En las ciencias, como en la vida, las buenas metáforas amplían el conocimiento, pero las malas ocultan la ignorancia.
domingo, 28 de noviembre de 2021
jueves, 11 de noviembre de 2021
Sintaxis y turismo
Conocer las entrañas de las lenguas supone emprender un apasionante viaje hacia lo inefable, el sentido.
miércoles, 10 de noviembre de 2021
Mejorar al ser humano
Ahora, los avances tecnológicos prometen no solo eliminar
las carencias o enfermedades, sino que hacen posible aumentar nuestras
capacidades: correr más rápido, memorizar más cantidad de datos, razonar con
mayor agilidad y precisión, o poseer un carácter más empático. La ingeniería
genética, la neurociencia, la robótica, la biotecnología… Todas estas
disciplinas pueden hacernos mejores a través de la intervención en nuestro
organismo, gracias a implantes, edición genética o nuevos fármacos.
Hace unos cientos de años, hablar de trasplantes de órganos
podía sonar a literatura de terror o ciencia ficción. La posibilidad de
modificar al ser humano despertaba miedos e inseguridades. Hoy estamos
orgullosos de disponer de un sistema de trasplantes al alcance de todos los
ciudadanos.
Las nuevas tecnologías suponen un salto cualitativo, afirman
los más desconfiados. Podemos transformar la naturaleza humana, su esencia. Las
terapias son toleradas, siempre que sean para recuperar alguna función perdida
y evitar sufrimiento. Pero ir más allá, para aumentar esas funciones, implica adentrarnos
en un terreno muy peligroso desde el punto de vista biológico y ético.
Los más optimistas no comprenden estos miedos. Si el diseño
de terapias nos hace la vida más agradable, entonces no hay ningún
inconveniente. Si aumentar nuestra resistencia física o la capacidad de
memorizar nos aporta mayor bienestar, pues tampoco hay problema alguno. Dentro
de unas décadas, cuando esas técnicas se abaraten y generalicen, estaremos tan
orgullosos de ellas como lo estamos hoy del sistema de trasplantes.
Pero no todo es tan bonito, argumentan los pesimistas.
Desconocemos los efectos biológicos y sociales que puede desencadenar una
tecnología para mejorar lo humano. La especie humana dejaría de ser lo que es.
Las técnicas, muy costosas, solo estarían al alcance de los privilegiados del
planeta. Todos los sistemas de atribución de méritos quedarían trastocados. Los
seres humanos se convertirían en meros artefactos, dispositivos técnicos al
servicio del mercado. Y el mundo, lejos de alcanzar mayor bienestar, sería más
injusto e inseguro.
Que el ser humano modifique los procesos naturales no es
nada nuevo, añaden los optimistas. De hecho, lo hemos estado haciendo
constantemente, eso sí, cada vez con mejores herramientas teóricas y técnicas.
Modificar el entorno y a nosotros mismos es algo natural en el ser humano…
Forma parte de nuestra esencia. Por lo tanto, la tecnociencia actual no
introduce ninguna novedad en ese sentido. Además, incluso el concepto de ser
humano es una construcción.
Haya o no una naturaleza humana fija, esas técnicas ponen en
peligro la libertad y la igualdad, los cimientos de la dignidad. Cualquier
mejora de la especie o de los individuos que atente contra esos principios no
puede traer verdadero bienestar a nuestras sociedades. Los más críticos piensan
que, además de una catástrofe biológica, esas manipulaciones innecesarias
supondrán un retroceso moral y político.
Quien desee seguir pensando estas cuestiones puede leer el excelente libro colectivo Más (que) humanos. Biotecnología, inteligencia artificial y ética de la mejora (Tecnos, 2021). Francisco Lara y Julian Savulescu son los editores. Aborda especialmente la posibilidad de una mejor moral de los seres humanos, a través de tratamientos con oxitocina o inteligencia artificial. Y si alguien quiere llevar este debate a las aulas, puede inscribirse en la IX Olimpiada filosófica de Andalucía, dedicada al tema “Transhumanismo. ¿Mejora o final de la especie humana?”. Hay distintas modalidades: vídeo, fotografía y disertación. Todas las bases están en la página de la Asociación Andaluza de Filosofía.
https://www.diariodejerez.es/jerez/Mejorar-humano-educacion-cerebros-toneles_0_1627339165.html
domingo, 24 de octubre de 2021
Cuando los nombres importan demasiado
No nos debe importar lo más mínimo quién es el autor de un libro. Tampoco nos debe importar cómo clasificar el tipo de escritura, es decir, el género literario al que pertenece. Está bien que los sepamos, pero cuando comenzamos a leer tiene que ser algo irrelevante. Si el autor es de izquierdas o de derechas, madrileño o vasco, hombre o mujer... Todos estos datos son secundarios. Es bueno conocerlos, pero son secundarios.
Un libro tiene calidad literaria únicamente por lo que cuenta y el estilo en el que está escrito. Sobre todo, el estilo. Dar importancia a otros factores implica dejarse arrastrar por prejuicios, por elementos ajenos a la escritura. De ahí que un texto literario deba ser autónomo, nunca estar al servicio de causas externas. Una escritura al servicio de intereses políticos o religiosos se destruye a sí misma, es una especie de suicidio.
Los lectores que verdaderamente han disfrutado con las novelas de Carmen Mola no creo que se hayan sentido engañados. Será una anécdota divertida, no creo que suponga mucho más. Esta revelación no mermará nada la cantidad de placer que les proporcionó la lectura. A lo mejor, conocer la trayectoria profesional de los tres escritores les sirva para comprender ciertos rasgos de esas tramas tan adictivas. Los buenos lectores seguirán apreciando las novelas en sí mismas, sin dejarse condicionar por las circunstancias que rodean a la obra.
Ha sido triste ver cómo retiraban los libros de Carmen Mola de las estanterías de una librería, los empaquetaban y los ponían en la puerta para devolverlos a la editorial. Cabe entender que, al ser tres varones los autores, ya no tengan sitio en una librería especializada en libros escritos por mujeres. Sé que lo llevan a rajatabla, pero se podía haber hecho una excepción. Sobre todo, porque eso de expulsar las novelas de la librería nos trae a la memoria acontecimientos que no deseamos que se vuelvan a repetir, propios de dictaduras o sistemas totalitarios. Además, Carmen Mola existe, es un personaje de ficción y tiene su lugar en el mundo. En la librería podrían haber resuelto la situación con humor y sentido común, sin inquietarnos tanto, éticamente hablando.
