jueves, 26 de febrero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES L: EL JUEGO

   ¿Entenderá el dinosaurio las reglas del arte? ¿Comprenderá su autonomía formal? Seguro que no, porque el dinosaurio sólo ve lo inmediato. Incluso los más sabios se quedan con lo que aparece. Mas sabe el roedor que todo arte es juego y que en el juego se abre un espacio de posibilidades infinitas. Ni siquiera distinguen entre las partes y el todo. No saben que el todo está siempre por encima. ¡Pobres dinosaurios! ¡Hay que explicárselo todo! Mientras, el roedor se entretiene en los recovecos de su obra. Y nada más existe. ¡Tanta historia del arte! No ha servido para nada. Todavía el dinosaurio espera comprender cada parte sin atender al todo. Todavía espera alcanzar la comprensión en lo material, en el significado. ¿Sabrá el dinosaurio que se trata de un juego formal, donde todo es posible y nada importa? ¡Tanta historia del arte para nada! Las pisadas de los dinosaurios siguen siendo igual de terribles y miserables. Mientras, el roedor se embelesa con los senderos infinitos, con la rueda infernal. Y no echa de menos la interpretación teológica de los grandes dinosaurios. El roedor no echa de menos nada. Sabe que todo sobra y que el arte es autosuficiente. Sabe que el dinosaurio acecha, con su pisada. ¡Tanta historia del arte! ¡Por favor, Duchamp, susurra algo al viejo dinosaurio! ¡Por favor, Bacon, regálales un espejo! ¡Braque, no te escondas! ¿Entenderá el dinosaurio las reglas del arte? Nadie lo sabe. Pero el roedor seguirá sin buscar la pesada comprensión...

miércoles, 25 de febrero de 2015

LA FUERZA DE LA DANZA Y EL CINE


         Félix Vázquez presentó el sábado su proyecto “Colección de retratos” en los gélidos Claustros de Santo Domingo. Los asistentes, con el paso de los minutos, nos fuimos convirtiendo en resistentes, a pesar de la excelente actuación de Leonor Leal y la película de Félix Vázquez. Obras de arte como éstas no se merecen un puñado de sillas de plástico dentro de un frigorífico repleto de resonancias insufribles. El contraste era terrible: los cuerpos sudorosos de los artistas frente a los temblorosos cuerpos de los espectadores. La belleza de los Claustros no es suficiente para convertirlos en un auditorio. Se necesita algo más: acondicionarlos para que el arte no se vuelva una tortura.
       
  En la inauguración, Leonor Leal, una de las artistas que participa en la película, nos ofreció su baile en directo como prólogo. La escena: sobre la tarima dos zapatos que tensan dos cintas elásticas atadas al otro extremo; fuera del tablao, otros dos zapatos sobre letras de diferentes estilos, pegadas en el suelo; en el vestido de Leonor, más letras; de fondo, la voz de Paco de Lucía hablando sobre el trabajo y la inspiración. La acción: el cuerpo y el movimiento aparecen en escena para mostrar el surgimiento de la creatividad, el dolor y el placer de crear. Porque todo acto creativo es una lucha contra fuerzas internas y externas. Al principio, esas fuerzas son difíciles de tratar. El cuerpo parece atrapado. Quizás sean las resistencias de la técnica, las reglas, o las limitaciones propias. Cuando Leonor se calza los zapatos de las letras, de la palabra, todo cambia, pero tras mucho esfuerzo. Y cuando el ritmo y la palabra impregnan el cuerpo, las fuerzas que antes oprimían ahora se convierten en liberadoras de belleza.
         Producida por SARAO FILMS y dirigida por Félix Vázquez, “Colección de retratos” es un conjunto de cortos en los que aparecen como protagonistas importantes artistas, sobre todo del baile: Mariano Bernal, Úrsula López, Rocío Molina, Andrés Marín, Niño de Elche, Cristina Hall, Tino Van Der Sman, Manuel Cañadas, Cristian Lozano, Tamara López, Leonor Leal, Raúl Botella, Vicente Gelo… Los pinceles sirven de transición para mostrarnos el trabajo del cuerpo y del ritmo en las situaciones menos esperadas. Son los momentos del ensayo, del esfuerzo diario, del viaje, de la estación, del avión, del servicio del tren, del semáforo o de la calle. El movimiento de la cámara y los planos tan cercanos transmiten la esencia de la comunicación en el baile: pies, uñas, miradas, percusión, espacio, flexibilidad, tiempo…

         Hay muchos retratos que se centran en la dimensión formal, estética, en cómo lograr ese encaje entre cuerpo y ritmo. Sin embargo, Félix Vázquez va más allá de lo estético con este proyecto. Muchas de las piezas nos recuerdan lo que hay al otro lado del escenario: los continuos viajes, el desgaste, el sacrificio, don dinero,…   
         Con las ruinas de la Acrópolis de fondo, en “Atenas”, una lata de comida para gatos comienza a rodar tras ser empujada por un zapato rojo. El sonido de la lata al golpear las piedras y adoquines genera ritmo. Sigue rodando y se va acercando a la Atenas nueva, donde es recogida por Leonor Leal. Otro retrato transcurre en los aseos de un tren. Los artistas entran y salen, con sus móviles, sus aplicaciones, sus prisas o su cante. En “La base de la comunicación. Un lenguaje común.”, asistimos a la creación de una coreografía con Andrés Marín. También contemplamos el proceso creativo de “Compás de Espera” de Manuel Cañadas, un cuerpo desplegándose en poco espacio. En el retrato del Niño de Elche una soleá adquiere un ritmo infernal…
        
http://www.lavozdelsur.es/roedores-de-cultura
         

sábado, 21 de febrero de 2015

VIDAS GITANAS: LUNGO DROM


         El Palacio Villavicencio, en el Conjunto Monumental del Alcázar de Jerez, acoge una exposición sobre el pueblo gitano, organizada por el Instituto de Cultura Gitana y Acción Cultural Española. LUNGO DROM significa “Largo camino”. Más de mil visitantes han recorrido ese sendero de tradición, sufrimiento y belleza; un sendero que conviene comenzar por la izquierda, por el presente, por las personas que llenan nuestros días; un sendero que somos nosotros, los que compartimos el aula, el hospital, la bulería, el mercado, el desempleo y el empedrado.
        
Nada más entrar contemplamos la escultura de Antonio Moya que se titula “El río”. Es un hombre que cruza el agua con un niño sobre los hombros. Quizás sea la mejor metáfora para describir a los gitanos. A hombros han transportado una lengua, la familia, unas costumbres y, sobre todo, una inmensa esperanza ante las fuertes corrientes que les han zarandeado a lo largo de los tiempos.
         La única forma de huir de los tópicos es mostrar la complejidad de los rostros. Las caras y cuerpos de gitanas y gitanos impregnan de dignidad todas las estancias de la muestra. Las fotografías, actuales y antiguas, ilustran cada hito histórico o cada contradicción social. Rostros y cuerpos bien elegidos transmiten la fuerza y el optimismo que brota de las adversidades dejadas atrás. Son las escenas ingenuas, espontáneas, de personas desconocidas, las que aniquilan los prejuicios y los tópicos tejidos durante años.
         Una lengua, el caló, ha servido para reforzar la identidad de los gitanos, para arropar los lazos étnicos y sociales. A lo largo de la exposición se habla de la familia, la mujer, el trabajo, los jóvenes, la religión, la educación, la política, las artes y la historia de los gitanos. Cada sección cuenta con textos precisos, imágenes, vídeos, y objetos relacionados con cada aspecto abordado. El visitante se encuentra con los zapatos de la Chunga, un facsímil de García Lorca, documentos oficiales referidos a la persecución, carteles de la transición, fotos de Juan de Dios Heredia, de tratantes de ganado, imágenes de Camarón, libros de poesía, de cultura gitana,…
         Como en toda exposición que habla de personas, de ciudadanos, cabe realizar dos recorridos. Algunos sólo se fijarán en los detalles, en las caras conocidas o en los viejos objetos. Sin embargo, otros se adentrarán en el trasfondo social. Verán cómo la familia gitana se ha transformado al integrarse en los modos de vida urbanos y cómo la mujer gitana se ha organizado para defender sus derechos. Verán cómo hay gitanos en todas las profesiones, cómo los jóvenes gitanos se han integrado en el sistema educativo y cómo ese sistema educativo todavía no habla lo suficiente de la cultura gitana española. Verán cómo se perciben todavía las consecuencias del urbanismo capitalista y la marginación que produjo en los años setenta. Verán cómo la industria cultural creó tópicos para desviar la atención y cómo las persecuciones de siglos pasados han dado paso a los procesos de “chabolismo vertical”. Y verán cómo resta mucha labor por hacer si deseamos construir una sociedad de ciudadanos libres e iguales.

