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| Ilustración de Domingo Martínez |
martes, 12 de enero de 2021
LOS INGREDIENTES DE LA CREATIVIDAD
viernes, 8 de enero de 2021
Calendario de Talleres Leibniz 2021
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| Fotografía de Valentín Pablo Gómez |
Cándido no se ha olvidado de mí. Me ha llegado su almanaque. El lema para 2021 es La ley de Murphy no es un cuento chino. Como nota a pie de página aparece su clásico Usted vive en el mejor de los mundos posibles. Y si no es así, nosotros se lo reparamos. Este año tienen mucho protagonismo los oficios. Enero está dedicado a los buzos. Una reluciente escafandra sirve de ilustración. La inmersión es la salida. En las profundidades, en la oscuridad, bajo la presión de las aguas habita la memoria... Enero es el peor mes, decía mi madre. Y es que le frío y las inclemencias nos arañaban en Tierra de Campos. Hay almanaques de un solo mes, el de enero. Niebla, heladas, incluso nieve... Todo el año sobra cuando el recuerdo te remite al frío. La vida del buzo no es sencilla. La escafandra pesa como el mundo. El trabajo del buzo es duro y húmedo. Su objetivo: rescatar las ideas sumergidas, en canales y mares del sur. Quizás nacimos para ser todos buzos. Este es un almanaque que no puede pasar de enero, el peor mes... No hay barco para humanos, no hay escafandra que nos permita cruzar las aguas sin mojarnos. Imaginar otro mes hoy es una temeridad. Enero se atasca en las esclusas, en los hornos abrasadores del invierno. No hay más meses.
martes, 15 de diciembre de 2020
PROVOCAR Y DOMESTICAR
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Ilustración de Domingo Martínez |
Hace unos días me enteré de que
un libro de filosofía había sido prohibido en un centro de enseñanza. La obra
es Filosofía en la calle, de Eduardo
Infante, publicada por la editorial Ariel. La noticia me llegó por Twitter. Los
seguidores le daban la enhorabuena y se indignaban por lo sucedido, todo a la
vez. Las felicitaciones se debían al trabajo bien hecho por el filósofo, y la
indignación brotaba ante semejante ataque a la libertad de pensamiento. Suena
raro en estos tiempos, un libro prohibido, censurado…
¿De qué trata para ser tan peligroso? Eduardo Infante se
considera seguidor de Sócrates. La filosofía no debió salir nunca de las calles
y plazas. La hemos desvitalizado al encerrarla en la burocracia de los sistemas
educativos. “Los profesores corremos el peligro de convertir nuestras aulas en
cavernas, desconectadas de los problemas y las inquietudes de nuestros
alumnos…” Cuando Eduardo Infante se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, salió
a la calle con ellos y les preguntó qué les interesaba de verdad.
En el libro plantea
FiloRetos, hilos de conversación. Con las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación, el ágora se ha trasladado a las redes sociales. Por eso el
autor utiliza Twitter. La filosofía se instala ahora en la plaza pública
virtual, porque internet puede ser también un buen espacio para dialogar de
forma abierta y tolerante.
Los FiloRetos son preguntas filosóficas que surgen en nuestra vida diaria, dilemas y dudas radicales. ¿Deberías contárselo todo a tu pareja? ¿Debes obedecer siempre a la autoridad? ¿Tiene importancia que tu pareja fisgue en tu móvil? ¿Sirve de algo rezar? ¿Son malas las drogas? ¿Cuánto necesitas comprar para ser feliz? ¿Debería un hombre ser feminista? ¿Podría ser el suicidio la solución a alguno de tus problemas? ¿Deberías hacerte vegetariano? Si te quedases embarazada, ¿abortarías? ¿Las galas de Operación Triunfo son arte?...
Da la impresión de que los libros de texto han sido diseñados para aburrir y evitar que los alumnos piensen, dice el autor. Hablan de problemas enrevesados, ajenos a la vida y explicados con una terminología críptica. Por eso Filosofía en la calle está escrito con claridad, para que lo entienda cualquiera que desee pensar. Y hay muchas referencias al cine, con el fin de acercarse a los conflictos humanos desde múltiples perspectivas.