Otro síntoma que debe inquietarnos es que haya varones que firmen sus novelas con un nombre de mujer. Algunos críticos han considerado este hecho como una banalidad de mal gusto, dado que las mujeres se han visto obligadas a la largo de muchos años a escribir con un nombre de varón, si querían ver sus textos publicados. En el caso de Carmen Mola, a lo mejor se solo un juego literario al que no hay que darle más vueltas. O a lo mejor sí hay que dárselas, y no se trata de un juego literario, sino de una estrategia para adaptarse al mercado literario actual. Eso significaría que si firmas con un nombre de mujer, con independencia de la calidad de lo escrito, uno tiene más posibilidades de ser publicado y vender.
https://www.lavozdelsur.es/opinion/cuando-nombres-importan-demasiado_266923_102.html
sábado, 16 de octubre de 2021
La tinta del calamar
De pequeño me encantaban las películas del oeste, de piratas y las de los tres mosqueteros. Y me encantaban las de ciencia ficción y las de terror. Sin olvidarme de las de artes marciales, por supuesto. Me construía espadas de madera yo mismo para jugar con mis amigos. Imitaba a los karatecas. Y era muy consciente de que no debía intentar cortar la cabeza a mi amigo. Vamos, ni se me pasó por la mía... Nadie tuvo que explicarme nunca la diferencia entre realidad y ficción. Habría sido una especie de insulto, tanto para mí como para el osado e inconsciente pedagogo. El mundo de la ficción es autónomo, con sus propias reglas. Eso lo sabe cualquiera. Debería saberlo todo el mundo. Mi única duda hoy no es si los niños lo saben, sino si los adultos son conscientes de lo que implica sumergirse en la ficción. Con la cantidad de novelas, series y películas que se consumen... Pero hay algo que oscurece nuestro intelecto, una especie de tinta oscura y viscosa. A lo mejor es que consumimos en lugar de leer y contemplar. Y, de tanto tragar sin asimilar, algunos se han vuelto más infantiles que los niños, extendiendo un miedo que nace de la ignorancia y de la falta de auténticas experiencias estéticas. Ya no juegan con sus niños, porque bastan las actividades extraescolares. Ya no hay plazas donde jugar. Nos hemos inventado el mundo de los niños, y creemos que son ignorantes, al menos tanto como nosotros los adultos. Seguramente se rían cuando les intentemos explicar que lo que sale en la pantalla es de mentira. Y que no hay que imitarlo... Cuando resulta que es en los juegos donde reproducimos lo que ocurre en la sociedad, para ir entrando en ella, mecanismos de socialización, mecanismos básicos para alcanzar la autonomía. Quizás nos aterra que quieran ser como nosotros.
https://www.lavozdelsur.es/opinion/tinta-calamar_266610_102.html
martes, 12 de octubre de 2021
Diario de clase
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| Ilustración de MOGA |
Hay profesores que en clase se limitan a contar la historia de la filosofía. Pero hay otros que se dedican a pensar al mismo tiempo que explican a los grandes filósofos. No sé si con otras materias se puede hacer lo mismo, ser creativo a la vez que se desarrollan los contenidos mínimos de la programación. En el dibujo, el artista enseña técnicas y estilos, y también puede ir creando al explicar. En lengua y literatura la profesora puede enseñar a redactar y a comprender los textos, y a la vez crear relatos, poemas. El químico quizás también pueda enseñar investigando dentro del laboratorio… Y no digo fuera del aula, en su casa, sino en la actividad docente diaria, en clase.
Nos preguntamos si esa enseñanza creativa es posible y si
sirve para algo, si los alumnos aprenden más o menos, porque quizás sea un
estorbo y, a la larga, aprendan más cuando el profesor se limita a repetir lo
que dice el manual, sin ir nunca más allá. Además, enseñar a ser creativo, en
cualquier terreno, no es nada fácil. No basta con dar reglas, si es que las
hay, ni con mostrar esa actividad. Imitar al que piensa… Imitar al que pinta…
Suena raro.
Francisco J. Fernández ha publicado un libro que trata de la
filosofía de verdad. Se titula Lycofrón. Diario
de clase. (Círculo Rojo, 2021). Si calificarle de racionalista es excesivo,
sí que cabe afirmar que le interesa la razón, ya sea desde la dimensión
ontológica, lógica o lingüística. Estas preocupaciones se reflejan en sus
libros: El filósofo del océano (Iralka,
1998), El descrédito de los quilates (Iralka, 1999), El ajedrez de la filosofía (Plaza y
Valdés, 2010) y Los huesos de Leibniz (Akal, 2015).
Lycofrón es un
libro en el que se piensa. Y se piensa a través de un diario de clase, el que
lleva un alumno a lo largo de dos trimestres. Asistimos al pensamiento en vivo
del profesor, a través de las páginas escritas por el alumno y las correcciones
que va añadiendo el maestro. Un método de enseñanza y un estilo de escritura,
con las dosis narrativas oportunas.
Del sofista Licofrón sabemos muy poco, casi nada. Seis citas
de Aristóteles y poco más. Seis citas que nos traen seis problemas, quizás
alejados entre sí o quizás no. Eso es lo que se irá desentrañando a lo largo
del diario de las clases. El maestro nos advierte desde el principio: no hay
que confundir la filosofía con la historia de la filosofía. La actividad
esencial es la primera: la segunda solo es una ayuda, un recurso para pensar
mejor.
El diario arranca con el problema del ser, como es debido,
el valor absoluto y relativo del uso del verbo ser. No es lo mismo decir que el
árbol es grande que decir que el árbol es o existe, a secas. Hay árboles,
existen árboles… Un tema ontológico y lingüístico, y fundamental a lo largo de
la historia de la filosofía. Pronto verá el lector que los problemas para
comprender el ser se entrelazan con asuntos referidos al uso del lenguaje y a
la lógica. Las categorías, maneras de predicar, son “las formas en que cabe
pensar el ser”. La categoría principal es la sustancia primera (el ente concreto,
este árbol) de la que se predica el resto de las categorías. Géneros, especies,
individuos… Pero ciencia solo hay de lo universal… Las reflexiones van desde la
ontología a la filosofía política. En el diario aparece reflejada la
perplejidad del alumno, que es el narrador del pensamiento del maestro. No
falta el sentido del humor a lo largo del texto.
Este diario no es ni una historia de la filosofía ni una
mera introducción a la filosofía. Nos obliga a pensar en profundidad y con
precisión desde el primer momento. La prosa es clara, con un vocabulario muy
rico. Y se detiene cuando hay que hacerlo. Que hay que ir despacio en la
lectura es lógico, evidente. Y dar mil vueltas a lo que dice, como el alumno.
Con ejemplos que van de la biología a la matemática o el ajedrez. Eso es
pensar. Claro que, para algunos, ese pensar puede ser caótico y quizás
prefieran otro tipo de exposiciones más convencionales… Ser creativo mientras
se explica conlleva utilizar analogías, ejemplos de diferentes campos,
conexiones inesperadas, y mucha ironía.
lunes, 11 de octubre de 2021
La costumbre aturde
Escuchar el bramido del mar de fondo... A lo mejor nuestros ancestros, hace cuatro millones de años, eran capaces de percibir el fondo de microondas o la armonía de las esferas.
lunes, 4 de octubre de 2021
domingo, 3 de octubre de 2021
A su lugar natural
El centro de la política es el centro del universo... Y centro solo hay uno, muy denso, abarrotado de ideas vacías.
lunes, 27 de septiembre de 2021
Fractal
En cada párrafo está todo el libro. En cada línea está todo el libro. En cada palabra está todo el libro.
jueves, 26 de agosto de 2021
Síndrome de Münchhausen
Hay que reinventarse, nos recomiendan los defensores del capitalismo tardío.
martes, 24 de agosto de 2021
Materia oscura
Quizás pertenezcamos a la materia oscura que otras civilizaciones no pueden detectar.
miércoles, 18 de agosto de 2021
Masa acrítica
Cantidad mínima de interacciones entre individuos a partir de la cual desaparece el sentido común.
