Tiene que llover arena para que recordemos lo que somos.
sábado, 25 de febrero de 2017
sábado, 18 de febrero de 2017
ÉTICA DE ROEDORES: LA VENDA
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| Francis Bacon. |
Se reunieron los dinosaurios, cosa extraña, para juzgar a los dinosaurios reales. Nadie entendía nada. Se reunieron para decirnos que todo sigue igual y que la balanza es la misma de siempre. Y que la venda se ha extraviado. Pobres roedores, malditos roedores, tan obsesionados con lo suyo, con sobrevivir con dignidad... Se reunieron los dinosaurios y decidieron que todo sigue igual y que los sueños de los roedores son un invento, un cruel espasmo. Se reunieron para recordarnos que el uso de la razón tiene un límite, el que ellos han establecido. Y los roedores enfadados, como en siglos anteriores, husmean viejos senderos, olvidados, arcaicas rutas para recuperar la venda. Pobres roedores, tan asustados, tan olvidadizos y serviles... Sólo se acuerdan de la balanza cuando la medida arruina la economía de sus guaridas. Sólo se acuerdan de la armonía universal cuando su cocina se resquebraja. Pero los dinosaurios conocen todo, cada pensamiento del roedor, cada lágrima. Por eso el fiel de la balanza marca la hora de nuestro final.
martes, 14 de febrero de 2017
LAS RAZONES DE NOAM CHOMSKY
Dicen por ahí que ya no hay
verdaderos intelectuales, que ahora sólo hay expertos, técnicos incapaces de
abordar las grandes cuestiones del ser humano. Claro que existen intelectuales,
son científicos que pretenden alcanzar una visión global de la realidad,
pensadores que promueven el diálogo entre las diferentes disciplinas con el fin
de comprender lo que somos y lo que nos conviene ser. Se atreven a eliminar
fronteras epistémicas y a promover transformaciones sociales; aparecen en la
prensa y hablan de temas que preocupan a los ciudadanos…
http://www.diariodejerez.es/jerez/razones-Noam-Chomsky_0_1108989529.html
Que la misma persona, Noam Chomsky, nos hable sobre la
gramática universal, el origen del lenguaje, la mente humana, los límites del conocimiento
y el socialismo libertario puede parecer una temeridad. Sin embargo, es una
necesidad. Dos publicaciones recientes me han llevado a Chomsky: un libro suyo
en el que trata todos esos temas y un artículo en Investigación y Ciencia de enero que pone en cuestión su teoría
sobre el lenguaje.
Paul Ibbotson y Michael Tomasello explican por qué muchos
lingüistas y científicos cognitivos están cuestionando la teoría innatista de
Chomsky. Lo que se pone en duda es tanto la existencia de una “gramática universal”
como el proceso de aprendizaje de una lengua por los niños.
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| Miguel Parra. |
Según Chomsky, los seres humanos nacemos con unas
estructuras lingüísticas, una gramática universal. Nacemos con un equipamiento
biológico, unos módulos neuronales que explican la capacidad lingüística. La
gramática universal hace posible que seamos capaces de formar infinitas frases
con un número finito de elementos. Esta capacidad se concretaría luego en cada
idioma de manera diferente. A lo largo de las décadas de existencia de la teoría,
Chomsky y sus seguidores han tenido que modificarla. El conocimiento de la
diversidad lingüística les obligó a reducir esa gramática universal a un
procedimiento recursivo mínimo. Porque no todas las lenguas, por ejemplo,
utilizan las estructuras básicas de sintagma nominal y sintagma predicativo.
Si encontrar algo en común entre tantas lenguas ha sido un
escollo desde hace años, ahora se añade una crítica más profunda. Los estudios
experimentales sobre cómo aprenden los niños a hablar revelan que utilizan
recursos cognitivos que no son los específicamente lingüísticos de los que
habla Chomsky. Los niños utilizan la capacidad de clasificar en categorías y la
de relacionar objetos. Estas capacidades son generales. Las utilizamos para
múltiples tareas. Y permitirían explicar el surgimiento del lenguaje mediante
la experiencia y los procesos inductivos. El niño iría descubriendo pautas de
uso. Ya no sería necesaria una plantilla innata.
En “¿Qué clase de criaturas somos?” (Editorial Ariel, 2017)
Chomsky aborda los temas que le han preocupado a lo largo de su vida, temas que
considera esenciales para comprender qué es el ser humano: el lenguaje, los
límites del conocimiento y el bien común. Y todo en menos de 200 páginas.
En el capítulo dedicado al lenguaje expone en qué consiste
ese mecanismo recursivo innato. Una de las claves de su enfoque consiste en
relacionar lenguaje y pensamiento. Lo esencial del lenguaje no es la
comunicación. El principio de Computación Mínima explica cómo se genera la
sintaxis, cómo somos capaces de ordenar nuestras frases de forma automática. La
teoría de la evolución debería explicar cómo han surgido estas capacidades,
pues dependen del equipamiento biológico. Menciona la hipótesis de Ian
Tattersall. El surgimiento del lenguaje es un hecho repentino y reciente en la
evolución. Este científico sitúa el acontecimiento en un estrecho intervalo
entre 50.000 y 100.000 años atrás.
Chomsky también se plantea si nuestra capacidad de
conocimiento tiene límites. Las estructuras innatas determinan qué tipo de
hipótesis podemos formular. Somos organismos vivos y nuestra inteligencia
depende de procesos finitos concretos. Poseer ciertas estructuras implica poder
realizar unas tareas y otras no. Quizás nunca comprendamos completamente cómo funciona
la realidad.
Su pensamiento ético y político es bastante conocido. No
deberíamos admitir aquellas estructuras de poder que no estén justificadas. Una
idea muy sencilla y universal, dice. Esto le sitúa en el anarquismo, en el
socialismo libertario. Tiene mucho trabajo por delante este pensador estadounidense,
tanto en lingüística como en política...
viernes, 3 de febrero de 2017
ÉTICA DE ROEDORES: LA CRESTA
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| Francis Bacon |
Desde la aparición del gran dinosaurio, los roedores viven inquietos, azorados. Siempre hay un gran dinosaurio, terrible, de pisadas destructivas, de mirada feroz y aliento pútrido. Cuando los roedores llamaron al gran dinosaurio, jamás pensaron que fuese un maestro de la albañilería... Y sabe el filósofo que los ladrillos no nacen de la nada... Pero ahí está, en el bosque, con sus terribles pisadas, con su cresta amarilla, terrible, sangrienta, inhumana. Pobres roedores, pensaron que el gran bicho podría convertir el hierro en oro. Pobres roedores, malditos roedores, creyeron que la culpa siempre es del otro, del diferente, del que riega el bosque, del que siembra, del que ara la tierra... Desde la aparición del gran dinosaurio, los roedores viven con miedo, acurrucados en sus casas, temblorosos. Hasta los viejos dinosaurios están asustados. Nadie había visto semejante cresta amarilla. Y los roedores, ignorantes de su condición, adulan al rey de la perversidad como si de un salvador se tratase. Pobres roedores... Han olvidado que la esencia del bosque se encuentra en los sombríos, en las penumbras, en las lindes que separan la miseria de la opulencia. Siempre hay un dinosaurio más terrible que el anterior, siempre. Y sabe el filósofo que el de la cresta amarilla no será el último ni el más terrible mientras los roedores vivan pendientes de los reflejos, de las sombras...
