Hay mucha labor, demasiada labor: destejer lo que ayer estuvimos tejiendo con tanta ilusión y hoy nos parece lo más horrible del mundo. Hay mucho trabajo por delante: desmenuzar las osadas palabras arrojadas al viento con tanta insolencia. Hay mucha faena para mañana: borrar los insulsos senderos que abrimos entre la maleza sin pensar cada pisada. Tenemos una tarea infinita: soportar nuestros hábitos corroídos por el aburrimiento. Empecemos la revolución: que nuestras miradas sean inteligentes y nuestros gestos atrevidos. Hay una gran labor: desmontar las instalaciones de nuestro yo y observar la llanura, el hermoso erial. Y no olvidemos escuchar, porque la utopía del silencio no es una tarea menor. Hay tantas tareas: olvidémonos de nuestras proezas, porque arruinan cualquier impulso creativo. Tareas muy complicadas nos quedan: observar como si nadie observara y huir de la pesada carga de nuestras grandes hazañas. Cuánto trabajo por delante, cuánta revolución pendiente: roer nuestra sombra hasta desgastarla para así poder empezar de nuevo y no aburrirnos con los pliegues acartonados de nuestro ser.
martes, 30 de septiembre de 2014
lunes, 22 de septiembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXVII: FORTALEZAS
Sabe el roedor que es fácil construir castillos en el aire. Es tan fácil... Hay fortalezas en los cielos, grandes conjuntos de fortalezas. Y por las torres asoman bravos caballeros para animarse unos a otros y corroborar que todos esos castillos son reales. Y ejecutan al que lo niega. O lo destierran. Son castillos tan sólidos que parecen necesarios, inmutables. Los nobles caballeros nunca bajan a tierra porque en los cielos están los suyos, los iguales, los que les reconocen su linaje. Es una vulgaridad descender. Los de abajo no saben reconocer a los nobles de los castillos. Y los castillos son cada vez más altos y enrevesados. El roedor mira hacia arriba y siente pereza. ¡Tantas escaleras! Prefiere quedarse con los vasallos, los remolones, los que viven en oscuras guaridas y se entretienen con las sombras. ¡Cuántas escaleras! Y los nobles de los castillos aéreos, cuando oyen algún ruido, echan aceite hirviendo para acabar con esos malditos roedores escépticos. Y montan grandes fiestas donde lucen sus condecoraciones, las que se dan entre sí. Y hablan de sus muros como si fueran reales, de sus castillos, de sus fortalezas. Ni los roedores ni los vasallos entienden la lógica que gobierna esas fortalezas. ¡Tantas escaleras!
viernes, 19 de septiembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXVI: SE ENREDÓ.
Llegó el Gran Legislador y pronunció la palabra Educación. Y se enredó. Se enredó tanto que se olvidó de todo. Se olvidó de las palabras, de los deseos, de las miradas y de los miedos. El Gran Legislador se enredó miserablemente y se olvidó de casi todo. Pobre Legislador. Se enzarzó en discusiones miserables y perdió el tiempo en encajes de bolillos. Triste Legislador. Se olvidó de las preguntas y de las risas. ¿Cómo se pudo olvidar de la ilusión? Pero se enredó con los cables de las nuevas máquinas, con las pantallas táctiles. Y arrinconó la simple palabra y el deseo de saber. El Gran Legislador se ofuscó con las estadísticas y se olvidó del que habla cada mañana, del que pregunta, del que escribe, del que imagina y crea. Pobre Legislador. Es tan sencillo recordar el arte de enseñar... No sabe el roedor cómo ha podido ocurrir esa catástrofe. ¿Serán las pisadas de los dinosaurios otra vez? Menos mal que el roedor sabe disfrutar de ese trozo de queso olvidado en una esquina. Y lo roe despacio, recordando a los que crearon nuevos senderos de libertad con la palabra y el lápiz. Roerá todas las mañanas sin que los dinosaurios se enteren y tejerá más senderos de palabras por los que huir con estilo...
jueves, 11 de septiembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXV: PERDAMOS EL MUNDO.
¡Perdamos el mundo, entero, con su luz, con sus escombreras, con sus buenas intenciones, con sus calles, con sus ciudades, con sus meandros! No es tan difícil. Perdamos el mundo como si fuésemos a construir otro diferente. Perdámoslo todo. Perdamos las ciudades y sus ingenuidades. Busquemos a los perdidos, a los que dan todo por perdido y aprendamos de ellos. No nos hace falta nada más. Hay demasiada realidad. Perdamos el universo. Sigamos el rastro de los pinceles, porque en los pinceles está todo. Pero perdamos todo lo demás, todo lo que nos aburre: los grandes discursos, las promesas raras, los arrepentimientos de media tarde, los juicios severos, las estadísticas certeras... Perdamos el sentido de la realidad, de esa realidad. Sólo queremos perder. Perdamos lo que no nos merecemos, lo que no entendemos, lo que jamás comprenderemos. Perdamos las casas, las ciudades, los sillones, las ingenuidades de media noche. Si lo perdemos todo, al menos, nos quedará el rastro errante del pincel dionisíaco.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXIV: LA SUERTE.
¡Qué suerte tienen los artistas! Diseñan mundos paralelos a su antojo, mundos extraños. ¡Qué suerte tienen! Y huyen a través del espejo. Y te dejan mirando tu reflejo sin misericordia. Tienen mucha suerte. Porque los espejos los inventaron ellos: buscaban puertas y crearon espejos. Un día tras otro huyen y vuelven sobre sí mismos. ¡Qué suerte tienen! Y hablan entre ellos como si se comprendieran. Y resulta que sí, que construyen más realidades y más enrevesadas al juntarse y hablar. ¡Qué suerte tienen los artistas! ¿Están entre nosotros realmente cuando discuten sobre la forma y el color? Lo dudo, porque aprovechan cualquier momento para acelerar, para cambiar de rumbo, para esconderse. Odian los techos. ¡Qué suerte tienen los artistas! Dominan el espacio y el tiempo. Nunca están contigo: no te hagas ilusiones. No tienen misericordia los verdaderos artistas. Y ocultarse entre palabras, lienzos, imágenes, sonidos... Y huir de este miserable aburrimiento que nos reseca por dentro... ¡Qué suerte tienen los artistas!
viernes, 5 de septiembre de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXIII: NOSTALGIA.