Son asuntos que nos conciernen a todos y que no podemos
ignorar, ya que nacen de la interacción con los demás. A lo largo del texto Eduardo
Infante nos propone conceptos, argumentos y teorías para abordar de forma
directa esas inquietudes vitales. Las ideas de Platón, Aristóteles, Kant,
Bentham, Weil o Lévinas pueden ayudarnos a plantear bien estos problemas prácticos
desde nuestra autonomía. Aparecen diferentes soluciones, a veces
contradictorias entre sí. Es el lector el que debe juzgar cuál es la más
razonable. A través del código QR se accede a un hilo de Twitter donde uno puede
dejar su opinión sobre el tema tratado.
Que una caja de herramientas sea prohibida causa mucha
extrañeza desde el punto de vista educativo. Quizás el peligro venga de la
capacidad que tienen esas herramientas, las ideas, tanto para construir como
para desmontar.
Hay problemas de los que nunca hablamos… Por lo visto,
alguien se quejó de que este libro trata de asuntos inapropiados para los
jóvenes que estudian bachillerato. Es mejor que nos topemos con ellos sin haber
reflexionado antes, para darles una solución improvisada o que nos los
resuelvan otros… Este es el dilema: si no hablamos de ciertos asuntos, mal (la
escuela está desfasada); y si hablamos de ellos, también mal (adoctrinamos o
escandalizamos). La educación siempre camina por el alambre, haciendo equilibrios,
entre la libertad de pensamiento y el respeto a la autoridad y la tradición.
Michel Onfray publicó en 2001 su Antimanual de filosofía en la editorial Edaf. Los títulos de cada
apartado también eran provocadores. En la introducción, “¿Hay que empezar el
curso pegándole fuego al profesor de filosofía?”, dice que lo peor es
convertirse en un funcionario de la filosofía y lo mejor, lo deseable,
desarrollar una enseñanza socrática. Sin olvidar que tenemos que aportar los instrumentos
conceptuales necesarios. “Cuanto más rico sea vuestro vocabulario, más profundo
puede hacerse vuestro pensamiento; cuanto menos lo es, en peores condiciones
estaréis para desprenderos de los tópicos…”
sábado, 14 de noviembre de 2020
ESENCIALES
Si la vida humana es palabra, logos, no debe extrañarnos que las librerías sean esenciales. Somos seres simbólicos, poéticos y fabuladores. Nos gustan las historias y las teorías tanto como beber, comer y amarnos. En el decir y el interpretar habita esa esencia humana. La imaginación es el nexo que une a escritores y lectores… Y las librerías son las casas de la imaginación, de la creatividad. Como seres de ficción que somos, la creatividad es esencial, el núcleo de nuestra existencia simbólica.
Hay muchas estanterías, con extraños
rótulos… Nada sobra. Todos los géneros son necesarios para el ser humano. Todos
los pasillos de una librería conducen a Roma: el placer. O quizás a Grecia: el
conocimiento. Comedias y tragedias, novelas y ensayos, poemas y biografías,
guías y diccionarios… Senderos imprescindibles para alcanzar de mil formas
diferentes la felicidad.
Todo esto viene de muy atrás. Dicen los
historiadores que hubo un tiempo en el que no había escritura ni libros. No sé,
no sé… Todo me suena a un cuento que alguien ha inventado. ¡A quién se le
ocurre que pueda haber humanidad sin libros! Y dicen que nos sentábamos al
calor del fuego, bajo las estrellas, para contarnos aventuras, anécdotas,
viejas leyendas… Era un momento sublime, inquietante, lleno de expectativas,
cordial, es decir, era como entrar en una librería.
El olor de los libros atraviesa las
mascarillas. Accedemos a una burbuja de sensaciones. Miles de posibilidades
ante nuestros ojos, ante los cristales empañados. Ahí están todas las palabras
esenciales, y ahí estarán. Las librerías nos acogen con una promesa de eternidad,
quizás otra ficción, otro cuento. Es el calor del fuego primordial, con el
ruido de las alimañas a lo lejos. Es el calor protector de las hojas, de los
árboles.
martes, 10 de noviembre de 2020
FILOSOFÍA DE LA MEDICINA
La filosofía suele dedicarse a reflexionar sobre los conceptos que utilizamos en la vida cotidiana, en el ámbito de las ciencias, las artes y las tecnologías. Es una reflexión de segundo grado. El filósofo piensa sobre las teorías y creencias que manejamos en las diferentes áreas de conocimiento. Así que hay filosofía de la matemática, de la física, de la biología, del arte, de la técnica, de la política… Y también de la medicina.
