viernes, 31 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXIII: FALSOS DINOSAURIOS

    La escisión de los roedores se produjo cuando algunos quisieron ser los mejores, los más parecidos a los dinosaurios. Idearon mil formas de parecerse a esos bichos grandes y pesados. Y lo consiguieron. Surgió un grupo de roedores que se comportaban como dinosaurios. Con sus patitas golpeaban el suelo, como si fuesen horribles pisadas de dinosaurios. Los demás roedores se acobardaron al principio, porque no disponían de esas habilidades de dinosaurio. Pronto surgieron los que vendían habilidades de dinosaurio. Y el que no podía pagarlas era excluido, sin miramientos, por debilidad, porque sí. Los roedores-dinosaurios comenzaron a criticar a los malditos roedores por ser sólo malditos roedores, y punto. Mientras, los verdaderos dinosaurios se dedicaban a disfrutar de sus privilegios de grandes bichos, ya que del trabajo sucio se encargaban los roedores-dinosaurios. Jamás pensaron los viejos dinosaurios que iban a recibir semejante ayuda de los pisoteados roedores. Y en algunas zonas boscosas, los roedores se devoraron entre sí, sin piedad. Hasta los grandes dinosaurios se asombraron ante tanta vileza, tanta crueldad. Entonces, los roedores a secas, los de siempre, los que son pisoteados por los verdaderos y los falsos dinosaurios, lloraron, durante jornadas enteras, lloraron. 

RESISTENCIA CHECA

    En los cuadernos del crítico de arte Max Zoster, hallados en 1995, encontramos una entrada que narra sus conversaciones con Zátopec, con el que coincidió en el Cross de Lasarte de 1968. Antes de ser atrapado por los periodistas y la multitud, el corredor le susurró: “En este país está el secreto de mis victorias”. Intrigado, cuenta Zoster, investigó en los archivos cuándo había viajado a España Zátopec. Ni rastro. Menos mal que en un congreso de escritores pudo hablar con Echenoz, que le enseñó una copia de una postal del deportista checoslovaco enviada desde Jerez de la Frontera a su mujer: “Corro aquí mejor que nunca. Los del ejército saben lo que hacen. Correr aquí, entre los vapores del brandy, tonifica mis músculos y mi espíritu.” 

jueves, 30 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXII: ASFIXIA

    Se asfixia el roedor porque hace demasiado calor o porque el aire está saturado de falsas palabras. No lo sabe exactamente, pero se asfixia. ¿Será la respiración profunda de los dinosaurios la causa? ¿Acabará con ellos este calor? ¿Provocaron los dinosaurios esta densidad de sílabas irrespirable? No lo sabe exactamente, pero se asfixia. Tanta densidad de palabras falsas no puede traer nada bueno a los roedores. Es una trampa mortal. Quizás haya que taparse los oídos para avanzar entre las miserables pisadas de los dinosaurios. ¿Cuándo llegará la gran piedra del cielo? ¿Nadie tiene misericordia de estos pobres roedores asfixiados? ¿Nadie ve que este ruinoso mecanismo de pensar los aniquilará? Sabe el roedor que la utopía del silencio alimenta sus entrañas. Y que la única forma de resistencia consiste en diluir esa densidad húmeda que lo envuelve. Sabe que debe roer palabras todos los días, para hacerse un sitio y ver venir las peligrosas pisadas de los dinosaurios. No doy abasto, dice el maldito roedor. Callad, que no doy abasto, dice el pobre.

domingo, 26 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXXI: REFUGIOS

   La escritura es el único refugio seguro para el roedor, porque habitar el espacio que brota de la escritura aporta esa necesaria ilusión de libertad. Todo lo demás, lo que no es escritura, es inclemencia. Max Zoster decía que las líneas del dibujo le servían de techo ante las tempestades. Si leemos mil veces una línea, un fragmento de nuestro libro preferido, es para ocultarnos. Si contemplamos el cuadro del mejor artista o escuchamos la mejor composición, es para mimetizarnos, escondernos y huir. La escritura es un territorio, nuestro territorio. Se trata de un continuo, pensamiento-escritura, una cristalización espacial y temporal. Y es un refugio dinámico: nuestros senderos de creación. Todas las artes generan espacios de pensamiento, espacios de posibilidades. Pero no hay que olvidar que todo es materia y que los senderos de creación también son materiales, de gran complejidad física, pero materiales. No hay otras dimensiones. Incluso el pensamiento, las ideas, pertenecen a lo único que existe, protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas, neuronas, neurotransmisores, cerebros, cuerpos, grupos, explotadores, explotados, clases sociales... Los significados de los símbolos que utilizamos son configuraciones materiales. Pintar, escribir, tallar, construir, dibujar, cantar y bailar son actividades físicas. La escritura es un refugio construido con cartones y madera vieja. Es un refugio que huele a humedad, a cobijo para días de lluvia en la niñez. Es áspero y con esquinas cortantes, pero da seguridad y sensación de libertad. La escritura es una actividad que juega con el infinito, por eso todo es posible. Uno puede hundirse en la soledad de la escritura rodeado de los mejores. Incluso puede reconstruir todo el universo dentro de ese espacio propio, único.
  

lunes, 20 de octubre de 2014

¡RESISTENCIA Y DIGNIDAD A PESAR DE TODO!


      Quizás ésta sea una huelga total, la huelga perfecta: contra todos, contra el gobierno central, contra el gobierno autonómico, contra los sindicatos, contra la Marea Verde, contra nuestra ingenuidad, contra nuestro idealismo, contra nuestras excusas, contra nuestro ombligo, contra nuestro narcisismo, contra nuestra clase social, contra nuestros privilegios, contra nuestra falsa conciencia, contra el capitalismo, contra la democracia representativa, contra las falsas expectativas, contra los circos, contra los carnets, contra los medios de comunicación, contra mi insolencia, contra mi soberbia, contra mi ingenuidad, contra las apariencias, contra la pérdida de tiempo, contra la pérdida de la razón, contra todo.  

