Es el momento de recorrer los campos, las montañas y las playas. Nadie saldrá ileso de este recorrido, nadie que observe y piense. El camino nos acerca a lo que somos, lo que somos como civilización. Nadie puede volver sin heridas de ese paseo, nadie que huya de las pisadas de los dinosaurios. No vamos a volver indemnes de un recorrido por las tierras que nos rodean, porque encontraremos las huellas de esas grandes bestias que todo lo devoran. Saldremos con los ojos limpios y volveremos con los restos de nuestra civilización entre las pestañas. Es el tiempo de recorrer senderos y de huir por ellos para terminar hallando el rastro del monstruo que todo lo exprime. A nuestra izquierda, un muro de hormigón para cerrar el paso a las aguas de la montaña. A nuestra derecha, un hoyo profundo, pero al aire, de donde traemos piedras negras. Son grandes pisadas, capaces de aniquilar el espacio de los pequeños roedores. Es el momento de salir de las cuevas y ver de dónde sale lo que devoramos. Encontraremos los restos de nuestro bienestar y los restos de nuestra dignidad. El descanso de nuestros cuerpos, a través de los paseos, nos impregnará de desaliento. Veremos paisajes horribles, toneladas de plásticos, hormigón, suciedad, y desidia. Es el momento de salir y observar. Que nadie dude. Seremos conscientes, si no nos interrumpen los mensajes, de lo que deseamos ser. Será un instante de autoconciencia.
jueves, 31 de julio de 2014
lunes, 21 de julio de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XIV: MÍMESIS
Sabe el filósofo que en la sociedad del espectáculo mimetizarse es una forma de resistencia. Quieren los poderosos que el pensamiento crítico se convierta también en espectáculo, en circo. Les encanta poder convertir los gritos en marcas y la ideas en logotipos. Huir del espectáculo sin dejar de roer los cables del sistema, ésa es la única forma de resistencia. El artista tiene que parecer un artista. El escritor tiene que parecer un escritor. Mientras los productores del espectáculo confían en el control de todas sus imágenes, el artista mordisquea los cables delante de sus cámaras. Mira el productor de imágenes y sólo ve sus imágenes, sus títeres. Mira el roedor y sólo ve formas de llegar a los enchufes y al transformador. Mientras los artistas oficiales duplican el mundo para ser doblemente dominado, el roedor envía mensajes ocultos con instrucciones sobre la infraestructura eléctrica del sistema. El roedor nunca se va, sólo se diluye entre las grietas olvidadas por los amigos del hormigón. El roedor nunca tiene prisa porque sabe que hay muchos cables, demasiados. Y roerlos todos va a ser una tarea infinita.
miércoles, 9 de julio de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XIII: RUINOSO MECANISMO DE PENSAR.
Sabe el filósofo que es imposible escapar de esta maquinaria infernal, de este ruinoso mecanismo de pensar, como lo sabían Hölderlin, Thomas Bernhard, Nietzsche, Wittgenstein... Pensar siempre ha sido una ruina, para uno mismo y los demás. Los Estados nos protegen de esa degradación interna ofreciéndonos tedio y aburrimiento sin piedad. El tedio paraliza este mecanismo. Lo va frenando. Menos mal que el Estado sabe lo que es ruina y decrepitud. Menos mal que aplica todo el saber acumulado en esa tarea: paralizar nuestra ruina interna. Porque pensar nunca ha traído nada bueno. Produce inestabilidad y desasosiego entre los consumidores. Y el consumidor ha de estar tranquilo y no dudar, jamás dudar. Este ruinoso mecanismo ha de ser estudiado por las instituciones; ha de ser medido; ha de ser calibrado; ha de ser cartografiado; ha de ser liquidado; ha de ser manipulado. Todas las artes y todas las ciencias están al servicio de un Estado que, obsesionado por aburrir a las masas, se destruye a sí mismo. Nada bueno viene del pensamiento. Nada bueno. Que las novelas sean lineales. Que los cuadros tengan sentido. Que los artistas no hablen latín. Que los músicos repitan un estribillo. Que los poetas rimen. Que todo cuadre desde el principio. Este ruinoso mecanismo de pensar podría conducirnos a la política. Nos transformará en seres radicales que desearán participar y hablar. Nada de eso es bueno. Tarde o temprano los artistas y los filósofos acaban en la demencia más horrible. Y cabe la posibilidad de que sea una demencia divertida...
martes, 17 de junio de 2014
MEMENTO MORI
Entre las líneas del
libro de Max Zoster aparece un fragmento inquietante: “En las librerías olvidamos que vamos a morir”. Quiero levantar la vista de las palabras y me
doy cuenta de dónde estoy. Voy conduciendo por la Ruta de la Plata. En la radio
hay un concurso sobre frases en latín: “¿Qué
frase repetía el sirviente al general que entraba triunfante en Roma después de
una campaña victoriosa?”. Me propongo participar y enviar la respuesta.
Cuando llego a casa, ya por la noche y muy cansado, busco en la página web de
la cadena de radio y no soy capaz de encontrar ni el programa ni el concurso.
Utilizo el buscador de la página y encuentro otro certamen de microrrelatos. Me
llama la atención lo extraño del premio: cien libros en papel. Entonces pienso
que el premio puede ser una condena para muchos. Nadie participará en el
concurso. Ya me veo ganador, coronado con el laurel... ¿Quién va a querer llenar
su casa con cien objetos pesados pudiendo tener toda esa información con un solo
clic? Debido al cansancio, doy una cabezada frente a la pantalla. Max Zoster me
susurra: “Lee y olvida que vas a morir”.
martes, 10 de junio de 2014
ESTILOS MATEMÁTICOS
En los libros de texto de matemáticas encontramos alguna
referencia a su historia, algún cuadro biográfico que nos explica quién fue el
descubridor de tal o cual método o alguna curiosidad sobre cómo nació un
determinado problema. Más raro es que aparezcan mencionadas las discusiones
teóricas que genera la praxis matemática. Los libros de texto no pueden abarcar
todas estas dimensiones. Aunque algunos explican los tipos de demostraciones y
los procedimientos lógicos básicos, deben ceñirse a la exposición de las
nociones centrales y a la resolución de ejercicios.
La
matemática es mucho más que un conjunto de problemas y de métodos. Es
pensamiento, creación de conceptos. Si nos adentramos en la praxis matemática,
no sólo hallamos rutinas operatorias, algoritmos o demostraciones formales. La
filosofía de la matemática y la historia del pensamiento matemático nos pueden
acercar a la complejidad de su contexto epistémico y social. Javier de Lorenzo,
matemático y catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad
de Valladolid, ha dedicado varias obras a esa tarea. Acaba de publicar en la
editorial Nivola (2014) el libro “Estilos matemáticos en los inicios del siglo
XX.”
La
filosofía de la matemática, según el autor, sólo la pueden llevar a cabo los
matemáticos, porque sólo ellos pueden conocer la dinámica real, concreta, de la
que brotan las verdaderas encrucijadas conceptuales. Para Javier de Lorenzo el
Hacer matemático es sobre todo una praxis creativa y plural:
“(…) el
Hacer matemático no está dado de una vez y para siempre, no se encuentra en un
mundo que nadie sabe muy bien cómo es y cómo se accede al mismo: los
matemáticos en su trabajo, van creando nuevas formas de hacer matemática
elaborando nuevos conceptos, nuevos métodos de definición, nuevas formas de
demostración y de razonamiento, manifestando nuevos estilos expresivos…”
A finales
del siglo XIX y principios del XX dialogan dos formas de hacer matemática, dos
Programas-marco. Se pasa de un Hacer Figural, finitista y constructivo, a un
Hacer Global, conjuntista y existencial. Y es en los Congresos Internacionales
de Matemáticos donde se hacen propuestas de futuro, valoraciones y se plantean
retos.