VIRTUAL CONNECTIONS


         En la sala de Pescadería Vieja se exhibe algo más que una colección de pinturas. La muestra es el resultado de un trabajo interdisciplinar de investigación en el que se ha aplicado la teoría de los algoritmos evolutivos a la creación artística. Este proyecto ha recibido el Primer Premio de Arte, Diseño y Creatividad Evolutiva GECCO 2014 en Ámsterdam. La exposición de Jerez es una primicia, pues añade la serie XYZ. Las obras viajarán luego a Buenos Aires (2015), Brasil (2016) y Tijuana (2016).
         Un algoritmo es un conjunto de instrucciones finito y preciso para resolver un problema. Dividir, por ejemplo, es un algoritmo. Nos dan dos números y seguimos unos pasos hasta que obtenemos un resultado. Los algoritmos evolutivos son una técnica de resolución de problemas que toma como modelo la evolución de los seres vivos, la selección natural. Los biólogos nos explican cómo los individuos al reproducirse (copias de sí mismos) sufren variaciones. Los que al nacer poseen una variación, mutación, favorable para sobrevivir en un determinado entorno tienen más probabilidades de dejar descendencia y transmitir esa variación. Este sencillo proceso ha generado toda la diversidad y complejidad de formas que podemos observar en la naturaleza. Así surgen nuevas estructuras, por azar y necesidad…
         Los algoritmos evolutivos, estudiados en Inteligencia Artificial y otros campos de la ingeniería, procesan simultáneamente un conjunto de soluciones, una población. El algoritmo se va repitiendo, pero con una pequeña variación. De este modo surgen diferentes generaciones. Se define una función de adaptación para seleccionar los algoritmos que van naciendo. Y se inicia un bucle: reproducción, cruce, mutación, evaluación, selección, cruce, mutación… Los algoritmos evolutivos interactivos recurren a la intervención humana para controlar el proceso. El usuario interviene en la selección del algoritmo que debe reproducirse. En el caso del arte, se realiza una selección basada en criterios estéticos.
         El proyecto de esta exposición surgió en 2012, Universidad de Extremadura, de una propuesta de Francisco Fernández de Vega (Almendralejo, 1971). Es Doctor europeo en Informática por la Universidad de Extremadura y profesor titular en el área de Arquitectura y Tecnología de Computadores. Dirige desde el año 2002 el grupo de investigación GEA (Grupo de Evolución Artificial). Contó desde el principio con la colaboración de Cayetano Cruz (Badajoz 1970) que es Doctor en Bellas Artes y profesor de Diseño Industrial.
         En el proyecto XY han trabajado cinco artistas, simulando algoritmos evolutivos. Cada uno eligió una obra representativa de la historia del arte. Sería la Generación 0. Partimos de cinco obras: “Nacimiento de Venus” G0/1 de Botticelli, “Mujer sentada” G0/2 de Egon Schiele, “Ophelia” G0/3  de John Everett Millais, “Sitting male act 2” G0/4  de Egon Schiele y “La última Cena” G0/5 de Leonardo Da Vinci. La Generación 1 surge de realizar una obra mezclando ideas de dos obras de la Generación 0. Tenemos cinco cuadros de Generación 1. Se repite el proceso. Cada artista realiza un cuadro utilizando dos obras de la Generación 1. Surgen cinco cuadros de la Generación 2. Así hasta la Generación 10. Ejemplo: la obra de Luis Espada G1/1 ha surgido de cruzar G0/5 y G0/4.
         Diez generaciones XY que nacen de la intervención de cinco artistas, profesores e investigadores. Cayetano Cruz (Badajoz 1970) es Doctor en Bellas Artes y profesor de Diseño Industrial. Patricia Hernández Rondán (Cádiz 1976), Doctora en Bellas Artes, ya expuso en Jerez en 2012 (Exposición Colectiva Grabados en Vendimia. En la Escuela de Arte.) Lilian Navarro Moreno (Esplugues de Llobregat, 1979) es Licenciada en Bellas Artes y ha investigado en el campo la creación artificial y los algoritmos evolutivos. Luis Espada Carranza (Badajoz, 1955) es Licenciado en Bellas Artes, profesor en el Grado de Diseño Industrial e investigador en Grupo INNOVA. Tania Gallego (Granada, 1982) es Licenciada en Bellas Artes y profesora de Educación Secundaria.
         La exposición de Jerez aporta una novedad, ya que añade la obra nueva XYZ. Las diez generaciones XYZ cuentan con la incorporación de José Vicente Albarrán. Por lo tanto, cincuenta cuadros XY y sesenta de XYZ. Una tarea muy interesante para el espectador consiste en  pensar qué tienen en común las obras de cada generación, de cinco o seis cuadros.


sábado, 14 de febrero de 2015

LÚCIDOS BORDES DE ABISMO: UNA TEORÍA DE LA DESTRUCCIÓN

        Cuando me acerqué a pedirle la firma del libro le dije: “Usted domina la técnica de resucitar que utilizaba Leopoldo.” Porque Luis Antonio de Villena maneja la palabra como pocos saben. Su discurso es fluido, como su escritura, con todo su entramado vital y personal de fondo. Josefa Parra, en la introducción, nos recordó la trayectoria literaria del autor, poesía, relatos, novelas, premios,… Y destacó ese énfasis en la carnalidad y en la intimidad de sus escritos. Dice Josefa que Villena se muestra en todas sus obras, incluso cuando habla de otras vidas, y que si los escritores usan máscaras, la de Villena es liviana, veneciana… Se plantea el problema de la relación entre obra poética y biografía. ¿Es esencial conocer a fondo la trayectoria vital de un poeta para comprender sus versos? Aunque los documentales sobre los Panero han contribuido a crear un género propio y parece que lo sabemos ya todo sobre ellos, el libro de Villena aporta una mirada única, la del amigo y escritor que ha vivido sus vidas desde dentro, con la carga emocional que conlleva.
         “Lúcidos bordes de abismo”, editado por la Fundación José Manuel Lara en 2014, es una memoria íntima de su relación con los Panero, pero también es un ensayo literario sobre dos poetas y un tratado sobre la destrucción. Las páginas brotan de vivencias personales, íntimas, con la familia Panero. Sin embargo, el texto va más allá de las anécdotas y recuerdos. Luis Antonio de Villena nos deja interesantes retazos de la historia de la literatura, la historia de España y de la psiquiatría. También hay una apuesta ética por la diferencia y por la libertad en una sociedad, la nuestra, tan homogénea, estandarizada y aburrida.
         Luis Antonio de Villena nos habló, sobre todo, de Felicidad, la madre, y de sus hijos Juan Luis y Leopoldo. Felicidad aparece como la mujer de un poeta del régimen, un poeta que la ignora porque se dedica a conversar de forma indefinida con sus amigos, Luis Rosales entre ellos. Cuando muere su marido Leopoldo, Felicidad también quedará atrapada entre las vidas exageradas, conscientemente literarias, de sus hijos. Juan Luis quiere integrarla en su vida bohemia, en sus reuniones más o menos literarias. Leopoldo la integra en su enfermedad. Dice Villena que Felicidad repetía a menudo: “Algo he hecho mal”. Esa mala conciencia, quizás distorsionada, obliga a Felicidad a cuidar de su hijo, cada vez más deteriorado, a soportar incluso el maltrato. Leopoldo la quería y la odiaba. Cuando muere Felicidad, llega Leopoldo al tanatorio y la intenta resucitar con esa técnica que él conoce, una técnica muy antigua, similar a la que se aplica para resucitar a los ahogados…
         La figura de Leopoldo es muy atractiva, pero muy triste también. “Nunca supimos lo que tenía. Su madre decía que desde niño los médicos le habían encontrado algo. En principio era muy tratable. Pero fue a raíz de su regreso de un viaje a París cuando tuvo esa caída profunda…”, dice Villena. Comienza a comportarse, entonces, de forma extravagante, al margen de toda norma social. Hasta que tuvo que ser internado. Leopoldo se convierte progresivamente en una especie de monstruo literario, muy querido, muy soportado. Mientras que Juan Luis siempre quiso ser un respetado literato snob, escritor contradictorio y perdedor, construyéndose una imagen literaria a medida, Leopoldo, por el contrario, hizo todo lo posible por ser impertinente, un esperpento difícil de tolerar en muchas circunstancias. Pues bien, la gente no soportaba a Juan Luis y quería y toleraba, como si de un niño se tratara, a Leopoldo. Dos hermanos radicalmente separados. No se podían ver. ¿Y Michi? Fue el hermano que estuvo más perdido de los tres, dice Villena, porque no supo qué papel le correspondía en esa historia familiar.
        En el libro hay una teoría sobre la familia, sobre la austeridad, la sexualidad, sobre el estilo y las clases sociales… La madre, Felicidad, nunca mostró interés por el dinero, por enriquecerse. Aprendieron a vivir con lo justo, pero con estilo. La vida de los Panero es una historia de la destrucción absoluta, nos dice Villena. “Nada debió haber. Nada quedó”. Cada uno a su modo se dejó destruir por la vida o por sí mismo. La vida aparece como algo prescindible. Un sufrimiento que se podría haber evitado. El concepto de familia tradicional es aniquilado. Las vidas literarias, los psiquiátricos, el recuerdo del padre, la soledad de la madre, todo ello, sólo es el rastro de esa destrucción provocada.
         Y como la vida y los libros se entremezclan de la forma más insospechada, a mi lado alguien levantó la mano y dijo: “Hola, soy Sisita, la viuda de Michi Panero,…me ha encantado, pero se ha olvidado de lo más importante, la frivolidad de los Panero…”

   

         El autor, muy amablemente, respondió a nuestras preguntas, minutos antes de comenzar la presentación del libro.


