martes, 25 de septiembre de 2012

Naturalización de la Filosofía


    La Filosofía puede ser definida como una reflexión de segundo orden. El filósofo no es un científico pero reflexiona sobre los conceptos que maneja el científico. Tampoco es un artista, pero reflexiona sobre la belleza y el concepto de arte. Esta reflexión racional implica pensar los conceptos y teorías que utiliza el ser humano en diferentes terrenos. Así, el filósofo intenta llegar a la esencia de la realidad y a una comprensión global de todo lo que existe. El objetivo, y lo que más nos interesa, es situar al ser humano, a nososotros mismos, dentro de eso que llamamos realidad.
   Quien dese, por lo tanto, dedicarse a la Filosofía no podrá pensar al margen de los resultados obtenidos por las ciencias particulares. La Filosofía no amplía el conocimiento que tenemos sobre el mundo, sólo nos ayuda a comprenderlo mediante esa reflexión que analiza los conceptos y los relaciona. El conocimiento que podemos tener sobre la mente humana nos lo proporciona la neurociencia. El filósofo puede reflexionar sobre esos conceptos para aclararlos y conectarlos mediante relaciones globales. Quizás podamos decir que el filósofo busca una explicación racional de la realidad. Si esa explicación no acude a los descubrimientos de las ciencias particulares, entonces carece de fundamento y se convierte en un trabajo sobre abstracciones vacías. 
   ¿Qué ocurre con la gnoseología y la epistemología? ¿Qué ocurre con la explicación del concocimiento? Intentemos dar una respuesta a esta pregunta sin saber nada de psicología o neurofisiología. La mente humana es un hecho como otro cualquiera. El filósofo no puede elaborar una teoría normativa de cómo formamos conceptos sin tener en cuenta el trabajo experimental de la ciencias cognitivas.
 ¿Qué ocurre con la Ética? Quizás algunos piensen que hemos dado por fin con ese lugar propio de la racionalidad filosófica, la que establece lo que debe ser, la disciplina que no habla de hechos. Sin embargo, imaginemos a un profesor de Ética que quiere explicar a sus alumnos por qué tenemos valores y normas. Imaginemos que intenta esta tarea sin acudir a las aportaciones de las teoría de la selección natural...
  La naturalización de la Filosofía no supone ni un reduccionismo radical ni un suicidio. Los principales filósofos siempre han trabajado al lado de las ciencias. El filósofo no puede ampliar nuestro conocimiento del mundo, sin embargo sí puede proporcionar, mediante sus análisis conceptuales, una comprensión racional que nos acerque a la sabiduría. La reflexión global sitúa al ser humano en la realidad, física y social. Esa ubicación  quizas nos ayude a saber qué hacer para ser más felices.

sábado, 28 de julio de 2012

ÉTICA DE ROEDORES XII: VER LO PARTICULAR

   El poeta sabe que no hay nada insignificante. Precisamente aquellas cosas que otros sólo ven una vez, el poeta las ve infinitas veces. Hay quien mira una hoja en el suelo y ya está; todo acaba ahí. El poeta mira la hoja en el suelo y descubre que nada ha terminado, que acaba de iniciarse algo. Vuelve a mirar la hoja en el suelo y sabe que se encunetra ante el espectáculo de lo particular, de lo visto por él, sólo por él. Y no puede apartar la vista de la hoja en el suelo. Y no comprende que otros lo hagan, sin más. Entonces el poeta descubre la insignificancia de todo lo demás, salvo su mirar esa hoja en el suelo. Así aparece la abrumadora necesidad de describir cada detalle de esa hoja y experimentar eso que llaman tiempo.
  El poeta sabe que todo es insignificante. Se pregunta cuándo una escena tiene entidad propia, cuándo algo deja de ser cualquier cosa. Miramos un trozo de piel y podría ser cualquier trozo de piel de cualquier persona. Miramos un tronco de un árbol y podría ser cualquier árbol de cualquier lugar. Ascendemos. Ampliamos el marco y llega un momento en que reconocemos algo como único. Esa frontera entre cualquier cosa y lo único es lo que interesa al artista. Es en ese borde donde habita el significado. Pero el poeta sabe que frecuentar esas fronteras trae desasosiego, la inquietud de saber que todo es tan único que puede ser cualquier cosa.

domingo, 3 de junio de 2012

TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA

  Los filósofos nos han repetido a lo largo de los siglos que no nos dejemos engañar por los sentidos. Sin embargo, una de las trampas cognoscitivas más peligrosas reside en el hecho de ser conscientes de lo que pensamos y sentimos. Y digo trampa porque caemos en ella.
  Cuando el neurocientífico nos dice que nuestros pensamientos y nuestras experiencias sensoriales son únicamente conexiones de redes neuronales tendemos a responder que no puede ser sólo eso. Exigimos que se reconozca que hay algo más, precisamente esa cualidad que experimentamos como rojo o esa idea de círculo o ese temor... Entonces el neurocientífico vuelve a decirnos que lo que experimentamos como rojo es en realidad una red de neuronas activada, lo mismo que mi idea de círculo y mi temor a la muerte.
  Nos resistimos a aceptar estas explicaciones porque pensamos que habitamos un lugar privilegiado. Pero ser conscientes de lo que hacemos no añade nada a la realidad. Aunque creemos que sí. Somos redes neuronales que por el hecho de saberlo pueden llegar a creer que son algo más. Quizás algún día seamos capaces de salir de esta trampa, como cuando miramos al Sol y sabemos que somos nosotros los que giramos. Quizás algún día seamos capaces de pensar sabiendo que somos sólo redes de neuronas conectadas...

viernes, 20 de abril de 2012

Neurociencias y Educación: necesidad de un giro naturalista.


  Los descubrimientos del siglo XX en física o biología han tenido un gran impacto en importantes sectores de la tecnología. Nuestra relación con el mundo ha sido transformada por los conocimientos que tenemos sobre el átomo o sobre las moléculas de ADN. ¿Qué ha ocurrido con los conocimientos aportados por las neurociencias en las últimas décadas? Han sido, por ejemplo, aplicados a la medicina.
  La Investigadora de la Royal Society Dorothy Hodgkin, en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, Sarah-Jayne Blakemore, y la profesora de Desarrollo Cognitivo y directora del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, Uta Frith, publicaron en 2005 el libro The Learning Brain. Lessons for Education. En enero de 2007 fue traducido al castellano por la editorial Ariel bajo el título Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación. Este libro puede generar una interacción sistemática entre neurocientíficos y educadores. Quizás sea un libro que provoque un giro naturalista en la psicopedagogía y la orientación educativa. Es un texto que, además de estar basado en rigurosas investigaciones, puede ser leído y entendido por educadores sin grandes conocimientos de neurociencia.

  Las autoras han colaborado con varias instituciones para analizar problemas fundamentales de la educación y establecer conexiones con los estudios del cerebro. En el año 2000 organizaron un taller multidisciplinario sobre investigaciones cerebrales y educación. El contacto con profesionales de la educación fue muy fructífero. En esas discusiones con profesores e investigadores de la educación quedó patente la falta de colaboración que había existido hasta entonces entre las neurociencias y la pedagogía. Las autoras comprobaron que apenas existía bibliografía sobre estos temas y que en las investigaciones sobre educación apenas se utilizaban los conocimientos actuales sobre el cerebro.

  Todo el que estudia, por ejemplo, la estructura de los músculos ve inmediatamente que esos conocimientos le permitirán curar los músculos y saber cómo utilizarlos para obtener mayor rendimiento. En el ámbito educativo no ha ocurrido lo mismo. Es cierto que los psicopedagogos conocen el funcionamiento del cerebro. Sin embargo, no hay una aplicación sistemática de esos conocimientos. Predominan los métodos psicológicos. El conocimiento del cerebro para los educadores constituye únicamente un marco general, un conocimiento de fondo sin consecuencias prácticas reales. Las autoras de este libro creen que el conocimiento de cómo aprende el cerebro podría tener, y tendrá, un gran impacto en la educación.

 LA NATURALIZACIÓN DE LA PEDAGOGÍA

  Una cuestión filosófica fundamental es por qué se sigue produciendo este desfase en educación, donde todavía se utiliza el paradigma dualista. Aún se trabaja suponiendo que la mente y el cerebro son dos cosas distintas. El monismo materialista suele ser rechazado por ser reduccionista, simplista. Si se trata de solucionar una patología, se admite el remedio, por muy materialista que sea la visión que lo sustenta. Pero, en educación, donde las cosas no son de vida o muerte y donde los efectos de las acciones no son tan inmediatos, se sigue pensando que hay un plano mental que funciona con plena autonomía.

  Hasta hace muy poco, la educación ha sido entendida como una técnica que produce cambios en la mente, es decir, en el espíritu, a través de categorías y conceptos. Sin embargo, las autoras del libro sostienen que educar significa cambiar algún aspecto del funcionamiento cerebral. Los educadores deben ser conscientes de que trabajan con cerebros vivos, con unas capacidades que se desarrollan en el tiempo. Conocer ese desarrollo cerebral y sus patologías hará posible el surgimiento de sistemas educativos más realistas y que sepan tratar científicamente la diversidad en el aula.

 LA LÓGICA DE LA INVESTIGACIÓN EN NEUROCIENCIA

  Una de las aportaciones de este libro es que explica cómo trabaja la neurociencia. En cada apartado del libro las autoras describen las investigaciones que se están llevando acabo y, en los apéndices finales, explican en qué consisten las técnicas modernas para obtener imágenes del cerebro en funcionamiento (Resonancia Magnética, Tomografía de Emisión de Positrones, etc.) y adjuntan un glosario de términos básicos de neurociencia. Esta claridad metodológica permite que los pedagogos conozcan la lógica de la investigación neurológica y valoren la racionalidad de las argumentaciones llevadas a cabo. Además, explican cómo se extraen conclusiones tras observar cerebros lesionados y, cómo antes de afirmar que una zona del cerebro está implicada en una tarea, se necesitan realizar muchos experimentos de contraste

 LO QUE SE SABE DEL CEREBRO

  Lo primero que cabe preguntarse es hasta qué punto cambia nuestro cerebro. En este libro las autoras destruyen alguno de los tópicos de la neurociencia de las últimas décadas. Los neurólogos hasta ahora sostenían que hay ventanas, fases sensibles, que una vez que se cierran ya no se vuelve a abrir. Sin embargo, aunque existen períodos sensibles en la formación de las estructuras cerebrales, la plasticidad del cerebro llega hasta la vejez.

  Este optimismo respecto a la flexibilidad del cerebro también afecta a los primeros años de vida. Hasta ahora, se pensaba que había unas fases muy rígidas en las que se cerraban las estructuras básicas del cerebro. Es cierto que existen esos períodos sensibles, pero también es cierto que una vez transcurrido ese tiempo esas estructuras pueden seguir configurándose, aunque sea a otro ritmo. Tampoco es necesario, como algunos ha sostenido, enriquecer al límite el entorno de los niños en esas fases. Los estudios empíricos llevados a cabo por Michael Rutter en la Universidad de Londres sí que han demostrado que una carencia radical de estímulos sensoriales y relaciones afectivas, por ejemplo, provocaría problemas el desarrollo intelectual de los niños.

