martes, 21 de junio de 2022
El camino
sábado, 18 de junio de 2022
Jornada de reflexión
Nadie puede interferir en la reflexión del ciudadano preparado para votar. Sería un acto descortés. Lo importante es saber elegir con autonomía. Hay que pensar en todo, en uno mismo, en Andalucía, en España, en Europa... Elegir no es fácil. Y menos aun si de lo que se trata es de mejorar el universo. Piensen en lo que podemos perder, la dignidad. Piensen en lo que podemos ganar, la dignidad. Nos piden que pensemos hoy, como si fuese la primera vez. Ya hemos pensado en estos asuntos muchas veces. No todas las opciones son iguales. Queremos una sociedad donde todas las personas puedan vivir, una sociedad en la que se respeten los derechos fundamentales que aparecen en la Constitución. El sentido común nos dice que esos derechos son innegociables. No se dejen llevar por esos eslóganes que parecen solucionar todos lo problemas al pronunciarlos. Piensen en el camino recorrido. Quizás empezó con la Revolución Francesa, o mucho antes. Ahora no podemos volver atrás, al antiguo régimen, al feudalismo, a un mundo con privilegios de clase, con fanatismos y exclusiones, un mundo que no conoce los principios básicos de la humanidad. Hoy nos toca pensar y mañana votar. No se dejen engañar por los símbolos o los colores, porque nada tienen que ver con las necesidades reales de los ciudadanos. Aunque suene extraño, seguimos en lo mismo, en encontrar la libertad, la igualdad y la fraternidad. Pero hay gente que no lo ve así. Hay propuestas que nos mandan al mundo de las cavernas. Quieren que volvamos atrás, a esas sociedades en las que manda el más fuerte y el más ignorante... Han recuperado rancios dogmas, pensamientos muy alejados de las democracias modernas. Reflexionen sobre lo que nos viene encima, gente atrapada en símbolos arcaicos y tradiciones hace tiempo superadas. El camino de la justicia y la libertad es más difícil. Requiere tiempo.
martes, 14 de junio de 2022
Preparados para saber elegir
El modo de vida actual nos obliga a elegir cada vez más. Hay que rellenar muchos documentos y escoger entre diferentes opciones: qué quiero estudiar, qué tipo de contrato, qué modo de pago, qué tipo de motor, qué modelo de móvil, qué color de pelo, qué menú… Vivimos en sociedades complejas, abiertas y plurales, donde la libertad de elegir se ofrece como un valor incuestionable. Dicen nuestros mayores que en sus tiempos no había tantas opciones, apenas elegían en sus vidas. Hoy es todo lo contrario, nada parece simple o sólido. La libertad se ha burocratizado. Somos un formulario, de papel o digital.
sábado, 11 de junio de 2022
La pegatina II
Ya la han quitado. Justo el mismo día en el que me llegó al buzón propaganda electoral de un partido político distinto. Será un casualidad. De la contigüidad espacial y temporal de dos hechos no puedo deducir una relación causal de buenas a primeras. Pensé, desde mi ingenuidad, que vería envejecer la pegatina. No ha llegado ni a la adolescencia, la pobre. No ha durado ni la mitad de la campaña electoral. Quedan unos restos, los que siempre se resisten a salir del primer tirón. Arrancar una pegatina es un acto técnico que requiere pericia. Con lo fácil que es ponerla... El que la ha quitado no estaba pensando en hacerme un favor y limpiar mi fachada. Si fuese así, no habría dejado esos restos. Es la guerra de los carteles, la lucha por el espacio. Cada vez se ponen menos, pero sigue habiendo disputas. Son como niños, basta que uno ponga elija un sitio para que se le antoje al otro. De repente, aquel insignificante rincón se convierte en el enclave estratégico que todos quieren conquistar. Se trata de una dialéctica espacial, o algo así. El empujón sustituye al argumento. Creen que ahí se van a fijar los indecisos, porque todos los que no han decidido su voto pasan por ese rincón. Si el espacio físico fuese infinito, no tendría gracia. Es lo que ocurre con la red, por eso es más aburrida la campaña en ese entorno virtual. Aunque habrá intentos de piratear los anuncios digitales.... No vaya a ser que los indecisos que visitan esa página...
viernes, 3 de junio de 2022
La pegatina I
Me ha hecho mucha ilusión ver una pegatina en la puerta de los contadores del agua. Después de tanta red social y tanta pantalla, ver la foto de la candidata sonriente en mi fachada, con sus colores, eslogan y siglas, me ha animado. De las primeras elecciones solo recuerdo eso, mi afán por coleccionar pegatinas de todos los partidos que visitaban mi pueblo, allá en Castilla. Llegaban en un coche empapelado, con megáfonos que dispersaban música estridente y frases incomprensibles para nosotros, los más pequeños. Corríamos detrás hasta que nos regalaban las pegatinas. Misión cumplida. Por eso al ver una pegatina, aquí, en el siglo XXI, en una plaza de Jerez, me da la impresión de que algo conecta esas dos experiencias. Puede ser la ilusión, el pensar que la gente quiere seguir mejorando, que va a escuchar las diferentes propuestas, que va a decidir con el bien común en el horizonte... La pegatinas y los carteles traen el aire festivo de la democracia a las calles. Ya lo sé, quizás sea un ingenuidad infantil, pero no nos queda otra. También he pensado en que la pegatina irá perdiendo los colores, abrasada por el sol. Los discursos serán agrios y vacíos. Los argumentos serán embadurnados de emociones y bajas pasiones. La pegatina perderá su brillo. Todo el mensaje se irá desdibujando, hasta que empiece a ser molesta, algo que ensucie la pared.