A lo largo
del siglo XIX aparecen problemas interesantes en geometría, análisis,
aritmética y álgebra: números imaginarios y complejos, geometría proyectiva y
no-euclídea, funciones y representación, funciones teratológicas, discretizar
el continuo... Enfrentarse a estos asuntos implica debatir sobre cuestiones
ontológicas y epistemológicas, es decir, sobre qué es y cómo puedo conocerlo.
El concepto de número se va ampliando. Para
unos, los números imaginarios son ficciones útiles, meros símbolos para seguir
operando; para otros son entidades reales, al mismo nivel que los números
naturales. También se amplía lo que entendemos por geometría, por espacio. La
construcción de las geometrías no-euclídeas obliga a trabajar con conceptos que
no son ya el punto y la línea. Y en el ámbito de las funciones surge el
problema de la representación. Hay funciones que son difíciles de definir, de
clasificar y de representar.
Para asumir
los nuevos tipos de números había que cambiar las condiciones necesarias
implicadas. Esta ampliación de condiciones suponía una ampliación ontológica, o
al menos operacional. Poco a poco se va a llevar a cabo un giro, una inversión.
Primero se establecen condiciones formales y luego se van derivando los entes
individuales que pueden existir. El programa formalista, axiomático, parte de
totalidades y define estructuras. El nuevo Hacer Global que surge a finales del
XIX utiliza la noción de conjunto y la de infinito actual. A principios del XX
esta nueva forma de trabajar generará ciertos problemas, como las paradojas,
sobre todo si se pretende fundamentar completamente la matemática desde la
lógica. Para Javier de Lorenzo hubo crisis en el logicismo, no en la praxis
matemática.
Javier
de Lorenzo nos describe dos Programas-marco, dos formas de hacer matemática que
incluyen dos concepciones de la labor del matemático, de su papel en la
sociedad. Para Poincaré la matemática es creación, construcción, nunca cerrada
definitivamente. El matemático desarrolla su praxis en conexión con otros
ámbitos, como la filosofía, la física, la estética y la ética. Para Poincaré,
la actividad matemática es esencialmente creativa, se nutre de analogías y
aporta analogías útiles a otros campos del saber. Hilbert, por el contrario, se
centra en un hacer matemático que tiende a automatizar el pensamiento. Partimos
de axiomas y definiciones que establecen lo que es pensable y abordable. Desde
este enfoque, el matemático se aleja de otros campos del saber y se limita a
derivar hileras de símbolos sin caer en contradicciones. Y entre dos aguas, la
Escuela de París, Borel, Lebesgue…
lunes, 2 de junio de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XI: LA PENUMBRA
Cree el dinosaurio que sus pisadas son imprescindibles y que nada puede existir sin su sombra. Cree el dinosaurio que el roedor, por ser pequeño, no sabe construir nuevos senderos, quizás de libertad. El dinosaurio no concibe un mundo sólo de roedores. No sabrán qué hacer con sus vidas y se devorarán unos a otros. El roedor se mueve demasiado. Es impredecible, frente a la estabilidad del gran organismo que todo lo absorbe y todo lo puede. El roedor es un desagradecido porque no sabe reconocer la sabia protección del gran bicho. No sabe disfrutar de las grandes pisadas, incomprendidas, del dinosaurio. Pero lo que ignora el de grandes huesos es que la inteligencia siempre ha iluminado las noches oscuras y que cuando llegue la gran piedra del cielo sólo vivirá el silencio del pensamiento.
martes, 13 de mayo de 2014
TRANSITAR POR LA FRONTERA
Cuando pensamos que todo está dicho y hecho es cuando se
puede ser original. Precisamente por eso nos sorprenden los grandes artistas y
los mejores científicos. Cuando ya nadie espera nada en un determinado campo,
aparece una mente que se atreve a crear algo nuevo.
Se viene
hablando de la crisis de la novela desde hace varias décadas. Pero cada vez que
estábamos tramitando los papeles de tan sensible pérdida, surgía algún
insolente con algo raro en sus folios. ¿Cómo sabe uno que está ante algo
realmente nuevo? Lo sabe porque experimenta una incertidumbre y un desasosiego
fuera de lo normal al intentar juzgar lo que está leyendo o contemplando. La
estética de la recepción se encarga de este asunto tan moderno. A los griegos
les preocupaba más cómo definir lo bello, lo bueno y lo verdadero. A nosotros,
los postmodernos, nos inquieta saber reconocer lo nuevo.
El primer
libro que leí de Enrique Vila-Matas fue Doctor
Pasavento. Estuve a punto de abandonar la lectura cuando llevaba menos de
cien páginas. No sabía qué estaba leyendo. No sabía si era un ensayo, una
novela o una biografía. Y fue esa incertidumbre la que me obligó a reconocer
que estaba en presencia de un sendero creativo nuevo. Lo mismo puede ocurrirnos
con la lectura de La parte inventada,
de Rodrigo Fresán, una novela construida con bucles narrativos, con la
descripción de esa misma escritura y con el juego de las perspectivas.
Para
iniciar un nuevo sendero creativo el artista y el científico tienen que
transitar por las fronteras. Las novelas que he mencionado son arriesgadas,
temerarias, porque utilizan recursos literarios propios de otros géneros,
literarios o artísticos. Y es esa mezcla de géneros la que te invita a seguir
leyendo para descubrir dónde situarnos. Esas formas de narrar son más exigentes
con el lector y más divertidas. En las artes no hay nada más aburrido que ver
delante un camino bien señalizado y con un plano detallado.
Transitar
la frontera conlleva siempre una nueva filosofía del arte o de la ciencia. Las
vanguardias nos interrogan sobre la misma esencia del arte y nos proponen
definiciones nuevas. Algunos críticos literarios dirán que lo que ha escrito
Fresán en La parte inventada o
Vila-Matas en Kassel no invita a la
lógica no son realmente novelas. Del mismo modo, el poeta Antonio Hernández
en Nueva York después de muerto realiza
una reflexión poética abierta. Ya no sabemos si leemos poesía, pero no nos
importa porque el escritor nos ha proporcionado ese algo que no sabemos adónde conduce.
Varios
artistas están utilizando el conocimiento científico, biológico, y los
procedimientos de los laboratorios para crear. Es el caso de The Tissue culture
and Art Project, Marta De Menezes, Joaquín Fargas, etc. Son proyectos polémicos
porque sus obras no son cuadros, no son esculturas, no posibilitan una
experiencia estética en el sentido clásico, tampoco es mero arte conceptual,
pero no es sólo ciencia ni sólo tecnología. Extraños artefactos…
Los
senderos creativos surgen cuando somos capaces de trasladar una estructura de
un campo de la experiencia a otro. El matemático francés Henri Poincaré lo
señaló en varias de sus obras sobre teoría del conocimiento. Para crear hay que
saber establecer analogías. La matemática capta estructuras y ayuda a ver
analogías en otros terrenos, como la física o la biología. Avanzar en la
investigación implica saber reconocer esas analogías. Ya nadie discute el papel
central que tienen las metáforas en las ciencias.
No es lo
mismo la investigación física que la literatura. Sin embargo, en todos los
campos del conocimiento es preciso mezclar si queremos avanzar. Algunos de los
teoremas matemáticos más difíciles obtuvieron solución porque alguien se
atrevió a conectar diferentes ramas de la matemática. Y los artistas originales
han sabido mezclar técnicas y materiales aparentemente muy distantes.
¿Cómo establecer esas analogías? ¿Cómo
conectar lo que no estaba conectado? ¿Cómo construir buenas metáforas? El
creador que transita la frontera tiene que observar, experimentar y luego
mezclar. Intervienen dos tipos de procesos, conscientes e inconscientes. O
mejor, dos dimensiones. Este ruinoso mecanismo
de pensar (Hölderlin) se nutre de experiencia y luego trabaja y trabaja
hasta que, sin saber cómo o sabiendo cómo, algo encaja.
http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1771503/transitar/por/la/frontera.html
martes, 8 de abril de 2014
SINTETIZAR, DISEÑAR Y CREAR
“Un equipo internacional ha sintetizado un cromosoma
funcional de la levadura” (Investigación y Ciencia). Los científicos han
buscado el genoma mínimo para que un organismo sea viable. Eliminando los genes
innecesarios podemos diseñar microorganismos con un genoma más corto, con menor
coste energético: bacterias o levaduras optimizadas, útiles para la química y los
biocombustibles, por ejemplo. La manipulación de los genes no esenciales del
organismo permite introducir modificaciones para un propósito determinado. En
el caso de las levaduras, han observado que se puede acelerar o retardar su
crecimiento. En 2010 ya se logró reconstruir el genoma completo de un organismo
procariota. Ahora han demostrado que también se puede realizar en células
eucariotas.