  La lengua y las matemáticas son áreas que siempre han sido consideradas fundamentales en el sistema educativo. Saber leer, escribir y calcular ha sido siempre el objetivo de la escuela. Hoy se sabe cómo se procesa el lenguaje en el cerebro y cómo representamos cantidades o realizamos operaciones. En el libro hay una explicación detallada sobre las bases neuronales de estas capacidades. Pero quizás lo más interesante sea el tratamiento de problemas como la dislexia. Los estudios de cerebros que padecían dislexia han ofrecido algunos resultados. Existen diferencias anatómicas entre un cerebro que tiene dislexia y el que no la tiene. ¿Qué se puede hacer desde la neurología? Algunos investigadores sostienen que es posible fortalecer las zonas implicadas en el habla mediante la enseñanza compensatoria. Los programas de mejora de destrezas lectora cambian el cerebro. Los cerebros de disléxicos adultos siguen siendo flexibles y, con los ejercicios adecuados, pueden integrar imágenes y sonidos recurriendo a otras áreas del cerebro.

  Aquellos que se dediquen a la educación secundaria podrán encontrar en este libro un capitulo sobre los cambios que se producen en el cerebro de los adolescentes. Los investigadores han confirmado que se lleva a cabo una reorganización del cerebro en la adolescencia. Se producen importantes cambios en la corteza frontal, cambios que implican una mejora en las funciones ejecutivas. La corteza frontal nos permite tomar decisiones, organizarnos, prestar atención de forma selectiva y, muy importante, inhibir respuestas. En la pubertad tiene lugar una proliferación de sinapsis y en la adolescencia se lleva a cabo una poda que estabiliza las redes neuronales importantes. En los lóbulos frontales aumenta la mielina, sustancia que facilita la transmisión del impulso nervioso a través del axón.

  La organización de los horarios escolares y la distribución de las tareas a lo largo de la semana deberían tener en cuenta lo que se sabe del cerebro. Hay dos aspectos que quizás no se están teniendo en cuenta lo suficiente. Uno es la distribución de los aprendizajes y las horas de sueño y otro la importancia de la actividad física. El sueño sirve para fijar lo aprendido. Cuando dormimos el cerebro se reestructura, asimila las experiencias diurnas. Existen experimentos que demuestran que después del sueño se consolidan los aprendizajes. Pierre Macquet, de la Universidad de Londres, comprobó mediante escáner cerebral que durante el sueño se vuelven a activar las áreas cerebrales implicadas en el aprendizaje diurno. Tras haber dormido, los participantes en el experimento ejecutaban mejor la tarea aprendida. Controlar las horas de sueño y distribuir adecuadamente la temporalización de las actividades puede aumentar el rendimiento. Del mismo modo, la actividad física mejora nuestra capacidad de aprender. Si la plasticidad del cerebro dura toda la vida, la educación física debería estar presente en todos los programas educativos. Ahora llama la atención que en la universidad esa actividad física sea algo tan marginal.

  El futuro de los estudios del cerebro se presenta apasionante. En el libro de Uta Frith y Sarah-Jayne Blakemore quedan planteados temas tan interesantes como este: "Hace tiempo que la psicología experimental ha establecido la importancia del ejercicio mental para aprender movimientos y destrezas físicas. Imaginar que hacemos movimientos sin movernos tiene realmente consecuencias perceptibles. (...) En un estudio reciente se observó que los individuos que imaginaban la máxima flexión posible de uno de sus bíceps incrementaban la fuerza de dicho músculo en un 13,5 %".

  Al imaginar que nos movemos se ponen en marcha prácticamente las mismas zonas del cerebro que cuando de hecho nos movemos. La imaginación o la observación de otra persona haciendo algo ponen en marcha los circuitos cerebrales implicados. Quizás las técnicas orientales de concentración y autopercepción tengan una base neuronal real. El sistema educativo tiene planteado un gran reto para el futuro: enseñar a aprovechar la plasticidad cerebral para aprender más durante toda la vida.

PRISMA


Un paseo entre las matemáticas y la realidad.

La Universidad de Sevilla ha otorgado el premio a la divulgación científica (2008-2009) a la obra PRISMA, trabajo colectivo dedicado a las matemáticas, publicado en 2010 por el Vicerrectorado de Investigación.

En el año 2004 nació el Grupo de Divulgación de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Sevilla. Este colectivo de profesores ha desarrollado varias actividades dentro del Plan de Divulgación De la Facultad de Matemáticas. El libro premiado recoge las charlas divulgativas que se han venido impartiendo con el objetivo de acercar las matemáticas a los alumnos de Secundaria Y Bachillerato. Los alumnos de las provincias de Sevilla, Huelva y Córdoba pueden visitar la facultad y ser guiados por profesores del grupo. Ese recorrido explicativo incluye una charla divulgativa especialmente centrada en resaltar la conexión entre las matemáticas y la vida real. Esta apertura a la sociedad se ha extendido a través del Proyecto QUIFIMAT a las Facultades de Física y Química. (Prólogo)

“Divulgar las matemáticas es un objetivo que muchos nos hemos planteado en múltiples ocasiones y en la gran mayoría de ellas resulta difícil de alcanzar, al menos, con el grado de completitud deseado.”

“Divulgar las Matemáticas es una tarea que muchos hemos iniciado en múltiples ocasiones y en la gran mayoría de ellas nos hemos sentido reconfortados ante la acogida recibida por parte de sus receptores.” (Prólogo)

Desde el punto de vista pedagógico, la estructura y la presentación de los capítulos son impecables. Cada artículo comienza con un cuadro donde se plantea el problema que se va a desarrollar. Ya en esas primeras líneas se plasma el arraigo de la matemática en los problemas de nuestras sociedades, problemas artísticos, astronómicos, criptográficos, ingenieriles... Las explicaciones van acompañadas de gráficos e ilustraciones en color. El texto no resulta monótono al estar continuamente salpicado de cuadros con aclaraciones, demostraciones y fotografías. La bibliografía del final de cada trabajo contiene libros, revistas y páginas de Internet.

“Un ejemplo llamativo, y al mismo tiempo simple de explicar, de las ecuaciones diferenciales en modelización lo constituye el movimiento de un muelle. En estas notas vemos cómo deducir la ecuación diferencial que se usa para ello, y comentamos un caso especial, correspondiente al fenómeno de la resonancia (vibraciones de amplitud creciente en tiempo), así como algunas situaciones reales, en especial relacionadas con la caída de puentes, donde se aprecia dicho comportamiento.” (Capítulo 12.p.243)

Algunas reflexiones:

¿Por qué nos vemos en la necesidad de tener que explicar la relación de las matemáticas con la realidad, física y social? Que la matemática surge a través de la selección natural y en un contexto social determinado debería ser algo evidente. Pero no lo es, para muchos. Un platonismo radical y el poco avance de las explicaciones naturalistas en el ámbito epistemológico son las dos principales causas de esta falta de evidencia. Si pensamos que existe una esfera de verdades matemáticas separada de la dimensión física, entonces desaparece toda posible relación. Y si pensamos que los procesos lógicos que realiza el cerebro para construir sistemas formales son ajenos a la realidad física y biológica, entonces la conexión vuelve a ser imposible.

La matemática es un hecho físico, biológico y social. La belleza de sus demostraciones no disminuye nada por reconocer esta afirmación. Todo lo contrario. Es digno de admiración que el cerebro sea capaz de organizarse de tal modo que ofrezca la posibilidad de captar ciertas estructuras de la realidad física. Y es digno de admiración que los creadores matemáticos hayan pertenecido a contextos sociales concretos y, al mismo tiempo, nos hayan aportado resultados objetivos y universales. Sin embargo esta universalidad epistémica no debe ser confundida con una separación ontológica.

Tratar con sistemas formales y técnicas de operar abstractas, separadas de sus contextos, de sus problemas, es lo que suele resultar árido y difícil. En esta obra de divulgación hay un claro esfuerzo por mostrar esa esencial continuidad entre números, estructuras y problemas cotidianos.

El libro consta de catorce capítulos:

 
1. Matemáticas: una ciencia viva. Inmaculada Gayte .
2. El número de oro. Antonio Aranda .
3. Los puentes de Königsberg. Alfonso Carriazo, Luis M. Fernández y Juan Núñez.
4. Enlosados y pavimentaciones. Manuel Ceballos, Francisco Javier Echarte y Juan Núñez.
5. La magia del álgebra. Ramón Piedra.
6. Caminando sobre las curvas. Juan Carlos Benjumea y Juan Núñez.
7. Gauss: el método de mínimos cuadrados. Antonio Beato y Mª Teresa Gómez.
8. Arte, perspectiva y geometría. El amanecer de la geometría proyectiva. Belén Güemes.
9. El ábaco probabilístico. Antonio Pérez.
10. Números primos y mensajes ocultos: Criptografía. Francisco Jesús Castro.
11. Una forma de obtener muestras en la naturaleza: Muestreo adaptativo. Juan L. Moreno y Juan M. Muñoz.
12. Vibraciones de puentes. Matemáticas para entender y evitar desastres. Pedro Marín.
13. Dinámica de poblaciones, un ejemplo vivo y en evolución del uso de las matemáticas. Pedro Marín.
14. La solidaridad en la vida de algunos matemáticos. Inmaculada Gayte.



CIENCIA Y GASTRONOMÍA

  La recién creada Cátedra de Gastronomía de Andalucía edita el primer número de Cuadernos de Gastronomía de Andalucía y organiza un Máster en Ciencias Gastronómicas: gestión y restauración.

 El primer número de estos Cuadernos de Gastronomía ha aparecido el pasado mes de octubre. Y comienza, como es lógico, con un artículo de presentación de la cátedra: “El uso del nitrógeno líquido, envasar el humo, conseguir nuevos aromas, la cocción a baja temperatura, el isomalt, el ronner... son términos y técnicas cada vez más frecuentes en las vanguardias culinarias. Sus descubrimientos, hallazgos o popularización vienen siendo consecuencia de la experimentación y uso de grandes genios de la cocina muchas veces alejados de la formación reglada, incluso de los sectores agroalimentario y de la restauración, y de los propios consumidores. Con el fin de unir todas las “patas del banco” que conforma el sector gastronómico surge la primera Cátedra de Gastronomía de Andalucía, una entidad nacida al amparo de la Fundación Bodegas Campos y de la Universidad de Córdoba, que pretende convertirse en el referente del mundo gastronómico andaluz y en una puerta de entrada a la innovación.” (José Ignacio DE QUESADA, p.7).

  La Cátedra no va a realizar investigación propia, ni va a tener laboratorios, sino que va a constituir un punto de encuentro entre todos los agentes implicados en el sector, con el fin de homogeneizarlo. Las actividades fundamentales serán la innovación, la formación y la divulgación. Algunos de los proyectos de I+D+i mencionados son, entre otros, la producción integrada de hortalizas autóctonas de la provincia de Córdoba o el efecto del tratamiento térmico sobre el componente volátil de los vinos dulces de Pedro Ximénez. En el ámbito de la formación destaca la puesta en marca de un Máster. Y por lo que respecta a la divulgación, las publicaciones y congresos van ser los puentes que comuniquen a los expertos y la ciudadanía.

 La estructura de la Cátedra refleja la colaboración intensa entre el ámbito empresarial y el universitario. El director es José Ignacio Cubero Salmerón, catedrático de Genética y Mejora del Las Plantas de la Universidad de Córdoba. Además de la dirección, de la que depende el Claustro académico e investigador, hay un Comité empresarial y un Consejos Asesor, con representantes de la Universidad de Córdoba y la Fundación Bodegas Campos.

 Estos Cuadernos de Gastronomía de Andalucía contienen otros trabajos interesantes sobre los patógenos, el atún rojo, el déficit de frutas y verduras, la formación, la gestión, los helados, los combinados, etc. También podemos leer una entrevista a Ángel León, “el chef del mar”, del Puerto de Santa María (Cádiz).