¿Quién quiere las palabras? Aturdidos, entre las ramas de este bosque siniestro, buscamos los significados, las conexiones. Nostalgia, misterio del cerebro, recuerdos inventados por un yo miedoso. Una palabra lleva a la otra como una imagen enturbia otra. Pero las deseamos, las perseguimos con ese ahínco humano, desconocido en otras especies. ¿Quién quiere las palabras? No me dejes recordar... No me dejes perderme entre las palabras... Tienen las palabras un barniz que las convierte en lo que no son. Esa fina capa de memoria que nos aterroriza. ¿Quién quiere las palabras? No me dejes olvidar porque sin palabras no soy nada. No me dejes recordar porque con las palabras me hundo en este espacio de mis miedos. ¿Quién quiere las palabras? Nostalgia, trampa mortal de nuestros deseos más profundos, de nuestros días más felices. Sabe el roedor que dominar la nostalgia es la mayor libertad que uno puede alcanzar. Saber que vamos a recordar lo que estamos viviendo con ardor y tristeza. Saber que el instante que vivimos será eterno. Lo viviremos siempre. Ya lo estamos viviendo en ese recuerdo futuro. ¿Quién quiere las palabras?
domingo, 31 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXII: NO PODEMOS
En el sentido físico: no podemos volar, no podemos levantar la Luna con nuestras manos, no podemos acercarnos al Sol sin achicharrarnos, no podemos respirar debajo del agua, no podemos masticar acero, no podemos beber hierro fundido, no podemos romper una catedral a cabezazos, no podemos hundir un buque con nuestro aliento, no podemos peinar el Amazonas con nuestros cepillos, no podemos bebernos el mar Mediterráneo, no podemos engullir un guepardo de un tirón, no podemos contar las hormigas de un hormiguero con los ojos cerrados, no podemos abrazar a Júpiter, no podemos superar la velocidad de la luz...
En el sentido psíquico: no podemos entender a nuestro vecino, no podemos aguantar la televisión, no podemos llorar cuando queremos, no podemos odiar cuando debemos, no podemos reír cuando nos obligan, no podemos resistir la opresión, no podemos aguantar la explotación, no podemos comprender las leyes naturales, no podemos sentir compasión los domingos por la tarde, no podemos soportar las bombas sobre Palestina, no podemos sufrir como un toro de lidia, no podemos ser un termostato, no podemos saber lo que ignoramos...
En el sentido ético: no podemos entender las virtudes clásicas, no podemos ser honestos, no podemos buscar la verdad, no podemos dialogar de forma simétrica, no podemos ser puros, no podemos enfrentarnos a nuestras acciones, no podemos mirar a nuestros gatos a los ojos, no podemos ser autónomos, no podemos ser libres, no podemos ser personas...
En el sentido estético: no podemos ver una obra sin preguntarnos por su significado, no podemos entender el proceso creativo, no podemos cenar con Bacon, no podemos observar al artista sin importunarle con nuestras aburridas preguntas, no podemos comprender a Manolo del Valle, no podemos ser un borracho de Goya, no podemos creer en las posibilidades infinitas de esta horrible realidad...
En el sentido político: no podemos cambiar este sistema que nos abrasa, no podemos desmontar los mecanismos del aburrimiento, no podemos acabar con la miseria, ni con la alienación, no podemos alcanzar la justicia ni la libertad, no podemos leer el BOE antes de acicalarnos, no podemos escribir leyes para los viernes, no podemos repartir la riqueza, no podemos decidir mediante asambleas o consejos obreros, no podemos ser ciudadanos...
PEAJE, DE JULIO DE LA ROSA
En una ocasión le pidieron al filósofo Max Zoster su opinión sobre la crítica
literaria: “La crítica literaria es algo que me parece imposible, un intento
muy digno pero inútil. Imaginen que alguien pinta un cuadro para valorar otro
cuadro... Imaginen que componemos una canción para describir otra canción...”
La
literatura, como todas las artes, nos plantea grandes preguntas, incluso
misterios. Uno de ellos es la creatividad.
Saber lo que significa crear implica
hablar de la esencia de una obra y de la acción humana. A todos nos gustaría
saber por qué hay personas que son más creativas que otras. Son muchas las
causas. Y la respuesta va a llegar a través de la colaboración de las
neurociencias con la estética y la teoría del arte.
Uno de los rasgos que suelen compartir los
grandes creadores es su afán desmedido por experimentar dentro de todos los
géneros. El creador no conoce fronteras. Sus acciones mezclan registros,
categorías y estilos. Avanzamos en el conocimiento, decía el físico Poincaré,
trasladando estructuras de unos campos a otros. En las artes, las analogías,
incluso cuando fracasan, constituyen nuevas experiencias.
Para crear hay que desplazarse
continuamente, hay que transgredir. De aquí se deduce que sea imposible
identificar la obra de un autor con sus textos o sus lienzos.
Estamos hablando de
Julio de la Rosa. Al
recorrer sus senderos literarios y musicales nos damos cuenta de que estamos
ante una persona difícil de atrapar.
Cuando el espectador o el crítico llegan él ya no está...
Amor y Lavadoras
A menudo guardo objetos, en principio inapropiados, en la lavadora.
