¿Entenderá el dinosaurio las reglas del arte? ¿Comprenderá su autonomía formal? Seguro que no, porque el dinosaurio sólo ve lo inmediato. Incluso los más sabios se quedan con lo que aparece. Mas sabe el roedor que todo arte es juego y que en el juego se abre un espacio de posibilidades infinitas. Ni siquiera distinguen entre las partes y el todo. No saben que el todo está siempre por encima. ¡Pobres dinosaurios! ¡Hay que explicárselo todo! Mientras, el roedor se entretiene en los recovecos de su obra. Y nada más existe. ¡Tanta historia del arte! No ha servido para nada. Todavía el dinosaurio espera comprender cada parte sin atender al todo. Todavía espera alcanzar la comprensión en lo material, en el significado. ¿Sabrá el dinosaurio que se trata de un juego formal, donde todo es posible y nada importa? ¡Tanta historia del arte para nada! Las pisadas de los dinosaurios siguen siendo igual de terribles y miserables. Mientras, el roedor se embelesa con los senderos infinitos, con la rueda infernal. Y no echa de menos la interpretación teológica de los grandes dinosaurios. El roedor no echa de menos nada. Sabe que todo sobra y que el arte es autosuficiente. Sabe que el dinosaurio acecha, con su pisada. ¡Tanta historia del arte! ¡Por favor, Duchamp, susurra algo al viejo dinosaurio! ¡Por favor, Bacon, regálales un espejo! ¡Braque, no te escondas! ¿Entenderá el dinosaurio las reglas del arte? Nadie lo sabe. Pero el roedor seguirá sin buscar la pesada comprensión...
jueves, 26 de febrero de 2015
miércoles, 25 de febrero de 2015
LA FUERZA DE LA DANZA Y EL CINE
Félix
Vázquez presentó el sábado su proyecto “Colección de retratos” en los gélidos
Claustros de Santo Domingo. Los asistentes, con el paso de los minutos, nos
fuimos convirtiendo en resistentes, a pesar de la excelente actuación de Leonor
Leal y la película de Félix Vázquez. Obras de arte como éstas no se merecen un
puñado de sillas de plástico dentro de un frigorífico repleto de resonancias
insufribles. El contraste era terrible: los cuerpos sudorosos de los artistas
frente a los temblorosos cuerpos de los espectadores. La belleza de los
Claustros no es suficiente para convertirlos en un auditorio. Se necesita algo
más: acondicionarlos para que el arte no se vuelva una tortura.
Producida
por SARAO FILMS y dirigida por Félix Vázquez, “Colección de retratos” es un
conjunto de cortos en los que aparecen como protagonistas importantes artistas,
sobre todo del baile: Mariano Bernal, Úrsula López, Rocío Molina, Andrés Marín,
Niño de Elche, Cristina Hall, Tino Van Der Sman, Manuel Cañadas, Cristian
Lozano, Tamara López, Leonor Leal, Raúl Botella, Vicente Gelo… Los pinceles
sirven de transición para mostrarnos el trabajo del cuerpo y del ritmo en las
situaciones menos esperadas. Son los momentos del ensayo, del esfuerzo diario,
del viaje, de la estación, del avión, del servicio del tren, del semáforo o de
la calle. El movimiento de la cámara y los planos tan cercanos transmiten la
esencia de la comunicación en el baile: pies, uñas, miradas, percusión,
espacio, flexibilidad, tiempo…
Hay muchos retratos
que se centran en la dimensión formal, estética, en cómo lograr ese encaje
entre cuerpo y ritmo. Sin embargo, Félix Vázquez va más allá de lo estético con
este proyecto. Muchas de las piezas nos recuerdan lo que hay al otro lado del
escenario: los continuos viajes, el desgaste, el sacrificio, don dinero,…
Con las
ruinas de la Acrópolis de fondo, en “Atenas”, una lata de comida para gatos
comienza a rodar tras ser empujada por un zapato rojo. El sonido de la lata al
golpear las piedras y adoquines genera ritmo. Sigue rodando y se va acercando a
la Atenas nueva, donde es recogida por Leonor Leal. Otro retrato transcurre en
los aseos de un tren. Los artistas entran y salen, con sus móviles, sus
aplicaciones, sus prisas o su cante. En “La base de la comunicación. Un
lenguaje común.”, asistimos a la creación de una coreografía con Andrés Marín. También
contemplamos el proceso creativo de “Compás de Espera” de Manuel Cañadas, un
cuerpo desplegándose en poco espacio. En el retrato del Niño de Elche una soleá
adquiere un ritmo infernal…
sábado, 21 de febrero de 2015
VIDAS GITANAS: LUNGO DROM
El Palacio Villavicencio, en el Conjunto
Monumental del Alcázar de Jerez, acoge una exposición sobre el pueblo gitano,
organizada por el Instituto de Cultura Gitana y Acción Cultural Española. LUNGO
DROM significa “Largo camino”. Más de mil visitantes han recorrido ese sendero
de tradición, sufrimiento y belleza; un sendero que conviene comenzar por la
izquierda, por el presente, por las personas que llenan nuestros días; un
sendero que somos nosotros, los que compartimos el aula, el hospital, la bulería,
el mercado, el desempleo y el empedrado.
Nada más
entrar contemplamos la escultura de Antonio Moya que se titula “El río”. Es un
hombre que cruza el agua con un niño sobre los hombros. Quizás sea la mejor
metáfora para describir a los gitanos. A hombros han transportado una lengua,
la familia, unas costumbres y, sobre todo, una inmensa esperanza ante las
fuertes corrientes que les han zarandeado a lo largo de los tiempos.
La única
forma de huir de los tópicos es mostrar la complejidad de los rostros. Las
caras y cuerpos de gitanas y gitanos impregnan de dignidad todas las estancias
de la muestra. Las fotografías, actuales y antiguas, ilustran cada hito
histórico o cada contradicción social. Rostros y cuerpos bien elegidos
transmiten la fuerza y el optimismo que brota de las adversidades dejadas
atrás. Son las escenas ingenuas, espontáneas, de personas desconocidas, las que
aniquilan los prejuicios y los tópicos tejidos durante años.
Una lengua,
el caló, ha servido para reforzar la identidad de los gitanos, para arropar los
lazos étnicos y sociales. A lo largo de la exposición se habla de la familia,
la mujer, el trabajo, los jóvenes, la religión, la educación, la política, las
artes y la historia de los gitanos. Cada sección cuenta con textos precisos,
imágenes, vídeos, y objetos relacionados con cada aspecto abordado. El
visitante se encuentra con los zapatos de la Chunga, un facsímil de García
Lorca, documentos oficiales referidos a la persecución, carteles de la
transición, fotos de Juan de Dios Heredia, de tratantes de ganado, imágenes de
Camarón, libros de poesía, de cultura gitana,…
Como en
toda exposición que habla de personas, de ciudadanos, cabe realizar dos
recorridos. Algunos sólo se fijarán en los detalles, en las caras conocidas o
en los viejos objetos. Sin embargo, otros se adentrarán en el trasfondo social.
Verán cómo la familia gitana se ha transformado al integrarse en los modos de
vida urbanos y cómo la mujer gitana se ha organizado para defender sus
derechos. Verán cómo hay gitanos en todas las profesiones, cómo los jóvenes
gitanos se han integrado en el sistema educativo y cómo ese sistema educativo
todavía no habla lo suficiente de la cultura gitana española. Verán cómo se
perciben todavía las consecuencias del urbanismo capitalista y la marginación
que produjo en los años setenta. Verán cómo la industria cultural creó tópicos para
desviar la atención y cómo las persecuciones de siglos pasados han dado paso a los
procesos de “chabolismo vertical”. Y verán cómo resta mucha labor por hacer si
deseamos construir una sociedad de ciudadanos libres e iguales.
VIRTUAL CONNECTIONS
En la sala
de Pescadería Vieja se exhibe algo más que una colección de pinturas. La
muestra es el resultado de un trabajo interdisciplinar de investigación en el
que se ha aplicado la teoría de los algoritmos evolutivos a la creación
artística. Este proyecto ha recibido el Primer Premio de Arte, Diseño y
Creatividad Evolutiva GECCO 2014 en Ámsterdam. La exposición de Jerez es una
primicia, pues añade la serie XYZ. Las obras viajarán luego a Buenos Aires
(2015), Brasil (2016) y Tijuana (2016).