domingo, 29 de mayo de 2022
Campaña
martes, 17 de mayo de 2022
La diversidad cultural
jueves, 12 de mayo de 2022
Imagen de un agujero
La primera vez que me contaron algo sobre los agujeros negros estaba en el colegio. Una asociación de astronomía fue a darnos una charla. Las diapositivas desfilaban ante nuestras miradas. Y nuestros cerebros se aceleraban, o se esponjaban. Aquel grupo llegado de la capital nos traía noticias del universo. Nos hablaban de estrellas, telescopios, velocidad de la luz, Big Bang... Fue un acierto de nuestro profesores organizar aquella actividad. Se nos hizo muy corto. El tiempo encogió, quizás por la velocidad de nuestro pensamiento. Recuerdo que les hicimos muchas preguntas. Nos quitábamos la palabra unos a otros para saber más. Y es lógico, porque cuando te dicen que ni la luz puede escapar de esos objetos supermasivos... Ahora, mediante una red de satélites, han logrado, fotografiar el agujero negro que se encuentra en el centro de nuestra galaxia. No hace falta ser un físico para quedarse con la boca abierta. La inmensidad nos desborda. Es lo sublime. Pensar lo grande y lo pequeño nos deja pasmados. Pero quizás no sea lo más importante. Las distancias, las masas, la gravedad... Detrás de todos esos conceptos está el trabajo de los científicos. Detrás está la matemática. Para pensar en un agujero negro debemos resolver ecuaciones. Y tenemos que ser capaces de imaginar lo que esos números representan. Al hablar de la curvatura del espacio-tiempo necesitamos utilizar la imaginación para llegar a captar qué significa eso de la gravedad. Y recurrimos a la imaginación porque es el atajo que los mortales tenemos para interpretar las diversas geometrías que la razón nos ofrece. Detrás de la imagen del agujero negro está agazapada toda la historia de la ciencia y la tecnología. Harían falta millones de páginas para explicar cómo ha sido posible esa imagen. Lean la Historia del Tiempo, de Stephen W. Hawking. Allí habla de física, de singularidades y relatividad. Recuerden que este gran físico y divulgador también explicó cómo se evaporan los agujeros negros. Es una lectura que a lo mejor nos permite entender qué significa esa fotografía recién hecha por una red de científicos del siglo XXI. El reto técnico y metodológico nos muestra otra vez lo sublime del saber.
domingo, 8 de mayo de 2022
El reloj del poder
Hay citas a las que no conviene llegar tarde. A una entrevista de trabajo, por ejemplo. El problema no es hacerse esperar, sino la imagen que proyectas al que te observa. Si quieres mostrarte como una persona seria, que organiza su trabajo con honesto interés, es bueno que llegues a tiempo. Y si andas apurado, incluso si apareces fuera de plazo, deberás dar explicaciones, y con fundamento. Porque puede dar la impresión de que eres un descuidado, que tus verdaderos intereses son otros y que todo es una pantomima. Claro, que aquí tiene la culpa tanto el que espera como el que no aparece. Se ve que no han sincronizado bien los relojes del poder... No se han aclarado a tiempo. Ya sabemos que los acuerdos electorales son complejos, nadie lo duda. Y que hay que hacer encaje de bolillos para que todos estén contentos. Esa es la lógica de los procesos electorales, la maquinaria que siempre está en marcha. El asunto es que esa búsqueda del poder por el poder era una de los elementos que había que erradicar de la vieja democracia representativa. Lo importante eran las necesidades reales de la gente, no los puestos en las listas electorales. Ni siquiera las ideas o los eslóganes iban a estar por encima de esos problemas de los ciudadanos. Y ahora resulta que no sois capaces de unir todas las fuerzas, que no sois capaces de mostrar un proyecto único donde se defiendan los intereses de los trabajadores andaluces. Os habéis vuelto a enredar en la estrategia. No basta con dar cuatro brochazos verdes o rojos. Y menos si se utilizan como excusa para ir cada uno a lo suyo. La apatía del electorado no se elimina llegando tarde ni formando un club a parte. La unidad es una utopía porque ya no es prioritaria. Hay otros intereses, la vieja historia... Además de los programas, os pedimos un diccionario de siglas, para aclararnos con tiempo, no sea que lleguemos tarde a votar o no lleguemos.
sábado, 23 de abril de 2022
Escribir, leer y publicar
Día del libro
No hay forma de acabar con los libros. Lo han intentado, pero sin éxito. Ahí siguen, con sus lomos y sus páginas. Incluso abren nuevas librerías. Empezamos a leer por obligación, como si fuese una tortura, y acabamos leyendo por necesidad, como si fuese algo esencial para ser felices. Claro que podemos vivir sin libros... Y sin ojos, sin cerebro, sin corazón... Solo contienen historias, ideas y cualquier cosa que se nos pase por la cabeza. Así son los libros. Si todos leyésemos más, seríamos mejores personas. Falso, absolutamente falso. Leer no nos convierte en seres mejores. De hecho, leer no nos convierte en nada. Ahí radica su atractivo. Leer es una forma de perderse. Ya sea un relato o una argumentación filosófica, leer implica abandonar este mundo. Y el mundo no es tan malo. Si quitamos las enfermedades, la guerra y la muerte, lo demás es llevadero. Pero los libros... Parece que nos invitan a dejar de vivir. Nos ofrecen muchos mundos, al menos distintos.
https://www.lavozdelsur.es/cultura/roedores-de-cultura/dia-libro_275723_102.html
martes, 19 de abril de 2022
Formas breves de narrar y de pensar
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| Diseño de Miguel Parra |
martes, 8 de marzo de 2022
Palabra de Homo sapiens sapiens
| Creación de Domingo Martínez |
martes, 8 de febrero de 2022
Los borradores, las notas y los tachones
| Fotografía de Domingo Martínez González |
Por eso son tan importantes los cuadernos de trabajo de los
creadores. Nos demuestran que no son dioses, sino humanos extraordinarios. Son
seres capaces de obsesionarse con una idea o un problema y dedicar toda su vida
a pensarlo, a resolverlo o reformularlo infinitas veces, hasta que logran algo
parecido a una solución.