Esto es: fotos, libros, cables, o incluso herramientas. Al principio era
cuestión de espacio. Un día, por error, lo mezclé con la colada. En realidad,
me divierte ver este tipo de cosas centrifugándose. Hay veces que meto dentro
las fotos de mi última amante, a ver si así desaparece de una vez por todas. Escribo
por el mismo motivo por el que me lavo: porque me lo pide el cuerpo; es
sorprendente cómo un gesto aprendido, el hecho de escribir, puede llegar a
convertirse en instintivo. Con la música es igual, o tocas o te meas encima. Las
manchas de las cosas que amas son las más difíciles de quitar.
(Diez
años Foca en un circo, p.36)
Pero qué ingeniosos
I
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas,
Publicistas, cineastas, coreógrafos,
Modernos anacoretas.
Con qué gracia construyen sus metáforas.
Mejor aún.
Pero qué ingeniosos.
Novelistas, músicos, poetas.
Escriben metáforas repetidas mil veces
Y después, voilá,
Consiguen venderlas.
Pero qué ingeniosos
II
(ejemplo)
Todos los ángeles
Dibujan barcos
En los ojos de los náufragos
Pero qué ingeniosos
III
(ejemplo)
Un cálculo de pros y contras
y una inexplicable atracción estética.
Amar es tan difícil como elegir una bicicleta.
(Tanto rojo bajo
los parpados. p.11)
La novela PEAJE es
el despliegue de una mente atrapada en un trabajo rutinario, la cabina de peaje
de una autopista. A una velocidad de vértigo, la que marca el cobro, el
protagonista se va dibujando a sí mismo. Cada cliente es un espejo que refleja
otro espejo. El aburrimiento desencadena
procesos de observación y asociación, extrapolaciones, enlace de emociones,
palabras, recuerdos... Esa mente encerrada es capaz de deducir vidas enteras a
partir de muy pocos rasgos. Así, una tras otra, surgen historias de vidas, historias condensadas.
Tipologías
I
El Negado Competente.
La Perenne Inestable.
El Cultivado Ignorante.
El Sabio Aprendiz.
El Jugador Aburrido.
La Misteriosa Inocua.
El Corrupto Insobornable.
El Bastardo Legítimo.
El Orador Ensimismado.
La Mansa Indomable.
El Afable Impenetrable.
La Salvaje Dócil.
Los Mezquinos Dignos.
El Iluminado Avaro.
El Mesurado Desmedido.
(Diez años...p.9)
Animales De Presa
trabajar comer dormir
leer cocinar comer
dormir trabajar comer
ver dormir trabajar
imaginar desear resignarse
masturbarse pensar vestir
salir mirar beber
pagar mirar desear
beber mirar hablar
hablar hablar hablar
insistir beber mirar
mirar desear preguntar
disimular hablar insistir
sonreír beber besar
marchar caminar callar
besar caminar llegar
subir entrar encender
mirar besar apagar
desnudar tocar tumbar
chupar tocar lamer
penetrar prometer acabar
descansar fumar hablar
dormir soñar dormir
despertar asustarse desayunar
mentir despedirse olvidar
(Diez años...p.47)
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| Presentaación del libro en la Fundación Caballero Bonald |
La
situación no podía estar mejor planteada: un individuo atrapado en un trabajo
mecánico, un individuo anulado en una autopista, símbolo del progreso de las
comunicaciones. Y la sinceridad de esa
mente atrapada contrasta con la mentira cotidiana a la que estamos sometidos.
Cita a Truman Capote: “Qué lástima
tener que mentir continuamente por casi cualquier cosa que hacemos.”
Las vidas que pasan delante del
protagonista, su propia vida, son vidas aún abiertas. Para matar el tiempo, su
tiempo, su vida, el protagonista lee y recorta necrológicas, vidas cerradas, se
supone que con sentido. Ese contraste entre lo acabado y lo que es mero
proyecto describe muy bien la esencia del individuo moderno.
Al mismo tiempo que
leía esta novela de Julio también estaba leyendo los escritos de Marcel Duchamp. Nos dice este artista que el espectador, el
receptor, completa el proceso creativo. Cuando leemos una obra o contemplamos
un cuadro vamos completando esa creación. Quizás podemos interpretar las vidas
como creaciones también. El protagonista lee las necrológicas de personajes
ilustres y las recrea, las reconstruye, las interpreta. Al final vemos que
también esas vidas siguen abiertas. Nuestras acciones son acciones porque otros
las piensan, les dan sentido. Incluso después de muertos seguimos viviendo en
esas interpretaciones. La inmortalidad que busca el artista consiste en dejar
muchas huellas, muchos indicios, para que sean interpretados de infinitas
formas y así seguir existiendo.
Julio de la Rosa nos cuenta muchas
historias. Hay historias de amor, sexo, odio... Y aparecen muchos personajes
(hasta nuestro Papa, digno Papa. Es el colmo, el único que dimite en esta
sociedad es el infalible, el que no se equivoca... En marzo tendrá que salir la
segunda edición corregida) los que la vida arroja a una autopista y a una
imaginación desbordante. Hay humor ácido. Hay ironía y hay tristezas. El “Seis
cuarenta, por favor.” es el estribillo de una canción muy larga, estilo Bob Dylan, en la que alguien con una
guitarra al lado de una carretera va desgranando vidas, la mayoría
deprimentes. Poesía, música,
relatos...la esencia de los trovadores de siempre. Las palabras “Seis cuarenta,
por favor” como otro instrumento de percusión...