Cristian Saborido, profesor de filosofía de la UNED, ha publicado “Filosofía de la medicina” (Tecnos, 2020), una excelente introducción a los problemas que estudia esta disciplina. Analiza los presupuestos teóricos que hay detrás de la práctica médica. El libro está escrito con un estilo claro y preciso, con referencias a la bibliografía esencial y un glosario de los términos utilizados. El autor imparte las materias de Filosofía de la ciencia, Bioética, Introducción al pensamiento científico, Problemas filosóficos de la biología y Filosofía y medicina.
Estamos
ante un texto divulgativo y didáctico que se enmarca dentro de la filosofía de
la ciencia. La reflexión sobre la salud y la enfermedad es tan antigua como la
filosofía. Ya encontramos reflexiones sobre estos conceptos en Hipócrates y
Galeno. Sin embrago, ha sido en las últimas décadas, tras el auge de la ética
clínica, cuando se ha consolidado como área autónoma.
Existen dos grandes corrientes, la naturalista y la
constructivista. Si la distinción entre salud y enfermedad estriba únicamente
en criterios biológicos y fisiológicos, entonces somos naturalistas. La
fisiología define el funcionamiento ideal de nuestros órganos. Hay enfermedad
cuando no funcionan bien. A veces se recurre a criterios estadísticos para
establecer la normalidad. Este enfoque propone una noción objetiva de salud y
enfermedad, así que los aspectos subjetivos y sociales no son pertinentes. Como
mucho, algunos naturalistas incluyen el contexto ecológico.
El naturalismo suele ser acusado de reduccionista y de
cientificista. Todo lo reduce a mecanismos fisiológicos. La corriente opuesta
propone un marco teórico más amplio. La historia de la medicina nos muestra
muchos ejemplos de cómo los valores, los prejuicios o la ideología condicionan
nuestra forma de definir las enfermedades. Los médicos, los investigadores, las
instituciones y los pacientes están influidos por su marco social e ideológico.
Cristian Saborido nos recuerda que “se ha tratado médicamente a la los homosexuales,
a los disidentes políticos, a las personas de otras razas o a los zurdos como
si en su propia naturaleza hubiera algo incorrecto que debía ser arreglado”.
Los constructivistas extremos hacen hincapié en el fenómeno
de la promoción de enfermedades. La industria farmacéutica es la que define las
patologías, para crear nuevos medicamentos y obtener grandes beneficios.
Cristian Saborido dedica un capítulo al tema de la clasificación de las
enfermedades, y otro a las patologías mentales y la polémica sobre su
definición. Para clasificar utilizamos categorías, criterios. Un enfoque
realista radical puede dar a entender que las enfermedades son entidades que
existen por sí mismas ahí fuera… Un enfoque más constructivista resalta el
papel del contexto social en el que se lleva a cabo la práctica médica. Las
enfermedades serían construcciones sociales, no realidades naturales
independientes de nuestras acciones y valoraciones.
La medicina no es sólo biología aplicada. La tarea de los
médicos tiene una dimensión teórica y otra práctica. Para ser un buen
profesional de la medicina es necesario cumplir tres condiciones: conocer los
procesos biológicos de nuestro cuerpo, dominar las técnicas y herramientas para
intervenir en él, y desarrollar la virtud de la prudencia, “esa capacidad de
discernimiento moral que les sirva de guía para que la práctica médica suponga
siempre una contribución positiva en beneficio de los enfermos”. Estamos ante
una disciplina normativa, no solo descriptiva.
Para el autor, el mejor enfoque para abordar todos estos asuntos es el pragmatista. Los conceptos son inseparables de nuestras acciones. Debe ser la práctica médica la que determine qué es lo útil en cada momento. Hay que tener en cuenta las consecuencias de las clasificaciones, técnicas y terapias. Pero no se trata de caer en un relativismo radical. “La práctica médica, dice Saborido, se mueve siempre entre la ambición de objetividad naturalista y el reconocimiento constructivista de la relevancia de las subjetividades, y es en ese territorio en el que juega un papel principal la frónesis, la prudencia médica”.
https://www.diariodejerez.es/jerez/educacion-cerebros-toneles-filosofia-medicina_0_1518148702.html
miércoles, 14 de octubre de 2020
LA ACTITUD CIENTÍFICA Y FILOSÓFICA
La actitud es la disposición con la que nos enfrentamos a la realidad. Es el estado de ánimo, la forma de ser, lo que estamos dispuestos a hacer y lo que no. La actitud científica y filosófica constituye el núcleo de la vida democrática. Si los ciudadanos no practicamos ciertas virtudes epistémicas, el edificio se desmorona. Las leyes por sí solas no bastan.