 “La mera presencia de un microorganismo patógeno en un alimento no implica que su consumo sea perjudicial para el ser humano, ya que para que el patógeno produzca un efecto tóxico necesita producir una toxina o metabolito. ¿Cómo un patógeno llega a generar toxinas? La ciencia nos explica que una vez que la bacteria está presente en el alimento, éste se multiplica si se crean las condiciones propicias, relacionadas fundamentalmente con la temperatura y otros factores como la humedad y una manipulación inadecuada. De esta manera, se genera una masa crítica o número suficiente de patógenos con capacidad de producir toxinas en el alimento, que tras ser consumido, provoca las denominadas intoxicaciones alimentarias.” (Hipólito Fernández, p.11)

'Recetas' contra los patógenos en la cocina:

1. Conservación adecuada de la materia prima, con frío suficiente, separada según su origen y respetando los criterios de primero sale lo que primero entra, y primero sale lo más antiguo. Para ello, establecer un sistema de rotación de género, con colocación de etiquetas con la fecha de compra y/o elaboración.

2. Tratamiento térmico o culinario adecuado, en el que se alcance siempre la temperatura interna de entre 65"C y 70° C. En caso de tener como ingrediente huevo fresco, la temperatura debe ser 75º C.

3. Conservación adecuada en caliente a más de 65° C.

4. Refrigeración o enfriamiento en caso necesario que alcance una temperatura menor de 8'C en dos horas.

5. Conservación en refrigeración a temperatura entre 0° C y 4º C.

6. Congelación o ultracongelación en caso necesario que alcance una temperatura de -18° C en el plazo más breve posible.

7. Conservación en congelación a temperatura igual o menor a -18° C.

8. Regeneración o recalentamiento en el menor tiempo posible, alcanzando al menos los 65"C en el interior. En el caso de descongelación, ésta debe ser siempre en refrigeración (no usando, por ejemplo, microondas), con la menor antelación posible al consumo, y sin recongelación. (p.12)

martes, 6 de diciembre de 2011

LO NUNCA VISTO

 Mi padre me contaba que en la feria, hace muchos años, había una carpa con un letrero que decía "LO NUNCA VISTO". Eran tiempos de fenómenos extraños, como el monstruo de Guatemala, mitad mujer, mitad oveja. A pesar del paso de los años y del desarrollo de la tecnología, el mecanismo sigue siendo parecido. Cuando se desata el consumo, ese consumo que se centra en la novedad en sí misma, me acuerdo de "LO NUNCA VISTO". Me contaba mi padre que todo el que entraba en la carpa podía presenciar algo extraordinario: un burro atado al pesebre al revés, de culo.  Todos al salir guardaban el secreto y ensalzaban, sin dar detalles, lo visto allí dentro.

sábado, 22 de octubre de 2011

La prudencia y la creatividad en la ciencia

"La ciencia es acción humana y social. No está rígidamente conducida por un método algorítmico, sino gestionada por la prudencia y la creatividad de las personas, como otras actividades humanas." (Alfredo Marcos. Investigación y Ciencia. Enero 2011. p.41)

 "Sólo la prudencia puede extraer sabiduría de la experiencia pasada y orientar la acción futura de modo no mecánico, sino racional, sin certeza ni arbitrariedad, permaneciendo siempre abierta a la novedad, a lo extraordinario, venga del mundo o de la propia persona." (Alfredo Marcos. Ciencia y acción. Una filosofía práctica de la ciencia. FCE. 2010. p.149)

         El estudio del cerebro nos abrirá nuevos caminos para entender los actos creativos. Sabemos que las redes neuronales trabajan en paralelo. El procesamiento de la información se lleva a cabo por diferntes módulos y en diferentes niveles. Aunque podemos provocar conscientemente una serie lineal de asociaciones lógicas, el cerebro siempre tiene en marcha asociaciones automáticas. La riqueza de estas asociaciones depende de las experiencias del sujeto. Los problemas planteados no desaparecen cuando desviamos la atención consciente. La información que seguimos adquiriendo y los razonamientos ejecutados pueden ser reclutados en cualquier momento por el acto creativo.
      
       Alfredo Marcos resalta la dimensión creativa de la prudencia. Cada elección racional es un momento en el que confluyen la experiencia pasada, los objetivos y los valores de la persona, y el uso del sentido común crítico. No hay dos decisiones iguales. No hay un procedimiento cerrado que conduzca a la mejor decisión. En todos los contextos donde tomamos decisiones nos vemos obligados a crear.     

lunes, 26 de septiembre de 2011

EL PAPEL DEL EXPERIMENTO EN LA CIENCIA

 La publicación del experimento realizado recientemente con neutrinos nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el papel de los experimentos en la cienca actual. La expresión "publicación del experimento" hace referencia a un hecho científico y social muy complejo.
  Publicar significa situar un hecho dentro de una red de intereses epistémicos y sociales. Que los neutrinos se muevan a mayor velocidad que la luz tiene implicaciones teóricas muy fuertes. Uno de los postulados de la teoría de la relatividad se ve afectado. Si los datos que arroja el experimento no son producto de alguna interferncia, entonces las teorías hoy aceptadas tendrán que ser revisadas. Ya veremos si provoca un mero reajuste de la teoría de la relatividad o un cambio de paradigma. Veremos si ese cinturón protector resiste y el núcleo teórico permanece intacto. De todos modos, reflexionar sobre la pertinencia teórica del experimento es una gran oportunidad para el filósofo de la ciencia. 
 Ahora bien, decir en público que un experimento ofrece ciertos datos y que no se ha detectado ninguna interferencia en los aparatos de medición conlleva una reestructuración de los focos de atención en las comuniades científicas, reestructuración que quizás se concrete en una revalorización de ciertos programas de investigación, con sus instituciones asociadas. Revalorizar puede signifcar más prestigio para los agentes o más financiación. Y la utilización de los medios de comunicación es esencial en todo entramado de intereses.
 

lunes, 19 de septiembre de 2011

TRAMPAS DE LA AUTOCONCIENCIA V: DUALISMOS RESISTENTES

"La pesada carga de los dualismos" es un pequeño escrito de Max Zoster (1940-1985) que nunca llegó a terminar. Las primeras líneas brotaron de la indignación el día en que leyó en el periódico una reseña de su exposición. "La materia y la forma -decía el articulista- se complementan en sus obras...". Quizás el dualismo sea una limitación de nuestra capacidad de abstracción. Sólo pensamos separando. Zoster creía que,  aunque los dualismos fuesen una herramienta necesaria para pensar las cosas del mundo, lo que no estaba justificado era pensar en esas particiones como si fuesen entes reales que existiesen en el mundo.
 No sólo en la filosofía del arte han surgido dualismos. El más conocido es el que afirma que somos un compuesto de alma y cuerpo. El conocimiento del cerebro ha confirmado las tesis materialistas: no hay dos tipos de realidad, sólo hay neuronas conectadas a través de redes complejas. Sin embargo, todavía permanecen restos de dualismo en nuestra concepción del ser humano. Dentro del materialismo hay un dualismo que pasa desapercibido. Me refiero a la división cerebro/cuerpo. El otro dualismo resistente es el que opone la cultura a la naturaleza.

viernes, 24 de junio de 2011

DISCURSO


Decía el filósofo Max Zoster que pensamos con las metáforas y contra ellas. Decía que si no elegimos nosotros esas metáforas entonces hemos regalado nuestra autonomía. Para hablar de la vida siempre recurrimos a metáforas y comparaciones. Todos hemos leído algo sobre vidas que son ríos, árboles, sucesión de estaciones, ... incluso tómbolas. A mí la que más me gusta es la construcción de una casa.

Vosotros estáis decidiendo qué cimientos, qué materiales, qué estructura y qué orientación queréis para ese edificio.

En esta labor de construcción siempre hay obstáculos. El más importante es nuestro yo, ese yo cargado de prejuicios y miedos que nos bloquean. Las expresiones “yo soy así” y “yo no puedo” son las excusas que el miedo rezuma.

Ahora que tenéis conocimientos de cocina, ahora que vais a empezar estudios universitarios, ahora que tenéis ante vosotros infinitas posibilidades , ahora debéis ser creativos y abandonar ese lastre que supone admitir que ya estamos hechos, que ya somos algo definitivo.

En estos momentos la creatividad es esencial para desarrollar un oficio o una carrera científica. Necesitamos profesionales innovadores que desplieguen su trabajo con honestidad y responsabilidad. Y necesitamos científicos que aborden los problemas reales de la sociedad.

Ortega y Gasset utilizó en sus conferencias una manzana para explicar su teoría. Cada uno de nosotros es una perspectiva única y vemos la realidad desde nuestro punto de vista. Cada espectador ve la manzana desde su lugar en el universo. Nadie ve lo mismo.

Quizás nosotros, para entender lo que ocurre, en lugar de una manzana necesitemos un pepino indignado, indignado ante una comunidad científica que ha sido incapaz de investigar correctamente el origen de la bacteria, indignado por los prejuicios que han cegado a la razón.

Tanto en la manipulación de alimentos como en el estudio de las bacterias y las epidemias lo que hace falta es aplicar el método científico. El mayor peligro que nos sigue acechando es la irracionalidad. A veces se muestra como superstición, a veces como fanatismo y a veces como intolerancia.

La democracia participativa sólo será posible si contamos con ciudadanos que trabajen por el bien común utilizando la razón. Avanzar hacia una democracia directa supone educar a las personas para que sean responsables, autónomas y racionales. La Universidad os debería proporcionar todo eso, los fundamentos de las ciencias y las virtudes cívicas. Así seréis profesionales que desde su oficio diseñen espacios de justicia y libertad.

domingo, 6 de marzo de 2011

FUNDAMENTOS Y ENIGMAS

La reflexión sobre los fundamentos de una ciencia es una de las mejores formas de divulgación. Por extraño que parezca, cuando intentamos definir un concepto es cuando mayor claridad y mayor perplejidad padecemos. Precisamente son los dos rasgos epistémicos que nos empujan a seguir investigando, pensando o leyendo.
En el análisis de los fundamentos recuperamos esa continuidad entre estructuras formales y realidad que algunos dejan al margen. Entender la matemática y disfrutar de ella implica sentirse admirado ante la definición de número o la definición de demostración. Y aquí interviene el papel de la historia de la matemática. La praxis del matemático, su hacer, cobra sentido dentro de un marco de problemas y conceptos. Como todo avance lleva consigo una mirada hacia lo que es la matemática, resulta que toda nueva solución arrastra un replanteamiento de los conceptos básicos.
La historia de la ciencia nos ofrece muchos ejemplos de cómo las estructuras físicas son pensadas a través de las estructuras matemáticas. Surge la duda de si hablamos de identidad o aplicación. Hablar de aplicación supone admitir un dualismo ontológico y epistemológico. Dos ejemplos de la física moderna pueden ilustrarnos: la física cuántica matricial y el concepto de cuerda.
(Leyendo FUNDAMENTOS Y ENIGMAS DE LA MATEMÁTICA. DE KANT A FREGE. Javier de Lorenzo Universidad de Valladolid 2010 )

BUCLES INFINITOS


1) Comienzo con una anécdota de Max Zoster, uno de los grandes pintores y uno de los grandes filósofos del arte del siglo XX. Cuando presentó en Berlín su conocido cuadro titulado “Las liebres no comen lienzos”, un periodista le rogó que hiciera un breve análisis de la obra. Max Zoster pidió unas tijeras grandes y le entregó el lienzo bien troceado mientras le decía: “Aquí lo tiene, analizado.”