“La música no se puede prohibir. Nadie puede borrar la música del
planeta Tierra. Renacerá siempre en cualquier parte, de cualquier modo. Es el
único arte inmaterial. La música no está en ninguna parte. Si quemaran todos
los instrumentos del mundo, la gente seguiría cantando. Y si les cortaran la
lengua a todos los cantores del mundo, aporrearían sus propios cuerpos: tocarían
las palmas, golpearían sus piernas. Si les cortaran las manos, golpearían el
suelo con sus pies. Habría que extinguir a la raza humana para que
desapareciera la música. Y los cuatro capullos que prohibieran la música y
extinguieran a todo el mundo, acabarían necesitándola. No se puede vivir en un
mundo sin música. Es el verdadero contacto con el más allá. La única religión
verdadera. Las demás son, exclusivamente, instrumentos de manipulación.
Instrumentos, ja.
—Seis cuarenta, por favor.”
(p.104)
El protagonista se
enreda, en sus pensamientos y en las relaciones que establece con sus clientes
y compañeros. A través de estos senderos nacen reflexiones sobre la amistad, el
trabajo, la música, el sexo, el lenguaje, la religión... Hay una continuidad
entre la novela y sus otros libros. Quien lea sus anteriores textos podrá
profundizar en estas obsesiones y en estas formas de contar.
Sin embargo, aunque
hemos hablado de historias deprimentes, también aparece algún personaje que nos
remite a la utopía, a esa mirada humana ajena al valor económico y al prestigio
social, la mirada de esa persona desconocida, ingenua, que nos dice adiós desde
el otro lado.
DE LA ROSA, Julio. (Jerez
de la Frontera, 1972).
Estudios
de Comunicación Audiovisual.
Ha vivido
en New York, Manchester, Estambul, Barcelona, Granada, y Madrid
Grupos
"El Hombre burbuja" y proyecto
"Fantasma #3".
Solitario:
"Las
Leyes del Equilibrio" 2006
"M.O.S."
2004
“El
espectador” 2008
“La
herida Universal” 2010
“Pequeños
trastornos sin importancia” 2013
Bandas
sonoras del cine español: Siete
vírgenes, After y Grupo 7.
Series: T.V: El síndrome de Ulises. Documentales...
Como escritor anteriormente ha publicado dos libros de
poemas y prosas breves -Tanto rojo bajo los párpados (Chorrito del Sur,
2006) y Diez años foca en un circo (Chorrito de Plata, 2008)-, un
tercero de poesía en colaboración con Adriana Schlitter Kausch -Vacaciones (Ultramarina,
2011)-.
JUSTICIA Y PAZ
EXIGENCIAS DE LA RAZÓN
·
¿Cuántos tipos de violencia hay en nuestra
sociedad?
Podemos
definir la violencia de este modo: cualquier tipo de acción que impone por
la fuerza algo a alguien. En nuestras sociedades la violencia puede ser física,
psicológica y social.
Cuando
hay un atentado y muere alguien, cuando un soldado mata a otro, cuando un avión
bombardea una ciudad y muere gente inocente, cuando la policía disuelve una
manifestación a golpes, cuando golpean a tu madre, cuando un jugador da un puñetazo a otro, etc.; en todos
estos casos decimos que hay violencia física.
Cuando
vives en un entorno autoritario y deciden por ti, cuando te asedian con
publicidad agresiva, cuando controlan tu conducta con métodos sofisticados,
cuando no te escuchan, cuando te menosprecian, cuando anulan tu voluntad,
cuando no quieren comprender tus sufrimientos, etc.; en todos estos casos
decimos que hay violencia psicológica.
Cuando
no tienes trabajo, cuando trabajas y no te pagan lo que mereces, cuando te
roban, cuando ves que los que te roban viven repletos de riqueza, cuando te
mueres de hambre, cuando ves morir a un niño de hambre, cuando despiden a tu madre, cuando destruyen tu entorno, cuando te imponen modelos económicos, cuando terminan con ecosistemas enteros,
especies, culturas, etc.; en todos estos casos hablamos de violencia social.
·
¿Qué paz debemos
buscar?
Paz
y justicia social son dos conceptos inseparables. Buscar la paz sin eliminar
todas las condiciones de injusticia social que hay en el mundo es no querer la
paz. Desde la razón debemos exigir que realmente todos los seres humanos seamos
tratados como iguales. Desde la razón debemos exigir que todos los seres
humanos seamos escuchados en todos los centros de toma de decisiones, que todos
los ciudadanos puedan participar en un diálogo simétrico y racional donde
expresen con libertad todas sus necesidades. Desde la razón debemos exigir que
desaparezca cualquier tipo de explotación. Desde la razón debemos exigir que
haya una verdadera distribución igualitaria de las riquezas. Si no se cumplen
estas condiciones, cualquier tipo de paz será una violencia encubierta en favor
de los privilegiados.
domingo, 24 de agosto de 2014
UTOPÍA DEL SILENCIO
Lo que sé de arte 1
EL ARTE ES TÓXICO
ADVERTENCIA: Nadie debería comerse una pintura.
Imaginen que hay un cuadro delante de sus ojos, un cuadro con uvas, verdes, frescas
y brillantes. No deben comer esas uvas, por muy reales que parezcan. Tampoco el
vino, rojo y fresco, con esos destellos, les conviene. En cuanto muerdan el
lienzo notarán que no son uvas. Si mastican la tela con todos sus pigmentos
luego sentirán grandes dolores de estómago. Y diarrea, mucha diarrea.
Tarde o temprano todo artista sabe que es
imposible pintar la realidad. Lo sabe el día en que se ve a sí mismo pintando
un cuadro estilo Borges, bueno, estilo cuento de Borges. Se ve pintando un
cuadro que es la realidad misma.
Ese es el día en que el pintor prueba su cuadro.
Se lo come y se intoxica. Si sale vivo de esa ingesta, promete no volver a
pintar la realidad.