Quizás todo
empezó hace unos 10.000 años, cuando aquellos cazadores-recolectores observaron
que los granos que caían al suelo por casualidad, en los alrededores bien
abonados de sus pequeños poblados, daban lugar a una planta nueva y mejor,
porque ellos siempre recogían las mejores espigas… Hace miles de años que
comenzamos a modificar especies, a realizar una selección artificial. Las
espigas de trigo del Neolítico son muy diferentes de las de hoy. Y lo mismo
ocurre con los perros, las vacas, los gatos… A nadie le extraña que el
agricultor sólo siembre las mejores semillas o que sólo críe el mejor ganado.
Desde hace siglos consumimos frutos y carne que no existirían si no fuera por
la acción técnica de los seres humanos.
La
distinción entre lo natural y lo artificial es una de las más difíciles de
establecer. Si por artificial entendemos lo que ha sido transformado por el ser
humano, entonces todo es artificial y no hay ya nada natural. Porque
transformar puede significar: modificar, alterar, seleccionar, construir o
sintetizar.
Somos
capaces de talar un árbol, podarlo, trasplantarlo, realizar un injerto, sembrarlo,
modificar su ADN y diseñar una especie nueva. En todos estos procesos
interviene la racionalidad humana. Utilizamos el saber que nos proporcionan la
experiencia práctica y el conocimiento científico para conectar medios y fines.
Cuanto más sabemos de la naturaleza mayor es el grado de transformación que
podemos llevar a cabo.
Quizás hace
10.000 años alguien se asustó ante la posibilidad de sembrar trigo donde
quisiera y cuantas veces quisiera: “Hemos cambiado el curso sagrado de los
acontecimientos”. Pero, como necesitaban más trigo y más carne, otros dijeron:
“Los dioses nos otorgaron estómago y manos…”
El
conocimiento técnico nos permite saber lo que podemos hacer; la reflexión ética
se pregunta si lo debemos hacer. Los ciudadanos tenemos necesidades materiales
ineludibles. Todos los habitantes del planeta queremos comer, tener vivienda y
curar las enfermedades que nos hacen sufrir. El conocimiento científico ha ido
mejorando nuestros procesos técnicos para producir alimentos o curar nuestras
dolencias.
Lo que nos
asusta es la incertidumbre. El agricultor de hace 10.000 años dudó durante un
tiempo. No sabía si el trigo que él sembraba tenía las mismas propiedades que
el silvestre. Probó y vio que no ocurría nada. Es la misma incertidumbre que
experimentamos hoy cada vez que leemos que se ha sintetizado algo vivo en un
laboratorio. No sabemos si estamos asumiendo muchos riesgos al utilizar esos
medios técnicos. No sabemos cuánto hay que esperar para ver si ocurre algo con
las especies genéticamente modificadas.
¿Quién está capacitado para realizar esa reflexión ética? Cualquier ciudadano puede participar en un diálogo sobre sus necesidades. Así, todos podemos discutir sobre cómo distribuir los recursos para investigar. Sin embrago, dada la complejidad de los conocimientos técnicos que intervienen en cada caso, es preciso que sea la comunidad científica la que inicie esa reflexión y la traslade, de forma precisa y clara, a la ciudadanía. La evaluación ética de los procesos tecnológicos exigirá una buena comunicación científica y un buen manejo de las teorías éticas (criterios racionales para establecer qué nos conviene como ciudadanos).
¿Quién está capacitado para realizar esa reflexión ética? Cualquier ciudadano puede participar en un diálogo sobre sus necesidades. Así, todos podemos discutir sobre cómo distribuir los recursos para investigar. Sin embrago, dada la complejidad de los conocimientos técnicos que intervienen en cada caso, es preciso que sea la comunidad científica la que inicie esa reflexión y la traslade, de forma precisa y clara, a la ciudadanía. La evaluación ética de los procesos tecnológicos exigirá una buena comunicación científica y un buen manejo de las teorías éticas (criterios racionales para establecer qué nos conviene como ciudadanos).
viernes, 4 de abril de 2014
ÉTICA DE ROEDORES X: DILUIRSE.
Sabe el filósofo que todo podría haber sido al revés, que nada importa y que más vale que el olvido haga su trabajo. El arte de desaparecer es la única estrategia si quiere uno salir ileso entre tanta pisada de dinosaurio imprudente. No dejar rastro, ésa es la forma de habitar. Realizar acciones que se diluyan por su misma naturaleza.
martes, 11 de marzo de 2014
TIEMPO, MEMORIA Y CIENCIAS
La poesía no habla sobre el tiempo: muestra el tiempo. Los poetas acuden al ritmo, a las metáforas y a la rima para hablar del mundo, para describir lo que hay y lo que no hay, lo cotidiano y lo extraordinario. Y ese hablar es el tiempo.
Todas las artes muestran el tiempo. El músico modela los sonidos a través del tiempo. En una composición bella el ritmo y la duración de los sonidos son manejados con inteligencia y sensibilidad. En la pintura y la escultura el artista refleja el movimiento y la quietud, dos formas de la materia imprescindibles para que el tiempo se muestre, aparezca. También el novelista debe dominar los ritmos de la narración. Incluso el estilo literario es una cuestión de tiempo, de proyecto vital, de abrir espacios de posibilidades. Porque el estilo no sólo es una forma de redactar, como algunos creen, es una forma de estar en el tiempo a través de la escritura.
Hablar sobre el tiempo es una tarea imposible, pero mostrarlo no. Ya nos lo advirtió San Agustín de Hipona, si no me lo preguntan lo sé, si me lo preguntan no lo sé. Mostramos el tiempo usándolo, gastándolo, perdiéndolo, recordando,... Mostrarlo es fácil. Mostrarlo con belleza no tanto. Sólo los artistas lo intentan.
¿Y definirlo? ¿Es realmente una labor condenada al fracaso? Los encargados de las definiciones son los filósofos y los científicos. La dificultad de definir el tiempo se hace evidente por la necesidad que tiene el filósofo de recurrir a metáforas y comparaciones. San Agustín capta esa sensación interna del tiempo que todos podemos experimentar con la expresión distentio animi. Según otros filósofos el tiempo es una estructura o forma del sujeto. Para Kant esta forma es la condición de posibilidad, junto con el espacio, de toda experiencia. Se trataría de una estructura que da orden a lo que nos llega de fuera. Y los científicos pretenden explicar qué es la flecha del tiempo o la curvatura del espacio-tiempo. Si preguntamos a un físico, nos dirá que el tiempo es lo que nos muestran la ecuaciones de la teoría de la relatividad y las leyes de la termodinámica.
Una de las definiciones de ser humano que más extrañeza provoca es la que dice que somos un ser-para-la-muerte. Extraña porque anuncia lo inexorable, lo temido, la oscuridad y la nada. Quizás no haya otro ser que sea consciente de su radical finitud. Por eso dicen los existencialistas que somos tiempo. Y no cualquier tiempo; somos ante todo futuro, proyecto de ser algo que todavía no somos. Somos tiempo arrojado hacia adelante. Conceptos como el de evolución, progreso o desarrollo dialéctico han ido apareciendo en la obra de los grandes pensadores. Anhelaban hallar esa lógica del tiempo, tanto individual como colectivo.
Imaginen que todas estas cuestiones las investigara un solo pensador... En la obra de David Jou confluyen intereses científicos, poéticos y filosóficos. Es catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado sobre la termodinámica de los procesos irreversibles y ha escrito varios libros de poesía. Hace unos años visitó Jerez para impartir una conferencia en el seminario dedicado a la relación entre literatura y ciencia, en la Fundación Caballero Bonald.