¡RESISTENCIA Y DIGNIDAD A PESAR DE TODO!
                                             

viernes, 17 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXX: SENDEROS CIRCULARES

   Sabe el roedor que es difícil escarmentar, incluso en cabeza propia, y que volverá a ser débil. Volverá a pensar que es posible atrapar al dinosaurio si se reúnen todos los roedores. Seguro que volverá a pensarlo. Será tan débil como lo fue ayer. No escarmienta: sólo podemos huir de las pisadas de los terribles dinosaurios. Porque la condición de roedor no da para más. ¿Sabrá el roedor que todas sus reflexiones son un débil humo que se pierde entre los bosques? ¿Sabrá el roedor que los dinosaurios desconocen su insignificante existencia de roedor, de maldito roedor? ¿Sabrá que hasta las mejores intenciones y las mejores ideas serán aniquiladas por la indiferencia del gran dinosaurio? ¿Por qué recorre, entonces, esos senderos circulares? Nadie lo sabe. ¿Pensarán los dinosaurios que son senderos utópicos y optimistas? ¿Lo pensarán los demás roedores? ¿Es que tiene este roedor alguna esperanza de atrapar al dinosaurio y roerlo? Nada de eso. No escarmienta el roedor porque sus senderos sólo son otra forma de huida, como la de cualquier roedor. Al roedor sólo le resta escapar, no parar de roer a toda velocidad. Si se detiene, será aplastado por el gran dinosaurio que todo lo absorbe. Jamás escarmentará porque no hay otra posibilidad. Pero sabe el filósofo que cuando el roedor levanta su nariz y olisquea el ambiente, en ese instante, el roedor diluye el maldito tedio, el maldito aburrimiento con el que nos rocían todas las mañanas los peores dinosaurios, los que habitan en nuestras mentes...

martes, 14 de octubre de 2014

ARTE Y COMPROMISO ÉTICO

        Tan difícil es ser creativos como reconocer la creatividad. En el contexto actual del arte, carente de un conjunto de normas preciso, parece que todo vale, que cualquier objeto es una obra de arte y que cualquiera es un creador. No es fácil identificar a los verdaderos artistas, sobre todo en las artes plásticas. Hay muchas anécdotas al respecto. Así, en más de una ocasión, los encargados de la limpieza de los museos y galerías, queriendo hacer bien su trabajo, han retirado o modificado una instalación muy valiosa. Y luego su error ha sido aprovechado para ensalzar lo originalidad del incomprendido artista. Además, resulta llamativo el silencio estético que suele predominar en las exposiciones de arte abstracto: parece que nadie se atreva a emitir un juicio sobre lo que observa.
         Para explicar por qué un cuadro vale millones de euros o por qué una instalación con restos de basura es una obra artística, necesitamos hablar no sólo de Estética o Historia del Arte, sino también de Economía y Ética. El arte contemporáneo requiere ser abordado desde diferentes disciplinas, en todas sus dimensiones. Félix Ovejero Lucas ha escrito un libro que reúne estos requisitos: “El compromiso del creador. Ética de la estética”, editado por Galaxia Gutenberg, septiembre de 2014. Doctor en Ciencias Económicas, es profesor de Filosofía Política y de Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona. Con herramientas conceptuales de esas disciplinas, el filósofo analiza un hecho inquietante: en el arte actual todo vale y no hay reglas para diferenciar lo bueno de lo malo, ni siquiera para definir el arte.
         El trabajo de los científicos sirve de modelo de actividad en la que sí hay reglas y criterios para establecer lo que funciona o no. La consistencia o la contrastación experimental permiten a la comunidad científica saber si merece la pena mantener una hipótesis o una teoría. En el arte no hay criterios objetivos de ese tipo. La comparación que hace el autor ayuda a perfilar los rasgos de dos actividades muy diferentes, la del artista y la del científico.
         Si no hay criterios estéticos para delimitar el fenómeno artístico habrá que recurrir a su dimensión económica. Dado que buen arte es para muchos lo que se vende, entonces tendremos que analizar el mercado del arte. Las herramientas de teoría económica son muy útiles para ver qué tipo de mercado es éste del arte y qué tipo de mercancía se ofrece. Si, de entrada, sabemos que no existen mercados perfectos, donde funcionen las leyes puras de la oferta y la demanda, y que el mercado no siempre garantiza que sobreviva el mejor producto, menos nos tiene que extrañar que el mercado del arte funcione con unas leyes muy peculiares: unos pocos deciden qué es bueno; y nos dicen que es bueno porque se vende y está cotizado; pero se vende porque ellos han dicho que es bueno…
         ¿Por dónde seguir? Las definiciones esencialistas de arte y belleza no parecen ser ya pertinentes. De hecho, el concepto de belleza se ha diluido tanto que raras veces significa algo concreto. El arte conceptual abrió las puertas de par en par. Cualquier definición de arte, al modo tradicional, es decir, que hable de armonía, simetría, etc., resulta lejana, muy restrictiva, ante una instalación actual. Nos queda la definición institucional: arte es lo que las instituciones y la comunidad de creadores dicen que es arte.
         ¿Podremos realizar un análisis desde la ética? El autor revisa las principales teorías acerca de la relación entre la ética y la estética. Un recorrido que le lleva desde el autonomismo formalista, que dice que la obra no hace referencia a ningún contenido externo, hasta las teorías que destacan la conexión entre belleza formal y bien moral o aquellas posiciones que consideran las obras artísticas como minas de ejemplos morales y situaciones prácticas, tan útiles para desarrollar la prudencia.
         Quizás la obra de un artista tenga algo que ver con su compromiso intelectual por alcanzar la verdad, la libertad, la belleza o la perfección técnica. Quizás la trayectoria importe. Quizás el sendero creativo que inicia un artista pueda ser juzgado desde el compromiso ético con su obra. Quizás importe la sabiduría técnica y la sabiduría ética. El compromiso ético con su trabajo es condición necesaria, aunque no suficiente, para que la obra sea buena. ¿Cómo reconocer la autenticidad de ese compromiso? La educación estética tendría como objetivos prioritarios: enseñar a reconocer y manejar las técnicas y los estilos; y enseñar a reconocer el compromiso ético del creador. El ciudadano, en una democracia participativa, exigiría rigor técnico y compromiso creador a la hora de establecer programas culturales con fondos públicos.