Un
algoritmo es un conjunto de instrucciones finito y preciso para resolver un
problema. Dividir, por ejemplo, es un algoritmo. Nos dan dos números y seguimos
unos pasos hasta que obtenemos un resultado. Los algoritmos evolutivos son una
técnica de resolución de problemas que toma como modelo la evolución de los
seres vivos, la selección natural. Los biólogos nos explican cómo los
individuos al reproducirse (copias de sí mismos) sufren variaciones. Los que al
nacer poseen una variación, mutación, favorable para sobrevivir en un
determinado entorno tienen más probabilidades de dejar descendencia y
transmitir esa variación. Este sencillo proceso ha generado toda la diversidad
y complejidad de formas que podemos observar en la naturaleza. Así surgen
nuevas estructuras, por azar y necesidad…
Los
algoritmos evolutivos, estudiados en Inteligencia Artificial y otros campos de
la ingeniería, procesan simultáneamente un conjunto de soluciones, una
población. El algoritmo se va repitiendo, pero con una pequeña variación. De
este modo surgen diferentes generaciones. Se define una función de adaptación
para seleccionar los algoritmos que van naciendo. Y se inicia un bucle:
reproducción, cruce, mutación, evaluación, selección, cruce, mutación… Los
algoritmos evolutivos interactivos recurren a la intervención humana para
controlar el proceso. El usuario interviene en la selección del algoritmo que
debe reproducirse. En el caso del arte, se realiza una selección basada en
criterios estéticos.
El proyecto
de esta exposición surgió en 2012, Universidad de Extremadura, de una propuesta
de Francisco Fernández de Vega (Almendralejo,
1971). Es Doctor europeo en Informática por la Universidad de Extremadura y
profesor titular en el área de Arquitectura y Tecnología de Computadores.
Dirige desde el año 2002 el grupo de investigación GEA (Grupo de Evolución Artificial).
Contó desde el principio con la colaboración de Cayetano Cruz (Badajoz 1970) que es Doctor en Bellas Artes y
profesor de Diseño Industrial.
En el
proyecto XY han trabajado cinco artistas, simulando algoritmos evolutivos. Cada
uno eligió una obra representativa de la historia del arte. Sería la Generación
0. Partimos de cinco obras: “Nacimiento de Venus” G0/1 de Botticelli, “Mujer
sentada” G0/2 de Egon Schiele, “Ophelia” G0/3 de John Everett Millais, “Sitting male act 2” G0/4
de Egon Schiele y “La última Cena” G0/5 de
Leonardo Da Vinci. La Generación 1 surge de realizar una obra mezclando ideas
de dos obras de la Generación 0. Tenemos cinco cuadros de Generación 1. Se
repite el proceso. Cada artista realiza un cuadro utilizando dos obras de la Generación
1. Surgen cinco cuadros de la Generación 2. Así hasta la Generación 10.
Ejemplo: la obra de Luis Espada G1/1 ha surgido de cruzar G0/5 y G0/4.
Diez
generaciones XY que nacen de la intervención de cinco artistas, profesores e
investigadores. Cayetano Cruz
(Badajoz 1970) es Doctor en Bellas Artes y profesor de Diseño Industrial. Patricia Hernández Rondán (Cádiz 1976),
Doctora en Bellas Artes, ya expuso en Jerez en 2012 (Exposición Colectiva
Grabados en Vendimia. En la Escuela de Arte.) Lilian Navarro Moreno (Esplugues de Llobregat, 1979) es Licenciada
en Bellas Artes y ha investigado en el campo la creación artificial y los
algoritmos evolutivos. Luis Espada
Carranza (Badajoz, 1955) es Licenciado en Bellas Artes, profesor en el
Grado de Diseño Industrial e investigador en Grupo INNOVA. Tania Gallego (Granada, 1982) es Licenciada en Bellas Artes y
profesora de Educación Secundaria.
La exposición
de Jerez aporta una novedad, ya que añade la obra nueva XYZ. Las diez
generaciones XYZ cuentan con la incorporación de José Vicente Albarrán. Por lo tanto, cincuenta cuadros XY y sesenta
de XYZ. Una tarea muy interesante para el espectador consiste en pensar qué tienen en común las obras de cada
generación, de cinco o seis cuadros.
sábado, 14 de febrero de 2015
LÚCIDOS BORDES DE ABISMO: UNA TEORÍA DE LA DESTRUCCIÓN
Cuando me acerqué a pedirle la firma del libro le dije:
“Usted domina la técnica de resucitar que utilizaba Leopoldo.” Porque Luis
Antonio de Villena maneja la palabra como pocos saben. Su discurso es fluido,
como su escritura, con todo su entramado vital y personal de fondo. Josefa
Parra, en la introducción, nos recordó la trayectoria literaria del autor,
poesía, relatos, novelas, premios,… Y destacó ese énfasis en la carnalidad y en
la intimidad de sus escritos. Dice Josefa que Villena se muestra en todas sus
obras, incluso cuando habla de otras vidas, y que si los escritores usan
máscaras, la de Villena es liviana, veneciana… Se plantea el problema de la
relación entre obra poética y biografía. ¿Es esencial conocer a fondo la
trayectoria vital de un poeta para comprender sus versos? Aunque los
documentales sobre los Panero han contribuido a crear un género propio y parece
que lo sabemos ya todo sobre ellos, el libro de Villena aporta una mirada
única, la del amigo y escritor que ha vivido sus vidas desde dentro, con la
carga emocional que conlleva.
“Lúcidos
bordes de abismo”, editado por la Fundación José Manuel Lara en 2014, es una
memoria íntima de su relación con los Panero, pero también es un ensayo
literario sobre dos poetas y un tratado sobre la destrucción. Las páginas
brotan de vivencias personales, íntimas, con la familia Panero. Sin embargo, el
texto va más allá de las anécdotas y recuerdos. Luis Antonio de Villena nos
deja interesantes retazos de la historia de la literatura, la historia de
España y de la psiquiatría. También hay una apuesta ética por la diferencia y
por la libertad en una sociedad, la nuestra, tan homogénea, estandarizada y
aburrida.
Luis
Antonio de Villena nos habló, sobre todo, de Felicidad, la madre, y de sus
hijos Juan Luis y Leopoldo. Felicidad aparece como la mujer de un poeta del
régimen, un poeta que la ignora porque se dedica a conversar de forma
indefinida con sus amigos, Luis Rosales entre ellos. Cuando muere su marido
Leopoldo, Felicidad también quedará atrapada entre las vidas exageradas,
conscientemente literarias, de sus hijos. Juan Luis quiere integrarla en su
vida bohemia, en sus reuniones más o menos literarias. Leopoldo la integra en
su enfermedad. Dice Villena que Felicidad repetía a menudo: “Algo he hecho
mal”. Esa mala conciencia, quizás distorsionada, obliga a Felicidad a cuidar de
su hijo, cada vez más deteriorado, a soportar incluso el maltrato. Leopoldo la quería
y la odiaba. Cuando muere Felicidad, llega Leopoldo al tanatorio y la intenta
resucitar con esa técnica que él conoce, una técnica muy antigua, similar a la
que se aplica para resucitar a los ahogados…
La figura
de Leopoldo es muy atractiva, pero muy triste también. “Nunca supimos lo que
tenía. Su madre decía que desde niño los médicos le habían encontrado algo. En
principio era muy tratable. Pero fue a raíz de su regreso de un viaje a París
cuando tuvo esa caída profunda…”, dice Villena. Comienza a comportarse,
entonces, de forma extravagante, al margen de toda norma social. Hasta que tuvo
que ser internado. Leopoldo se convierte progresivamente en una especie de
monstruo literario, muy querido, muy soportado. Mientras que Juan Luis siempre
quiso ser un respetado literato snob, escritor contradictorio y perdedor,
construyéndose una imagen literaria a medida, Leopoldo, por el contrario, hizo
todo lo posible por ser impertinente, un esperpento difícil de tolerar en
muchas circunstancias. Pues bien, la gente no soportaba a Juan Luis y quería y
toleraba, como si de un niño se tratara, a Leopoldo. Dos hermanos radicalmente
separados. No se podían ver. ¿Y Michi? Fue el hermano que estuvo más perdido de
los tres, dice Villena, porque no supo qué papel le correspondía en esa
historia familiar.
En el libro
hay una teoría sobre la familia, sobre la austeridad, la sexualidad, sobre el
estilo y las clases sociales… La madre, Felicidad, nunca mostró interés por el
dinero, por enriquecerse. Aprendieron a vivir con lo justo, pero con estilo. La
vida de los Panero es una historia de la destrucción absoluta, nos dice
Villena. “Nada debió haber. Nada quedó”. Cada uno a su modo se dejó destruir
por la vida o por sí mismo. La vida aparece como algo prescindible. Un
sufrimiento que se podría haber evitado. El concepto de familia tradicional es
aniquilado. Las vidas literarias, los psiquiátricos, el recuerdo del padre, la
soledad de la madre, todo ello, sólo es el rastro de esa destrucción provocada.
