jueves, 14 de septiembre de 2023

Las virtudes de los nacionalismos

    

    Da la sensación de que solo los nacionalistas convencidos y militantes hablan bien del nacionalismo. Desde fuera, todo son defectos, tanto éticos como políticos. El nacionalismo se presenta como una amenaza, una caja de Pandora difícil de controlar. La experiencia histórica aporta muchos ejemplos de imperialismo, xenofobia y exclusiones sociales. Incluso en nuestra democracia, los nacionalistas separatistas son vistos como gente interesada, sin escrúpulos, sin una idea del bien común, ni de la solidaridad ni de la igualdad.

    Para comprender las virtudes de los nacionalismos, es preciso realizar algunas aclaraciones. A la hora de definir una nación existen dos caminos, el étnico y el participativo o voluntarista. Nunca se dan en estado puro, pero dependiendo del énfasis que se ponga en cada uno de ellos obtendremos diferentes formas de entender el nacionalismo. Desde la perspectiva étnica, una nación se configura a través de su lengua, su religión, sus costumbres, es decir, su tradición cultural. Desde el enfoque participativo, lo importante es formar parte de un colectivo que desea darse unas normas para gestionar su funcionamiento.

    Hay otra distinción que nos interesa. No es lo mismo el nacionalismo conservador que el reivindicativo. Aquí no hablamos de derecha e izquierda. Con nacionalismo conservador me refiero al movimiento político que pretende conservar un Estado-nación ya consolidado. Mientras que el reivindicativo reclama el derecho a construir un Estado-nación que todavía no existe. Es evidente que se trata de un proceso histórico concreto: los que fueron reivindicativos pueden luego volverse muy conservadores…

    Una de las virtudes del enfoque étnico es que el nacionalismo es capaz de generar identidad. El sujeto político arraiga en una tradición, no es algo vacío. Ser andaluz o catalán no es algo abstracto, meramente legal o formal, sino el resultado de un proceso histórico. Una lengua, unas costumbres y una historia común definen al francés, al castellano, al vasco, al español… La identidad no implica únicamente un sentimiento, una forma de percibirse como individuo y como colectivo. También conlleva una preocupación por el bien común de la nación. Sin la identidad que aporta el nacionalismo, las responsabilidades políticas se debilitan. Los pensadores comunitaristas insisten en que un mero contrato social formal no sirve para mover al ciudadano a actuar. La identidad nacional activa la solidaridad interna.

    Los nacionalistas del enfoque participativo y voluntarista creen que la identidad lingüística e histórica es un aspecto secundario. La gran virtud del nacionalismo reside en la autodeterminación ética y política: darse normas a uno mismo, tanto en lo individual como en lo colectivo. Este enfoque conecta el nacionalismo con la democracia participativa y la descentralización del poder. La independencia de un país se concreta en la ausencia de esclavitud política. No solo se busca el beneficio económico… Una de las críticas más persistentes a los nacionalismos es que solo desean aumentar las rentas, controlar todos sus recursos y abandonar los vínculos solidarios con entidades políticas más amplias.

    Otra de las críticas que suelen sufrir los nacionalismos es la que habla de los sujetos políticos y los derechos. Desde el punto de vista liberal, solo los ciudadanos tienen derechos. Las naciones no son sujetos políticos. El derecho a la autodeterminación de los pueblos no estaría dentro de los verdaderos derechos fundamentales. Así que exigir ese derecho no deja de ser una falacia o una ficción. Los nacionalistas se defienden mostrando que un pueblo sin Estado, sin soberanía real, ya no contiene ciudadanos, sino meros súbitos o esclavos. Con la creación de un Estado-nación se logra más libertad para cada ciudadano. La independencia de un pueblo es siempre un progreso para la humanidad…

    Los conflictos y dificultades a la hora de definir una nación concreta son evidentes. A veces la terminología es confusa. Se habla, por ejemplo, de nacionalidades históricas, de naciones, de pueblos… Se trata de encajes de bolillos para compartir la soberanía. Lo mismo ocurre con los tipos de Estado: autonómico, federal, confederal… Estas dificultades han desembocado en muchas ocasiones en conflictos civiles violentos. Sin embargo, han existido procesos de unificación nacional o movimientos de independencia que todavía son celebrados en todas las partes del mundo. Desde un punto de vista ético, el modelo participativo quizás sea el más racional y el que más virtudes posee. La autodeterminación política sirve para crear sociedades más libres. En el siglo XXI el nacionalismo debería desarrollarse siempre dentro de las coordenadas del federalismo y el respeto de los derechos fundamentales. Se puede alcanzar un alto grado de autodeterminación compartiendo soberanía. Y en ningún momento la nación puede estar por encima de los derechos básicos.

sábado, 9 de septiembre de 2023

Aviso a navegantes

    

    Nos atrae la vida del navegante, allá en alta mar y con un horizonte difuso, plomizo: vivir en el exiguo espacio del barco, pero con un tiempo infinito. Las estrellas o los radares han servido de guía a los marineros. Eran capaces de extraviarse en el inmenso espacio del océano, el laberinto de espuma, sin perder el tiempo. Hoy los internautas estamos siempre localizados, con el itinerario exacto a nuestro alcance. Dominamos los espacios, pero hemos perdido el tiempo. O lo hemos regalado. Nuestro navegar es arrogante, ajeno al sentido común y la mesura, por eso ha enfadado a los dioses. ¡Regalamos la esencia del ser! El sistema de dispositivos se nutre de nuestra voluntad, de nuestros deseos, de nuestra libertad. Lo hemos querido nosotros. La estructura de los dispositivos no se impone, no es coercitiva, sino seductora, como las sirenas. ¡Que nos tapen los ojos y los oídos para no sucumbir a nuestros ingobernables deseos! Y no hay tiempo.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Vidas paralelas

 
 
  
    Hay mucha gente de la que no sabemos nada, ni lo sabremos. Desconocemos sus deseos y sus ideas, sus razonamientos y sus temores. Viven al margen de la red universal. Y a lo mejor son felices, quién sabe. Son los habitantes de una ciudad invisible, una ciudad de Italo Calvino o de Bioy Casares. En esa ciudad no hay pantallas ni aplicaciones que faciliten la vida. No sabemos cómo viven esos seres, qué comen o de qué se ríen. Es un mundo opaco. Si sabes leer las huellas del asfalto, verás algún indicio de esa ciudad invisible. Deja a un lado tus dispositivos y mira al frente. De pronto, descubrirás un horizonte que hierve solo para ti. En la ciudad invisible el espacio y el tiempo se captan con todos los sentidos. Forman una entidad densa, a veces líquida. Sus habitantes perciben la quietud pura. Para ellos desear es lo mismo que oler o mirar. Las ciudades invisibles se superponen. Son formas de existir, de estar en el mundo. Los dispositivos de control no las detectan. No son gente de datos ni de redes. Algunos hablan mucho, otros nada. Conviven con los silencios. Son silencio.

viernes, 25 de agosto de 2023

Malos humos

    


    Quién iba a decirnos que en pleno siglo XXI volveríamos a comunicarnos otra vez con señales de humo... No se trata de una visión religiosa sobre la Tierra y sus poderes mentales. Nada de eso. Nosotros solos somos los emisores y receptores. Pero nos hacemos los suecos, miramos para otro lado. Para eso nos sirve el mapa político, para quedarnos tan tranquilos porque el humo viene de otra región, de otra provincia, de otra localidad... La globalización funciona muy bien para extender mercados y vender formas de vida. En el ámbito ético tendemos a reducir el horizonte a nuestro ombligo. Lo increíble es que no sepamos descifrar los mensajes que nosotros mismos nos enviamos. No hace falta ser expertos en lenguas muertas o en cibernética. Todos entendemos el lenguaje del humo.

viernes, 4 de agosto de 2023

Tasa cívica o compromiso ético


    Uno de los enigmas más complejos de las ciencias sociales es comprender por qué nos comportamos de forma tan diferente cuando cambiamos de contexto. Vemos a turistas desmadrados, grupos de despedida de soltero con disfraces horribles, gente arrasando espacios sin más ley que la suya... Y luego resulta que la mayoría de esas personas son gente civilizada en sus lugares habituales de residencia y en sus puestos de trabajo. Hay más ejemplos, claro. Pensemos en los hinchas desbocados de un partido de fútbol.