2) Nosotros no vamos a pedir un análisis del cuadro. Sólo nos gustaría agradecer al autor la experiencia estética que nos ofrece: un recorrido infinito de las partes al todo y del todo a las partes. El uso de los colores y de los significados incompletos nos permite experimentar la libertad creativa. Este cuadro no admite dos miradas iguales. Su estructura fragmentaria nos lanza por senderos infinitos. Pero es el observador el que crea esos senderos, esa red de trazos, colores y acciones.

Los artistas modifican el espacio y el tiempo creando nuevas configuraciones. Ellos son capaces de construir nuevos espacios de libertad, nuevos espacios para pensar y sentir. Los receptores de una verdadera obra de arte no necesitamos nada exterior. Pensamos y sentimos dentro de ese juego que se nos propone. La obra que ahora tenemos delante nos abre un nuevo espacio de libertad.


3) Toda la comunidad educativa debe sentirse feliz por poder convivir con estos trazos y con estos colores. Todos nosotros debemos estar contentos por poder trabajar con esta obra y con este compañero.

ACCIONES, FRAGMENTOS Y PLANOS

Max Zoster, un pintor y crítico alemán que dedicó toda su vida a explicar en qué consiste el arte, escribió en 1985, un año antes de su muerte, un breve tratado titulado “Manual de instrucciones para que los teólogos lleguen a entender las vanguardias”. La obra no fue publicada porque ningún editor se atrevió. Gracias a algunos de sus amigos, filósofos y pintores, conocemos hoy parte de su contenido. Se trata de fragmentos, pensamientos muy concentrados. Estos aforismos de Max Zoster me van a servir a mi para pensar a través de Transformer.

Max Zoster llamaba teólogos a todos aquellos que buscaban en las obras de arte ideas bien definidas, hilos argumentales completos, moralejas o, simplemente, un significado. “Teólogo es aquel que se queja porque no sabe por dónde empezar a mirar un cuadro.” En la serie Transformer podemos contemplar obras sin centro, en ellas todo es periferia. Cada cuadro, cada viñeta, puede ser el inicio de una mirada. Hay infinitas posibilidades. La recepción provoca en el espectador cierto desasosiego, quizás ansiedad. Un desasosiego que desaparece en cuanto observamos el cuadro como una unidad formal.

Cuentan una anécdota de Max Zoster que, sinceramente, me cuesta creer. En 1980 recibió en su estudio de Berlín a un pintor Francés llamado Fermer. Este pintor francés se atrevió a decir que dos cuadros de Zoster no le gustaban porque le recordaban al cómic. Zoster tachó los dos cuadros con dos grandes aspas rojas. A continuación le regaló los dos cuadros a Fermer y sin decir ni una palabra le señaló la puerta. A Max Zoster siempre le fascinaron las posibilidades expresivas del cómic. “El cómic expresa muy bien el momento de cada acción.” En Transformer hay viñetas que nos presentan acciones y fragmentos de acciones. A veces son instantes, quizás imágenes sugeridas por las letras de Lou Reed. A veces son fragmentos repetidos de instantes.


Max Zoster llegó a decir en un artículo que dedicó a la obra de un pintor Danés que “el color en los cuadros sirve para que el espectador esté un rato con la boca cerrada, que es lo mejor que puede hacer”. La experiencia estética del color puede dar lugar a unidad formal, pero no siempre. Hay pinturas de paisajes en las que los colores deshacen la unidad formal. Entonces, no conseguimos percibir el cuadro como una totalidad autónoma. En Transformer los juegos con el color permiten alcanzar una unidad a través de los fragmentos. Los colores ofrecen múltiples planos de profundidad, múltiples planos de sentido. Es como si siempre hubiera algo detrás que no llegamos a comprender. Los textos incompletos y las acciones incompletas nos presentan la realidad humana moderna, urbana, quizás superficial.

¿Cómo expresar la fragilidad de las acciones? Los trazos gruesos, poco definidos o impregnados por transparencias, nos dan la sensación de momento siempre inacabado, provisional. Max Zoster decía : “Los personajes deben parecer fragmentos difusos de sí mismos para que la obra no se convierta en un catecismo”.

“El arte transgresor es el único arte libre. Hay que pintar contra la tradición, contra el espectador y contra uno mismo, todo lo demás son crueles engaños. ” Y yo diría además que hay que mezclar, mezclar géneros, mezclar perspectivas y técnicas. El lenguaje de la música puede codificarse en un código visual. Debemos pintar el jazz, improvisar, variar, hacer progresiones con colores y notas. Progresiones con ideas.

Max Zoster murió en 1985. Las mezclas y las drogas acabaron con él. Sólo podemos contemplar dos cuadros suyos, en Berlín. Uno de ellos es un collage construido con miles de diminutas cruces, de todos los estilos. El otro es un graffiti sobre lienzo donde se repite una frase de mil formas: “Utopía del silencio”.

viernes, 18 de febrero de 2011

LA CIUDAD

Las predicciones de Max Zoster (1940-1985) se han cumplido: "Sabréis que la ciudad es una obra de arte justo en el momento en que la estéis aniquilando." Estas palabras las pronunció mirando fijamente a los políticos presentes en una conferencia a la cual asistía como uno más del público. Los que le conocían, más bien pocos, no entendieron lo que quiso decir, en París, y los que no sabían quién era tampoco. El conferenciante se limitó a responder como si le hubieran preguntado algo, lo que no había sucedido. pues Max Zoster estaba realizando una advertiencia. Y en una tajeta postal que envió desde Berlín a un amigo escribió: "El que no sepa que somos parte de la textura de la ciudad está perdido..."
Hoy somos conscientes de la pérdida de las ciudades. Sufrimos una nostalgia que nos consume y nos vuelve agresivos. Y todo por no haber sido capaces de reconocer que las calles y los adoquines son un nosotros extendido, objetivado. Entender lo artificial como algo separado de nuestro organismo ha sido uno de los mayores errores conceptuales. Donde nos movemos todos los días y donde respiramos todos los días es una realidad pegada a nuestras acciones, a nuestro existir como organismos.
Quizás Max Zoster quiso decir que al contemplar el deterioro de nuestras calles, de nuestros monunmentos, contemplaríamos el deterioro del ser humano. Y esa nostalgia por la ciudad perdida revelaría su verdadero significado. La expansión de los barrios de adosados y la creación de grandes centros comerciales han desvitalizado el centro de las ciudades. Hoy los ciudadanos viven aislados en los cascos históricos, aunque suene paradójico. Y ese aislamiento se traduce en un olvido de los deberes y derechos que tenemos como participantes. Aislados en el centro y aislados en la periferia...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

“No sé si ustedes conocen al poeta...”

    Las palabras de Luis García Montero nos trasladaron a tiempos terribles de muerte y desesperación, tiempos vividos por Ángel González. En el jardín de la calle Caballeros nadie preguntó nada porque quizás no estábamos allí. Las palabras, llenas de afecto y sabiduría, nos habían impregnado de una extraña mezcla de dolor y esperanza utópica. Luis García Montero no nos había invitado a pensar, sino que nos había hecho habitar sus pensamientos y los pensamientos de Ángel. Como diría Vila-Matas, estábamos recordando los recuerdos del otro, del poeta. Cualquier pregunta que hubiésemos planteado nos habría expulsado de ese patio de La Luna Nueva.
     Luis García Montero mencionó el papel transformador que la enseñanza tuvo para los intelectuales de la II República. Se trataba de construir una sociedad de ciudadanos libres e iguales, donde las ciencias y las artes impulsaran el desarrollo económico y la justicia social. Desde la Institución Libre de Enseñanza, los intelectuales habían retomado los ideales de la Ilustración para modernizar la sociedad española y acercarla a Europa. La escuela pública y laica debía abarcar todo el territorio. Así se crearía un espacio público de personas iguales, libres de los privilegios de clase y de las viejas supersticiones.
        Luis García Montero se siente inmerso en ese proyecto. Su idea de literatura así lo refleja: “El verdadero compromiso de la literatura no está hoy en el contenido de los libros, en sus intenciones políticas determinadas, en la corrección o incorrección de sus protagonistas. Es más significativa su defensa del lenguaje como espacio público, su apuesta por el entendimiento de las conciencias individuales, en una época de realidades virtuales que homologan las conciencias y borran los lugares del diálogo.” (Inquietudes bárbaras. Anagrama). Sus artículos de prensa, su poesía y sus ensayos transmiten ese ideal revolucionario de los intelectuales que aman de verdad la democracia.
           Este compromiso no está bien visto por los amantes de la forma pura. Dicen que la verdadera literatura es aquella que no se propone transmitir ideas ni transformar la realidad. La literatura pura no se ensucia con ideas políticas o éticas. La estructura narrativa debe ser autosuficiente. Así, existen “novelas de ideas” y “novelas”. Según los más formalistas, el defecto de las novelas de ideas estriba en que es fácil distinguir entre forma y contenido. El contenido es la idea que se quiere transmitir a la sociedad. En la verdadera novela y en la verdadera poesía esto no sucede: no hay distinción entre forma y contenido. La literatura comprometida es forzada. Se nota que el autor se ha propuesto primero un objetivo moral o político y luego ha buscado los recursos formales para convencer.
      Sin embargo, los escritores que han vivido con intensidad su momento histórico y se han empapado de sus injusticias jamás han distinguido entre contenido y forma. Entienden la escritura como un deber cívico. El ámbito estético y el ético no están separados. El convencimiento ético atraviesa las capacidades del sujeto. Y al receptor también le sucede otro tanto. Comprende lo que le dicen con belleza y experimenta ese placer inteligente empapándose de realidad.
         Cuando regresaba a casa me topé con una asamblea de trabajadoras en la Plaza del Arenal. Una mujer estaba subida a un banco y hablaba al resto. Me quedé escuchando porque me pareció una imagen irreal, propia de principios del siglo XX. La mujer, sin megáfono, explicaba cómo se iban a desarrollar las movilizaciones de los próximos días. Pensé que todavía no había salido de algún recuerdo de Ángel González...

lunes, 31 de agosto de 2009

INTELIGENCIA ARTIFICIAL I

1. Hace unos años, en una República lejana, un científico llamado Monsky se presentó ante el presidente para proponerle un reto. Monsky había construido un robot inteligente, idéntico a un niño de siete años, con sus mismas capacidades lingüísticas y de razonamiento. Además, gracias al uso de materiales sintéticos de última generación, el robot parecía también de carne y hueso. Pues bien, el reto consistía en convocar a los principales investigadores del Estado para que fuesen capaces de distinguir su robot de un niño real. En la memoria artificial del robot estaban todos los campos semánticos necesarios para desenvolverse en la vida cotidiana como un niño. El robot no sabía que era un robot.
Los investigadores podrían hacer las preguntas que quisieran a los dos niños. Les podían plantear problemas de lógica y matemáticas, ejercicios de semántica, juegos de mesa, es decir, cualquier pregunta que pudiera revelar una diferencia entre el humano y la máquina. Esta versión del Test de Turing se completaría con un premio o un castigo para los participantes, así nadie elegiría al azar. El que se equivocase recibiría el peor castigo que puede recibir un científico: la prohibición de publicar en Sideral, la principal revista científica de la República y del mundo. Los que acertasen podrían seguir publicando y aparecerían en un número especial dedicado a la inteligencia humana. El que no tuviese la respuesta segura podía abstenerse. Monsky pronosticaba que nadie se arriesgaría a elegir porque no tendría razones claras para hacerlo.