Y como la
vida y los libros se entremezclan de la forma más insospechada, a mi lado
alguien levantó la mano y dijo: “Hola, soy Sisita, la viuda de Michi Panero,…me
ha encantado, pero se ha olvidado de lo más importante, la frivolidad de los
Panero…”
El autor, muy amablemente, respondió a
nuestras preguntas, minutos antes de comenzar la presentación del libro.
¿Puede haber verdadera poesía sin un estilo de vida
poético?
Bueno, en teoría
sí. Un persona que lleve una vida muy burguesa, muy poco interesante, muy
aburrida, si tiene una mente muy activa, imaginativa, una mente fecunda, pues
puede hacer una buena poesía en una vida muy aburrida y muy gris. Donde no puede haber poesía es en una mente
gris. La mente tiene que estar funcionando plenamente, con mucha
imaginación y creación. Si la creación está en la mente y no en la vida, se
puede hacer buena poesía. Ahora, muchas veces parece que lo ideal es que la
vida y la poesía se confundan un poco, se interpenetren un poco y eso es quizás
el punto ideal. Aunque en ningún autor la compenetración es al cincuenta por
ciento. En los mayores autores la vida siempre tiene que ver de alguna manera,
se inmiscuye en su obra.
¿Puede haber poesía sin un impulso constante hacia la
autodestrucción?
En el caso de los Panero, en los hijos, no
en el padre, en Juan Luis y Leopoldo, hay
una pulsión autodestructiva muy grande, de manera diferente, porque cada
cual la llevó de una manera muy distinta. Pero puede haber, de hecho hay,
muchos poetas que no tienen una pulsión
autodestructiva grande, por lo menos consciente, a lo mejor inconscientemente… Por
ejemplo, un poeta que en sus inicios fue muy notable, en su vejez menos, como
Jorge Guillén, de Cántico, es un poeta de exaltación de la vida, de la vida
como un portento, una maravilla. Cántico, que es un libro de poesía española
del siglo XX, es una poesía antitanática, una total exaltación de la vida. Es
curioso que haya más poesía sobre la
melancolía, el daño, el dolor, o sobre la inclemencia de la vida que sobre la
felicidad, pero también hay gran poesía sobre la felicidad.
Los poetas siempre escribieron en los bordes de algo:
¿Cuáles son los bordes de hoy para escribir?
No lo sé.
Lo sé en la gente de mi generación. En la gente de ahora, en los jóvenes, no lo
sé, porque en este momento el mundo vive en una situación de cambio muy fuerte.
Y realmente en España y muchos otros sitios tiene sentido el viejo dicho de
Hölderlin: “son malos tiempos para la lírica”. A los poetas actuales, jóvenes,
no los mayores, porque los mayores ya tenemos nuestro camino hecho, y tenemos
que seguir, mejor o peor, nuestro camino, a
los poetas jóvenes les cuesta mucho encontrar un camino. La poesía está desnortada, no porque
necesite tener un único norte, la poesía es siempre plural, debe ser variada,
puede haber una poesía realista, narrativa, visionaria, simbólica,
racionalista, irracionalista, debe y puede haber de todo. La poesía tiene mil
voces y es un tonto absoluto el que niegue la pluralidad de la poesía, pero a
veces hay, según la época, ciertos caminos, que tú puedes negar, rechazar, aceptar…
Pero cierto camino de la poesía en este
momento no lo hay. Hay demasiada
confusión. Y ese elemento de confusión hace que los poetas jóvenes en este
momento lo tengan más difícil, porque no tienen una directriz clara, la cual
afirmar o negar. Además, viven en un mundo en que su propia sociedad, la
española, está en unos niveles
culturales ínfimos, casi de vergüenza. Realmente sí son tiempos difíciles
en ese sentido.
¿La poesía puede ayudarnos a acabar con el aburrimiento
generalizado de nuestras sociedades?
La poesía puede contribuir mucho siempre
que la leas y seas una persona que tiene una cierta sensibilidad. Sin esa
sensibilidad, no. Pero con esa sensibilidad, todo elemento cultural, la
pintura, la música, la poesía, todo, puede contribuir. Eso está al nivel de
todos, siempre y cuando haya cierta sensibilidad, que la da un cierto nivel de
cultura. Sin ese nivel medio de cultura se convierte en inaccesible casi todo.
Por eso el daño viene de los malos
planes de estudio y de la cantidad de alumnado absolutamente ignorante que en
este momento llena no diríamos los institutos, sino las universidades españolas.
Están llenas de ignorantes. Es muy terrible porque vienen de planes de estudio
malos, de profesores malos, salvo las pertinentes excepciones. Y eso es muy
lamentable, pero es así. A veces da un poco de miedo, de vergüenza, de vértigo…
¿Qué está escribiendo ahora?
Estoy escribiendo poesía esencialmente y luego un libro sobre el Nueva York de la época maldita, el Nueva York de Andy Warhol, Lou Reed, William Burroughs…, ese Nueva York que en los años sesenta y setenta fue un referente mundial, un mundo que se acabó con la ola conservadora de Reagan, Thatcher… Fue una ola de conservadurismo que frenó (también el SIDA) una ebullición de libertad que había en ese momento y que se fue cortando. Creo que somos mucho menos libres que hace veintitantos años.
Estoy escribiendo poesía esencialmente y luego un libro sobre el Nueva York de la época maldita, el Nueva York de Andy Warhol, Lou Reed, William Burroughs…, ese Nueva York que en los años sesenta y setenta fue un referente mundial, un mundo que se acabó con la ola conservadora de Reagan, Thatcher… Fue una ola de conservadurismo que frenó (también el SIDA) una ebullición de libertad que había en ese momento y que se fue cortando. Creo que somos mucho menos libres que hace veintitantos años.
viernes, 13 de febrero de 2015
ÉTICA DE ROEDORES: XLIX: NOS OLVIDARÁN
¡Cuidado con los falsos roedores! Brotan de la maleza. Donde antes sólo había barro y podredumbre ahora hay muchos roedores, como caídos del cielo. Cuidado con ellos porque son de palabra fácil. Hablan demasiado estos falsos roedores. ¡Que nadie se fíe ya de nadie! Sabe el roedor que nadie puede delegar la humilde tarea de no creerse nada. Nadie representa al roedor. No podemos ceder nuestra libertad, dice el roedor, porque apenas nos queda. ¡Cuidado con los falsos roedores! ¡Cuidado porque sólo saben hablar de los dinosaurios! ¿Se olvidarán también de nosotros, los malditos roedores? No lo dudéis. Dominar los senderos del bosque es tarea apetitosa. Se enredarán entre las sombras y nos olvidarán. Y cuando todo pase, cuando llegue la gran piedra, todo habrá sido en vano, tanta palabra, tanto esfuerzo... Nadie recordará a los olvidados y malditos roedores, los que nunca fueron nada. ¡Que nadie delegue la humilde tarea de no creerse nada! ¡Es lo único que nos queda a los pobres roedores! Sólo el sendero que recorremos cada día tiene algún sentido. Todo lo demás es un cruel invento de dinosaurios y falsos roedores. ¡Que nadie olvide abrir los ojos cada mañana! ¡Que nadie olvide dudar de sí mismo, de sus miserias, de sus castillos en el aire, de sus privilegios! Hablarán de nosotros, por nosotros, contra nosotros, para nosotros... Hablarán para distraernos de nuestra humilde tarea. Sabe el roedor que todo es inútil y que toda ilusión supone una tarea doble, innecesaria. ¿Aprenderán los malditos roedores? ¿Aprenderán de su derrota miserable? Nadie lo cree. Y nos olvidarán.
jueves, 12 de febrero de 2015
PREGUNTAS
Los científicos plantean preguntas concretas para poder hablar de cosas generales; los filósofos plantean preguntas generales para no hablar de cosas concretas.
miércoles, 11 de febrero de 2015
MEDITACIÓN Y NEUROCIENCIAS
Que los estados mentales son estados cerebrales parece
poco discutible: nuestras actividades mentales sólo son funciones cerebrales,
redes neuronales. El dualismo mente-cuerpo, además de carecer de apoyo
empírico, es una hipótesis que va contra la regla de oro del método científico:
no multiplicar innecesariamente los entes, las causas, para explicar los
fenómenos. Nuestra mente es la función de un órgano, de un sistema, el cerebro.