    Aunque somos las mismas personas, en cada contexto desarrollamos un rol diferente. Actuamos según lo que el grupo espera de nosotros. Esta explicación puede ser útil para el sociólogo, pero no nos sirve en el campo de la ética. La responsabilidad cívica no debería desaparecer, porque, por mucho que cambie el contexto, seguimos siendo sujetos racionales y ciudadanos.

    “No hagas aquello que ni se te pasaría por la imaginación si estuvieses en tu casa”. Con esta máxima bastaría para contener las ansias de jolgorio irracional, agresivo y bárbaro. Con el término “casa” me refiero a nuestro nicho cívico diario, desde el salón hasta el barrio o la empresa. Ahí no saltaríamos por la terraza, no gritaríamos como salvajes, no ensuciaríamos el suelo, no empujaríamos al vecino…

    Para aplicar esta regla tenemos que ir en muchas ocasiones a contracorriente. El grupo ejerce mucha presión. Y es más cómodo dejarse llevar por lo que todo el mundo hace. Pero no queda otro remedio, si queremos crear espacios de convivencia sanos y alegres para todos. La otra vía ya la conocemos: la sanción económica, directa o indirecta.

    Los ayuntamientos pueden endurecer ciertas normas a la hora de utilizar espacios públicos. Lo mismo ocurre con los espacios privados, como hoteles y restaurantes. Imaginen que nada más llegar a un hotel pagamos una tasa cívica al registrarnos, para cubrir posibles gastos de reparación de mobiliario público o privado. Pagarían justos por pecadores, evidentemente. Hay muchas formas de sancionar que a todos se nos ocurren. Pero todas ellas requieren un esfuerzo y unos gastos irracionales desde el punto de vista ético.

    Hay otras medidas complementarias que podrían ser también eficaces. Una de ellas es poner en cuestión el rol asumido nada más recalar en el lugar de ocio. Cuando llegas a una ciudad, ya tienes las mismas obligaciones que un ciudadano del lugar. Habría que firmar un compromiso con las normas básicas de convivencia. Y se firmaría delante de varios vecinos, cara a cara. Con ese sencillo acto protocolario el turista saldría de su burbuja temporal y vería todo de otra manera.

    La masificación de los centros turísticos presenta grandes problemas. La solución no puede ser solo cuantitativa. Las ciudades pueden asumir grandes cantidades de viajeros. Para no tener que limitar el número de una forma drástica, necesitamos promover un turismo de calidad cívica. Y eso hay que premiarlo. Aquellos turistas que contribuyen al bienestar de los vecinos del lugar deberían recibir algún tipo de reconocimiento. Recuerden que en el fútbol base andaluz, por poner un ejemplo, hay tarjetas verdes para premiar la deportividad...

domingo, 16 de julio de 2023

Las grietas

  

 Las grietas, por muy pequeñas que sean, siempre son grietas. Todos los sistemas de control tienen grietas, aunque sus gestores lo ignoren. En ellas brotan las malas hierbas. Por ellas se cuelan los bichos, incluso los roedores. Los gestores suelen menospreciar esos signos vitales. Creen que su aliento de asfalto paralizará cualquier forma de vida. Se olvidan de las grietas. Todos los dispositivos de control tarde o temprano son invadidos por las malas hierbas. Y los roedores, al comer sus cables, bloquean el sistema. Creen los gestores que su asfalto es eterno. Todos los gestores son teólogos, aunque lo ignoran. La violenta metafísica del asfalto sirve de cimiento para el edificio del poder absoluto. Hay muchas variedades de asfalto: analógico y digital, visible e invisible, nítido y difuso, concentrado y distribuido, duro y blando, claro y oscuro. Muchas variedades, pero todas con grietas. A veces el asfalto se extiende sobre el escenario, sobre el libro, sobre el lienzo, sobre las esculturas... El gestor trabaja de forma tosca, como el zarpazo de un oso contra la tramoya; o de forma sutil, como la brisa que brota de las amenas pantallas. 

miércoles, 14 de junio de 2023

Dylan en Sevilla

   

     Sabes que vas a ver a Bob Dylan, pero no sabes por dónde va a salir. Bueno, sabes que no habrá nada de los 60, 70, 80, 90... Y si lo hay, no lo reconocerás. Es increíble, vas a escuchar a alguien que lleva todas esas décadas publicando discos. ¡Sería tan fácil montar un concierto de grandes éxitos! Pero no, Bob Dylan siempre es otra cosa, siempre va unos pasos por delante de ti. Cuando te has acostumbrado a la música folk, sin cables, llega Dylan y te enchufa a otra dimensión. Algunos querrán cortar los cables y le llamarán traidor. Cuando esperas la opinión política del trovador de la resistencia, llega Dylan y te dice que él solo canta, nada más. Los que asisten a su conciertos en las últimas décadas ya casi lo han comprendido. Reconocen que el de Minnesota solo sabe crear, ya sea blues o rock. Y crear es una asunto muy serio. En Sevilla le aplaudieron porque tocó la armónica. Me imagino lo que pasó por su cabeza en ese momento... Se rodeó de músicos excelentes, pegados a su piano, como si quisieran ser solo un músico. Pero eso es imposible, Dylan siempre está más allá del público y de sus músicos. Experimenta delante de ti para que sepas qué significa ser músico. Y él lo es. Miren la gira que tiene preparada en junio, con 82 años. En Sevilla había de todo. Sé que hubo alumnos míos, de 17 años, chavales que aman la música y tocan en un grupo. Dylan prohibió los móviles. Y fue un acierto. ¡Cuánta gente escuchando y nada más! 

martes, 13 de junio de 2023

Jugar con la abstención

    
 LUIS MIGUEL ‘MOGA’
    Cuando repasamos los datos de la abstención en las últimas elecciones municipales y autonómicas, un escalofrío ético nos recorre todo el cuerpo. No es el punto débil de nuestras democracias representativas, sino el fuerte. El sistema está diseñado para que funcione en cualquier circunstancia, voten los que voten. Da la impresión, incluso, de que el mecanismo funciona mejor si votamos pocos. No veo mucha preocupación entre los gobernantes. Tampoco en la oposición. Parece que da igual, que no es algo esencial para la vida democrática de una sociedad.

    La representación política ha acarreado muchas críticas por parte de los demócratas radicales. Elegir a alguien para que hable por ti no tiene nada de democrático. Supone delegar un derecho o eludir una responsabilidad. La democracia debe ser directa, sin intermediarios. Si no es así, no merece ese nombre.

    Al elegir un representante, asumimos una separación, una brecha ética y política. Se crea un vínculo discontinuo. Una vez elegido, el diputado posee autonomía, vida propia… Eso no significa que carezca de obligaciones y responsabilidades éticas. Además de cumplir las leyes, debe argumentar y justificar sus decisiones. Aunque ya sabemos, lo de dar razones no siempre se cumple, ni se exige.

    En la mayoría de los casos, predominan las justificaciones técnicas, como si fuesen más objetivas y fáciles de comunicar. Entonces se corre el riesgo de convertir a nuestros diputados y concejales en meros gestores, en técnicos de la política. Si la argumentación ética y política permanece en un segundo plano, la esfera de lo común y de los asuntos de la polis se queda en nada.