2. Ross King, investigador de la Universidad de Aberystwyth (Gales, Reino Unido), y su equipo han creado a ADAM, un robot con un avanzado sistema de inteligencia artificial capaz de formular hipótesis y realizar experimentos para comprobarlas, sin intervención humana. ADAM investiga el genoma de la levadura del panadero. Trata de identificar los genes implicados en las enzimas del metabolismo de esa levadura (National GeoGraphic News, Abril 2009). ADAM es el primer robot científico. En la página de este proyecto se puede ver cómo trabaja el robot (http://www.aber.ac.uk/compsci/Research/bio/robotsci/). También encontramos las publicaciones básicas sobre biología computacional.

3. Llegó el día del reto. Allí acudieron todos los expertos. Preguntaron de todo a los niños, desde acertijos hasta canciones populares. Algunos llevaron sofisticadas pruebas lógicas que nadie comprendió. Otros realizaron pruebas de asociación de imágenes o palabras. También se les pidió llevar a cabo tareas manuales. En fin, no había forma de saber quién era el robot. Monsky estaba radiante. Como premio les entregó a los niños una bolsa de patatas a cada uno, patatas que se comieron ambos con la mayor naturalidad. El triunfo de Monsky pasaría a la historia. Había logrado construir inteligencia artificial como la de los seres humanos, idéntica.
Sin embargo, uno de los espectadores, un niño también, dijo en voz alta: “Está claro que es el de la izquierda, el de la camiseta azul. No sé cómo no se ha dado cuenta nadie.” El presidente de la República le preguntó a Monsky si el niño había acertado. No le quedó más remedio que decir que sí, que ése era el robot. Ante el asombro de todos los científicos el niño se explicó: “Muy fácil. Ambos han comido una bolsa de patatas de la marca Saturno. Ningún niño empezaría a comerse las patatas sin buscar antes el cromo que viene en la bolsa. El robot empezó primero a comer las patatas y al fin apareció el cromo”.

4. La existencia del robot científico es un gran avance para la inteligencia artificial. Automatizar parte del conocimiento científico es posible y necesario. Hay muchas áreas de la biología y de la física que trabajan con grandes cantidades de datos. Las computadoras son hoy esenciales para manipularlos. ADAM no sólo calcula, sino que también aplica el método científico, el mayor logro de la razón humana... Su programa lógico le permite ejecutar ciclos (feedback, retroalimentación) de elaboración y comprobación de hipótesis.
La inteligencia artificial confirmaría una tesis fuerte del materialismo: somos sólo sistemas físicos. Si la mente consciente es únicamente un sistema físico, podremos tarde o temprano descubrir su estructura. Una vez conocida, construir otros sistemas físicos inteligentes no tendría misterio. Evidentemente, nuestra inteligencia es muy compleja. Los sistemas expertos, como ADAM, sólo reproducen una capacidad parcial y muy esquematizada. Lo que entendemos por inteligencia humana consciente implica aspectos tan complicados como la motivación o el lenguaje natural.

POINCARÉ, UN EJEMPLO FASCINANTE

Ariadna, que es una filósofa muy tenaz, me decía hace unos días que estaba harta de que la engañasen sobre la extinción de los dinosaurios: “Unos hablan de un volcán, otros de un meteorito...” No me quedó más remedio que explicarle qué es una hipótesis científica. Esta conversación me hizo reflexionar sobre la falta de vocaciones científicas que estamos padeciendo en las últimas décadas. Carlos Elías en su libro La razón estrangulada (Debate 2008) analiza las posibles causas de este declive tan alarmante. La precariedad laboral de los investigadores, la perniciosa influencia de algunos filósofos que critican a las ciencias y el desastroso tratamiento que sufre la información científica en los medios de comunicación son las principales causas.
A mi entender, el gran problema puede ser que quizás esperamos que las ciencias sean lo que en realidad no son. Esperamos leyes definitivas que capten la esencia de la realidad. Sin embargo las ciencias son algo más modesto y más fascinante. Las hipótesis científicas son construcciones de la razón que nos sirven par obtener predicciones útiles para la supervivencia. La realidad es muy compleja. No nos queda más remedio que simplificar y establecer convenciones útiles en constante interacción con la experiencia. He aquí la capacidad creadora del ser humano. Saber más acerca de la praxis científica ayudaría a generar más vocaciones investigadoras entre nuestros jóvenes.
El profesor Javier de Lorenzo (matemático, catedrático de filosofía de la ciencia en la Universidad de Valladolid) acaba de publicar en la editorial Nivola un libro sobre la filosofía de la matemática de Henri Poincaré (1854-1912).
Poincaré trabajó en matemática pura, en física matemática y en filosofía de la matemática. Javier de Lorenzo expone en primer lugar el programa-marco de investigación y pensamiento de Poincaré. A continuación analiza sus ideas acerca de la filosofía de la matemática y de la filosofía de la ciencia en general.
Frente al deductivismo formalista y el platonismo eidético, Poincaré desarrolla un constructivismo intuicionista. Para Poincaré la matemática es una actividad práctica a través de la cual el matemático construye conceptos, estructuras. La intuición desempeña un papel esencial en la labor matemática. El hacer matemático no consiste sólo en deducir de unos axiomas. Esta deducción sintáctica no nos serviría para avanzar, pues todo quedaría en el principio de identidad (A = A). El matemático va eligiendo, va buscando analogías, va demostrando a la vez que intuye el concepto al que quiere llegar. La matemática no es mera lógica formal. Del mismo modo, su constructivismo se opone a aquellos que piensan que existe una esfera independiente de conceptos matemáticos al que accede el ser humano. La construcción de la que habla Poincaré no es una construcción arbitraria. Es la experiencia la que exige que el matemático construya ciertas estructuras para conocer lo real.
El lector encontrará en este libro las investigaciones que Poincaré llevó a cabo sobre el continuo y sobre y topología. Su convencionalismo geométrico resume muy bien su pensamiento matemático y filosófico.
La actividad de Poincaré nos hace reflexionar también sobre el papel del científico en las sociedades actuales y la relación entre valores y conocimiento. Este autor se presenta como un verdadero modelo de pensador libre de ideologías y servidumbres, aunque es consciente de que su labor es servir a la sociedad. Su genio creativo debería hoy servir de estímulo a los jóvenes. Si al placer estético de descubrir una estructura formal, una función, que explique la naturaleza añadimos la satisfacción de establecer analogías fructíferas entre diferentes campos del saber, habremos encontrado esa felicidad plena de la que hablaba Aristóteles.

NANOARTE: LOS CAMELLOS VISITAN EL LABORATORIO

Cuando vi el camello pasando por el ojo de la aguja pensé que era una metáfora que utilizaban en el telediario para hablar de las contradicciones del sistema capitalista. Pensé que querían decirnos que
los banqueros ya iban a ir al paraíso celestial, porque tenían la llave. Pensé que nos querían decir que cualquier revolución era una insensatez. La obra titulada KEY TO PARADISE (Alessandro Scali y Robin Goode, 2007) me decía que si subvencionamos a los que nos explotan para que nos sigan explotando, entonces todo es posible. Es más fácil que un rico entre...
Esa imagen del camello me llevó además por otros senderos. El arte es así; la experiencia estética suele tejer una red de significados. El camello me hizo pensar en la hybris de los griegos, en la desmesura y el orgullo exagerados. Creerse igual o superior a los dioses era el colmo de la insolencia. Quien se comportaba de forma desmesurada sobrepasaba los límites establecidos: destruía el orden de las cosas. Los dioses, que representaban fuerzas de la naturaleza, castigaban al que intentaba controlar espacios que no le correspondían. Por eso la imagen del camello puede ser una metáfora de la desmesura de la tecnociencia. Lo imposible no existe para la tecnología actual...
KEY TO PARADISE es un obra en la que confluyen arte y tecnociencia. El nanoarte utiliza los conocimientos científicos y los instrumentos de laboratorio, especialmente los microscopios, para obtener imágenes y composiciones de lo más pequeño, de lo que no se ve a simple vista. La imagen que comentamos puede contemplarse con una lupa un poco potente. Sin embargo, la nanotecnología trabaja a nivel de átomos y moléculas. Un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro. Un milímetro es igual a un millón de nanómetros.
Si rastreamos la red, podemos hallar obras que nos permiten experimentar lo sublime. Antes eran las tempestades, el mar o el cielo estrellado; ahora sublime es la contemplación de una estructura celular, una bacteria coloreada o la complejidad de las dendritas de una neurona. Los telescopios y los microscopios dan acceso a infinitos niveles de realidad. Las representaciones de las estructuras materiales más pequeñas nos fascinan y nos intimidan. Nos sentimos desbordados ante la posibilidad de que la materia sea divisible hasta el infinito. ¿Por qué suponer que nuestro nivel de observación es privilegiado? Del mismo modo que las galaxias y el espacio profundo nos abruman con su belleza, los mundos del microcopio reducen lo humano a lo insignificante. ¿La naturaleza nos abruma porque es bella o es bella porque nos abruma? En esta disyuntiva radica la esencia de lo sublime.
Sin embargo, el uso de tecnologías sofisticadas de observación y de tratamiento de imágenes plantea dudas radicales: ¿Hasta qué punto cabe hablar de observación? ¿No será mejor reconocer que en lugar de observaciones son construcciones? Tanto en ciencia como en nanoarte el límite entre observar y construir es muy difuso. En el nanoarte ese límite plantea problemas porque puede darse el caso de que el procesado de las imágenes sea tan grande que la referencia a micromundos sea prescindible. Saber que es una imagen casi completamente diseñada por ordenador anula la experiencia de lo sublime, aunque siga habiendo cierta belleza.
Muchos artistas manipulan dimensiones para obtener el efecto que desean. Reducir o agrandar son métodos que buscan sorprender o hacer pensar. En el arte conceptual el tamaño y el significado tienen conexión. El contexto en el que aparece ese acto de inflado o encogido transforma la cantidad en cualidad. Así, una neurona gigante al lado de la sede de un Parlamento o del Banco Mundial puede significar muchas cosas...

PENSAR EN LA FRONTERA

Salí de la librería con un tomo (libro 1/vol. 2) de las obras completas de Walter Benjamín, en Abada Editores. En este tomo podemos leer tres ensayos: “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, “Charles Baudelaire. Un lírico en la época del altocapitalismo”, y “Sobre el concepto de Historia”. Si los libros son una promesa de libertad infinita, en este caso esa promesa significaba algo más.
Vi que la policía estaba cortando la calle y me asusté. Pero a lo lejos comenzó a parecer el color rojo de las banderas sindicales. Entonces me acordé. Era la manifestación a favor del empleo y la protección social. Me uní a ellos, que eran menos de veinte mil personas. Caminamos por las calles del centro durante un rato, acompañados del viento y la apatía. Al final se leyó un manifiesto en el que se advertía a las administraciones: “No admitiremos un recorte de los derechos sociales... No admitiremos el despido libre... Que expliquen dónde están los beneficios que los bancos acumularon en lo años buenos... Si van por ese camino habrá huelga general... En primavera habrá muchos ciudadanos que no recibirán ninguna ayuda... Hoy están aquí compañeros que han sido despedidos...” Los problemas técnicos con el micrófono aparecen aquí reflejados con los puntos suspensivos. Aprovechando lo cortes de sonido, de entre los que escuchaban los discursos salió una persona muy enfadada que decía: “¡La culpa es de los burócratas, qué vergüenza!”. Parece que se refería a los representantes sindicales. Se fue antes de que terminara la concentración.