miércoles, 11 de agosto de 2021
viernes, 23 de julio de 2021
viernes, 16 de julio de 2021
Catálogo de fobias
Temen lo difuso, lo ambiguo y la incertidumbre: odian el pensamiento y aborrecen las artes.
jueves, 15 de julio de 2021
Fraude en el arte
Han descubierto un visitante falso en un museo: se negaba a contemplar sin prejuicios.
domingo, 11 de julio de 2021
Testigo
He visto un jardín en el que brota la palabra, un escenario natural donde crece el logos, lejos de los encantadores dispositivos de control que tanto nos apasionan.
domingo, 4 de julio de 2021
lunes, 28 de junio de 2021
Arte marcial
La lectura te permite adquirir cualquier forma y escapar por las grietas de lo real... Te convierte en agua, dijo Bruce Lee.
jueves, 24 de junio de 2021
Tiempo
Recuerden algunas palabras de sus padres, sobre asuntos sencillos, entonces comprenderán lo que es el tiempo, con toda su crueldad.
miércoles, 23 de junio de 2021
martes, 22 de junio de 2021
Jardinería
El opio del pueblo... Han logrado que nos peleemos por regar la planta, o que confundamos la poda con la tala.
lunes, 21 de junio de 2021
Plano
Para pensar con profundidad hay que ser capaz de imaginar que el mundo es de dos dimensiones. Y verlo todo en el mismo plano.
domingo, 20 de junio de 2021
Emerger
Después de tanta presión, quitarse la escafandra va a ser toda una aventura... Otra vez el aire y los insectos, el humo de los coches y las sonrisas falsas.
sábado, 19 de junio de 2021
En órbita
Hay que pensar como los astronautas. Son los únicos que ven el mundo desde fuera, como un todo. Los filósofos somos astronautas fracasados.
martes, 8 de junio de 2021
LOS OCÉANOS Y LAS HUMANIDADES
| Antonio de Nebrija a la manera renacentista. Ilustración de Luis Miguel Morales "Moga" |
El océano del saber es
infinito. Hemos aprendido que el ámbito del conocimiento es complejo,
atravesado por corrientes inestables. No existen estados fijos en un ser
líquido y dinámico. Hay que ser consciente de ello a la hora de elegir un
camino profesional y estudios superiores. Aunque la idea de currículum flexible
se está haciendo realidad poco a poco, todavía nos vemos sujetos a la
inevitable, de momento, parcelación administrativa del saber.
Una de esas corrientes es el estudio de las humanidades:
historia, filologías, arte, filosofía… Saberes todos inútiles para quien tiene
una visión muy reducida del conocimiento, una mirada tecnocrática. Saberes,
pues, que no aportan nada, ni a la persona ni a la comunidad… Sin embargo, la
actualidad nos muestra que no basta con avanzar en el ámbito tecnocientífico.
Siempre hay que tomar decisiones éticas y políticas. Y ahí nos atascamos,
quizás porque improvisamos o porque pretendemos aplicar solo la racionalidad
tecnocientífica, dejando a un lado tanto la racionalidad ética y comunicativa,
como la sensibilidad artística.
Con el método científico explicamos qué estructura tienen
los virus o nuestras economías. Explicamos la naturaleza y la sociedad.
Diseñamos vacunas y creamos instituciones financieras para transformar esas
realidades y vivir mejor. Es a la hora de distribuir las vacunas o asignar los
impuestos cuando todo se enturbia. La causa de estos oscuros y nocivos enredos:
hemos explicado los fenómenos naturales y sociales, pero no hemos logrado
comprender su significado, su sentido. Esta tarea corresponde a las
humanidades, que por supuesto, deben colaborar constantemente con las ciencias
de la naturaleza, si no quieren ser mera palabrería.
Es un error concebir las humanidades como un mero contrapeso
al desarrollo dañino de la tecnociencia. Tienen como objetivo alcanzar una
comprensión global del ser humano. Se trataría de llevar a la práctica los ideales
del humanismo ilustrado, impulso que arranca en las ciudades griegas y llega
hasta nuestros días transformado en un espíritu cosmopolita. Las humanidades se
preguntan por el sentido de la investigación científica, de las tecnologías y
de las instituciones sociales.
Los datos, las teorías y las máquinas son necesarios, pero
no suficientes para progresar. Es preciso saber qué debemos hacer, qué es lo
correcto, qué somos, qué tipo de ciudadanía queremos, qué modelo de sociedad y
desarrollo… Necesitamos profesionales que hablen con inteligencia y prudencia
sobre estos temas.
La senda del humanismo ilustrado conduce a la autonomía
racional, moral y estética. Las ciencias y las artes nos proporcionan los
medios pertinentes para desplegar nuestra dignidad. Hacen falta profesionales
de las humanidades que investiguen y provoquen debates. Así evitaremos los
grandes males de siempre: la ignorancia, el fanatismo, la superstición, la
esclavitud y la injusticia. Hay una brecha práctica que deberíamos cerrar
cuanto antes: los científicos y profesionales de la salud han realizado su
trabajo de forma ejemplar, mientras que los gestores políticos han generado más
incertidumbre y confusión.
No basta con una sociedad de expertos y técnicos. Para
comprender el presente y vislumbrar el futuro se requiere conocer la tradición.
Esa tradición cultural permite algo esencial para las democracias: un diálogo racional
que regule nuestra praxis y aclare los fines que debemos perseguir. La historia
de los conceptos (científicos, filosóficos, artísticos…) arroja luz sobre
nuestra experiencia actual. Son las categorías que utilizamos para clasificar
el mundo y fundamentar nuestras elecciones.
jueves, 13 de mayo de 2021
MENTES, CUERPOS Y MÁQUINAS
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| Ilustración de Domingo Martínez |
Somos seres conscientes, es decir, nos damos cuenta de que
estamos en el mundo, de que existimos. La vida mental es absolutamente privada,
subjetiva. No sé qué siente otra persona cuando dice que le duele el pie o ve
el color azul. Nuestros pensamientos son sobre algo, sobre la realidad. Tenemos
la capacidad de representarnos el mundo externo mediante imágenes y conceptos. Y
nuestros estados mentales, sean lo que sean, interaccionan con el mundo físico.
El cerebro está formado por neuronas, células del sistema
nervioso, compuestas a su vez de moléculas y átomos. En este nivel no encontramos neuronas
conscientes, con estados subjetivos, capaces de representar hechos de la
realidad o manejar significados. Ni los átomos ni las neuronas poseen
propiedades mentales. Las propiedades mentales surgen de la interacción de
miles y miles de neuronas. Son propiedades que existen en un nivel más alto de
organización. Brotan de la complejidad.
La escritora Siri Hustvedt ha publicado Los espejismos de la certeza. Reflexiones sobre la relación entre el
cuerpo y la mente (Seix Barral, 2021). Es una obra que analiza el problema
de la mente desde una perspectiva crítica e interdisciplinar. Revisa las
principales teorías, desde Platón hasta las investigaciones actuales de la
ciencia cognitiva y la inteligencia artificial. Cada capítulo, después de
abordar las diferentes dimensiones de un asunto, suele dejar preguntas
abiertas. Para Siri, la duda es una de las principales virtudes intelectuales.