¿Puede haber verdadera poesía sin un estilo de vida poético?

         Bueno, en teoría sí. Un persona que lleve una vida muy burguesa, muy poco interesante, muy aburrida, si tiene una mente muy activa, imaginativa, una mente fecunda, pues puede hacer una buena poesía en una vida muy aburrida y muy gris. Donde no puede haber poesía es en una mente gris. La mente tiene que estar funcionando plenamente, con mucha imaginación y creación. Si la creación está en la mente y no en la vida, se puede hacer buena poesía. Ahora, muchas veces parece que lo ideal es que la vida y la poesía se confundan un poco, se interpenetren un poco y eso es quizás el punto ideal. Aunque en ningún autor la compenetración es al cincuenta por ciento. En los mayores autores la vida siempre tiene que ver de alguna manera, se inmiscuye en su obra.

¿Puede haber poesía sin un impulso constante hacia la autodestrucción?

         En el caso de los Panero, en los hijos, no en el padre, en Juan Luis y Leopoldo, hay una pulsión autodestructiva muy grande, de manera diferente, porque cada cual la llevó de una manera muy distinta. Pero puede haber, de hecho hay, muchos poetas  que no tienen una pulsión autodestructiva grande, por lo menos consciente, a lo mejor inconscientemente… Por ejemplo, un poeta que en sus inicios fue muy notable, en su vejez menos, como Jorge Guillén, de Cántico, es un poeta de exaltación de la vida, de la vida como un portento, una maravilla. Cántico, que es un libro de poesía española del siglo XX, es una poesía antitanática, una total exaltación de la vida. Es curioso que haya más poesía sobre la melancolía, el daño, el dolor, o sobre la inclemencia de la vida que sobre la felicidad, pero también hay gran poesía sobre la felicidad.

Los poetas siempre escribieron en los bordes de algo: ¿Cuáles son los bordes de hoy para escribir?

         No lo sé. Lo sé en la gente de mi generación. En la gente de ahora, en los jóvenes, no lo sé, porque en este momento el mundo vive en una situación de cambio muy fuerte. Y realmente en España y muchos otros sitios tiene sentido el viejo dicho de Hölderlin: “son malos tiempos para la lírica”. A los poetas actuales, jóvenes, no los mayores, porque los mayores ya tenemos nuestro camino hecho, y tenemos que seguir, mejor o peor, nuestro camino, a los poetas jóvenes les cuesta mucho encontrar un camino. La poesía está desnortada, no porque necesite tener un único norte, la poesía es siempre plural, debe ser variada, puede haber una poesía realista, narrativa, visionaria, simbólica, racionalista, irracionalista, debe y puede haber de todo. La poesía tiene mil voces y es un tonto absoluto el que niegue la pluralidad de la poesía, pero a veces hay, según la época, ciertos caminos, que tú puedes negar, rechazar, aceptar… Pero cierto camino de la poesía en este momento no lo hay. Hay demasiada confusión. Y ese elemento de confusión hace que los poetas jóvenes en este momento lo tengan más difícil, porque no tienen una directriz clara, la cual afirmar o negar. Además, viven en un mundo en que su propia sociedad, la española, está en unos niveles culturales ínfimos, casi de vergüenza. Realmente sí son tiempos difíciles en ese sentido.

¿La poesía puede ayudarnos a acabar con el aburrimiento generalizado de nuestras sociedades?

         La poesía puede contribuir mucho siempre que la leas y seas una persona que tiene una cierta sensibilidad. Sin esa sensibilidad, no. Pero con esa sensibilidad, todo elemento cultural, la pintura, la música, la poesía, todo, puede contribuir. Eso está al nivel de todos, siempre y cuando haya cierta sensibilidad, que la da un cierto nivel de cultura. Sin ese nivel medio de cultura se convierte en inaccesible casi todo. Por eso el daño viene de los malos planes de estudio y de la cantidad de alumnado absolutamente ignorante que en este momento llena no diríamos los institutos, sino las universidades españolas. Están llenas de ignorantes. Es muy terrible porque vienen de planes de estudio malos, de profesores malos, salvo las pertinentes excepciones. Y eso es muy lamentable, pero es así. A veces da un poco de miedo, de vergüenza, de vértigo…

¿Qué está escribiendo ahora? 

        Estoy escribiendo poesía esencialmente y luego un libro sobre el Nueva York de la época maldita, el Nueva York de Andy Warhol, Lou Reed, William Burroughs…, ese Nueva York que en los años sesenta y setenta fue un referente mundial, un mundo que se acabó con la ola conservadora de Reagan, Thatcher… Fue una ola de conservadurismo que frenó (también el SIDA) una ebullición de libertad que había en ese momento y que se fue cortando. Creo que somos mucho menos libres que hace veintitantos años.

viernes, 13 de febrero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES: XLIX: NOS OLVIDARÁN

   ¡Cuidado con los falsos roedores! Brotan de la maleza. Donde antes sólo había barro y podredumbre ahora hay muchos roedores, como caídos del cielo. Cuidado con ellos porque son de palabra fácil. Hablan demasiado estos falsos roedores. ¡Que nadie se fíe ya de nadie! Sabe el roedor que nadie puede delegar la humilde tarea de no creerse nada. Nadie representa al roedor. No podemos ceder nuestra libertad, dice el roedor, porque apenas nos queda. ¡Cuidado con los falsos roedores! ¡Cuidado porque sólo saben hablar de los dinosaurios! ¿Se olvidarán también de nosotros, los malditos roedores? No lo dudéis. Dominar los senderos del bosque es tarea apetitosa. Se enredarán entre las sombras y nos olvidarán. Y cuando todo pase, cuando llegue la gran piedra, todo habrá sido en vano, tanta palabra, tanto esfuerzo... Nadie recordará a los olvidados y malditos roedores, los que nunca fueron nada. ¡Que nadie delegue la humilde tarea de no creerse nada! ¡Es lo único que nos queda a los pobres roedores! Sólo el sendero que recorremos cada día tiene algún sentido. Todo lo demás es un cruel invento de dinosaurios y falsos roedores. ¡Que nadie olvide abrir los ojos cada mañana! ¡Que nadie olvide dudar de sí mismo, de sus miserias, de sus castillos en el aire, de sus privilegios! Hablarán de nosotros, por nosotros, contra nosotros, para nosotros... Hablarán para distraernos de nuestra humilde tarea. Sabe el roedor que todo es inútil y que toda ilusión supone una tarea doble, innecesaria. ¿Aprenderán los malditos roedores? ¿Aprenderán de su derrota miserable? Nadie lo cree. Y nos olvidarán.

jueves, 12 de febrero de 2015

PREGUNTAS

Los científicos plantean preguntas concretas para poder hablar de cosas generales; los filósofos plantean preguntas generales para no hablar de cosas concretas.

miércoles, 11 de febrero de 2015

MEDITACIÓN Y NEUROCIENCIAS

        Que los estados mentales son estados cerebrales parece poco discutible: nuestras actividades mentales sólo son funciones cerebrales, redes neuronales. El dualismo mente-cuerpo, además de carecer de apoyo empírico, es una hipótesis que va contra la regla de oro del método científico: no multiplicar innecesariamente los entes, las causas, para explicar los fenómenos. Nuestra mente es la función de un órgano, de un sistema, el cerebro.
         Las resistencias dualistas proceden tanto de las viejas creencias religiosas y metafísicas como de la experiencia cotidiana subjetiva. Como somos conscientes de nuestras ideas y sensaciones, pensamos que tienen algún tipo de realidad ajena a lo material. Nos resulta muy extraño comprender que el significado de una palabra, una imagen o un recuerdo sólo sean conexiones sinápticas. Cuestión de perspectiva. Cuestión de tiempo. Hace siglos se consideraba ridículo defender el heliocentrismo porque parecía obvio que no nos movíamos.
         En pocas décadas estas resistencias dualistas están cediendo. O los dualistas se han convencido de su error o han desarrollado una versión sofisticada que encaje con las investigaciones actuales de la neurociencia. Esta versión diría que el cerebro y el alma trabajan en paralelo, o algo parecido. Así que en la práctica habría que explorar el cerebro, sea uno materialista o dualista sofisticado.
         Hace décadas que estudiamos la localización de las funciones mentales básicas, como el lenguaje, el razonamiento, la percepción o la memoria. Los daños en un área determinada del cerebro implican el mal funcionamiento de una o varias operaciones mentales. Las lesiones han revelado mucha información. Al mismo tiempo, la aplicación de técnicas de neuroimagen nos muestra qué estructuras están activadas mientras ejecutamos una tarea. La precisión de estas técnicas nos ofrece la posibilidad de analizar procesos complejos.
        