A lo largo del recorrido, con Walter Benjamín como único acompañante, estuve pensando acerca del papel de los intelectuales en estas crisis económicas del siglo XXI. Aunque las sociedades han cambiado mucho, las contradicciones siguen siendo las mismas. Unos trabajan y otros se enriquecen con ese trabajo. El paro y la miseria siempre se reparte entre los mismos. Y los grandes capitalistas son intocables, además de ser subvencionados por los impuestos de los trabajadores. Y en este mar de irracionalidades: ¿Qué hacer? ¿Qué hacer desde las ciencias y las artes?

El intelectual de otros tiempos tenía muy claro cuál era su función. Escribir y pensar contra la injusticia. Eran pensadores que se desplazaban por todos los ámbitos sociales. Escribían en la prensa, tenían contacto con las instituciones académicas y algunos llegaron a militar en los partidos comunistas del momento. Hoy también se dan estas características entre muchos escritores actuales. Sin embargo, hoy el escritor está alejado de la praxis social. Los medios de comunicación han creado una burbuja en la que se habla y se piensa, una burbuja que viene a ser la única realidad. Nada queda fuera. Por eso el tertuliano cree que no necesita acompañar a los que ocupan una entidad bancaria como protesta. (Los parados deberían ocupar pacíficamente los medios de comunicación. Así, entrarían en esa burbuja que tanto poder tiene.)

Los pensadores de otros tiempos también sabían que sus análisis y sus escritos debían servir para generar conciencia de clase y mostrar el camino hacia un modelo alternativo de sociedad. Debían mostrar que la realidad social no era un hecho natural inmodificable, sino todo lo contrario, que las injusticias surgían de decisiones, de estructuras sociales, de acciones humanas determinadas. Hoy el intelectual, bajo una capa de barniz cientificista, habla con objetividad de datos económicos y jamás menciona la palabra utopía porque entonces dejaría de ser tomado en serio. El intelectual tiene una responsabilidad cívica ineludible: tiene que mostrarnos la crueldad del mundo, sus miserias, y tiene que intentar transformarlo con sus obras y sus conceptos. El pensamiento crítico tiene que agujerear esas esferas de poder que parecen existir con autonomía propia. ¡Que los parados y los explotados ocupen pacíficamente las entidades bancarias y los medios de comunicación! ¡Que los intelectuales se mezclen con ellos y les den la razón!

El intelectual debe pensar en la frontera, debe recordarnos que hay una línea que nunca debemos pasar porque dejaríamos de ser humanos. Walter Benjamín se suicidó en 1940 en la frontera entre Francia y España. La ocupación nazi lo empujó hacia el exilio. Cuando creyó que iba a caer en manos de los alemanes decidió quitarse la vida.

GRAFITI, ÉTICA Y POLÍTICA

Las medidas municipales y las discusiones de las últimas semanas me han traído a la memoria lo sucedido en Frankfurt el 15 de marzo de 1980. No hace falta que dé muchos detalles porque se trata de un hecho bastante conocido por lo seguidores del Street Art. En plena inauguración de una exposición sobre arte callejero entró la policía y detuvo al artista, al grafitero, que en esos momentos realizaba una muestra de su arte en la pared. Estaba explicando cómo había aprendido en la calle todo lo que sabía. El artista fue acusado de daños en propiedades públicas y privadas. Los asistentes intentaron protegerlo utilizando como arma los botes de spray contra los agentes. Hubo varios policías y asistentes heridos leves, entre ellos el mismo Max Zoster. Al final las autoridades impusieron fuertes multas y se desarrolló una gran discusión en los medios de comunicación.

Estas medidas que va a tomar el Ayuntamiento me han hecho recordar los años ochenta. Desde que vi la película Beat Street (1984) he querido visitar el Bronx. Aunque de aquella película me impresionó sobre todo el breakdance, el argumento central trataba de Ramo, un grafitero, muy respetado por su entorno, que pintaba en la ciudad. “Tengo que ver esos vagones llenos de colorido sobre el fondo de las ruinas urbanas de Nueva York...”

Con el paso de los años ese deseo de carácter estético comenzó a debilitarse debido a mis dudas éticas. Quizás al visitar los grafitis me convertiría en un turista inmoral. ¿Cómo podía experimentar placer estético con el fruto de una actividad ilegal? Mi conciencia me hacía sentir un cómplice o, al menos, un irresponsable. Estamos ante un conflicto radical de valores: ¿Qué hacer cuando lo bello no coincide con lo bueno y lo justo?

Lo primero que uno se pregunta es si el grafiti es arte y, si lo es, en qué consiste su esencia. Dejando a un lado que hay pintadas mejores que otras, como es obvio, es necesario centrarse en lo siguiente: ¿Entra dentro de su esencia ser ilegal? Todo arte tiene unas reglas de juego que lo constituyen como tal. ¿Cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para que exista una escultura? Quizás se pueda decir que es necesario dar forma a una materia para expresar algo o representar algo. ¿Cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para que exista un grafiti? Necesitamos pintar o realizar inscripciones, para expresar algo o representar algo, sobre una superficie urbana, pública o privada, sin autorización.

Hemos llegado donde queríamos. El grafiti es una actividad artística que incluye dentro de su esencia el ser ilegal. Esto es algo que reconocen de forma implícita las instituciones artísticas. La galería Tate de Londres organiza estos días una exposición sobre el grafiti (Street Art, 23 May – 25 August 2008. Blu from Bologna, Italy; the artist collective Faile from New York, USA; JR from Paris, France; Nunca and Os Gemeos, both from Sao Paulo, Brazil and Sixeart from Barcelona, Spain.) Los artistas no ocultan su currículum vítae. Reconocen abiertamente y por escrito que aprendieron su técnica pintando paredes o vagones de metro de forma ilegal. El museo implícitamente nos dice: “Expongo como arte valioso el resultado de actividades ilegales”.

Con el grafiti no nos queda más remedio que asumir un conflicto radical de valores. Las reglas de esa actividad nos permiten afirmar al mismo tiempo que hay grafitis excelentes y que si pillan al autor lo deberían multar. Por un lado admiramos la libertad creativa de esos jóvenes, pero por otro reconocemos que estropean el material urbano, que es de todos los ciudadanos. Cuando leemos una pintada que pide justicia en una fachada ajena, nos fijamos en el contenido o en su forma; cuando es nuestra la fachada, no vemos ni forma ni contenido, sólo sentimos cómo nos sube la sangre a la cabeza.

Tampoco el sistema capitalista tiene problemas con esos conflictos. Todo lo asimila. Todo lo convierte en imagen desvitalizada, en objeto de consumo. Hay diseños de vestidos simulando grafitis que llegan a valer 2.500 euros...

En la película Beat Street aparecen muchos grafitis. Para concluir estas reflexiones he elegido el texto de uno de ellos. En una de las primeras escenas, después de ver y fotografiar un tren que han pintado, un amigo le dice a Ramo señalando un muro: “Éste es el mejor que has hecho hasta ahora”. El texto es: IF ART IS A CRIME, MAY GOD FORGIVE ME.

FRAGMENTOS, METALITERATURA Y HEDONISMO

Peter Lieber, mi amigo alemán que trabaja en un centro de nanotecnología, ha pasado sus breves vacaciones en Conil de la Frontera practicando kitesurf. La verdad es que se le da muy mal, fatal. Una tarde de septiembre de fuerte levante, después de perder la cometa y poner en peligro a unos bañistas, se sentó en la arena y me dijo: “He estado pensando. ¿Serías capaz de definirme el futuro del pensamiento en tres palabras?” Con tal de que no intentase de nuevo volar aquella lona con los colores de su equipo de fútbol, comencé a hablar sobre las tres palabras que me vinieron a la cabeza.
Hace varias décadas que venimos hablando del fin de los grandes relatos. Es el fin de la Modernidad y el inicio de la Postmodernidad. Aquellos sistemas filosóficos que explicaban todo y aquellas novelas que narraban un historia completa ya no se llevan. Hemos entrado en la era del fragmento.
Leer consiste en desplazarse por una red de referencias literarias. En las obras de Enrique Vila-Matas la identidad del narrador se va construyendo a través del proceso de escribir sobre la escritura. La experiencia del narrador es una experiencia literaria. Así, la identidad del autor se nutre de la identidad de otros escritores y personajes. Recordar los recuerdos de otro se convierte en el límite de una estética literaria de la alteridad. Y el lector sabe que habita una esfera literaria, una esfera que le proporciona un placer intenso. El escritor que escribe para dejar de escribir y el escritor que vive todo a través de la literatura son ejemplos de historias que hablan constantemente de sí mismas y nos ofrecen una salida honrosa del mundo.
La literatura ahora se narra a sí misma. El narrador habla de sí mismo como escritor y mezcla ficción y realidad. La esfera social y la esfera del yo han sido absorbidas por la esfera de la literatura. Y nunca tenemos la certeza de saber si algo ocurrió realmente. El estilo del diario permite manejar recursos muy ambiguos: el autor recuerda cuando transforma. Aunque la ironía nos avisa del peligro, como lectores temerarios que somos, nos dejamos engañar con la verdad.
Pensar consiste en razonar a través de una red de implicaciones conceptuales, una red sin centro. La Filosofía de los próximos años tendrá la forma de senderos racionales. Ya no aspiraremos a un sistema jerárquico de conceptos, a un sistema deductivo perfecto, al modo de un edificio, con sus cimientos inamovibles. Sin embargo, no abandonaremos el impulso racional de la modernidad. La metáfora del sendero conserva el azar y la necesidad, rasgos esenciales del naturalismo filosófico postmoderno. Un problema nos hace razonar y nos lleva a otro. La argumentación nos va empujando, nos hace desplazarnos. Cada problema es un nudo en la red, pero ninguno es el centro, porque no lo hay. Tampoco podemos predecir cuál será el rumbo exacto de nuestras argumentaciones. A pesar de ello, confiamos en las rutas trazadas; incluso pueden llegar a ser rutas muy concurridas, casi permanentes. El sendero discurre entre el azar de los acontecimientos y la necesidad de las argumentaciones.
Y el materialismo hedonista por fin se va tomando en serio... La obra de Onfray está renovando el hacer filosófico. Somos cuerpos, materia, sistemas nerviosos. Vivir es buscar el placer, la alegría. Y la filosofía ha de ser una actividad que produzca pequeñas revoluciones en nuestra vida cotidiana. Reconstruir la Historia de la filosofía para recuperar a los filósofos hedonistas es una de las tareas a las que se dedica Onfray. Además, su proyecto de universidad popular, donde todos participan y dialogan, puede significar una revolución en las instituciones del saber.