Critica la teoría computacional de la mente y cualquier tipo
de reduccionismo. Cree que hemos asumido la metáfora del ordenador sin haberla
pensado a fondo. Se trata de una teoría que vuelve a introducir el viejo
dualismo de Descartes. La mente es una especie de programa que procesa símbolos
formales. El cuerpo es un mero soporte material. Todas las variaciones de esta
teoría se basan en el supuesto de que somos un mecanismo material capaz de
manejar información. De hecho, es indiferente qué tipo de materia sea.
Siri Hustvedt cree que este paradigma computacional ha
fracasado. A lo largo del libro describe experimentos y propuestas teóricas que
conducen a otros enfoques. Frente a la visión racionalista de la mente, se
decanta por una vuelta al cuerpo, a las emociones y a todo el trasfondo
inconsciente de la actividad humana. Pensamos con todo el cuerpo… Pensamos y
sentimos con los otros….
Para comprender la mente, no basta con el punto de vista
externo, objetivo. Es necesaria la visión subjetiva de primera persona. Para
ello, recomienda el enfoque de la fenomenología. Si queremos entender la mente,
hay que explicarla tal como se aparece al yo. También es preciso narrar la
historia de ese yo y las relaciones con su entorno social. El sujeto se
desarrolla con los demás. En la génesis del sujeto hay que analizar todas las
conexiones que nos constituyen, empezando por la maternal.
La teoría computacional de la mente utiliza modelos,
simulaciones, es decir,
simplificaciones. Y la realidad humana es muy compleja. Los determinismos
genéticos también simplifican. Siri se queja de que asumamos con tanta
naturalidad ciertos modelos. Que somos máquinas que procesan información, que
los genes condicionan todas nuestras propiedades, que nuestra mente está hecha
de módulos…
martes, 13 de abril de 2021
INQUIETANTE COSMOS
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| Ilustración de Luis Miguel Morales Galante ‘MOGA’ |
“En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo.” Así lo cuenta Hesíodo en la Teogonía. El caos es una hendidura, un abismo, un espacio inmenso y tenebroso. El caos es abertura, resquicio, bostezo… Se produce la separación de cielo y tierra.
Quizás de una masa compacta indiferenciada, sin límites internos, brotó la diferencia y la pluralidad. De la oscura abertura salió el orden y la armonía, la claridad. Del caos surgió el cosmos. Los primeros filósofos comenzaron a entender el caos como desorden. El estado primitivo del universo fue materia desordenada e informe. De lo ilimitado e indefinido nacieron las partículas y fuerzas que conocemos.
Cosmos en griego significa orden, pero también conveniencia, decencia, disciplina, organización, construcción, director, magistrado supremo, atavío, ornamento, gloria, honor, consideración... La cosmología trata del mundo como totalidad, de su origen y sus leyes: propone modelos matemáticamente coherentes y corroborados, o al menos no negados, por los datos experimentales. Para estudiar el cosmos necesitamos astronomía, física y matemática. Es una ciencia que pretende describir un sistema perfectamente ordenado.
A los seres humanos siempre nos ha atraído el orden natural.
El desorden nos intranquiliza. Los fenómenos impredecibles y caprichosos nos
angustian. ¿Cuándo afirmamos que hay orden en la naturaleza? Desde antaño
decimos que hay orden cuando existe una repetición de los fenómenos, cuando hay
ciclos, estructuras estables, patrones, relaciones causales… Hay orden si
conocemos las leyes que gobiernan lo real y nos permiten predecir lo que puede
ocurrir. Por el contrario, decimos que hay desorden cuando nada se repite, no
hay estructuras estables y todo ocurre de forma azarosa e impredecible.
Los filósofos se preguntan si ese orden pertenece realmente
al mundo o es una proyección que realizamos los seres humanos para poder
comprenderlo y transformarlo con la técnica. También se preguntan si el caos
que observamos en ciertos procesos naturales pertenece a la esencia de la
realidad o es una mera manifestación de nuestra ignorancia. A lo mejor nuestro
cerebro no puede captar toda la complejidad…
El orden del universo no es tan lineal y predecible como
pensaban los viejos deterministas. En la naturaleza observamos sistemas muy
complejos, caóticos y aparentemente aleatorios, donde hay probabilidad,
bifurcaciones… Son sistemas en los que pequeñas y casi imperceptibles variaciones
en las condiciones iniciales desencadenan grandes transformaciones.
Para comprender ese orden natural, los seres humanos hemos
utilizado como herramienta la matemática. Los filósofos se preguntan si esa
matemática es una creación humana, un sistema de símbolos útil para dominar el
cosmos, o es una descripción de la esencia de esos procesos. Los científicos
necesitan nuevas herramientas matemáticas cuando quieren comprender las
intrincadas dinámicas del orden natural. Heisenberg comenzó a crear matrices
para describir el comportamiento de las partículas subatómicas sin saber que ya
existía cierto desarrollo de ese campo de la matemática.
En la estética del arte clásico se ha valorado la simetría y
la proporción, rasgos necesarios en una obra bella. Las estructuras simétricas
y estables nos agradan de forma natural. Sin embargo, con las vanguardias, el
caos o desorden dejó de ser sinónimo de fealdad artística. Que las simetrías
nos agraden no es un hecho natural, sino cultural e histórico. Los conceptos de
orden y caos serían construcciones sociales, convenciones culturales.
En el ámbito social, el caos se manifiesta como desorganización, violencia y desorden. El orden nos remite a la estabilidad y la ley. Si no hay Estado y ley, nos invade el caos. Cuando hay orden uno sabe a qué atenerse. Los anarquistas, por supuesto, creen que puede haber orden social sin Estado, un orden que nazca de la autogestión asamblearia. En las sociedades modernas, las leyes de los parlamentos generan orden y estabilidad. Así sabemos lo que debemos hacer y qué es lo correcto. El caos social se relaciona con la improvisación y la confusión, fruto de la ignorancia o la imprudencia.
https://www.diariodejerez.es/jerez/Inquietante-Cosmos-Juan-Carlos-Gonzalez_0_1564345581.html
viernes, 26 de marzo de 2021
Marvin
No se dejaba coger, porque no le gustaba. Si lo agarrabas, descuidado y a traición, salía disparado como si estuviese untado en aceite. Mofletudo y bigotudo, correteaba a tu alrededor sin prestar atención. Era Marvin... De su afición a la electricidad tuvimos noticia en nochevieja, cuando se comió un cable de la televisión. Así era Marvin. Y no lo confundáis con Marvin Harris, el gran antropólogo del materialismo cultural... Como todos los seres de este mundo, vivió en un laberinto. Menos mal que Ariadna le mostró el camino con su inteligencia y su bondad.
jueves, 25 de marzo de 2021
Meditaciones de un buzo
A lo largo de estos meses he pensado mucho en los buzos. La existencia se ha vuelto pesada, como si lleváramos una escafandra reluciente, como si nuestras vidas transcurrieran en las profundidades de un océano oscuro e infinito. Hemos contemplado el mundo a través de un cristal. Aunque la presión nos angustiaba y la incertidumbre era espesa, hemos pensado el mundo en toda su amplitud, temporal y espacial.
La
filosofía no aporta conocimiento objetivo de la realidad, eso lo llevan a cabo
las ciencias. Los filósofos, como mucho, manejamos ideas, conceptos, y algunas
reflexiones de segundo grado, nada más. Si se puede hablar de utilidad en estos
casos, las ideas nos sirven para obtener una visión global de lo que ocurre.
Como buzo, estas son algunas de mis ideas sumergidas.