lunes, 30 de enero de 2017
martes, 10 de enero de 2017
EXISTENCIA AUTÉNTICA
A menudo nos invade la
sensación de estar perdiendo el tiempo, pero no el del reloj ni el de los
horarios cotidianos, sino el otro, el que nos convierte en vidas concretas. Ese
tiempo esencial, estructural, lo perdemos totalmente cuando nuestra existencia
no es auténtica, cuando llevamos una vida alienada o cuando nos arrastra la
heteronomía. Todas esas formas de perder el tiempo comparten un núcleo común:
alguien elige por ti y te impone un proyecto de vida. Como consecuencia, surge un
vacío que nos corroe, esa insatisfacción por no haber hecho lo que de verdad
queremos.
Es sano preguntarse de vez en cuando por qué actuamos de una
manera y no de otra. Se trata de una pregunta muy molesta e inquietante porque
suele venir acompañada del silencio: no nos gusta reconocer que nos movemos en
un espacio de posibilidades determinado por algo ajeno a nuestra voluntad.
Vivimos de forma mimética, más de la cuenta, impregnados de hábitos y tendencias
que nos marcan el camino. Ese poder difuso, sofisticado, lo puede todo. El
éxito consiste en que quieras lo que ellos quieren. El poder es un especie de
continuidad dice Byung-Chul Han, en su libro “Sobre el poder” (Herder, 2016). La
coerción y la amenaza sólo surgen si esa continuidad se interrumpe.
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| Miguel Parra |
Ante semejante vértigo existencial, ¿qué podemos
aconsejarles a los jóvenes? Si eligen por ti, corres el riesgo de perder el
tiempo para siempre. Se nos olvida lo más importante. Trabajar no consiste sólo
en gastar tiempo para ganarse la vida y hacer posible el tiempo de ocio.
Trabajar es vivir el tiempo y crearlo. Si no es así, el tiempo de trabajo es de
otros y se vuelve destructivo, desgasta. Si eligen nuestro proyecto, vivimos su
tiempo, el de ellos, no el nuestro. Y el nuestro lo perdemos de forma
irremediable.
Hoy está de moda una especie de pragmatismo resabiado.
Cualquier intento de salirse del carril social, apelando a otras formas de
estar en el mundo, suena a ingenuidad propia de otras épocas. El pragmático
resabiado está de vuelta y asume la realidad con cierta mirada de superioridad.
Por eso hay expresiones que desaparecerán, como vocación profesional y
compromiso social. Es cierto que la palabra “vocación” tiene connotaciones
religiosas, sin embargo habría que rescatar su contenido ético. Y el compromiso
social nos trae a la memoria las utopías revolucionarias… La lección de los
pragmatistas resabiados suele ser: “como todo está tan mal, olvídate de ti
mismo y gana dinero; como la revolución es imposible, olvídate del bien común,
de los otros, y gana dinero”.
Hay actitudes que ponen en peligro la autenticidad de
nuestros proyectos. Una de ellas es la mala fe, analizada por Sartre. Echar la
culpa de todo a las leyes de la naturaleza o al contexto social para no tener
que elegir con responsabilidad es obrar con mala fe, una especie de autoengaño.
La otra es la confusión entre racionalidad y racionalidad económica. Intentar
calcular nuestro futuro mediante costes y beneficios implica un reduccionismo
economicista. En la primera actitud entregamos nuestro tiempo; en la segunda lo
cosificamos, lo ponemos en venta.
La existencia auténtica es lo
mínimo que cabe desear. Es un mínimo vital y ético. Renunciar a ella implica
desentenderse de la libertad y la felicidad. Elijamos libremente una actividad
que nos permita ser, sin querer nada más, y que se nutra del bien común al
mismo tiempo que lo posibilite. Si nos convertimos en piezas de un mecanismo,
pronto aparece el aburrimiento. El ideal es trabajar como si fuésemos creadores,
para no trabajar nunca.
martes, 3 de enero de 2017
TALLERES LEIBNIZ 2017
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| Kandinsky |
Me acaban de regalar el nuevo
calendario de Talleres Leibniz. Aunque cambian las fotografías
cada año, su lema es el mismo: “Usted vive en el mejor de los mundos posibles.
Y si no es así, nosotros se lo reparamos”. Luego, cada mes tiene su propia
reflexión o consejo metafísico. El de enero es “¡Calcula, pero mejor que
Dios!”. El de febrero es más alegre: “Disfraza tus miserias”. El mes de abril
está dedicado a Nietzsche: “Vaya susto, casi me muero”. El 14 de abril, algo
inédito, contiene una nota a pie de página: “¡Ojo con lo que celebramos!”. El
caluroso agosto nos recuerda a Sartre con “El infierno son los otros”. Y
el de octubre a Marx: “Vuelve a intentarlo”. En fin, un calendario que no tiene
desperdicio y anima mucho. Cándido, el que regenta Talleres Leibniz,
nos recuerda en su felicitación anual que aunque las piezas fallen lo
importante es el motor en su conjunto, y que si no tenemos amplitud de miras es
lógico que esto nos parezca un mecanismo infernal.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
ESCRIBIR Y PENSAR HASTA EL INFINITO
Aunque hoy se confundan, pensar, escribir y publicar son
actividades diferentes. La obsesión actual por publicar se traduce en datos.
Cada año suelen aparecer en nuestro país entre cuatrocientas y quinientas
editoriales nuevas, sin contar a los autores-editores. Y el número de títulos
anuales ronda los setenta mil. La industria editorial genera al año unos tres
mil millones de euros en España y da trabajo a más de treinta mil personas. Las
mesas de novedades de las librerías no dan abasto y los libreros deben realizar
una selección cruel, por motivos de espacio.