Las
resistencias dualistas proceden tanto de las viejas creencias religiosas y
metafísicas como de la experiencia cotidiana subjetiva. Como somos conscientes
de nuestras ideas y sensaciones, pensamos que tienen algún tipo de realidad
ajena a lo material. Nos resulta muy extraño comprender que el significado de
una palabra, una imagen o un recuerdo sólo sean conexiones sinápticas. Cuestión
de perspectiva. Cuestión de tiempo. Hace siglos se consideraba ridículo
defender el heliocentrismo porque parecía obvio que no nos movíamos.
En pocas
décadas estas resistencias dualistas están cediendo. O los dualistas se han
convencido de su error o han desarrollado una versión sofisticada que encaje
con las investigaciones actuales de la neurociencia. Esta versión diría que el
cerebro y el alma trabajan en paralelo, o algo parecido. Así que en la práctica
habría que explorar el cerebro, sea uno materialista o dualista sofisticado.
Hace
décadas que estudiamos la localización de las funciones mentales básicas, como
el lenguaje, el razonamiento, la percepción o la memoria. Los daños en un área
determinada del cerebro implican el mal funcionamiento de una o varias
operaciones mentales. Las lesiones han revelado mucha información. Al mismo
tiempo, la aplicación de técnicas de neuroimagen nos muestra qué estructuras
están activadas mientras ejecutamos una tarea. La precisión de estas técnicas
nos ofrece la posibilidad de analizar procesos complejos.
![]() |
| Miguel Parra |
Las aplicaciones
de los descubrimientos de las neurociencias a la educación son cada vez más
frecuentes. Como ha ocurrido siempre en la ciencia, las ideas útiles pueden
venir del campo menos pensado. En la revista Investigación y Ciencia (enero
2015), aparece publicado un artículo titulado “En el cerebro del meditador”,
escrito por Mathieu Ricard, monje budista con formación en biología celular,
Antoine Lutz, investigador en neurobiología de la meditación, y Richard J.
Davidson, experto en neuroimagen y comportamiento. Los autores han estudiado
los cambios cerebrales que producen la contemplación y las técnicas de
meditación.
En 2005 el
líder del budismo tibetano fue invitado por la Sociedad de Neurociencia para
dar un discurso en su reunión anual, en Washington D.C. Aunque muchos
científicos protestaron, el dalái lama planteó una pregunta muy interesante. “¿Qué
relación podría haber entre el budismo, una antigua tradición filosófica y
espiritual de la India, y la ciencia moderna?”. Ya con anterioridad había promovido
la creación del Instituto de Mente y Vida, dedicado al estudio de la ciencia
contemplativa. Y el año 2000 propuso a los científicos que analizaran la
actividad cerebral de los meditadores budistas expertos.
Los ejercicios de meditación parece que
aportan beneficios: ayudan a reducir el estrés, la depresión, o el dolor
crónico. La meditación proporciona tranquilidad y sensación de bienestar
general. Los escépticos siempre han dudado de los efectos reales de estas
técnicas espirituales. Ahora, con la comparación de la actividad cerebral de
meditadores expertos y no meditadores, los científicos han podido constatar los
cambios fisiológicos concretos que produce la meditación: reorganiza las
conexiones de los circuitos cerebrales.
En el
artículo se mencionan tres formas de meditación: atención focalizada,
consciencia plena y compasión. Estos tipos de meditación son practicados, nos
dicen, en colegios y hospitales de todo el mundo. Los investigadores han
analizado los estados cerebrales asociados al ejercicio de atención focalizada,
que consiste en centrar la mente en la respiración, evitando la distracción. En
el proceso intervienen diferentes áreas de la corteza prefrontal medial, del
giro cingulado posterior, etc. El resultado obtenido es claro: los meditadores
expertos mostraban una mayor actividad en esas zonas que los novatos. Pero los
más experimentados de todos exhibían un poco menos de actividad que los
expertos. Esto significa que sus redes neuronales pueden ejecutar la tarea con
menos esfuerzo, de forma más automática.
También
analizan los efectos de la consciencia plena, que consiste en desarrollar un
estado mental “que responda de forma menos visceral a las emociones,
pensamientos y sensaciones.” Los sujetos que practican este tipo de meditación
mejoran en el proceso de la atención sensorial. Si te muestran dos estímulos
muy seguidos, al fijarte en el primero ya no percibes el segundo. Los que han
meditado sí consiguen ver el segundo. Se modifica la intensidad de la respuesta
al primer estímulo. Esta distribución de la atención es útil para los
tratamientos del dolor.
Por último, el estudio de los efectos neuronales de la tercera forma de meditación, la compasión y la benevolencia, revela que los meditadores expertos presentan mayor actividad cerebral en las áreas encargadas de la empatía, las cortezas somatosensorial e insular. Puede ser muy interesante para la educación saber cómo mejorar el control de la atención y la empatía.
Por último, el estudio de los efectos neuronales de la tercera forma de meditación, la compasión y la benevolencia, revela que los meditadores expertos presentan mayor actividad cerebral en las áreas encargadas de la empatía, las cortezas somatosensorial e insular. Puede ser muy interesante para la educación saber cómo mejorar el control de la atención y la empatía.
http://www.diariodejerez.es/article/jerez/1959363/meditacion/y/neurociencias.html
sábado, 7 de febrero de 2015
LA MALETA DE PORTBOU
Nos parece muy extraño que en los últimos años, marcados
por el avance de la esfera digital, hayan surgido nuevas revistas en papel,
publicaciones periódicas que se venden en los quioscos y librerías de nuestras
ciudades. Si además están dedicadas a las humanidades, más raro todavía. Quizás,
dado el giro participativo al que estamos asistiendo, los ciudadanos soliciten
teorías, herramientas conceptuales para enfocar su nueva actividad democrática.
La maquinaria de las asambleas puede devorar el espíritu crítico si no tenemos
un marco teórico sólido en el que expresar nuestras necesidades radicales. Sin
teoría, todo quedará en una amalgama de parches, buenas intenciones o recetas
imposibles.
En las librerías
podemos encontrar el número nueve, enero-febrero, de LA MALETA DE PORTBOU,
dirigida por Josep Ramoneda y editada por Galaxia Gutenberg. Es una revista que
desea recuperar la figura del intelectual europeo, comprometido con los
procesos sociales reales. Hace tiempo que se echa en falta esa implicación de
los sociólogos, filósofos, economistas y artistas. Daba la impresión de que se
habían retirado o habían caído en un pesimismo paralizante. Son necesarias las
publicaciones que recojan la reflexión teórica seria, crítica, e
interdisciplinar.
Este número
contiene un dossier, “Vivir en las redes”, elaborado a partir de las jornadas
Enter Forum, encuentro internacional sobre internet y privacidad. En los
artículos se van describiendo los problemas de la identidad en internet y los
nuevos mecanismos de socialización y resolución de conflictos. Andrés Ortega,
por ejemplo, analiza el papel de las redes sociales digitales en los
movimientos políticos cibernéticos. Son movimientos híbridos: virtuales y
urbanos. Y además son autoorganizados y multinodales, no siguen líneas de
subordinación jerárquica. Reflexiones muy interesantes para comprender los
flujos políticos actuales de nuestra ciudad.
Habría que destacar la entrevista a César
Rendueles, autor del libro “Sociofobia”, que se dedica a pensar las
contradicciones de la sociedad de la información: “Me pareció sorprendente que
el actual proceso de debilitamiento social coexista con una ideología
tecnológica que ensalza la colaboración y la creación de comunidades cuando
éstas están mediatizadas por las tecnologías digitales, pero que las denuesta
en el resto de los casos.” Es un sistema que “comercializa el mayor número de
áreas sociales”. Define la sociofobia del sistema tecnológico como “la desconfianza
en la posibilidad de que una participación política igualitaria nos permita
resolver los retos colectivos”. Esta tecnología promueve un “profundo recelo
hacia la deliberación política”. “No nos vemos capaces de hacer cosas juntos,
pero la tecnología nos permite que las hagamos al mismo tiempo”.
Destacamos,
también en ese dossier, una selección de imágenes pertenecientes al taller
“Tecnología y vigilancia” dirigido por Antoni Muntadas. Doce autores colaboran
en ese proyecto, preocupados por las miradas, verticales y horizontales, que
pueblan el nuevo espacio público y privado. Estos artistas presentan sus
proyectos en el próximo Enter Forum 2015.
Las
contradicciones de esta sociedad de masas surgieron en el diálogo de dos
pensadores de la Escuela de Fráncfort, Benjamin y Adorno. Alex Ross nos muestra
cómo abordaron problemas como la reproducción técnica de las obras de arte y la
posibilidad de un arte auténtico y crítico. La cultura popular frente a la alta
cultura de la burguesía: la mercantilización del arte deja poco espacio para la
emancipación. Benjamin fue más optimista respecto a las potencialidades
emancipadoras del arte popular.