viernes, 3 de octubre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIX: LA PACIENCIA Y EL ESTILO

  Es difícil ser paciente y mirar hacia atrás, los senderos recorridos, para saber si merece la pena volver a pisarlos. Nadie nos ha adiestrado en esa técnica tan provechosa. La mayor parte del tiempo, dice Miguel Parra, lo dedico a observar el lienzo, lo que llevo pintado,  para saber lo que es bueno y lo que no, lo que hay que conservar y lo que no.  Si la vida es una cuestión de estilo, habrá que aprender a observar nuestros gestos, los más insignificantes, y luego decidir si merece la pena que se repitan, como diría Nietzsche. Porque la ética de roedores es una ética del estilo: no hay ética sin estética; no hay acción sin creación. Y vivir es percibir, y pensar, y saber que todo es un continuo, y que vivir con estilo es crearse a uno mismo, y que no hay otra forma de huir de los dinosaurios y sus pisadas demoledoras, y que las metáforas son el recurso de la libertad, y que todo podría haber sido de otra manera. Volvamos a mirar el lienzo. Ya vemos los defectos, ya vemos lo que somos. Volvamos a mirar el lienzo. Ya sabemos lo que no queremos ser. ¡Cuánta paciencia! Menos mal que el roedor no tiene prisa, ninguna, y rodea el caballete y mordisquea las patas y prueba los óleos, y corretea con alegría entre los trastos olvidados del artista...

miércoles, 1 de octubre de 2014

EDUCAR PARA PARTICIPAR

      Las leyes educativas van y vienen sin que nos dé tiempo a entenderlas. Menos mal que detrás de tanto cambio y tanta incertidumbre siguen existiendo los que enseñan y los que desean aprender. Dos son las causas de semejante desbarajuste legal. La primera es política: los gobernantes han utilizado el sistema educativo como mercancía. La segunda es filosófica: no sabemos exactamente qué es educar a una persona, ni lo sabremos. Estamos condenados a lanzar esbozos provisionales y a preguntarnos a cada paso por el sentido de esta noble tarea. Uno de los rasgos esenciales de la educación es su absorbente reflexividad.
       Es obvio que los proyectos educativos han de formar parte del contexto social, es decir, tienen que impregnarse de las necesidades de los ciudadanos y sus expectativas. Los Estados del siglo XXI exigen ciudadanos capaces de participar de forma activa en el sistema tecnocientífico, en la sociedad del espectáculo y en las instituciones democráticas.
Es crucial saber integrar los datos que nos ofrecen los medios de comunicación y los educadores, si deseamos alcanzar conocimiento, incluso sabiduría. Tanto la información que aparece en los libros de texto como la que circula por internet requiere ser integrada, ordenada, dentro de nuestro contexto de necesidades. Y como investigadores, no sólo debemos dominar teorías y procedimientos técnicos, también necesitamos participar en las instituciones científicas.
No basta en las sociedades del espectáculo con ser meros receptores de esquemas prefabricados. Así, la autonomía en el ámbito estético se concreta en la capacidad de recorrer senderos creativos propios y en la posibilidad de analizar los estilos que maneja el mercado del ocio programado. La retórica de los medios de comunicación y de los centros de poder utiliza símbolos, metáforas y otros recursos estilísticos. Los senderos de creación nos permiten desmontar esa retórica, esos símbolos petrificados que se presentan como naturales. Ser creativos nos aleja del aburrimiento y la desidia, los peores enemigos de la autonomía y la libertad. 
En las sociedades democráticas debemos aprender a decidir. Como ciudadanos, tenemos que participar en las instituciones y foros, con prudencia y sentido de la justicia. Las contradicciones de la democracia representativa quizás nos conduzcan a un modelo más participativo en los próximos años. Pero debatir en asambleas sobre los asuntos públicos, organizarse y tomar decisiones sensatas son tareas muy complejas. Nuestro sistema educativo deberá prepararnos para desarrollar todas esas competencias. Porque la democracia participativa es el sistema más exigente que existe: se construye con ciudadanos que sepan dialogar, que sean responsables, coherentes, y que estén dispuestos a profundizar en todas las áreas de conocimiento.
Los espacios interactivos de divulgación científica, como museos o ferias, son idóneos para desarrollar o mejorar todas estas formas de participación. Como pudimos comprobar el viernes en los Claustros de Santo Domingo, en la Noche Europea de los Investigadores, acercar la investigación a los ciudadanos es mucho más que mostrar o informar. Son espacios de legitimación, no sólo de exhibición. Los investigadores dialogan con los ciudadanos para demostrar la utilidad social de sus proyectos. En este diálogo hay que manejar conocimientos y procedimientos técnicos, hay que saber convencer, saber razonar, y ser creativos.
    Son, además, espacios para tomar contacto con la diversidad de prácticas científicas y campos de investigación. Ser conscientes de esa diversidad científica es esencial para comprender la dificultad que conlleva elaborar los Planes de I+D+i. Y tan importante es la investigación en biocombustibles como en sociología. En este sentido,  cabe destacar la realización del microencuentro “Ciencia e Investigación: Sobre desigualdades y exclusiones en razón al sexo y género”, organizado por el Departamento de Derecho del Trabajo de la Universidad de Cádiz. Tuvimos la ocasión de reflexionar sobre asuntos tan complejos como el concepto de género, sexo, intersexualidad y prostitución. Sólo un problema: aunque los Claustros son un entorno muy bello, no reúnen las condiciones acústicas necesarias para la comunicación científica.