El libro que ustedes están leyendo, o su cuadro preferido,
es la última versión de una idea que revoloteó dentro de la mente de un creador
durante mucho tiempo. Nos surge la duda de si la obra es ese resultado final
que ahora contemplamos o el proceso completo, desde que brotó la idea original
hasta que compramos la obra. Si incluimos todos los bocetos y borradores,
también debemos añadir la recepción por parte del lector, con sus
interpretaciones y perspectivas. La obra es un proceso abierto.
No todos los creadores están de acuerdo con revelar el
andamiaje de sus obras. Hay miedo, pudor, o mero desinterés. Los borradores reflejan
la intimidad del intelectual, sus dudas, errores y callejones sin salida. Las
notas de trabajo y los cuadernos sacan a la luz también las fuentes de donde
beben el artista y el científico. Vemos quiénes son sus modelos, reconocidos
públicamente o no. Algunos creen que todo esto debe quedar oculto, que es parte
de la intimidad del proceso creativo y que no tiene interés para nadie. Incluso
puede ser utilizado en su contra, para buscar puntos débiles.
Hemingway escribió cuarenta y siete finales distintos antes
de concluir Adiós a las armas, nos
cuentan Anthony Brandt y David Eagleman en su excelente ensayo La especie desbocada (Anagrama, 2022). Nadie
puede sospechar, nos dicen los autores, que “una abundancia de opciones dio lugar
a la última página de la novela”. En todas las artes hay una infinidad de
variaciones y alternativas antes de plasmar la solución final. “Para diseñar el
Flea Theater de Nueva York, la Architectural Research Office elaboró setenta
fachadas distintas.”
El libro habla de cómo la creatividad humana remodela el
mundo. Así que hay ejemplos de todos los campos. Desde la pintura hasta el
diseño de coches o fármacos. La herramienta que utilizamos para innovar es el
cerebro, que genera “superabundancia de opciones: muchas no llegan a la
conciencia, y de entre las que lo consiguen, son muchas las que sucumben”. Para
Eagleman, neurocientífico, y Brandt, compositor, el trabajo creativo se basa en
tres operaciones: doblar, romper y mezclar. Todas las innovaciones surgen de
estas formas de transformar lo que vemos y recibimos de nuestra tradición. Es
evidente que no todo lo que doblamos, rompemos o mezclamos se convierte en una
obra definitiva. En el camino quedan muchos intentos, muchos fracasos, porque para ser innovador y triunfar es
preciso ser arriesgado, original… y contar con un contexto social oportuno.
Conocer los bocetos y las notas de trabajo no solo es bueno,
sino también necesario. Acaba de aparecer una edición ampliada de La idea de principio en Leibniz y la evolución
de la teoría deductiva, publicada por el CSIC, de la mano del filósofo
Javier Echeverría. Se han incluido 587 notas de trabajo de Ortega y Gasset. Estas
anotaciones nos ayudan a conocer la mente creativa del filósofo, sus fuentes, y
las modificaciones que llevó a cabo a lo largo del proceso de escritura. Si los
libros publicados nos muestran el pensamiento del autor, sus notas y borradores
reflejan cómo pensaba. Así, encontramos
en esta nueva edición imágenes de los manuscritos, con notas pegadas con celo
en el folio.
lunes, 7 de febrero de 2022
Carnaval
El pasado es un conjunto de perspectivas deformadas por la memoria, que es la imaginación disfrazada de notaria.
martes, 25 de enero de 2022
Aceleradores
lunes, 24 de enero de 2022
La ciudad sin lugar
Camino por la calle Porvera. La mascarilla, además de proteger y dar calor, genera un nuevo espacio de intimidad, un hueco para seguir pensando. La gente circula a mi lado, cada cual con sus quehaceres, sus tareas y preocupaciones cotidianas. Cada uno vive su ciudad desde esas labores, esas experiencias con sentido. Las calles que recorremos, los edificios que visitamos, los bancos en los que descansamos, los coches que conducimos o esquivamos… Nuestra ciudad es un conjunto de senderos con significado. Y forman un todo, nuestras vidas. Me pregunto qué ciudad deseamos y por qué.
A veces leo que la filosofía nació con la ciudad. Me parece una exageración. Es cierto que la filosofía es una actividad muy urbana, pero seguramente ya los cazadores-recolectores pensaban y dialogaban alrededor del fuego, o mientras se desplazaban en busca de alimento. Se asombrarían ante el cielo estrellado y discutirían sobre las normas del grupo, sobre cómo gestionar los asuntos comunes. Somos seres sociales por naturaleza, insisten los antropólogos.
Hace unos 10.000 años la humanidad comenzó a cultivar la tierra, a criar ganado y a construir murallas. Con el Neolítico arranca otro modo de vida, de producción, y surgen la escritura, las leyes, las instituciones estatales, las ciencias y las técnicas. Nos volvimos sedentarios y construimos las ciudades. Pasamos de vivir en pequeños grupos a habitar grandes poblados, algunos inmensos. Fueron surgiendo formas de convivencia cada vez más complejas. Se trata de un largo proceso, el nacimiento de una forma de sociedad que iría cristalizando en varias zonas del planeta.