Hoy
seguimos dudando. Por un lado, la sociedad de la información nos ofrece
capacidad de autoorganización. Pero, por otro, quizás sea una forma de
dispersión, de control, de alienación, de alejamiento de la deliberación real.
Quizás sea una buena ficción para tenernos entretenidos. Aunque, vista la
congregación de personas reales en la manifestación de ayer en Madrid, todo es
posible…
Por otro
lado, Milagros Pérez Oliva entrevista a Manuel Esteller, director del programa
de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigaciones
biomédicas de Bellvitge, en el que trabajan unos sesenta investigadores. Para
Manuel Esteller, los grandes avances de la biomedicina de los últimos años han
sido: la secuenciación del genoma humano, la medicina personalizada y la
medicina regenerativa con células madre. En el diálogo se habla de las
investigaciones en Epigenética: “diríamos que si el ADN es el esqueleto, la
Epigenética es el vestido que lo cubre, y está formado también por una serie de
marcas químicas que tienen la función de controlarlo.” Hoy se estudia la
influencia de los factores externos en ciertas modificaciones epigenéticas.
Por último,
cabe recomendar las fotografías que Samuel Aranda ha realizado en los países
más afectados por el ébola, donde no existen prácticamente sistemas de salud,
la riqueza está en manos occidentales y la corrupción invade todas las
instituciones. Las imágenes de Aranda nos recuerdan la crueldad del virus, la
miseria en la que viven los infectados y la labor humanitaria de Médicos Sin
Fronteras: guantes, muertos en las calles, familiares que lloran sin poder
acudir al funeral, debido al alto riesgo de contagio… Mientras, la agencia de
las Naciones Unidas creada para atajar la epidemia está lejos, en Ghana, donde
no hay infectados pero sí hoteles de lujo para reuniones interminables, nos
dice el fotógrafo.
jueves, 5 de febrero de 2015
ÉTICA DE ROEDORES XLVIII: LAS NIEVES
El roedor admira la nieve porque la nieve sabe retirarse. Y no hay mejor forma de ser que ésa. Sólo la nieve domina ese arte. No se cansa el roedor de contemplar ese retiro del ser, tan suave, tan silencioso. Todo lo que hacemos, cada día, cada tarde, es un nefasto intento de retirada. Sólo la nieve sabe dar lecciones al roedor aprendiz. Mientras los dinosaurios sólo se fijan en la caída, el roedor espera ansioso la retirada, cuando todo se deshace y nadie mira. Saber irse: ¡qué ardua tarea! Primero huimos de los espacios públicos, de las calles, de las aceras y escenarios, y luego permanecemos en los sombríos, agazapados, observando... Nadie domina ese arte como la nieve, tan fría y distante. Mas sabe el filósofo que es en los sombríos, en los recodos, donde se condensa el cansancio, la desidia y el aburrimiento, reflejado en nuestros ojos de roedor. Escribir, leer, ruinoso mecanismo de pensar, vano intento de remedar el viejo arte de las nieves.
sábado, 31 de enero de 2015
ÉTICA DE ROEDORES XLVII : HARINA
Sabe el roedor que en nuestras miradas permanecen las piedras y las sombras. Sabe el roedor que siempre está todo ante nuestros ojos, débiles. ¿Olvidaremos el primer sendero? Nunca, jamás dejaremos a un lado los viejos olores, los del invierno, cuando huíamos del frío para sentarnos en el enronje, en la gloria. Nadie puede olvidar lo que fuimos, lo que somos. ¡Recuerda la era, le atrio y todo lo que pudiste ser! Entre la harina se esconden todos tus miedos, atrapado en el blanco de la llanura, nada más. ¿Cómo olvidar algo? Sabe el roedor que entre nosotros, los débiles, no hay ningún tesoro más. Sabe el roedor que las nieves, el trigo, la leña, el olor a pan, todo eso, la sombra de la iglesia, los pardales, los vencejos, todo eso, la harina, el horno, el aire, los pulmones, la ruina...
NOMBRE ENTRE NOMBRES
“…Ya es
bastante
no
naufragar en el silencio propio”
Roer la
cultura implica acercarse a las experiencias creativas con la noble intención
de transitar senderos auténticos. Algunos de esos senderos quizás sean ya
conocidos y reconocidos. Otros, sin embargo, vendrán de los márgenes, de la
periferia. La Voz del Sur pretende realizar una crítica cultural cercana a los
ciudadanos, por lo tanto recorreremos aquellos senderos creativos comprometidos
con la libertad y la verdad. Y como hay escritores, dibujantes y músicos que no
pueden acceder a las instituciones oficiales, quizás porque los espacios ya están
ocupados o porque no se quiere asumir ningún riesgo, en estas páginas podremos también
dar cuenta de sus proyectos.
“No
siempre, sin embargo,
despejados
se muestran los caminos,
y sombras
sin sosiego
el
horizonte turban.”
Ejemplo de
compromiso creativo es la obra de Jacobo Cortines, que acudió a la Fundación
Caballero Bonald el pasado jueves para leer poemas de su nuevo libro “Nombre entre nombres”, publicado por la
editorial Renacimiento en Sevilla, 2014. El escritor lebrijano, de profunda y
pausada dicción, nos habló, como todo poeta, del tiempo, de lo que fuimos y
deseamos, de los rastros que dejamos en los escenarios de la vida.
Es un poeta
que tarda en publicar porque tarda en escribir. Se toma en serio la escritura.
Y tomarse en serio la escritura significa rumiar las palabras hasta que son
sencillas, nítidas. Es lo más difícil: despojarse de lo accesorio para ofrecer
lo que no sabemos, nuestra carencia esencial. José Mateos nos lo advirtió en su
presentación: la poesía nos arranca de la vida para situarnos en ese espacio
del desconocimiento, de la ignorancia más densa. Porque la poesía tiene una
paradójica relación con la vida, ese lugar donde ocurren todos los prodigios: aleja
al mismo tiempo que aclara desde esa oscuridad esencial.
Los poetas
que también traducen libros de otros escritores son doblemente poetas, pues la
intensidad que necesita el verso se recorre dos veces. Quizás por esta razón
manejan tan bien la transparencia de las palabras cuando escriben sus propios
versos y convierten las emociones en personajes, en actores que se arremolinan
en los recodos de lo cotidiano. El libro de Jacobo Cortines está dividido en
cuatro partes: “Escenarios”, “Ausencias”, “Contrapuntos” y “Nombre entre
nombres”. Cabe destacar el último poema, que da título al libro. Es muy largo,
más narrativo y más complejo que el resto. Los nombres se convierten en
escenarios de una lucha, quizás interna, familiar, contra los recuerdos y
contra el tiempo mismo, ese tiempo que parece circular, eterno retorno, o que
no parece tiempo...
“Un erial
de abrojos y de espinos.
Esta es la
podredumbre del presente,
fruto de la
indolencia y la codicia.”
Si nos
preguntamos para qué sirven hoy los libros de poesía y para qué las
presentaciones, en una ciudad que parece agonizar en la niebla, cabe responder:
el 21 de agosto de 2014, en Salamanca, se terminó de imprimir este libro para
que el 22 de enero de 2015, en Jerez, Pilar Pardo hiciera una pregunta
impregnada de temblor poético, de sensibilidad, sobre la conciencia del tiempo.
“Son las
olas de ayer, las mismas olas
que
lamieron sus pies, pero “¿ese ayer –se pregunta-,
no es este
hoy, tal vez también mañana?”.
lunes, 26 de enero de 2015
domingo, 25 de enero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
LA CIUDAD DE SOMBRA
En la Ciudad de Sombra todo es ruina, descalabro y
desidia. Habitada por las voces de los perdidos, Balma se retuerce entre su
miseria, ahogada en una espesa niebla. Los escombros rezuman tristeza y
abandono, incluso pensamientos de desaparecidos, de los perdedores, aniquilados
por la inquina.
Luis Mateo
Díez ha creado un territorio de palabras, de formas de decir, que no es poco.
No describe la ciudad, la escribe. Todos sus personajes, sus voces, son
supuraciones de ese espacio urbano y creativo. En la Ciudad de Sombra habitan
los que no tienen nada que esperar y los que huyeron de todo, hasta de sí
mismos. Porque tras la Contienda sólo queda miseria, ruinas vitales y memorias
erosionadas por el odio.
El
entramado poético de Luis Mateo Díez desemboca en novela, en relato; su prosa
se construye con formas que dejan un rastro de lirismo puro. “La soledad de los perdidos” (Alfaguara,
2014), como toda su obra, puede ser degustada como un gran poema que descifra
un territorio a la vez que lo construye.