No siempre hay que comer el cuadro. A veces es el
espectador el que digiere la obra del artista, con el universo real dentro. Hay
espectadores para todo. Pero los que no se hartan de realidad y huyen de
cualquier advertencia, ésos, son los más peligrosos.
Tarde o temprano todo artista echa de menos un
manual de instrucciones para digerir su propia obra, con su universo real. En
las academias se olvida esta parte.
Lo que sé de arte 2
JAMÁS PREGUNTEN AL ARTISTA
Cuando pregunten al artista les dirá que no sabe nada de
nada.
Cuando pregunten al artista les dirá que él ni siquiera
estaba allí.
Cuando pregunten al artista quizás padezca sordera.
Cuando pregunten al artista no olviden aprender antes
chino.
Cuando pregunten al artista sonrían todo lo que puedan.
En lugar de
preguntar al artista hay que asustarlo, odiarlo, envidiarlo, mirarlo de reojo,
intimidarlo, perdonarlo, alabarlo, olvidarlo, encarcelarlo, incinerarlo, invitarlo, embalarlo,
encuadrarlo, mimarlo, peinarlo, …
(Todo esto no nos acercará más a la obra de
arte…)
Contexto 1: Manuel del Valle es el que pregunta cuando
está en su estudio.
Contexto 2: Manuel del Valle es el que pregunta cuando no
está en el estudio.
Del mismo
modo que la filosofía plantea preguntas radicales, aquellas que carecen de
respuesta, en las obras de Manuel del Valle encontramos preguntas radicales. En
el arte, las preguntas radicales se muestran: no son explícitas. Incluso cuando
hay una pregunta clara, suele ser la máscara de otra pregunta esencial.
(Las obras de arte son estratos de
interrogación.)
Manolo del
Valle te pregunta constantemente.
Te obliga a
pensar.
Te obliga a
no aburrirte.
Te obliga a
excavar.
Sus obras
son preguntas que abren senderos difíciles de seguir porque generan nuevos
espacios de posibilidades.
Lo que sé de arte 3
HUIR DEL ABURRIMIENTO CON ESTILO
Huir del
aburrimiento quizás sea una tarea ridícula. Sabemos que fracasaremos. Todo el
mundo fracasa en esa noble tarea.
Habrá que idear
una estrategia: construir una trampa perfecta para el maldito aburrimiento.
Debemos fingir que
estamos muy aburridos porque el aburrimiento prefiere a los que aparentan
divertirse.
Debemos reciclar
el aburrimiento y hacer fermentar los detritos. Necesitamos una vida en la
periferia de la sociedad del espectáculo, una vida en la que pueda fermentar el
detritus y generar otras perspectivas. En el desperdicio, lo que no consume la
masa, está lo mejor, la sustancia.
Leemos en Principios
de Estratigrafía Postmoderna, obra de Max Zoster:
Estrato 1
Contacto con el
mundo. Sólo los niños tienen la ingenuidad necesaria para tratar con las
sombras, las esquinas, los bordes y los pliegues.
Estrato 2
Ver orden en
nuestro contacto con el mundo. Sólo los jóvenes se atreven a elaborar leyes
sobre cómo nos impactan esas sombras, esquinas, bordes y pliegues.
Estrato 3
Saber que todo es
un juego y que todo podría ser de otra forma. Sólo los viejos saben que
conviene ser prudente al elegir el juego y que no hay juego fuera del arte.
Lo que sé de arte 4
DILUIR EL RUIDO O
LA UTOPÍA DEL SILENCIO
Habitar entre los
pliegues de la realidad, ésa es la vida del artista. Ver la realidad desde sus
grietas y transparencias. Verlo todo como si estuviésemos escondidos de todo,
de nosotros mismos y de nuestras palabras.
Retirarnos para
dejar espacio a esas posibilidades que anulamos con nuestra pesada presencia y
saber que es una tarea inútil. Escribir para huir; pintar para esconderse. No
hay mejor forma de desaparecer. Dibujar para buscar los pliegues de la
realidad, del sentido.
El artista huye
del horizonte plano. Desea habitar los pliegues del espacio, porque rezuman
silencio. Y explora los estratos del miedo, aquellas cavidades olvidadas por la
sociedad del desperdicio, por la sociedad del espectáculo.
Sabe el artista
que su tarea es innecesaria. Nadie necesita al artista. Nadie desea retirarse
para ocultarse entre las sombras de la inteligencia. Nadie anhela los espacios
del silencio porque el ruidoso desperdicio nos obnubila.
Quizás, después de
recorrer todos esos estratos del miedo, el artista pueda rescatar al ciudadano
de las garras de ese terrible aburrimiento diseñado por los civilizados.
jueves, 21 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XXI: LAS CASAS
Entra el roedor por los agujeros de las casas. Y se come el queso de las despensas. No sólo el queso. También devora hasta las hojas de los periódicos atrasados. Es su casa. Para el roedor no hay límites nítidos. Todas las fronteras son difusas. Recorre todos los pasillos y husmea todos los huecos hasta que da con la biblioteca. No respeta los libros. Devora los diccionarios y enciclopedias. Para el roedor es una delicia roer los libros de arte. A veces se atraganta porque se come el queso de los bodegones con demasiada ansiedad. Pero corretea como un loco ante los retratos de Bacon. No respeta nada el maldito roedor. Roe la enciclopedia y busca el significado de propiedad privada. El maldito roedor no entiende nada porque roe antes de leer y lo destroza todo. En la biblioteca no corre peligro. Tardan en entrar y darse cuenta de sus fechorías. La despensa es otra historia. Por el salón cruza bailando mientras los bípedos implumes miran petrificados hacia la caja de luz. En esos momentos el roedor se siente poderoso y libre. Sabe que la despensa está a su disposición. Pero no abusa el roedor. Contempla con tristeza la vida de los bípedos implumes. Siente lástima por su quietud. Están paralizados. Entonces el roedor corre hacia la biblioteca y, de rabia, porque ni siquiera le persiguen a escobazos, roe una revista de moda.