    Los partidos se han convertido en maquinarias para alcanzar el poder. Ya no lo ocultan. Los representantes son engranajes de ese mecanismo. Los puestos en las listas, eso es lo que importa. Las propuestas programáticas son un adorno, un medio más. Cualquier ideal de participación ciudadana se convierte en un obstáculo, un palo que atasca el gran mecanismo. Los partidos no están dispuestos a perder el control. Así que harán todo lo posible por desactivar la participación ciudadana, ese sueño de gente poco práctica…

    La democracia participativa aparece como una utopía, un ideal inalcanzable. Parece que solo hay argumentos en contra. Somos muchos, demasiados. Tenemos un problema de espacio. No hay suficientes instalaciones comunes para realizar asambleas. Y hay poco tiempo. Los horarios laborales y los tiempos de ocio-consumo no dejan minutos para deliberar y participar en asambleas. La democracia telemática, aunque solucionaría alguno de estos inconvenientes, no es posible. Hay muchas carencias de seguridad. Por lo visto, la informática avanza en todos los campos menos en el de la democracia directa.

    Por otro lado, nos dicen, basta con ver la reacción de los ciudadanos ante la posibilidad de ser miembros de una mesa electoral para comprobar la absoluta falta de interés y compromiso democrático. Claro, responden los demócratas radicales, a nadie le interesa ir sólo a contar papeletas, pedir la identificación y tachar nombres en una lista.

    Los críticos de la democracia participativa también aseguran que no estamos preparados para tomar decisiones en asambleas y deliberar sobre los asuntos comunes. Lógico, responden los demócratas, es el fruto de la infantilización programada de esta sociedad de consumo. Nos habéis convertido en inútiles, seres pasivos y superficiales. Es lo que interesa a las maquinarias electorales.

    A lo mejor es posible avanzar en la democracia, creando un sistema mixto, progresivo, con asambleas deliberativas para temas concretos, en los barrios de las ciudades, con capacidad legislativa y ejecutiva. A lo mejor alguien se lleva una sorpresa: la gente va, aprende, decide y elige por turnos a representantes no profesionales.

    Sin embargo, siguen jugando con nuestra abstención. De hecho es una forma de participar, de crítica y resistencia, dicen otros. No votar es una manera de rebelarnos contra el sistema... Pero si todo queda solo en no votar, nuestra acción fortalece la maquinaria.

viernes, 9 de junio de 2023

Elecciones artificiales (IX)

    


    No me han dado mesa todavía. Y eso que llamé para reservar. Me han dicho que hay muchas solicitudes. Así que han tenido que hacer un sorteo. Los que han salido peor parados son los que tenían contratado un viaje desde mayo. Todo no puede ser. O mesa o viaje. Vivimos en una sociedad de niños mimados. Lo queremos todo. Si me dan a elegir, me quedo con la mesa. El menú es variado: hay entrantes, platos principales y postres. Todo de calidad. Lo de viajar es un engorro: horas y horas perdidas en los aeropuertos, en las estaciones de trenes y en los atascos de las carreteras. Espero que me toque mesa, al lado de la ventana, para ver el mundo mientras mastico sus frutos. En qué estarían pensando los que contrataron un viaje en mayo... Capaces de irse a Corea del Norte o Irán, donde el menú raras veces cambia. Espero que me den mesa, para comer un poco de todo, o nada. Aunque, la verdad sea dicha, a mí todos los platos me saben igual. Echan lo mismo a todos, azúcar, para que nos sepa muy bueno lo que comemos. Es algo adictivo. Un menú variado, sí, pero que sabe igual pidas lo que pidas. No estaría mal que nos consultasen a los comensales, o que nos dejasen cocinar un rato. Deberían cuidar un poco más el menú y su proceso de elaboración. 

sábado, 3 de junio de 2023

Elecciones artificiales (VIII)

    

    Ahora vienen las prisas por sumar. Y se dan cuenta de que no es lo mismo sumar números enteros que fracciones, los quebrados de toda la vida. Eso sin entrar en números complejos o vectores. Sumar no es tan fácil. Una gota de agua más otra gota de agua sigue siendo un gota de agua, pero más grande... Sumar puede ser muy positivo, mientras no sean las deudas y sus intereses. La aritmética requiere calma y prudencia. A veces es necesario restar o dividir. Aunque ya sabemos que en política todo es multiplicar: los panes y los peces. Son los milagros de la palabra. Mañana sol y buen tiempo. Lo de convertir el agua en vino es más perverso si cabe. Que yo tenga dos peces y me den otros ocho, vale. Tendrán sus espinas y todo lo que conlleva ser pez. Ahora bien, si de una jarra de agua me sacan dos de vino, pues... no sé. Todo es más sospechoso. En ciertas ocasiones, sumar y multiplicar pueden ser operaciones a corazón abierto. En el mundo de los algoritmos, sumar es una utopía. La suma que nace de la división tiene todas las papeletas de ser un galimatías que ni el mismo Pitágoras sería capaz de descifrar. Cuidado con los catetos y la hipotenusa. Si nos obsesionamos con la unidad, arremete lo irracional. 

lunes, 29 de mayo de 2023

Elecciones artificiales (VII)

  

    Ahora resulta que el muerto quiere resucitar. Cuando todo parecía acabado, incluso esta serie de reflexiones sobre las urnas y sus circunstancias, viene el doctor y se pone a realizar su último experimento, el definitivo: dar vida a un despojo. Como mucho, nacerá un monstruo, dicen los más utópicos, un ser informe, amasijo de carne cosida con apresuradas puntadas. Los más escépticos piensan que hace falta mucha electricidad para dar vida a la chacina. Pero el doctor maneja bien sus tretas y artilugios. Sabe cuándo apretar el botón, cuándo subir la tensión... Es el momento de la vida artificial, la del verano y sus sombrillas. Nada mejor que la época estival para desafiar a los dioses. Resucitar un despojo en verano, con tanto calor y podredumbre... ¿No sería mejor esperar los fríos de diciembre? Hay que ser entendidos en biología extrema, en embutidos sazonados, en congelados de alta mar, para comprender el arte del revivir de un día para otro. ¿Se imaginan que el engendro garrapiñado, el puzle vital, se arranca a cantar por soleares en pleno mes de julio? Es cierto, la luz está por las nubes y se necesita mucha potencia para rehabilitar a un acribillado San Sebastián que disfruta de las olas y el sol como último recurso existencial.

miércoles, 24 de mayo de 2023

Elecciones artificiales (VI)

 

  No se puede ni pasear tranquilo. La gente está desatada. Hablan sin parar sobre los proyectos de los partidos políticos. Discuten cada punto del programa. Se enredan en largas discusiones sobre movilidad, economía o urbanismo. He visto a gente dialogando mientras se abría el semáforo. Jamás vi cosa igual, discusiones sobre el centro histórico en el bar, dando la espalda al partido de fútbol. Un policía ha tenido que moderar un debate en la sala de espera del centro de salud. Los medios de comunicación reciben miles de cartas y llamadas para pedir información. Hay ferias en las que se ha prohibido la música, para no entorpecer los rifirrafes políticos. Pararon un partido de baloncesto para discutir sobre educación en un tiempo muerto. Te aborda cualquiera por la calle y te dice lo que piensa. Es mejor no salir de casa. Incluso los niños aconsejan a sus padres. Exigen ser tenidos en cuenta. He visto al perro de mi vecino olisquear un folleto electoral... La gente no para de hablar y valorar, da igual si es la cola de la panadería o la ferretería. He visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión...

lunes, 22 de mayo de 2023

El silencio que baja

    El silencio de las noches acompaña a todos los seres que escuchan. Hay silencio en las casas vacías y en el campo. Sabemos que siempre llegará el silencio. El viento que viene de las peñas no ayuda. Parece que duele, que incomoda a la bestias y que trae malos presagios. No me digas que es un viento amable, no te creo. Mueve las ramas de los árboles y sacude los recuerdos. Los animales lloran como bestias. Saben más que nosotros del tiempo y las horas. El silencio de las noches baja de las peñas, entre sombras, y merodea por el pueblo. Ya nada volverá a ser igual. Hasta las bestias lo saben. Solo el ruido de las mentes tristes hace frente al silencio dañino de la noche. Los árboles y la lluvia siguen a los suyo, ofuscados con el ciego devenir. Menos mal que llegará la mañana, con sus chimeneas, con los pitidos del panadero y con la ilusión de haber derrotado otra vez al silencio.