Miguel Parra
    Las aplicaciones de los descubrimientos de las neurociencias a la educación son cada vez más frecuentes. Como ha ocurrido siempre en la ciencia, las ideas útiles pueden venir del campo menos pensado. En la revista Investigación y Ciencia (enero 2015), aparece publicado un artículo titulado “En el cerebro del meditador”, escrito por Mathieu Ricard, monje budista con formación en biología celular, Antoine Lutz, investigador en neurobiología de la meditación, y Richard J. Davidson, experto en neuroimagen y comportamiento. Los autores han estudiado los cambios cerebrales que producen la contemplación y las técnicas de meditación.
         En 2005 el líder del budismo tibetano fue invitado por la Sociedad de Neurociencia para dar un discurso en su reunión anual, en Washington D.C. Aunque muchos científicos protestaron, el dalái lama planteó una pregunta muy interesante. “¿Qué relación podría haber entre el budismo, una antigua tradición filosófica y espiritual de la India, y la ciencia moderna?”. Ya con anterioridad había promovido la creación del Instituto de Mente y Vida, dedicado al estudio de la ciencia contemplativa. Y el año 2000 propuso a los científicos que analizaran la actividad cerebral de los meditadores budistas expertos.
         Los ejercicios de meditación parece que aportan beneficios: ayudan a reducir el estrés, la depresión, o el dolor crónico. La meditación proporciona tranquilidad y sensación de bienestar general. Los escépticos siempre han dudado de los efectos reales de estas técnicas espirituales. Ahora, con la comparación de la actividad cerebral de meditadores expertos y no meditadores, los científicos han podido constatar los cambios fisiológicos concretos que produce la meditación: reorganiza las conexiones de los circuitos cerebrales.
         En el artículo se mencionan tres formas de meditación: atención focalizada, consciencia plena y compasión. Estos tipos de meditación son practicados, nos dicen, en colegios y hospitales de todo el mundo. Los investigadores han analizado los estados cerebrales asociados al ejercicio de atención focalizada, que consiste en centrar la mente en la respiración, evitando la distracción. En el proceso intervienen diferentes áreas de la corteza prefrontal medial, del giro cingulado posterior, etc. El resultado obtenido es claro: los meditadores expertos mostraban una mayor actividad en esas zonas que los novatos. Pero los más experimentados de todos exhibían un poco menos de actividad que los expertos. Esto significa que sus redes neuronales pueden ejecutar la tarea con menos esfuerzo, de forma más automática.
         También analizan los efectos de la consciencia plena, que consiste en desarrollar un estado mental “que responda de forma menos visceral a las emociones, pensamientos y sensaciones.” Los sujetos que practican este tipo de meditación mejoran en el proceso de la atención sensorial. Si te muestran dos estímulos muy seguidos, al fijarte en el primero ya no percibes el segundo. Los que han meditado sí consiguen ver el segundo. Se modifica la intensidad de la respuesta al primer estímulo. Esta distribución de la atención es útil para los tratamientos del dolor.
         Por último, el estudio de los efectos neuronales de la tercera forma de meditación, la compasión y la benevolencia, revela que los meditadores expertos presentan mayor actividad cerebral en las áreas encargadas de la empatía, las cortezas somatosensorial e insular. Puede ser muy interesante para la educación saber cómo mejorar el control de la atención y la empatía.

http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1959363/meditacion/y/neurociencias.html

sábado, 7 de febrero de 2015

LA MALETA DE PORTBOU

          Nos parece muy extraño que en los últimos años, marcados por el avance de la esfera digital, hayan surgido nuevas revistas en papel, publicaciones periódicas que se venden en los quioscos y librerías de nuestras ciudades. Si además están dedicadas a las humanidades, más raro todavía. Quizás, dado el giro participativo al que estamos asistiendo, los ciudadanos soliciten teorías, herramientas conceptuales para enfocar su nueva actividad democrática. La maquinaria de las asambleas puede devorar el espíritu crítico si no tenemos un marco teórico sólido en el que expresar nuestras necesidades radicales. Sin teoría, todo quedará en una amalgama de parches, buenas intenciones o recetas imposibles.
         En las librerías podemos encontrar el número nueve, enero-febrero, de LA MALETA DE PORTBOU, dirigida por Josep Ramoneda y editada por Galaxia Gutenberg. Es una revista que desea recuperar la figura del intelectual europeo, comprometido con los procesos sociales reales. Hace tiempo que se echa en falta esa implicación de los sociólogos, filósofos, economistas y artistas. Daba la impresión de que se habían retirado o habían caído en un pesimismo paralizante. Son necesarias las publicaciones que recojan la reflexión teórica seria, crítica, e interdisciplinar.
         Este número contiene un dossier, “Vivir en las redes”, elaborado a partir de las jornadas Enter Forum, encuentro internacional sobre internet y privacidad. En los artículos se van describiendo los problemas de la identidad en internet y los nuevos mecanismos de socialización y resolución de conflictos. Andrés Ortega, por ejemplo, analiza el papel de las redes sociales digitales en los movimientos políticos cibernéticos. Son movimientos híbridos: virtuales y urbanos. Y además son autoorganizados y multinodales, no siguen líneas de subordinación jerárquica. Reflexiones muy interesantes para comprender los flujos políticos actuales de nuestra ciudad.
          Habría que destacar la entrevista a César Rendueles, autor del libro “Sociofobia”, que se dedica a pensar las contradicciones de la sociedad de la información: “Me pareció sorprendente que el actual proceso de debilitamiento social coexista con una ideología tecnológica que ensalza la colaboración y la creación de comunidades cuando éstas están mediatizadas por las tecnologías digitales, pero que las denuesta en el resto de los casos.” Es un sistema que “comercializa el mayor número de áreas sociales”. Define la sociofobia del sistema tecnológico como “la desconfianza en la posibilidad de que una participación política igualitaria nos permita resolver los retos colectivos”. Esta tecnología promueve un “profundo recelo hacia la deliberación política”. “No nos vemos capaces de hacer cosas juntos, pero la tecnología nos permite que las hagamos al mismo tiempo”.
         Destacamos, también en ese dossier, una selección de imágenes pertenecientes al taller “Tecnología y vigilancia” dirigido por Antoni Muntadas. Doce autores colaboran en ese proyecto, preocupados por las miradas, verticales y horizontales, que pueblan el nuevo espacio público y privado. Estos artistas presentan sus proyectos en el próximo Enter Forum 2015.
         Las contradicciones de esta sociedad de masas surgieron en el diálogo de dos pensadores de la Escuela de Fráncfort, Benjamin y Adorno. Alex Ross nos muestra cómo abordaron problemas como la reproducción técnica de las obras de arte y la posibilidad de un arte auténtico y crítico. La cultura popular frente a la alta cultura de la burguesía: la mercantilización del arte deja poco espacio para la emancipación. Benjamin fue más optimista respecto a las potencialidades emancipadoras del arte popular.
         Hoy seguimos dudando. Por un lado, la sociedad de la información nos ofrece capacidad de autoorganización. Pero, por otro, quizás sea una forma de dispersión, de control, de alienación, de alejamiento de la deliberación real. Quizás sea una buena ficción para tenernos entretenidos. Aunque, vista la congregación de personas reales en la manifestación de ayer en Madrid, todo es posible…
         Por otro lado, Milagros Pérez Oliva entrevista a Manuel Esteller, director del programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigaciones biomédicas de Bellvitge, en el que trabajan unos sesenta investigadores. Para Manuel Esteller, los grandes avances de la biomedicina de los últimos años han sido: la secuenciación del genoma humano, la medicina personalizada y la medicina regenerativa con células madre. En el diálogo se habla de las investigaciones en Epigenética: “diríamos que si el ADN es el esqueleto, la Epigenética es el vestido que lo cubre, y está formado también por una serie de marcas químicas que tienen la función de controlarlo.” Hoy se estudia la influencia de los factores externos en ciertas modificaciones epigenéticas.
         Por último, cabe recomendar las fotografías que Samuel Aranda ha realizado en los países más afectados por el ébola, donde no existen prácticamente sistemas de salud, la riqueza está en manos occidentales y la corrupción invade todas las instituciones. Las imágenes de Aranda nos recuerdan la crueldad del virus, la miseria en la que viven los infectados y la labor humanitaria de Médicos Sin Fronteras: guantes, muertos en las calles, familiares que lloran sin poder acudir al funeral, debido al alto riesgo de contagio… Mientras, la agencia de las Naciones Unidas creada para atajar la epidemia está lejos, en Ghana, donde no hay infectados pero sí hoteles de lujo para reuniones interminables, nos dice el fotógrafo.