Pensar a fondo lo que ocurre exige tiempo. Para ser objetivos,
imparciales y analíticos necesitamos manejar diferentes fuentes de información.
Pensar de verdad implica en primer lugar leer y escuchar. Y luego ser prudentes
a la hora de emitir juicios. Pero el tiempo escasea y todo se acelera cada vez
más.
La comodidad y el ansia desmedida de poder nos empujan a
tomar atajos. Acudimos al mercado y compramos un kit de pensamiento, un lote de
ideas, una ideología… A partir de entonces ya disponemos de los moldes y categorías
que nos facilitarán valorar lo que ocurre, sin necesidad de analizarlo como es
debido. El pensamiento enlatado me ahorra tiempo. Si puedo clasificar, ya no
tiene sentido escuchar. Lo que va a decir el otro ya lo sé antes de que él
mismo lo piense… La realidad con sus problemas concretos ha desaparecido. La
verdad, como ideal regulativo, también.
El diálogo crítico, propio de una democracia deliberativa,
se cimenta en la actitud científica y filosófica. Lo primero que hay que hacer
es escuchar y observar. El objetivo es comprender los argumentos del
interlocutor, describir con objetividad el problema que nos ocupa y recopilar
información… Al escuchar de verdad, nos preocupamos por saber qué tesis
sostiene y en qué se basa para defenderla. En una sociedad compleja, los
interlocutores y los foros de debate son muy diversos: la asociación de
vecinos, el partido político, el parlamento, las redes sociales…
La actitud científica consiste en aceptar solo aquellas
teorías que sean coherentes y cuenten con el respaldo de la evidencia empírica,
con el apoyo de los hechos. Mantendremos las hipótesis que son corroboradas por
la experiencia. Las contradicciones internas y los contraejemplos (datos o
experimentos que desmienten la teoría, la ley) nos obligarán a rechazar esa
hipótesis y formular otra. Se trata de estar dispuesto a abandonar una tesis
cuando la experiencia y la razón me lo aconsejan. Lee MacIntyre ha escrito un
excelente libro: “La actitud científica. Una defensa de la ciencia frente a la
negación, el fraude y la pseudociencia.” (Cátedra, 2020)
La actitud filosófica, muy similar a la científica, busca
los mejores argumentos, la coherencia y la correspondencia con los hechos,
cuando es pertinente. La duda es la mejor herramienta del filósofo. Hay que
poner entre paréntesis no solo las afirmaciones del otro, sino también las
propias. Tendré que abandonar las razones y argumentos que el análisis
lógico-conceptual desecha por ser inconsistentes, contradictorios o meras
falacias. En un diálogo crítico real, no en una pantomima, aceptaré las teorías
y argumentos del otro si superan los criterios arriba mencionados. Y cambiaré
de opinión si me demuestran que estoy equivocado. Científicos y filósofos de
todos los tiempos han dado muestras de esta actitud. Aferrarse a una ideología
supone hacer todo lo contrario.
Y pensar conlleva riesgos. Puede ocurrir que te persigan
todos, los unos y los otros, por no encajar, por no arrodillarte. O por dar la
razón al que la tiene… Pensar en momentos de incertidumbre, dispersión y
polarización no es tarea sencilla. No son circunstancias favorables para el uso
de la palabra y el intelecto. Perseverar en la búsqueda de la verdad se vuelve
un sueño irrealizable. Y sabemos que la verdad es un ideal regulativo, un fin
al que tiende la razón en sí misma, aunque nos reconocemos falibles en esa
búsqueda interminable.
martes, 9 de junio de 2020
ARTES Y TIEMPOS
Ilustración de Domingo Martínez
Me asombra que para la mayoría de la gente pase desapercibido el inmenso valor de las actividades culturales. Son muchos los factores que condicionan la forma de apreciar una obra: la jerarquía de las artes y su historia, la educación, el modo de comunicar, la generación de la opinión pública, y las relaciones de producción de cada momento, ahora la sociedad de consumo. Se suele desconocer, por ejemplo, lo que supone rodar una película. Y no solo hablamos del coste económico, sino de toda la formación y trabajo que hay detrás de cada minuto.