Los filósofos griegos pensaban que el ser humano solo podía desarrollarse plenamente si vivía en la polis, en su ciudad-estado. Es en la ciudad donde desarrollamos nuestra racionalidad, tanto en el aspecto teórico como práctico. Las virtudes cívicas nos constituyen como humanos. Es en la ciudad donde hablamos y razonamos. La ciudad es el lugar del logos. La ciudad justa, es decir organizada racionalmente, propicia la existencia de ciudadanos justos. Y si cada persona desarrolla las virtudes que le corresponden, la sociedad funciona como es debido. Necesitamos instituciones adecuadas para poder participar, ser prudentes, amables, generosos, valientes, moderados… Sin el marco de la ciudad, nuestra racionalidad no puede desarrollarse al máximo. La ciudad proporciona el espacio y el tiempo que el logos requiere.
También se dice que cuando éramos cazadores-recolectores vivíamos en una especie de comunismo primitivo, donde todo era de todos y apenas había división del trabajo. Sin embargo, es con la progresiva aparición de la propiedad privada de los medios de producción como aparece un nuevo concepto de lo común. La vida en los grandes poblados exige la realización de obras para garantizar bienes comunes, como puede ser el acceso al agua, la muralla protectora, la iluminación o los caminos para trasladarse. Hace falta un poder central que recaude impuestos para poder llevar a cabo tales proyectos. Con la ciudad surge una conciencia diferente de lo común, por oposición a lo privado.
La ciudad es el lugar de lo común, ya que es en el ágora donde debatimos qué leyes aprobar para garantizar la convivencia y esos bienes colectivos. A la hora de construir la ciudad, de gestionar los espacios, queda reflejado quién tiene el poder. El espacio urbano es un espacio político y económico. Solo existe espacio puro en la matemática. La ciudad es un haz de fuerzas y de intereses. La estructura urbana refleja quién ha mandado, quién ha decidido. Nuestras ciudades han sido modeladas durante los últimos siglos para producir, para generar productos y distribuirlos, para acoger a los trabajadores y hacer posible un consumo intensivo.
Ese lugar de lo común ha sufrido recientemente grandes transformaciones. La plaza pública, con sus instituciones políticas, ha experimentado una desvitalización radical. Los centros comerciales de la periferia, con sus colmenas de adosados, y el ciberespacio, con su mercado global, han vaciado los centros de la ciudades. Los solares son síntomas de la ciudad vacía. Espacios sin ciudadanos, pero repletos de consumidores-turistas accidentales. Han surgido ciudades paralelas a las afueras, donde ya no se oculta su finalidad esencial, el consumo. Las otras actividades, las que nos permiten participar en las decisiones, crear lo común y vivirlo, ya ni son mencionadas.
Para crear la ciudad perfecta hay que pensar lo que no tiene lugar, hay que ser utópicos. Hay que pensar cómo traer otra vez la política a los centros de las ciudades. Hay que pensar cómo diseñar ciudades que acojan la vida en toda su plenitud, con todas sus dimensiones. Los espacios públicos pueden ser algo más que espacios económicos, productivos. Y deben serlo. Tenemos la obligación de pensar ciudades para caminar, sin contaminación, con lugares para el juego y la cultura… Tenemos derecho a todo ello. Pero hay que realizar un esfuerzo creativo y político para saber integrar todas las actividades que nos definen, trabajar, consumir, conducir, contemplar, pasear, jugar, pedalear, respirar…
Los ciudadanos deberíamos participar en la construcción de los espacios urbanos. Necesitamos un hueco en los gobiernos municipales, para deliberar y decidir, desde el compromiso y la responsabilidad. Sin esta participación, corremos el riesgo de que los técnicos impongan criterios formales muy alejados de las vivencias de las personas que habitan la ciudad. Toda representación política implica desvitalización, alejamiento de las necesidades reales. Y no bastan los datos, las estadísticas. Lo cuantitativo es necesario, pero no suficiente. La experiencia vital de un vecino que narra sus problemas de acceso a un determinado bien común aporta conocimiento situado y proporciona la comprensión necesaria para generar soluciones con sentido.
miércoles, 19 de enero de 2022
Águeda y el horizonte
La luz de los días será entera para ti.
Las sombras de las tardes te mimarán como nunca.
Y los sueños ya solo te anunciarán utopías.
Las huellas que nos dejaste hablan del futuro.
Vivir es crear nuevos espacios...
El espacio es infinito.
miércoles, 12 de enero de 2022
Ana y los bucles
Cada rizo es una espiral, una especie de galaxia, con un agujero negro, de los que atrapan la luz. Hay que ser osado para acercarse, como yo, sabiendo que no hay escapatoria.
martes, 11 de enero de 2022
Ariadna y los hilos
Hay hilos muy finos, tan delgados que solo una inteligencia sensible puede percibir... Sin ellos el laberinto es oscuro y terrible.
Cloe y el logos
A veces la hierba se mueve y genera viento. Y ese soplo se convierte en palabras, huellas de un pensar indómito.
La responsabilidad
| Ilustración de Luis Miguel Morales ‘MOGA |
“Apelamos a la responsabilidad
de cada ciudadano”, nos recalcan las autoridades. Cuando la incertidumbre
impide legislar de forma coherente, se apela a la responsabilidad individual.
Estamos tan poco acostumbrados, que muchos ciudadanos se indignan. Lo ven como
una forma de lavarse las manos, para que seamos nosotros los que nos devanemos
los sesos y nos equivoquemos. Porque si el Estado no se atreve a prohibir ni a
obligar, si no sabe nada del qué y del cómo, entonces es que el asunto es muy
oscuro, con dilemas morales incluidos.
Para pagar los impuestos o para conducir no suele haber esta
atribución de responsabilidad, o descarga, por parte del Estado. A nadie se le
ocurre proponer que el pago de los impuestos dependa solo de nuestra
responsabilidad, y que no hace falta una ley que regule todos los casos. Que
cada uno sepa lo que tiene que pagar a hacienda y cuándo… Tampoco con el
tráfico parece conveniente decir que cada uno elija la velocidad que considere
adecuada, según su responsabilidad. En ambos terrenos, hemos elaborado una
legislación muy compleja, llena de limitaciones, obligaciones y prohibiciones.