jueves, 5 de febrero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES XLVIII: LAS NIEVES

  El roedor admira la nieve porque la nieve sabe retirarse. Y no hay mejor forma de ser que ésa. Sólo la nieve domina ese arte. No se cansa el roedor de contemplar ese retiro del ser, tan suave, tan silencioso. Todo lo que hacemos, cada día, cada tarde, es un nefasto intento de retirada. Sólo la nieve sabe dar lecciones al roedor aprendiz. Mientras los dinosaurios sólo se fijan en la caída, el roedor espera ansioso la retirada, cuando todo se deshace y nadie mira. Saber irse: ¡qué ardua tarea! Primero huimos de los espacios públicos, de las calles, de las aceras y escenarios, y luego permanecemos en los sombríos, agazapados, observando... Nadie domina ese arte como la nieve, tan fría y distante. Mas sabe el filósofo que es en los sombríos, en los recodos, donde se condensa el cansancio, la desidia y el aburrimiento, reflejado en nuestros ojos de roedor. Escribir, leer, ruinoso mecanismo de pensar, vano intento de remedar el viejo arte de las nieves.

sábado, 31 de enero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES XLVII : HARINA

   Sabe el roedor que en nuestras miradas permanecen las piedras y las sombras. Sabe el roedor que siempre está todo ante nuestros ojos, débiles. ¿Olvidaremos el primer sendero? Nunca, jamás dejaremos a un lado los viejos olores, los del invierno, cuando huíamos del frío para sentarnos en el enronje, en la gloria. Nadie puede olvidar lo que fuimos, lo que somos. ¡Recuerda la era, le atrio y todo lo que pudiste ser! Entre la harina se esconden todos tus miedos, atrapado en el blanco de la llanura, nada más. ¿Cómo olvidar algo? Sabe el roedor que entre nosotros, los débiles, no hay ningún tesoro más. Sabe el roedor que las nieves, el trigo, la leña, el olor a pan, todo eso, la sombra de la iglesia, los pardales, los vencejos, todo eso, la harina, el horno, el aire, los pulmones, la ruina... 

NOMBRE ENTRE NOMBRES

“…Ya es bastante
no naufragar en el silencio propio”


         Roer la cultura implica acercarse a las experiencias creativas con la noble intención de transitar senderos auténticos. Algunos de esos senderos quizás sean ya conocidos y reconocidos. Otros, sin embargo, vendrán de los márgenes, de la periferia. La Voz del Sur pretende realizar una crítica cultural cercana a los ciudadanos, por lo tanto recorreremos aquellos senderos creativos comprometidos con la libertad y la verdad. Y como hay escritores, dibujantes y músicos que no pueden acceder a las instituciones oficiales, quizás porque los espacios ya están ocupados o porque no se quiere asumir ningún riesgo, en estas páginas podremos también dar cuenta de sus proyectos.

         “No siempre, sin embargo,
         despejados se muestran los caminos,
         y sombras sin sosiego
         el horizonte turban.”    

         Ejemplo de compromiso creativo es la obra de Jacobo Cortines, que acudió a la Fundación Caballero Bonald el pasado jueves para leer poemas de su nuevo libro “Nombre entre nombres”, publicado por la editorial Renacimiento en Sevilla, 2014. El escritor lebrijano, de profunda y pausada dicción, nos habló, como todo poeta, del tiempo, de lo que fuimos y deseamos, de los rastros que dejamos en los escenarios de la vida.
         Es un poeta que tarda en publicar porque tarda en escribir. Se toma en serio la escritura. Y tomarse en serio la escritura significa rumiar las palabras hasta que son sencillas, nítidas. Es lo más difícil: despojarse de lo accesorio para ofrecer lo que no sabemos, nuestra carencia esencial. José Mateos nos lo advirtió en su presentación: la poesía nos arranca de la vida para situarnos en ese espacio del desconocimiento, de la ignorancia más densa. Porque la poesía tiene una paradójica relación con la vida, ese lugar donde ocurren todos los prodigios: aleja al mismo tiempo que aclara desde esa oscuridad esencial.
         Los poetas que también traducen libros de otros escritores son doblemente poetas, pues la intensidad que necesita el verso se recorre dos veces. Quizás por esta razón manejan tan bien la transparencia de las palabras cuando escriben sus propios versos y convierten las emociones en personajes, en actores que se arremolinan en los recodos de lo cotidiano. El libro de Jacobo Cortines está dividido en cuatro partes: “Escenarios”, “Ausencias”, “Contrapuntos” y “Nombre entre nombres”. Cabe destacar el último poema, que da título al libro. Es muy largo, más narrativo y más complejo que el resto. Los nombres se convierten en escenarios de una lucha, quizás interna, familiar, contra los recuerdos y contra el tiempo mismo, ese tiempo que parece circular, eterno retorno, o que no parece tiempo...

         “Un erial de abrojos y de espinos.
         Esta es la podredumbre del presente,
         fruto de la indolencia y la codicia.”

         Si nos preguntamos para qué sirven hoy los libros de poesía y para qué las presentaciones, en una ciudad que parece agonizar en la niebla, cabe responder: el 21 de agosto de 2014, en Salamanca, se terminó de imprimir este libro para que el 22 de enero de 2015, en Jerez, Pilar Pardo hiciera una pregunta impregnada de temblor poético, de sensibilidad, sobre la conciencia del tiempo.

          “Son las olas de ayer, las mismas olas
         que lamieron sus pies, pero “¿ese ayer –se pregunta-,
         no es este hoy, tal vez también mañana?”.

lunes, 26 de enero de 2015

domingo, 25 de enero de 2015

martes, 20 de enero de 2015

LA CIUDAD DE SOMBRA

    En la Ciudad de Sombra todo es ruina, descalabro y desidia. Habitada por las voces de los perdidos, Balma se retuerce entre su miseria, ahogada en una espesa niebla. Los escombros rezuman tristeza y abandono, incluso pensamientos de desaparecidos, de los perdedores, aniquilados por la inquina.
         Luis Mateo Díez ha creado un territorio de palabras, de formas de decir, que no es poco. No describe la ciudad, la escribe. Todos sus personajes, sus voces, son supuraciones de ese espacio urbano y creativo. En la Ciudad de Sombra habitan los que no tienen nada que esperar y los que huyeron de todo, hasta de sí mismos. Porque tras la Contienda sólo queda miseria, ruinas vitales y memorias erosionadas por el odio.
         El entramado poético de Luis Mateo Díez desemboca en novela, en relato; su prosa se construye con formas que dejan un rastro de lirismo puro. “La soledad de los perdidos” (Alfaguara, 2014), como toda su obra, puede ser degustada como un gran poema que descifra un territorio a la vez que lo construye.
         Cuando los personajes hablan, lo hacen desde una carencia, siempre desde un retiro o una pérdida. Es un hablar desde la retirada del ser, desde el continuo alejamiento. El desgaste de la vida genera desasosiego y penuria existencial en los que habitan la Ciudad de Sombra. Es una penuria cómica y reflexiva, fruto del ingenio del desorden interior. Las enrevesadas andanzas del protagonista se nutren de la ironía y el esperpento de los pobres. Sobrevivir en la noche, como un perro abandonado, es la única aspiración de los perseguidos.
         Somos seres esencialmente urbanos, capaces de convivir todos juntos en muy poco espacio. La ciudad es un territorio de palabras y símbolos. Es el territorio de la civilización y sus locuras, el espacio del poder y las utopías. Los personajes urbanos de las novelas brotan de las calles, de los lugares. Y la ciudad emerge de las acciones cotidianas de sus moradores. Las estructuras de poder aparecen reflejadas en la distribución espacial, en la delimitación de los espacios públicos, en las prohibiciones y en la memoria cristalizada de sus empedrados. Las ciudades son construidas por anhelos, odios, proyectos, sueños y hábitos. En la Ciudad de Sombra todo está presente y ausente al mismo tiempo: cada calle es una cicatriz que supura tanto las desesperanzas individuales como los chirridos de las estructuras de poder y sus sinrazones.
         Habitamos las ciudades como si fuesen un espacio natural, como si estuvieran ahí desde siempre y se rigieran por las leyes inexorables de la naturaleza y la geometría. Nos encontramos con un espacio urbano ya dado. Sólo cuando se producen contradicciones o desequilibrios urbanísticos graves somos capaces de pensar la ciudad y sus fundamentos. Pero las modificaciones de la ciudad se presentan como un proceso natural e inevitable.
         No es fácil identificar las contradicciones. El poder las disfraza constantemente bajo los rótulos de bienestar y progreso. Pensar que otro espacio urbano es posible implica revelar los intereses económicos y políticos que hay detrás de todo plan urbanístico. Otro espacio urbano es posible porque la ciudad es una construcción social, no un hecho natural. Pensadores como Henri Lefebvre (“La producción del espacio”. Capitán Swing. 2014) o David Harvey (“Espacios de esperanza”. Akal. 2007) abordan la ciudad y el urbanismo con las herramientas analíticas del marxismo. Su lectura puede servir para entender las transformaciones urbanas recientes y cercanas.

