sólo puede vivir en un mundo, ajeno. Así que hay que leer y saborear esa forma de estar en el mundo que nos ofrece el escritor. Y hay que mirar el cuadro sabiendo que lo importante del cuadro no puede hallarse en la forma o en el contenido, porque, además de saber que ese dualismo es inaceptable, intuimos que lo que nos apasiona es ese querer decir que todo podría haber sido de otra manera.

domingo, 25 de agosto de 2013

ÉTICA DE ROEDORES VI: SIN TECHO.

 Ocupar los espacios borrosos, indefinidos, de los entramados sociales no es fácil. Se trata de una forma de no estar, de deslizarse entre identidades marmóreas. El filósofo sabe que toda identidad atribuida por otros genera esclavitud. Incluso aquellas elecciones irreflexivas que llevamos a cabo nosotros mismos también se convierten en crueles cadenas. Esa tierra de nadie en las relaciones sociales proporciona la soledad necesaria para pensar sin miedo. Es cierto que las identidades, familiares o  comunitarias, nos dan cobijo y un suelo sobre el que arraigar nuestros valores. Pero el filósofo sabe que esa tranquilidad suele esconder un miedo ancestral al progreso social y un ansia infinita de poder. La libertad de pensamiento se nutre del cielo abierto, con el riesgo que implica vivir sin techo.

viernes, 26 de julio de 2013

ÉTICA DE ROEDORES V: EL ESQUEMA.

 La creatividad es el único sendero para huir del aburrimiento. Ese proceso de huida es lo que denominamos arte. Y no hay huida sin riesgo. Las novelas que repiten el esquema establecido por los que dirigen el mercado no pretenden ser obras de arte. Que los lectores lean y vuelvan a leer el esquema es todo un misterio. El esquema se convierte en una poderosa reja, barrotes de un aburrimiento denso.
  La huida es productiva: construimos situaciones vitales nuevas. Las acciones diarias, cotidianas, son el momento artístico oportuno para alejarnos del esquema, a través de la imaginación y la ironía. Son momentos frágiles, escurridizos, imposibles de etiquetar: acciones inesperadas por los reproductores del esquema. No se trata de crear objetos que representen algo. Basta con iniciar movimientos que provoquen esa mirada irónica del que sabe que el mundo no tiene importancia y que todo es posible.

lunes, 15 de julio de 2013

ANIMALES Y COMUNIDAD III: DERECHO A LA EDUCACIÓN.

 Nos suele parecer exagerado, extraño, incluso irracional, hablar de derechos de los animales. Es verdad que el concepto de derecho va asociado al concepto de persona, dignidad y valor absoluto. Afirmamos que los derechos son exigencias inaplazables de las personas. Ese derecho a exigir no nos lo puede arrebatar nadie. Pero también es verdad que los derechos requieren la existencia de una comunidad, de los otros. Si el otro no reconoce mis derechos, entonces se quedan en meras expresiones de deseos individuales. Condición necesaria de la dignidad es que sea reconocida, atribuida, por los demás. Incluso cabe decir que los derechos son un tipo de interacción social. No existen por sí mismos en ninguna esfera moral con realidad propia. 
  Los animales domésticos son parte de nuestra comunidad. Son seres comunitarios, si no queremos utilizar la palabra ciudadano. Esta pertenencia a la comunidad les proporciona un amplio abanico de relaciones sociales, desde nacimiento. Luego, no sería exagerado admitir que estas relaciones sociales les generan derechos. Exigimos, por ejemplo, que un amo trate bien a su perro, que no le haga daño y le dé de comer. Son obligaciones del amo y derechos del perro. El perro, como miembro de la comunidad, tiene derecho a ser tratado con respeto. Del mismo modo, cuando vemos que un perro se porta mal, decimos que su amo tiene la obligación de educarlo. No culpamos a sus instintos caninos. La relación social amo-perro genera unas obligaciones y unos derechos fundamentales. El perro tiene derecho a una educación.
  Y educar es algo muy complejo. Garantizar una educación a los animales implica construir instituciones que velen por ese derecho. Hasta ahora se ha dejado al azar. Si un perro tiene suerte y cae en una familia razonable, el animal desarrollará las virtudes correspondientes. Si el amo no cumple sus obligaciones, el animal sufrirá mucho a lo largo de su vida y no tendrá las mismas posibilidades que otros perros de desarrollar una vida feliz. No nos queda más remedio que constituir esas instituciones comunitarias que garanticen que los amos educan a sus perros. Y así, aquel proyecto que se inició en Grecia podrá seguir creando senderos de libertad e igualdad.

lunes, 1 de julio de 2013

ÉTICA DE ROEDORES IV: EROSIONES.

  El filósofo pasea por la playa y observa los restos acumulados en la orilla. Son frutos del tiempo. Cada grano de arena ha realizado un recorrido difícil de atrapar con nuestra mirada. Y están todos revueltos, todos esos restos. Y cambian cada día, con cada ola. Hasta la lata de refresco cambiará. Como la bolsa de plástico, viajará en el tiempo, sin prisa. Pero el filósofo aprecia la erosión, el desgaste aleatorio de las cosas. Sabe que todo ser está expuesto a este ir y venir de las olas. Aprecia esa fluidez de la materia, ajena a toda identidad pesada. El trozo de ladrillo ahora es suave, porque ha perdido las aristas que recibió en la fábrica. El mar nos devuelve esa animalidad esencial. Y un regalo: ser conscientes de que el agua seguirá desgastando el mundo sin nosotros.

sábado, 11 de mayo de 2013

ÉTICA DE ROEDORES III: DESPLAZARSE.

 Desaparecer, retirarse, ocultarse, disfrazarse... Evitar que te clasifiquen. Cuando lleguen donde tú estás, que no te encuentren. Ser creativo con uno mismo para huir del aburrimiento. Desplazarse. Ocultar siempre algo. Cambiar constantemente aquello que se oculta. Colaborar con los colectivos sin que sepan quién eres. No dar importancia al mundo. Amar la soledad y odiar la verdadera amistad.

jueves, 2 de mayo de 2013

EL DÍA DE BRIAN

  Ayer fue El día de Brian. Así lo he bautizado. Cualquier otro nombre es impreciso. Las manifestaciones que organizan los sindicatos y la mareas de todos los colores dedican la mayor parte de sus energías a luchar contra las siglas vecinas. Recuerden la discusión de la película, en la que nadie se aclara si es del Frente Judío de Liberación o de la Unión Popular Judía... Todos son disidentes. Se odian entre sí tanto o más que a los romanos. Me gustaría pensar que esta situación es síntoma de libertad de pensamiento y de pluralidad. Me gustaría pensar que esta dispersión de fuerzas es necesaria para representar todos los conflictos sociales existentes. Y me gustaría pensar que esta multiplicidad de manifestaciones es el mejor camino para terminar con el paro y la injusticia social. Sin embargo, cuando se pierde tanto tiempo en mirarnos el ombligo, lo único que cabe decir es que estas estrategias carecen de sentido común.