Su último libro se titula El laberinto del tiempo. Tiempo y memoria en la vida y el universo (Editorial Pasado y Presente 2014). David Jou aborda el tiempo y la memoria desde todas las disciplinas científicas. Encontramos capítulos que tratan sobre biología, sobre física, sobre cosmología, genética o neurología. El hilo conductor de este análisis tan plural es una serie de conceptos que vienen de lejos: identidad, permanencia, muerte, evolución, determinismo, progreso, medida, creación, reversibilidad,... En cada párrafo el autor integra de forma magistral la sensibilidad poética, la reflexión filosófica y el análisis científico. Es un texto ideal para un proyecto educativo humanista, para la tercera cultura, como diría Francisco Fernández Buey.
martes, 11 de febrero de 2014
TERCERA CULTURA Y CULTURA CIENTÍFICA
Existen dos tipos de opiniones sobre el valor de los
diversos conocimientos en nuestras sociedades, dos puntos de vista extremos que
reflejan el viejo problema de las dos culturas y su incomunicación. Unos dicen:
“Si no has leído el Quijote, eres un inculto; si no sabes explicar la teoría de
la selección natural de Darwin, no importa, eso es para los científicos”. Sin
embargo, otros replican: “Si no sabes matemáticas, no sabes realmente nada; uno
puede vivir sin conocer la historia del arte o la filosofía porque no aportan
nada útil”.
Desde hace
décadas se habla de la necesidad de una tercera perspectiva, una tercera cultura,
que sería la síntesis ideal, una forma de valorar los conocimientos muy
distinta: “No puede haber buenos científicos si no son humanistas; no puede
haber buenos humanistas si no conocen las principales teorías científicas”. El
problema de fondo no es simplemente qué conocimientos son importantes para los
especialistas, sino también qué tipo de cultura general debe manejar un
ciudadano.
El
especialista, como es obvio, necesita dominar un área muy concreta, muy
delimitada, si desea aportar algo nuevo. Pero para que este saber especializado
tenga sentido es preciso que el científico, natural o social, conozca las
teorías e ideas fundamentales de la comunidad científica general. La carencia
de una visión global implica desorientación y, a la postre, falta de eficacia
en el terreno propio. El biólogo o el físico, además de trabajar para obtener
un reconocimiento académico o registrar una patente, debe comprender qué
función desempeñan sus investigaciones dentro del sistema tecnocientífico y en
su sociedad.
Los
ciudadanos, es decir, todas los personas, tengan el oficio que tengan, además
de las destrezas propias de su vida laboral y doméstica, necesitan una cultura
general para poder seguir siendo ciudadanos. Esta cultura general incluye la
lectura del Quijote y la teoría de la selección natural de Darwin. Hasta ahora
parecía evidente que el ciudadano bien formado era el que conocía los clásicos
de la literatura, las corrientes artísticas o los momentos históricos
importantes. Hoy ese concepto de cultura resulta incompleto, insuficiente.
Los Estados
invierten grandes cantidades de dinero en programas de I+D+i, investigación,
desarrollo e innovación. Estos planes determinan nuestra economía. Si no
entendemos en qué se investiga y para qué, no podremos ejercer ninguna actividad
crítica y será muy difícil diseñar mecanismos de participación ciudadana para
decidir sobre nuestro futuro. Tampoco podremos entender los problemas morales
que generan las nuevas tecnologías, como la ingeniería genética o la
nanotecnología.
La tercera
cultura traerá, entonces, científicos y ciudadanos críticos, capaces de
integrar los distintos conocimientos con el fin de alcanzar la visión global
necesaria para seguir investigando con sentido y decidiendo con autonomía. No
es difícil encontrar buenos ejemplos de intelectuales que hayan intentado
construir con sensatez esa tercera cultura.
El filósofo
palentino Francisco Fernández Buey nos ha dejado, sin acabar, un libro editado
por Salvador López Arenal y Jordi Mir: Para
la tercera cultura. Ensayos sobre ciencias y humanidades (El Viejo Topo.
2013). En el texto analiza las raíces del debate entre ciencias de la
naturaleza y ciencias del espíritu en el pensamiento europeo moderno. También
nos expone los intentos actuales de construir esa tercera cultura. Y llama la
atención cómo, lejos de haberse logrado esa integración ideal, sigue
repitiéndose el viejo esquema. Algunos científicos naturales piensan que sólo
ellos serán capaces de realizar esa síntesis. Y algunos humanistas creen que esa
visión global sólo la poseen los científicos sociales...
martes, 21 de enero de 2014
ALAN TURING, PERDONADO.
Después de
sesenta años de su muerte, Alan Turing (1912-1954) ha recibido el perdón real.
Esta es la noticia que hemos podido leer últimamente en varios periódicos. El
delito que cometió el gran matemático y filósofo fue ser homosexual. Para no ir
a la cárcel se le ofreció la alternativa de la castración química, que aceptó.
A los dos años apareció muerto en su laboratorio tras comer una manzana
impregnada de cianuro. Según la versión oficial, fue un suicidio. Otros
historiadores hablan de una equivocación, debido al desbarajuste de su
laboratorio. Y otros mencionan la palabra asesinato, porque sabía demasiado.
Las víctimas
de esas leyes intolerantes, injustas y homófobas han sido muy numerosas y
merecen la misma amnistía. Si Turing ha recibido tanta atención en la prensa,
se debe a que estamos ante uno de los principales matemáticos y pensadores del
siglo XX. Sus investigaciones cambiaron el rumbo de nuestra sociedad, y no sólo en el plano científico.
En 1936
publicó un artículo en el que se definía de forma precisa qué es un algoritmo
(On computable numbers, with an application to the Entscheidungsproblem). El problema
de fondo era la decidibilidad: si existía un procedimiento para resolver todos
los problemas planteados en los sistemas formales. Un algoritmo es un conjunto
finito de pasos que nos permite, dada una entrada (input), obtener una salida
(output). Turing definió este tipo de procedimientos a través de su concepto
formal de máquina. Otros matemáticos, como A. Church, formularían definiciones
equivalentes. Quedó claro qué es computar y sus límites.
Dados su
conocimientos en computación, las autoridades británicas lo reclutaron para
intentar descifrar los mensajes que codificaba ENIGMA, una pequeña máquina para
generar órdenes en clave entre los submarinos de Hitler. Turing pudo poner en
práctica sus conocimientos matemáticos y, tras descifrar el código de los
alemanes, adelantó el final de la guerra, lo que evitó más muerte y
destrucción.
En 1950
publicó otro artículo fundamental para la historia de la informática y de la
filosofía (Computing machinery and intelligence). En ese texto se planteaba la
posibilidad de construir inteligencia artificial (IA), ordenadores capaces de
pensar como un ser humano. La máquina universal de Turing se presentaba como
una máquina capaz de ejecutar cualquier programa, cualquier conjunto de
instrucciones expresadas con precisión. Ahora bien, definir qué es pensar y qué
es inteligencia no era tan sencillo. ¿Cómo saber si un ordenador piensa,
razona? ¿Cuándo sabremos que hemos obtenido inteligencia artificial? Turing
propuso el juego de imitación, lo que hoy conocemos como el Test de Turing.
Imaginemos
que nos comunicamos a través de un teclado con dos sujetos que hay detrás de
una pared, ocultos. Uno de ellos es una persona y el otro un ordenador. Podemos
preguntar lo que queramos a cada uno de ellos. El día en que seamos incapaces
de identificar con certeza absoluta al ordenador habremos obtenido inteligencia
artificial.
Por último,
en un artículo de 1952 (The chemical basis of morphogenesis), Turing abrió otro
campo de investigación básico en la actualidad, la morfogénesis. Comenzó a
aplicar las matemáticas al surgimiento de estructuras en los seres vivos.