         No se trata sólo de ver cómo se concreta la lucha de clases en los planos de nuestras ciudades, sino de explicar cómo el espacio urbano pertenece al gran capital, no a la comunidad. Los espacios públicos desaparecen, son desactivados. Los centros históricos son ahora barrios marginales, olvidados, escenarios de posguerra, sucios y sin expectativas. Los grandes centros comerciales se han constituido en ciudades paralelas, sin ciudadanos, donde se ha concretado lo que ya se sabía, que en este modelo político y económico sólo somos consumidores y asalariados, con lo justo para mantener esas ciudades paralelas del gran capital. Las actividades culturales de los centros históricos y las actividades políticas, aunque existen y existirán, han sido marginadas, desvitalizadas. Ha bastado con dejar caer los edificios, no limpiar las calles, asfixiar al pequeño comercio, dificultar la movilidad, paralizar los proyectos culturales y dejar un boquete de ruina y desidia como muestra...


domingo, 18 de enero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES XLVI: ¡HUID DE LOS CIRCOS!

De Miguel Parra
¡Huid de los circos! ¿No veis que los gladiadores os pueden confundir con una fiera? Huid de los circos, porque hay muchas fieras. Nosotros, los roedores, sólo podemos salir perdiendo. Nosotros, los roedores, no ganamos nada en esa arena ensangrentada. ¿Se habrán olvidado los valientes gladiadores de los roedores? Mientras luchan entre sí, enredándose en complejas mallas, con armaduras ideadas para la ocasión, parece que nos olvidaron otra vez. Se embrollaron con la noble tarea de construir mejores armaduras, mejores máquinas, mejores cascos... Pero la tarea se ha vuelto infinita, circular.  Nadie encuentra la salida de semejantes laberintos. ¡Huid de los circos! Porque en los circos no se habla de los roedores. No hay sitio para los roedores. Los gladiadores quieren cambiar la organización del espectáculo. Pero todo se ha enmarañado tanto que no saben cómo configurar el cartel. Y mientras, los roedores huyendo, como siempre. ¡Huid de los circos! Sólo los dinosaurios parecen agradecer este amor al espectáculo, este desinteresado amor al riesgo. Saben los roedores que en el circo corren peligro. Si ya es difícil evitar las terribles pisadas de los dinosaurios, más complicado es librarse de los rápidos movimientos de los gladiadores. ¡Huid de los circos! Sabe el roedor que sólo importan los senderos del bosque, los que nadie ve, los que son ajenos al espectáculo. Sabe el roedor que esos senderos cotidianos son los importantes. Quizás no cambiarán el bosque, pero será otro bosque. Sabe el roedor que los circos nos entretienen demasiado y que en ellos no tenemos nada que ganar y que sólo podemos encontrar la muerte por aplastamiento, por olvido y desidia.

viernes, 9 de enero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES XLV: UN MENSAJE PARA LUISA

  No será atrapado el roedor por semejante red, porque quizás sea una red diseñada por los dinosaurios, para pies de dinosaurios. Ni los cebos son tan deliciosos como ellos piensan. Son aburridos trozos de carne, ya digerida, procesada, adulterada, rancia, de vaca loca. ¿No saben que al roedor le gusta el queso? Ni embadurnados de miel son apetitosos para el roedor esos cebos rebozados de opio o caramelo. Estos dinosaurios no saben cazar. Sólo saben aplastar con sus pisadas. Inventaron la red para embelesar a los roedores, para ayudarlos a superar el cansancio y la insatisfacción permanente. ¡Qué buenos son, en el fondo, los dinosaurios! Es una red que entretiene a los roedores: se sienten protagonistas de su propia captura. Es una red que adula a los roedores desprevenidos: se sienten creadores de sus cadenas. Es una red de seres que se sienten inteligentes, seres capaces de lanzar imágenes, plumas, contra los muros de su miseria. Estos brutos dinosaurios saben muy bien lo que hacen. Ni se han molestado en tejer la red: nos dieron la seda para que nosotros terminásemos la noble tarea. Y como libro de instrucciones: la vanidad condensada de una sociedad que se cree civilizada. Pero quizás ya no haya salida. Somos tan hacendosos que la red es cada día más tupida. Vamos cerrando los agujeros, nosotros, los sonámbulos, los que agachan la cabeza para seguir tejiendo. ¿Se librará algún roedor de semejante red? Nadie lo sabe. Porque no hay nadie fuera de la red para saberlo, para dar testimonio del milagro. Menos mal que el roedor se entretiene con la miel, con la sustancia empalagosa que supura esta red. Quizás pierda movilidad el astuto roedor, atrapado por la melaza de la pereza y el aburrimiento. Mas sabe el filósofo que todas las redes se deterioran y que no hay hilo suficiente para tanto mar, ni para tanto bronce.

jueves, 8 de enero de 2015

VIÑETA

Si todo esto tuviera algo que ver con las ideas, con las palabras, sabría qué decir. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLIV: EL FRÍO

  Sólo es frío, nada más. Lo suficiente para correr, para huir. De fondo, el rumor del río. Sólo es nieve, nada más. De fondo, el ruinoso mecanismo de pensar, helado. Es una forma bella de huir, tanto del frío como de uno mismo, de los demás. De fondo, la soledad. Sabe el filósofo que a través de la huida conocemos nuestras limitaciones. Aunque nunca hace suficiente frío para algunos. El viento helado nos devuelve a lo que somos y a lo que deseamos. Nadie nos enseñó a huir porque los maestros siempre están lejos. Sólo captamos, tarde, su silueta o su sombra. Nadie nos enseña a reconocer el verdadero frío, la helada que nos paraliza. Cuando la nieve nos impide ver o avanzar, cuando el frío agarrota nuestros sentidos, entonces, descubrimos el sinsentido de la huida, el placer de diluirnos entre los restos de lo que anhelamos algún día. Sabe el filósofo que correr es una noble forma de huir, porque ni los pies ligeros ni el arco se desvanecen. Todas las tretas del roedor, toda su astucia, le abren senderos entre la helada nieve, para seguir con el ruinoso mecanismo de pensar. Sólo es frío, nada más.

viernes, 19 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLIII: FICCIONES

   No lo olvidemos: el tiempo es una bella ficción. ¡Que nadie se enrede: todo ocurre ahora! Si pudiéramos interpretar las ecuaciones de la teoría de la relatividad... Pero no escarmentamos, no aprendemos de los aciertos. Todo este aparente fluir no es nada más que una ilusión, quizás cruel, pero una ilusión. ¡Que nadie espere nada! ¡Que nadie proyecte nada! No lo olvidemos: recordar es un juego que nos entretiene. Si pudiéramos comprender lo que significa que el universo tenga once dimensiones... Resulta cruel que todo lo que nos gusta se desvanezca, como un soplo de aire. Es tan terrible añadir tristeza a lo que se escurre entre los dedos... Acudimos, entonces, a  los rituales, todos esos gestos que nos protegen de la miseria de los días, esos hábitos que se solapan con la huida y la erosión. Si pudiéramos comprender las leyes de la termodinámica... No lo olvidemos: el tiempo es una horrible ficción. ¡Que nadie se enrede: nada ocurre ahora! Volveremos una y otra vez a recorrer los viejos senderos, sin esperanza. Volveremos a recorrerlos, pero con estilo. Sabremos que nada fue en vano para esa memoria que nos acompaña. Nada fue en vano. Sabe el roedor que los dinosaurios inventaron esa frase para obligarnos a trabajar y sufrir. Nada fue en vano, ni lo será. Sabe el filósofo que todo ha sido un cruel invento. Mas sabe el roedor que las ficciones sólo se curan con ficciones y que roerlas es un buen pasatiempo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA VI