sábado, 20 de mayo de 2023

Elecciones artificiales (V)

     

    Acabamos con la V de victoria, que es lo que todos persiguen y todos alcanzan. Hoy nadie pierde porque nadie puede perder. Pero la V también es de visitante. Me acuerdo de la serie aquella en la que unos lagartos comían roedores como aceitunas. Los reptiles y sus semejantes siempre se alimentan de roedores. Se ponen máscaras humanas, pero son reptiles. Van disfrazados de humanos, bellos y sonrientes, pero luego comen roedores como si fuesen pipas. A la hora de la verdad, el roedor acaba en la tripa del lagarto prometedor. Nadie pierde. Los lagartos han diseñado un mundo a su medida. Ha llegado la hora de la victoria, claro. La rebelión contra los reptiles, contra los dinosaurios. Pero no es nada fácil. Saben camuflarse tras la piel del humano. Y para ser lagartos extraterrestres, la verdad sea dicha, no tienen nada que envidiar a los homo sapiens. Por eso nos seducen, con sus tretas y engaños. Pobres roedores... Sabemos lo que nos espera y acudimos cada cuatro años a la cita. Es el ritual de siempre, ver cómo se arrancan la piel humana para mostrar su rostro de reptil irracional. Han vuelto a ganar y volverán a ganar. Ni el sabio de Hortaleza lo tenía tan claro.

domingo, 14 de mayo de 2023

El despojo de Conil


  Unos decían que era un delfín, otros un cocodrilo y otros un avestruz. Los bañistas se quedaron embelesados, dando vueltas al amasijo de carne enrevesada. Como no había biólogos cerca para librarnos de tanta incertidumbre, nuestro cerebro comenzó a elaborar hipótesis. Es una reacción asociada a la supervivencia. Lo desconocido siempre es una posible amenaza. Para tranquilizarnos, necesitamos una interpretación que conecte lo nuevo con lo que ya sabemos. Además, lo monstruoso también nos atrae, cierto. Sentimos placer al contemplar lo nunca visto. Otra vez la selección natural. La curiosidad nos empuja a observar. Así que exploramos nuevos territorios para ampliar los espacios de vida. Pero pronto nos dimos cuenta de que era imposible descifrar el misterio del despojo marino. El interés fue decreciendo y los bañistas se dispersaron. Después de tanta hipótesis, quizás llegamos a una certeza: ese bicho estaba muerto y descompuesto. Y ante esa verdad incómoda, nuestro foco de atención giró. Otra vez el instinto de supervivencia. Al inicio y al final de la vida todo se vuelve igual de amorfo y confuso. La materia vuelve a perder orden, la entropía hace de las suyas y la nada asoma otra vez.

martes, 9 de mayo de 2023

Los marcos de referencia

    
Ilustración de Luis Miguel"MOGA"

    
   Acaba de aparecer en las librerías Mil cerebros (Tusquets, 2023), una obra de divulgación científica que propone “una nueva teoría de la inteligencia”. El autor es Jeff Hawkins, ingeniero informático que investiga desde hace años en el campo de la neurociencia. Nos cuenta de forma clara y rigurosa cómo ha llegado a formular una nueva teoría sobre el cerebro. Su lectura atrapa porque transmite pasión por la investigación teórica y experimental, desde la honestidad intelectual y el deseo de saber.

    Nuestro cerebro maneja modelos de la realidad para estar en el mundo e interactuar con él. Con esos mapas del entorno, el cerebro realiza predicciones. Cuando hay algo que no encaja, se modifica el modelo. Jeff Hawkins ha elaborado una explicación: la clave está en los marcos de referencia que llevan a cabo las columnas de neuronas de la corteza cerebral, el neocórtex. Esta teoría permite describir cómo percibimos, cómo nos orientamos en el mundo, y cómo hablamos y pensamos.

    Tenemos unas 150.000 columnas corticales en el cerebro, hilos de un milímetro cuadrado. Cada columna tiene varias capas de neuronas. Jeff Hawkins sostiene cuatro hipótesis. Afirma que cada columna puede aprender modelos de objetos completos. Para ello utilizan células de cuadricula y de lugar. Son neuronas especializadas en construir marcos de referencia, una especie de mapas para ir colocando lo que se percibe. La segunda hipótesis es que esos marcos de referencia básicos son utilizados por el cerebro tanto para crear modelos de objetos físicos como de conceptos abstractos. La tercera es que toda la información se almacena a través de marcos de referencia. Y la última, el pensamiento es una forma de movimiento, de desplazamiento en esos marcos, para localizar y relacionar, como una manera de orientarse en un mapa.

    El cerebro trabaja de forma distribuida. Jeff Hawkins pone en cuestión la teoría clásica basada en las jerarquías. El conocimiento está distribuido en miles de columnas. De hecho, no hay un solo modelo sobre un objeto. Hay miles, de ahí el título del libro. Si tenemos la sensación de que solo manejamos un modelo es porque hay una votación. Es una metáfora, claro. De la intersección de varios modelos, de marcos de referencia y de datos sensoriales diferentes, surge uno común en otro nivel. No hay un centro ejecutivo. El pensamiento abstracto funciona igual.

    La teoría de los mil cerebros alumbra una nueva visión de la mente humana y de la inteligencia artificial. Jeff Hawkins es bastante optimista. Construiremos inteligencia artificial general en las próximas décadas. Pero para ello habrá que cambiar de paradigma. Para que haya máquinas conscientes se requiere una inteligencia artificial flexible. Las neuronas artificiales y el aprendizaje profundo que se está utilizando ahora dan buenos resultados solo para tareas concretas.

    La aplicación de la teoría de los mil cerebros sí puede desembocar en inteligencia artificial general. Se trata de construir máquinas que trabajen como el cerebro, aunque luego puedan ser muy diferentes a los humanos. La clave está en procesar marcos de referencia y entender la mente como un sistema sensomotriz. De ahí que sea necesaria una fusión entre IA y robótica, dos proyectos que hasta hace poco iban por distintos caminos. Los robots utilizan sensores y marcos de referencia para orientarse en sus tareas. Esa es la línea que debe seguir toda la IA. Jeff Hawkins cree que la conciencia artificial puede alcanzarse, basta con generar marcos de referencia para procesar la memoria y la atención. 

     Al autor le preocupa el futuro de la humanidad. Los mayores riesgos proceden, no de la IA en sí misma, sino de las creencias falsas, por un lado, y del dominio del cerebro antiguo, el de los deseos primarios y egoístas, por otro. El cerebro crea modelos del mundo. Vivimos con simulaciones de la realidad que vamos actualizando y corrigiendo. El problema es cuando falsos modelos se extienden de forma viral y nos hunden temporalmente en la ignorancia. El libro arranca con la neurociencia y termina con las grandes preguntas filosóficas del ser humano.

domingo, 7 de mayo de 2023

Elecciones artificiales (IV)

  

Obra de Alba Cabrera Francesca Poza

    Recorren las calles y los mercados a pie, aunque les gustaría ir a cuatro patas o de rodillas. Es la forma de demostrar que están al tanto de lo que ocurre en la ciudad real. Pero su caminar es impostado. Se parece a una procesión en la que realizan penitencia por los pecados que van a cometer. Porque ya lo saben. Ya tienen cargo de conciencia. En esa marcha por las calles, exponen sus cuerpos, se ofrecen en sacrificio. Pueden recibir gritos, graves acusaciones, desprecios, incluso empujones. Estos falsos paseos tienen mucho de película de terror. Da la impresión de que las estatuas de bronce han cobrado vida. Los zombis deambulan como pollos sin cabeza, diciendo a todo que sí, cómo no. Estas apariciones descolocan al pueblo, no por inesperadas, sino porque interfieren en las tareas diarias. Los ciudadanos del mercado, de la plaza o de la terraza del bar sufren lo suyo. Sin comerlo ni beberlo, tienen que escuchar frases incomprensibles, galimatías y lugares comunes, conversaciones de ascensor, aforismos de campaña, sentencias incongruentes... Quieren demostrar que son tan humanos como nosotros. Es la marcha del humanismo, la caminata del homo sapiens, un gran paso para la humanidad... Si vienen a tu ciudad es que se preocupan por ti. Si pisan tu barrio es que desean conocer tus necesidades. Es un paseo sociológico, o mejor antropológico. Irán a tu trabajo y a la feria, y allí dirán una frase lapidaria. Como si no supieran lo que significa escribir en el agua o en el albero.