La incertidumbre y la novedad vienen de la mano. Se apela a
la responsabilidad de los ciudadanos para prevenir los contagios y saber qué
hacer en cada caso. Se nos pide observar, valorar y decidir, desde nuestro
conocimiento, desde nuestras circunstancias y desde nuestra autonomía. Quieren
que seamos capaces de valorar las consecuencias de nuestras decisiones, porque
nuestros actos afectarán a los demás, a la sociedad en su conjunto.
En el ámbito educativo hay un asunto que nos trae de cabeza:
el uso de los teléfonos móviles y dispositivos similares. Hay muchas dudas, tanto
en el ámbito familiar como en el escolar. Y las opiniones son muy dispares.
Algunos creen que la única solución es la prohibición absoluta del uso del
móvil en los centros educativos. El uso responsable de estos dispositivos lo
ven como una utopía. Una vez que el móvil está en manos del alumno, va a ser
imposible evitar que se haga un mal uso. Los más optimistas creen que sí es
posible enseñar a utilizar bien todos estos aparatos. Se trata de herramientas,
en este caso digitales, de gran utilidad para todas las materias. Uno de los
objetivos del sistema educativo actual, dicen, debería ser enseñar a manejar
todos los recursos digitales, tan necesarios en el mundo laboral y cultural, en
el ocio, en el consumo…
Para usar bien las nuevas tecnologías es preciso poseer un
conocimiento de las normas técnicas. No hace falta saber programación ni ser un
experto en hardware, pero sí hay que conocer cómo se usa bien un programa para
realizar correctamente una tarea. Pero usar bien las tecnologías digitales también
conlleva un conocimiento ético y jurídico. Y es aquí donde entra la
responsabilidad.
Decimos que una persona es responsable cuando se hace cargo
de las consecuencias de sus acciones. Hacerse cargo significa pensar antes de
actuar y valorar todas las posibilidades, a corto y a largo plazo. La
responsabilidad está emparentada con la prudencia. Cuando uno responde por lo
que ha hecho, ante el tribunal de la conciencia o de la justicia, o simplemente
ante los que le rodean, está dando por hecho que sus actos son fruto de una
decisión libre. Así que la responsabilidad también está emparentada con la
autonomía moral. Al apelar a la responsabilidad, se está recuperando al sujeto
moral, aplastado en muchas ocasiones por las normativas y protocolos. Ninguna
legislación puede acabar con la ambivalencia de los usos de las nuevas
tecnologías. Solo la responsabilidad personal y el sentido común pueden
garantizar un uso racional.
Graciano González R. Arnaiz, en su libro Ética y responsabilidad (Tecnos, 2021), dice que estas apelaciones a la responsabilidad se han puesto de moda porque las nuevas tecnologías han causado “una ampliación del radio de acción del comportamiento humano”, lo que se ha traducido en mayor incertidumbre y conciencia del riesgo. Tras el “desfallecimiento de la razón para saber qué debemos hacer”, la responsabilidad se ha convertido en el centro de la reflexión moral. La responsabilidad se basa en la apertura al otro, en la obligación que tenemos de “responder de nuestras acciones en el encuentro con los otros”.
https://www.diariodejerez.es/jerez/responsabilidad_0_1646237056.html
sábado, 1 de enero de 2022
Calendario de Talleres Leibniz 2022
A pesar de estar encerrado, por motivos de salud, Cándido no se ha olvidado de este humilde blog y nos ha remitido su emblemático almanaque. El lema de este año es "Lo esencial está de moda". Me dice que le ha costado mucho encontrar lo esencial de cada mes. Y es que tendemos a lo superficial y a enredarnos con las apariencias, se lamenta. Claro que, si uno lo piensa bien, las apariencias son el núcleo esencial de nuestras sociedades, añade con resignación. Así que enero comienza con un "Rebaja tus expectativas y no sufrirás tanto". En febrero hallamos ese célebre aforismo del conocido filósofo lapón: "¡Qué fácil es disfrazarse en el Caribe!" En abril nos recuerda la meditación décima de su teólogo favorito: "Vivir sin pasión, menuda cruz." Todos los meses ofrecen alguna perla. Esperemos que Cándido vuelva pronto al taller, con sus averías y sus ilustrados clientes. Cuando fui a cambiar el aceite, hace un mes, me lo encontré discutiendo acaloradamente sobre un texto de Pascal con un señor que solo había entrado a comprobar la presión de una rueda. En fin, que mejore. Y ya saben, como dice Cándido: "Vivimos en el mejor de los mundos posibles. Y si no es sí, se lo reparamos. "
miércoles, 29 de diciembre de 2021
Sísifo y la caligrafía
Cuando creíamos que teníamos la piedra en la cima y bien quietecita, empezó a rodar y rodar otra vez. Y era tan redonda la piedra, de puro desgaste, que recibió el nombre de la letra más redonda. Y todo transcurre como el eterno retorno, en un ciclo cansino, con un alfabeto infernal.
martes, 21 de diciembre de 2021
Diferencias
El escéptico es prudente, el negacionista temerario. El escéptico se atormenta a sí mismo, el negacionista a todos los que le rodean.
martes, 14 de diciembre de 2021
Síntomas
Brechas epistémicas
| Detalle de la portada del libro: Conocimiento expropiado. |
Hay brechas tan pequeñas que no necesitan puntos de sutura. Los tejidos están próximos y son capaces de volver a la continuidad de la piel y la carne. Hay brechas grandes. Son las que nos asustan y requieren una ayuda, algo que mantenga la carne unida para que surjan otra vez los enlaces que ensamblan. Unos buenos puntos a tiempo permiten que en pocos días la brecha desaparezca casi sin dejar rastro.