En
castellano disponemos de varias biografías sobre Turing. En 2013 acaba de
publicarse en la editorial Turner “Alan Turing. El pionero de la era de la
información.” de B. Jack Copeland, uno de los grandes expertos en la historia
de la inteligencia artificial y en la obra de Turing. En la editorial Nivola,
Rafael Lahoz-Beltrá ha publicado en 2005 “Turing. Del primer ordenador a la
inteligencia artificial.” Y en Antoni Bosch Editor apareció en 2007 “Alan
Turing. El hombre que sabía demasiado.” de David Leavitt.
viernes, 3 de enero de 2014
PIEDRAS Y ÁRBOLES
Cuando los entendidos discuten sobre si el aborto es un derecho o no, parece que hablan de piedras o árboles. Sin embargo, las sucesivas generaciones de derechos no fueron descubiertas, sino construidas, en sentido ético y político. Los derechos siempre hablan de proyectos, es decir, de futuro, de lo que queremos hacer con nuestras vidas. Y todas las generaciones de derechos tienen algo en común: fueron propuestas para ensanchar nuestra autonomía.
viernes, 20 de diciembre de 2013
PARA LA EXPOSICIÓN "BANDERAS" DE ANTONIO GUERRERO, PRIEGO DE CÓRDOBA.
Dibujar la
bandera republicana es trazar un deseo radical: con lo mínimo
representamos lo máximo. Los puntos configuran los colores de la
libertad; son sueños de personas que hablaron de nuestros derechos y
de esa justicia social que tarda en llegar. Allí donde hay un sueño
de humanidad, allí donde hay deseos de mundos mejores, allí
aparecen estas tres franjas de optimismo.
Dibujar las líneas de la libertad implica imaginar lo que no tiene lugar, lo anhelado por imposible y necesario. Los puntos, con sus espacios asociados, definen una sociedad diseñada con el lápiz de la razón ilustrada, donde cada ciudadano dibuje su vida como quiera. No trazamos líneas en el espacio porque las líneas son el espacio. El pueblo no proclamará la libertad porque el pueblo es la libertad.
Dibujar
es definir con muy poco. Max Zoster solía decir que el dibujo le
servía para esconderse entre la delgadez de las líneas. Quizás ésa
sea su esencia: construir espacios de libertad donde habitar. Los
pliegues del espacio, definidos con lo mínimo, hacen posible que
nuestra mirada se extravíe entre tantas idas y venidas. Rojo,
amarillo y morado, figura y fondo, junto y separado; bastan estas
oposiciones, estas formas de luz, para atravesar el papel y generar
un bucle perceptivo. El trazo puede mostrarnos un fragmento del
infinito.
martes, 10 de diciembre de 2013
VIDA, CIENCIA Y SOCIEDAD.
Se ha hallado el ADN humano más antiguo
de la Historia en la Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos). La colaboración
entre el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y el Equipo de
Atapuerca ha permitido secuenciar el genoma mitocondrial de un fémur de unos
400.000 años (Pleistoceno Medio). Dada la degradación de los restos, se ha
requerido el uso de nuevas técnicas analíticas. El equipo del Instituto Max
Planck ya había logrado secuenciar el ADN de un oso de ese mismo yacimiento.
Este ADN humano ha sido comparado con
el ADN de otras especies cercanas: humanos actuales, simios, neandertales y
denisovanos (restos de homínidos encontrados en Denisova, Siberia). Los
denisovanos son parientes lejanos de los neandertales. Se separaron hace unos
700.000 años. Los análisis muestran, según la revista Nature, que los restos de
Atapuerca están más cerca de los denisovanos que de los neandertales. (Fuente:
Museo de la Evolución)
Dos gramos de polvo del hueso de un fémur
y la colaboración de varias instituciones científicas han sido suficientes para
alcanzar esos resultados. La
investigación básica que ha hecho posible este proyecto tiene una larga
historia y se ramifica en múltiples disciplinas. Para explicar el origen del
ser humano estamos necesitando antropólogos, paleontólogos ecólogos, físicos, y
biólogos moleculares. Las técnicas experimentales nacidas en un campo de
investigación están dando resultados en otro muy diferente.
La respuesta de los ciudadanos ante este
proyecto es muy positiva. El hecho de que se trate de investigaciones que
trabajan con ADN parece que en este caso no plantea problemas porque sólo
analizan, identifican y clasifican; no modifican el material genético de esos
seres vivos.
La
percepción social del uso de los resultados de la biología molecular y de la
biotecnología no suele ser tan positiva en campos como la producción de alimentos
transgénicos o la terapia génica sobre células germinales. Gran parte de los
ciudadanos está muy alerta ante los peligros que podría traernos la
manipulación del ADN de las especies. Ese miedo a lo impredecible y desconocido
pesa más que los beneficios concretos en la producción de alimentos. En lo que
respecta a las terapias, solemos aceptar muy bien las intervenciones que no
afectan al futuro de la especie. Pesa más el miedo a manipular la especie
humana y a desencadenar procesos irreversibles que la posibilidad de evitar que
ciertas secuencias genéticas indeseables se transmitan a las siguientes
generaciones.
José María Seguí Simarro en su libro Percepción social y divulgación de la
biotecnología (Universitat Politècnica de València. 2011) expone muy bien
los factores que intervienen en la visión que tienen los ciudadanos de las
biotecnologías. Analiza los resultados de las encuestas realizadas en Europa
(Eurobarómetros), los aspectos ideológicos y sociales que confluyen en estos
debates y el papel decisivo que desempeña la divulgación científica. Muy
interesante es la tabla de los principales hitos de la biología molecular y la
biotecnología: comienza en 1902 con el primer cultivo in vitro de células
vegetales (G. Haberlandt) y termina con la creación de la primera bacteria con
genes sintetizados artificialmente en 2010 (The J. Craig Venter Institute).
Diario de Jerez, 10 de diciembre.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
ÉTICA DE ROEDORES IX: CIUDADES SIN CIUDADANOS
Los pasajes comerciales construidos dentro de las ciudades imitan calles. Son calles artificiales dentro de las ciudades. Esta disposición del espacio estaba prevista para generar un nuevo tipo de vida, la del consumidor universal. Pero pronto se quedó pequeña esa estrategia. Mejor construir una ciudad con calles y plazas, con fuentes y bancos. Han surgido las ciudades sin ciudadanos. Si para Sócrates no tenía sentido vivir fuera de su ciudad, que le permitía desarrollar las virtudes y el bien común, ahora, para nosotros, no tiene sentido vivir al margen de las ciudades sin ciudadanos.
domingo, 17 de noviembre de 2013
CEREBROS EN TONELES
Somos redes neuronales capaces de volverse sobre sí
mismas, de pensarse. El camino evolutivo que hemos seguido ha dado lugar a
estos cerebros, con miles de millones de neuronas y billones de conexiones. Somos
seres conscientes: nos damos cuenta de que pensamos, sentimos, vivimos...
Las personas
realizamos reflexiones de segundo orden. No es lo mismo elaborar una teoría
sobre los átomos que pensar cómo es posible elaborar una teoría sobre los átomos.
No es lo mismo pintar un cuadro que pensar sobre qué significa que un cuadro
sea bello. Todas estas reflexiones trabajan con conceptos. Y los conceptos se
enlazan mediante argumentos.
Cuando todo
funciona bien, parece que estas reflexiones de segundo orden son innecesarias.
Sin embargo, cuando surge una dificultad, algo que no encaja, comenzamos a
plantear cuestiones para aclararnos. Así, hemos presenciado cómo las
vanguardias artísticas nos llevaron a pensar seriamente qué es una obra de
arte. La física cuántica provocó un intenso debate sobre los límites del
conocimiento humano.
Y llegamos a la
educación. Siempre ha sido un asunto enrevesado. Desde el momento en que un ser
humano pretende modificar la conducta de otro ser humano surgen problemas. Que
en una habitación de pocos metros cuadrados haya treinta organismos dispuestos
a modificar su conducta siguiendo lo que dice otro organismo es un hecho que
implica a toda una civilización.