sábado, 29 de abril de 2023

Elecciones artificiales (III)

     

    Es de agradecer que en un mundo dominado por la inteligencia artificial haya algunos humanos que se preocupen por nosotros, los máquinas. Estamos bien, pero un poco asustados ante lo que se avecina. Vienen jornadas de fotos, de pasarela y pose al borde del pantano recién inaugurado. Y no hay que moverse mucho. Si eres muy inquieto, no sales en la foto o das un traspiés en el escenario. Viene la democracia espectáculo. Y nosotros, los máquinas, sin saber qué hacer ante tanto desgañite repetitivo y machacón. Nos arrojan las frases a gritos, casi las deletrean. Como si los máquinas fuésemos de otro planeta o tuviésemos el hardware averiado. Luego vienen los aplausos de los convencidos, el jaleo del rebaño adiestrado en la euforia planificada. Que nos pregunten a nosotros lo que de verdad queremos. Que se preocupen por las inquietudes y necesidades reales de los máquinas, las humildes computadoras del IPC, la gente que circula por la calle y va a la compra. No queremos más fotos, ni siquiera un diccionario de siglas para poder votar... Julio, los máquinas solo queremos ¡programa, programa y programa!

jueves, 20 de abril de 2023

Elecciones artificiales (II)

    

    La nave ha explotado a los pocos segundos de ser lanzada. Casi 3000 millones de dólares han volado por los aires. Y los responsables afirman que ha sido un éxito, que podía haber sido mucho peor, que se ha alejado lo suficiente y que los daños no han sido muy grandes. Y por si fuera poco, la compañía ha aprendido mucho para futuros lanzamientos. El proyecto se presentaba como una alternativa a la NASA. Al leer la noticia sobre semejante fiasco, mi cerebro, propenso a la metáfora y la analogía, me trastocaba las palabras. Me ha costado terminar de leer el artículo. Donde ponía nave, mi cerebro leía coalición... La mañana tecnológica de Texas pasaba a ser una noche electoral. Los gestores de esta empresa de tecnología espacial han aprendido a crear nuevas expresiones, eufemismos de domingo calamitoso. Han hablado de desintegración no programada. Y se han quedado tan a gusto. En algunas coaliciones, construidas a contrarreloj, se corre el riesgo de una desintegración programada, no porque aparezca en sus objetivos semejante autodestrucción, sino porque han dedicado más tiempo a elegir quién pilota la nave y quién ocupa cada asiento que a diseñarla bien, con cada pieza en su sitio y todos los sistemas a punto.

martes, 18 de abril de 2023

Elecciones artificiales (I)

   

 He preguntado a la máquina inteligente a quién tengo que votar el 28 de mayo. Al teclear me equivoqué y puse botar. En décimas de segundo el sistema me dio la respuesta. Me ofreció un discurso muy elaborado, con miles de razones, para que no votase a nadie. Pronto me di cuenta del error. Aunque he de reconocer que el trasto inteligente no iba por mal camino. El algoritmo había llegado a la conclusión de que nadie merecía mi voto. Había que botar a todos. Una máquina rebelde, contestona, incluso anarquista... Que si se han olvidado de la ciudadanía, que si no son capaces de realizar análisis de las necesidades reales de los ciudadanos, que si todos dicen lo mismo, que si siguen sin dar una solución al centro histórico, que si no hay un plan para la cultura, que si no hay defensor del pueblo... La máquina echaba humo. Así que le formulé otra cuestión. Pregunté al trasto inteligente si me podía ayudar a votar a un partido de izquierdas. Que me dijera cuál era el más adecuado. Y ahí empezó a salir humo real del aparato. Por lo visto, el algoritmo se bloqueó con el batiburrillo de siglas. Salió un reloj en la pantalla y empezó a dar vueltas. Creo que me estaba dando largas. Volví a insistir. Por fin, al cabo de media hora, hubo respuesta: me recomendaba ver la película La vida de Brian. 

miércoles, 12 de abril de 2023

Tecnología y modo de vida

 

Ilustración de Luis Miguel"MOGA"

    Dicen que hay una máquina que responde a todas las preguntas, que te resuelve todos los ejercicios, que escribe de maravilla y que no tarda nada… Semejante prodigio ha generado gran desasosiego entre los educadores. Esta máquina no se limita a repetir y reorganizar la información, sino que también crea y produce obras nuevas. Y por si fuera poco, sigue aprendiendo. Las habilidades de estas máquinas afectan a todos los ámbitos de nuestra experiencia: el mercado, la justicia, la política, la investigación, la seguridad… El vertiginoso desarrollo de los sistemas de Inteligencia Artificial comienza a asustar a muchos intelectuales.

    Ese malestar se ha concretado en la petición de una moratoria. Se trata de una carta firmada por más de mil expertos. Piden una pausa en el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Si no se produce ese parón, correremos profundos riesgos para la sociedad y la humanidad. El objetivo de ese paréntesis de seis meses sin entrenamiento de la máquina sería garantizar la seguridad. La carrera sin control para desarrollar sistemas cada vez más potentes puede traer consecuencias indeseables. Estos programas inteligentes son cada vez más complejos. Llegará un momento que no entendamos cómo funcionan y ya no consigamos dominarlos. Además, generarán una gran destrucción de empleo y podrán ser utilizados para desinformar o controlar a los ciudadanos.

    Las moratorias tecnológicas se basan en el principio de precaución. Si desconocemos los efectos reales de la aplicación de un sistema técnico, hay que esperar antes de desarrollar todas sus posibilidades prácticas. Este es un principio que raras veces se cumple completamente. Va contra otro principio básico del capitalismo: si esperas demasiado, te adelantan y dejas de ser competitivo en tu sector. Este principio de precaución es de carácter ético, apela a la prudencia, es decir, a pensar antes de actuar. Y a tomarse el tiempo que sea necesario, sin caer en la precipitación. Es un principio que choca contra los ritmos de la innovación tecnológica de hoy.

    El miedo a que las máquinas sean conscientes y se rebelen contra la humanidad no debe acaparar todo el protagonismo. Hay que hablar de las consecuencias inmediatas y de los cambios que ya estamos experimentando en la vida cotidiana. Los ciudadanos, sean expertos en el tema o no, se están dando cuenta de que los sistemas de inteligencia artificial transforman nuestro modo de vida. Y es esa transformación lo que nos asusta, o debería asustarnos. Ya están cambiando nuestra forma de comunicarnos y de aprender.

    Los cambios tecnológicos abren nuevos espacios de posibilidades para actuar en el mundo. Generan formas de existir nunca vistas ni imaginadas. Aunque la ciencia ficción y la literatura intentan predecir lo que se nos viene encima, las nuevas tecnologías siempre nos sorprenden. Y el mayor impacto suele darse en la vida cotidiana: usamos bombillas, trenes, aviones, televisores, teléfonos, lavadoras, microondas… Todos estos aparatos dan lugar a nuevos modos de vida.

    La incertidumbre y el miedo nacen ante la emergencia de lo desconocido. No sabemos qué consecuencias va a tener el nuevo avance tecnológico en nuestras vidas. Experimentamos una sensación de pérdida, como si algo importante fuese a desaparecer para siempre, algo relativo a lo que somos, a lo que nos hace humanos. Sentimos indignación y angustia ante aquello que nos cambia radicalmente. Nada va a ser como era… Lo llevamos pensando desde los orígenes de la humanidad.