                            Diario de Jerez. Suplemento de Educación. 30 de septiembre.

martes, 30 de septiembre de 2014

ÉTICA DEROEDORES XXVIII : MIS LABORES

  Hay mucha labor, demasiada labor: destejer lo que ayer estuvimos tejiendo con tanta ilusión y hoy nos parece lo más horrible del mundo. Hay mucho trabajo por delante: desmenuzar las osadas palabras arrojadas al viento con tanta insolencia. Hay mucha faena para mañana: borrar los insulsos senderos que abrimos entre la maleza sin pensar cada pisada. Tenemos una tarea infinita: soportar nuestros hábitos corroídos por el aburrimiento. Empecemos la revolución: que nuestras miradas sean inteligentes y nuestros gestos atrevidos. Hay una gran labor: desmontar las instalaciones de nuestro yo y observar la llanura, el hermoso erial. Y no olvidemos escuchar, porque la utopía del silencio no es una tarea menor. Hay tantas tareas: olvidémonos de nuestras proezas, porque arruinan cualquier impulso creativo. Tareas muy complicadas nos quedan: observar como si nadie observara y huir de la pesada carga de nuestras grandes hazañas. Cuánto trabajo por delante, cuánta revolución pendiente: roer nuestra sombra hasta desgastarla para así poder empezar de nuevo y no aburrirnos con los pliegues acartonados de nuestro ser.

lunes, 22 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXVII: FORTALEZAS

  Sabe el roedor que es fácil construir castillos en el aire. Es tan fácil... Hay fortalezas en los cielos, grandes conjuntos de fortalezas. Y por las torres asoman bravos caballeros para animarse unos a otros y corroborar que todos esos castillos son reales. Y ejecutan al que lo niega. O lo destierran. Son castillos tan sólidos que parecen necesarios, inmutables. Los nobles caballeros nunca bajan a tierra porque en los cielos están los suyos, los iguales, los que les reconocen su linaje. Es una vulgaridad descender. Los de abajo no saben reconocer a los nobles de los castillos. Y los castillos son cada vez más altos y enrevesados. El roedor mira hacia arriba y siente pereza. ¡Tantas escaleras! Prefiere quedarse con los vasallos, los remolones, los que viven en oscuras guaridas y se entretienen con las sombras. ¡Cuántas escaleras! Y los nobles de los castillos aéreos, cuando oyen algún ruido, echan aceite hirviendo para acabar con esos malditos roedores escépticos. Y montan grandes fiestas donde lucen sus condecoraciones, las que se dan entre sí. Y hablan de sus muros como si fueran reales, de sus castillos, de sus fortalezas. Ni los roedores ni los vasallos entienden la lógica que gobierna esas fortalezas. ¡Tantas escaleras! 

viernes, 19 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXVI: SE ENREDÓ.

   Llegó el Gran Legislador y pronunció la palabra Educación. Y se enredó. Se enredó tanto que se olvidó de todo. Se olvidó de las palabras, de los deseos, de las miradas y de los miedos. El Gran Legislador se enredó miserablemente y se olvidó de casi todo. Pobre Legislador. Se enzarzó en discusiones miserables y perdió el tiempo en encajes de bolillos. Triste Legislador. Se olvidó de las preguntas y de las risas. ¿Cómo se pudo olvidar de la ilusión? Pero se enredó con los cables de las nuevas máquinas, con las pantallas táctiles. Y arrinconó la simple palabra y el deseo de saber. El Gran Legislador se ofuscó con las estadísticas y se olvidó del que habla cada mañana, del que pregunta, del que escribe, del que imagina y crea. Pobre Legislador. Es tan sencillo recordar el arte de enseñar... No sabe el roedor cómo ha podido ocurrir esa catástrofe. ¿Serán las pisadas de los dinosaurios otra vez? Menos mal que el roedor sabe disfrutar de ese trozo de queso olvidado en una esquina. Y lo roe despacio, recordando a los que crearon nuevos senderos de libertad con la palabra y el lápiz. Roerá todas las mañanas sin que los dinosaurios se enteren y tejerá más senderos de palabras por los que huir con estilo...

jueves, 11 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXV: PERDAMOS EL MUNDO.

¡Perdamos el mundo, entero, con su luz, con sus escombreras, con sus buenas intenciones, con sus calles, con sus ciudades, con sus meandros! No es tan difícil. Perdamos el mundo como si fuésemos a construir otro diferente. Perdámoslo todo. Perdamos las ciudades y sus ingenuidades. Busquemos a los perdidos, a los que dan todo por perdido y aprendamos de ellos. No nos hace falta nada más. Hay demasiada realidad. Perdamos el universo. Sigamos el rastro de los pinceles, porque en los pinceles está todo. Pero perdamos todo lo demás, todo lo que nos aburre: los grandes discursos, las promesas raras, los arrepentimientos de media tarde, los juicios severos, las estadísticas certeras... Perdamos el sentido de la realidad, de esa realidad. Sólo queremos perder. Perdamos lo que no nos merecemos, lo que no entendemos, lo que jamás comprenderemos. Perdamos las casas, las ciudades, los sillones, las ingenuidades de media noche. Si lo perdemos todo, al menos, nos quedará el rastro errante del pincel dionisíaco.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIV: LA SUERTE.

