domingo, 21 de abril de 2013

LEER ES IMPOSIBLE

"Leer, leer un libro es, como todas las demás ocupaciones propiamente humanas, una faena utópica."
                                               Ortega y Gasset. Comentario al Banquete de Platón.


   El proyecto de entender completamente un texto supone una tarea imposible, nos dice Ortega. Su "Axiomática para una nueva Filología" se concentra en dos principios: 1º Todo decir es deficiente (dice menos de lo que quiere). 2º Todo decir es exuberante (da a entender más de lo que propone). A continuación desarrolla el concepto de hermenéutica y el concepto de contexto. Nosotros abriremos otro sendero de reflexión, aunque conectado, como todos los senderos de la razón.
   Todo aquel que se dedica a la enseñanza tiene, alguna vez en la vida, que argumentar acerca de la utilidad de la lectura. Convencer a alguien de algo es una labor misteriosa, es decir, no tenemos mucha idea de cómo ocurre. Y mucho menos cuando de leer se trata.
   Uno debe, en primer lugar, preguntarse "¿Para qué leo?". Dependiendo de las respuestas que encontremos, diremos que realmente leemos o simplemente consumimos libros. A veces nos comportamos como lectores y a veces como simples consumidores.
   Somos consumidores cuando leemos el libro sólo para terminarlo y decir que lo hemos leído. Acumulamos lecturas como si fueran objetos, trofeos de caza o medallas que nos dan prestigio ante otros consumidores. Las instituciones tienen culpa de esta desazón  porque siempre miden cantidades de lecturas, no calidades. Nos gusta decir que hemos leído al autor de moda o al autor desconocido, bien para resaltar lo actuales que somos, bien para resaltar nuestra inteligencia, fuera de lo común. Pero leemos para acumular prestigio, apariencias. Un acumular que oculta insatisfacciones más profundas. Vamos tirando cuando hacemos un recuento de lo leído. Nos convencemos de que nuestro desarrollo personal va por el buen camino. Así lo manifestamos en las reuniones con otros consumidores-lectores. Parece una competición. Somos los mejores.
   Somos lectores cuando leemos para intentar comprender un texto, aunque sabemos que es una utopía. Somos lectores cuando la comprensión del texto implica una comprensión y una transfomación del mundo. No queremos terminar los libros porque los libros no tienen bordes, son hechos sociales. En las páginas buscamos acabar con el aburrimiento. Hablo de un aburrimiento esencial, ese que nos produce la mirada cosificada de aquellos que no quieren explorar nuevos mundos o ser creativos. También buscamos palabras que nos digan algo de la libertad y la justicia, y de otros mundos posibles.      
   Por eso el lector lee poco, cada vez menos. Relee. Lee un párrafo y lo vuelve a leer. Y se esconde en él para huir de la miseria de este mundo. Y lo vuelve a leer para intentar acabar con ella. Se sumerge en una palabra y no quiere salir de su profundidad. Cuando leemos deseamos ver el mundo desde esas palabras y verlo con el desapego del que sabe que está en el mejor de los refugios. Está en casa, que no es poco.