Cuando los
personajes hablan, lo hacen desde una carencia, siempre desde un retiro o una
pérdida. Es un hablar desde la retirada del ser, desde el continuo alejamiento.
El desgaste de la vida genera desasosiego y penuria existencial en los que
habitan la Ciudad de Sombra. Es una penuria cómica y reflexiva, fruto del
ingenio del desorden interior. Las enrevesadas andanzas del protagonista se
nutren de la ironía y el esperpento de los pobres. Sobrevivir en la noche, como
un perro abandonado, es la única aspiración de los perseguidos.
Somos seres
esencialmente urbanos, capaces de convivir todos juntos en muy poco espacio. La
ciudad es un territorio de palabras y símbolos. Es el territorio de la
civilización y sus locuras, el espacio del poder y las utopías. Los personajes
urbanos de las novelas brotan de las calles, de los lugares. Y la ciudad emerge
de las acciones cotidianas de sus moradores. Las estructuras de poder aparecen
reflejadas en la distribución espacial, en la delimitación de los espacios
públicos, en las prohibiciones y en la memoria cristalizada de sus empedrados.
Las ciudades son construidas por anhelos, odios, proyectos, sueños y hábitos.
En la Ciudad de Sombra todo está presente y ausente al mismo tiempo: cada calle
es una cicatriz que supura tanto las desesperanzas individuales como los
chirridos de las estructuras de poder y sus sinrazones.
Habitamos
las ciudades como si fuesen un espacio natural, como si estuvieran ahí desde
siempre y se rigieran por las leyes inexorables de la naturaleza y la
geometría. Nos encontramos con un espacio urbano ya dado. Sólo cuando se
producen contradicciones o desequilibrios urbanísticos graves somos capaces de
pensar la ciudad y sus fundamentos. Pero las modificaciones de la ciudad se
presentan como un proceso natural e inevitable.
No es fácil
identificar las contradicciones. El poder las disfraza constantemente bajo los
rótulos de bienestar y progreso. Pensar que otro espacio urbano es posible
implica revelar los intereses económicos y políticos que hay detrás de todo
plan urbanístico. Otro espacio urbano es posible porque la ciudad es una
construcción social, no un hecho natural. Pensadores como Henri Lefebvre (“La producción del espacio”.
Capitán Swing. 2014) o David Harvey (“Espacios
de esperanza”. Akal. 2007) abordan la ciudad y el urbanismo con las
herramientas analíticas del marxismo. Su lectura puede servir para entender las
transformaciones urbanas recientes y cercanas.
No se trata
sólo de ver cómo se concreta la lucha de clases en los planos de nuestras
ciudades, sino de explicar cómo el espacio urbano pertenece al gran capital, no
a la comunidad. Los espacios públicos desaparecen, son desactivados. Los
centros históricos son ahora barrios marginales, olvidados, escenarios de posguerra,
sucios y sin expectativas. Los grandes centros comerciales se han constituido
en ciudades paralelas, sin ciudadanos, donde se ha concretado lo que ya se
sabía, que en este modelo político y económico sólo somos consumidores y
asalariados, con lo justo para mantener esas ciudades paralelas del gran
capital. Las actividades culturales de los centros históricos y las actividades
políticas, aunque existen y existirán, han sido marginadas, desvitalizadas. Ha
bastado con dejar caer los edificios, no limpiar las calles, asfixiar al
pequeño comercio, dificultar la movilidad, paralizar los proyectos culturales y
dejar un boquete de ruina y desidia como muestra...
domingo, 18 de enero de 2015
ÉTICA DE ROEDORES XLVI: ¡HUID DE LOS CIRCOS!
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| De Miguel Parra |
viernes, 9 de enero de 2015
ÉTICA DE ROEDORES XLV: UN MENSAJE PARA LUISA
No será atrapado el roedor por semejante red, porque quizás sea una red diseñada por los dinosaurios, para pies de dinosaurios. Ni los cebos son tan deliciosos como ellos piensan. Son aburridos trozos de carne, ya digerida, procesada, adulterada, rancia, de vaca loca. ¿No saben que al roedor le gusta el queso? Ni embadurnados de miel son apetitosos para el roedor esos cebos rebozados de opio o caramelo. Estos dinosaurios no saben cazar. Sólo saben aplastar con sus pisadas. Inventaron la red para embelesar a los roedores, para ayudarlos a superar el cansancio y la insatisfacción permanente. ¡Qué buenos son, en el fondo, los dinosaurios! Es una red que entretiene a los roedores: se sienten protagonistas de su propia captura. Es una red que adula a los roedores desprevenidos: se sienten creadores de sus cadenas. Es una red de seres que se sienten inteligentes, seres capaces de lanzar imágenes, plumas, contra los muros de su miseria. Estos brutos dinosaurios saben muy bien lo que hacen. Ni se han molestado en tejer la red: nos dieron la seda para que nosotros terminásemos la noble tarea. Y como libro de instrucciones: la vanidad condensada de una sociedad que se cree civilizada. Pero quizás ya no haya salida. Somos tan hacendosos que la red es cada día más tupida. Vamos cerrando los agujeros, nosotros, los sonámbulos, los que agachan la cabeza para seguir tejiendo. ¿Se librará algún roedor de semejante red? Nadie lo sabe. Porque no hay nadie fuera de la red para saberlo, para dar testimonio del milagro. Menos mal que el roedor se entretiene con la miel, con la sustancia empalagosa que supura esta red. Quizás pierda movilidad el astuto roedor, atrapado por la melaza de la pereza y el aburrimiento. Mas sabe el filósofo que todas las redes se deterioran y que no hay hilo suficiente para tanto mar, ni para tanto bronce.
jueves, 8 de enero de 2015
lunes, 29 de diciembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XLIV: EL FRÍO
Sólo es frío, nada más. Lo suficiente para correr, para huir. De fondo, el rumor del río. Sólo es nieve, nada más. De fondo, el ruinoso mecanismo de pensar, helado. Es una forma bella de huir, tanto del frío como de uno mismo, de los demás. De fondo, la soledad. Sabe el filósofo que a través de la huida conocemos nuestras limitaciones. Aunque nunca hace suficiente frío para algunos. El viento helado nos devuelve a lo que somos y a lo que deseamos. Nadie nos enseñó a huir porque los maestros siempre están lejos. Sólo captamos, tarde, su silueta o su sombra. Nadie nos enseña a reconocer el verdadero frío, la helada que nos paraliza. Cuando la nieve nos impide ver o avanzar, cuando el frío agarrota nuestros sentidos, entonces, descubrimos el sinsentido de la huida, el placer de diluirnos entre los restos de lo que anhelamos algún día. Sabe el filósofo que correr es una noble forma de huir, porque ni los pies ligeros ni el arco se desvanecen. Todas las tretas del roedor, toda su astucia, le abren senderos entre la helada nieve, para seguir con el ruinoso mecanismo de pensar. Sólo es frío, nada más.
viernes, 19 de diciembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XLIII: FICCIONES
No lo olvidemos: el tiempo es una bella ficción. ¡Que nadie se enrede: todo ocurre ahora! Si pudiéramos interpretar las ecuaciones de la teoría de la relatividad... Pero no escarmentamos, no aprendemos de los aciertos. Todo este aparente fluir no es nada más que una ilusión, quizás cruel, pero una ilusión. ¡Que nadie espere nada! ¡Que nadie proyecte nada! No lo olvidemos: recordar es un juego que nos entretiene. Si pudiéramos comprender lo que significa que el universo tenga once dimensiones... Resulta cruel que todo lo que nos gusta se desvanezca, como un soplo de aire. Es tan terrible añadir tristeza a lo que se escurre entre los dedos... Acudimos, entonces, a los rituales, todos esos gestos que nos protegen de la miseria de los días, esos hábitos que se solapan con la huida y la erosión. Si pudiéramos comprender las leyes de la termodinámica... No lo olvidemos: el tiempo es una horrible ficción. ¡Que nadie se enrede: nada ocurre ahora! Volveremos una y otra vez a recorrer los viejos senderos, sin esperanza. Volveremos a recorrerlos, pero con estilo. Sabremos que nada fue en vano para esa memoria que nos acompaña. Nada fue en vano. Sabe el roedor que los dinosaurios inventaron esa frase para obligarnos a trabajar y sufrir. Nada fue en vano, ni lo será. Sabe el filósofo que todo ha sido un cruel invento. Mas sabe el roedor que las ficciones sólo se curan con ficciones y que roerlas es un buen pasatiempo.
sábado, 13 de diciembre de 2014
TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA VI
Leo a Julio Cabrera, Crítica de la moral afirmativa, y vuelvo a ver trampas en la metafísica tradicional. Nos han contado que Ser es mejor que No-Ser. Es una verdad incuestionable para la ontología heredada. Dice Cabrera que hay que ir a la raíz y que salir del No-ser quizás no sea tan bueno como nos han dicho. ¿Para qué ser? ¿Para caer en el dolor estructural que acompaña a ese ser?