¡Qué suerte tienen los artistas! Diseñan mundos paralelos a su antojo, mundos extraños. ¡Qué suerte tienen! Y huyen a través del espejo. Y te dejan mirando tu reflejo sin misericordia. Tienen mucha suerte. Porque los espejos los inventaron ellos: buscaban puertas y crearon espejos. Un día tras otro huyen y vuelven sobre sí mismos. ¡Qué suerte tienen! Y hablan entre ellos como si se comprendieran. Y resulta que sí, que construyen más realidades y más enrevesadas al juntarse y hablar. ¡Qué suerte tienen los artistas! ¿Están entre nosotros realmente cuando discuten sobre la forma y el color? Lo dudo, porque aprovechan cualquier momento para acelerar, para cambiar de rumbo, para esconderse. Odian los techos. ¡Qué suerte tienen los artistas! Dominan el espacio y el tiempo. Nunca están contigo: no te hagas ilusiones. No tienen misericordia los verdaderos artistas. Y ocultarse entre palabras, lienzos, imágenes, sonidos... Y huir de este miserable aburrimiento que nos reseca por dentro... ¡Qué suerte tienen los artistas!

viernes, 5 de septiembre de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXIII: NOSTALGIA.

¿Quién quiere las palabras? Aturdidos, entre las ramas de este bosque siniestro, buscamos los significados, las conexiones. Nostalgia, misterio del cerebro, recuerdos inventados por un yo miedoso. Una palabra lleva a la otra como una imagen enturbia otra. Pero las deseamos, las perseguimos con ese ahínco humano, desconocido en otras especies. ¿Quién quiere las palabras? No me dejes recordar... No me dejes perderme entre las palabras... Tienen las palabras un barniz que las convierte en lo que no son. Esa fina capa de memoria que nos aterroriza. ¿Quién quiere las palabras? No me dejes olvidar porque sin palabras no soy nada. No me dejes recordar porque con las palabras me hundo en este espacio de mis miedos. ¿Quién quiere las palabras? Nostalgia, trampa mortal de nuestros deseos más profundos, de nuestros días más felices. Sabe el roedor que dominar la nostalgia es la mayor libertad que uno puede alcanzar. Saber que vamos a recordar lo que estamos viviendo con ardor y tristeza. Saber que el instante que vivimos será eterno. Lo viviremos siempre. Ya lo estamos viviendo en ese recuerdo futuro. ¿Quién quiere las palabras?

domingo, 31 de agosto de 2014

ÉTICA DE ROEDORES XXII: NO PODEMOS

   En el sentido físico: no podemos volar, no podemos levantar la Luna con nuestras manos, no podemos acercarnos al Sol sin achicharrarnos, no podemos respirar debajo del agua, no podemos masticar acero, no podemos beber hierro fundido, no podemos romper una catedral a cabezazos, no podemos hundir un buque con nuestro aliento, no podemos peinar el Amazonas con nuestros cepillos, no podemos bebernos el mar Mediterráneo, no podemos engullir un guepardo de un tirón, no podemos contar las hormigas de un hormiguero con los ojos cerrados, no podemos abrazar a Júpiter, no podemos superar la velocidad de la luz...
   En el sentido psíquico: no podemos entender a nuestro vecino, no podemos aguantar la televisión, no podemos llorar cuando queremos, no podemos odiar cuando debemos, no podemos reír cuando nos obligan, no podemos resistir la opresión, no podemos aguantar la explotación, no podemos comprender las leyes naturales, no podemos sentir compasión los domingos por la tarde, no podemos soportar las bombas sobre Palestina, no podemos sufrir como un toro de lidia, no podemos ser un termostato, no podemos saber lo que ignoramos...   
   En el sentido ético: no podemos entender las virtudes clásicas, no podemos ser honestos, no podemos buscar la verdad, no podemos dialogar de forma simétrica, no podemos ser puros, no podemos enfrentarnos a nuestras acciones, no podemos mirar a nuestros gatos a los ojos, no podemos ser autónomos, no podemos ser libres, no podemos ser personas...
   En el sentido estético: no podemos ver una obra sin preguntarnos por su significado, no podemos entender el proceso creativo, no podemos cenar con Bacon, no podemos observar al artista sin importunarle con nuestras aburridas preguntas, no podemos comprender a Manolo del Valle, no podemos ser un borracho de Goya, no podemos creer en las posibilidades infinitas de esta horrible realidad...
   En el sentido político: no podemos cambiar este sistema que nos abrasa, no podemos desmontar los mecanismos del aburrimiento, no podemos acabar con la miseria, ni con la alienación, no podemos alcanzar la justicia ni la libertad, no podemos leer el BOE antes de acicalarnos, no podemos escribir leyes para los viernes, no podemos repartir la riqueza, no podemos decidir mediante asambleas o consejos obreros, no podemos ser ciudadanos...
    

PEAJE, DE JULIO DE LA ROSA


          En una ocasión le pidieron al filósofo Max Zoster su opinión sobre la crítica literaria: “La crítica literaria es algo que me parece imposible, un intento muy digno pero inútil. Imaginen que alguien pinta un cuadro para valorar otro cuadro... Imaginen que componemos una canción para describir otra canción...”
   
         La literatura, como todas las artes, nos plantea grandes preguntas, incluso misterios. Uno de ellos es la creatividad.  Saber lo que significa crear implica hablar de la esencia de una obra y de la acción humana. A todos nos gustaría saber por qué hay personas que son más creativas que otras. Son muchas las causas. Y la respuesta va a llegar a través de la colaboración de las neurociencias con la estética y la teoría del arte.
         Uno de los rasgos que suelen compartir los grandes creadores es su afán desmedido por experimentar dentro de todos los géneros. El creador no conoce fronteras. Sus acciones mezclan registros, categorías y estilos. Avanzamos en el conocimiento, decía el físico Poincaré, trasladando estructuras de unos campos a otros. En las artes, las analogías, incluso cuando fracasan, constituyen nuevas experiencias.