Al
habitar las profundidades, nos hemos encontrado con la oscuridad, la
ignorancia. En la sociedad de la información y el conocimiento, el no saber es
el peor de los males. De repente, todo el saber acumulado parecía no servir
para nada. Nadie supo predecir el desastre; nadie supo qué estaba ocurriendo. La
sociedad del espectáculo se vino abajo, todo era una farsa.
De
la oscuridad nacieron la incertidumbre y el miedo. Carecer de explicaciones
supone no saber qué va a ocurrir. El miedo se instaló en la sociedad feliz del
consumismo. Las viejas narraciones, ésas en las que al final el bien vence
sobre el mal, ya no funcionaban. La sociedad del riesgo se transformó en
sociedad del miedo. Problema: no estamos entrenados. El miedo a que el suelo
desaparezca bajo nuestros pies era un miedo propio de regiones lejanas, zonas
olvidadas en los confines del sistema solar…
Fue entonces cuando llamamos a las puertas de los laboratorios y los centros de investigación. Casi con exigencias y malos modos. La ciencia tenía que solucionar el problema inmediatamente. Tenían que ser los héroes de esta historia perversa. De pronto, la investigación científica era esencial para nuestras vidas. Las condiciones tan precarias en las que se desenvuelven los investigadores volvieron a salir a la luz. Pero ahora debían estar preparados para abordar el fin del mundo…
Y la sociedad posmoderna, relativista y adicta al fragmento, exigió hablar de la verdad y de la mentira. Con el fin del mundo a la vuelta de la esquina, los negacionistas y los amantes de las noticias falsas suponían un grave peligro para la civilización. La ley del péndulo. De negar el concepto de verdad hemos pasado a considerarlo un pilar básico en la reconstrucción del mundo. Incluso hemos llegado a dejar a un lado toda crítica que ponga en cuestión la actividad de las instituciones encargadas de producir verdades. Algunos confunden el negacionismo con el sano escepticismo…
Trabajar
en las profundidades, con tanta presión, exige claridad de ideas,
responsabilidad y mucha coordinación. Los que se dedican a los asuntos públicos
se han esforzado para gestionar el gran problema. Sin embargo, los parlamentos
nos han hecho dudar sobre los verdaderos fines de semejantes desvelos. Porque
detrás de ese tremendo esfuerzo por evitar la catástrofe estaba el deseo
infinito y absoluto de conservar el poder o de alcanzarlo. El diálogo y el
acuerdo han sido escasos. Unos confunden la oposición con la destrucción, y otros
el gobierno con el ciego dominio…
Y los ciudadanos a lo nuestro, a incumplir las normas en cuanto no hay un castigo a la vista… Hemos mostrado una terrible carencia de virtudes cívicas, de sentido del bien común y de la responsabilidad. La culpa es de los políticos, del sistema, de las multinacionales y de los grandes señores que controlan el universo… Y nos hemos quedado tan a gusto. Nuestro incumplimiento sistemático de las directrices para salir del abismo parece ser que no tiene ningún efecto sobre la realidad. Somos víctimas, seres con derechos y sin obligaciones, seres nacidos para consumir y ser felices. Hemos olvidado, o no hemos aprendido, qué significa ser ciudadanos en una sociedad democrática. Algunos confunden ser un ciudadano crítico con eludir las responsabilidades…
sábado, 20 de marzo de 2021
DEMANDA
Todos los poemas son por encargo. ¡Que nadie se atreva a negarlo! La belleza del mundo nos pide un poema. Las miserias de la vida nos piden otro. Hasta la duda se atreve a solicitar esa forma de ser que llamamos poema. Solo unos pocos humanos son capaces de ingresar en el espacio puro de la poesía. Los demás nos conformamos con la prosa poética, ese suelo híbrido donde todo ser pensante y amante de los erráticos senderos del lenguaje es bien recibido. Todos los poemas son por encargo de la vida. Y vienen al mundo para ampliarlo, para que no se quede en nada, porque el mundo sin poesía es poca cosa... La inspiración es una oficina donde las entrañas de la realidad rellenan formularios. Los poetas anotan los pedidos en cualquier papel. Vale todo tipo de soporte físico. Lo importante es saber registrar lo que las miradas de los otros reclaman. Los mayores pedidos vienen del amor y la justicia. Siempre ha sido así. A los poetas les pedimos que resuelvan el misterio del cosmos. Con sus versos quizás sepan describir lo que une a los seres en una realidad efímera y absurda. Les pedimos mucho.
jueves, 11 de marzo de 2021
MARTE
| Ilustración de Luis Miguel Morales Galante ‘MOGA’ |
Lo de ir a Marte parece que va en serio. Lo que comenzó siendo una curiosidad se ha vuelto una necesidad. Si los marcianos no dan señales de vida aquí, tendremos que ir allí, pero para quedarnos, porque la vida en la Tierra tiene los años contados. Hay muchas formas de llegar a Marte. Hace miles de años que los humanos llegamos, con la observación y con las palabras. Nuestro interés por el cuarto planeta del sistema solar viene de lejos. Marte es del dios de la guerra, el segundo día de la semana y el tercer mes del año.
Es uno de los cuerpos celestes que, desde nuestra perspectiva, se desplaza sobre el fondo de las estrellas fijas. Planeta en griego significa errante, vagabundo, el que va de un lado para otro. Y es, ante todo, el planeta rojo, debido al óxido de hierro. Su diámetro es la mitad que el de la Tierra. Tuvo abundante agua y una atmósfera rica en dióxido de carbono. Su núcleo se solidificó y fue perdiendo tanto su atmósfera como sus océanos. Sin apenas presión atmosférica, sin ciclos hidrológicos y procesos de reciclaje, Marte se convirtió “un desierto seco y polvoriento” con temperaturas medias de -55ºC, explica Carlos Briones en su libro ¿Estamos solos? (Crítica, 2020).
Desde Galileo, en 1609, la utilización de telescopios nos
fue acercando cada vez con más detalle a su atractiva superficie. La
observación que hizo el astrónomo italiano Giovanni V. Schiaparelli en 1879
desembocó en una interpretación errónea que desató la imaginación de los
lectores durante décadas. Describió unas estructuras, unos “canales”. Esa
palabra, que en un principio tenía un sentido geológico, al pasar al inglés
adquirió otro de carácter tecnológico, artificial, explica Briones. Así,
comenzó a circular la idea de que había canales artificiales construidos por
alguien para conducir agua.
Un planeta similar al nuestro, en la zona de habitabilidad…
Todo encajaba a la perfección para que fuese cuna de alienígenas, con cabeza,
tronco, brazos y piernas, por supuesto. Fascinados ante el posible contacto con
otros seres inteligentes, y asustados ante una posible invasión, los seres
humanos elaboramos relatos apasionantes. La hipótesis de vida inteligente en
Marte se extendió por todos los ámbitos de la cultura. Hasta que los nuevos
telescopios y las sondas espaciales mostraron lo que de verdad eran aquellas
formaciones. Las expectativas se redujeron: ahora bastaba con encontrar agua y
alguna forma simple de vida, o algún rastro de ella, si es que la hubo.
Que la Perseverance haya llegado al planeta rojo en plena
pandemia puede dar lugar a diferentes valoraciones. Para unos, estamos ante un
acierto de la ciencia y la tecnología, una muestra más del progreso humano.