Toda existencia es carencia, necesidad, dolor. ¿Por qué insistimos, entonces, en que ser es bueno y no-ser malo? Par mí es otra de las trampas de la autoconciencia. Como nos damos cuenta de que existimos, pensamos que tenemos algo más que el mero ser. Los neurotransmisores y las hormonas, guiados por el ADN, se encargan de generar esa valoración positiva del estar-aquí, mecanismos de la selección natural. Así, el dolor estructural, la miseria del vivir, se transforman en un regalo de los dioses. Pero es una trampa. La autoconciencia ha resultado ser un mecanismo muy efectivo para la supervivencia de ciertos organismos. Como si pensar que existimos nos diese una cualidad estructural, esencial, distinta al resto de los seres. Y toda la cultura, con sus ideas y conceptos tan abstractos, sólo es una concreción de ese mecanismo tan refinado. De alguna forma, pensarnos a nosotros mismos está premiado químicamente en el cerebro. Sentirnos diferentes del resto de los seres viene acompañado por una sensación de bienestar, por algo bueno, químicamente hablando. Nos sentimos necesarios sólo por el hecho de pensarnos. Nos resulta muy complicado pensarnos como seres contingentes, finitos y miserables. (...)
jueves, 11 de diciembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XLII: RECONOCER A TIEMPO
¿Sabremos reconocerlos? No lo creo. Me refiero a los sabios, a los que saben de verdad. Los tendremos delante y no los reconoceremos. Sabe el filósofo que no. De todos modos: ¿para qué necesitamos un sabio delante? ¿Para que nos muestre dónde no vamos a llegar jamás? ¿Para que nos muestre lo que no somos ni seremos? Mejor no reconocerle, dirán algunos. Mejor pensar que somos nosotros los sabios. Mas sabe el roedor que sólo la sombra de los sabios protege, como sólo nos protege su palabra de la imbecilidad de los tiempos. Palabras que perduran a pesar de la distancia y la desidia. ¿Sabremos reconocerlos a tiempo? Sabe el filósofo que no. Menos mal que la memoria atrapó esas palabras y ese estilo, el estilo del sabio. Y, ahora, cuando las inclemencias nos azotan, acuden para librarnos de las pisadas horribles de los dinosaurios. Vive el roedor de esa sabiduría ajena. La roe en silencio para alimentarse, poco a poco. Y, mientras roe, siente pena por los dinosaurios, porque con sus pisadas ocultan el rastro de esos sabios. Nunca sabrán nada de ellos, ni de sus pensamientos, ni de su estilo de vida, que es lo mismo. No sabrán nada.
martes, 9 de diciembre de 2014
UTOPÍA DEL SILENCIO
“En agosto de 1991, Alexandre Grothendieck, a quien todo
el mundo consideraba el matemático más lúcido del siglo XX, un hombre por cuya
agudeza y profundidad se comparaba con Albert Einstein, de un día para otro
quemó 25.000 páginas correspondientes a sus escritos. Acto seguido, sin decir
nada a nadie, se fue de su casa rumbo a los Pirineos y no se le volvió a ver.”
Así comienza el libro de Amir D. Aczel “El
artista y el matemático. La historia de Nicolas Bourbaki, el genio matemático
que nunca existió.” (Gedisa. 2009) En sus páginas encontrarán tanto el
contexto social como el contexto creativo en el que se desenvolvió Grothendieck,
que murió hace unas semanas. El autor realiza un recorrido que va desde la
fundamentación de las matemáticas (con la teoría de conjuntos) hasta el
estructuralismo de la lingüística y la antropología, pasando por el cubismo… No
se trata de una biografía, sino de un ensayo sobre el grupo Bourbaki.
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| Miguel Parra |
La infancia de Alexandre (1928-2014) estuvo
marcada por los campos de refugiados y la violencia. Sus padres,
revolucionarios anarquistas, lucharon contra el totalitarismo en varios
frentes, incluida nuestra guerra civil. A pesar de todo, pudo dedicarse al
estudio de las matemáticas en las escuelas cercanas a los campos de refugiados
franceses, en los que estuvo con su madre (su padre murió en Auschwitz). Muy pronto
se interesó por las definiciones de los conceptos básicos y sorprendió a algún
profesor con demostraciones que nos estaban en los libros…
Después de
la guerra en Europa, 1945, se fue a vivir con su madre a un pequeño pueblo
cerca de Montpellier, donde realizó sus estudios universitarios mientras
sobrevivían con escasos medios. Tras solicitar una beca e impresionar a sus
evaluadores fue a París. Como su formación matemática había sido irregular,
tuvo que esforzarse al máximo para seguir los cursos de posgrado. En París conoció
a un grupo de pensadores que pretendía refundar toda la matemática, con Henri Cartan y André Weil entre ellos.
Alexandre Grothendieck formó parte
activa del grupo Bourbaki y realizó importantes avances en geometría
algebraica. Visitó universidades extranjeras. Le concedieron la medalla Fields
y tuvo el IHES (Institut des Hautes Études Scientifiques) a su disposición para
seguir investigando. Pero las cosas empezaron a enredarse, tanto desde el punto
de vista matemático como político. Creía que la teoría de conjuntos era
demasiado limitada y que Bourbaki debía tomar la teoría de las categorías, más
abstracta y general, como fundamento. Sus ideas políticas le llevaron al
activismo pacifista y antinuclear, lo que implicó enfrentamientos con el poder.
Cuando se enteró de que su IHES estaba financiado con dinero de los militares
se le vino el mundo encima…
Nos
inquietan las vidas retiradas del mundo, las vidas de los que un día cerraron
la puerta de su taller y huyeron a los bosques. No llegamos a comprender esa
retirada definitiva, precisamente cuando mejor les iba y cuando más
reconocimiento recibían de la sociedad, de sus iguales y las instituciones. Ni
los honores ni el dinero parecen importar a esas gentes. Buscan la
autosuficiencia y la encuentran en la actividad intelectual, y de la forma más
solitaria, como si todo les estorbase. Se dedican a cultivar un huerto, a
escribir, a leer o simplemente a ser olvidados, a ser uno más en los bosques. Incluso
dejan mensajes a la posteridad para que respeten su huida definitiva. Pudieron
disfrutar de los laureles y se escondieron entre las zarzas, como asustados por
algo terrible. Quizás comprendieron algo que a los demás se nos escapa. Si uno
de los mejores matemáticos desaparece y no quiere que le molesten nunca más,
algo ha tenido que comprender, algo terrible y definitivo.
Forjarse un
proyecto vital auténtico es hoy una tarea muy difícil, aunque siempre lo ha
sido. La autenticidad requiere sabiduría práctica y sabiduría estética, porque
todo proyecto es un sendero creativo. El modo de vida inauténtico es el
enlatado, el prefabricado y el que todos esperan. Pero es difícil escapar de
las garras de lo mediocre, de las garras de nuestro modo de producción. La
última carta de Alexandre Grothendieck, de 2010 decía: “No tengo ninguna intención de publicar o reimprimir ninguna obra o
texto de la que sea autor, (…)” Parece ser que en el archivo de Montpellier
hay 20.000 páginas sin destruir. Y parece ser que algunos de sus seguidores no
están dispuestos a cumplir ese último deseo del matemático: la utopía del
silencio.