No son datos difíciles de obtener. Basta con tener un poco de paciencia y leer los títulos de crédito del final. Lo mismo podríamos decir de una obra de teatro o una exposición de escultura. Cualquiera puede acceder a la biografía de una escultora para comprender lo que significa su creación. A pesar de estar disponible toda la información necesaria para apreciar en su justa medida esa labor cultural, no se termina de valorar como es debido.
El sistema educativo tiene que crear las condiciones para que se lleve a cabo una adecuada recepción de las creaciones culturales. Hay que enseñar a extraer todo el jugo de una experiencia estética. No es posible valorar una obra si no sabemos situarla en la historia de las artes. Y artes va en plural, claro. Porque hay una historia del diseño, del cine, de la danza, del cómic, del grafiti… También se necesita conocer el proceso creativo. Y en este punto, como ocurre con las ciencias, la imagen del genio solitario que de forma inexplicable llega al ¡eureka! no es la más acertada. Nadie crea de la nada, porque de la nada es imposible que surja algo, ya lo decían los griegos.
Es crucial desentrañar el trabajo que hay detrás de una idea. Todo el mundo ve lo que cuesta esculpir el mármol y obtener una forma bella. Me asombra que no ocurra lo mismo con el diseño de una silla, el guion de una serie o el monólogo de un humorista. Una performance, una acción, se percibe como algo efímero, ocurrente… La escritura de una novela, una canción o un programa de ordenador… La creación conceptual exige un trabajo inmenso, pero parece que es invisible. La rapidez con la que “consumimos” esas obras y el hecho de que circulen de forma gratuita por la red provocan, en parte, esa infravaloración.
Y sin embargo, en los momentos más duros del confinamiento esas obras nos han dado cobijo, un refugio para resguardarnos de la intemperie. Las artes nos ayudan a comprender lo que somos y dónde estamos. Nos ofrecen nuevas perspectivas para digerir el mundo y habitarlo con mayor libertad. Los artistas nos proponen infinidad de juegos, ya que la recepción estética consiste en seguir unas reglas para constituir otras formas de estar en el mundo. Los senderos para acceder a ese refugio son muy diversos: contemplación desinteresada, catarsis y liberación, entretenimiento, recuerdo y olvido, comprensión, resistencia ética, deseo de transformación…
El trabajo de otras personas, condensado en los objetos culturales, nos ha permitido dominar el tiempo. La autonomía de la experiencia estética nos invita a habitar de otra forma los tiempos. No se trata de huir de las circunstancias, porque no podemos. Las artes nos entretienen. Y saber entretener requiere un riguroso dominio de la técnica que corresponda a cada género. Las buenas tramas nos introducen en otras líneas temporales. El trabajo del buen creador entonces se hace invisible, si no somos reflexivos.
https://www.diariodejerez.es/jerez/Artes-tiempos_0_1471953284.html
martes, 26 de mayo de 2020
LECTURAS PARA PENSAR LA CIENCIA Y LA TÉCNICA
miércoles, 20 de mayo de 2020
martes, 12 de mayo de 2020
DESMESURA NATURAL
sábado, 9 de mayo de 2020
lunes, 4 de mayo de 2020
SUBID Y MIRAD
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| Ilustración de Miguel Parra |
sábado, 18 de abril de 2020
EL ARTE DE HOZAR
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| Detalle de la portada de "Una teoría de la democracia compleja", de Daniel Innerarity. |
martes, 14 de abril de 2020
AXIOLOGÍA EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE
| Ilustración de Domingo Martínez |
sábado, 4 de abril de 2020
SER MÁS ALLÁ DEL SER
miércoles, 25 de marzo de 2020
LECTURAS PARA ABORDAR LA INCERTIDUMBRE
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| Portada de Historia del silencio |
martes, 10 de marzo de 2020
MAESTRA DE LA DIVULGACIÓN
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| Ilustración de Domingo Martínez |