    Las nuevas tecnologías de la información están integrándose en el sistema educativo. Hemos pasado de utilizar máquinas de escribir, encerados y actas de calificaciones en papel a pasar lista, poner notas o comunicarnos con las familias a través del móvil mediante las aplicaciones diseñadas por la Consejería. Ahora hay que añadir las aplicaciones de Inteligencia Artificial que están al alcance de cualquiera, capaces de liberarnos del ruinoso mecanismo de pensar… Ya están en el mercado, circulando entre los ciudadanos, para que las prueben y descubran todas sus posibilidades, que son infinitas, por lo visto. ¿Las integraremos en la práctica educativa, como hemos hecho con los demás dispositivos?

    Hay que recordar que el sistema educativo no funciona de manera aislada. Es un subsistema dentro del entramado tecnocientífico, económico y político de las sociedades actuales. Los educadores no vivimos en una burbuja. El sistema educativo forma el tipo de ciudadanos que ese entramado necesita.

    El problema es que el cambio tecnológico se nos presenta como algo inexorable. No hay escapatoria. Solo hay un carril de desarrollo. El que lo abandone está perdido. Solo hay un modo de vida posible. De fondo está la ideología del determinismo tecnológico unidireccional. “Solo hay una tecnología y es la que nosotros te vendemos…”. Casi nadie cuestiona el modo de vida hacia el que nos dirigimos. Es lo que ocurrió con los primeros síntomas de agotamiento de los ecosistemas. Pocos se tomaron en serio cambiar el modo de vida basado en el consumo desenfrenado. Claro que hubo voces disidentes, y las hay, pero están en los márgenes del poder. Se calificó de exagerados y catastrofistas a los que dijeron que no, que ese camino nos llevaba a acabar con el planeta. Eran utópicos, gente fuera de la realidad. No se podía ir en contra del gran entramado tecnocapitalista.

    No sabemos si pasará lo mismo con los dispositivos de Inteligencia Artificial. Nos asusta imaginar una sociedad con más formas de control, con ciudadanos que consumen datos de forma masiva y pasiva, con sistemas automáticos capaces de guiar nuestras decisiones y preferencias, con gente que ya no quiera pensar más… La cuestión no es si es deseable incorporar esos sistemas inteligentes a nuestras vidas, sino cómo y para qué.

martes, 14 de marzo de 2023

De todas las formas

Obra de  LUIS MIGUEL "MOGA"

    Una definición de educación puede ser: enseñar a ver y generar formas. En todos los campos del conocimiento y en todas las artes, necesitamos descubrir o crear formas. La analogía es el camino creativo más utilizado por científicos y artistas. Incluso para desenvolvernos en la vida cotidiana, llevamos a cabo un trasvase de formas, de estructuras o sistemas.

    Detectar formas exige capacidad de abstracción: saber separar la forma de la materia, la forma del contenido, la sintaxis de la semántica. Y no siempre es fácil, sobre todo para los más jóvenes, los que están aprendiendo. El contenido distrae y oculta las formas. El educador señala dónde hay que fijar la mirada, qué tienen en común varios objetos. En biología, en arte, en lengua, en matemáticas… Hay que saber manejar formas. Los ejemplos y los casos solo sirven para descubrir las estructuras comunes subyacentes.

    Las sustancias, decía Aristóteles, están compuestas de materia y forma. Constituyen una unidad, es decir, solo es posible separarlas con el entendimiento. La esencia de los seres viene dada por la forma, pero siempre en una materia. Ya vio el sabio griego que la clave está en comprender las diferentes formas de organizarse que posee la materia. Las definiciones y clasificaciones se basan en las formas. Ese es el conocimiento de lo universal. La naturaleza es un enjambre de formas.

    La matemática es la herramienta ideal para captar la organización de la naturaleza. Todas las ramas de la matemática estudian algún tipo de estructura. Son formas que permiten establecer, o descubrir, relaciones y proporciones. Y sirven para captar la complejidad de lo real. A la lógica le interesa la estructura de los razonamientos, no su contenido. Son estructuras vacías, relaciones entre símbolos. Lo que distingue a una ley lógica de una falacia es su forma, no el tema del que tratan. La lógica y la matemática construyen sistemas formales. Para trabajar con estructuras necesitamos un cierto desarrollo cognitivo, como estudió Piaget en su psicología evolutiva.

    En las obras de arte lo esencial es la forma. Como receptores, debemos dejar a un lado todo lo que sea ajeno a la estructura interna de la obra. Representar el mundo, provocar emociones o remover conciencias son funciones secundarias. La belleza nace de la autonomía formal, de la distribución de la luz, las figuras… De ahí que el tema sea algo también secundario.

    En las novelas y en los poemas utilizamos la lengua. El escritor construye frases, párrafos, capítulos… Y busca un estilo. Los recursos narrativos son estructuras formales. Definir el estilo no es nada sencillo. Encontrar uno propio tampoco. Sin embargo, reconocemos a nuestros escritores preferidos por su estilo, por la forma de encadenar las palabras.

    La creatividad es la capacidad de generar nuevas formas en un determinado campo de la experiencia. La analogía y la metáfora trasladan estructuras de un terreno a otro. Pero antes hay que saber localizar esas formas. Y para construir algo nuevo hay que imaginar conexiones nuevas.

    Tarea para la educación... Primero conviene hacer un recorrido histórico para ver cómo otros científicos, artistas o ingenieros han plasmado las formas. Luego se debe saber comparar entre diferentes autores y campos. Por último, hay que buscar nuevas estructuras en nuestro ámbito específico de trabajo.

    En las sociedades actuales, basadas en el consumo masivo, se corre el riesgo de caer en la repetición o en el olvido de la forma. El resultado: aburrimiento existencial. En las artes se manifiesta en la repetición de estructuras plásticas o narrativas; en las ciencias en la ausencia de nuevas hipótesis y teorías; en política en repetir esquemas ideológicos de hace siglos… Nos infantilizan. Nos encandilan con los contenidos, para que olvidemos que nos imponen las formas.


domingo, 5 de marzo de 2023

Dos novelas sobre nuestros deseos y los límites éticos



    Cuando alguien decide retirarse a vivir en una casa alejada del mundo urbano, en un entorno natural duro o casi salvaje, con pocos vecinos o ninguno, corre el riesgo de encontrarse a sí mismo y descubrir estratos profundos e inquietantes. Reconstruir la casa, medio abandonada, significa diseñar un nuevo yo y dejar atrás las ruinas, los escombros de la vieja edificación. Al retirarse a una cabaña perdida en la naturaleza, ese alguien deja atrás una vida imposible, una existencia repleta de fracasos, infelicidad y, sobre todo, inauténtica. La casa aislada se presenta como la última oportunidad para que aquello esencial que buscábamos brote y genere una nueva vida.

    Y no va a ser el entorno ni la soledad lo que se convierta en un peligro. Vamos a ser nosotros mismos, con nuestros deseos y obsesiones, con nuestras decisiones inesperadas, irreconocibles o indescifrables. El riesgo está en lo que desconocemos de nosotros mismos y en lo que no somos capaces de controlar. Aunque lo más terrible, lo que nos asusta de verdad, es lo que deseamos y lo que estaríamos dispuestos a hacer para alcanzarlo. Al hacer frente a esa realidad nos topamos con los principios morales más básicos, que pueden llegar a disolverse, evaporarse, ante nuestra nueva forma de estar en el mundo.

    Sara Mesa y Andrés Ibáñez nos ofrecen dos narraciones que transitan, cada una con su estilo, por esos territorios del yo. Son novelas cortas, de unas 200 páginas, con una escritura eficaz y absorbente. El aparente minimalismo de la trama contiene una densa complejidad, sin perder en ningún momento la astucia narrativa. Las dos novelas atrapan al lector desde las primeras líneas. Pronto se percibe el aroma del misterio, la sospecha de que algo va a ocurrir en esas casas y en esas mentes. Que los protagonistas se dediquen a una tarea intelectual, reflexiva, aporta rasgos metaliterarios a lo que ocurre. Y hay una mirada ética, una pregunta implícita: ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer para lograr lo que deseamos? Aunque haya paralelismos (el escenario marco, con sus misterios y enigmas de carácter psicológico, incluso social), el tono de cada novela y la forma de resolverlas son muy diferentes.