         Para crear hay que desplazarse continuamente, hay que transgredir. De aquí se deduce que sea imposible identificar la obra de un autor con sus textos o sus lienzos.

Estamos hablando de Julio de la Rosa. Al recorrer sus senderos literarios y musicales nos damos cuenta de que estamos ante una persona  difícil de atrapar. Cuando el espectador o el crítico llegan él ya no está...
   
Amor y Lavadoras
A menudo guardo objetos, en principio inapropiados, en la lavadora. Esto es: fotos, libros, cables, o incluso herramientas. Al principio era cuestión de espacio. Un día, por error, lo mezclé con la colada. En realidad, me divierte ver este tipo de cosas centrifugándose. Hay veces que meto dentro las fotos de mi última amante, a ver si así desaparece de una vez por todas. Escribo por el mismo motivo por el que me lavo: porque me lo pide el cuerpo; es sorprendente cómo un gesto aprendido, el hecho de escribir, puede llegar a convertirse en instintivo. Con la música es igual, o tocas o te meas encima. Las manchas de las cosas que amas son las más difíciles de quitar.
                                           (Diez años Foca en un circo, p.36)




Pero qué ingeniosos
I
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas,
Publicistas, cineastas, coreógrafos,
Modernos anacoretas.
Con qué gracia construyen sus metáforas.
Mejor aún.
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas.
Escriben metáforas repetidas mil veces
Y después, voilá,
Consiguen venderlas.

Pero qué ingeniosos
II
(ejemplo)
Todos los ángeles
Dibujan barcos
En los ojos de los náufragos

Pero qué ingeniosos
III
(ejemplo)
Un cálculo de pros y contras
y una inexplicable atracción estética.
Amar es tan difícil como elegir una bicicleta.
                                               (Tanto rojo bajo los parpados. p.11)

La novela PEAJE es el despliegue de una mente atrapada en un trabajo rutinario, la cabina de peaje de una autopista. A una velocidad de vértigo, la que marca el cobro, el protagonista se va dibujando a sí mismo. Cada cliente es un espejo que refleja otro espejo.  El aburrimiento desencadena procesos de observación y asociación, extrapolaciones, enlace de emociones, palabras, recuerdos... Esa mente encerrada es capaz de deducir vidas enteras a partir de muy pocos rasgos. Así, una tras otra, surgen historias de vidas,  historias condensadas.

Tipologías
I
El Negado Competente.
La Perenne Inestable.
El Cultivado Ignorante.
El Sabio Aprendiz.
El Jugador Aburrido.
La Misteriosa Inocua.
El Corrupto Insobornable.
El Bastardo Legítimo.
El Orador Ensimismado.
La Mansa Indomable.
El Afable Impenetrable.
La Salvaje Dócil.
Los Mezquinos Dignos.
El Iluminado Avaro.
El Mesurado Desmedido.
(Diez años...p.9)
                                               

Animales De Presa

trabajar comer dormir
leer cocinar comer
dormir trabajar comer
ver dormir trabajar
imaginar desear resignarse
masturbarse pensar vestir
salir mirar beber
pagar mirar desear
beber mirar hablar
hablar hablar hablar
insistir beber mirar
mirar desear preguntar
disimular hablar insistir
sonreír beber besar
marchar caminar callar
besar caminar llegar
subir entrar encender
mirar besar apagar
desnudar tocar tumbar
chupar tocar lamer
penetrar prometer acabar
descansar fumar hablar
dormir soñar dormir
despertar asustarse desayunar
mentir despedirse olvidar

(Diez años...p.47)
                                                       
Presentaación del libro en la Fundación Caballero Bonald
         El ritmo de la novela y el de la conciencia viene establecido por “Seis cuarenta, por favor”.  Cada “Seis cuarenta, por favor” brota una historia, un mundo. Los recursos utilizados resaltan las acciones. El estilo directo, las frases cortas y los diálogos fugaces nos sumergen en ese mecanismo de la autopista y de la conciencia.  Lo que aparentemente podría desembocar en la banalidad, en lo superficial, dada la rapidez, en realidad conduce a un despliegue libre del sujeto, con sus miedos, odios y miserias. Un despliegue que arroja reflexiones certeras sobre nuestro modo de vida, sobre esta sociedad de la información y del espectáculo.

         La situación no podía estar mejor planteada: un individuo atrapado en un trabajo mecánico, un individuo anulado en una autopista, símbolo del progreso de las comunicaciones.  Y la sinceridad de esa mente atrapada contrasta con la mentira cotidiana a la que estamos sometidos. Cita a Truman Capote: “Qué lástima tener que mentir continuamente por casi cualquier cosa que hacemos.”

         Las vidas que pasan delante del protagonista, su propia vida, son vidas aún abiertas. Para matar el tiempo, su tiempo, su vida, el protagonista lee y recorta necrológicas, vidas cerradas, se supone que con sentido. Ese contraste entre lo acabado y lo que es mero proyecto describe muy bien la esencia del individuo moderno.

Al mismo tiempo que leía esta novela de Julio también estaba leyendo los escritos de Marcel Duchamp.  Nos dice este artista que el espectador, el receptor, completa el proceso creativo. Cuando leemos una obra o contemplamos un cuadro vamos completando esa creación. Quizás podemos interpretar las vidas como creaciones también. El protagonista lee las necrológicas de personajes ilustres y las recrea, las reconstruye, las interpreta. Al final vemos que también esas vidas siguen abiertas. Nuestras acciones son acciones porque otros las piensan, les dan sentido. Incluso después de muertos seguimos viviendo en esas interpretaciones. La inmortalidad que busca el artista consiste en dejar muchas huellas, muchos indicios, para que sean interpretados de infinitas formas y así seguir existiendo.