  Leo a Julio Cabrera, Crítica de la moral afirmativa, y vuelvo a ver trampas en la metafísica tradicional. Nos han contado que Ser es mejor que No-Ser. Es una verdad incuestionable para la ontología heredada. Dice Cabrera que hay que ir a la raíz y que salir del No-ser quizás no sea tan bueno como nos han dicho. ¿Para qué ser? ¿Para caer en el dolor estructural que acompaña a ese ser? 
  Toda existencia es carencia, necesidad, dolor. ¿Por qué insistimos, entonces, en que ser es bueno y no-ser malo? Par mí es otra de las trampas de la autoconciencia. Como nos damos cuenta de que existimos, pensamos que tenemos algo más que el mero ser. Los neurotransmisores y las hormonas, guiados por el ADN, se encargan de generar esa valoración positiva del estar-aquí, mecanismos de la selección natural. Así, el dolor estructural, la miseria del vivir, se transforman en un regalo de los dioses. Pero es una trampa. La autoconciencia ha resultado ser un mecanismo muy efectivo para la supervivencia de ciertos organismos. Como si pensar que existimos nos diese una cualidad estructural, esencial, distinta al resto de los seres. Y toda la cultura, con sus ideas y conceptos tan abstractos, sólo es una concreción de ese mecanismo tan refinado. De alguna forma, pensarnos a nosotros mismos está premiado químicamente en el cerebro. Sentirnos diferentes del resto de los seres viene acompañado por una sensación de bienestar, por algo bueno, químicamente hablando. Nos sentimos necesarios sólo por el hecho de pensarnos. Nos resulta muy complicado pensarnos como seres contingentes, finitos y miserables. (...)

jueves, 11 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLII: RECONOCER A TIEMPO

   ¿Sabremos reconocerlos? No lo creo. Me refiero a los sabios, a los que saben de verdad. Los tendremos delante y no los reconoceremos. Sabe el filósofo que no. De todos modos: ¿para qué necesitamos un sabio delante? ¿Para que nos muestre dónde no vamos a llegar jamás? ¿Para que nos muestre lo que no somos ni seremos? Mejor no reconocerle, dirán algunos. Mejor pensar que somos nosotros los sabios. Mas sabe el roedor que sólo la sombra de los sabios protege, como sólo nos protege su palabra de la imbecilidad de los tiempos. Palabras que perduran a pesar de la distancia y la desidia. ¿Sabremos reconocerlos a tiempo? Sabe el filósofo que no. Menos mal que la memoria atrapó esas palabras y ese estilo, el estilo del sabio. Y, ahora, cuando las inclemencias nos azotan, acuden para librarnos de las pisadas horribles de los dinosaurios. Vive el roedor de esa sabiduría ajena. La roe en silencio para alimentarse, poco a poco. Y, mientras roe, siente pena por los dinosaurios, porque con sus pisadas ocultan el rastro de esos sabios. Nunca sabrán nada de ellos, ni de sus pensamientos, ni de su estilo de vida, que es lo mismo. No sabrán nada.

martes, 9 de diciembre de 2014

UTOPÍA DEL SILENCIO

“En agosto de 1991, Alexandre Grothendieck, a quien todo el mundo consideraba el matemático más lúcido del siglo XX, un hombre por cuya agudeza y profundidad se comparaba con Albert Einstein, de un día para otro quemó 25.000 páginas correspondientes a sus escritos. Acto seguido, sin decir nada a nadie, se fue de su casa rumbo a los Pirineos y no se le volvió a ver.” Así comienza el libro de Amir D. Aczel “El artista y el matemático. La historia de Nicolas Bourbaki, el genio matemático que nunca existió.” (Gedisa. 2009) En sus páginas encontrarán tanto el contexto social como el contexto creativo en el que se desenvolvió Grothendieck, que murió hace unas semanas. El autor realiza un recorrido que va desde la fundamentación de las matemáticas (con la teoría de conjuntos) hasta el estructuralismo de la lingüística y la antropología, pasando por el cubismo… No se trata de una biografía, sino de un ensayo sobre el grupo Bourbaki.
Miguel Parra
          La infancia de Alexandre (1928-2014) estuvo marcada por los campos de refugiados y la violencia. Sus padres, revolucionarios anarquistas, lucharon contra el totalitarismo en varios frentes, incluida nuestra guerra civil. A pesar de todo, pudo dedicarse al estudio de las matemáticas en las escuelas cercanas a los campos de refugiados franceses, en los que estuvo con su madre (su padre murió en Auschwitz). Muy pronto se interesó por las definiciones de los conceptos básicos y sorprendió a algún profesor con demostraciones que nos estaban en los libros…
         Después de la guerra en Europa, 1945, se fue a vivir con su madre a un pequeño pueblo cerca de Montpellier, donde realizó sus estudios universitarios mientras sobrevivían con escasos medios. Tras solicitar una beca e impresionar a sus evaluadores fue a París. Como su formación matemática había sido irregular, tuvo que esforzarse al máximo para seguir los cursos de posgrado. En París conoció a un grupo de pensadores que pretendía refundar toda la matemática, con  Henri Cartan y André Weil entre ellos.
         Alexandre Grothendieck formó parte activa del grupo Bourbaki y realizó importantes avances en geometría algebraica. Visitó universidades extranjeras. Le concedieron la medalla Fields y tuvo el IHES (Institut des Hautes Études Scientifiques) a su disposición para seguir investigando. Pero las cosas empezaron a enredarse, tanto desde el punto de vista matemático como político. Creía que la teoría de conjuntos era demasiado limitada y que Bourbaki debía tomar la teoría de las categorías, más abstracta y general, como fundamento. Sus ideas políticas le llevaron al activismo pacifista y antinuclear, lo que implicó enfrentamientos con el poder. Cuando se enteró de que su IHES estaba financiado con dinero de los militares se le vino el mundo encima…
         Nos inquietan las vidas retiradas del mundo, las vidas de los que un día cerraron la puerta de su taller y huyeron a los bosques. No llegamos a comprender esa retirada definitiva, precisamente cuando mejor les iba y cuando más reconocimiento recibían de la sociedad, de sus iguales y las instituciones. Ni los honores ni el dinero parecen importar a esas gentes. Buscan la autosuficiencia y la encuentran en la actividad intelectual, y de la forma más solitaria, como si todo les estorbase. Se dedican a cultivar un huerto, a escribir, a leer o simplemente a ser olvidados, a ser uno más en los bosques. Incluso dejan mensajes a la posteridad para que respeten su huida definitiva. Pudieron disfrutar de los laureles y se escondieron entre las zarzas, como asustados por algo terrible. Quizás comprendieron algo que a los demás se nos escapa. Si uno de los mejores matemáticos desaparece y no quiere que le molesten nunca más, algo ha tenido que comprender, algo terrible y definitivo.
         Forjarse un proyecto vital auténtico es hoy una tarea muy difícil, aunque siempre lo ha sido. La autenticidad requiere sabiduría práctica y sabiduría estética, porque todo proyecto es un sendero creativo. El modo de vida inauténtico es el enlatado, el prefabricado y el que todos esperan. Pero es difícil escapar de las garras de lo mediocre, de las garras de nuestro modo de producción. La última carta de Alexandre Grothendieck, de 2010 decía: “No tengo ninguna intención de publicar o reimprimir ninguna obra o texto de la que sea autor, (…)” Parece ser que en el archivo de Montpellier hay 20.000 páginas sin destruir. Y parece ser que algunos de sus seguidores no están dispuestos a cumplir ese último deseo del matemático: la utopía del silencio.