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| Miguel Parra |
Cuando hablas
con alguien y le dices que te dedicas a dar clases de filosofía, te suele preguntar
si eres filósofo y publicas libros. Y si eres científico y trabajas en un
proyecto de investigación, sabes que una de las formas de evaluarte va a
consistir en comprobar cuántos artículos has publicado y en qué revistas,
porque no todas valen igual. Bruno Latour y Steve Woolgar en su libro “La vida
en el laboratorio” describen, como si fuesen antropólogos, lo que ocurre en los
centros de investigación. El objetivo de todas las acciones y procesos es
obtener un producto final, el artículo. No es de extrañar que la cienciometría
y la bibliometría sean casi lo mismo. La primera se encarga de estudiar la
producción científica, pero resulta que cuantificar las publicaciones es la
clave hoy en día. Si no publicas en revistas especializadas de gran impacto, no
existes como investigador.
Sartre
(1905-1980) escribía constantemente, tanto que no dedicaba el tiempo suficiente
a revisar y corregir. Lo importante era escribir y publicar, para transformar
el mundo… Corregir y revisar, preocuparse por el estilo, lo consideraba una
actitud burguesa. Escribía en cualquier sitio, en el café o en el cuartel. “El
ser y la nada” es una obra demasiado extensa. Escribe tanto, que sus proyectos
de publicación nunca terminan por cerrarse. Husserl (1859-1938), el padre de la
fenomenología, tampoco lo hizo mal. Sus obras abarcan cuarenta y cinco mil
folios. Y utilizaba una taquigrafía especial. En el libro “En el café de los
existencialistas” (Ariel, 2016), Sarah Bakewell describe la odisea que
sufrieron sus escritos al llegar los nazis al poder. El proceso de edición de
sus obras completas continúa.
Pero puede haber pensamiento sin escritura, y
escritura sin publicación. A lo largo de la historia ha habido y habrá grandes
pensadores que no necesitan pasar al papel sus ideas, bien porque les guste
dialogar, en el ágora o en los medios de comunicación, bien porque simplemente
piensan para un entorno muy reducido. Quizás no les importe la divulgación de
sus ideas ni que perduren en el tiempo. Conciben la filosofía más como una
actividad práctica que como una producción de documentos. Y los hay que
escriben muchísimo y casi no publican.
Leibniz
(1646-1716) quizás sea uno de los autores que más escribió y menos publicó en
vida. Doscientas mil hojas en siete lenguas, nos dice Eberhard Knobloch en el
artículo “El arte de editar a Leibniz” (Investigación y Ciencia, mayo de 2013).
Sus escritos incluyen cartas, tratados, esbozos, comentarios,.. El cuarenta por
ciento está escrito en latín, el treinta en francés y el quince en alemán.
También hay escritos en inglés, holandés, italiano y ruso. Sin embargo, en vida
sólo publicó una obra larga, “Teodicea” (1710). Escribía hasta en los márgenes
de los libros y documentos.
El pensamiento de Leibniz abarcó todas las ramas del saber. Desarrolló
el cálculo diferencial e integral, la combinatoria y la lógica. Se le puede
considerar uno de los padres de la computación. Diseñó una máquina de calcular
y el sistema de numeración binario. En filosofía se preocupó por la relación
entre alma y cuerpo, el problema del mal, el conocimiento… La edición académica
de sus obras completas está en marcha, pero aún quedan varias décadas para que
se complete. En español también hay un proyecto de edición. Este trabajo se
coordina desde la Universidad de Granada. Hay previsto publicar veinte
volúmenes, con la editorial Comares. En www.leibniz.es
se puede conocer el proyecto en su totalidad.
viernes, 2 de diciembre de 2016
LA MÚSICA Y LOS ZAPATOS
Jamás sabremos dónde comienza todo si no miramos nuestros zapatos rojos. La melodía del recuerdo, de las que ya no están, del que ya no está... Uno piensa que los rostros cambian, los cuerpos cambian y algo permanece, quizás una mirada, un susurro, quizás ese deseo de que todo vuelva a ser como ayer. Jamás sabremos dónde termina todo si no miramos nuestros zapatos rojos. Porque el violín del silencio no tiene piedad, ni la tendrá... Es todo tan extraño... Siempre habrá fotos en las que no apareceremos. Pero también habrá palabras, discursos, símbolos que recojan los anhelos más profundos de aquellos que enseñan y aquellos que aprenden, que son los mismos. Jamás recuperaremos la humanidad si no miramos nuestros zapatos rojos. ¡Y claro que le hemos visto dejar el par de zapatos! ¡Todos lo hemos visto! Ha caminado despacio, guiado por el violín, y entonces, muy serio, se ha girado y nos ha dedicado un gesto inquietante...
viernes, 25 de noviembre de 2016
LA LLUVIA
La lluvia arrecia por la calle Francos mientras la noche adormece la conciencia de ruina. Quizás haya humanos al otro lado de la oscuridad. Todo cambia, nada permanece, decía Heráclito. Y nada quedará, pensamos los habitantes de una ciudad clausurada, abatida por la desidia y el desconcierto. El agua fluye por el río de las miserias, el río del olvido. Tarde o temprano reconoceremos la mirada de los cimientos. Quizás sea tarde, entonces, para imaginar. La lluvia arrecia por la plaza Plateros, y los adoquines brillan con el esplendor de siempre, de antaño. Pero ya no habrá sitio para las comedias ni las tragedias. No lo merecemos.
domingo, 20 de noviembre de 2016
VIENTOS MAGNÉTICOS
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| Marcel Duchamp |
miércoles, 9 de noviembre de 2016
NOVENTA MEDITACIONES POÉTICAS
La filosofía comienza con la admiración, decía Aristóteles.,
con una especie de conmoción intelectual, un reconocimiento de la ignorancia
acompañado por un fuerte deseo de saber. Podemos sentir admiración ante la luz
de las lejanas estrellas, la belleza de un acantilado, la estructura de una
neurona o un texto literario. La filosofía de la literatura nace también de ese
estado mental.
En la novela “En
la casa del padre”, José Manuel Caballero Bonald describe así una bodega: “Y
había allí como una paulatina cerrazón del aire que parecía interceptar el
desplazamiento de los cuerpos, y ese olor apelmazado y persecutorio, un olor
prenatal a levaduras indescriptibles que podía acabar siendo absorbido por la
piel, alojándose allí dentro para toda la vida”. Y continúa: “Ella avanzaba
recelosa por esa penumbra todavía estacionada en algún sueño reciente,
sintiendo por los muslos arriba el vapor del terrizo de albero hacía poco regado,
oyendo acaso el jadeo del vino en los toneles, la pugna de los microorganismos
trabajando en lo hondo de las criaderas”.
El lector se
queda pasmado ante esta escritura. Algo ha sucedido para que se detenga y lo
relea varias veces. El lector dice: “¡Esto es literatura de verdad!” Suponemos,
entonces, que hay literatura de mentira o falsa literatura. O al menos que
existen textos que sólo son literatura en apariencia. A veces, la poesía parece
que ha abandonado lo poético, y no nos referimos sólo a la rima y la métrica.