Diario de Jerez, 9 de diciembre. Suplemento de educación.
viernes, 5 de diciembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XLI: TENDREMOS
Tendremos la oportunidad de cambiar de opinión y no lo haremos. Y no será una sorpresa. Nos atravesarán las razones como si fuésemos transparentes. Porque nadie conoce al que fue convencido por argumentos ajenos. Tendremos la ocasión de ver desde otra perspectiva y no querremos, seguro. No sabe el filósofo si es pura cabezonería de andar por casa o imposibilidad genética, sin más. No sabe si es mera estructura de supervivencia o ganas de, bueno, ganas de dar la lata. Tendremos muchas oportunidades de girar, de dar media vuelta y, como mucho, daremos la vuelta entera, para volver a nuestro único sitio, el que no abandonaremos nunca. Tanta retórica para nada. Tanta dialéctica para nada. Tanta erística para nada. Demasiadas palabras para tanta certeza. Sabe el filósofo que las razones huyen, perseguidas por las ideas firmes, por los dogmas. Nadie nos enseñó a ser convencidos, ni a decir que sí, que tienes toda la razón y que mis palabras eran un desatino. Nadie nos enseñó a buscar el silencio de los bosques. Tendremos ocasión de argumentar con los otros, en el mismo sentido, y nos ocultaremos tras la opacidad de nuestros egos. Nadie espera nada de nadie. Ni las sombras esperan la luz. Ni la luz espera las tinieblas. Sólo los dinosaurios saben aprovecharse de esta cabezonería de los roedores. Quizás aprendan a roer su propio orgullo estos malditos roedores. A lo mejor comienzan a despreciar las sólidas pisadas de los dinosaurios. Ellos, tan grandes y pesados, inventaron la lógica del orgullo para protegerse de las grietas y de las erosiones.
lunes, 1 de diciembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XL: POR FIN MI TALLA
A pesar de vivir en las zonas sombrías del bosque, el roedor no se acostumbra a las tinieblas. Tampoco a la humedad. Añora la luz imaginada de otros tiempos. Y evita enredarse en lo que no existe, en lo que no volverá. Ni el roedor más sabio es capaz de huir de esas sombras, las sombras. Sabe que la humedad juega sucio, lo atrapa y le impide corretear. ¡Hay tan poca luz en invierno! ¡Hay tanta tristeza entre las sombras! No se acostumbra, ni quiere. El ruinoso mecanismo de pensar trabaja mejor entre los residuos, al pie de los viejos robles. Pero no se acostumbra, ni lo desea. Porque sabe el roedor que volver a inventar la luz sería un engaño miserable. ¡Hay tan poca luz bajo los hayedos! El enjambre de sombras, la humedad y el frío, los recuerdos de harina, le hacen dudar: quizás los dinosaurios son una ruin maquinación para no salir del bosque, para no salir de sí mismo.
viernes, 28 de noviembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXXIX: LAS TRAMPAS
Entra el roedor en la sala y, sobre sus dos patas traseras, olisquea el ambiente. Nada. Otra vez a correr, al lado de la pared, bien pegado, para que se note su noble cobardía. Al fondo, los humanos, los inteligentes y valientes humanos. Sale el roedor y vuelve a entrar, ni se sabe cómo ni por dónde. Y al fondo, los humanos, sentados ante una mesa y una caja con imágenes móviles. No se sabe bien qué hacen. Quizás nada. Han inventado la nada. ¡Tanta evolución para inventar la nada! Tiene mérito, piensa el maldito roedor. Se sube sobre sus dos patas traseras y olisquea el aire. Son décimas de segundo cruciales para el reino animal. ¡Tantas penalidades para inventar la nada! Regueros de materia han surcado el espacio y el tiempo para que estos altivos bípedos hayan inventado la nada. Ahí siguen, petrificados ante la caja, hoy aplastada y adelgazada por la respiración de los dinosaurios. Ahí siguen. Mueve los bigotes el roedor y olfatea, pero nada. Puede hacer lo que quiera el roedor, la ciudad es suya cuando la nada se impone. ¡Qué aburrimiento! ¡Ni los humanos le ponen trampas! ¿Dónde está el sabroso queso duro de las despensas? ¿Dónde están las trampas de madera y alambre, con sus agujeros? ¿Dónde nos suicidaremos los roedores? No tienen compasión estos humanos. Les llena la nada y se han olvidado de los roedores. Sobre dos patas, olisqueamos el ambiente y echamos de menos las trampas con queso duro donde nos suicidábamos, sin el miedo a la nada que ahora nos persigue.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXXVIII: LETRAS
Inventaron las siglas para no pensar. ¡Qué cansancio! Tanto detalle, tanto caso concreto, no nos conduce a nada, dijeron. Pensaremos con siglas y contra siglas, suspiraron, muy tranquilos. Las inventaron por comodidad. Así, bastaba pronunciar dos o tres letras para emitir un certero juicio, un económico juico. ¡Qué cansancio! Tanto detalle, tanto caso particular, tanta realidad... Desde que se inventaron las siglas, los cerebros consumen mucha menos energía. ¡Cuánto derroche! Son siglas ecológicas, letras que salvarán al mundo, letras que piensan por mí. Ya sean consonantes o vocales, me evitan enredarme en el ruinoso mecanismo de pensar. ¡Si son mayúsculas, es suficiente! Pero el roedor añora los viejos tiempos, cuando lo importante era elegir bien el sendero, el camino entre las hoja secas, entre el olor a humedad, cuando cada detalle era un mundo. Las siglas acabaron con el bosque. ¡Qué cansancio! ¡Cuántos detalles! Menos mal que los sabios dinosaurios nos regalaron las siglas, juicios condensados para la eternidad, juicios ajenos al tiempo, siglas...
sábado, 22 de noviembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXXVII: LOS DISCURSOS
Roer las grandes ideas, las grandes teorías, ésa es la tarea del roedor. También las impetuosas opiniones han de ser desmenuzadas. Porque nada hay más inútil que hablar, que opinar del océano, del inmenso océano, sin saber nada de sus profundidades. ¡Cuánto silencio necesitamos para entender algo! Sabe el roedor que los grandes discursos y las grandes opiniones son perniciosos, temibles. ¡Es tan fácil hablar sin decir nada! ¡Bien lo sabe el roedor...! Pero insisten, los unos y los otros, los buenos y los malos. Consumen nuestro tiempo, nuestras vidas, como si no tuviésemos nada más que hacer. Menos mal que los malditos roedores se diluyen entre tanto sustantivo y tanto adjetivo, entre tanto significado. Menos mal que sabe el roedor que detrás de tantas palabras sólo hay vagas emociones, primarias, contra ti, contra mí, con ellos, contra ellos. No importan los significados. Jamás importaron. ¡Cuánto silencio necesitamos para vivir tranquilos! Nadie lo sabe a ciencia cierta. Roer, roer, roer y desmenuzar, para que la pesadez de los grandes discursos se diluya y nos deje corretear, con la libertad del que ignora los grandes conceptos. ¡Malditos roedores! ¡Siempre corriendo! ¡Es tan fácil hablar desde las alturas! Menos mal que los malditos roedores, aquí abajo, nos recuerdan que todo podría haber sido de otro modo y que nada importa, que todo es un cruel juego y que el ruido nos aplastará, el ruido de los grandes discursos. Roer, desmenuzar, caer en la propia trampa y no decir nada, pero correteando, sin dueño, con miedo, mucho miedo, pero sin dueño. Sabe escabullirse el roedor, con delicadeza. Porque no quiere ser atrapado con el rebaño, con los que tienen grandes opiniones a sus espaldas. El roedor no tiene fuerzas para sujetar semejante carga. ¡Maldito roedor! ¡Sólo aprecia los susurros! ¡Sólo atiende a las palabras entrecortadas! ¡Maldito roedor! ¡Sólo mira en los rincones, donde se acumulan los residuos! Pero no aprenderá jamás. Es muy arriesgada la vida del roedor. ¡Con lo fácil que es dormirse con un cuento de hadas! No aprenderá nunca. ¡Con lo fácil que es vivir a la sombra de los dinosaurios! ¡Con lo fácil que es sentirse parte de algo, de algo más grande! Pero no, los malditos roedores disfrutan con la miseria de sus días, entre fragmentos de algo que pudo tener sentido.
jueves, 20 de noviembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXXVI: SECRETOS
Sabe el roedor que las calles de Jerez esconden secretos, grandes secretos. Cuando la luz del farol atraviesa el cristal, entre dos luces, el roedor descubre trazos gruesos, rastros que la inteligencia regala al bosque, a la oscuridad, trazos invisibles para las terribles pisadas de los dinosaurios. Quizás los grandes y pesados dinosaurios nunca descubran este secreto, quizás. Caerán abatidos por el aburrimiento. Mientras, tras la luz del viejo farol, alguien crea, sin demora, sabiendo que está a salvo de las inclemencias. Quizás recordando al que está detrás del pincel. Aunque hoy el levante nos azota sin piedad, sin remedio, el color nos libra del desasosiego, del recuerdo, de lo que fue, de lo que soy. Sabe el roedor que hay secretos en las viejas calles de Jerez, donde la luz de un farol acoge inteligencia y sensibilidad, donde la creatividad se condensa tras el cartón. Ni el más sabio de los dinosaurios sería capaz de ver tanto color. Sabe el roedor que hay secretos en la empedradas calles de Jerez, donde un farol nos protege de las inclemencias, donde habitarán todos los tiempos, los buenos y los malos.
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