DIÁLOGOS CON SIMON LUKIC

Las tardes en la plaza del Progreso quizás sean lo más parecido a la felicidad que uno pueda encontrar. Me suelo sentar a tomar un café mientras mis hijas juegan. Son momentos de tranquilidad, momentos que me permiten leer un párrafo de un libro y pensar sobre él con la mirada puesta en las criaturas. Otro de los placeres es la conversación. Hablar sin prisas al aire libre con los amigos es algo que ya recomendaban Sócrates, Aristóteles, Epicuro y cualquier persona razonable. El verdadero diálogo puede proporcionarnos un refugio inexpugnable en el que resguardarnos de los males diarios. En esa plaza he conocido a personas como Miguel Barrones y Simon Lukic, dos ciudadanos preocupados por lo que nos ocurre, por la justicia y la libertad.
La editorial Anagrama acaba de publicar El artesano, de Richard Sennett. El autor, dentro de su proyecto sobre la cultura material, tiene previsto escribir otros dos volúmenes: Guerreros y sacerdotes y El extranjero. Este primer tomo, dedicado al artesano, constituye una reflexión acerca de todas las dimensiones del trabajo artesanal. El concepto de artesano que maneja es muy amplio: abarca desde el carpintero al técnico de laboratorio. El trabajo del artesano es el trabajo bien hecho en sí mismo, el que implica la satisfacción plena y la posibilidad de ser reflexivo y creativo durante el proceso. Según Richard Sennett, todas las habilidades, incluso, las más abstractas, empiezan como prácticas corporales. Y la imaginación comienza con la exploración del lenguaje que intenta dirigir y orientar la habilidad corporal.
He podido compartir estas lecturas y pensamientos con Simon Lukic, un herrero que vive su trabajo con una intensidad difícil de encontrar hoy. Estudió Arqueología en la Universidad. Mientras investigaba sobre iconografía de la piedra tallada de Tiwanaku pensó que era mejor tener ampollas en las manos que en el cerebro. Entonces comenzó a trabajar en una forja. Este año ha expuesto sus creaciones en Jerez, unas obras que nos acercan a lo que somos, materia.
Su trabajo con el hierro brota de las operaciones básicas de la forja. Este trabajo le concede un espacio de libertad, de felicidad. Al trabajar con la materia vamos solucionando problemas, vamos aprendiendo diariamente. Y cuando las rutinas son necesarias, la mente puede dedicarse a cualquier cosa mientras el martillo sube y baja. El artesano construye su tiempo infinito.
Simon Lukic piensa que la creatividad práctica es lo que nos distingue de los demás animales. Somos capaces de concebir una idea original y plasmarla en la realidad. Aunque el sistema nos adiestra para que no nos salgamos de las rutas establecidas, los seres humanos podemos construirnos a nosotros mismos haciendo uso de la libertad creativa. Debemos resistir. El artesano, el ciudadano, tiene que romper los patrones impuestos y ser dueño de su existencia. Cuando te familiarizas con la materia, las ideas surgen cada vez más rápido.
Hemos olvidado, dice, la gramática el trabajo con el hierro. Hemos perdido el vocabulario necesario para valorar una buena labor y saber lo que estamos comprando.
Cualquier persona es capaz de construir cualquier cosa. Simon Lukic es optimista. Cree que, si nos esforzamos en aprender, somos capaces de fabricar todo lo que necesitamos para vivir. Compramos demasiadas cosas. Nos hemos enredado en un sistema que necesita consumidores pasivos. Y nos han hecho creer que hay que comprarlo todo. Construir lo que necesitamos es una forma de subvertir el sistema, de ser realmente humanos.

DOMADORES, CEREBROS Y BUCLES

“El domador de elefantes recuerda la tarde en que decidió dejar la enseñanza.”

He encontrado esta frase entre mis notas, en un cuaderno de 1985. No sé si es un microrrelato o el inicio de una novela. Desconozco su autor. Se ve que me gustó y la anoté. Quizás sea un sueño que alguien me contó. Sea lo que sea, ahora, al releerla, me ha intrigado. Me imagino a ese domador sentado al borde de la pista del circo después de una dura sesión de trabajo. El público ya ha salido de la carpa y sólo quedan bolsas y latas por el suelo. Esa suciedad le hace odiar a la humanidad. Menos mal que el olor a elefante le hace volver a la realidad. No se arrepiente de haber tomado aquella decisión. Sólo le gustaría que los antiguos compañeros de profesión viesen con sus propios ojos lo que ha conseguido hacer con los elefantes.
Si alguien sabe algo, haría bien en decírmelo cuanto antes. Busco y rebusco entre libros y en Google. Y nada. Ojalá sea el principio de una novela. Me encantaría seguir leyendo esa historia. Y si alguien cree que soy yo el autor, también debería decírmelo. Pero con pruebas, así podría continuar la historia.
De momento me conformo con pensar acerca de los domadores y el arte de domar. Por lo visto, en Asia son necesarios veinte años para ser un buen domador. Es un trabajo muy peligroso. En la actualidad, la falta de preparación ha provocado muchas muertes de domadores y bestias. Los elefantes son animales con un cerebro que pesa entre 5kg y 6kg. El de los seres humanos ronda los 1.400 gramos. Sin embargo, lo importante es la relación entre el peso corporal y el cerebral. Y lo de la gran memoria de los elefantes parece ser cierto: “Estudios realizados en Kenya, sugieren que el elefante africano es capaz de reconocer la llamada de más de cien elefantes incluso si han estado separados durante varios años.”(BBC. 21-07-2000) Y el elefante es uno de los pocos cuadrúpedos capaces de andar con sus cuatro patas sobre un tronco, aunque no es tan hábil en otras tareas.
¿Qué diferencia hay entre domar y enseñar? Al adiestrar un animal se ha establecido una conexión entre ciertos estímulos y ciertas consecuencias físicas beneficiosas. Esta relación se concreta en conexiones neuronales estables, si las vamos reforzando a lo largo del tiempo. Sólo hay una asociación física, química.
La cuestión, desde un punto de vista naturalista, es si no ocurrirá lo mismo en el ser humano. Basta con observar a nuestros hijos. Pasan largos años en los que no experimentan una autoconciencia plena. Son años de adiestramiento, de configuración de sus cerebros. Al llevarse a cabo estas conexiones en el período crítico del cierre de las estructuras cerebrales, su estabilidad es ya de carácter permanente. Con el paso de los años, la activación de estas estructuras genera en nosotros la ilusión de haber valorado y decidido libremente.
En las próximas décadas las neurociencias nos explicarán qué ocurre cuando aprendemos, es decir, cómo se modifica nuestra corteza cerebral. La naturalización de la pedagogía y de la epistemología debe suponer un avance en la tarea de desmitificar conceptos como el de cultura o el de educación. Pensar que la doma o adiestramiento y la enseñanza son procesos diferentes implica soportar un enorme lastre a la hora de explicar por qué acertamos o fracasamos con nuestros sistemas educativos. El día en que cambiemos nuestro vocabulario dualista por otro materialista y utilicemos los resultados que los neurocientíficos nos aportan quizás podamos intervenir con más eficacia en los procesos de enseñanza.
La editorial Tusquets acaba de publicar el último libro de Douglas R. Hofstadter YO SOY UN EXTRAÑO BUCLE. Al principio del texto se plantea uno de los temas más interesantes para la filosofía. Me refiero al problema del reduccionismo. ¿En qué nivel de la realidad encontramos las explicaciones de los hechos? ¿En el caso de la educación cabe contentarse con el nivel del lenguaje o es necesario descender al nivel de las redes neuronales? Quizás en el plano neurológico no haya ninguna diferencia entre ser domado y ser enseñado.

DISPERSOS

Como los corzos deslumbrados al pie de la carretera en una noche de eclipse parcial de luna, así existimos, así esperamos. No sabemos si lo que nos viene encima tiene algún sentido. No conseguimos reconocer una figura, una silueta que nos tranquilice. Como corzos dispuestos a morir contra ti, así vagamos por este tiempo peregrino.
Ni los proyectos de septiembre pueden librarnos de esta conciencia de extravío, de huída. Por eso nos enredamos más, cada vez más, hasta pensar que hemos encontrado el sendero. Pero ese sendero surge con nosotros, de nosotros. Así se nos presenta la nada, mientras hablamos del todo.
Tiempos difusos, sí, tiempos de fragmentos, tiempos de mezcla y de pequeñas, subatómicas, revoluciones. La falta de sentido puede llegar a paralizarnos si no somos capaces de disfrutar de esta dispersión. No nos queda más remedio que aferrarnos a los pequeños espacios vitales que crean para nosotros los escritores, los pintores, los músicos... Olvidémonos de lo homogéneo, de lo conocido, de lo masivo y busquemos entre las grietas esos nuevos mundos. Pequeñas editoriales, jóvenes pintores o escritores olvidados suelen abrir nuevos senderos para poder resistir. Huir hacia adelante es la mejor forma de soportar nuestra angustia y de ahuyentar a los que nos quieren amarrar al camino único, a ese camino trazado por los que huyen hacia atrás para que nada cambie.
La editorial Pepitas de Calabaza, cuyo lema es “una editorial que tiene menos proyección que un cinexin”, nos ofrece desde La Rioja unos cuantos libros inquietantes, libros que nos recuerdan que todavía el arte y el pensamiento son capaces descubrir otras formas de vivir, libros que nos recuerdan lo que hemos olvidado: que pensamos, pintamos y cantamos para ser más libres con los demás, libros que nos traen la frescura de esas mentes inquietas y atrevidas. El Manifiesto de la Internacional Situacionista, sección inglesa, y el Tratado de Patafísica son dos buenos ejemplos de pequeños libros, editados con delicadeza y mucha ironía. Ambos textos proponen una conexión esencial entre arte y revolución a través del juego y la imaginación libre. La dificultad de estos dos proyectos consiste en hacer arte revolucionario sin perder la autonomía del ámbito estético. El juego es la acción donde confluyen la creatividad artística y la transformación de la realidad. El juego permite abrir grietas en la anquilosadas formas de vida y en las estructuras de dominación. Con el juego demostramos que otro mundo es posible, que el arte, lejos de la tosca ideología, es capaz de ampliar los espacios de resistencia:
“El movimiento revolucionario debe ser un juego, a imagen y semejanza de la sociedad que prefigura. Fines y medios no pueden ser disociados. Lo que nos preocupa es ante todo la construcción de nuestras propias vidas. En la actualidad esto sólo puede significar la destrucción total del poder. Por tanto, el problema revolucionario decisivo es la creación de una praxis en la que la autoexpresión y la perturbación social sean una misma cosa: la creación de un estilo de autorrealización que no pueda sino presagiar la destrucción de todo lo que obstaculiza la realización total.”
Y la patafísica es “un momento de resistencia del individuo contra toda forma de abuso de poder, de arrogancia”, “como el arte y la anarquía defiende el principio de la libertad y de la libertad existencial, y recomienda precisamente la imaginación fantástica como la mejor arma de defensa para preservar por lo menos la autonomía de nuestro pensamiento.”
Camino de Velilla del Río Carrión tuve que girar bruscamente y meterme en el carril contrario: dos corzos, madre y cría, me miraban desconcertados. Me dirigía a escuchar a los Dispersos, un grupo que teloneaba a Los Secretos. Llevan veinte años tocando para minorías exigentes, veinte años elaborando música en serio, repleta de poesía y riesgo. El concierto de esa noche fría de eclipse de luna nos recordó a unos cuantos que si no fuera por la costra de conformismo y miedo que congela a los que nos dominan podríamos disfrutar de los verdaderos artistas que trabajan después del trabajo en cada grieta del planeta. Luego comenzaron a tocar Los Secretos... Salí como puede entre la multitud que aguardaba al grupo estelar y volví por una carretera vacía, sin corzos esperándome, sólo sembrada de preguntas: ¿por qué los Dispersos no son más conocidos, por ejemplo, en Jerez de la Frontera? ¿quién decide en este entramado de imágenes y sonidos? ¿quién elige a los buenos y rechaza a los malos?... ¿por qué no hay un Hospital Comarcal en esa zona del norte de Castilla? ¿por qué vivir en esas zonas rurales significa, como recordó el líder del grupo, Javier Castrillo, que tu hospital esté a cien kilómetros? Bueno, ahí están sus nuevas canciones de Mayoría de edad para lograr que nuestra experiencia estética se nutra de deseos de transformar nuestras vidas.