martes, 19 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XX: LOS CUERPOS
Quien confunda el saber con el esperar o el desear está perdido. Somos materia, bella, compleja materia, pero materia sólo, que ya es bastante. Quarks, protones, neutrones, electrones, átomos, moléculas, células, tejidos, órganos... Quien desee otras realidades para combatir el miedo que nos asedia... Esperar, podemos esperar, desear, podemos desear, imaginar, podemos imaginar... El roedor sólo tiene constancia de su cuerpo, de otros cuerpos, de la maleza y de los cuerpos pesados de los dinosaurios. Los senderos materiales son los únicos senderos transitables. Teme el roedor que los mundos imaginados por los dinosaurios sólo sean otra forma de aplastarnos con el consuelo y el cuento fácil. Los malditos roedores sólo corretean entre trozos de madera, entre el barro y los excrementos. Pero de vez en cuando trepan por un árbol y contemplan hermosos horizontes inalcanzables. Y de vez en cuando transitan por los senderos del placer... Quiere el roedor que las ciencias y las artes nos abran nuevos senderos vitales, nuevas formas de acabar con el aburrimiento y la desidia. Sólo las artes y las ciencias pueden ayudarnos a combatir el tedio que nos proporcionan los dinosaurios. Quien confunda el saber con el esperar o el desear está perdido.
sábado, 16 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XIX: LAS BODAS
Sabe el roedor que no hay escapatoria y que todo intento de huida es un esfuerzo inútil. Pero sabe que su cuerpo es diminuto, insignificante, y que las redes son, sobre todo, huecos inmensos. Ni la red más fina es perfecta. Como huir es una forma de vida, el roedor no insiste en dar lecciones. Huir es una cuestión de estilo. Hay que huir con estilo. Ni el gran Estado ni la gran Iglesia saben qué hacer con los malditos roedores. Y eso es muy bueno para el roedor. Se conforma con un correteo pacífico entre los toneles. Sabe el roedor que la felicidad de otros organismos puede ser muy diferente a la suya. Hay organismos que adoran todo tipo de trampas, todo tipo de redes. Al roedor no le importa, sólo quiere que le dejen corretear entre esos toneles de oloroso. Lo único que teme el roedor es que todo ese aburrimiento concentrado arruine su cerebro y comience a pensar en cosas extrañas y horribles. Sólo teme que la estética de los usos sociales paralice su capacidad de abrir nuevos senderos y termine agotado. Todo puede ocurrir, porque la maquinaria del gran Estado-Iglesia lleva muchos siglos ensayando, probando. Sabe el roedor que es difícil escapar del gran laboratorio. Con las cadenas del lenguaje no hay quien pueda. Esa es la gran obra de la maquinaria infernal. Por eso todas las ceremonias son un magma de palabras viscosas, horribles, atrayentes, sensiblonas, aturdidoras, embelesantes, melosas, ñoñas, eclesiásticas, legales, tiernas, tramposas, viles, infames, podridas, hipócritas y sádicas.
martes, 12 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XVIII: PARTICIPAR
Hubo asamblea de roedores, miles de roedores diferentes. Todos corrían felices y libres de un lado a otro. Fue un excelente caos. Nadie se acordó del cascabel, ni del gato, ni de los terribles dinosaurios.
lunes, 11 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XVII : DUDAR
La lechuza cree tener una visión completa del bosque y del pueblo. Lo sabe todo. Como sale de noche, cree que su mundo oscuro y empobrecido es el mundo. Cree conocer todos los rincones del bosque y todas las cornisas del pueblo. Sale de noche y cree que es el único ser vivo grande. Tanta sabiduría es insoportable. Mientras, el roedor duda. Nunca sabe qué camino elegir. Porque los senderos son diversos, difusos, enrevesados y sembrados de incertidumbre. Mientras la lechuza domina el cielo y cree tener un mapa de todo lo existente, el roedor corretea, vuelve sobre sus pisadas y construye otro tipo de mapa, ceñido al detalle y a su posición. Dudar es desplazarse, diluirse entre conceptos, emociones y experiencias. No se trata de una falsa duda, como la que exhibe la lechuza para mostrar el origen de su mapa, de su gran mapa, válido ya para siempre porque es el mapa, el mapa de la razón. Tanto el vuelo certero de la lechuza como la pisada demoledora del dinosaurio son ajenos a la duda radical del roedor. No saber lo que va a hacer el roedor los desconcierta. Si la red de conceptos que utilizan ya no sirve, deberán diseñar otra más fina. Pero ni el vuelo certero ni la pisada demoledora pueden ganar en precisión. Incertidumbre. ¿Dejará de dudar alguna vez el maldito roedor? ¿Cómo puede vivir en ese estado de angustia tan tremendo? No lo hará nunca, aunque lo duda. Dudar implica dar vueltas y más vueltas, girar y girar, avanzar y retroceder. Dudar es pensar. Pensar es dudar. Roer el sistema no significa arruinar el pensamiento, nada de eso. Roer es el pensamiento. Los sistemas definitivos de conceptos son ajenos al pensamiento filosófico, científico o artístico. Tampoco conduce la duda a la parálisis del roedor. Más bien lo excita, lo anima a seguir creando senderos. Saber que todo es provisional, que todo juicio es provisional, que toda tesis es un tanteo, que todo esquema es sólo una posibilidad, que toda mirada es sólo una mirada, que cada idea alumbra a otra idea, que toda reflexión es infinita, que toda experiencia arruina alguna certidumbre...