La sociedad también es un tejido, de relaciones económicas,
jurídicas y culturales. Las brechas epistémicas, referidas al conocimiento,
afectan a todas las dimensiones del tejido social. Una brecha epistémica no
solo consiste en carecer de ciertos conocimientos necesarios para la vida.
Todos estamos pensando en la alfabetización, lectura y escritura. La brecha se
manifiesta también en qué valor atribuimos a los conocimientos y cómo
percibimos su construcción y distribución social. Estas brechas se manifiestan
a través de exclusiones, opresiones, alienaciones y comportamientos
irracionales.
El acceso a la educación básica es un derecho fundamental en
las sociedades democráticas modernas. En los países desarrollados, el Estado de
bienestar ha hecho posible ese acceso de forma generalizada. Hay muchas zonas
del planeta, sin embargo, en las que esa necesidad básica para el ser humano
sigue sin ser satisfecha. Pobreza, conflictos bélicos y fanatismos suelen ser
las causas.
Con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la
información y comunicación no han desaparecido todas las brechas. De hecho, han
salido a la luz otras nuevas. Somos incapaces de abarcar toda la información
que se ofrece en la red. Seleccionar con criterio está al alcance de muy pocos.
Cuanta más información recibimos, menos comprensión del mundo. Toda la
información circula en el mismo plano. No hay jerarquías cualitativas. La
novedad permanente, instantánea, nos aleja de una recepción reflexiva. No
olvidamos porque no llegamos a retener. Y además, entre emisores y receptores
ya no hay distancia. Quizás porque es como si no estuviera nadie al otro lado. La
desaparición de la relación cara a cara provoca una deshumanización de la
comunicación.
En el mundo de la transparencia, la opacidad avanza hasta
oscurecer el intelecto del consumidor. Las instituciones que elaboran el
conocimiento siguen siendo un misterio para el ciudadano. Por eso surge la
desconfianza ante la tecnocracia. Da la impresión de que hay más opciones, más
posibilidades. Creemos que somos más libres, que nuestra capacidad de elegir ha
aumentado, que nadie nos impone nada. Pensamos que nosotros elegimos las rutas
del conocimiento, que nadie las ha diseñado con antelación. La supuesta
horizontalidad y la evidente instantaneidad de las redes de información nos
convierten en protagonistas del conocimiento.
Pero resulta que son apariencias… Desconocemos de dónde
vienen los datos generados por las nuevas plataformas de comunicación, cómo se
han procesado y con qué intenciones. Tampoco tenemos acceso al funcionamiento
de las instituciones tecnocientíficas. Así que algunos desconfían de todo lo
que viene por la red, incluso del conocimiento científico, teórico y práctico. Las
instituciones culturales pierden autoridad epistémica.
Oscilamos entre la sensación de libertad absoluta y la
sospecha de estar siendo engañados. A veces pensamos que construimos nuestras
vidas, sin la injerencia de los poderes tradicionales; otras nos vemos como
marionetas de un sistema técnico cada vez más complejo. Las consecuencias prácticas
de este mayor acceso a la información son decepcionantes: solo ha servido para
consumir más, y más rápido. La democracia participativa que algunos predecían
no ha llegado. La autorrealización personal, fruto del acceso a la cultura, tampoco.
domingo, 5 de diciembre de 2021
Otros mundos
Intenten imaginar otros universos, con otras leyes físicas, con otro tipo de materia. En esos mundos quizás el pensamiento y la consciencia sean diferentes, incluso con otras leyes lógicas. Serán universos muy diferentes, pero si existe algún tipo de autoconciencia en algunos organismos, seguro que conocen la angustia existencial, o algo parecido.
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Lengua versus ideología
La estructura superficial de la lengua ha devorado a la estructura profunda.
domingo, 28 de noviembre de 2021
Las comparaciones son odiosas
En las ciencias, como en la vida, las buenas metáforas amplían el conocimiento, pero las malas ocultan la ignorancia.
jueves, 11 de noviembre de 2021
Sintaxis y turismo
Conocer las entrañas de las lenguas supone emprender un apasionante viaje hacia lo inefable, el sentido.
miércoles, 10 de noviembre de 2021
Mejorar al ser humano
Ahora, los avances tecnológicos prometen no solo eliminar
las carencias o enfermedades, sino que hacen posible aumentar nuestras
capacidades: correr más rápido, memorizar más cantidad de datos, razonar con
mayor agilidad y precisión, o poseer un carácter más empático. La ingeniería
genética, la neurociencia, la robótica, la biotecnología… Todas estas
disciplinas pueden hacernos mejores a través de la intervención en nuestro
organismo, gracias a implantes, edición genética o nuevos fármacos.
Hace unos cientos de años, hablar de trasplantes de órganos
podía sonar a literatura de terror o ciencia ficción. La posibilidad de
modificar al ser humano despertaba miedos e inseguridades. Hoy estamos
orgullosos de disponer de un sistema de trasplantes al alcance de todos los
ciudadanos.
Las nuevas tecnologías suponen un salto cualitativo, afirman
los más desconfiados. Podemos transformar la naturaleza humana, su esencia. Las
terapias son toleradas, siempre que sean para recuperar alguna función perdida
y evitar sufrimiento. Pero ir más allá, para aumentar esas funciones, implica adentrarnos
en un terreno muy peligroso desde el punto de vista biológico y ético.
Los más optimistas no comprenden estos miedos. Si el diseño
de terapias nos hace la vida más agradable, entonces no hay ningún
inconveniente. Si aumentar nuestra resistencia física o la capacidad de
memorizar nos aporta mayor bienestar, pues tampoco hay problema alguno. Dentro
de unas décadas, cuando esas técnicas se abaraten y generalicen, estaremos tan
orgullosos de ellas como lo estamos hoy del sistema de trasplantes.