CREACIÓN ARTÍSTICA Y LIBERTAD

Me gusta observar a los visitantes de las exposiciones, sobre todo cuando se trata de arte abstracto. Lo que más inquieta es el silencio. Es como si no hubiese nada que decir o el visitante no se atreviese a decir lo que piensa. Si el receptor no sabe qué criterio utilizar, el juicio estético queda bloqueado o se convierte en una frase casi vacía.

En una ocasión, creo que fue en la Pescadería Vieja, me llamó la atención lo que dijo un señor bastante mayor y muy serio, de esos que llevan el trabajo escrito en la piel: “Y todo esto...¿Para qué?” El joven que iba a su lado le respondió: “Esto es creación artística.” Se miraron extrañados y continuaron contemplando en silencio todas las obras.

¿Por qué crea el artista? Hubo tiempos en que la respuesta era fácil. Cuando el arte estaba al servicio de algo externo (heteronomía), al servicio de una institución, por ejemplo, no había dudas. El artista creaba para que el gobernante fuera poderoso o para que las enseñanzas religiosas se difundieran sin trabas. Todo empezó a cambiar cuando el arte se hizo autónomo. Ya no había ninguna función externa o, al menos, ya no se necesitaba. La obra de arte empezaba a ser vista como algo autosuficiente. Ni siquiera hacía falta que el cuadro reflejase la realidad. La estructura formal de la obra no requería una función o justificación externa. A partir de entonces, el cuadro o la escultura sólo tenían sentido desde sí mismos.

¿Por qué crear una obra así? ¿Para qué construir objetos que se agotan en sí mismos? ¿Por qué esa obsesión del artista moderno? ¿Qué se obtiene con ello? Estas cuestiones filosóficas tienen gran importancia social. Los ciudadanos con sus impuestos sostienen el impulso creativo a través de diversas instituciones. Tanto si somos receptores como si somos contribuyentes, necesitamos aclararnos un poco para entender y legitimar las políticas culturales. La falta de reflexión sobre estos temas ha tenido consecuencias nefastas para el mundo del arte. Se valora negativamente el arte contemporáneo no figurativo y la función del artista...Y no se sabe bien cómo fomentar la creatividad entre los ciudadanos.

La creación artística tiene muchas dimensiones. En primer lugar, podemos decir que el artista busca riquezas y fama. Esta explicación quizás sirva para explicar la falsa creación, la simulación de la creatividad. Gran parte de las exposiciones que se llevan a cabo son de artistas que tienen otro oficio con el que se ganan la vida. Y son artistas que ven la fama como algo secundario o fuera de su alcance. Sin embargo, siguen creando con pasión.

La verdadera creación es desinteresada. El fin de la creación es la obra en sí misma. Ahora bien, la esencia de la creación es mucho más compleja de lo que pensamos. Crear implica construir estructuras formales hasta entonces inexistentes. Además, el proceso de construcción de esas formas conlleva una transformación de la experiencia del tiempo. El artista al crear construye espacios de libertad donde habita en un tiempo distinto. La creatividad enriquece el mundo y nos hace más libres. El receptor desinteresado, el que tiene una verdadera experiencia estética, también experimenta esa libertad. La verdadera creación genera nuevas posibilidades de existencia para el ciudadano. Y toda nueva posibilidad nos trae nuevos senderos para escapar de la dominación.

CIENCIA Y CIUDADANÍA

La materia de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos ha generado mucho debate, quizás demasiado. Enredados en ese conflicto moral y político, nos hemos olvidado de otra materia nueva para el Bachillerato: Ciencias para el Mundo Contemporáneo.

Cuando se propone un cambio en el sistema educativo es porque alguien ha detectado una carencia o un problema. Aunque ese alguien sea una incógnita, pues a los trabajadores de la enseñanza no se les consulta muy a menudo... Sin embargo, el sentido común crítico es suficiente para descubrir una contradicción o una grieta del edificio. ¿Por qué nacen, entonces, estas dos asignaturas?

Que los ciudadanos de una sociedad democrática desconozcan los principios básicos del sistema político es inadmisible. Para disfrutar de libertad y justicia conviene conocer principios esenciales de nuestra Constitución como los derechos fundamentales o la separación de poderes.

Del mismo modo, que los ciudadanos de una sociedad democrática, del conocimiento y la información, ignoren los principios del sistema científico y tecnológico es igualmente inadmisible. Si desconocemos cómo funciona el entramado tecnocientífico no podemos ser personas críticas y responsables ante el desarrollo tecnológico.

La conexión de estas dos materias debería ser evidente. Ambas tratan de establecer las condiciones necesarias para que los ciudadanos participen de forma crítica en la construcción de nuestra sociedad.

La materia de Ciencias para el Mundo Contemporáneo puede, como todas, enseñarse de varias formas. Si nos contentamos con divulgar conocimientos científicos para mejorar nuestra “cultura científica”, entonces habremos fracasado. Si tratamos al alumno como un receptor pasivo de la investigación científica, lo estaremos convirtiendo en un mero consumidor de la ciencia. ¿O es eso lo que se pretende?¿Servirá esta materia únicamente para justificar los proyectos que otros deciden sin consultar a los ciudadanos? ¿Servirá para diseñar consumidores dóciles y bien informados que asuman cualquier dirección de la investigaciones?

Espero que no. Espero que se muestre que la política científica de los Estados se constituye a través de las decisiones que alguien toma. Espero que se muestre que podrían existir otros proyectos de investigación que hoy no existen. Espero que se explique cómo se financian los proyectos y que se aclare si esas investigaciones están al servicio de la comunidad o al servicio de ciertas oligarquías.

Al ser una materia común para todas las modalidades del Bachillerato, vendrá bien para acabar con esa brecha que existe entre las “dos culturas”, la de humanidades y la de ciencias. Hoy los investigadores de un campo ignoran a los del otro. ¿Cómo es posible que un licenciado en Historia diga con orgullo que no le interesa la historia de las ciencias? ¿Es posible comprender nuestra tradición sin conocer el surgimiento y desarrollo de la matemática o la biología? Los humanistas que desprecian el conocimiento científico caen en una contradicción. ¿Cómo podemos comprender qué es el ser humano si dejamos a un lado uno de sus mayores logros?

Las ciencias nos ofrecen la posibilidad de conocer y transformar la realidad a través de la razón y la experiencia. Todavía estamos desplegando el programa ilustrado. Y según ese ideal, la razón debe librarnos del fanatismo, de la superstición y de toda dominación. El método científico aplicado con prudencia es la mejor herramienta para diseñar una sociedad libre, justa y con niveles sostenibles de bienestar. Siguiendo con ese impulso ilustrado, aún queda la tarea de extender la democracia participativa a todos los ámbitos sociales. Los ciudadanos debemos decidir qué es lo que necesitamos; los expertos nos dirán cómo alcanzarlo.

2009 AÑO INTERNACIONAL DE LA ASTRONOMÍA

Hace cuatrocientos años que Galileo Galilei (1564-1642) enfocó por primera vez su telescopio a los cielos con intereses científicos. Según nos cuenta José M. Vaquero en su libro La nueva física. Galileo (Editorial Nivola, 2003), en 1609 Galileo tuvo noticias de que un holandés, “cierto belga”, había construido un tubo con lentes que acercaba los objetos. Las prisas le entraron el uno de agosto de ese año cuando se enteró de que un holandés, o quizás francés, ya se encontraba en Venecia con la intención de mostrar su invento al Senado. Resultaba obvia la utilidad de este ingenio óptico para la vigilancia del horizonte, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra. Inmediatamente Galileo, con el fin de ser el primero en presentarlo a las autoridades, se puso a construir uno por su cuenta, con la ayuda de los datos transmitidos por su amigo Sarpi. En un solo día consiguió un telescopio de nueve aumentos. En noviembre de ese mismo año obtuvo un aparato de cuatrocientos aumentos.
Hans Lipperhey fue el holandés que a finales de septiembre de 1608 solicitó una patente en La Haya. Según nos dice el historiador de la ciencia Carlos Solís en su introducción a La gaceta sideral (Alianza, 2007), esta patente no le fue concedida porque otros inventores reclamaban el mismo derecho. Este anteojo astronómico comenzó a llamarse “telescopio” a partir del 14 de abril de 1611, gracias a una sugerencia del filólogo Demisani. Y hace unos meses Nick Pelling, en la revista History Today, afirmaba que el invento pertenecía a Juan Roget, un fabricante de lentes de Gerona...
A principios de 2010 se empezará a construir el telescopio más grande del mundo (Popular Science, nº 4). Con un espejo primario de 42 m. de ancho, aportará imágenes 10-15 veces mejores que las del Hubble. Este espejo constará de 984 paneles hexagonales de 150 kilos cada uno. El precio del diseño sería de 50.000.000 € y el de su construcción 700.000.000 €.
Los telescopios utilizan espejos de vidrio para reflejar y enfocar la luz. Los espejos más grandes existentes son de 10 m. de diámetro (Hawai y Canarias). Esos espejos se construyen con una precisión de unas pocas décimas de nanómetro. Evitar las distorsiones de los segmentos de los espejos debido a los cambios de temperatura y los efectos de la gravedad es una tarea muy cara. Contrarrestar las distorsiones de la atmósfera cuesta unos 10 millones de dólares para un espejo de seis metros de diámetro. La solución es construir telescopios de espejo líquido. Un disco de mercurio en rotación consigue la misma precisión. En el nº 371 de Investigación y Ciencia podemos leer un artículo de Paul Hickson en el que se explica cómo se construyó el Gran Telescopio Cenital, con espejo de mercurio.
En la página oficial de los organizadores del Año Internacional de la Astronomía (http://www.iaa.es/IYA09/) aparecen los objetivos de esta conmemoración y las actividades que se proponen. Los objetivos generales son ocho. Aunque ahora sólo nos detengamos en el primero, dejaremos para más adelante el resto.
“1. Aumentar el conocimiento científico de la sociedad a partir de la comunicación de resultados en Astronomía y ciencias afines, así como del proceso de investigación y de pensamiento crítico que ha llevado a tales resultados.”
Nuestras sociedades todavía siguen dominadas por el fanatismo, la superstición y la irracionalidad. La tarea que comenzaron los pensadores ilustrados aún no ha concluido. De hecho, las creencias irracionales son presentadas en el mismo plano que los conocimientos alcanzados con el método científico. Varios pensadores, como Holton, han llamado la atención sobre el peligro que corre la racionalidad científica. En los medios de comunicación la ciencia aparece relacionada muy a menudo con catástrofes y riesgos. Esta identificación lleva a rechazar los métodos de las ciencias y a refugiarse en creencias sin fundamento de todo tipo. Sin embargo, la razón y la experiencia son el único camino hacia el conocimiento. Incluso los defectos del sistema tecnológico actual deberán resolverse con investigaciones científicas. Y las críticas al sistema sólo pueden ser realizadas desde el pensamiento crítico que los métodos de las ciencias posibilitan.
Promover una cultura científica sólida ha de ser un objetivo prioritario de los Estados (El Congreso de los Diputados se ha mostrado, por unanimidad, de acuerdo con los objetivos de esta conmemoración.) Ahora bien, la extensión de este pensamiento crítico, del método científico, debe realizarse en profundidad. Los ciudadanos deben ser participantes activos en el diseño de las políticas científicas. Si el objetivo de fondo es crear consumidores pasivos de artefactos o votantes sumisos que acepten de forma acrítica ciertas inversiones injustificables, entonces no saldremos nunca de la ignorancia y la alienación.