domingo, 3 de agosto de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XVI: CORRER EN EL EXILIO
El corredor avanza con su voluntad, con todo su cuerpo. Porque el cuerpo es la voluntad. Todo el cuerpo es la voluntad. En los tejidos, en las células, habitan nuestros deseos, todos los deseos. Con la piel también abrimos senderos. Queremos con lo que somos, hasta con la sombra que perseguimos con cada zancada. En las afueras de uno mismo es donde hallamos la comprensión, donde todo se difumina. Corremos. Buscamos la zona difusa de nuestros deseos. Y sabemos que es una huida. Pero el corredor no teme huir. Sabe huir. Y en la huida es capaz de resolver cualquier enigma matemático o artístico. Correr y pensar en el exilio, fuera de uno mismo. El estilo del corredor es el estilo de su pensamiento, de su vida. Zátopek atrae las miradas de los humanos, con su gesto. Turing atrae los odios de los miserables. Sus senderos siguen con nosotros y nos proporcionan nuevas formas de pensar la vida y la inteligencia. Intentaron robarles el código secreto de la dignidad, sin éxito. Los roedores corretean entre las grandes patas de los dinosaurios y huyen con estilo.
jueves, 31 de julio de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XV: PASEAR
Es el momento de recorrer los campos, las montañas y las playas. Nadie saldrá ileso de este recorrido, nadie que observe y piense. El camino nos acerca a lo que somos, lo que somos como civilización. Nadie puede volver sin heridas de ese paseo, nadie que huya de las pisadas de los dinosaurios. No vamos a volver indemnes de un recorrido por las tierras que nos rodean, porque encontraremos las huellas de esas grandes bestias que todo lo devoran. Saldremos con los ojos limpios y volveremos con los restos de nuestra civilización entre las pestañas. Es el tiempo de recorrer senderos y de huir por ellos para terminar hallando el rastro del monstruo que todo lo exprime. A nuestra izquierda, un muro de hormigón para cerrar el paso a las aguas de la montaña. A nuestra derecha, un hoyo profundo, pero al aire, de donde traemos piedras negras. Son grandes pisadas, capaces de aniquilar el espacio de los pequeños roedores. Es el momento de salir de las cuevas y ver de dónde sale lo que devoramos. Encontraremos los restos de nuestro bienestar y los restos de nuestra dignidad. El descanso de nuestros cuerpos, a través de los paseos, nos impregnará de desaliento. Veremos paisajes horribles, toneladas de plásticos, hormigón, suciedad, y desidia. Es el momento de salir y observar. Que nadie dude. Seremos conscientes, si no nos interrumpen los mensajes, de lo que deseamos ser. Será un instante de autoconciencia.
lunes, 21 de julio de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XIV: MÍMESIS
Sabe el filósofo que en la sociedad del espectáculo mimetizarse es una forma de resistencia. Quieren los poderosos que el pensamiento crítico se convierta también en espectáculo, en circo. Les encanta poder convertir los gritos en marcas y la ideas en logotipos. Huir del espectáculo sin dejar de roer los cables del sistema, ésa es la única forma de resistencia. El artista tiene que parecer un artista. El escritor tiene que parecer un escritor. Mientras los productores del espectáculo confían en el control de todas sus imágenes, el artista mordisquea los cables delante de sus cámaras. Mira el productor de imágenes y sólo ve sus imágenes, sus títeres. Mira el roedor y sólo ve formas de llegar a los enchufes y al transformador. Mientras los artistas oficiales duplican el mundo para ser doblemente dominado, el roedor envía mensajes ocultos con instrucciones sobre la infraestructura eléctrica del sistema. El roedor nunca se va, sólo se diluye entre las grietas olvidadas por los amigos del hormigón. El roedor nunca tiene prisa porque sabe que hay muchos cables, demasiados. Y roerlos todos va a ser una tarea infinita.
miércoles, 9 de julio de 2014
ÉTICA DE ROEDORES XIII: RUINOSO MECANISMO DE PENSAR.
Sabe el filósofo que es imposible escapar de esta maquinaria infernal, de este ruinoso mecanismo de pensar, como lo sabían Hölderlin, Thomas Bernhard, Nietzsche, Wittgenstein... Pensar siempre ha sido una ruina, para uno mismo y los demás. Los Estados nos protegen de esa degradación interna ofreciéndonos tedio y aburrimiento sin piedad. El tedio paraliza este mecanismo. Lo va frenando. Menos mal que el Estado sabe lo que es ruina y decrepitud. Menos mal que aplica todo el saber acumulado en esa tarea: paralizar nuestra ruina interna. Porque pensar nunca ha traído nada bueno. Produce inestabilidad y desasosiego entre los consumidores. Y el consumidor ha de estar tranquilo y no dudar, jamás dudar. Este ruinoso mecanismo ha de ser estudiado por las instituciones; ha de ser medido; ha de ser calibrado; ha de ser cartografiado; ha de ser liquidado; ha de ser manipulado. Todas las artes y todas las ciencias están al servicio de un Estado que, obsesionado por aburrir a las masas, se destruye a sí mismo. Nada bueno viene del pensamiento. Nada bueno. Que las novelas sean lineales. Que los cuadros tengan sentido. Que los artistas no hablen latín. Que los músicos repitan un estribillo. Que los poetas rimen. Que todo cuadre desde el principio. Este ruinoso mecanismo de pensar podría conducirnos a la política. Nos transformará en seres radicales que desearán participar y hablar. Nada de eso es bueno. Tarde o temprano los artistas y los filósofos acaban en la demencia más horrible. Y cabe la posibilidad de que sea una demencia divertida...
martes, 17 de junio de 2014
MEMENTO MORI
Entre las líneas del
libro de Max Zoster aparece un fragmento inquietante: “En las librerías olvidamos que vamos a morir”. Quiero levantar la vista de las palabras y me
doy cuenta de dónde estoy. Voy conduciendo por la Ruta de la Plata. En la radio
hay un concurso sobre frases en latín: “¿Qué
frase repetía el sirviente al general que entraba triunfante en Roma después de
una campaña victoriosa?”. Me propongo participar y enviar la respuesta.
