jueves, 5 de febrero de 2015

ÉTICA DE ROEDORES XLVIII: LAS NIEVES

  El roedor admira la nieve porque la nieve sabe retirarse. Y no hay mejor forma de ser que ésa. Sólo la nieve domina ese arte. No se cansa el roedor de contemplar ese retiro del ser, tan suave, tan silencioso. Todo lo que hacemos, cada día, cada tarde, es un nefasto intento de retirada. Sólo la nieve sabe dar lecciones al roedor aprendiz. Mientras los dinosaurios sólo se fijan en la caída, el roedor espera ansioso la retirada, cuando todo se deshace y nadie mira. Saber irse: ¡qué ardua tarea! Primero huimos de los espacios públicos, de las calles, de las aceras y escenarios, y luego permanecemos en los sombríos, agazapados, observando... Nadie domina ese arte como la nieve, tan fría y distante. Mas sabe el filósofo que es en los sombríos, en los recodos, donde se condensa el cansancio, la desidia y el aburrimiento, reflejado en nuestros ojos de roedor. Escribir, leer, ruinoso mecanismo de pensar, vano intento de remedar el viejo arte de las nieves.