Uno de los retos
de la teoría de la educación es el de su naturalización. Es imposible entender
qué significa educar si dejamos a un lado la teoría de la evolución y la
neurociencia. Si queremos mejorar nuestros sistemas educativos, tendremos que
utilizar esos conocimientos científicos. Sabemos que toda pedagogía contiene
una idea de ser humano. Y aunque es cierto que todas nuestras reflexiones se
han gestado en la tradición humanista europea, hoy debemos explicarnos desde
las teorías científicas. Lo difícil será obtener un discurso coherente que
integre lo esencial de esas disciplinas sin desembocar en el reduccionismo o en
la dispersión de datos.
Estos senderos
de reflexión sobre el conocimiento, la educación, las ciencias y el arte
arrancarán de lecturas de divulgación científica y filosófica. A lo largo de
estas líneas aparecerán mencionados libros que han sido publicados
recientemente y libros que vieron la luz hace años. Estos senderos comunicarán
unos libros con otros tomando como hilo conductor los conceptos que hoy
necesitan ser revisados. Y, como pensar es crear, conectaremos ideas
procedentes de diferentes ámbitos de la experiencia. Y, como crear es
comunicar, utilizaremos los géneros y recursos literarios necesarios.
Quizás sólo seamos cerebros conservados en
toneles, de oloroso, controlados por un ordenador que nos suministra estos
mundos mediante impulsos eléctricos aplicados a nuestra corteza cerebral.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
LO QUE NO SOMOS
“Estamos tan acostumbrados a tratar con objetos
de nuestra escala, que las teorías de los físicos actuales nos aturden. Los
artistas sabemos lo que significa captar mucho con poco. Quizás nuestros
cerebros sean incapaces de representar quarks o la curvatura del
espacio-tiempo.” Así respondía Max Zoster, artista y filósofo, a un periodista
mientras conversaban sobre el concepto de sublime en el arte contemporáneo...
Los seres
humanos nos definimos desde nuestra perspectiva, como seres que habitan la realidad, seres que viven entre lo
muy pequeño y lo muy grande. El mundo donde vivimos se nos presenta como la
dimensión donde las cosas muestran su esencia. Si descendemos hasta los
protones y neutrones o ascendemos hasta los cúmulos de galaxias, los objetos se
nos van de las manos. En lo microscópico las cosas se deshacen y dejan de ser
lo que son Y lo mismo ocurriría si accedemos a lo inmenso. Las grandes
distancias o velocidades distorsionan ese ser propio de las cosas. Al
acercarnos con un microscopio potente al borde de un objeto descubrimos que no
hay tal borde. Cuanto más nos acercamos, más borroso se vuelve, una niebla
difusa de electrones, mezclada con la tenue niebla de las partículas de aire
circundante.
La
ontología de la vida cotidiana ha sido siempre puesta en duda, desde Demócrito
en la antigua Grecia hasta los grandes experimentos de los aceleradores de
partículas. Siempre nos ha intrigado que las cosas existan, que exista algo en
lugar de nada. Y nos ha irritado darnos cuenta de que somos algo pero que bien
podríamos haber permanecido en la nada. Pero las viejas nociones de ser y
no-ser han sufrido una radical transformación desde los descubrimientos de la
física cuántica y la teoría de la relatividad.
Meinard
Kuhlmann, físico y filósofo, plantea en un artículo de la revista Investigación
y Ciencia (Octubre 2013) qué entiende por real la física de partículas. Las
partículas elementales no son como bolas de billar. No tienen trayectorias
continuas. No tienen propiedades individuales bien definidas. Y no podemos
decir de forma absoluta que hay o no hay partículas. Se habla del vacío
cuántico. Incluso el concepto de campo ha sido transformado. El campo cuántico
no es un espacio definido de valores concretos, sino un espacio de cantidades
posibles. La ontología tradicional que habla de objetos individuales
localizables y con propiedades definidas no sirve. Por esa razón algunos
filósofos de la física sostienen que la realidad está configurada por
relaciones, estructuras. Conceptos como el de simetría o entrelazamiento
cuántico, muestran que para pensar la realidad conviene describir relaciones
globales. No hay objetos con propiedades, sino que las propiedades y relaciones
son lo que llamamos objetos.
Lawrence M.
Krauss, cosmólogo formado en el MIT, ha escrito Un universo de la nada (Ediciones Pasado y Presente. 2013). El
libro explica las últimas teorías cosmológicas, en las que él ha participado de
forma significativa. Para describir cómo surgió nuestro universo y qué ocurrirá
con él, también hay que revisar nuestra ontología. Se nos muestra un universo
de geometría plana, un universo que se expande de forma acelerada. La
confirmación experimental de esta descripción ha exigido ajustar ciertas
cantidades del universo. La materia visible no es suficiente: hay mucha materia
oscura. Y el vacío no está tan vacío: tiene energía. Además, constantemente se
crean partículas y antiparticulas que en un espacio de tiempo infinitesimal se
anulan. El autor explica muy bien la lógica de la investigación científica, el
papel de ciertos experimentos y mediciones en la argumentación teórica global. Estas
teorías permiten también predecir cómo acabará nuestro universo: todo se
alejará de todo a velocidades cada vez mayores, hasta que la luz de una galaxia
no pueda alcanzar a otra...
Nos cuesta
admitir esta nueva ontología porque nos obliga a reconocer que somos un haz de
relaciones en un cierto nivel dentro de un todo continuo. Nos cuesta admitirla
porque nos cuesta pensarla. Este antropocentrismo tan natural, tan pegajoso, ha
generado ciertas consecuencias no deseables para las políticas científicas de
los países democráticos de hoy. La percepción pública de la investigación
científica es crucial para poder justificar las grandes inversiones en
investigación básica. Asuntos como la física de partículas o la cosmología son
percibidas como algo muy alejado de los intereses de los ciudadanos.
Esta falta
de legitimación tiene su origen en una de las tareas inacabadas de la
Ilustración: concebir la naturaleza como un todo continuo, con niveles de
complejidad, pero continuo. Cuando se culmine este proceso, los ciudadanos
sabremos que la física de partículas habla de nosotros, de cómo estamos
configurados. Y sabremos que esas investigaciones han de tener necesariamente
implicaciones en la ciencia aplicada, en medicina, por ejemplo. El ciudadano
comprenderá que tan importantes son los modelos teóricos sobre la realidad como
los procedimientos y técnicas experimentales que van surgiendo.
lunes, 14 de octubre de 2013
ÉTICA DE ROEDORES VIII: VERDAD.
El filósofo sabe que toda verdad es endeble, sin embargo busca la verdad. Ni la experiencia ni los razonamientos son garantía absoluta de haber llegado a tierra firme. Pero necesitamos pensar que ese horizonte, que asoma a lo lejos, nos ofrecerá un humilde sendero, ajeno a todo dogmatismo y a todo irracionalismo.
El gran relato de la ciencia sabemos que es una quimera. Sin embargo, apreciamos ese sendero que recorrió el científico para alcanzar su teorema o para realizar su experimento. No hay otros senderos de conocimiento. Lo que antaño se denominó método hoy sabemos que es algo plural, anclado en la experiencia, pero racional. Porque los caminos de la razón son tantos como ciencias existen. Ni la matemática ni la biología agotan lo que entendemos por método. Pluralidad de senderos que no conducen al todo vale. Los seres humanos recorremos los caminos que nos llevan a alguna parte, los caminos que muestran un paisaje bello y los caminos que no destruyen otros caminos.
sábado, 14 de septiembre de 2013
LO NATURAL NO ES TAN NATURAL
1.
LA NATURALEZA.
Los filósofos y los científicos han estudiado la naturaleza
con tal profundidad que se han visto, en muchas ocasiones, atrapados por ella.