Cuando llego a casa, ya por la noche y muy cansado, busco en la página web de
la cadena de radio y no soy capaz de encontrar ni el programa ni el concurso.
Utilizo el buscador de la página y encuentro otro certamen de microrrelatos. Me
llama la atención lo extraño del premio: cien libros en papel. Entonces pienso
que el premio puede ser una condena para muchos. Nadie participará en el
concurso. Ya me veo ganador, coronado con el laurel... ¿Quién va a querer llenar
su casa con cien objetos pesados pudiendo tener toda esa información con un solo
clic? Debido al cansancio, doy una cabezada frente a la pantalla. Max Zoster me
susurra: “Lee y olvida que vas a morir”.
martes, 10 de junio de 2014
ESTILOS MATEMÁTICOS
En los libros de texto de matemáticas encontramos alguna
referencia a su historia, algún cuadro biográfico que nos explica quién fue el
descubridor de tal o cual método o alguna curiosidad sobre cómo nació un
determinado problema. Más raro es que aparezcan mencionadas las discusiones
teóricas que genera la praxis matemática. Los libros de texto no pueden abarcar
todas estas dimensiones. Aunque algunos explican los tipos de demostraciones y
los procedimientos lógicos básicos, deben ceñirse a la exposición de las
nociones centrales y a la resolución de ejercicios.
La
matemática es mucho más que un conjunto de problemas y de métodos. Es
pensamiento, creación de conceptos. Si nos adentramos en la praxis matemática,
no sólo hallamos rutinas operatorias, algoritmos o demostraciones formales. La
filosofía de la matemática y la historia del pensamiento matemático nos pueden
acercar a la complejidad de su contexto epistémico y social. Javier de Lorenzo,
matemático y catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad
de Valladolid, ha dedicado varias obras a esa tarea. Acaba de publicar en la
editorial Nivola (2014) el libro “Estilos matemáticos en los inicios del siglo
XX.”
La
filosofía de la matemática, según el autor, sólo la pueden llevar a cabo los
matemáticos, porque sólo ellos pueden conocer la dinámica real, concreta, de la
que brotan las verdaderas encrucijadas conceptuales. Para Javier de Lorenzo el
Hacer matemático es sobre todo una praxis creativa y plural:
“(…) el
Hacer matemático no está dado de una vez y para siempre, no se encuentra en un
mundo que nadie sabe muy bien cómo es y cómo se accede al mismo: los
matemáticos en su trabajo, van creando nuevas formas de hacer matemática
elaborando nuevos conceptos, nuevos métodos de definición, nuevas formas de
demostración y de razonamiento, manifestando nuevos estilos expresivos…”
A finales
del siglo XIX y principios del XX dialogan dos formas de hacer matemática, dos
Programas-marco. Se pasa de un Hacer Figural, finitista y constructivo, a un
Hacer Global, conjuntista y existencial. Y es en los Congresos Internacionales
de Matemáticos donde se hacen propuestas de futuro, valoraciones y se plantean
retos.
A lo largo
del siglo XIX aparecen problemas interesantes en geometría, análisis,
aritmética y álgebra: números imaginarios y complejos, geometría proyectiva y
no-euclídea, funciones y representación, funciones teratológicas, discretizar
el continuo... Enfrentarse a estos asuntos implica debatir sobre cuestiones
ontológicas y epistemológicas, es decir, sobre qué es y cómo puedo conocerlo.
El concepto de número se va ampliando. Para
unos, los números imaginarios son ficciones útiles, meros símbolos para seguir
operando; para otros son entidades reales, al mismo nivel que los números
naturales. También se amplía lo que entendemos por geometría, por espacio. La
construcción de las geometrías no-euclídeas obliga a trabajar con conceptos que
no son ya el punto y la línea. Y en el ámbito de las funciones surge el
problema de la representación. Hay funciones que son difíciles de definir, de
clasificar y de representar.
Para asumir
los nuevos tipos de números había que cambiar las condiciones necesarias
implicadas. Esta ampliación de condiciones suponía una ampliación ontológica, o
al menos operacional. Poco a poco se va a llevar a cabo un giro, una inversión.
Primero se establecen condiciones formales y luego se van derivando los entes
individuales que pueden existir. El programa formalista, axiomático, parte de
totalidades y define estructuras. El nuevo Hacer Global que surge a finales del
XIX utiliza la noción de conjunto y la de infinito actual. A principios del XX
esta nueva forma de trabajar generará ciertos problemas, como las paradojas,
sobre todo si se pretende fundamentar completamente la matemática desde la
lógica. Para Javier de Lorenzo hubo crisis en el logicismo, no en la praxis
matemática.
Javier
de Lorenzo nos describe dos Programas-marco, dos formas de hacer matemática que
incluyen dos concepciones de la labor del matemático, de su papel en la
sociedad. Para Poincaré la matemática es creación, construcción, nunca cerrada
definitivamente. El matemático desarrolla su praxis en conexión con otros
ámbitos, como la filosofía, la física, la estética y la ética. Para Poincaré,
la actividad matemática es esencialmente creativa, se nutre de analogías y
aporta analogías útiles a otros campos del saber. Hilbert, por el contrario, se
centra en un hacer matemático que tiende a automatizar el pensamiento. Partimos
de axiomas y definiciones que establecen lo que es pensable y abordable. Desde
este enfoque, el matemático se aleja de otros campos del saber y se limita a
derivar hileras de símbolos sin caer en contradicciones. Y entre dos aguas, la
Escuela de París, Borel, Lebesgue…
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