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| Miguel Parra |
María Payeras
Grau le preguntó a Bonald en una entrevista que cuáles eran los elementos que
convierten a un texto en específicamente poético. El escritor respondió: “La
palabra artística, la manipulación de la palabra con fines artísticos. Yo
siempre he dicho que lo que no es barroquismo es periodismo, aunque conviene
explicar un poco el término barroquismo.
Me refiero a él, no como un método de complicación sintáctica o de acumulación
de elementos de adorno superfluos en una frase, o de adornos léxicos y
sintácticos, sino como búsqueda de unas palabras que realmente definan mejor
que otras lo que tú quieres decir”. Y en “Desaprendizajes” lo muestra de forma
poética: “¿A qué lectura se refiere entonces esa fundante jurisdicción de la
escritura? No desde luego al campo informativo de los signos, no a la superflua
urdimbre coloquial ni a la siempre indigente demanda de la trama, no a nada que
no sea la nutrición interna del idioma, esa secreta actividad de las palabras
que no depende más que de su capacidad penetradora en el solar de lo
desconocido”.
El lector se
encuentra con poemas que carecen de ese ingrediente poético. Y no se trata de
un mero aspecto formal, porque a veces leemos poesía que consiste en mezclar
palabras raras o cultas, yuxtaponer frases, metáforas, comparaciones, todo un
arsenal técnico que no nos dice nada. Cuando el barroquismo fracasa, se
convierte en forma vacía. Otro tanto ocurre en la novela. Porque, obsesionados
con el ritmo narrativo, algunos escritores abandonan ese decir poético que debe
estar inserto en todo género literario.
Una vez presté
un libro de Luis Mateo Díez, quizás fuese “La fuente de la edad”. El lector me
dijo que no le había gustado porque los personajes no hablaban como la gente de
la calle… Otras veces me han dicho que un libro no les gustaba porque no pasaba
nada. Quizás ya no se busque lo poético en los textos. Quizás se publique
demasiado y no haya un trabajo adecuado sobre esa “nutrición interna del
idioma”, esa “secreta actividad de las palabras”.
Recomiendo dos
libros recientes dedicados a estas cuestiones. El primero es “La singularidad
de la literatura”, de Derek Attridge (Abada Editores, 2011). El segundo es “El
demonio de la teoría. Literatura y sentido común”, de Antoine Compagnon.
(Acantilado, 2015).
sábado, 22 de octubre de 2016
HURRICANE
Podría haber sido campeón del mundo. Nadie lo duda. Aquellos tiempos heroicos... Tiempos en los que rellenas el pedido de Discoplay y con las prisas te equivocas. Tres cuerpos yacen en el suelo y te quieren echar a ti la culpa, por ser negro, por no ser como ellos. Y te llega el pedido. No es lo que esperabas. Porque habías encargado una camiseta, quizás de Eskorbuto o de Kortatu. Te interrogan y te encarcelan, por ser negro. Podría haber sido campeón del mundo. Pero no tengo reproductor de compact disc. Me ha llegado Desire. En la cárcel me consumo. Un tal Bob Dylan canta mi historia. Menos mal que Ángel tiene un buen equipo y me lo pasa a cinta, como decíamos entonces. Y escucho el lamento de Hurricane y Mozambique y Oh sister y tantas historias. Podríamos haber sido los campeones del mundo, le digo a Taboada en El Gorila, pero nos tenemos que conformar con ser filósofos de verdad. Tiempos en los que el deseo y la razón se entremezclan de tal modo que tomas la mejor decisión de tu vida...jueves, 20 de octubre de 2016
LABORATORIO Y RAZONAMIENTO ABSTRACTO
Hace unos días aparecía en este periódico un artículo
titulado “El Bachillerato pierde en una década el 11% del alumnado de
ciencias”. A lo largo del texto, se analiza lo que está ocurriendo. Francisco Javier
Pérez Cáceres, creador del programa PIIISA, lamenta el abandono de la formación
práctica en los institutos. Los alumnos van muy poco al laboratorio. No ponen
en práctica el método científico. Ésta sería una de las causas de la ausencia
de vocaciones científicas.
El programa
PIIISA tiene como objetivo “mostrar a los estudiantes de secundaria qué es la
investigación y cómo se realiza. Los estudiantes tienen la oportunidad de
involucrarse en proyectos liderados por científicos de reconocido prestigio, y
conocer de primera mano en qué consiste el método científico y cómo es el
proceso de investigación, algo que les permitirá explorar su posible vocación
por la carrera científica”. En la página web del programa (www.piiisa.es) leemos que el proyecto PIIISA
surge de la colaboración entre la Delegación de Educación en Granada, el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de
Granada (UGR).
¿Cómo llegan nuestros alumnos a la
universidad? ¿Qué carencias cognitivas muestran los jóvenes cuando inician los
estudios superiores? José Ramón Ramos Barrado, catedrático de Física Aplicada de
la Universidad de Málaga dice en ese mismo artículo: “La percepción general es
que los alumnos llegan cada día con peor nivel en Física y, sobre todo, en
Matemáticas. No saben calcular, resolver problemas y lo que es más grave, no
han desarrollado la capacidad del razonamiento abstracto. La ciencia se basa en
la abstracción a partir de la observación de la realidad”. Y añade más
adelante: "Es fundamental; la experimentación introduce rigor en la medida
y el cálculo. Ahí se cultiva la simiente. Es el lugar donde se despierta el
interés y la afición".
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| Miguel Parra |
Esta capacidad
de razonamiento abstracto la desarrollamos a través de muchas materias:
matemática, lógica, física, química, lingüística, dibujo técnico, filosofía,
música, etc. En los criterios de evaluación de nuestras programaciones aparece
reflejada esa importancia de los procesos formales y abstractos.
Sin embargo,
vivimos en una sociedad icónica, donde lo abstracto es sinónimo de alejado de
la realidad, oscuro, estático y poco moderno. La sociedad icónica nos aboca a
una vida mental ceñida a lo concreto. Hay imágenes hilvanadas a modo de
narración, pero todo concreto. Hileras de imágenes, microhistorias que no van
más allá de sí mismas. Aunque pudieran hacerlo, la velocidad con que aparece la
siguiente evita que suceda. La velocidad de los datos nos impide despegar,
elevar el vuelo del pensamiento. No nos dejan tiempo para separar, abstraer, ni
para relacionar, generalizar, inducir o deducir. Lo concreto, sólo lo concreto.