         Julio de la Rosa nos cuenta muchas historias. Hay historias de amor, sexo, odio... Y aparecen muchos personajes (hasta nuestro Papa, digno Papa. Es el colmo, el único que dimite en esta sociedad es el infalible, el que no se equivoca... En marzo tendrá que salir la segunda edición corregida) los que la vida arroja a una autopista y a una imaginación desbordante. Hay humor ácido. Hay ironía y hay tristezas. El “Seis cuarenta, por favor.” es el estribillo de una canción muy larga, estilo Bob Dylan, en la que alguien con una guitarra al lado de una carretera va desgranando vidas, la mayoría deprimentes.  Poesía, música, relatos...la esencia de los trovadores de siempre. Las palabras “Seis cuarenta, por favor” como otro instrumento de percusión...

“La música no se puede prohibir. Nadie puede borrar la música del planeta Tierra. Renacerá siempre en cualquier parte, de cualquier modo. Es el único arte inmaterial. La música no está en ninguna parte. Si quemaran todos los instrumentos del mundo, la gente seguiría cantando. Y si les cortaran la lengua a todos los cantores del mundo, aporrearían sus propios cuerpos: tocarían las palmas, golpearían sus piernas. Si les cortaran las manos, golpearían el suelo con sus pies. Habría que extinguir a la raza humana para que desapareciera la música. Y los cuatro capullos que prohibieran la música y extinguieran a todo el mundo, acabarían necesitándola. No se puede vivir en un mundo sin música. Es el verdadero contacto con el más allá. La única religión verdadera. Las demás son, exclusivamente, instrumentos de manipulación.
Instrumentos, ja.
—Seis cuarenta, por favor.”  (p.104)

El protagonista se enreda, en sus pensamientos y en las relaciones que establece con sus clientes y compañeros. A través de estos senderos nacen reflexiones sobre la amistad, el trabajo, la música, el sexo, el lenguaje, la religión... Hay una continuidad entre la novela y sus otros libros. Quien lea sus anteriores textos podrá profundizar en estas obsesiones y en estas formas de contar.

Sin embargo, aunque hemos hablado de historias deprimentes, también aparece algún personaje que nos remite a la utopía, a esa mirada humana ajena al valor económico y al prestigio social, la mirada de esa persona desconocida, ingenua, que nos dice adiós desde el otro lado.
               
DE LA ROSA, Julio. (Jerez de la Frontera, 1972).
Estudios de Comunicación Audiovisual.
Ha vivido en New York, Manchester, Estambul, Barcelona, Granada, y Madrid
Grupos "El Hombre burbuja" y  proyecto "Fantasma #3".
Solitario:
"Las Leyes del Equilibrio"  2006
"M.O.S." 2004
“El espectador” 2008
“La herida Universal” 2010
“Pequeños trastornos sin importancia” 2013
Bandas sonoras del cine español:  Siete vírgenes, After y Grupo 7.
Series: T.V:  El síndrome de Ulises. Documentales...

 Como escritor anteriormente ha publicado dos libros de poemas y prosas breves -Tanto rojo bajo los párpados (Chorrito del Sur, 2006) y Diez años foca en un circo (Chorrito de Plata, 2008)-, un tercero de poesía en colaboración con Adriana Schlitter Kausch -Vacaciones (Ultramarina, 2011)-. 

JUSTICIA Y PAZ

EXIGENCIAS DE LA RAZÓN


·      ¿Cuántos tipos de violencia hay en nuestra sociedad?

       Podemos definir la violencia de este modo: cualquier tipo de acción que impone por la fuerza algo a alguien. En nuestras sociedades la violencia puede ser física, psicológica y social.           

       Cuando hay un atentado y muere alguien, cuando un soldado mata a otro, cuando un avión bombardea una ciudad y muere gente inocente, cuando la policía disuelve una manifestación a golpes, cuando golpean a tu madre, cuando un jugador da un puñetazo a otro, etc.; en todos estos casos decimos que hay violencia física.           
      Cuando vives en un entorno autoritario y deciden por ti, cuando te asedian con publicidad agresiva, cuando controlan tu conducta con métodos sofisticados, cuando no te escuchan, cuando te menosprecian, cuando anulan tu voluntad, cuando no quieren comprender tus sufrimientos, etc.; en todos estos casos decimos que hay violencia psicológica. 
          
       Cuando no tienes trabajo, cuando trabajas y no te pagan lo que mereces, cuando te roban, cuando ves que los que te roban viven repletos de riqueza, cuando te mueres de hambre, cuando ves morir a un niño de hambre, cuando despiden a tu madre, cuando destruyen tu entorno, cuando te imponen modelos económicos, cuando terminan con ecosistemas enteros, especies, culturas, etc.; en todos estos casos hablamos de violencia social.

·      ¿Qué paz debemos buscar?