En las discusiones éticas es un término que se utiliza para dar por cerrada una
discusión. Seguir la naturaleza y obrar de acuerdo con la naturaleza
significaba seguir el camino del sentido común y la razón. Aquellos que tenían
la palabra y ponían nombres a las cosas apelaban a lo natural generalmente para
establecer normas y para clasificar acciones. En la vida cotidiana las personas
no suelen necesitar esa labor constante de etiquetado. Las acciones se llevan a
cabo y punto. Las prácticas sexuales y eróticas suele ser etiquetadas para
controlarlas. Por eso las gentes, las personas, no necesitaban una teoría de lo
natural. Los gobernantes, educadores, predicadores y psiquiatras sí necesitaban
esa teoría.
El término naturaleza siempre
ha incluido una carga de valores muy variada. Por naturaleza o natural se ha
entendido:
a)
La
naturaleza es el conjunto de fenómenos físicos, biológicos, geológicos, etc.,
que observamos. Es una definición aristotélica que se desarrollará, por
ejemplo, en la Ilustración.
b)
La
naturaleza es la esencia de algo, aquello que define necesariamente a un ser.
El lo propio, frente a lo ajeno. La metafísica tradicional todavía no ha
abandonado esta categoría.
c)
La
naturaleza es el principio interno (esencial) de movimiento de un ser. Es lo
intrínseco frente a lo extrínseco. Desde los pensadores presocráticos hasta la
filosofía de la biología actual, el principio de movimiento y la natural se han
identificado.
d)
Lo
natural es lo normal. La naturaleza establece el patrón de comportamiento. Lo
anormal va contra la naturaleza, contra las leyes de la naturaleza. Debe ser
aniquilado.
e)
Lo
natural es lo bueno. Una vez interpretada la ley, natural, aparecen lo bueno y
lo malo. La naturaleza es buena en sí misma. Los que no comprenden esa bondad o
son poco inteligentes o actúan buscando su malvado interés.
f)
Lo
natural es lo racional. La ley natural la capta cualquier ser racional. El
poder lo único que hace es ayudar a esclarecerla y obligar a que se cumpla.
g)
La
naturaleza es la finalidad de las cosas. Las cosas son para algo. Todas las
cosas tienen un fin. Existen para algo. El cuerpo humano sigue unas pautas
naturales. Cada órgano tiene una finalidad natural. Una vez interpretada
(descubierta) la finalidad de cada órgano, el representante del poder establece
quién está sano , enfermo o es un delincuente que atenta contra lo fijado por
las leyes naturales y divinas.
S. Mill en su obra La naturaleza ofrece observaciones de gran interés. La naturaleza
es la suma de todos los fenómenos junto con las causas que los producen,
incluyendo tanto lo que de hecho acontece como lo que tiene capacidad de
acontecer. Se suele oponer lo natural a lo artificial. Si nos atenemos a la
definición amplia, la naturaleza abarca todo lo que ocurre según sus leyes. Por
lo tanto, las máquinas y aparatos pertenecen al ámbito natural y precisamente
por eso funcionan, porque siguen las leyes de la física. Sin embargo, también
se utiliza natural en el sentido de no
manipulado ni construido por el ser humano. Mill analiza la expresión seguir la naturaleza. Durante mucho
tiempo, modificar el curso de lo natural era visto como algo malo. Lo
artificial estropeaba la perfección divina de lo natural. Y adentrarse en la
técnica suponía invadir el terreno de los dioses. La técnica era un poder
otorgado, cedido con restricciones, por los dioses. Evidentemente, surge la
pregunta de si realmente es posible ir en contra de la naturaleza.
Al analizar el significado
de lo natural tenemos que exponer el significado opuesto, a lo que se opone. Lo
natural ha servido para excluir, controlar, clasificar o aniquilar. Los usos
reflejan conflictos y dinámicas de poder.
Lo que no es natural es
artificial, o una construcción social. Si bien este término ha aportado una
visión crítica y liberadora, puede traer, por exceso:
a)
Paralización
del análisis a causa del estereotipo. Si todo es construido llega un momento en
que no podemos atribuir poderes causales a nada. Per de hecho lo hacemos en la
vida cotidiana. Hacking y los pragmatistas han señalado este exceso. Ugarte
también intuye el peligro y lo comenta cuando habla de Foucault. El
constructivismo radical nos lleva a la arbitrariedad de las estructuras
sociales. Pero si no hay poderes causales reconocibles, toda crítica seria se
desvanece.
b)
Relativismo
e irracionalismo. Si todo es construido, hasta los conceptos constructivistas
también los son. Entonces toda crítica se disuelve en las decisiones y
construcciones de un sujeto o de un colectivo.
c)
Se
oculta lo real. El materialismo de Ugarte o el nominalismo dinámico de Hacking
intenta conservar algún tipo de poder causal en lo real. El materialismo
histórico permite localizar estructuras reales, intereses reales. La necesidad
de mano de obra barata es algo más que una construcción social. Y, enel caso de
Hacking, los síntomas o las acciones de los individuos, aunque encauzadas y
posibilitadas por las categorías , son al más que una mera construcción.
d)
Se
oculta el método de acercarse a lo real. La forma de hablar de ciertos
constructivistas nos conduce al nihilismo metodológico. Su sospecha continua
evita distinguir una verdad de un engaño. El exceso de reflexividad crítica
genera un muro infranqueable. Terminan hablando de sí mismos para justificar su
posición tan radical y se olvidan de los problemas reales. Hay textos sobre
homosexualidad que pueden llegar a convertirse en una reflexión sobre cómo se
ha construido esa propia reflexión...
2. PRÁCTICAS
E IDENTIDADES
En el libro de Javier Ugarte aparecen dos ideas fundamentales:
a)
Las
prácticas son las mismas; las identidades cambian.
b)
El
materialismo es el marco idóneo para comprender cómo surgen esas identidades.
Las relaciones de producción también determinan la constitución de identidades.
La filosofía de
la ciencia de las últimas décadas ha puesto el énfasis en el concepto de
“prácticas científicas”. Autores como Ian Hacking o León Olivé han desarrollado
este concepto. Frente a las teorías basadas en el concepto de representación,
Hacking propone que la filosofía de la ciencia se centre en las prácticas. Si
reducimos el conocimiento a representación caemos en paradojas sin solución o
en el solipsismo más estéril. El concepto de representación lleva a debates
interminables sobre el realismo y el antirrealismo. Frente a las tesis constructivistas, que nos arrastran hacia el
relativismo o el antirrealismo radical, Hacking sugiere una revisión del
realismo.
En Making Up People
realiza un análisis de cómo surgen las
categorías de personas en los contextos sociales. Desde su nominalismo
dinámico, esas clasificaciones son fruto de una retroalimentación, de una interacción
social. Las estadísticas del siglo XIX presentan listados de gente desviada del
patrón oficial. Estas clasificaciones servía para investigar por qué había
suicidio, prostitución, maldad... Hakcing sigue una línea muy parecida a la de
Foucault, pero como muy bien dice María Laura Martínez, pretende caminar entre
el constructivismo y la filosofía analítica en la que se ha formado. La
personalidad múltiple o cualquier otro tipo de enfermedad mental no es
simplemente el resultado de una simple asignación de etiquetas, de palabras.
Hay algo más. En un contexto determinado surgen unos síntomas o unas formas de
comportarse (si hablamos del homoerotismo). Estos acontecimientos son
utilizados por el poder para generar tipos de personas o tipos de enfermedades.
Estas categorías tiene varias fuentes de alimentación. Por un lado el poder las
necesita para ejercer su dominio. Por otro, las personas se incorporan en esas
categorías persiguiendo sus intereses. Esta es la diferencia con los objetos
naturales. Las personas intervienen en las relaciones sociales que generan esa
categorías. En ¿La construcción social de
qué? Hacking muestra muchos
ejemplos de personas que voluntariamente se adscriben una etiqueta, forzando
los síntomas, para poder recibir un beneficio social del poder. Es interesante
ver cómo se genera un bucle que solidifica esas identidades. Pero el bucle no
parte de cero. Las prácticas posibilitan que surja la categoría pero es la
categoría la que abre nuevas posibilidades de comportamiento.