En esta
sociedad icónica también se banaliza el concepto de observación. La experiencia
fragmentada, sin teoría, nos entretiene, nos embelesa y nos paraliza. La
experimentación en el laboratorio resulta una tarea muy tediosa: exige razonar
antes de observar, imaginar antes de transformar, y volver a pensar tras
anotar. La burbuja icónica, además, nos aleja de la naturaleza, de la complejidad
de la materia, de la medición directa, y nos ofrece a cambio una ficción
pasajera.
Si se debilita nuestra capacidad de abstraer y de formalizar, también se apaga la creatividad, la capacidad de utilizar analogías y metáforas. Deberíamos reflexionar sobre el uso de la imagen en el aula. Las pizarras digitales nos ofrecen un potencial enorme. Y nos ahorran mucho tiempo. Aunque resulte más árido para el alumno, hay tareas que no deben desaparecer: escribir, pensar, leer, mezclar, pesar, medir, dibujar, calcular, argumentar, imaginar, formular hipótesis, formalizar, generar y relacionar conceptos…
Si se debilita nuestra capacidad de abstraer y de formalizar, también se apaga la creatividad, la capacidad de utilizar analogías y metáforas. Deberíamos reflexionar sobre el uso de la imagen en el aula. Las pizarras digitales nos ofrecen un potencial enorme. Y nos ahorran mucho tiempo. Aunque resulte más árido para el alumno, hay tareas que no deben desaparecer: escribir, pensar, leer, mezclar, pesar, medir, dibujar, calcular, argumentar, imaginar, formular hipótesis, formalizar, generar y relacionar conceptos…
martes, 11 de octubre de 2016
DIMENSIONES
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| V. Tatlin |
El espacio del matemático, el espacio del físico, el espacio del químico, el espacio del biólogo, el espacio del neurólogo, el espacio del psicólogo, el espacio del sociólogo, el espacio del geógrafo, el espacio del filósofo y el espacio del artista. El espacio del constructor, el espacio del albañil, el espacio del deportista, el espacio del astronauta y el espacio del concejal. El espacio del preso, el espacio del enfermo, el espacio del pobre, el espacio del desahuciado, el espacio del refugiado, el espacio del viejo y el espacio del árbol...
Celebramos que hemos ocupado todos los espacios, todos los continentes, todos los ecosistemas. Tras los símbolos de victoria vive agazapado el viejo presentimiento de la desgracia. Hemos ocupado todo y no queda nada libre de geometrías interesadas. Nadie tiene espacio. Ni la divisibilidad al infinito nos libra de esta penuria espacial que afecta a nuestra dignidad. Nadie tiene sitio. Todos se desplazan y huyen. Celebramos el desierto ocupado de la civilización.
La sociedad icónica nos ha regalado la omnipresencia estéril. Como espectros odiados en su mismna casa, extenuada, oikos cruel, vagamos entre las cuerdas, las redes que nos separan del topos primordial. Seres icónicos, seres errantes, esclavos del clic ortodoxo y heterodoxo, navegamos por el espacio ficticio de los miserables. No nos quedan continentes porque los hemos deseado desde una impostura existencial ciega. ¡Que retrocedan los barcos! ¡Que no crucen más océanos! ¡Ya hemos digerido todo el espacio!
viernes, 7 de octubre de 2016
LEVADURA
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| V. Tatlin |
sábado, 1 de octubre de 2016
CLARO
Claro que arremeten todos los vientos contra nosotros, en especial los que no nos dejan avanzar, los que tiñen el rostro de tristeza y convierten todo en un desastre. Son los vientos de la memoria. Pero nos movemos, entre los cuerpos, cientos de cuerpos que sí doblegan las fuerzas de los malditos vientos. Y respiramos, nos giramos. Vemos su silueta cruzar el umbral de todas las puertas. Vemos su gesto tras cada lección. Y a pesar de la terrible memoria, avanzamos y hablamos, protegidos por ellos, por ellas, por los seres que aprenden. Claro que arremeten todos los vientos contra nosotros, sobre todo los que susurran palabras nobles, como justicia o utopía, los que brotan de las pizarras. Pero el ruido vital nos envuelve y seguimos, nos giramos, y recordamos que ya nada será igual.
lunes, 5 de septiembre de 2016
NATURALEZA
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| Nadav Kander |
lunes, 22 de agosto de 2016
AMASIJO INFORME
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| J. Pollock |
jueves, 4 de agosto de 2016
HABLA
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| Basquiat |
sábado, 30 de julio de 2016
ESTO
Esto es la vida, la realidad, algo terriblemente incomprensible cuando discurre por rutas inesperadas de dolor y tristeza. Sólo permanecen el recuerdo y el deseo de continuar su gran labor: abrir senderos de justicia y convertir esto, sea lo que sea, en algo habitable.
miércoles, 13 de julio de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: NO ES BUENO
No es sencillo alejarse del sufrimiento innecesario. Nadie lo ignora. En el bosque la lucha es cruel, cierto. Una ética de roedores, naturalizada, lo tiene presente. Pero hay infinitos senderos. Y con la inteligencia y la sensibilidad somos capaces de crear otras formas de habitar el bosque, sin causar daño. Sabe el roedor que es posible. No se trata de prohibir senderos, sino de mostrar otros mejores, más bellos, más justos. Porque la hierba avanzará y cubrirá los viejos caminos de la crueldad, olvidados por la falta de uso. Sólo un verdadero esfuerzo creativo puede generar otras rutas entre la vida del bosque... No es bueno desear el sufrimiento de nadie: no es propio de roedores. La estrategia de la terrible pisada alimenta al gran dinosaurio: se infla de maleza turbia. No es bueno querer el dolor de nadie. No es justo, ni bello. Para abrir nuevos senderos necesitamos, más que nunca, la ayuda de esa razón sintiente, de carne y hueso, vital, la que todos tenemos... No es bueno el sufrimiento innecesario, de nadie.martes, 14 de junio de 2016
PIRUETAS EN EL VACÍO
Cualquier definición de cultura resulta insatisfactoria,
bien por ser demasiado general, bien por dejar fuera ciertas actividades
humanas. Lo mismo ocurre con el término “intelectual”, a veces ambiguo, vacío o
contradictorio. En campaña electoral, todos los partidos se preocupan por la
cultura. Y todos quieren la opinión favorable de los intelectuales.
En sentido
antropológico, la cultura abarca casi todas las dimensiones humanas. Se trataría
de una forma de vida, un sistema de creencias, valores y normas, transmitido
mediante el aprendizaje social. Las lenguas, la manera de cocinar, las
canciones, la poesía, los juegos, las relaciones de producción, las ciencias y
las técnicas, todo ello cabría en este concepto amplio de cultura.