Pero no todo es tan bonito, argumentan los pesimistas.
Desconocemos los efectos biológicos y sociales que puede desencadenar una
tecnología para mejorar lo humano. La especie humana dejaría de ser lo que es.
Las técnicas, muy costosas, solo estarían al alcance de los privilegiados del
planeta. Todos los sistemas de atribución de méritos quedarían trastocados. Los
seres humanos se convertirían en meros artefactos, dispositivos técnicos al
servicio del mercado. Y el mundo, lejos de alcanzar mayor bienestar, sería más
injusto e inseguro.
Que el ser humano modifique los procesos naturales no es
nada nuevo, añaden los optimistas. De hecho, lo hemos estado haciendo
constantemente, eso sí, cada vez con mejores herramientas teóricas y técnicas.
Modificar el entorno y a nosotros mismos es algo natural en el ser humano…
Forma parte de nuestra esencia. Por lo tanto, la tecnociencia actual no
introduce ninguna novedad en ese sentido. Además, incluso el concepto de ser
humano es una construcción.
Haya o no una naturaleza humana fija, esas técnicas ponen en
peligro la libertad y la igualdad, los cimientos de la dignidad. Cualquier
mejora de la especie o de los individuos que atente contra esos principios no
puede traer verdadero bienestar a nuestras sociedades. Los más críticos piensan
que, además de una catástrofe biológica, esas manipulaciones innecesarias
supondrán un retroceso moral y político.
Quien desee seguir pensando estas cuestiones puede leer el excelente libro colectivo Más (que) humanos. Biotecnología, inteligencia artificial y ética de la mejora (Tecnos, 2021). Francisco Lara y Julian Savulescu son los editores. Aborda especialmente la posibilidad de una mejor moral de los seres humanos, a través de tratamientos con oxitocina o inteligencia artificial. Y si alguien quiere llevar este debate a las aulas, puede inscribirse en la IX Olimpiada filosófica de Andalucía, dedicada al tema “Transhumanismo. ¿Mejora o final de la especie humana?”. Hay distintas modalidades: vídeo, fotografía y disertación. Todas las bases están en la página de la Asociación Andaluza de Filosofía.
https://www.diariodejerez.es/jerez/Mejorar-humano-educacion-cerebros-toneles_0_1627339165.html
domingo, 24 de octubre de 2021
Cuando los nombres importan demasiado
No nos debe importar lo más mínimo quién es el autor de un libro. Tampoco nos debe importar cómo clasificar el tipo de escritura, es decir, el género literario al que pertenece. Está bien que los sepamos, pero cuando comenzamos a leer tiene que ser algo irrelevante. Si el autor es de izquierdas o de derechas, madrileño o vasco, hombre o mujer... Todos estos datos son secundarios. Es bueno conocerlos, pero son secundarios.
Un libro tiene calidad literaria únicamente por lo que cuenta y el estilo en el que está escrito. Sobre todo, el estilo. Dar importancia a otros factores implica dejarse arrastrar por prejuicios, por elementos ajenos a la escritura. De ahí que un texto literario deba ser autónomo, nunca estar al servicio de causas externas. Una escritura al servicio de intereses políticos o religiosos se destruye a sí misma, es una especie de suicidio.
Los lectores que verdaderamente han disfrutado con las novelas de Carmen Mola no creo que se hayan sentido engañados. Será una anécdota divertida, no creo que suponga mucho más. Esta revelación no mermará nada la cantidad de placer que les proporcionó la lectura. A lo mejor, conocer la trayectoria profesional de los tres escritores les sirva para comprender ciertos rasgos de esas tramas tan adictivas. Los buenos lectores seguirán apreciando las novelas en sí mismas, sin dejarse condicionar por las circunstancias que rodean a la obra.
Ha sido triste ver cómo retiraban los libros de Carmen Mola de las estanterías de una librería, los empaquetaban y los ponían en la puerta para devolverlos a la editorial. Cabe entender que, al ser tres varones los autores, ya no tengan sitio en una librería especializada en libros escritos por mujeres. Sé que lo llevan a rajatabla, pero se podía haber hecho una excepción. Sobre todo, porque eso de expulsar las novelas de la librería nos trae a la memoria acontecimientos que no deseamos que se vuelvan a repetir, propios de dictaduras o sistemas totalitarios. Además, Carmen Mola existe, es un personaje de ficción y tiene su lugar en el mundo. En la librería podrían haber resuelto la situación con humor y sentido común, sin inquietarnos tanto, éticamente hablando.
Otro síntoma que debe inquietarnos es que haya varones que firmen sus novelas con un nombre de mujer. Algunos críticos han considerado este hecho como una banalidad de mal gusto, dado que las mujeres se han visto obligadas a la largo de muchos años a escribir con un nombre de varón, si querían ver sus textos publicados. En el caso de Carmen Mola, a lo mejor se solo un juego literario al que no hay que darle más vueltas. O a lo mejor sí hay que dárselas, y no se trata de un juego literario, sino de una estrategia para adaptarse al mercado literario actual. Eso significaría que si firmas con un nombre de mujer, con independencia de la calidad de lo escrito, uno tiene más posibilidades de ser publicado y vender.