            Paz y justicia social son dos conceptos inseparables. Buscar la paz sin eliminar todas las condiciones de injusticia social que hay en el mundo es no querer la paz. Desde la razón debemos exigir que realmente todos los seres humanos seamos tratados como iguales. Desde la razón debemos exigir que todos los seres humanos seamos escuchados en todos los centros de toma de decisiones, que todos los ciudadanos puedan participar en un diálogo simétrico y racional donde expresen con libertad todas sus necesidades. Desde la razón debemos exigir que desaparezca cualquier tipo de explotación. Desde la razón debemos exigir que haya una verdadera distribución igualitaria de las riquezas. Si no se cumplen estas condiciones, cualquier tipo de paz será una violencia encubierta en favor de los privilegiados.

domingo, 24 de agosto de 2014

UTOPÍA DEL SILENCIO


Lo que sé de arte 1 
EL ARTE ES TÓXICO


ADVERTENCIA: Nadie debería comerse una pintura. Imaginen que hay un cuadro delante de sus ojos, un cuadro con uvas, verdes, frescas y brillantes. No deben comer esas uvas, por muy reales que parezcan. Tampoco el vino, rojo y fresco, con esos destellos, les conviene. En cuanto muerdan el lienzo notarán que no son uvas. Si mastican la tela con todos sus pigmentos luego sentirán grandes dolores de estómago. Y diarrea, mucha diarrea.

Tarde o temprano todo artista sabe que es imposible pintar la realidad. Lo sabe el día en que se ve a sí mismo pintando un cuadro estilo Borges, bueno, estilo cuento de Borges. Se ve pintando un cuadro que es la realidad misma.

Ese es el día en que el pintor prueba su cuadro. Se lo come y se intoxica. Si sale vivo de esa ingesta, promete no volver a pintar la realidad.

No siempre hay que comer el cuadro. A veces es el espectador el que digiere la obra del artista, con el universo real dentro. Hay espectadores para todo. Pero los que no se hartan de realidad y huyen de cualquier advertencia, ésos, son los más peligrosos.

Tarde o temprano todo artista echa de menos un manual de instrucciones para digerir su propia obra, con su universo real. En las academias se olvida esta parte.





Lo que sé de arte 2
 JAMÁS PREGUNTEN AL ARTISTA


Cuando pregunten al artista les dirá que no sabe nada de nada.
Cuando pregunten al artista les dirá que él ni siquiera estaba allí.
Cuando pregunten al artista quizás padezca sordera.
Cuando pregunten al artista no olviden aprender antes chino.
Cuando pregunten al artista sonrían todo lo que puedan.

En lugar de preguntar al artista hay que asustarlo, odiarlo, envidiarlo, mirarlo de reojo, intimidarlo, perdonarlo, alabarlo, olvidarlo, encarcelarlo, incinerarlo, invitarlo, embalarlo, encuadrarlo, mimarlo, peinarlo, …

(Todo esto no nos acercará más a la obra de arte…)

Contexto 1: Manuel del Valle es el que pregunta cuando está en su estudio.

Contexto 2: Manuel del Valle es el que pregunta cuando no está en el estudio.

        
         Del mismo modo que la filosofía plantea preguntas radicales, aquellas que carecen de respuesta, en las obras de Manuel del Valle encontramos preguntas radicales. En el arte, las preguntas radicales se muestran: no son explícitas. Incluso cuando hay una pregunta clara, suele ser la máscara de otra pregunta esencial.

         (Las obras de arte son estratos de interrogación.)

         Manolo del Valle te pregunta constantemente.

         Te obliga a pensar.
         Te obliga a no aburrirte.
         Te obliga a excavar.

         Sus obras son preguntas que abren senderos difíciles de seguir porque generan nuevos espacios de posibilidades. 





Lo que sé de arte 3
 HUIR DEL ABURRIMIENTO CON ESTILO


Huir del aburrimiento quizás sea una tarea ridícula. Sabemos que fracasaremos. Todo el mundo fracasa en esa noble tarea.

Habrá que idear una estrategia: construir una trampa perfecta para el maldito aburrimiento.

Debemos fingir que estamos muy aburridos porque el aburrimiento prefiere a los que aparentan divertirse.

Debemos reciclar el aburrimiento y hacer fermentar los detritos. Necesitamos una vida en la periferia de la sociedad del espectáculo, una vida en la que pueda fermentar el detritus y generar otras perspectivas. En el desperdicio, lo que no consume la masa, está lo mejor, la sustancia.


Leemos en Principios de Estratigrafía Postmoderna, obra de Max Zoster:

Estrato 1

Contacto con el mundo. Sólo los niños tienen la ingenuidad necesaria para tratar con las sombras, las esquinas, los bordes y los pliegues.
        
Estrato 2

Ver orden en nuestro contacto con el mundo. Sólo los jóvenes se atreven a elaborar leyes sobre cómo nos impactan esas sombras, esquinas, bordes y pliegues.

Estrato 3

Saber que todo es un juego y que todo podría ser de otra forma. Sólo los viejos saben que conviene ser prudente al elegir el juego y que no hay juego fuera del arte.



                                                                                

  
Lo que sé de arte 4 
DILUIR EL RUIDO O LA UTOPÍA DEL SILENCIO


Habitar entre los pliegues de la realidad, ésa es la vida del artista. Ver la realidad desde sus grietas y transparencias. Verlo todo como si estuviésemos escondidos de todo, de nosotros mismos y de nuestras palabras.


Retirarnos para dejar espacio a esas posibilidades que anulamos con nuestra pesada presencia y saber que es una tarea inútil. Escribir para huir; pintar para esconderse. No hay mejor forma de desaparecer. Dibujar para buscar los pliegues de la realidad, del sentido.

El artista huye del horizonte plano. Desea habitar los pliegues del espacio, porque rezuman silencio. Y explora los estratos del miedo, aquellas cavidades olvidadas por la sociedad del desperdicio, por la sociedad del espectáculo.

Sabe el artista que su tarea es innecesaria. Nadie necesita al artista. Nadie desea retirarse para ocultarse entre las sombras de la inteligencia. Nadie anhela los espacios del silencio porque el ruidoso desperdicio nos obnubila.

Quizás, después de recorrer todos esos estratos del miedo, el artista pueda rescatar al ciudadano de las garras de ese terrible aburrimiento diseñado por los civilizados.