Para otros, se trata de otra demostración de cómo las necesidades sociales van
por un lado y los grandes proyectos de investigación por otro.
Cuando los resultados de los grandes proyectos científicos
aparecen en los medios de comunicación, los ciudadanos descubrimos que existe
la política científica. Es el ámbito en el que se decide en qué investigar y
qué recursos dedicar. Todos los países asignan un porcentaje de su PIB al
desarrollo de planes de investigación, desarrollo e innovación. En esos planes
aparecen los sectores estratégicos en los que investigar y los objetivos que
pretendemos alcanzar. Aquí se concreta qué tipo de ciencia básica queremos
potenciar, y qué relación va a tener con la innovación tecnológica que la
economía reclama. La política tecnológica determina la relación entre ciencia,
tecnología y sociedad.
Como nunca se debate esa relación, damos por hecho que se
trata de una conexión natural y lineal. Se investiga y se construye lo que es
necesario. Lo que es posible. Investigamos la naturaleza y sus leyes, de ahí se
deriva una cierta tecnología. Se nos presenta como si fuese el único camino
posible si seguimos el método científico.
miércoles, 10 de febrero de 2021
VIDA CONTEMPLATIVA
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Fotografía de Luis Miguel Morales ‘MOGA’
La palabra teoría viene del griego, y su raíz significa mirar, contemplar. Es
lo que hacían los espectadores cuando acudían a los juegos olímpicos. Miraban
para comprender y disfrutar. La vida moderna es muy acelerada, la urbana y la
rural. Desde que nos acompañan las pantallas a todas partes, ya no nos podemos
librar de los ritmos frenéticos que invaden nuestra actividad cognitiva.
Desplazamos las imágenes a todo trapo en el apéndice de interacción y
vigilancia que hemos adquirido con plena libertad. Hemos perdido de vista el
horizonte. Es demasiado estático para que nos llame la atención. No activa esos
circuitos gratificantes que se alimentan de la novedad permanente. El horizonte
no está de moda.
Y el horizonte puede ser el cielo estrellado, el mar, un bosque,
un insecto o un cuadro. La mirada lenta posibilita la ficción, los mundos
posibles. La contemplación genera la invención, la provoca. Ver es siempre
imaginar. Despojar a la mirada de su dimensión creativa y conceptual supone
reducirla a una simple función especular, reflejante. Somos seres de ficción:
pensar implica valorar mundos posibles.
No hay mirada vacía, por eso la observación es un encuentro
entre lo que ya sabemos y lo que aparece en el horizonte. La velocidad, gran
enemiga de la contemplación, impide las nuevas conexiones. Por eso, la mirada
ha de ser lenta, y ha de ser asombro. Los ritmos de la sociedad de consumo, por
el contrario, erosionan esa contemplación. La mirada productiva desvitaliza el
tiempo, lo consume.
Para desarrollar el espíritu científico es preciso mirar de
forma pausada, con el fin de desentrañar el orden o el desorden natural. Además
con una paciencia infinita… La complejidad de un cuadro requiere una capacidad
de observación similar a la que despliega el sabio cuando analiza el cosmos y
sus diferentes niveles. Y en ambos casos se trata de percibir con otro tiempo.
Al mirar un cuadro nos ponemos en el lugar del artista, sin
abandonar nuestra perspectiva. Se produce una estimulante fusión de horizontes,
de tiempos. Pero también nos acercamos a otras vidas, a otros paisajes, a otros
mundos posibles. Nadie puede contemplar un cuadro sin rebasar sus fronteras, si
es que las tiene…
El escritor y periodista Carlos del Amor ha escrito Emocionarte. La doble vida de los cuadros,
(Espasa, 2020). Los cuadros tienen muchas vidas, reales e imaginarias. Todo
lienzo, dice el autor, esconde tanto una historia real como una de ficción, la
que surge de la mirada del espectador. Cada capítulo se centra en una obra y un
artista. Primero nos ofrece lo imaginado, lo inventado por el observador; luego
viene la obra, a color, con algunas pinceladas de su historia real. Son treinta
y cinco pinturas de creadores como Ángeles Santos, Vermeer, Goya, Suzanne
Valadon, Rembrandt, Dalí, Friedrich…
Es un libro que puede ayudarnos en las clases de educación
plástica, historia del arte, lengua y literatura, estética y filosofía. Sin
embargo, no es ni una historia del arte, ni un trabajo de estética ni de
crítica erudita. Cada capítulo se puede leer de forma independiente, y los
cuadros comentados son de estilos y épocas muy diferentes: hiperrealistas,
surrealistas, impresionistas, barrocos, románticos…
Es la selección realizada por un amante del arte y de los museos. Y detrás de esa elección hay una mirada propia, muy personal. El lector se va a encontrar con los cuadros que han emocionado o han hecho pensar e imaginar a Carlos del Amor. Si divulgar significa transmitir, explicar y provocar, este libro lo logra en cada una de sus páginas. El valor educativo del libro reside en intentar imitar esa mirada en alguna de las áreas mencionadas, y plasmarla en un ejercicio escrito como el que lleva a cabo el autor.
https://www.diariodejerez.es/jerez/Vida-contemplativa_0_1545447324.html
martes, 12 de enero de 2021
LOS INGREDIENTES DE LA CREATIVIDAD
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| Ilustración de Domingo Martínez |
viernes, 8 de enero de 2021
Calendario de Talleres Leibniz 2021
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| Fotografía de Valentín Pablo Gómez |
Cándido no se ha olvidado de mí. Me ha llegado su almanaque. El lema para 2021 es La ley de Murphy no es un cuento chino. Como nota a pie de página aparece su clásico Usted vive en el mejor de los mundos posibles. Y si no es así, nosotros se lo reparamos. Este año tienen mucho protagonismo los oficios. Enero está dedicado a los buzos. Una reluciente escafandra sirve de ilustración. La inmersión es la salida. En las profundidades, en la oscuridad, bajo la presión de las aguas habita la memoria... Enero es el peor mes, decía mi madre. Y es que le frío y las inclemencias nos arañaban en Tierra de Campos. Hay almanaques de un solo mes, el de enero. Niebla, heladas, incluso nieve... Todo el año sobra cuando el recuerdo te remite al frío. La vida del buzo no es sencilla. La escafandra pesa como el mundo. El trabajo del buzo es duro y húmedo. Su objetivo: rescatar las ideas sumergidas, en canales y mares del sur. Quizás nacimos para ser todos buzos. Este es un almanaque que no puede pasar de enero, el peor mes... No hay barco para humanos, no hay escafandra que nos permita cruzar las aguas sin mojarnos. Imaginar otro mes hoy es una temeridad. Enero se atasca en las esclusas, en los hornos abrasadores del invierno. No hay más meses.
martes, 15 de diciembre de 2020
PROVOCAR Y DOMESTICAR
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Ilustración de Domingo Martínez |
Hace unos días me enteré de que
un libro de filosofía había sido prohibido en un centro de enseñanza. La obra
es Filosofía en la calle, de Eduardo
Infante, publicada por la editorial Ariel. La noticia me llegó por Twitter. Los
seguidores le daban la enhorabuena y se indignaban por lo sucedido, todo a la
vez. Las felicitaciones se debían al trabajo bien hecho por el filósofo, y la
indignación brotaba ante semejante ataque a la libertad de pensamiento. Suena
raro en estos tiempos, un libro prohibido, censurado…
¿De qué trata para ser tan peligroso? Eduardo Infante se
considera seguidor de Sócrates. La filosofía no debió salir nunca de las calles
y plazas. La hemos desvitalizado al encerrarla en la burocracia de los sistemas
educativos. “Los profesores corremos el peligro de convertir nuestras aulas en
cavernas, desconectadas de los problemas y las inquietudes de nuestros
alumnos…” Cuando Eduardo Infante se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, salió
a la calle con ellos y les preguntó qué les interesaba de verdad.