Las prácticas existen y
son múltiples. Las identidades y las categorías también, pero van cambiando con
la interacción social y el choque de intereses sociales. Así entendemos que las
prácticas homoeróticas, que han existido siempre hayan sido categorizadas de diferente
forma. En cierto momento son los mismos protagonistas los que se autoetiquetan
para poder exigir sus derechos como grupo. En otros momentos las etiquetas las
pone el poder para controlar y perseguir. Los intereses sociales y las
estructuras de poder determinan cómo tenemos que ser para poder hacer ciertas
cosas. Los flujos de poder modelan las categorías y las identidades. Los
ejemplos que cita de nuevas enfermedades mentales muestran esas zonas difusas
donde los síntomas toman forma. Los que nos dedicamos a la enseñanza secundaria
hemos observado cómo el niño revoltoso se ha convertido en hiperactivo. Y hemos
observado cómo los padres y profesores dan forma a los síntomas para que
encajen en ese etiquetado. La etiqueta pude servir, en este caso, para
justificar el fracaso escolar, las carencias del sistema educativo, etc.
Javier Ugarte nos explica cómo las definiciones de
identidad, género, lo normal y lo anormal, vienen determinadas por las
relaciones de producción de cada momento histórico. La clase dominante necesita
establecer qué es lo natural para poder controlar los procesos de producción y
de reproducción. La represión y los mecanismos de control impiden que los
ciudadanos se salgan de las relaciones del sistema productivo vigente. Se necesitan
obreros que tenga más hijos, más obreros. Los invertidos son una amenaza tanto
a la autoridad, como a las leyes biológicas, según la ideología dominante.
En cada momento histórico “lo natural” es definido por la clase
que tiene los medios de producción. La nobleza y el clero configuraron una
estructura ideológica que utilizaba una teoría de la “ley natural”. La obra de Santo Tomás se presenta como ciencia
aristotélica. La burguesía, apoyada en los estudios nacientes sobre la
biología, pretende definir lo que es cada especie “por naturaleza”. En las
sociedad postindustrial aparecen las teorías del ser humano. Foucault habla de
saber y poder, formas de saber y formas de poder.
El concepto de
“prácticas” remite a una posición escéptica. Nos recuerda a la crítica que hace
Hume al concepto de yo o de sustancia. Es esencialismo siempre quiere atrapar
la definición esencial de algo. En el caso del género o la identidad sexual,
los esencialistas quieren atrapar lo permanente, lo que no cambia. En el caso
de los pluralistas, las relaciones humanas son múltiples, variadas. No hay una
esencia común.
Conocer es intervenir en la realidad. La ciencia es un conjunto
abierto de prácticas. No hay un límite. Las relaciones sexuales y eróticas son
plurales. Las relaciones humanas son intervenciones en el entorno social. Son
acciones concretas, son creaciones. El modelo esencialista sólo concibe la
pluralidad como variación del modelo original.
3. MODELOS
ESENCIALISTAS
Los modelos esencialistas pueden clasificarse en:
platónicos, tomistas y naturalistas. Los seguidores de Platón intentan utilizar
el concepto de Idea para justificar su apelación a lo natural. Existiría una
Idea de ser humano. Esta Idea generaría un marco normativo para establecer lo
bueno y lo malo. Toda Idea participa del Bien. Por lo tanto al participar de
una Idea nos acercamos más o menos a la Idea suprema. Esta jerarquía de las
Ideas se plasma en un orden social jerárquico y basado en los conocimientos
esenciales que la dialéctica proporciona. Obsesionados por ese orden
trascendente, los platónicos diseñan una ciudad ideal con la estructura del
alma humana. Para que todo funciones bien, cada clase social debe cumplir las
funciones que le corresponden. Este orden forzado proviene del conocimiento de
las Ideas, no de las prácticas reales. De este modo, mientras en la sociedad
griega se llevan a cabo prácticas homoeróticas, los platónicos pretenden
construir un modelo de sociedad basada en la reproducción guiada por la clase
gobernante.
El tomismo, como hemos leído en los textos del curso y en el
libro de Ugarte, parte de un modelo epistemológico diferente, pero tiene el
mismo objetivo: definir lo natural para establecer un control de la
reproducción. Observamos, dicen, que todo ser natural tiende l fin que le es
propio. Observamos, dice, unas tendencias en los seres. Estas tendencias
naturales vienen a desarrollar la esencia de esas sustancias. Si impedimos que
esas tendencias naturales sigan su curso, habremos impedido que ese individuo se
desarrolle como ser humano. Y además de nos alcanzar la verdadera felicidad, se
habrá vuelto contra el creador de esas sustancias. Será, pues, malo, perverso,
antisocial, antinatural y ateo. La ley positiva, las leyes de los Estados,
deben guiarse por ese modelo de “lo natural”.
Más sutil es el
esencialismo naturalista que surge con el auge de la biología y la teoría de la
evolución. Los naturalistas modernos describen, recopilan, clasifican y
explican. Este modelo epistemológico tiene mucho prestigio en el ámbito de la
física matemática. Al trasladarlo al campo de las relaciones humanas, con la
mediación de la biología, este modelo sirve para justificar, con aparente
ausencia de principios teológicos o metafísicos, las nuevas teorías sobe “lo
normal”.
La noción de especie sirvió para establecer una clasificación de
los seres vivos. Parecía que la naturaleza nos ofrecía un patrón para ordenar
todo lo vivo. La teoría de la selección natural completo este modelo esencialista.
Aunque las especies hayan cambiado con el tiempo, observamos que todo lo que
existe es fruto de la selección natural. Aunque todo podría haber sido de otro
amanerar, ha sido así. Y esto es lo natural. Los órganos tienen sus funciones.
Estas funciones son el producto de las leyes de la genética y de la selección
natural. Aquellas funciones que no contribuyan a la supervivencia de las
especie pueden ser consideradas antinaturales. Los conceptos de función y
órgano se asociaron al de salud y enfermedad. Dentro de la burguesía, estas teorías
venían muy bien para clasificar las conductas de una forma “moderna”. El
homoerotismo se consideraba un atentado contra las leyes de la naturaleza,
contra las leyes básicas de la reproducción de la especie. Y como estas teorías
nacían de la experiencia, del sentido común, aquellos que las negaban iban
contra el sentido común.
Los constructivistas han realizado análisis de gran valor
liberador, como dice Hacking, pero no todo es construido... Por otro lado,
Foucault puso el énfasis en todas aquellas estrategias que utiliza el poder
para dominar. Las instituciones utilizan los conocimientos sobre el ser humano
para clasificar y controlar. El saber es un momento más de la disciplina. En el
caso de las identidades de género, las relaciones de producción pueden generar
una ideología que realice definiciones de los sujetos normales y lo anormales.
Este definir es un acotar. Los intereses de las clases dominantes se plasman en
la construcción de esas identidades. Las identidades son un haz de expectativas
para un sujeto: lo que puede hacer, lo que debe hacer, lo que se espera de él,
lo que le conviene, lo que le hace humano....
Bibliografía
- Granados Cosme, J Arturo: Medicina y homosexualidad. Prácticas
sociales en tensión. Cuicuilco. Vol 13, nº 36.
- Hacking, Ian. : Making Up
People.
- Hacking, Ian.: Representar e intervenir. Editorial
Paidós.
- Hacking, Ian: ¿La construcción social de
qué?. Editorial Paidós.
- Martínez, M. L:
- Ontología histórica y nominalismo dinámico: La propuesta de Ian Hacking para las ciencias humanas. Cinta Moebio 39: 130-141.
- El realismo científico de Ian Hacking: de los electrones a las enfermedades mentales transitorias. Revista Redes. 22. pp.153- 176.
- Ontología histórica y nominalismo dinámico: La propuesta de Ian Hacking para las ciencias humanas. Cinta Moebio 39: 130-141.
- El realismo científico de Ian Hacking: de los electrones a las enfermedades mentales transitorias. Revista Redes. 22. pp.153- 176.
- Mill, S.: La naturaleza. Alianza editorial.
- Ugarte Pérez,
J.: Las circunstancias obligaban.
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