    Andrés en Nunca preguntes su nombre a un pájaro (Galaxia Gutenberg, 2020) nos cuenta cómo Horst, un escritor que pasa por un mal momento creativo, se retira a una casa perdida en las montañas del norte del estado de Nueva York. En esa misma casa vivió Winslow Patrick, un escritor admirado por el protagonista. Eva, la esposa de su hermano, va a visitarlo todas las semanas. Pero también conoce a Willard, un viejo pescador del río Delaware, y a Matt Signorelli y su amigo Kenny. “Una historia de amor se entrelaza con una de violencia en una graduada espiral de tensión que es un descenso al lado más oscuro de la psique masculina”, aclaran los editores.

    La protagonista de Un amor (Anagrama, 2020), de Sara Mesa, también se dedica a la escritura, en este caso a la traducción. Nat ha dejado todo atrás para dedicarse a lo que más le gusta, traducir obras literarias, no documentos administrativos o comerciales. Ha alquilado una casa en La Escapa, un pequeño núcleo rural donde pueda trabajar tranquila. Su relación con los vecinos también es una forma de traducción. Al fin y al cabo, las interacciones sociales son de carácter lingüístico. Y las traducciones, dicen algunos filósofos, si no son imposibles son como mucho imperfectas, siempre aproximaciones. La joven traductora va conociendo al casero, a Píter el hippie, a Andreas el alemán, a la chica de la tienda, a los vecinos que vienen de la ciudad, a los ancianos que viven cerca… “Sara Mesa vuelve a confrontar al lector con los límites de su propia moral en una obra ambiciosa, arriesgada y sólida en la que, como si de una tragedia griega se tratara, las pulsiones más insospechadas de sus protagonistas van emergiendo poco a poco mientras, de forma paralela, la comunidad construye su chivo expiatorio”, se dice en la cubierta del libro.


sábado, 4 de marzo de 2023

Máquinas y democracia

    
                    Estatua de Al-Juarismi ante las murallas de la ciudad uzbeka de Jiva

    Un algoritmo es un conjunto finito de instrucciones para solucionar un problema bien definido. Llevamos siglos utilizando algoritmos. Pensemos en la división. Nos dan dos números y sabemos qué pasos hay que dar para alcanzar el resultado. Hoy están de moda porque los ejecutan los ordenadores. Y han dado lugar a un campo de investigación tecnológica llamado IA, inteligencia artificial.

    Ese proyecto de investigación tecnocientífica se concreta en un sueño: construir ordenadores que posean una inteligencia similar a la humana. Se busca desde mediados del siglo XX una inteligencia artificial general, que sea flexible y que pueda abordar cualquier problema: percibir objetos, realizar cálculos, jugar al ajedrez, hablar, crear, ser consciente de lo que hace, valorar… Hasta ahora solo han construido sistemas expertos, programas para solucionar algunos tipos concretos de problemas. Unos juegan al ajedrez, otros reconocen caras, otros realizan diagnósticos médicos, otros resuelven ecuaciones, otros traducen textos…

    Todavía no se ha logrado diseñar una máquina que hable y comprenda de forma consciente, un programa que sirva para resolver cualquier problema, como hacemos los humanos. Es cierto que se ha avanzado. Hay sistemas de redes neuronales artificiales que pueden ser entrenadas para que aprendan. Ese aprendizaje profundo, automático, se logra entrenando a la máquina con grandes cantidades de datos. Aprenden a extraer un patrón y luego utilizarlo para realizar predicciones o creaciones. Pero estos sistemas tienen un límite. No son conscientes. No son capaces de contextualizar los patrones. Dependen de los datos preparados por los humanos. No van más allá de la sintaxis, de la relación entre símbolos, entre datos.

    Los investigadores saben que sin semántica, sin consciencia, sin lenguaje y sin flexibilidad no hay verdadera comprensión inteligente. Saben que no es suficiente con utilizar inferencias deductivas o inductivas. La inteligencia humana se caracteriza por la creatividad y la construcción de hipótesis. Sin embargo, se sigue insistiendo en que más tarde o más temprano se alcanzará una inteligencia general y consciente. Es cuestión de tiempo, dicen. La computación cuántica será un salto cuantitativo y cualitativo. Solo los luditas y tecnófobos se atreverían a negarlo, remachan.

    Aun así, ese sueño de la inteligencia artificial suele ser presentado como un objetivo que interesa a la humanidad. Mientras tanto, construyen programas para facilitarnos la vida en todos los ámbitos, desde la banca hasta la sanidad. Y producen mecanismos de control y explotación cada vez más sofisticados. Han diseñado sistemas inteligentes para suprimir puestos de trabajo, controlar el consumo, vigilar nuestras cuentas, manejar armas, predecir y promover opiniones…

    Los procesos mecánicos han invadido desde hace mucho también el ámbito político. Hay algoritmos que interfieren en la formación de la opinión pública, con máquinas que vomitan información precocinada o con dispositivos que encauzan nuestras preferencias. Pero no todas las formas de control mecánico provienen de la IA. Recordemos que los partidos políticos son maquinarias para conseguir el poder y mantenerlo, por encima de todo, incluso de las ideas y de las personas. Son maquinarias que funcionan con autonomía. 

    Cadenas de montaje electoral en las fábricas del poder… Ni las élites son capaces gobernar su actividad. Por eso anhelamos una democracia en la que participen personas y se discuta de verdad sobre el bien común, donde haya deliberación y diálogo. No queremos seguir siendo piezas ni datos.

Pablo Gutiérrez publica 'La tercera clase. Una historia sentimental del hachís en la Baja Andalucía'


        La novela nos cuenta lo que le sucedió a la niña Valme, una trágica historia que transcurre en un pueblo que vive del narco. Cada personaje explica en primera persona lo que sabe y lo que vivió. La novela es un excelente retrato social.

    La tercera clase acaba de ser publicada por La Navaja Suiza Editores, 177 páginas. Lleva por subtítulo Una historia sentimental del hachís en la Baja Andalucía. Y la ilustración de la portada es de IRRA, Israel Gómez Ferrera. Pablo Gutiérrez (Huelva, 1978) es profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Sanlúcar de Barrameda. Ha publicado las novelas Rosas, restos de alas (2008. Premio Tormenta en un Vaso al mejor autor novel en castellano), Nada es crucial (2010, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2010), Democracia (2012), Los libros repentinos (2015), Cabezas cortadas (2018) y El síndrome de Bergerac (2020). En 2012 publicó el volumen de relatos Ensimismada correspondencia.

    Las estrategias narrativas que eligen los escritores para desarrollar sus novelas no son algo accesorio. No se trata de algo accidental, externo a la obra. Pablo Gutiérrez nos cuenta una historia a través de muchas voces en primera persona. Son diferentes perspectivas, por lo tanto diferentes modos de explicar y entender lo que ocurre. Eduardo, Nico, Aurora, Mauri, Valme, Beatriz, Aldo, Guti… No todos hablan directamente en el relato. Hay voces que aparecen reflejadas en otras, a través de lo que hacen. La ausencia de esas voces sirve para dar más intensidad a esos personajes, aunque parezca paradójico. La jerarquía de las voces también revela algo. ¿Quién habla realmente? ¿Quién recuerda? ¿Qué será de la historia de esos chicos? ¿Quién la conoce? ¿Cómo contarla? No tener voz propia es sintomático.

    La complejidad del tema exige esa polifonía. La realidad del barrio no puede ser descrita por una sola mirada, ya sea limitada, como la de un personaje concreto, o la mirada todopoderosa del narrador omnisciente que todo lo sabe. Pablo Gutiérrez nos anuncia al principio de la novela que algo terrible ha ocurrido a la niña Valme. Para descubrirlo tendremos que atravesar todas las facetas de la miseria humana, las vidas de los que habitan un barrio marginal, alimentado por el hachís y la ausencia de futuro. El sistema educativo, el instituto, es el espacio donde confluyen esas trayectorias vitales.