En el libro plantea
FiloRetos, hilos de conversación. Con las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación, el ágora se ha trasladado a las redes sociales. Por eso el
autor utiliza Twitter. La filosofía se instala ahora en la plaza pública
virtual, porque internet puede ser también un buen espacio para dialogar de
forma abierta y tolerante.
Los FiloRetos son preguntas filosóficas que surgen en nuestra vida diaria, dilemas y dudas radicales. ¿Deberías contárselo todo a tu pareja? ¿Debes obedecer siempre a la autoridad? ¿Tiene importancia que tu pareja fisgue en tu móvil? ¿Sirve de algo rezar? ¿Son malas las drogas? ¿Cuánto necesitas comprar para ser feliz? ¿Debería un hombre ser feminista? ¿Podría ser el suicidio la solución a alguno de tus problemas? ¿Deberías hacerte vegetariano? Si te quedases embarazada, ¿abortarías? ¿Las galas de Operación Triunfo son arte?...
Da la impresión de que los libros de texto han sido diseñados para aburrir y evitar que los alumnos piensen, dice el autor. Hablan de problemas enrevesados, ajenos a la vida y explicados con una terminología críptica. Por eso Filosofía en la calle está escrito con claridad, para que lo entienda cualquiera que desee pensar. Y hay muchas referencias al cine, con el fin de acercarse a los conflictos humanos desde múltiples perspectivas.
Son asuntos que nos conciernen a todos y que no podemos
ignorar, ya que nacen de la interacción con los demás. A lo largo del texto Eduardo
Infante nos propone conceptos, argumentos y teorías para abordar de forma
directa esas inquietudes vitales. Las ideas de Platón, Aristóteles, Kant,
Bentham, Weil o Lévinas pueden ayudarnos a plantear bien estos problemas prácticos
desde nuestra autonomía. Aparecen diferentes soluciones, a veces
contradictorias entre sí. Es el lector el que debe juzgar cuál es la más
razonable. A través del código QR se accede a un hilo de Twitter donde uno puede
dejar su opinión sobre el tema tratado.
Que una caja de herramientas sea prohibida causa mucha
extrañeza desde el punto de vista educativo. Quizás el peligro venga de la
capacidad que tienen esas herramientas, las ideas, tanto para construir como
para desmontar.
Hay problemas de los que nunca hablamos… Por lo visto,
alguien se quejó de que este libro trata de asuntos inapropiados para los
jóvenes que estudian bachillerato. Es mejor que nos topemos con ellos sin haber
reflexionado antes, para darles una solución improvisada o que nos los
resuelvan otros… Este es el dilema: si no hablamos de ciertos asuntos, mal (la
escuela está desfasada); y si hablamos de ellos, también mal (adoctrinamos o
escandalizamos). La educación siempre camina por el alambre, haciendo equilibrios,
entre la libertad de pensamiento y el respeto a la autoridad y la tradición.
Michel Onfray publicó en 2001 su Antimanual de filosofía en la editorial Edaf. Los títulos de cada
apartado también eran provocadores. En la introducción, “¿Hay que empezar el
curso pegándole fuego al profesor de filosofía?”, dice que lo peor es
convertirse en un funcionario de la filosofía y lo mejor, lo deseable,
desarrollar una enseñanza socrática. Sin olvidar que tenemos que aportar los instrumentos
conceptuales necesarios. “Cuanto más rico sea vuestro vocabulario, más profundo
puede hacerse vuestro pensamiento; cuanto menos lo es, en peores condiciones
estaréis para desprenderos de los tópicos…”
sábado, 14 de noviembre de 2020
ESENCIALES
Si la vida humana es palabra, logos, no debe extrañarnos que las librerías sean esenciales. Somos seres simbólicos, poéticos y fabuladores. Nos gustan las historias y las teorías tanto como beber, comer y amarnos. En el decir y el interpretar habita esa esencia humana. La imaginación es el nexo que une a escritores y lectores… Y las librerías son las casas de la imaginación, de la creatividad. Como seres de ficción que somos, la creatividad es esencial, el núcleo de nuestra existencia simbólica.
Hay muchas estanterías, con extraños
rótulos… Nada sobra. Todos los géneros son necesarios para el ser humano. Todos
los pasillos de una librería conducen a Roma: el placer. O quizás a Grecia: el
conocimiento. Comedias y tragedias, novelas y ensayos, poemas y biografías,
guías y diccionarios… Senderos imprescindibles para alcanzar de mil formas
diferentes la felicidad.
Todo esto viene de muy atrás. Dicen los
historiadores que hubo un tiempo en el que no había escritura ni libros. No sé,
no sé… Todo me suena a un cuento que alguien ha inventado. ¡A quién se le
ocurre que pueda haber humanidad sin libros! Y dicen que nos sentábamos al
calor del fuego, bajo las estrellas, para contarnos aventuras, anécdotas,
viejas leyendas… Era un momento sublime, inquietante, lleno de expectativas,
cordial, es decir, era como entrar en una librería.
El olor de los libros atraviesa las
mascarillas. Accedemos a una burbuja de sensaciones. Miles de posibilidades
ante nuestros ojos, ante los cristales empañados. Ahí están todas las palabras
esenciales, y ahí estarán. Las librerías nos acogen con una promesa de eternidad,
quizás otra ficción, otro cuento. Es el calor del fuego primordial, con el
ruido de las alimañas a lo lejos. Es el calor protector de las hojas, de los
árboles.
martes, 10 de noviembre de 2020
FILOSOFÍA DE LA MEDICINA
La filosofía suele dedicarse a reflexionar sobre los conceptos que utilizamos en la vida cotidiana, en el ámbito de las ciencias, las artes y las tecnologías. Es una reflexión de segundo grado. El filósofo piensa sobre las teorías y creencias que manejamos en las diferentes áreas de conocimiento. Así que hay filosofía de la matemática, de la física, de la biología, del arte, de la técnica, de la política… Y también de la medicina.
Cristian Saborido, profesor de filosofía de la UNED, ha publicado “Filosofía de la medicina” (Tecnos, 2020), una excelente introducción a los problemas que estudia esta disciplina. Analiza los presupuestos teóricos que hay detrás de la práctica médica. El libro está escrito con un estilo claro y preciso, con referencias a la bibliografía esencial y un glosario de los términos utilizados. El autor imparte las materias de Filosofía de la ciencia, Bioética, Introducción al pensamiento científico, Problemas filosóficos de la biología y Filosofía y medicina.
Estamos
ante un texto divulgativo y didáctico que se enmarca dentro de la filosofía de
la ciencia. La reflexión sobre la salud y la enfermedad es tan antigua como la
filosofía. Ya encontramos reflexiones sobre estos conceptos en Hipócrates y
Galeno. Sin embrago, ha sido en las últimas décadas, tras el auge de la ética
clínica, cuando se ha consolidado como área autónoma.
