jueves, 15 de octubre de 2026

Lo que se abandona

 

Ilustración de Luis Miguel Morales "MOGA".

    Que la técnica ahorra trabajo y tiempo nadie lo puede negar. Ha sido así desde que el ser humano comenzó a utilizar herramientas. Con la introducción de las máquinas, todos los procesos se han simplificado, acelerado y automatizado. Nos dejan tiempo para lo importante, para la creación, tanto en el sistema productivo como en las artes. Y amplían los momentos de ocio, por supuesto. Delegamos procesos rutinarios en las máquinas para centrarnos en el pensamiento y la innovación. Así nos libramos de lo pesado y nos sumergimos en lo realmente humano.

    Sin embargo, distinguir lo mecánico de lo creativo no resulta tan fácil. Dicho de otra forma, no está muy claro dónde empieza la creación inteligente. A la hora de elaborar un texto, un diseño, una investigación científica, una canción o una escultura, se puede caer en la tentación de utilizar máquinas en las fases mecánicas y dejar el ensamblaje final para el acto creativo.

    Hay escritores que utilizan estos dispositivos mecánicos para tareas como la documentación, las descripciones y la ambientación histórica. Piensan que esas tareas son penosas. Ahí no es necesario ser creativo, dicen. Basta con recopilar datos. Usar un dispositivo automático te ahorra tiempo y energía. Así puedes dedicarte a lo esencial del acto creativo: el argumento, la trama y los diálogos. Siempre hay una parte del trabajo que es mecánica, dirán los músicos, diseñadores, pintores, escultores… ¡Que lo hagan las máquinas!

    A lo mejor es mucho lo que se abandona, quizás demasiado. Porque todos esos procesos ya forman parte de la creatividad. En la recogida de datos ya se produce una interpretación. No se trata de algo pasivo, sino de una actividad cargada de significado. Al observar, ya estamos creando. La obra es un proceso global y continuo, no es únicamente ese momento de la primera idea o de la conexión final.

    Al utilizar operaciones automáticas, prescindimos de gran parte del proceso creativo. Los grandes creadores son excelentes observadores, no solo meros conectores de datos. Los cuadernos de trabajo muestran esa labor diaria del investigador o del artesano. Cualquier anotación, cualquier detalle en el que se han fijado, luego resulta clave para ver el significado de la obra.

    Los más optimistas piensan que los dispositivos son neutros, que solo hacen tareas basadas en la fuerza bruta... Algunos creen que generan posibilidades nuevas. Permiten dedicar más tiempo a elaborar ideas verdaderamente originales. Incluso desaparece el impedimento de no dominar algunas técnicas básicas.

    Los dispositivos ahorran trabajo, pero introducen un espacio propio de posibilidades, dirán los más pesimistas. Los aparatos condicionan las acciones innovadoras de las personas, ya que los campos de operaciones, los ámbitos de la experiencia, van siendo colonizados por los sistemas automáticos.

    Esta colonización ocurre en todos los ámbitos intelectuales. Creemos que nos libramos solo de la rutina burocrática, pero quizás estemos abandonando demasiadas tareas importantes. Entonces, uno se vuelve perezoso, deja de desarrollar sus capacidades y se convierte en una pieza más de la máquina.

https://www.diariodejerez.es/jerez/abandona_0_2008221937.html

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