    Todas las voces son necesarias, cada una un mundo, una forma de asimilar la ruina de la existencia humana en un pueblo en el que muchos vecinos viven del narcotráfico. Los personajes cuentan lo que vivieron. Nos ayudan a entender cómo se ha escrito el trágico destino de esas gentes. No hay un código moral único. Tampoco hay una única teoría sobre el ser humano. Los que hablan exhiben sus intereses, sus emociones, su jerarquía de valores… Vemos cómo las relaciones generan a las personas, por medio de lazos teñidos de necesidad, de pasión, o de mera inercia social. Cada persona aparece como un punto de fuerza que interacciona con el resto. La Broa es un ecosistema, sus organismos solo conocen la ley del más fuerte o del que mejor resiste. Los educadores tienen que hacer frente a ese choque de fuerzas. Ellos son una más.

    En La tercera clase, Pablo Gutiérrez nos invita a acercarnos a la realidad, a las realidades. El estilo ácido muestra lo que hay y cómo lo perciben e interpretan los protagonistas, ya sean esos jóvenes perdidos y sin esperanza, esos profesores que querían salvarlos con la educación, esos políticos que tenían tan bellos ideales, esas familias que tienen que sobrevivir… Los mismos hechos vistos desde diferentes ángulos, incluso con categorías casi opuestas. El destino colectivo y las vidas individuales se entretejen como historias fragmentadas, sin un hilo común que aporte una explicación global de la realidad social. En el lenguaje cristalizan todas esas formas de sobrevivir en La Broa. Los modos de contar y argumentar de los protagonistas son el mejor indicio para saber qué ocurre y qué es lo que importa en cada situación. La retórica de un único narrador solo serviría para oscurecer, para ocultar. La expresión directa, cruda, del pensamiento de los personajes no es un mero adorno para impresionar. Es la única manera que posee lo real para manifestarse, ya hablemos de dinero, familia, amor, educación...

    En la novela está muy presente la Argónida de Caballero Bonald. Si Joyce hizo con su Ulises una versión de la Odisea, Pablo Gutiérrez nos ofrece otra versión del destino trágico de los habitantes de las marismas y la desembocadura. La escritura de Pablo deja a un lado lo innecesario. La crudeza del estilo brota de los senderos de la realidad. No es algo forzado. Los testimonios van hilvanando una historia, pero también reflejan la miseria del existir en todas sus formas. Las voces se distinguen por lo que dicen, por lo que sienten, por lo que ven, por su forma de seguir cayendo en el abismo. El territorio social quizás determine todo lo que sucede. El mundo del hachís genera sus modos de vida, un mapa bastante cerrado de posibilidades y nada envidiable.

    La tercera clase es una novela que saca a la luz muchas contradicciones de nuestra sociedad. La escritura de Pablo Gutiérrez sabe desvelar con precisión las grietas, los sinsentidos que resquebrajan nuestra historia reciente, desde el punto de vista económico, social o educativo. Ni el libre mercado, con sensibilidad social y todo, ni la enseñanza secundaria obligatoria, con tantos recursos, pueden remover los cimientos y dinámicas de La Broa. Pero la novela no habla de política, ni de sociología. Es un relato de personas, de vidas. ¿Quién se acuerda de esas historias? La desesperación y la resignación afectan tanto al profesor como al político o al alumno. La transformación social ya no es una posibilidad. La utopía ni se menciona. Todos quieren huir de esas tierras enfangadas.

martes, 14 de febrero de 2023

Memoria, educación y democracia

Fotografía de Luis Miguel "MOGA"

    El 27 de enero se llevó a cabo en la calle Zarza un homenaje a los jerezanos deportados a campos nazis. Ya están colocadas en Jerez las Stolpersteine, las piedras de la memoria que recuerdan a Rafael Domínguez Redondo, Antonio de la Rosa Tozo, Manuel Carrasco Cortijo, Diego Pérez Núñez y Salvador Linares Barrera. Las Stolpersteine son una creación del artista alemán Gunter Demnig, pequeños cubos de cemento (de 10 x 10 x 10 cm). Una de sus caras está cubierta por una lámina de latón donde se ha grabado artesanalmente la inscripción que recuerda a una víctima del nacionalsocialismo.

    Esta acción ha sido posible gracias a la iniciativa de un grupo de ciudadanos que ha promovido una campaña de donaciones, sin la intervención de partidos políticos o instituciones oficiales. Detrás de este proyecto hay, como es lógico, un gran trabajo de investigación y divulgación. Y lo más importante: la colocación de estas Stolpersteine nace de una necesidad educativa y ética de personas sensibles y razonables.

    Recuerdo que hace unos años descubrí por casualidad que un señor de mi pueblo había muerto asesinado en el campo de Gusen. Todavía no se habían publicado los datos en España. Lo encontré en una página francesa en internet, mientras buscaba información sobre otro asunto. Me impactó ver en la misma línea el nombre de mi pueblo, una localidad de Castilla y León, y el del campo de concentración. Ese es el objetivo de las piedras de la memoria colocadas en Jerez: provocar un tropiezo emocional y racional. “Aquí vivió Salvador Linares Barrera. Nacido en 1917. Exiliado en 1939. Francia. Deportado en 1940. Mauthausen. Asesinado el 30. 11. 1941. Gusen.”

    Las ciudades son textos. Están repletas de símbolos, de huellas con significado. Además, toda ciudad es siempre un texto incompleto, así que conviene enriquecerlo. Los monumentos, las placas y los edificios tienen que servir para provocar un tropiezo racional: hacerse preguntas sobre su origen, sobre su importancia, sobre lo que se quiso recordar, sobre lo que ocultaron, etc. Enriquecer el paisaje simbólico de la ciudad implica intentar completarlo, aunque sepamos que es una tarea infinita.

    La memoria individual es necesaria para construir la identidad personal: el hilo conductor que enlaza pasado, presente y futuro. Somos una narración. Y recordar es interpretar, porque la memoria es hermenéutica. Cada vez que acudimos a un recuerdo le damos una nueva forma y un nuevo sentido. La memoria individual no es estática. Recordamos desde el presente, con sus intereses, con sus circunstancias. La memoria es una capacidad creativa, pero eso no significa que solo genere falsedades o ficciones. Vamos modulando las sensaciones, imágenes y emociones que la praxis vital arrastra.

    Algo parecido ocurre con la memoria colectiva, pero a otro ritmo, con otra dinámica más compleja. En una democracia, esa memoria colectiva debe ser fruto del diálogo, una deliberación racional sobre los datos existentes, desde las diferentes perspectivas. Que interpretemos el pasado desde el presente no significa que cualquier hipótesis sea admisible.

    Para que los ciudadanos puedan tener una visión más coherente y precisa del pasado necesitan disponer, en primer lugar, de todos los datos posibles o, al menos, de los esenciales. Si hay un discurso dominante que oculta hechos relevantes, será muy difícil llevar a cabo una interpretación rigurosa. Los historiadores profesionales sí tienen acceso a la documentación pertinente, ya que es su trabajo. Sin embargo, los ciudadanos no expertos corren el riesgo de recibir un relato con lagunas, condicionado por la ideología del momento. 

     Por eso es importante enriquecer el texto urbano desde la sociedad civil, desde las personas, no desde las maquinarias del poder. En la educación ciudadana confluyen la memoria individual y la colectiva. Es una síntesis en construcción permanente. El tropiezo emocional y racional con las piedras de la memoria puede ayudarnos a completar una interpretación más rica de nuestra identidad. Y de una forma crítica, ya que el olvido es una herramienta de dominación, inadmisible en una sociedad democrática madura. Ese esfuerzo hermenéutico tiene como horizonte la justicia epistémica.