Existen dos grandes corrientes, la naturalista y la
constructivista. Si la distinción entre salud y enfermedad estriba únicamente
en criterios biológicos y fisiológicos, entonces somos naturalistas. La
fisiología define el funcionamiento ideal de nuestros órganos. Hay enfermedad
cuando no funcionan bien. A veces se recurre a criterios estadísticos para
establecer la normalidad. Este enfoque propone una noción objetiva de salud y
enfermedad, así que los aspectos subjetivos y sociales no son pertinentes. Como
mucho, algunos naturalistas incluyen el contexto ecológico.
El naturalismo suele ser acusado de reduccionista y de
cientificista. Todo lo reduce a mecanismos fisiológicos. La corriente opuesta
propone un marco teórico más amplio. La historia de la medicina nos muestra
muchos ejemplos de cómo los valores, los prejuicios o la ideología condicionan
nuestra forma de definir las enfermedades. Los médicos, los investigadores, las
instituciones y los pacientes están influidos por su marco social e ideológico.
Cristian Saborido nos recuerda que “se ha tratado médicamente a la los homosexuales,
a los disidentes políticos, a las personas de otras razas o a los zurdos como
si en su propia naturaleza hubiera algo incorrecto que debía ser arreglado”.
Los constructivistas extremos hacen hincapié en el fenómeno
de la promoción de enfermedades. La industria farmacéutica es la que define las
patologías, para crear nuevos medicamentos y obtener grandes beneficios.
Cristian Saborido dedica un capítulo al tema de la clasificación de las
enfermedades, y otro a las patologías mentales y la polémica sobre su
definición. Para clasificar utilizamos categorías, criterios. Un enfoque
realista radical puede dar a entender que las enfermedades son entidades que
existen por sí mismas ahí fuera… Un enfoque más constructivista resalta el
papel del contexto social en el que se lleva a cabo la práctica médica. Las
enfermedades serían construcciones sociales, no realidades naturales
independientes de nuestras acciones y valoraciones.
La medicina no es sólo biología aplicada. La tarea de los
médicos tiene una dimensión teórica y otra práctica. Para ser un buen
profesional de la medicina es necesario cumplir tres condiciones: conocer los
procesos biológicos de nuestro cuerpo, dominar las técnicas y herramientas para
intervenir en él, y desarrollar la virtud de la prudencia, “esa capacidad de
discernimiento moral que les sirva de guía para que la práctica médica suponga
siempre una contribución positiva en beneficio de los enfermos”. Estamos ante
una disciplina normativa, no solo descriptiva.
Para el autor, el mejor enfoque para abordar todos estos asuntos es el pragmatista. Los conceptos son inseparables de nuestras acciones. Debe ser la práctica médica la que determine qué es lo útil en cada momento. Hay que tener en cuenta las consecuencias de las clasificaciones, técnicas y terapias. Pero no se trata de caer en un relativismo radical. “La práctica médica, dice Saborido, se mueve siempre entre la ambición de objetividad naturalista y el reconocimiento constructivista de la relevancia de las subjetividades, y es en ese territorio en el que juega un papel principal la frónesis, la prudencia médica”.
https://www.diariodejerez.es/jerez/educacion-cerebros-toneles-filosofia-medicina_0_1518148702.html
miércoles, 14 de octubre de 2020
LA ACTITUD CIENTÍFICA Y FILOSÓFICA
La actitud es la disposición con la que nos enfrentamos a la realidad. Es el estado de ánimo, la forma de ser, lo que estamos dispuestos a hacer y lo que no. La actitud científica y filosófica constituye el núcleo de la vida democrática. Si los ciudadanos no practicamos ciertas virtudes epistémicas, el edificio se desmorona. Las leyes por sí solas no bastan.
Pensar a fondo lo que ocurre exige tiempo. Para ser objetivos,
imparciales y analíticos necesitamos manejar diferentes fuentes de información.
Pensar de verdad implica en primer lugar leer y escuchar. Y luego ser prudentes
a la hora de emitir juicios. Pero el tiempo escasea y todo se acelera cada vez
más.
La comodidad y el ansia desmedida de poder nos empujan a
tomar atajos. Acudimos al mercado y compramos un kit de pensamiento, un lote de
ideas, una ideología… A partir de entonces ya disponemos de los moldes y categorías
que nos facilitarán valorar lo que ocurre, sin necesidad de analizarlo como es
debido. El pensamiento enlatado me ahorra tiempo. Si puedo clasificar, ya no
tiene sentido escuchar. Lo que va a decir el otro ya lo sé antes de que él
mismo lo piense… La realidad con sus problemas concretos ha desaparecido. La
verdad, como ideal regulativo, también.
El diálogo crítico, propio de una democracia deliberativa,
se cimenta en la actitud científica y filosófica. Lo primero que hay que hacer
es escuchar y observar. El objetivo es comprender los argumentos del
interlocutor, describir con objetividad el problema que nos ocupa y recopilar
información… Al escuchar de verdad, nos preocupamos por saber qué tesis
sostiene y en qué se basa para defenderla. En una sociedad compleja, los
interlocutores y los foros de debate son muy diversos: la asociación de
vecinos, el partido político, el parlamento, las redes sociales…
La actitud científica consiste en aceptar solo aquellas
teorías que sean coherentes y cuenten con el respaldo de la evidencia empírica,
con el apoyo de los hechos. Mantendremos las hipótesis que son corroboradas por
la experiencia. Las contradicciones internas y los contraejemplos (datos o
experimentos que desmienten la teoría, la ley) nos obligarán a rechazar esa
hipótesis y formular otra. Se trata de estar dispuesto a abandonar una tesis
cuando la experiencia y la razón me lo aconsejan. Lee MacIntyre ha escrito un
excelente libro: “La actitud científica. Una defensa de la ciencia frente a la
negación, el fraude y la pseudociencia.” (Cátedra, 2020)
La actitud filosófica, muy similar a la científica, busca
los mejores argumentos, la coherencia y la correspondencia con los hechos,
cuando es pertinente. La duda es la mejor herramienta del filósofo. Hay que
poner entre paréntesis no solo las afirmaciones del otro, sino también las
propias. Tendré que abandonar las razones y argumentos que el análisis
lógico-conceptual desecha por ser inconsistentes, contradictorios o meras
falacias. En un diálogo crítico real, no en una pantomima, aceptaré las teorías
y argumentos del otro si superan los criterios arriba mencionados. Y cambiaré
de opinión si me demuestran que estoy equivocado. Científicos y filósofos de
todos los tiempos han dado muestras de esta actitud. Aferrarse a una ideología
supone hacer todo lo contrario.
Y pensar conlleva riesgos. Puede ocurrir que te persigan
todos, los unos y los otros, por no encajar, por no arrodillarte. O por dar la
razón al que la tiene… Pensar en momentos de incertidumbre, dispersión y
polarización no es tarea sencilla. No son circunstancias favorables para el uso
de la palabra y el intelecto. Perseverar en la búsqueda de la verdad se vuelve
un sueño irrealizable. Y sabemos que la verdad es un ideal regulativo, un fin
al que tiende la razón en sí misma, aunque nos reconocemos falibles en esa
búsqueda interminable.