Hay diferentes
culturas porque hay diversos modos de adaptarse al entorno. Tradicionalmente se
ha dicho que la cultura nos eleva por encima de la naturaleza. Algunos han
llegado a ver una oposición entre naturaleza y cultura. El cuerpo, con sus
mecanismos e impulsos, sería el ámbito de la naturaleza, de lo determinado y
necesario. Los seres humanos, como entes físicos, transmitimos información a
las siguientes generaciones, con los genes. Sin embargo, el desarrollo del
lenguaje, la capacidad simbólica, la vida en sociedad y la racionalidad, nos
permitirían vivir en otra dimensión de lo real, constituida de palabras,
fórmulas, conceptos, imágenes, melodías, normas,.. Sería el ámbito de lo indeterminado,
de la libertad y de la dignidad humana. La información que transmitimos por
aprendizaje social es, por tanto, de otro tipo.
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| Miguel Parra |
Pero, desde un
enfoque naturalista, la oposición entre naturaleza y cultura queda hoy
disuelta. Nuestra racionalidad, práctica y teórica, sería fruto de la selección
natural. La naturalización de la cultura implica comprenderla desde el azar de
las mutaciones, los factores de un entorno concreto y la lucha por la
supervivencia. Todas las actividades culturales estarían conectadas con facultades
que han surgido por esa selección natural. Es un enfoque inmanente: las
capacidades cognitivas son propiedades de un sistema nervioso, que funciona en
un ente vivo.
Desde un punto
de vista más reducido, el término cultura hace referencia a la ciencia, la
literatura, la pintura, la música, la filosofía, el teatro, etc. Algunos
utilizan el término “alta cultura” para hablar de esas disciplinas. El trabajo
de un herrero o de un alfarero quedaría, quizás, fuera de esa “alta cultura”. Los
intelectuales, si es que existen, pertenecen a ese ámbito excelso. Son
profesionales, expertos en una disciplina, pero con un dominio considerable de
los principios básicos de todas las demás. Poseen una visión crítica y global
de la sociedad. Resaltan por su amor incondicional a la verdad, la justicia y
la libertad. También destacan por la prudencia de sus palabras, el tono
dialogante y una incansable lucha contra la opresión y las miserias humanas. Su
compromiso les lleva a arriesgar sus carreras, a enfrentarse al poder
establecido y a criticar a sus propios amigos y camaradas, si la verdad lo
requiere.
Dicen los
intelectuales que nuestros representantes deberían tomarse en serio la política
cultural y educativa, ya que es esencial para el futuro de la sociedad española.
No vendría mal contar, dicen, con un proyecto educativo para varias décadas. Y
que hubiese tiempo para que la comunidad educativa pusiera en marcha dicho
programa, con la participación y el consenso de todos los sectores… Deberíamos
exigir a los futuros gobernantes que bajen el IVA cultural; que mejoren la
programación de los medios de comunicación de carácter público; que los museos
sean todos gratuitos; que el cine, el teatro y la ópera reciban las ayudas
necesarias para que los precios de las entradas no suban; que se proteja al
sector del libro con una ley seria que defienda los derechos de autor y acabe
con la piratería; que los jóvenes científicos puedan seguir trabajando en
laboratorios españoles; que se mejoren las relaciones entre la empresa y la universidad;
que se fortalezca el sistema de becas de investigación; que los deportes
minoritarios obtengan la atención que merecen…
Hay muchas
razones para preocuparse por la cultura. Además de generar riqueza y puestos de
trabajo, nos convierte en seres más sensibles ante la belleza y ante las
injusticias. La literatura, la escultura y las matemáticas nos dan un placer
intelectual que tiene valor en sí mismo. Y nos permite resistir de forma
crítica ante la irracionalidad y los abusos de poder.
miércoles, 11 de mayo de 2016
MECANISMOS ILUSOS
Los problemas filosóficos verdaderamente apasionantes son
aquellos que nos obligan a conectar diferentes áreas del conocimiento y la
reflexión. Aunque la relación entre el determinismo y la libertad es uno de los
asuntos más viejos, sigue atrayendo la atención de la comunidad filosófica y
científica. Es uno de esos temas transversales que podrían estructurar todo un
currículum.
Somos conscientes
de que tomamos decisiones y elegimos. De hecho, los existencialistas llegaron a
decir que estamos condenados a ser libres. Nadie niega que tengamos esa
sensación, bastante fuerte, de tener que construir nuestras vidas cada día,
cada momento. La libertad se presenta como una condición necesaria de la moral,
de la responsabilidad. Si atribuimos hechos a personas, aciertos y errores, es
porque consideramos que han tomado decisiones libres.
Sin embrago,
esta sensación choca con la imagen del mundo que nos ofrecen las ciencias. El
universo, para la física clásica, es un sistema compuesto por partículas y
gobernado por ciertas leyes, conocidas. Según este modelo, el estado de un
sistema en un momento dado determina el estado siguiente. Si conociésemos la
posición de todas las partículas en un momento concreto y aplicásemos las leyes
físicas, podríamos predecir todo el futuro del sistema, todos los estados del
universo. Podríamos predecir en qué lugar va a estar una partícula concreta. Y los
objetos, las cosas, como son compuestos de esas partículas, quedarían
igualmente determinados.
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| Miguel Parra |
Con la física
cuántica y la teoría de la relatividad esa imagen del cosmos ha variado. Pero
sigue habiendo leyes físicas, aunque sean de carácter probabilístico. Que a
nivel micro reine la incertidumbre y la probabilidad no significa que no
existan leyes que permitan explicar cómo un estado de la materia pasa a ser
otro diferente. También, en este caso, nuestro presente viene condicionado por
los momentos anteriores de la realidad material.
Los seres
humanos somos seres materiales, por lo tanto formamos parte de ese sistema de
partículas. Si todo hecho tiene una causa, nuestras acciones también. Las
decisiones que tomamos, dicen los deterministas, están causadas por los estados
anteriores de la materia. Sucede lo que necesariamente tiene que suceder. Somos
parte de un gran mecanismo. Y la libertad es una ilusión. Esta sensación tan
fuerte de libertad habría surgido gracias a la selección natural. Los sistemas
vivos que tienen la sensación de dirigirse a sí mismos se relacionan mejor con
el entorno y sobreviven.
En este tema no
hay que confundir el plano epistemológico con el ontológico. Nunca podremos
conocer la situación de todas las partículas del universo, ni siquiera de una
región pequeña. Desde el punto de vista epistemológico, por lo tanto, el
determinismo no tiene relevancia para la libertad. Para sistemas acotados, para
explicar propiedades de la materia, etc., sí es suficiente con el conocimiento
que manejamos, con los modelos. Pero, aunque no conozcamos las posiciones de todas
las partículas, unos estados de la materia causan otros. Nuestra conducta está
causada ontológicamente, aunque epistemológicamente no la podamos predecir.