https://www.lavozdelsur.es/opinion/cuando-nombres-importan-demasiado_266923_102.html
sábado, 16 de octubre de 2021
La tinta del calamar
De pequeño me encantaban las películas del oeste, de piratas y las de los tres mosqueteros. Y me encantaban las de ciencia ficción y las de terror. Sin olvidarme de las de artes marciales, por supuesto. Me construía espadas de madera yo mismo para jugar con mis amigos. Imitaba a los karatecas. Y era muy consciente de que no debía intentar cortar la cabeza a mi amigo. Vamos, ni se me pasó por la mía... Nadie tuvo que explicarme nunca la diferencia entre realidad y ficción. Habría sido una especie de insulto, tanto para mí como para el osado e inconsciente pedagogo. El mundo de la ficción es autónomo, con sus propias reglas. Eso lo sabe cualquiera. Debería saberlo todo el mundo. Mi única duda hoy no es si los niños lo saben, sino si los adultos son conscientes de lo que implica sumergirse en la ficción. Con la cantidad de novelas, series y películas que se consumen... Pero hay algo que oscurece nuestro intelecto, una especie de tinta oscura y viscosa. A lo mejor es que consumimos en lugar de leer y contemplar. Y, de tanto tragar sin asimilar, algunos se han vuelto más infantiles que los niños, extendiendo un miedo que nace de la ignorancia y de la falta de auténticas experiencias estéticas. Ya no juegan con sus niños, porque bastan las actividades extraescolares. Ya no hay plazas donde jugar. Nos hemos inventado el mundo de los niños, y creemos que son ignorantes, al menos tanto como nosotros los adultos. Seguramente se rían cuando les intentemos explicar que lo que sale en la pantalla es de mentira. Y que no hay que imitarlo... Cuando resulta que es en los juegos donde reproducimos lo que ocurre en la sociedad, para ir entrando en ella, mecanismos de socialización, mecanismos básicos para alcanzar la autonomía. Quizás nos aterra que quieran ser como nosotros.
https://www.lavozdelsur.es/opinion/tinta-calamar_266610_102.html
martes, 12 de octubre de 2021
Diario de clase
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| Ilustración de MOGA |
Hay profesores que en clase se limitan a contar la historia de la filosofía. Pero hay otros que se dedican a pensar al mismo tiempo que explican a los grandes filósofos. No sé si con otras materias se puede hacer lo mismo, ser creativo a la vez que se desarrollan los contenidos mínimos de la programación. En el dibujo, el artista enseña técnicas y estilos, y también puede ir creando al explicar. En lengua y literatura la profesora puede enseñar a redactar y a comprender los textos, y a la vez crear relatos, poemas. El químico quizás también pueda enseñar investigando dentro del laboratorio… Y no digo fuera del aula, en su casa, sino en la actividad docente diaria, en clase.
Nos preguntamos si esa enseñanza creativa es posible y si
sirve para algo, si los alumnos aprenden más o menos, porque quizás sea un
estorbo y, a la larga, aprendan más cuando el profesor se limita a repetir lo
que dice el manual, sin ir nunca más allá. Además, enseñar a ser creativo, en
cualquier terreno, no es nada fácil. No basta con dar reglas, si es que las
hay, ni con mostrar esa actividad. Imitar al que piensa… Imitar al que pinta…
Suena raro.
Francisco J. Fernández ha publicado un libro que trata de la
filosofía de verdad. Se titula Lycofrón. Diario
de clase. (Círculo Rojo, 2021). Si calificarle de racionalista es excesivo,
sí que cabe afirmar que le interesa la razón, ya sea desde la dimensión
ontológica, lógica o lingüística. Estas preocupaciones se reflejan en sus
libros: El filósofo del océano (Iralka,
1998), El descrédito de los quilates (Iralka, 1999), El ajedrez de la filosofía (Plaza y
Valdés, 2010) y Los huesos de Leibniz (Akal, 2015).
Lycofrón es un
libro en el que se piensa. Y se piensa a través de un diario de clase, el que
lleva un alumno a lo largo de dos trimestres. Asistimos al pensamiento en vivo
del profesor, a través de las páginas escritas por el alumno y las correcciones
que va añadiendo el maestro. Un método de enseñanza y un estilo de escritura,
con las dosis narrativas oportunas.
Del sofista Licofrón sabemos muy poco, casi nada. Seis citas
de Aristóteles y poco más. Seis citas que nos traen seis problemas, quizás
alejados entre sí o quizás no. Eso es lo que se irá desentrañando a lo largo
del diario de las clases. El maestro nos advierte desde el principio: no hay
que confundir la filosofía con la historia de la filosofía. La actividad
esencial es la primera: la segunda solo es una ayuda, un recurso para pensar
mejor.
El diario arranca con el problema del ser, como es debido,
el valor absoluto y relativo del uso del verbo ser. No es lo mismo decir que el
árbol es grande que decir que el árbol es o existe, a secas. Hay árboles,
existen árboles… Un tema ontológico y lingüístico, y fundamental a lo largo de
la historia de la filosofía. Pronto verá el lector que los problemas para
comprender el ser se entrelazan con asuntos referidos al uso del lenguaje y a
la lógica. Las categorías, maneras de predicar, son “las formas en que cabe
pensar el ser”. La categoría principal es la sustancia primera (el ente concreto,
este árbol) de la que se predica el resto de las categorías. Géneros, especies,
individuos… Pero ciencia solo hay de lo universal… Las reflexiones van desde la
ontología a la filosofía política. En el diario aparece reflejada la
perplejidad del alumno, que es el narrador del pensamiento del maestro. No
falta el sentido del humor a lo largo del texto.
Este diario no es ni una historia de la filosofía ni una
mera introducción a la filosofía. Nos obliga a pensar en profundidad y con
precisión desde el primer momento. La prosa es clara, con un vocabulario muy
rico. Y se detiene cuando hay que hacerlo. Que hay que ir despacio en la
lectura es lógico, evidente. Y dar mil vueltas a lo que dice, como el alumno.
Con ejemplos que van de la biología a la matemática o el ajedrez. Eso es
pensar. Claro que, para algunos, ese pensar puede ser caótico y quizás
prefieran otro tipo de exposiciones más convencionales… Ser creativo mientras
se explica conlleva utilizar analogías, ejemplos de diferentes campos,
conexiones inesperadas, y mucha ironía.