         
                                    Diario de Jerez, 9 de diciembre. Suplemento de educación.

viernes, 5 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XLI: TENDREMOS

  Tendremos la oportunidad de cambiar de opinión y no lo haremos. Y no será una sorpresa. Nos atravesarán las razones como si fuésemos transparentes. Porque nadie conoce al que fue convencido por argumentos ajenos. Tendremos la ocasión de ver desde otra perspectiva y no querremos, seguro. No sabe el filósofo si es pura cabezonería de andar por casa o imposibilidad genética, sin más. No sabe si es mera estructura de supervivencia o ganas de, bueno, ganas de dar la lata. Tendremos muchas oportunidades de girar, de dar media vuelta y, como mucho, daremos la vuelta entera, para volver a nuestro único sitio, el que no abandonaremos nunca. Tanta retórica para nada. Tanta dialéctica para nada. Tanta erística para nada. Demasiadas palabras para tanta certeza. Sabe el filósofo que las razones huyen, perseguidas por las ideas firmes, por los dogmas. Nadie nos enseñó a ser convencidos, ni a decir que sí, que tienes toda la razón y que mis palabras eran un desatino. Nadie nos enseñó a buscar el silencio de los bosques. Tendremos ocasión de argumentar con los otros, en el mismo sentido, y nos ocultaremos tras la opacidad de nuestros egos. Nadie espera nada de nadie. Ni las sombras esperan la luz. Ni la luz espera las tinieblas. Sólo los dinosaurios saben aprovecharse de esta cabezonería de los roedores. Quizás aprendan a roer su propio orgullo estos malditos roedores. A lo mejor comienzan a despreciar las sólidas pisadas de los dinosaurios. Ellos, tan grandes y pesados, inventaron la lógica del orgullo para protegerse de las grietas y de las erosiones.

lunes, 1 de diciembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XL: POR FIN MI TALLA

  A pesar de vivir en las zonas sombrías del bosque, el roedor no se acostumbra a las tinieblas. Tampoco a la humedad. Añora la luz imaginada de otros tiempos. Y evita enredarse en lo que no existe, en lo que no volverá. Ni el roedor más sabio es capaz de huir de esas sombras, las sombras. Sabe que la humedad juega sucio, lo atrapa y le impide corretear. ¡Hay tan poca luz en invierno! ¡Hay tanta tristeza entre las sombras! No se acostumbra, ni quiere. El ruinoso mecanismo de pensar trabaja mejor entre los residuos, al pie de los viejos robles. Pero no se acostumbra, ni lo desea. Porque sabe el roedor que volver a inventar la luz sería un engaño miserable. ¡Hay tan poca luz bajo los hayedos! El enjambre de sombras, la humedad y el frío, los recuerdos de harina, le hacen dudar: quizás los dinosaurios son una ruin maquinación para no salir del bosque, para no salir de sí mismo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXIX: LAS TRAMPAS

  Entra el roedor en la sala y, sobre sus dos patas traseras, olisquea el ambiente. Nada. Otra vez a correr, al lado de la pared, bien pegado, para que se note su noble cobardía. Al fondo, los humanos, los inteligentes y valientes humanos. Sale el roedor y vuelve a entrar, ni se sabe cómo ni por dónde. Y al fondo, los humanos, sentados ante una mesa y una caja con imágenes móviles. No se sabe bien qué hacen. Quizás nada. Han inventado la nada. ¡Tanta evolución para inventar la nada! Tiene mérito, piensa el maldito roedor. Se sube sobre sus dos patas traseras y olisquea el aire. Son décimas de segundo cruciales para el reino animal. ¡Tantas penalidades para inventar la nada! Regueros de materia han surcado el espacio y el tiempo para que estos altivos bípedos hayan inventado la nada. Ahí siguen, petrificados ante la caja, hoy aplastada y adelgazada por la respiración de los dinosaurios. Ahí siguen. Mueve los bigotes el roedor y olfatea, pero nada. Puede hacer lo que quiera el roedor, la ciudad es suya cuando la nada se impone. ¡Qué aburrimiento! ¡Ni los humanos le ponen trampas! ¿Dónde está el sabroso queso duro de las despensas? ¿Dónde están las trampas de madera y alambre, con sus agujeros? ¿Dónde nos suicidaremos los roedores? No tienen compasión estos humanos. Les llena la nada y se han olvidado de los roedores. Sobre dos patas, olisqueamos el ambiente y echamos de menos las trampas con queso duro donde nos suicidábamos, sin el miedo a la nada que ahora nos persigue.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXVIII: LETRAS

   Inventaron las siglas para no pensar. ¡Qué cansancio! Tanto detalle, tanto caso concreto, no nos conduce a nada, dijeron. Pensaremos con siglas y contra siglas, suspiraron, muy tranquilos. Las inventaron por comodidad. Así, bastaba pronunciar dos o tres letras para emitir un certero juicio, un económico juico. ¡Qué cansancio! Tanto detalle, tanto caso particular, tanta realidad... Desde que se inventaron las siglas, los cerebros consumen mucha menos energía. ¡Cuánto derroche! Son siglas ecológicas, letras que salvarán al mundo, letras que piensan por mí. Ya sean consonantes o vocales, me evitan enredarme en el ruinoso mecanismo de pensar. ¡Si son mayúsculas, es suficiente! Pero el roedor añora los viejos tiempos, cuando lo importante era elegir bien el sendero, el camino entre las hoja secas, entre el olor a humedad, cuando cada detalle era un mundo. Las siglas acabaron con el bosque. ¡Qué cansancio! ¡Cuántos detalles! Menos mal que los sabios dinosaurios nos regalaron las siglas, juicios condensados para la eternidad, juicios ajenos al tiempo, siglas...

sábado, 22 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXVII: LOS DISCURSOS

  Roer las grandes ideas, las grandes teorías, ésa es la tarea del roedor. También las impetuosas opiniones han de ser desmenuzadas. Porque nada hay más inútil que hablar, que opinar del océano, del inmenso océano, sin saber nada de sus profundidades. ¡Cuánto silencio necesitamos para entender algo! Sabe el roedor que los grandes discursos y las grandes opiniones son perniciosos, temibles. ¡Es tan fácil hablar sin decir nada! ¡Bien lo sabe el roedor...! Pero insisten, los unos y los otros, los buenos y los malos. Consumen nuestro tiempo, nuestras vidas, como si no tuviésemos nada más que hacer. Menos mal que los malditos roedores se diluyen entre tanto sustantivo y tanto adjetivo, entre tanto significado. Menos mal que sabe el roedor que detrás de tantas palabras sólo hay vagas emociones, primarias, contra ti, contra mí, con ellos, contra ellos. No importan los significados. Jamás importaron. ¡Cuánto silencio necesitamos para vivir tranquilos! Nadie lo sabe a ciencia cierta. Roer, roer, roer y desmenuzar, para que la pesadez de los grandes discursos se diluya y nos deje corretear, con la libertad del que ignora los grandes conceptos. ¡Malditos roedores! ¡Siempre corriendo! ¡Es tan fácil hablar desde las alturas! Menos mal que los malditos roedores, aquí abajo, nos recuerdan que todo podría haber sido de otro modo y que nada importa, que todo es un cruel juego y que el ruido nos aplastará, el ruido de los grandes discursos. Roer, desmenuzar, caer en la propia trampa y no decir nada, pero correteando, sin dueño, con miedo, mucho miedo, pero sin dueño. Sabe escabullirse el roedor, con delicadeza. Porque no quiere ser atrapado con el rebaño, con los que tienen grandes opiniones a sus espaldas. El roedor no tiene fuerzas para sujetar semejante carga. ¡Maldito roedor! ¡Sólo aprecia los susurros! ¡Sólo atiende a las palabras entrecortadas! ¡Maldito roedor! ¡Sólo mira en los rincones, donde se acumulan los residuos! Pero no aprenderá jamás. Es muy arriesgada la vida del roedor. ¡Con lo fácil que es dormirse con un cuento de hadas! No aprenderá nunca. ¡Con lo fácil que es vivir a la sombra de los dinosaurios! ¡Con lo fácil que es sentirse parte de algo, de algo más grande! Pero no, los malditos roedores disfrutan con la miseria de sus días, entre fragmentos de algo que pudo tener sentido.

jueves, 20 de noviembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXVI: SECRETOS

  Sabe el roedor que las calles de Jerez esconden secretos, grandes secretos. Cuando la luz del farol atraviesa el cristal, entre dos luces, el roedor descubre trazos gruesos, rastros que la inteligencia regala al bosque, a la oscuridad, trazos invisibles para las terribles pisadas de los dinosaurios. Quizás los grandes y pesados dinosaurios nunca descubran este secreto, quizás. Caerán abatidos por el aburrimiento. Mientras, tras la luz del viejo farol, alguien crea, sin demora, sabiendo que está a salvo de las inclemencias. Quizás recordando al que está detrás del pincel. Aunque hoy el levante nos azota sin piedad, sin remedio, el color nos libra del desasosiego, del recuerdo, de lo que fue, de lo que soy. Sabe el roedor que hay secretos en las viejas calles de Jerez, donde la luz de un farol acoge inteligencia y sensibilidad, donde la creatividad se condensa tras el cartón. Ni el más sabio de los dinosaurios sería capaz de ver tanto color. Sabe el roedor que hay secretos en la empedradas calles de Jerez, donde un farol nos protege de las inclemencias, donde habitarán todos los tiempos, los buenos y los malos.