Spinoza decía
que si la piedra al caer, movida por la fuerza de la gravedad, fuese consciente,
quizás pensaría que es ella la que está decidiendo caer. Los deterministas
disuelven el concepto de libertad y lo transforman en un engaño, una ilusión.
La conciencia, también material, genera la sensación de iniciar acciones, pero
realmente sólo se trata de acompañar a las verdaderas causas materiales.
Hay diferentes
estrategias para hacer compatible el determinismo con la libertad. La primera
se basa en decir que el ser humano decide con el alma, que no es material y no
está expuesta a las leyes de la materia. La segunda, sin abandonar el
materialismo, consiste en hablar de diferentes niveles de organización de la
materia y de diferentes niveles causales. Habría propiedades emergentes que,
aunque dependientes de las propiedades de las partículas elementales,
presentarían esa forma de organizarse que llamamos libertad, decisión, etc.
Siempre nos queda la duda de cómo es posible que en un nivel alto de los
sistemas se inicien secuencias causales que no vengan determinadas desde abajo…
Claro que a lo mejor un sistema determina varias posibilidades. Y lo que
llamamos elegir es la selección de una de ellas…
Quien desee
profundizar en estos temas puede leer el artículo “Libertad, determinismo y
responsabilidad moral”, de Carlos J. Moya, de la Universidad de Valencia. Es un
capítulo dentro de la obra colectiva “Cuestiones de metafísica” (Tecnos y la Sociedad Española de Filosofía
Analítica, 2015).
viernes, 22 de abril de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: LOS LIBROS
| Fyodor Petrovich Tolstoy |
Pocos libros había en la casa de un panadero: la enciclopedia Álvarez, Cuentos a media tarde, una diccionario escolar y las aventuras de Ulises ilustradas. Hay días que pienso que fueron pocos y hay días que pienso que fueron demasiados. De la enciclopedia recuerdo los dibujos esquemáticos y la historia sagrada. Mi padre me lo leía como si fuese algo importante, algo que debía realizar un panadero a las nueve de la noche, habiéndose levantado a la cinco de la mañana. No me acuerdo de nada. Quizás de Isaac o Moisés ¡Qué más da! Aquella enciclopedia, extraña, comida por los roedores, malditos roedores, siempre igual... contenía todos los saberes de una humanidad perdida... Y luego llegó Ulises, el inteligente, el que sabe utilizar la astucia, el del caballo de Troya, el del arco, el que llega a casa y tiene que liquidar a los pretendientes. Imágenes difusas de un libro descosido que trae enseñanzas nobles, diría Nietzsche. Pocos libros había entre la harina y la amasadora. Poca erudición dejaban el horno y la leña. Mas sabe el roedor que basta una palabra, sólo una, para resumir todo el universo, todos los significados, basta una palabra, si fue bien dicha al calor del horno. Y sabremos los roedores que, tras años de estudio, todo estaba en el trillo, la cuadra o el horno. Por eso leemos, para recuperar aquellas ascuas...
viernes, 15 de abril de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: TUYA
¡Todo fue hace tanto tiempo...! La memoria es algo muy extraño. Vemos y no vemos. Sentimos y no sentimos. ¡Todo fue hace demasiado tiempo...! Somos para recordar, nada más. A veces imagino cómo querré recordar lo que estoy viviendo. El método es sencillo. Una canción, una imagen, el canto de un pájaro, los colores de una planta... Todo vale, si queremos predecir la nostalgia. ¡Recordaré esta brisa en mi cara! ¡Recordaré las caras de mis hijas! Sabemos que todo fue hace demasiado tiempo. Y nosotros, los de ahora, queremos construir nuestra nostalgia... Recordaremos,
quizás en el último instante, aquellos reflejos ingenuos del mundo, los que son más comunes. Recordaremos una palabra, una mirada, o el recuerdo de una palabra o una mirada. La única tarea que tenemos es preparar esa última imagen, la que resume todo y nada... No hay pócima secreta. No hay fórmula matemática que sirva para definir ese instante supremo, ése que todos viviremos o moriremos... Tenemos toda una vida para querer ese último bosquejo. Y arrastraremos los deseos de nuestros padres, de nuestros abuelos... ¡Todo fue hace tanto tiempo, que parece hoy, ahora, cuando escribo y tú lees! Sabe el filósofo que la memoria es un invento terrible, apasionante y cruel, un invento de los roedores para sobrevivir entre los musgos... ¡Construye tus recuerdos, roedor! Y volveremos, en el último momento, a sentir aquellos ojos, aquellas manos, aquel olor, aquel calor, aquellas lágrimas! ¡Sé libre y construye tus últimas imágenes! Porque el espacio y el tiempo son creaciones de tu deseo, recovecos de una existencia azarosa y contingente. Pero la última imagen, la última sombra, por favor, ¡que sea tuya!
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| Nadav Kander |
martes, 12 de abril de 2016
CULTURA CIENTÍFICA ILUSTRADA
Dentro de unos días tendrá lugar la cuarta edición de la Feria
de la Ciencia en la Plaza del Arenal. Sin ánimo de exagerar, cabe afirmar que
es una de las actividades educativas más importantes del curso. O mejor: es una
de las principales actividades culturales de la ciudad. Es un proyecto en el
que trabajan alumnos, profesores, instituciones educativas, científicas y
políticas. Además, la feria contagia entre la población el amor al saber,
basado en la razón y la experiencia, un saber que nos debería alejar de la
superstición, los fanatismos y las injusticias.
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| Miguel Parra |
Hoy se habla
de “cultura científica” para hacer referencia a ese conjunto de conocimientos
básicos que todo ciudadano debería poseer si quiere desenvolverse con soltura
en nuestras sociedades. Porque nadie puede ignorar que habitamos un sistema
tecnológico en el que ciencia, tecnología y sociedad forman un entramado
complejo. Lo que no está claro es cuánta ciencia necesita conocer un ciudadano
y cómo hay que comunicar esos contenidos.
Determinar qué
teorías científicas son básicas implica saber qué estructura tiene la comunidad
científica y qué función cumplen las diferentes disciplinas. Los proyectos de
investigación necesitan financiación… Todas las áreas de trabajo se presentan
como vitales ante el ciudadano. Por otro lado, comunicar la ciencia, divulgar
las teorías y métodos, no es tan fácil como se pensaba. Hay muchas formas de
divulgar, tantas como medios para transmitir información. Todos los géneros
literarios sirven para enseñar. El ensayo de divulgación y las revistas
tradicionales son de sobra conocidos. Pero también sirve el cómic, el teatro,
el cine, los monólogos, la poesía, los relatos de ficción, la animación, la
pintura, la escultura y todo el arte conceptual... Cuando los alumnos exponen
un experimento en la feria, están representando una pequeña pieza teatral, con
un guión, un escenario y un público al que hay que enseñar y entretener…
Uno de los géneros
que puede dar mucho de sí a la hora de hablar de ciencia es el cómic y la
ilustración. Los aficionados a los tebeos y las artes gráficas saben que
existen en esos campos grandes creadores. Si visitamos una librería,
comprobaremos que las viñetas y la ilustración creativa están entrelazándose
con todos los géneros y abarcando todas las temáticas. Voy a mencionar tres
buenos ejemplos.
“Enigma. La
extraña vida de Alan Turing”, publicado por la editorial Norma, es una
biografía en cómic de Francesca Riccioni y Tuono Pettinato. La vida de este
matemático contiene muchos episodios apasionantes. Sus trabajos en teoría de la
computación hicieron posible el surgimiento de los primeros ordenadores y el
final de la Segunda Guerra Mundial. Su personalidad da mucho juego a los
guionistas. El segundo ejemplo es un proyecto que nació en la red y que tiene
como lema “Una única cultura”. Se trata de Principia, una revista de
divulgación científica que utiliza muy bien la ilustración y el diseño como
vehículos para hablar de asuntos científicos y tecnológicos actuales. Han
realizado dos números en papel. Son textos muy cuidados. No son largos ni
complejos. La maquetación y las ilustraciones convierten estos dos números en
verdaderas obras de arte. Por último, más allá de la divulgación, les
recomiendo la serie “Los proyectos Manhattan”, en Planeta DeAgostini, tramas de
ficción con la realidad tecnológica y científica de fondo: “¿Y si el
departamento de investigación y desarrollo creado para construir la primera
bomba atómica hubiera sido la tapadera de otra serie de programas más
inusuales?”
Divulgar es
una tarea arriesgada y creativa. Los riesgos más comunes son: la excesiva simplificación
de los contenidos; convertir la ciencia en un espectáculo vacío; quedarse sólo
con lo anecdótico y llamativo; utilizar mal las metáforas; deformar al
simplificar; olvidar la metodología; no cuestionar los proyectos; no fomentar
el escepticismo; convertir la divulgación en propaganda… El ideal sería una
comunicación crítica, participativa y rigurosa de los proyectos de
investigación. Es fundamental que los propios científicos se impliquen en las
tareas de divulgación científica. La imagen que tenemos de la ciencia se aleja,
en la mayoría de los casos, de las prácticas científicas reales. Si somos
conscientes de cómo y para qué se llevan a cabo los proyectos concretos de
investigación, podremos participar en la política científica y tecnológica de
nuestras sociedades.
sábado, 9 de abril de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: CREA UN MUNDO
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| Escher |
viernes, 1 de abril de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: LO REAL
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| Escher |
Todo transcurre como un día normal, como cada tarde, hasta que uno se da cuenta de que hay novedades, claro. Tenemos una máquina nueva de pinball y un individuo que quiere rellenar la hoja de reclamaciones porque le han cobrado uno setenta por una copa de fino. El universo es misterioso, extraño, complejo. Los físicos y los cosmólogos están a años luz de esta realidad. No necesitamos un acelerador de partículas para comprender la esencia de un mundo como el nuestro, lleno de ramajes y musgos. Nuestra normalidad es digna de estudio. Echo una partida en la máquina, luego otra y otra... Extraño universo de bolas de acero desplazándose entre enrevesados mecanismos, con luces y sonidos embaucadores... Es lo real... Todo transcurre como un día cualquiera, sí, como esos días en los que el tiempo se diluye o se disuelve. ¿De dónde ha salido ese individuo que rellena la hoja de reclamaciones? ¿Será de este mundo cruel? Sabe el filósofo que estos casos son especiales, ajenos a toda ley, a toda categoría. Ni la metafísica ni la física podrán dar cuenta de estos hechos, quizás la psicología... Echo otra moneda y el mismo resultado. La máquina es cruel, siempre. Sabe el roedor que la máquina es terrible y que acabará con cualquier pensamiento.
miércoles, 23 de marzo de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: GRAMÁTICAS
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| Nadav Kander |
La nieve reseca en las peñas anuncia tiempos oscuros. Porque el viento helado agrieta cualquier sendero de la razón. ¿Sabremos huir de este tenebroso laberinto? El roedor jamás comprenderá la lógica de los grandes dinosaurios. Ni debe intentarlo. Quiere la bestia que vivamos en su laberinto y aceptemos su bucle de falacias. No hemos aprendido a huir lo suficiente... Nos falta imaginación para generar otras gramáticas ajenas a los grandes bichos. De sus batallas en la montaña sólo obtendremos pisadas, las pisadas de siempre, las que ha recibido el aturdido roedor desde que el bosque es bosque. ¡Que nadie acepte su lógica! Sabe el filósofo que necesitamos una gramática de la huida. Si nos enredamos en su laberinto todo se oscurecerá y la nieve reseca de las peñas jamás se derretirá.
sábado, 19 de marzo de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: ESTATUAS
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| Nadav Kander |
viernes, 11 de marzo de 2016
ÉTICA DE ROEDORES: ROSTROS
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| Nadav Kander |
Y el bosque sobrevivió porque todos los seres compartieron el barro y la oscuridad, incluso las alimañas... Nadie se olvidó de nadie. Hasta los insectos fueron escuchados, cuando todo parecía perdido, cuando el bramido de las bestias se diluía en la niebla. Si el bosque permanece vivo es gracias a los humildes gestos de los roedores, gestos que transcurren a la sombra de una encina o de un roble, quizás entre los musgos. Nadie se olvidó de nadie. Mientras los dinosaurios agonizan en la montaña, abatidos por sus miedos, los roedores tejen la trama de los días, de las tardes, de las noches... Sabe el filósofo que las vidas de las gentes son lo único real y que todo lo demás es una cruel ficción. Mirar a la cara de cada roedor no está de más si lo que deseamos es conservar la dignidad del bosque, con sus miserias y sus dolores. Ni los grandes expertos en árboles pueden librarse de esta condición... Los bosques, con sus roedores y alimañas, siempre sobreviven. Tarde o temprano la ruina de los días acabará con todo. Y sólo el viejo y ruinoso mecanismo de pensar nos librará del aburrimiento que el desastre acarrea.... Pero los rostros, los infinitos rostros, perduran a pesar de las nubes. Nadie lo ignora: las miradas del que perdió todo son más fuertes que toda la materia acumulada por el vil dinosaurio. Sólo necesitamos la paciencia del sabio roedor, aquel que sabe ver el trabajo condensado en la mirada. Nadie se olvidó de nadie. Hasta las alimañas poseen rostro...
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